La prepotencia progre

Mario BaquelaLa socie­dad argen­tina no podía esca­par de las con­se­cuen­cias del post­mo­der­nismo que adopta al pro­gre­sismo y su escala de valo­res como el último credo de la orga­ni­za­ción social.

El pro­gre­sismo se cons­ti­tuye en un marco filo­só­fico que pre­tende incul­car un pesi­mismo cons­ti­tu­tivo en el alma occi­den­tal, a pesar de ser ésta la socie­dad más prós­pera y libre del pla­neta. Su estra­te­gia psi­co­ló­gica, como escri­bió Ray­mond Aron, es decla­rar que todo régi­men cono­cido es torpe y cul­pa­ble si uno lo com­para con un ideal abs­tracto de igual­dad o liber­tad. Así lo hizo la Escuela de Franc­fort, refu­gio de los inte­lec­tua­les comu­nis­tas ale­ma­nes que huye­ron de Europa en los años 20.

Max Horkhei­mer, Theo­dor Adorno y Her­bert Mar­cuse, entre otros, extra­je­ron de su Ins­ti­tuto de Inves­ti­ga­ción Social del par­tido Comu­nista Ale­mán su hito más impor­tante, lla­mado “La Teo­ría Crí­tica” diri­gida, obvia­mente, a la socie­dad occi­den­tal capitalista.

Así como el mar­xismo clá­sico cri­mi­na­lizó a la clase capi­ta­lista, la Escuela de Frank­furt, a tra­vés de Mar­cuse, declaró cul­pa­ble de los mis­mos deli­tos al sec­tor socio­ló­gico for­mado por las cla­ses medias, con­clu­yendo que los indi­vi­duos que cre­cían en fami­lias tra­di­cio­na­les eran inci­pien­tes fas­cis­tas o nazis poten­cia­les, al igual que los que hacen gala de algún sín­toma de patrio­tismo, los reli­gio­sos o, en gene­ral, los auto­ti­tu­la­dos con­ser­va­do­res. Se cons­truyó la herra­mienta dia­léc­tica útil al arse­nal pro­gre según la cual, acep­tar la exis­ten­cia de dife­ren­tes pun­tos de vista (“liber­tad de expre­sión”) es, en reali­dad, una forma esco­gida de repre­sión El teó­rico mar­xista defi­nió su par­ti­cu­lar con­cepto de la tole­ran­cia como la com­pren­sión con­des­cen­diente para todos los movi­mien­tos de izquierda, y la intran­si­gen­cia más abso­luta res­pecto a las mani­fes­ta­cio­nes de matiz conservadora.

Tene­mos así el ori­gen de lo que se ha dado en lla­mar “lo polí­ti­ca­mente correcto” (el mar­xismo cul­tu­ral). Teniendo en cuenta que nunca, a lo largo de la his­to­ria, se haya dado un expe­ri­mento exi­toso de socie­dad comu­nista y que todos los ensa­yos prác­ti­cos de las teo­rías mar­xis­tas han dado como resul­tado pobreza, mise­ria, atraso, terror y derra­ma­mien­tos de san­gre para sos­te­ner tal con­cepto des­pó­tico, los pro­gres sólo ven ahora posi­ble insis­tir por medio de los denues­tos de su agenda tales como la jus­ti­cia social, la redis­tri­bu­ción de la riqueza o el ter­cer­mun­dismo anti­ca­pi­ta­lista. Esta dic­ta­dura del mar­xismo cul­tu­ral – la con­tra­cul­tura – exige la acep­ta­ción de prin­ci­pios como los ries­gos del medio ambiente, la lucha con­tra la opre­sión capi­ta­lista, la tole­ran­cia sin lími­tes, el paci­fismo sin con­di­cio­nes y el rela­ti­vismo ético. Simul­tá­nea­mente, pro­mueve la homo­se­xua­li­dad mili­tante, el aborto, la pro­mis­cui­dad exa­cer­bada y, en gene­ral, todo con­ducta con­tra­ria a la esen­cia del con­cepto tra­di­cio­nal de fami­lia que es la base de la civi­li­za­ción occi­den­tal cris­tiana tal como nos ha sido trans­mi­tida a los que cons­ti­tui­mos los sec­to­res medios de nues­tra sociedad.

El obje­tivo alter­na­tivo a la frus­trada epo­peya mar­xista, que es la des­cul­tu­ri­za­ción de occi­dente y la des­truc­ción de sus valo­res esen­cia­les, fue el ins­tru­mento con que la pro­gre­sía inte­lec­tual reem­plazó los insos­te­ni­bles horro­res de los “gulags” por el veneno de la corro­sión cul­tu­ral de la con­di­ción libe­ral de occidente.

Se nos ha lle­vado a la acep­ta­ción gene­ra­li­zada de la agenda polí­tica de la izquierda tras los pasos de Gre­gory Lukacs y Anto­nio Gramsci en una larga mar­cha que Aldous Hux­ley defi­nió admi­ra­ble­mente al escri­bir que “un estado tota­li­ta­rio efi­ciente, es aquel en el que las élites con­tro­lan a una pobla­ción de escla­vos que no nece­sita ser coac­cio­nada, por­que en reali­dad ama esta servidumbre”.

En este punto, los inte­lec­tua­les son la última espe­ranza de cual­quier socie­dad que quiera ini­ciar su rearme moral. El pre­sente espec­táculo crio­llo de agre­sio­nes, des­ca­li­fi­ca­cio­nes, cris­pa­cio­nes, ame­na­zas y tri­qui­ñue­las de baja estofa para impo­ner sin debate la pre­po­ten­cia pro­gre, reclama voces de sen­sa­tez y cono­ci­miento de la his­to­ria reciente del mundo glo­bal. De los movi­mien­tos filo­só­fi­cos y de las ten­den­cias de la huma­ni­dad. Como dijo J.B. Alberdi, “la falsa his­to­ria es la causa de la falsa política”.

Cuando en octu­bre de 2007 un por­cen­taje estric­ta­mente mino­ri­ta­rio de los votan­tes argen­ti­nos deci­dió creer en el dis­curso que pro­me­tía el incre­mento del “cam­bio” en la polí­tica por venir, ins­taló en el gobierno del país menos cohe­rente de Suda­mé­rica la con­ti­nui­dad desem­bo­zada del con­cepto tota­li­ta­rio pro­gre que ahora nos zaran­dea a todos y sigue des­con­cer­tando a los espec­ta­do­res del mundo.

