Carta abierta al senador Roberto Urquía

Esti­mado Roberto:

Prudencio -Bustos- ArgañarazHace ya tiempo que tenía pen­sado escri­birte estas líneas, pero fui dejando pasar el tiempo, hasta que las últi­mas noti­cias me deci­die­ron a hacerlo.

Si bien nunca fui­mos ami­gos, com­par­ti­mos durante varios años las luchas polí­ti­cas que, desde la Ucedé, librá­ba­mos en defensa de los prin­ci­pios libe­ra­les y los valo­res repu­bli­ca­nos. En esos tiem­pos tuve oca­sión de cono­cer a tu padre, un demó­crata de ley, fiel a sus con­vic­cio­nes y capaz de jugarse por ellas. Guardo hacia él un gran aprecio.

Hacia media­dos de la década del ´90 nues­tros cami­nos comen­za­ron a dis­tan­ciarse. De la mano de Ger­mán Kam­me­rath, Ade­lina Dales­sio de Viola y los Also­ga­ray, te acer­caste al mene­mismo, mien­tras yo hacía públi­cas, desde mi banca de sena­dor, las gra­ves dis­cre­pan­cias que man­te­nía con el enton­ces pre­si­dente, al que los nom­bra­dos ter­mi­na­ron ven­diendo el partido.

Cuando denun­cié a Kam­me­rath ante la Jus­ti­cia por corrup­ción, vos te ali­neaste con él. Pronto advertí cuál era la causa de tu acti­tud, pues tomó estado público que esta­bas reci­biendo nota­bles bene­fi­cios de parte del gobierno, tales como la con­ce­sión del Ferro­ca­rril Nuevo Cen­tral Argen­tino y de la Ter­mi­nal N° 6 del Puerto Gene­ral San Mar­tín. Des­pués ingre­saste abier­ta­mente a Unión por Cór­doba, lle­vado de la mano de José Manuel de la Sota y acce­diste a una banca de sena­dor pro­vin­cial. Está­ba­mos ya en cam­pos total­mente dife­ren­tes, pero aún te respetaba.

Cuando asu­miste como sena­dor nacio­nal y te vi junto a la actual pre­si­dente, apo­yando medi­das tan anti­rre­pu­bli­ca­nas como la ley de super­po­de­res o la del Con­sejo de la Magis­tra­tura, la cosa comenzó a cam­biar. Ni qué decir cuando el año pasado, tras ser ele­gido dipu­tado nacio­nal, cediste a la pre­sión del gobierno y te negaste a asu­mir, que­dán­dote como sena­dor y defrau­dando el man­dato que el pue­blo de Cór­doba te había conferido.

Los moti­vos de tan increí­ble con­ducta podían dedu­cirse de lo expre­sado en una nota apa­re­cida en la Voz del Inte­rior el 4 de octu­bre de 2006, en la que se rela­ta­ban las enor­mes ganan­cias que obte­nía Acei­tera Gene­ral Deheza, tu empresa, mediante el régi­men de reten­cio­nes, por cuanto la expor­ta­ción de gra­nos (en tu caso soja y maní) estaba gra­vada en un 20 a 25%, en tanto que la expor­ta­ción del pro­ducto indus­tria­li­zado (aceite) sólo lo estaba en el 5%. Supe tam­bién que gra­cias a las des­gra­va­cio­nes impo­si­ti­vas del régi­men de pro­mo­cio­nes de la ley N° 25.924, habías obte­nido jugo­sos bene­fi­cios fiscales.

Tu amis­tad con la actual pre­si­dente de jure se tra­dujo en otras ven­ta­jas. Cuando en diciem­bre último asu­miste la pre­si­den­cia de la comi­sión de Pre­su­puesto y Hacienda del Senado, tu pri­mera medida fue impul­sar un pro­yecto de crea­ción de una aduana en tu pue­blo, Gene­ral Deheza, hecha a medida para tu acei­tera. Los pro­pios sena­do­res kir­ch­ne­ris­tas se eno­ja­ron por­que que­rías lle­varte “una aduana bajo el brazo”, según decla­ra­ron, y te dur­mie­ron el dic­ta­men. Pero la pre­si­dente les impuso la obe­dien­cia debida y desde el 13 de marzo tu aduana es ley.

