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La prepotencia progre
La sociedad argentina no podía escapar de las consecuencias del postmodernismo que adopta al progresismo y su escala de valores como el último credo de la organización social.
El progresismo se constituye en un marco filosófico que pretende inculcar un pesimismo constitutivo en el alma occidental, a pesar de ser ésta la sociedad más próspera y libre del planeta. Su estrategia psicológica, como escribió Raymond Aron, es declarar que todo régimen conocido es torpe y culpable si uno lo compara con un ideal abstracto de igualdad o libertad. Así lo hizo la Escuela de Francfort, refugio de los intelectuales comunistas alemanes que huyeron de Europa en los años 20.
Max Horkheimer, Theodor Adorno y Herbert Marcuse, entre otros, extrajeron de su Instituto de Investigación Social del partido Comunista Alemán su hito más importante, llamado “La Teoría Crítica” dirigida, obviamente, a la sociedad occidental capitalista.
Así como el marxismo clásico criminalizó a la clase capitalista, la Escuela de Frankfurt, a través de Marcuse, declaró culpable de los mismos delitos al sector sociológico formado por las clases medias, concluyendo que los individuos que crecían en familias tradicionales eran incipientes fascistas o nazis potenciales, al igual que los que hacen gala de algún síntoma de patriotismo, los religiosos o, en general, los autotitulados conservadores. Se construyó la herramienta dialéctica útil al arsenal progre según la cual, aceptar la existencia de diferentes puntos de vista (“libertad de expresión”) es, en realidad, una forma escogida de represión El teórico marxista definió su particular concepto de la tolerancia como la comprensión condescendiente para todos los movimientos de izquierda, y la intransigencia más absoluta respecto a las manifestaciones de matiz conservadora.
Tenemos así el origen de lo que se ha dado en llamar “lo políticamente correcto” (el marxismo cultural). Teniendo en cuenta que nunca, a lo largo de la historia, se haya dado un experimento exitoso de sociedad comunista y que todos los ensayos prácticos de las teorías marxistas han dado como resultado pobreza, miseria, atraso, terror y derramamientos de sangre para sostener tal concepto despótico, los progres sólo ven ahora posible insistir por medio de los denuestos de su agenda tales como la justicia social, la redistribución de la riqueza o el tercermundismo anticapitalista. Esta dictadura del marxismo cultural – la contracultura – exige la aceptación de principios como los riesgos del medio ambiente, la lucha contra la opresión capitalista, la tolerancia sin límites, el pacifismo sin condiciones y el relativismo ético. Simultáneamente, promueve la homosexualidad militante, el aborto, la promiscuidad exacerbada y, en general, todo conducta contraria a la esencia del concepto tradicional de familia que es la base de la civilización occidental cristiana tal como nos ha sido transmitida a los que constituimos los sectores medios de nuestra sociedad.
El objetivo alternativo a la frustrada epopeya marxista, que es la desculturización de occidente y la destrucción de sus valores esenciales, fue el instrumento con que la progresía intelectual reemplazó los insostenibles horrores de los “gulags” por el veneno de la corrosión cultural de la condición liberal de occidente.
Se nos ha llevado a la aceptación generalizada de la agenda política de la izquierda tras los pasos de Gregory Lukacs y Antonio Gramsci en una larga marcha que Aldous Huxley definió admirablemente al escribir que “un estado totalitario eficiente, es aquel en el que las élites controlan a una población de esclavos que no necesita ser coaccionada, porque en realidad ama esta servidumbre”.
En este punto, los intelectuales son la última esperanza de cualquier sociedad que quiera iniciar su rearme moral. El presente espectáculo criollo de agresiones, descalificaciones, crispaciones, amenazas y triquiñuelas de baja estofa para imponer sin debate la prepotencia progre, reclama voces de sensatez y conocimiento de la historia reciente del mundo global. De los movimientos filosóficos y de las tendencias de la humanidad. Como dijo J.B. Alberdi, “la falsa historia es la causa de la falsa política”.
Cuando en octubre de 2007 un porcentaje estrictamente minoritario de los votantes argentinos decidió creer en el discurso que prometía el incremento del “cambio” en la política por venir, instaló en el gobierno del país menos coherente de Sudamérica la continuidad desembozada del concepto totalitario progre que ahora nos zarandea a todos y sigue desconcertando a los espectadores del mundo.
La insólita y gestualmente peligrosa “armada Brancaleone” de los “movimientos sociales” oficialistas atosigados de rencor clasista y encerrados en el rebaño populista se sumerge en la cruzada progre donde el gobierno se juega todos sus tantos.