La insó­lita y ges­tual­mente peli­grosa “armada Bran­ca­leone” de los “movi­mien­tos socia­les” ofi­cia­lis­tas ato­si­ga­dos de ren­cor cla­sista y ence­rra­dos en el rebaño popu­lista se sumerge en la cru­zada pro­gre donde el gobierno se juega todos sus tantos.

Gre­cia, la cuna de nues­tra filo­so­fía, nos enseñó sobre cul­tos míti­cos que ahora pare­cen con­su­marse en una esca­lada irres­pon­sa­ble de into­le­ran­cia y ata­ques al tejido social. Dos de las Eri­nias o Furias, dei­da­des que la mito­lo­gía griega relata como hijas de Gea y Urano, eran Alecto (siem­pre enco­le­ri­zada) y Tisi­fone (la ven­ga­dora del cri­men), tam­bién lla­ma­das Hijas de la Noche. Vivían en el mundo infe­rior, de donde ascen­dían a la tie­rra para per­se­guir a los mal­va­dos. Se con­si­de­ra­ban jus­tas pero des­pia­da­das y no aten­dían a cir­cuns­tan­cias atenuantes.

Desde el atril del poder que otorga la demo­cra­cia, azu­zando per­ma­nen­te­mente a la lucha de cla­ses y a la defensa irre­denta de los pobres que heredó de gobier­nos de su mismo signo, quien gobierna pare­ciera haber rene­gado de valo­res pon­de­ra­bles del género mater­nal. El dis­curso enva­len­tona a pre­té­ri­tos embos­ca­dos en la vio­len­cia y el dis­curso y la acción pro­gre incre­menta la pro­duc­ción récord de la única fábrica argen­tina sub­si­diada que causa dolor y des­es­pe­ranza en todo la huma­ni­dad: la de millo­nes de per­so­nas con­de­na­das a la pobreza y sin posi­bi­li­da­des de acce­der a la elec­ción de su pro­pio des­tino con liber­tad y dignidad.

El pro­gre­sismo, tra­sunto post­mo­derno del socia­lismo de siem­pre, nece­sita de la exis­ten­cia de socie­da­des pau­pe­ri­za­das para jus­ti­fi­car la vali­dez de su ideo­lo­gía. Maes­tros de la hipo­cre­sía, hacen soli­da­ri­dad con los bie­nes aje­nos con un dis­curso incen­dia­rio denun­ciando la injus­ti­cia social desde una clase “diri­gente” pri­vi­le­giada al frente de una masa luchando por su mera sub­sis­ten­cia. Su pri­mor­dial enemigo es la clase media, con su amplí­simo espec­tro de opor­tu­ni­da­des y cons­tante pujo de ascenso, crea­ción de un sis­tema que pri­vi­le­gia la liber­tad, la pro­pie­dad pri­vada, la com­pe­ten­cia y el mer­cado. El Estado pro­gre no es soli­da­rio, por la sen­ci­lla razón de que hacer cari­dad con el dinero ajeno no es vir­tud sino sim­ple cinismo.

La eco­no­mía no es una mera fun­ción mate­má­tica de asig­na­ción de recur­sos a unos fines con­cre­tos, sino la acción de afron­tar el estu­dio de los pro­ce­sos socia­les desde la pers­pec­tiva de la acción humana, que está dotada de la empre­sa­ria­li­dad, la cua­li­dad humana innata de detec­tar las opor­tu­ni­da­des que le brinda el entorno social para lograr un bene­fi­cio, sea cual sea. Chur­chill solía decir que un gobierno empe­ñado en subir los impues­tos para ejer­cer de dis­tri­bui­dor, es como un hom­bre metido en un cesto inten­tando levan­tarlo tirando él mismo de las asas.

Para­lela y tal vez para­do­jal­mente, en el plano interno de los paí­ses de Europa, se paten­tiza el des­va­ne­ci­miento de las nue­vas “ter­ce­ras vías” y el ago­ta­miento de las clá­si­cas pers­pec­ti­vas social­de­mó­cra­tas: la cen­troiz­quierda está en retro­ceso y a la deriva. Nue­va­mente occi­dente se mueve en la direc­ción de las dere­chas; en algu­nos casos, con mati­ces cen­tris­tas; en otros, con coa­li­cio­nes extre­mis­tas, en cier­tos casos con for­mas de neo­po­pu­lismo y en deter­mi­na­das oca­sio­nes con lide­raz­gos fran­ca­mente fas­cis­tas que inclu­yen la into­le­ran­cia y la xeno­fo­bia hipó­crita. Y como siem­pre, Argen­tina se encauza por la con­tra­mano de la his­to­ria, sin dejar de per­der las opor­tu­ni­da­des que la situa­ción glo­bal le ofrece, afe­rrada al ideo­lo­gismo y a las dispu­tas cir­cen­ses incom­pren­si­bles pero fun­cio­na­les a la nega­ción del diá­logo; a la teo­ría de la cons­pi­ra­ción cons­tante que surge de su pro­pio com­po­nente auto­ri­ta­rio que ima­gina “gol­pes”, trai­do­res, aris­to­cra­cias vende patrias y enemi­gos a des­truir por doquier.

Las garan­tías del orde­na­miento social y legal de la Cons­ti­tu­ción son rele­ga­das por las paro­dias de “jus­ti­cia social dis­tri­bu­tiva” que asesta el anatema de “oli­gar­quía reac­cio­na­ria” a la pro­duc­ción y la acu­mu­la­ción de riqueza, con­cep­tos que com­ba­ten como enemi­gos a des­truir para poder impo­ner el corro­sivo plan que no tolera a la ini­cia­tiva pri­vada, el libre mer­cado y el tra­bajo fecundo y pro­duc­tivo.