Unos días más tarde, Mario Cafiero y Ricardo Mon­ner Sans te denun­cia­ron penal­mente por vio­lar la ley de Ética Pública (25.188) y el artículo 265 del Código Penal que pena­liza las nego­cia­cio­nes incom­pa­ti­bles con el ejer­ci­cio de la fun­ción pública. Todo ello al impul­sar en el Senado las modi­fi­ca­cio­nes a la ley 26.351, sobre reten­cio­nes. “Al cote­jar los artícu­los, se ve con faci­li­dad que per­mite que se hagan todos los cuen­tos del tío que se pue­dan hacer”, dijo Mon­ner Sans.

Con­fir­mando tales pala­bras, hoy ha sido denun­ciada por varios dipu­tados una defrau­da­ción al fisco, apo­yada en las dis­po­si­cio­nes de dicha ley, en vir­tud de la cual Acei­tera Gene­ral Deheza se habría bene­fi­ciado en la esca­lo­friante cifra de 95.667.962 de dólares.

El 11 de marzo explotó el con­flicto con el campo, pre­ci­sa­mente por las reten­cio­nes, y vos saliste una vez más en defensa del gobierno. El des­pre­cio y los insul­tos de los pro­duc­to­res te hicie­ron cam­biar de acti­tud y ahora deci­diste renun­ciar a la pre­si­den­cia de dicha comi­sión y tam­bién a inte­grar la de Agri­cul­tura, decla­rando pom­po­sa­mente que “me debo a los intere­ses de mi pro­vin­cia y a la posi­ción tomada por el gober­na­dor Juan Schia­retti y las ins­truc­cio­nes dadas por la Legislatura”.

Un poco tarde para adver­tir que el man­dato dado por los cor­do­be­ses era luchar en pro de los intere­ses de la Pro­vin­cia, no de los tuyos pro­pios. Ade­más, tu acti­tud está fuer­te­mente sos­pe­chada, por cuanto ha per­mi­tido que el matri­mo­nio reinante te reem­place con un incon­di­cio­nal y logre mayo­ría en la comi­sión que presidías.

¿Real­mente creés que esa es la manera de repre­sen­tar dig­na­mente a la Pro­vin­cia, o se trata de un nuevo favor que le hacés a los Kir­ch­ner? ¿No pen­sás que lo correcto sería que man­tu­vie­ras el cargo y desde allí defen­die­ras aque­llo a lo que decís deberte?

Supongo que tu deci­sión nada tiene que ver con los bene­fi­cios que obtuvo ayer tu empresa mediante la reso­lu­cion 1.070 de la ONCCA, por­que en tal caso, la sos­pe­cha adqui­ri­ría otro carác­ter. Sí, la ONCCA, esa misma cuyo Régi­men Gene­ral de Infrac­cio­nes y San­cio­nes pro­pu­siste modi­fi­car (Expte. N°. S-2075/06), obli­gando a los pro­duc­to­res a fijar domi­ci­lio en la ciu­dad de Bue­nos Aires, cuando vos sos sena­dor por Cór­doba. Mediante dicha reso­lu­ción, publi­cada hoy en el Bole­tín Ofi­cial, se dis­pone, según lo tra­mi­tado en el Expte. S01-0060857/07, otor­gar com­pen­sa­cio­nes por valor de $1.192.415,55 a dife­ren­tes empre­sas, de las cua­les la más bene­fi­ciada es Acei­tera Gene­ral Deheza, con $281.587,01, es decir el 23,6% del total.

Yo puedo enten­der que tra­ba­jés en bene­fi­cio de tu empresa, e incluso que para ello resig­nés las que fue­ron tus con­vic­cio­nes polí­ti­cas. Pero no que lo hagás desde la fun­ción que se te ha con­fiado para defen­der los intere­ses de los cor­do­be­ses en par­ti­cu­lar y de los argen­ti­nos en gene­ral. Eso, en buen romance, se llama corrup­ción. Y si bien no es jamás admi­si­ble, menos lo es cuando se trata del dueño de una de las mayo­res for­tu­nas del país.

Te saluda tu anti­guo correligionario

Autor: Prudencio Bustos Argañaraz

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Un comentario en “Carta abierta al senador Roberto Urquía”  

  1. 1 Matilde del Carmen Masats

    Sr. Arga­ña­raz: Los tiem­pos del campo no son los tiem­pos del poder. Feli­ci­ta­cio­nes por recor­dar vie­jos tiem­pos de la UCEDE, pri­me­ra­mente UDECE . Cuanto tra­bajo en vano, con la capa­ci­dad que con­ta­ban sus com­po­nen­tes, pero dis­per­sos por el poder, alguna vez se les reco­no­cerá como al Sr. Cle­rici, su paso por la misma.

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