Grecia, la cuna de nuestra filosofía, nos enseñó sobre cultos míticos que ahora parecen consumarse en una escalada irresponsable de intolerancia y ataques al tejido social. Dos de las Erinias o Furias, deidades que la mitología griega relata como hijas de Gea y Urano, eran Alecto (siempre encolerizada) y Tisifone (la vengadora del crimen), también llamadas Hijas de la Noche. Vivían en el mundo inferior, de donde ascendían a la tierra para perseguir a los malvados. Se consideraban justas pero despiadadas y no atendían a circunstancias atenuantes.
Desde el atril del poder que otorga la democracia, azuzando permanentemente a la lucha de clases y a la defensa irredenta de los pobres que heredó de gobiernos de su mismo signo, quien gobierna pareciera haber renegado de valores ponderables del género maternal. El discurso envalentona a pretéritos emboscados en la violencia y el discurso y la acción progre incrementa la producción récord de la única fábrica argentina subsidiada que causa dolor y desesperanza en todo la humanidad: la de millones de personas condenadas a la pobreza y sin posibilidades de acceder a la elección de su propio destino con libertad y dignidad.
El progresismo, trasunto postmoderno del socialismo de siempre, necesita de la existencia de sociedades pauperizadas para justificar la validez de su ideología. Maestros de la hipocresía, hacen solidaridad con los bienes ajenos con un discurso incendiario denunciando la injusticia social desde una clase “dirigente” privilegiada al frente de una masa luchando por su mera subsistencia. Su primordial enemigo es la clase media, con su amplísimo espectro de oportunidades y constante pujo de ascenso, creación de un sistema que privilegia la libertad, la propiedad privada, la competencia y el mercado. El Estado progre no es solidario, por la sencilla razón de que hacer caridad con el dinero ajeno no es virtud sino simple cinismo.
La economía no es una mera función matemática de asignación de recursos a unos fines concretos, sino la acción de afrontar el estudio de los procesos sociales desde la perspectiva de la acción humana, que está dotada de la empresarialidad, la cualidad humana innata de detectar las oportunidades que le brinda el entorno social para lograr un beneficio, sea cual sea. Churchill solía decir que un gobierno empeñado en subir los impuestos para ejercer de distribuidor, es como un hombre metido en un cesto intentando levantarlo tirando él mismo de las asas.
Paralela y tal vez paradojalmente, en el plano interno de los países de Europa, se patentiza el desvanecimiento de las nuevas “terceras vías” y el agotamiento de las clásicas perspectivas socialdemócratas: la centroizquierda está en retroceso y a la deriva. Nuevamente occidente se mueve en la dirección de las derechas; en algunos casos, con matices centristas; en otros, con coaliciones extremistas, en ciertos casos con formas de neopopulismo y en determinadas ocasiones con liderazgos francamente fascistas que incluyen la intolerancia y la xenofobia hipócrita. Y como siempre, Argentina se encauza por la contramano de la historia, sin dejar de perder las oportunidades que la situación global le ofrece, aferrada al ideologismo y a las disputas circenses incomprensibles pero funcionales a la negación del diálogo; a la teoría de la conspiración constante que surge de su propio componente autoritario que imagina “golpes”, traidores, aristocracias vende patrias y enemigos a destruir por doquier.
Las garantías del ordenamiento social y legal de la Constitución son relegadas por las parodias de “justicia social distributiva” que asesta el anatema de “oligarquía reaccionaria” a la producción y la acumulación de riqueza, conceptos que combaten como enemigos a destruir para poder imponer el corrosivo plan que no tolera a la iniciativa privada, el libre mercado y el trabajo fecundo y productivo.
“La comunidad se fragmenta en intereses corporativos, lo particular prepondera sobre lo general, el bien común se convierte en mal de todos y el egoísmo, viejo lobo, puede más que la solidaridad”. Santiago Kovadloff
En estos momentos de irritación y sensaciones de conflictividad ciudadana, es primordial conservar la lucidez y proteger el sagrado bien de la paz. La cólera es liberadora sólo si se es capaz de liberarse de ella: “el sol – dice San Pablo en la Epístola de los Efesios – no se pone detrás de vuestra ira”.
Autor: Mario Baquela
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4 Comentarios en “La prepotencia progre”
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Gracias por lo acertado de estos conceptos, humildemente como cualquier ciudadano puedo sentirme (inutilmente) satisfecho por haber visto este panorama casi desde su mismo principio y podido entreveer lo que se avecinaba. Hoy lo tenemos viviendo en realidad, y espero aún, pese a nuestros sufrimientos, la caída y final de esta situación, mal que nos pese… Que país…!!!