“La comu­ni­dad se frag­menta en intere­ses cor­po­ra­ti­vos, lo par­ti­cu­lar pre­pon­dera sobre lo gene­ral, el bien común se con­vierte en mal de todos y el egoísmo, viejo lobo, puede más que la soli­da­ri­dad”
. San­tiago Kovadloff

En estos momen­tos de irri­ta­ción y sen­sa­cio­nes de con­flic­ti­vi­dad ciu­da­dana, es pri­mor­dial con­ser­var la luci­dez y pro­te­ger el sagrado bien de la paz. La cólera es libe­ra­dora sólo si se es capaz de libe­rarse de ella: “el sol – dice San Pablo en la Epís­tola de los Efe­sios – no se pone detrás de vues­tra ira”.

Autor: Mario Baquela

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


4 Comentarios en “La prepotencia progre”  

  1. 1 ciudadano

    Gra­cias por lo acer­tado de estos con­cep­tos, humil­de­mente como cual­quier ciu­da­dano puedo sen­tirme (inutil­mente) satis­fe­cho por haber visto este pano­rama casi desde su mismo prin­ci­pio y podido entre­veer lo que se ave­ci­naba. Hoy lo tene­mos viviendo en reali­dad, y espero aún, pese a nues­tros sufri­mien­tos, la caída y final de esta situa­ción, mal que nos pese… Que país…!!!

  2. 2 Jorge Edmundo Cuervo

    Sr. Mario Baquela:
    Exce­lente aná­li­sis. El asunto viene de lejos. Por lo menos de Hegel. Hace tiempo, con motivo de las velei­da­des de hege­liana que tuvo la avi­lan­tez de expre­sar en un con­greso de filo­so­fía la Sra. decía yo en un comen­ta­rio:
    Véase algu­nas ideas de Hegel vin­cu­la­das al hacer (y no al saber) de estos mato­nes que arri­ba­ron al poder por obra de las alqui­mias anti­li­be­ra­les de Duhalde y Alfon­sín, a quien Bal­bín lla­maba “el piojo colo­rado” por su entraña mar­xista. Pue­den con­sul­tarse esas ideas de Hegel en “Enci­clo­pe­dia Filo­só­fica” Hegel, Edi­to­rial Liber­tad Bue­nos Aires 1944, en las siguien­tes citas:

    “La dis­tin­ción super­fi­cial que hay en las pala­bras de liber­tad e igual­dad, indica que la liber­tad con­duce a la desigual­dad”… Página 362 &339
    El signo & designa el lugar de cual­quier edi­ción, para indi­vi­dua­li­zar el párrafo de la obra que se comenta. Es una con­ven­ción entre los inves­ti­ga­do­res y eru­di­tos, que per­mite refe­rirse a un pasaje (de Aris­tó­te­les, Pla­tón, Hegel, etc.) que se encuen­tra en todas las edi­cio­nes de esas obras cual­quiera sea el edi­tor. Se puede así refe­rir al pasaje comen­tado, cual­quiera sea la obra que tenga el lec­tor en su poder. En los clá­si­cos exis­ten otras nomen­cla­tu­ras.
    :”El Estado en cuanto espí­ritu viviente, es sola­mente como una tota­li­dad orga­ni­zada…” Es decir es la mani­fes­ta­ción del Espí­ritu absoluto.

    Y más atrás: “Ante todo, por lo que con­cierne a la igual­dad, la pro­po­si­ción ordi­na­ria, según la cual todos los hom­bres son igua­les por natu­ra­leza, con­tiene el equí­voco de cam­biar el hecho natu­ral por el con­cepto; es decir que en reali­dad, por natu­ra­leza, los hom­bres son desigua­les”. Página 360 &339

    En cuanto a la entro­ni­za­ción de la Monar­quía K, lo siguiente les viene como ani­llo al dedo:
    “La Cons­ti­tu­ción monár­quica es por esto la cons­ti­tu­ción de la razón desa­rro­llada; todas las demás Cons­ti­tu­cio­nes per­te­ne­cen a gra­dos más bajos de desa­rro­llo y de la rea­li­za­ción de la razón.” &542 Pag. 364

    En el “por esto”, Hegel a expli­ci­tado la razón por la cual la monar­quía es el mejor sis­tema. Por­que las deci­sio­nes de los cuer­pos cole­gia­dos, de las per­so­nas no físi­cas, o per­so­nas de exis­ten­cia ideal (el las llama mora­les, con un sen­tido que tiene en la len­gua fran­cesa y no en la ger­mana en que escribe Hegel) son deci­sio­nes que se toman por mayo­ría (como en las demo­cra­cias), no hay un que­rer que decide, no hay un que­rer que tenga exis­ten­cia real, sino que ese que­rer es tam­bién ideal, como el de la per­sona de la cual emana. Lo sub­je­tivo, como indi­vi­dua­li­dad real, es volun­tad de un indi­vi­duo que decide: el monarca.
    No lo dice así, sino en la escri­tura críp­tica hege­liana:
    “En el Gobierno, con­si­de­rado como tota­li­dad orgá­nica, halla­mos: 1) la sub­je­ti­vi­dad como uni­dad infi­nita del con­cepto con si mismo en su desen­vol­vi­miento, la volun­tad del estado, que todo lo sos­tiene y todo lo decide, la más alta cima del Estado –y de la uni­dad que lo com­pe­ne­tra todo– : el Poder gober­nante del prín­cipe. En la forma per­fecta del Estado, en que todos los momen­tos del con­cepto han con­se­guido su libre exis­ten­cia, esta sub­je­ti­vi­dad no es una lla­mada per­sona moral o una deci­sión que parte de una mayo­ría –for­mas en las cua­les la uni­dad del que­rer que decide, no tiene una exis­ten­cia real–; pero como volun­tad real, es volun­tad de un indi­vi­duo que decide: monar­quía. La Cons­ti­tu­ción monár­quica es por esto la cons­ti­tu­ción de la razón desa­rro­llada; todas las demás Cons­ti­tu­cio­nes per­te­ne­cen a gra­dos más bajos de desa­rro­llo y de la rea­li­za­ción de la razón.” &542. En edi­ción de la Edi­to­rial Liber­tad, 1944, pág. 364 sub­ra­yado mío.

    Toda ver­da­dera ley es una liber­tad, puesto que con­tiene una deter­mi­na­ción racio­nal del espí­ritu obje­tivo, y, por con­si­guiente, un con­te­nido de la liber­tad”.
    Es decir: si la ley fue dic­tada por el Estado con­forme a sus obje­ti­vos, es justa y tras la apa­rien­cia de coar­tar la liber­tad, la está ase­gu­rando. Aun cuando atente con­tra los dere­chos indi­vi­dua­les. Es el prin­ci­pio en el cual se basan los esta­dos tota­li­ta­rios. Página 361 &339

    En reali­dad a lo que yo iba cuando comencé este comen­ta­rio era a hacer pre­sente que el espí­ritu de las afir­ma­cio­nes de Hegel se com­pa­de­cen admi­ra­ble­mente con el hacer de estos fora­ji­dos que dicen cono­cerlo, igno­rán­dolo, pero lo prac­ti­can como autó­ma­tas, en quie­nes ope­ran las ideas reci­bi­das, sin saber a quien se debe su auto­ría. Así es la his­to­ria. Las ideas de las gene­ra­cio­nes que nos pre­ce­den se encuen­tran escon­di­das en los usos, que con­den­san el pasado.
    Nin­guna Filo­so­fía parte de la nada. Salvo el pri­mero, Tales de Mileto (-625 a –546) fun­da­dor de ella, todos los filó­so­fos han par­tido desde el punto en que la dejó su, o sus ante­ce­so­res. Por ello, el pri­mero en darse cuenta y hacer un resu­men de los ante­rio­res fue Aris­tó­te­les. Cada uno de los filó­so­fos ha pen­sado y piensa en un con­texto, en el cual va rea­li­zando su vida. Y su pen­sar está radi­cado en esa reali­dad pri­mera: su vida. Pen­sar no es una fun­ción abs­tracta, sino una herra­mienta más al ser­vi­cio de mi vida. Para vivir y acer­tar, tengo, quiera o no, que pen­sar. Como no soy inmor­tal, si no acierto en lo que hago, habré per­dido mi vida.
    De modo que pen­sar no es un lujo, sino algo abso­lu­ta­mente nece­sa­rio. O si se quiere, un lujo indis­pen­sa­ble. Hegel parte del punto en que estaba la Filo­so­fía cuando la deja su maes­tro, Emma­nuel Kant. Vea­mos cómo se llegó a Hegel:

    Rea­lismo

    En esta sin­fo­nía del pen­sar que nace con el pri­mer acorde de Tales, la Meta­fí­sica fue, y es, la res­puesta a la pre­gunta: ¿Qué es lo que existe? Para Tales, hom­bre colo­nial que vivía en Mileto, lejos de los dio­ses y de la mito­lo­gía cen­tral de Gre­cia, en todas las cosas está pre­sente el agua y a ella vol­ve­rán todas. El agua es pues lo que existe
    Para todos los filó­so­fos ini­cia­les lo que existe, el prin­ci­pio de todas las cosas, es algo físico, mate­rial. Por ello se los llama los físi­cos. Pero sea mate­rial o in-material (para Pitá­go­ras eran los núme­ros, para Pla­tón las ideas, para Aris­tó­te­les la sus­tan­cia), todos coin­ci­dían en que exis­ten las cosas en sí, con un ser que lo tie­nen por sí, inde­pen­dien­te­mente de mí. Por ello se los llama rea­lis­tas por opo­si­ción a los idea­lis­tas. Lo que existe es la reali­dad y la reali­dad son las cosas, las cua­les exis­ten por sí, inde­pen­dien­te­mente de mí. Por ello fue­ron los grie­gos los que acu­ña­ron pri­mero la sen­ten­cia “la única ver­dad es la reali­dad” copiada, por un señor malo, que habló al Con­greso de Filo­so­fía en Mza. en 1950. (¿Filo­so­fi­tis peroniae?)Ahora todos dicen que fue Aris­tó­te­les. Que la ver­dad sea la reali­dad es la carac­te­rís­tica de toda la filo­so­fía griega. Lo que sucede es que en Aris­tó­te­les cul­mina la forma de pen­sar según la cual lo que existe son las cosas en sí y por sí, es decir, la reali­dad.
    La filo­so­fía son las series de pen­sa­miento que se suce­den, unas a otras, como si fue­ran con­jun­tos de juga­das de aje­dre­cista que “ve” una serie de ellas y llega hasta un punto que es el máximo en su rela­ción nivel=respuesta. De allí, y no de la nada, lo toma el siguiente pen­sa­dor, que con­ti­núa con su serie. La tota­li­dad de las suce­si­vas series desde Tales, Herá­clito, Par­mé­ni­des, Pla­tón, Aris­tó­te­les, Des­car­tes, Kant, Hegel, Nietzs­che, Hei­deg­ger, Ortega y Gas­set, con todos sus inter­me­dios, puede ser vista como un solo pen­sa­miento en serie con­ti­nua, cuyo con­junto cons­ti­tuye la Filo­so­fía, o abor­daje del ser.

    Idea­lismo

    René Des­car­tes (1596 – 1650) dos mil años des­pués de Tales, se planta frente a esta for­mi­da­ble tra­di­ción y nos viene a decir que lo que existe no son las cosas, sino mi pen­sar en ellas. Si yo pienso en las sire­nas de mar, puede que no exis­tan, pero mi pen­sar­las si existe. Cogito – Sum, Pienso – Existo. De modo que mi exis­tir pende de mí pen­sar. Si no pienso, sen­ci­lla­mente, no existo.
    Pero esto le da al pen­sa­miento una cate­go­ría de algo que existe en sí. Que es una sus­tan­cia (que es lo que sub – está, lo que está debajo, lo que no cam­bia y sus­tenta los acci­den­tes, que si son los que cam­bian en la cosa). Por ello divide al Mundo en cosa pen­sante –res pen­sante– y cosa extensa –res extensa–. Esto es un último resi­duo de rea­lismo ya que, en última ins­tan­cia, eso que existe es algo real en sí y por sí, inde­pen­dien­te­mente de mí. Son dos reali­da­des abso­lu­tas, ab – soluta (sola de lo demás).