Sr. Mario Baquela:
Excelente análisis. El asunto viene de lejos. Por lo menos de Hegel. Hace tiempo, con motivo de las veleidades de hegeliana que tuvo la avilantez de expresar en un congreso de filosofía la Sra. decía yo en un comentario:
Véase algunas ideas de Hegel vinculadas al hacer (y no al saber) de estos matones que arribaron al poder por obra de las alquimias antiliberales de Duhalde y Alfonsín, a quien Balbín llamaba “el piojo colorado” por su entraña marxista. Pueden consultarse esas ideas de Hegel en “Enciclopedia Filosófica” Hegel, Editorial Libertad Buenos Aires 1944, en las siguientes citas:
“La distinción superficial que hay en las palabras de libertad e igualdad, indica que la libertad conduce a la desigualdad”… Página 362 &339
El signo & designa el lugar de cualquier edición, para individualizar el párrafo de la obra que se comenta. Es una convención entre los investigadores y eruditos, que permite referirse a un pasaje (de Aristóteles, Platón, Hegel, etc.) que se encuentra en todas las ediciones de esas obras cualquiera sea el editor. Se puede así referir al pasaje comentado, cualquiera sea la obra que tenga el lector en su poder. En los clásicos existen otras nomenclaturas.
:”El Estado en cuanto espíritu viviente, es solamente como una totalidad organizada…” Es decir es la manifestación del Espíritu absoluto.
Y más atrás: “Ante todo, por lo que concierne a la igualdad, la proposición ordinaria, según la cual todos los hombres son iguales por naturaleza, contiene el equívoco de cambiar el hecho natural por el concepto; es decir que en realidad, por naturaleza, los hombres son desiguales”. Página 360 &339
En cuanto a la entronización de la Monarquía K, lo siguiente les viene como anillo al dedo:
“La Constitución monárquica es por esto la constitución de la razón desarrollada; todas las demás Constituciones pertenecen a grados más bajos de desarrollo y de la realización de la razón.” &542 Pag. 364
En el “por esto”, Hegel a explicitado la razón por la cual la monarquía es el mejor sistema. Porque las decisiones de los cuerpos colegiados, de las personas no físicas, o personas de existencia ideal (el las llama morales, con un sentido que tiene en la lengua francesa y no en la germana en que escribe Hegel) son decisiones que se toman por mayoría (como en las democracias), no hay un querer que decide, no hay un querer que tenga existencia real, sino que ese querer es también ideal, como el de la persona de la cual emana. Lo subjetivo, como individualidad real, es voluntad de un individuo que decide: el monarca.
No lo dice así, sino en la escritura críptica hegeliana:
“En el Gobierno, considerado como totalidad orgánica, hallamos: 1) la subjetividad como unidad infinita del concepto con si mismo en su desenvolvimiento, la voluntad del estado, que todo lo sostiene y todo lo decide, la más alta cima del Estado –y de la unidad que lo compenetra todo– : el Poder gobernante del príncipe. En la forma perfecta del Estado, en que todos los momentos del concepto han conseguido su libre existencia, esta subjetividad no es una llamada persona moral o una decisión que parte de una mayoría –formas en las cuales la unidad del querer que decide, no tiene una existencia real–; pero como voluntad real, es voluntad de un individuo que decide: monarquía. La Constitución monárquica es por esto la constitución de la razón desarrollada; todas las demás Constituciones pertenecen a grados más bajos de desarrollo y de la realización de la razón.” &542. En edición de la Editorial Libertad, 1944, pág. 364 subrayado mío.
“Toda verdadera ley es una libertad, puesto que contiene una determinación racional del espíritu objetivo, y, por consiguiente, un contenido de la libertad”.
Es decir: si la ley fue dictada por el Estado conforme a sus objetivos, es justa y tras la apariencia de coartar la libertad, la está asegurando. Aun cuando atente contra los derechos individuales. Es el principio en el cual se basan los estados totalitarios. Página 361 &339
En realidad a lo que yo iba cuando comencé este comentario era a hacer presente que el espíritu de las afirmaciones de Hegel se compadecen admirablemente con el hacer de estos forajidos que dicen conocerlo, ignorándolo, pero lo practican como autómatas, en quienes operan las ideas recibidas, sin saber a quien se debe su autoría. Así es la historia. Las ideas de las generaciones que nos preceden se encuentran escondidas en los usos, que condensan el pasado.