    Kant (1724 – 1804) va a ter­mi­nar con este último resi­duo de rea­lismo, de subs­tan­cia­lismo, que sos­tiene que algo existe en sí y por sí, inde­pen­dien­te­mente de mí. Con Kant el idea­lismo ini­ciado por Des­car­tes alcan­zará su cul­mi­na­ción. Para el idea­lismo, hasta él, lo que existe no son las cosas sino el pen­sa­miento. Eso es lo que existe, puesto que es lo único de que tengo intui­ción inmediata.

    Pero el pen­sa­miento con­siste en algo muy par­ti­cu­lar: Por un lado es pen­sa­miento del sujeto que lo piensa, y por otro lado es pen­sa­miento de “algo” pen­sado por el sujeto. De modo que pen­sa­miento es for­zo­sa­mente una rela­ción (co – rela­ción) entre sujeto pen­sante y objeto pen­sado. El objeto pen­sado es objeto cuando y por­que es pen­sado. El ser pen­sado es lo que lo cons­ti­tuye como objeto. Esto es lo que quiere decir todo el sis­tema Kan­tiano. La acti­vi­dad del pen­sar es lo que crea el objeto. No es que el objeto exista y luego lle­gue a ser pen­sado (que esto era el Rea­lismo), sino que la tesis fun­da­men­tal de Kant es: el objeto es objeto por­que y sólo cuando es pen­sado. El acto de pen­sarlo es, al mismo tiempo, el acto de obje­ti­varlo, de darle cua­li­dad de objeto.
    Pero con esto Kant mues­tra que el sujeto (la sus­tan­cia pen­sante de Des­car­tes) es pro­ducto tam­bién del pen­sa­miento. De modo que el sujeto pen­sante no es pri­mero sujeto y luego pen­sante, sino que es sujeto en la co – rela­ción de cono­ci­miento Por­que piensa y en tanto y cuanto que piensa, es sujeto. Por­que pen­sado y en tanto en cuanto es pen­sado, el objeto es objeto.
    Este es el cohuelmo de la inno­va­ción Kan­tiana. Ha eli­mi­nado la cosa en sí. Todo lo que hay y habrá son rela­cio­nes de cono­ci­miento. Ha des­a­pa­re­cido la cosa en sí, inde­pen­dien­te­mente de mí, que era algo incon­di­cio­nal, que tenía reali­dad abso­luta, suelta de lo demás, suelta de mi. A par­tir de aquí todo lo que exista estará con­di­cio­nado por mi pen­sar. Sólo existe la rela­ción pen­sar – cosa.
    Ya no podrá ser satis­fe­cho el afán de abso­luto incon­di­cio­nado que tenía el hom­bre. Por­que si el acto de cono­cer con­siste en “poner” una rela­ción, una co – rela­ción, entre sujeto pen­sante y objeto pen­sado, resulta que todo acto autén­tico de cono­cer está irre­me­dia­ble­mente con­de­nado a no ser abso­luto, y a estar some­tido a con­di­cio­nes.
    Pero así como a nadie ha qui­tado la sed el saber que no encon­trará agua, el hom­bre sigue nos­tál­gico, sediento de algo abso­luto, sin con­di­cio­nes, al cual refe­rir su vida y sus valo­res. Recor­de­mos que pen­sar es una fun­ción de la vida con­creta que tiene que vivir acer­tando. Y por ello debe ser int – eli­gente. Para saber ser eli­gente debe ser ele­gante en su elec­ción. Por­que ele­gante quiere decir eso: la mejor elec­ción entre muchas posi­bles.
    Así que, sediento de algo abso­luto no con­di­cio­nado, Kant des­cu­bre que si todo acto de cono­ci­miento conoce una rela­ción en la que el sujeto pone las con­di­cio­nes de posi­bi­li­dad para cono­cer (espa­cio, tiempo, cate­go­rías) esto plan­tea nue­vos pro­ble­mas inme­dia­tos que se resuel­ven tam­bién inme­dia­ta­mente mediante nue­vas rela­cio­nes. Y en este anu­dar rela­cio­nes, de deter­mi­nar cau­sas y efec­tos, que a su vez son cau­sas de nue­vos efec­tos y que a su vez son efec­tos de otras cau­sas, en esta deter­mi­na­ción de la red de suce­si­vas rela­cio­nes, el afán cog­nos­ci­tivo del hom­bre no des­cansa. (Aquí está en ger­men la idea de la dia­léc­tica que Hegel desa­rro­llará como pro­pia)
    No des­cansa por­que no se hallará satis­fe­cho sino cuando logre un objeto pen­sado que, luego de cono­cido, no le plan­tee nue­vos pro­ble­mas, sino que tenga en sí la razón inte­gral de su pro­pio ser y esen­cia, y de todo cuanto de él deviene. Este afán de incon­di­cio­na­li­dad o afán de abso­luto (algo solo, suelto de lo demás, que exista), no se satis­face con la cien­cia posi­tiva, que solo con­testa par­cia­li­da­des frag­men­ta­rias o rela­ti­vas, no abso­lu­tas. Frente a la pro­gre­si­vi­dad rela­ti­vi­zante del cono­ci­miento humano, el afán de cono­cer abso­lu­ta­mente, es una nece­si­dad irre­nun­cia­ble. Ese abso­luto como ideal al cual se aspira, es el que da columna ver­te­bral y estruc­tura for­mal a todo el acto con­ti­nuo del cono­cer humano.
    Esta noví­sima idea de que lo abso­luto, deja de ser actual para con­ver­tirse en poten­cial es la que cam­bia por com­pleto el cono­ci­miento cien­tí­fico humano. Por­que ahora hacer cien­cia no será un acto único, sino una serie esca­lo­nada, esla­bo­nada de actos sus­cep­ti­bles de com­ple­tarse unos con otros y, por con­si­guiente, dar ori­gen al pro­greso o pro­ceso con­ti­nuo de mayor cono­ci­miento. Esta es la pri­mera idea que Kant deja al fin de su Filo­so­fía. (ger­men de la dia­léc­tica)
    La segunda es que ese mismo abso­luto incon­di­cio­nado (que el cono­ci­miento aspira a cap­tar pero que cons­ti­tuye el motor y pro­greso del cono­ci­miento), ese mismo abso­luto incon­di­cio­nado apa­rece –desde otro punto de vista– como la con­di­ción de la posi­bi­li­dad de la con­cien­cia moral. Cuando Kant (1724–1804) comenzó a filo­so­far par­tió del hecho (fac­tum pre­fe­ría decir) de la cien­cia físico – mate­má­tica que ya estaba ahí (la ter­mi­na­ban de cons­ti­tuir New­ton 1642–1717 y Leib­niz 1646–1727). Debía demos­trar cómo era posi­ble que jui­cios pro­ve­nien­tes de la expe­rien­cia, sin­té­ti­cos, fue­ran a su vez ana­lí­ti­cos dedu­ci­bles a priori, es decir inde­pen­dien­te­mente de la expe­rien­cia, saca­dos de la cabeza sin nece­si­dad de expe­rien­cia alguna. En la Crí­tica de la Razón Pura Kant demues­tra cómo son posi­bles los jui­cios sin­té­ti­cos a priori en la física.
    Pues bien, así como a Kant le fue un hecho a la con­cien­cia, la exis­ten­cia ahí de la físico mate­má­tica, tam­bién es un hecho pre­sente ahí a la con­cien­cia en forma inme­diata a la intui­ción, la exis­ten­cia de la con­cien­cia moral. Para dis­tin­guir el bien del mal no hace falta más que una intui­ción directa e inme­diata que todos tene­mos sin más. ¿Cómo es esto posi­ble? La con­cien­cia moral no sería posi­ble si no pos­tu­lase ese abso­luto incon­di­cio­nado. Si no pos­tu­lase la liber­tad abso­luta, la inmor­ta­li­dad de lo inma­te­rial, la exis­ten­cia de Dios. La filo­so­fía que sucede a Kant, arranca de este abso­luto no con­di­cio­nado en el cual la deja Kant.
    Quie­nes le suce­den, Fichte, Sche­lling y Hegel no par­ten del fac­tum de la cien­cia físico mate­má­tica, como par­tió Kant, sino del fac­tum de lo Abso­luto, de la con­cien­cia moral a que Kant había lle­gado. Los tres par­ten de:
    1. La exis­ten­cia de algo abso­luto no deter­mi­nado
    2. De que ese abso­luto es de índole espi­ri­tual
    3. Ese abso­luto se mani­fiesta y exte­rio­riza en el espa­cio y en el tiempo, se expli­cita en trá­mi­tes sis­te­má­ti­ca­mente enla­za­dos. Da de sí for­mas de su pro­pia esen­cia que, al mani­fes­tarse, cons­ti­tu­yen el mundo, la his­to­ria, el hom­bre, sus obras…Lo que ahora es la Esfinge de Gizeh, fue espí­ritu o idea en la mente del faraón Keops. Todas las obras huma­nas son espí­ritu obje­ti­vado. La His­to­ria Uni­ver­sal es eso: espí­ritu abso­luto obje­ti­vado, hecho obra.
    4. El método para aprehen­der lo abso­luto, intem­po­ral e in espa­cial, es la intui­ción intelectual.