Ninguna Filosofía parte de la nada. Salvo el primero, Tales de Mileto (-625 a –546) fundador de ella, todos los filósofos han partido desde el punto en que la dejó su, o sus antecesores. Por ello, el primero en darse cuenta y hacer un resumen de los anteriores fue Aristóteles. Cada uno de los filósofos ha pensado y piensa en un contexto, en el cual va realizando su vida. Y su pensar está radicado en esa realidad primera: su vida. Pensar no es una función abstracta, sino una herramienta más al servicio de mi vida. Para vivir y acertar, tengo, quiera o no, que pensar. Como no soy inmortal, si no acierto en lo que hago, habré perdido mi vida.
De modo que pensar no es un lujo, sino algo absolutamente necesario. O si se quiere, un lujo indispensable. Hegel parte del punto en que estaba la Filosofía cuando la deja su maestro, Emmanuel Kant. Veamos cómo se llegó a Hegel:
Realismo
En esta sinfonía del pensar que nace con el primer acorde de Tales, la Metafísica fue, y es, la respuesta a la pregunta: ¿Qué es lo que existe? Para Tales, hombre colonial que vivía en Mileto, lejos de los dioses y de la mitología central de Grecia, en todas las cosas está presente el agua y a ella volverán todas. El agua es pues lo que existe
Para todos los filósofos iniciales lo que existe, el principio de todas las cosas, es algo físico, material. Por ello se los llama los físicos. Pero sea material o in-material (para Pitágoras eran los números, para Platón las ideas, para Aristóteles la sustancia), todos coincidían en que existen las cosas en sí, con un ser que lo tienen por sí, independientemente de mí. Por ello se los llama realistas por oposición a los idealistas. Lo que existe es la realidad y la realidad son las cosas, las cuales existen por sí, independientemente de mí. Por ello fueron los griegos los que acuñaron primero la sentencia “la única verdad es la realidad” copiada, por un señor malo, que habló al Congreso de Filosofía en Mza. en 1950. (¿Filosofitis peroniae?)Ahora todos dicen que fue Aristóteles. Que la verdad sea la realidad es la característica de toda la filosofía griega. Lo que sucede es que en Aristóteles culmina la forma de pensar según la cual lo que existe son las cosas en sí y por sí, es decir, la realidad.
La filosofía son las series de pensamiento que se suceden, unas a otras, como si fueran conjuntos de jugadas de ajedrecista que “ve” una serie de ellas y llega hasta un punto que es el máximo en su relación nivel=respuesta. De allí, y no de la nada, lo toma el siguiente pensador, que continúa con su serie. La totalidad de las sucesivas series desde Tales, Heráclito, Parménides, Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Ortega y Gasset, con todos sus intermedios, puede ser vista como un solo pensamiento en serie continua, cuyo conjunto constituye la Filosofía, o abordaje del ser.
Idealismo
René Descartes (1596 – 1650) dos mil años después de Tales, se planta frente a esta formidable tradición y nos viene a decir que lo que existe no son las cosas, sino mi pensar en ellas. Si yo pienso en las sirenas de mar, puede que no existan, pero mi pensarlas si existe. Cogito – Sum, Pienso – Existo. De modo que mi existir pende de mí pensar. Si no pienso, sencillamente, no existo.
Pero esto le da al pensamiento una categoría de algo que existe en sí. Que es una sustancia (que es lo que sub – está, lo que está debajo, lo que no cambia y sustenta los accidentes, que si son los que cambian en la cosa). Por ello divide al Mundo en cosa pensante –res pensante– y cosa extensa –res extensa–. Esto es un último residuo de realismo ya que, en última instancia, eso que existe es algo real en sí y por sí, independientemente de mí. Son dos realidades absolutas, ab – soluta (sola de lo demás).
Kant (1724 – 1804) va a terminar con este último residuo de realismo, de substancialismo, que sostiene que algo existe en sí y por sí, independientemente de mí. Con Kant el idealismo iniciado por Descartes alcanzará su culminación. Para el idealismo, hasta él, lo que existe no son las cosas sino el pensamiento. Eso es lo que existe, puesto que es lo único de que tengo intuición inmediata.
Pero el pensamiento consiste en algo muy particular: Por un lado es pensamiento del sujeto que lo piensa, y por otro lado es pensamiento de “algo” pensado por el sujeto. De modo que pensamiento es forzosamente una relación (co – relación) entre sujeto pensante y objeto pensado. El objeto pensado es objeto cuando y porque es pensado. El ser pensado es lo que lo constituye como objeto. Esto es lo que quiere decir todo el sistema Kantiano. La actividad del pensar es lo que crea el objeto. No es que el objeto exista y luego llegue a ser pensado (que esto era el Realismo), sino que la tesis fundamental de Kant es: el objeto es objeto porque y sólo cuando es pensado. El acto de pensarlo es, al mismo tiempo, el acto de objetivarlo, de darle cualidad de objeto.
Pero con esto Kant muestra que el sujeto (la sustancia pensante de Descartes) es producto también del pensamiento. De modo que el sujeto pensante no es primero sujeto y luego pensante, sino que es sujeto en la co – relación de conocimiento Porque piensa y en tanto y cuanto que piensa, es sujeto. Porque pensado y en tanto en cuanto es pensado, el objeto es objeto.
Este es el cohuelmo de la innovación Kantiana. Ha eliminado la cosa en sí. Todo lo que hay y habrá son relaciones de conocimiento. Ha desaparecido la cosa en sí, independientemente de mí, que era algo incondicional, que tenía realidad absoluta, suelta de lo demás, suelta de mi. A partir de aquí todo lo que exista estará condicionado por mi pensar. Sólo existe la relación pensar – cosa.
Ya no podrá ser satisfecho el afán de absoluto incondicionado que tenía el hombre. Porque si el acto de conocer consiste en “poner” una relación, una co – relación, entre sujeto pensante y objeto pensado, resulta que todo acto auténtico de conocer está irremediablemente condenado a no ser absoluto, y a estar sometido a condiciones.
Pero así como a nadie ha quitado la sed el saber que no encontrará agua, el hombre sigue nostálgico, sediento de algo absoluto, sin condiciones, al cual referir su vida y sus valores. Recordemos que pensar es una función de la vida concreta que tiene que vivir acertando. Y por ello debe ser int – eligente. Para saber ser eligente debe ser elegante en su elección. Porque elegante quiere decir eso: la mejor elección entre muchas posibles.
Así que, sediento de algo absoluto no condicionado, Kant descubre que si todo acto de conocimiento conoce una relación en la que el sujeto pone las condiciones de posibilidad para conocer (espacio, tiempo, categorías) esto plantea nuevos problemas inmediatos que se resuelven también inmediatamente mediante nuevas relaciones. Y en este anudar relaciones, de determinar causas y efectos, que a su vez son causas de nuevos efectos y que a su vez son efectos de otras causas, en esta determinación de la red de sucesivas relaciones, el afán cognoscitivo del hombre no descansa. (Aquí está en germen la idea de la dialéctica que Hegel desarrollará como propia)
No descansa porque no se hallará satisfecho sino cuando logre un objeto pensado que, luego de conocido, no le plantee nuevos problemas, sino que tenga en sí la razón integral de su propio ser y esencia, y de todo cuanto de él deviene. Este afán de incondicionalidad o afán de absoluto (algo solo, suelto de lo demás, que exista), no se satisface con la ciencia positiva, que solo contesta parcialidades fragmentarias o relativas, no absolutas. Frente a la progresividad relativizante del conocimiento humano, el afán de conocer absolutamente, es una necesidad irrenunciable. Ese absoluto como ideal al cual se aspira, es el que da columna vertebral y estructura formal a todo el acto continuo del conocer humano.
Esta novísima idea de que lo absoluto, deja de ser actual para convertirse en potencial es la que cambia por completo el conocimiento científico humano. Porque ahora hacer ciencia no será un acto único, sino una serie escalonada, eslabonada de actos susceptibles de completarse unos con otros y, por consiguiente, dar origen al progreso o proceso continuo de mayor conocimiento. Esta es la primera idea que Kant deja al fin de su Filosofía. (germen de la dialéctica)
La segunda es que ese mismo absoluto incondicionado (que el conocimiento aspira a captar pero que constituye el motor y progreso del conocimiento), ese mismo absoluto incondicionado aparece –desde otro punto de vista– como la condición de la posibilidad de la conciencia moral. Cuando Kant (1724–1804) comenzó a filosofar partió del hecho (factum prefería decir) de la ciencia físico – matemática que ya estaba ahí (la terminaban de constituir Newton 1642–1717 y Leibniz 1646–1727). Debía demostrar cómo era posible que juicios provenientes de la experiencia, sintéticos, fueran a su vez analíticos deducibles a priori, es decir independientemente de la experiencia, sacados de la cabeza sin necesidad de experiencia alguna. En la Crítica de la Razón Pura Kant demuestra cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la física.