    Una forma de copiar ha sido y es decir lo opuesto a lo que dijo nues­tro maes­tro. Marx dirá todo lo con­tra­rio de las afir­ma­cio­nes de su maes­tro Hegel. Dará vuelta del revés toda su con­cep­ción. El espí­ritu no existe. Sólo existe la mate­ria. El motor de la his­to­ria no es la idea (espí­ritu) sino algo muy mate­rial: lo eco­nó­mico. Inter­pre­ta­ción eco­nó­mica de la his­to­ria y mate­ria­lismo dia­léc­tico (la dia­léc­tica como lucha de tesis y antí­te­sis con­tra­rias y supera­ción en otra tesis lla­mada sín­te­sis, que es a su vez nueva tesis para otra antí­te­sis y así suce­si­va­mente, fue copiada de Hegel, y apli­cada a la lucha de cla­ses. En Hegel la lucha es por el reco­no­ci­miento de nues­tra per­sona y liber­tad, en Marx la lucha es por lo eco­nó­mico.
    Pero vol­va­mos a lo nues­tro. Acla­rar las obs­cu­ri­da­des de Hegel.

    Fichte: 1762 – 1814
    Intuye lo abso­luto bajo la espe­cie del Yo. No de su yo empí­rico indi­vi­dual, sino del Yo en gene­ral, de la abs­trac­ción del yo par­ti­cu­lar pro­yec­tado a toda la huma­ni­dad en lo que, supone, tie­nen de común. El Yo de todos. Ese Yo es lo abso­luto. No con­siste en pen­sar. El pen­sar viene des­pués. El Yo es actuar. La esen­cia del Yo abso­luto es la acción. El objeto de esa acción es afir­mar su reali­dad como Yo que hace. Este es el pri­mer trá­mite de expli­ci­ta­ción de lo Abso­luto. Lo abso­luto se expli­cita en suje­tos acti­vos y obje­tos pasi­vos de la acción. Por un lado los yos empí­ri­cos y, por el otro, el mundo. El cono­ci­miento es una acti­vi­dad subor­di­nada. El yo ple­na­mente lo es, cuando actúa moral­mente. Para actuar el yo nece­sita, pri­mero, que exista un no yo. Segundo, nece­sita cono­cerlo. Y así, en trá­mi­tes suce­si­vos, minu­cio­sos, va sacando deduc­ti­va­mente y cons­truc­ti­va­mente de lo abso­luto, toda su expli­ci­ta­ción, su mani­fes­ta­ción, su feno­me­na­li­za­ción en el mundo de las cosas, en el espa­cio, en el tiempo, en la his­to­ria. Es el após­tol de la con­cien­cia moral en la his­to­ria y en la cien­cia. Es el após­tol de la edu­ca­ción popu­lar. Todo cono­ci­miento tiene que estar al ser­vi­cio de la acción moral. Resuena aquí la ética de Aris­tó­te­les: “la polí­tica debe pro­veer a la feli­ci­dad de los hom­bres”. Y es el ante­ce­dente cer­cano del socia­lismo, en cuanto éste tiene de pre­ten­sión de soli­da­ri­dad, aun cuando los resul­ta­dos hayan sido siem­pre con­tra­rios a los decla­ra­dos pro­pó­si­tos. La his­to­ria ha demos­trado que el libe­ra­lismo con­si­guió mejo­res resul­ta­dos. Alguien dijo que el socia­lismo ha con­se­guido una justa dis­tri­bu­ción de la pobreza. En la socie­dad feu­dal ese rol de soli­da­ri­dad estaba reser­vado a la igle­sia o la reli­gión, lejos de la política.