Pues bien, así como a Kant le fue un hecho a la conciencia, la existencia ahí de la físico matemática, también es un hecho presente ahí a la conciencia en forma inmediata a la intuición, la existencia de la conciencia moral. Para distinguir el bien del mal no hace falta más que una intuición directa e inmediata que todos tenemos sin más. ¿Cómo es esto posible? La conciencia moral no sería posible si no postulase ese absoluto incondicionado. Si no postulase la libertad absoluta, la inmortalidad de lo inmaterial, la existencia de Dios. La filosofía que sucede a Kant, arranca de este absoluto no condicionado en el cual la deja Kant.
Quienes le suceden, Fichte, Schelling y Hegel no parten del factum de la ciencia físico matemática, como partió Kant, sino del factum de lo Absoluto, de la conciencia moral a que Kant había llegado. Los tres parten de:
1. La existencia de algo absoluto no determinado
2. De que ese absoluto es de índole espiritual
3. Ese absoluto se manifiesta y exterioriza en el espacio y en el tiempo, se explicita en trámites sistemáticamente enlazados. Da de sí formas de su propia esencia que, al manifestarse, constituyen el mundo, la historia, el hombre, sus obras…Lo que ahora es la Esfinge de Gizeh, fue espíritu o idea en la mente del faraón Keops. Todas las obras humanas son espíritu objetivado. La Historia Universal es eso: espíritu absoluto objetivado, hecho obra.
4. El método para aprehender lo absoluto, intemporal e in espacial, es la intuición intelectual.
Una forma de copiar ha sido y es decir lo opuesto a lo que dijo nuestro maestro. Marx dirá todo lo contrario de las afirmaciones de su maestro Hegel. Dará vuelta del revés toda su concepción. El espíritu no existe. Sólo existe la materia. El motor de la historia no es la idea (espíritu) sino algo muy material: lo económico. Interpretación económica de la historia y materialismo dialéctico (la dialéctica como lucha de tesis y antítesis contrarias y superación en otra tesis llamada síntesis, que es a su vez nueva tesis para otra antítesis y así sucesivamente, fue copiada de Hegel, y aplicada a la lucha de clases. En Hegel la lucha es por el reconocimiento de nuestra persona y libertad, en Marx la lucha es por lo económico.
Pero volvamos a lo nuestro. Aclarar las obscuridades de Hegel.
Fichte: 1762 – 1814
Intuye lo absoluto bajo la especie del Yo. No de su yo empírico individual, sino del Yo en general, de la abstracción del yo particular proyectado a toda la humanidad en lo que, supone, tienen de común. El Yo de todos. Ese Yo es lo absoluto. No consiste en pensar. El pensar viene después. El Yo es actuar. La esencia del Yo absoluto es la acción. El objeto de esa acción es afirmar su realidad como Yo que hace. Este es el primer trámite de explicitación de lo Absoluto. Lo absoluto se explicita en sujetos activos y objetos pasivos de la acción. Por un lado los yos empíricos y, por el otro, el mundo. El conocimiento es una actividad subordinada. El yo plenamente lo es, cuando actúa moralmente. Para actuar el yo necesita, primero, que exista un no yo. Segundo, necesita conocerlo. Y así, en trámites sucesivos, minuciosos, va sacando deductivamente y constructivamente de lo absoluto, toda su explicitación, su manifestación, su fenomenalización en el mundo de las cosas, en el espacio, en el tiempo, en la historia. Es el apóstol de la conciencia moral en la historia y en la ciencia. Es el apóstol de la educación popular. Todo conocimiento tiene que estar al servicio de la acción moral. Resuena aquí la ética de Aristóteles: “la política debe proveer a la felicidad de los hombres”. Y es el antecedente cercano del socialismo, en cuanto éste tiene de pretensión de solidaridad, aun cuando los resultados hayan sido siempre contrarios a los declarados propósitos. La historia ha demostrado que el liberalismo consiguió mejores resultados. Alguien dijo que el socialismo ha conseguido una justa distribución de la pobreza. En la sociedad feudal ese rol de solidaridad estaba reservado a la iglesia o la religión, lejos de la política.
Schelling: (1775 – 1831)
Una vida vivida desde el arte. Como el pintor vive el paisaje desde su paleta o el agricultor desde su arado, Schelling vive la Filosofía desde la belleza. Intuye lo absoluto incondicionado como armonía, identidad, unidad sintética de los contrarios. Lo absoluto es la unidad viviente, espiritual. Dentro de la cual están como en germen todas las diversidades que conocemos en el mundo. En todo cuanto es y existe, hay una fundamental identidad: todo es uno y lo mismo. El primer trámite de diversificación de este absoluto es por un lado la naturaleza y por el otro el espíritu, pero siempre compenetrados el uno con el otro. Y ahora sí:
Hegel: (1770 – 1831)
Si Fichte fue una vida encajada en la acción moral, un apóstol, Schelling una vida orientada a un delicado arte con bellísimas descripciones y lenguaje sublime del modo en que encara lo mundano, lo absoluto, Hegel fue el prototipo de una vida encajada en lo lógico, pensador racional y “frío” a quien sus compañeros estudiantes llamaban ya “el viejo”. Para Hegel lo absoluto es la Razón. A la pregunta ¿qué es lo que existe? contesta: la Razón. Pero razón como una potencia dinámica, llena de posibilidades que se van desenvolviendo en el tiempo. La razón es concebida como un movimiento. Más que como razón, como razonamiento.
Proponer una afirmación, formular una tesis, pero, a partir de allí, convertido en abogado del diablo, oponer todas las razones contrarias. Mediante afirmaciones racionales pero contrarias a la tesis. Es decir la antítesis. La afirmación racional de lo contrario plantea un problema insoportable. No pueden ser ciertas ambas opuestas. Es preciso hallar una tercera afirmación en que las dos anteriores quepan en unidad. Y así, por un número infinito de posibilidades racionales insospechadas, la razón es el germen de la realidad.
Todo lo real es racional y todo lo racional es real. Porque no hay posición real que no sea racional ni posición verdaderamente racional que no esté, haya estado o pueda estar en lo real. (2)
Para Hegel, de esa Razón que es lo absoluto, (mediante el estudio de sus trámites internos, que Hegel llama lógica con un sentido novísimo, mediante el estudio de la lógica, o sea de los trámites que la razón requiere para desenvolverse, al explicitarse ella misma) la razón va externándose, va realizando sus tesis (en la historia) sus antítesis y sucesivas síntesis (Hegel no usó este vocablo nunca, para él eran nuevas tesis superadoras). Y así va creando su propio fenómeno de exteriorización, va manifestándose en las formas materiales, en las formas matemáticas que son lo más elemental de la razón, en las formas causales que son lo más elemental de la física, en las formas finales que son las formas de los seres vivientes y luego en las formas psicológicas, intelectuales, en la historia. Así, todo cuanto es, todo cuanto ha sido, todo cuanto será, no es sino la fenomenalización, la realización progresiva de gérmenes racionales que están todas en la razón absoluta.
Fichte, Schelling y Hegel no partieron de datos de la experiencia, de hechos o factum como Kant, sino de una intuición de la conciencia moral o lo absoluto, que es el Espíritu entendido en su universalidad.
El Totalitarismo Hegeliano
Benedetto Croce (1866 – 1952) filósofo y político italiano que llegó a ser ateo y anticlerical a pesar de su profunda formación teológica católica, hegeliano en serio, senador desde 1910, ministro de educación desde 1920 a 1921 y otra vez ministro de educación después de la II Guerra Mundial, en su obra Lo vivo y lo muerto en la Filosofía de Hegel Ediciones Imán, Buenos Aires, 1943, Capítulo X, pág. 171 ss dice que Hegel no logró superar la contradicción entre espíritu y materia. Respecto de este dualismo no superado entre Espíritu y Materia (ya que no puede entenderse cómo el espíritu pasa de ser pura inmaterialidad a ser materia, en el espíritu objetivo) dice Croce que en esta contracción lógica anidan los movimientos totalitarios del siglo XX:
“En este dualismo no superado, en el cual se enreda el idealismo absoluto de Hegel, debido al grave error lógico cometido, se anida la causa de la división de la escuela hegeliana en una derecha y una izquierda hegelianas, la última de las cuales se aleja aun más hacia una extrema izquierda.
(Croce escribe en 1941 cuando Hitler era aliado de Stalin y el nacional socialismo alemán era naturalmente aliado del socialismo comunista soviético. Porque los dos eran socialistas. Los dos combatían el liberalismo de las democracias occidentales
Una muy ingeniosa y elaborada operación de la izquierda, se las ingenió para apartarse de sus primos nacional socialistas y calificarlos de extrema derecha. Un disparate ideológico. Esta operación para convertir a los nacional socialistas alemanes en extrema derecha, se llevó a cabo cuando los comunistas de Europa continental pudieron desembarazarse de su incómodo aliado, después de la Operación Barbarroja, cuando Hitler en 1941 invade a la los socialistas comunistas rusos. Porque desde el agosto de 1939 hasta julio de 1941 –casi 2 años– socialistas nacionalistas alemanes y socialistas comunistas rusos fueron aliados, se repartieron Polonia y los socialistas comunistas rusos obtuvieron el permiso de sus primos los socialistas nacionalistas alemanes para invadir Finlandia (les fue muy mal), Estonia, Letonia, Este de Polonia y Rumania. Ver el pacto Ribbentrop Molotov. Por eso el texto en cursiva de Croce debe interpretarse trasladándose a lo que sucedía en ese momento. Croce entiende por izquierdas tanto a los socialistas nacionalistas alemanes como a los socialistas comunistas rusos).