    Sche­lling: (1775 – 1831)
    Una vida vivida desde el arte. Como el pin­tor vive el pai­saje desde su paleta o el agri­cul­tor desde su arado, Sche­lling vive la Filo­so­fía desde la belleza. Intuye lo abso­luto incon­di­cio­nado como armo­nía, iden­ti­dad, uni­dad sin­té­tica de los con­tra­rios. Lo abso­luto es la uni­dad viviente, espi­ri­tual. Den­tro de la cual están como en ger­men todas las diver­si­da­des que cono­ce­mos en el mundo. En todo cuanto es y existe, hay una fun­da­men­tal iden­ti­dad: todo es uno y lo mismo. El pri­mer trá­mite de diver­si­fi­ca­ción de este abso­luto es por un lado la natu­ra­leza y por el otro el espí­ritu, pero siem­pre com­pe­ne­tra­dos el uno con el otro. Y ahora sí:

    Hegel: (1770 – 1831)
    Si Fichte fue una vida enca­jada en la acción moral, un após­tol, Sche­lling una vida orien­tada a un deli­cado arte con bellí­si­mas des­crip­cio­nes y len­guaje sublime del modo en que encara lo mun­dano, lo abso­luto, Hegel fue el pro­to­tipo de una vida enca­jada en lo lógico, pen­sa­dor racio­nal y “frío” a quien sus com­pa­ñe­ros estu­dian­tes lla­ma­ban ya “el viejo”. Para Hegel lo abso­luto es la Razón. A la pre­gunta ¿qué es lo que existe? con­testa: la Razón. Pero razón como una poten­cia diná­mica, llena de posi­bi­li­da­des que se van desen­vol­viendo en el tiempo. La razón es con­ce­bida como un movi­miento. Más que como razón, como razo­na­miento.
    Pro­po­ner una afir­ma­ción, for­mu­lar una tesis, pero, a par­tir de allí, con­ver­tido en abo­gado del dia­blo, opo­ner todas las razo­nes con­tra­rias. Mediante afir­ma­cio­nes racio­na­les pero con­tra­rias a la tesis. Es decir la antí­te­sis. La afir­ma­ción racio­nal de lo con­tra­rio plan­tea un pro­blema inso­por­ta­ble. No pue­den ser cier­tas ambas opues­tas. Es pre­ciso hallar una ter­cera afir­ma­ción en que las dos ante­rio­res que­pan en uni­dad. Y así, por un número infi­nito de posi­bi­li­da­des racio­na­les insos­pe­cha­das, la razón es el ger­men de la reali­dad.
    Todo lo real es racio­nal y todo lo racio­nal es real. Por­que no hay posi­ción real que no sea racio­nal ni posi­ción ver­da­de­ra­mente racio­nal que no esté, haya estado o pueda estar en lo real. (2)
    Para Hegel, de esa Razón que es lo abso­luto, (mediante el estu­dio de sus trá­mi­tes inter­nos, que Hegel llama lógica con un sen­tido noví­simo, mediante el estu­dio de la lógica, o sea de los trá­mi­tes que la razón requiere para desen­vol­verse, al expli­ci­tarse ella misma) la razón va exter­nán­dose, va rea­li­zando sus tesis (en la his­to­ria) sus antí­te­sis y suce­si­vas sín­te­sis (Hegel no usó este voca­blo nunca, para él eran nue­vas tesis supe­ra­do­ras). Y así va creando su pro­pio fenó­meno de exte­rio­ri­za­ción, va mani­fes­tán­dose en las for­mas mate­ria­les, en las for­mas mate­má­ti­cas que son lo más ele­men­tal de la razón, en las for­mas cau­sa­les que son lo más ele­men­tal de la física, en las for­mas fina­les que son las for­mas de los seres vivien­tes y luego en las for­mas psi­co­ló­gi­cas, inte­lec­tua­les, en la his­to­ria. Así, todo cuanto es, todo cuanto ha sido, todo cuanto será, no es sino la feno­me­na­li­za­ción, la rea­li­za­ción pro­gre­siva de gér­me­nes racio­na­les que están todas en la razón abso­luta.
    Fichte, Sche­lling y Hegel no par­tie­ron de datos de la expe­rien­cia, de hechos o fac­tum como Kant, sino de una intui­ción de la con­cien­cia moral o lo abso­luto, que es el Espí­ritu enten­dido en su universalidad.