Reiteremos el párrafo:
“En este dualismo no superado, en el cual se enreda el idealismo absoluto de Hegel, debido al grave error lógico cometido, se anida la causa de la división de la escuela hegeliana en una derecha y una izquierda hegelianas, la última de las cuales se aleja aun más hacia una extrema izquierda (se refiere pues a los dos socialismos que se expanden por Europa y amenazan mortalmente a las democracias liberales) Y continúa Croce:
El ala derecha interpretaba a Hegel teísticamente: el sujeto, el Logos de Hegel, era el Dios personal y la relación de la filosofía hegeliana con el cristianismo no se agotaba en el reconocimiento de las grandes virtudes filosóficas resumidas por la teología cristiana, sino que tendía más bien a un acuerdo sustancialmente distinto. El ala izquierda se oponía a toda trascendencia y a todo concepto de un Dios personal y, poniendo de relieve el carácter inmanente del sistema, llegaba casi a simpatizar con el materialismo filosófico, en cuanto a que este, a su modo, goza también de un carácter inmanente y no trascendente De orientación claramente ateísta.
Yo suprimo el casi (y digo suprimo y no suprimiría porque es hora de dejar de usar los potenciales, como modo de no comprometerse con lo que uno dice, tan extendido en nuestra época) Yo suprimo el casi porque en su forma más pura expresada en Marx y Engels, que es el materialismo dialéctico, el espíritu no existe. Lo absoluto, todo lo que hay es la materia increada, eterna deviniendo por causas materiales. Lo que llamamos espíritu son excrecencias de la materia, producto de la materia. Todo es materia. La interpretación de la historia también se hace desde lo material ya que el motor de la historia no es la idea (como en Hegel) sino la posesión de los bienes (de consumo y tráfico). Es decir. La interpretación económica de la Historia. Ambas, izquierdas y derechas hegelianas, son totalitarias porque devienen de un absoluto y lo absoluto es en sí mismo verdad (Espíritu o Materia). En ambas posturas subsiste el dualismo contradictorio porque aun si suponemos que el espíritu sea una excrecencia de la materia, sigue sin poderse explicar cómo es posible que lo que no está en el espacio (la idea, el pensamiento, el espíritu) sea materia. Ambas doctrinas conservan la contradicción original de Hegel. Y la derecha hegeliana no son los movimientos nacional socialistas sino los sistemas capitalistas no democráticos.
En tal sentido y en el plano real, paradójicamente, China se acerca más a este tipo de derechas. La fórmula Un país dos sistemas de Deng Xiaoping es una “vía china al capitalismo”, que una burocracia partidaria impone autoritariamente, con un éxito que pone a prueba nuestras convicciones de que el mejor camino al desarrollo sea la democracia liberal.
Bueno, queridos amigos distantes, me he extendido abusivamente en lo que se inició como unas breves consideraciones sobre el magnífico análisis del Sr. Mario Baquela y una señora política que se dice hegeliana. Tal vez con tecnicismos inapropiados. Cordialmente Jorge Cuervo
Gracias
Un excelente articulo.
Atentamente,
Señores,
Mis felicitaciones por el artículo y los comentarios previos.
Dudo que la Dra. (¿?) Cristina haya alguna vez leído a Hegel en su vida, más bien habrá escuchado que es uno de los inspiradores más importantes del Fascismo, al cual no hay dudas que la dinastía K aspira.
Qué tristeza da leer la doctrina hegeliana/fascista totalmente antidemocrática, antirrepublicana, y ver tantas similitudes con lo que han intentado imponer en nuestro querido país, exitosamente en algunos casos como el control de la Justicia y la virtual eliminación del Parlamento.
Vamos a contramano del mundo, estamos descolgados del planeta, enfrentamos una pobreza y niveles de exclusión alarmantes y crecientes, la ignorancia y la falta de respeto son moneda corriente… y el pueblo está como anestesiado ante tanto atropello.
La única esperanza que me queda lamentablemente es que luego del abismo al que nos están llevando estos soberbios paranoicos podamos aprender como sociedad y de una vez por todas repudiar a través del voto estos métodos retrógrados e inconducentes que no hacen más que generar masas de pobres a los que nadie educa en la dignidad del trabajo.
Atte.-