    El Tota­li­ta­rismo Hegeliano

    Bene­detto Croce (1866 – 1952) filó­sofo y polí­tico ita­liano que llegó a ser ateo y anti­cle­ri­cal a pesar de su pro­funda for­ma­ción teo­ló­gica cató­lica, hege­liano en serio, sena­dor desde 1910, minis­tro de edu­ca­ción desde 1920 a 1921 y otra vez minis­tro de edu­ca­ción des­pués de la II Gue­rra Mun­dial, en su obra Lo vivo y lo muerto en la Filo­so­fía de Hegel Edi­cio­nes Imán, Bue­nos Aires, 1943, Capí­tulo X, pág. 171 ss dice que Hegel no logró superar la con­tra­dic­ción entre espí­ritu y mate­ria. Res­pecto de este dua­lismo no supe­rado entre Espí­ritu y Mate­ria (ya que no puede enten­derse cómo el espí­ritu pasa de ser pura inma­te­ria­li­dad a ser mate­ria, en el espí­ritu obje­tivo) dice Croce que en esta con­trac­ción lógica anidan los movi­mien­tos tota­li­ta­rios del siglo XX:
    “En este dua­lismo no supe­rado, en el cual se enreda el idea­lismo abso­luto de Hegel, debido al grave error lógico come­tido, se anida la causa de la divi­sión de la escuela hege­liana en una dere­cha y una izquierda hege­lia­nas, la última de las cua­les se aleja aun más hacia una extrema izquierda.
    (Croce escribe en 1941 cuando Hitler era aliado de Sta­lin y el nacio­nal socia­lismo ale­mán era natu­ral­mente aliado del socia­lismo comu­nista sovié­tico. Por­que los dos eran socia­lis­tas. Los dos com­ba­tían el libe­ra­lismo de las demo­cra­cias occi­den­ta­les
    Una muy inge­niosa y ela­bo­rada ope­ra­ción de la izquierda, se las inge­nió para apar­tarse de sus pri­mos nacio­nal socia­lis­tas y cali­fi­car­los de extrema dere­cha. Un dis­pa­rate ideo­ló­gico. Esta ope­ra­ción para con­ver­tir a los nacio­nal socia­lis­tas ale­ma­nes en extrema dere­cha, se llevó a cabo cuando los comu­nis­tas de Europa con­ti­nen­tal pudie­ron des­em­ba­ra­zarse de su incó­modo aliado, des­pués de la Ope­ra­ción Bar­ba­rroja, cuando Hitler en 1941 invade a la los socia­lis­tas comu­nis­tas rusos. Por­que desde el agosto de 1939 hasta julio de 1941 –casi 2 años– socia­lis­tas nacio­na­lis­tas ale­ma­nes y socia­lis­tas comu­nis­tas rusos fue­ron alia­dos, se repar­tie­ron Polo­nia y los socia­lis­tas comu­nis­tas rusos obtu­vie­ron el per­miso de sus pri­mos los socia­lis­tas nacio­na­lis­tas ale­ma­nes para inva­dir Fin­lan­dia (les fue muy mal), Esto­nia, Leto­nia, Este de Polo­nia y Ruma­nia. Ver el pacto Rib­ben­trop Molo­tov. Por eso el texto en cur­siva de Croce debe inter­pre­tarse tras­la­dán­dose a lo que suce­día en ese momento. Croce entiende por izquier­das tanto a los socia­lis­tas nacio­na­lis­tas ale­ma­nes como a los socia­lis­tas comu­nis­tas rusos).
    Reite­re­mos el párrafo:
    “En este dua­lismo no supe­rado, en el cual se enreda el idea­lismo abso­luto de Hegel, debido al grave error lógico come­tido, se anida la causa de la divi­sión de la escuela hege­liana en una dere­cha y una izquierda hege­lia­nas, la última de las cua­les se aleja aun más hacia una extrema izquierda (se refiere pues a los dos socia­lis­mos que se expan­den por Europa y ame­na­zan mor­tal­mente a las demo­cra­cias libe­ra­les) Y con­ti­núa Croce:
    El ala dere­cha inter­pre­taba a Hegel teís­ti­ca­mente: el sujeto, el Logos de Hegel, era el Dios per­so­nal y la rela­ción de la filo­so­fía hege­liana con el cris­tia­nismo no se ago­taba en el reco­no­ci­miento de las gran­des vir­tu­des filo­só­fi­cas resu­mi­das por la teo­lo­gía cris­tiana, sino que ten­día más bien a un acuerdo sus­tan­cial­mente dis­tinto. El ala izquierda se opo­nía a toda tras­cen­den­cia y a todo con­cepto de un Dios per­so­nal y, poniendo de relieve el carác­ter inma­nente del sis­tema, lle­gaba casi a sim­pa­ti­zar con el mate­ria­lismo filo­só­fico, en cuanto a que este, a su modo, goza tam­bién de un carác­ter inma­nente y no tras­cen­dente De orien­ta­ción cla­ra­mente ateísta.
    Yo suprimo el casi (y digo suprimo y no supri­mi­ría por­que es hora de dejar de usar los poten­cia­les, como modo de no com­pro­me­terse con lo que uno dice, tan exten­dido en nues­tra época) Yo suprimo el casi por­que en su forma más pura expre­sada en Marx y Engels, que es el mate­ria­lismo dia­léc­tico, el espí­ritu no existe. Lo abso­luto, todo lo que hay es la mate­ria increada, eterna devi­niendo por cau­sas mate­ria­les. Lo que lla­ma­mos espí­ritu son excre­cen­cias de la mate­ria, pro­ducto de la mate­ria. Todo es mate­ria. La inter­pre­ta­ción de la his­to­ria tam­bién se hace desde lo mate­rial ya que el motor de la his­to­ria no es la idea (como en Hegel) sino la pose­sión de los bie­nes (de con­sumo y trá­fico). Es decir. La inter­pre­ta­ción eco­nó­mica de la His­to­ria. Ambas, izquier­das y dere­chas hege­lia­nas, son tota­li­ta­rias por­que devie­nen de un abso­luto y lo abso­luto es en sí mismo ver­dad (Espí­ritu o Mate­ria). En ambas pos­tu­ras sub­siste el dua­lismo con­tra­dic­to­rio por­que aun si supo­ne­mos que el espí­ritu sea una excre­cen­cia de la mate­ria, sigue sin poderse expli­car cómo es posi­ble que lo que no está en el espa­cio (la idea, el pen­sa­miento, el espí­ritu) sea mate­ria. Ambas doc­tri­nas con­ser­van la con­tra­dic­ción ori­gi­nal de Hegel. Y la dere­cha hege­liana no son los movi­mien­tos nacio­nal socia­lis­tas sino los sis­te­mas capi­ta­lis­tas no demo­crá­ti­cos.
    En tal sen­tido y en el plano real, para­dó­ji­ca­mente, China se acerca más a este tipo de dere­chas. La fór­mula Un país dos sis­te­mas de Deng Xiao­ping es una “vía china al capi­ta­lismo”, que una buro­cra­cia par­ti­da­ria impone auto­ri­ta­ria­mente, con un éxito que pone a prueba nues­tras con­vic­cio­nes de que el mejor camino al desa­rro­llo sea la demo­cra­cia libe­ral.
    Bueno, que­ri­dos ami­gos dis­tan­tes, me he exten­dido abu­si­va­mente en lo que se inició como unas bre­ves con­si­de­ra­cio­nes sobre el mag­ní­fico aná­li­sis del Sr. Mario Baquela y una señora polí­tica que se dice hege­liana. Tal vez con tec­ni­cis­mos inapro­pia­dos. Cor­dial­mente Jorge Cuervo

  3. 3 Rene

    Gra­cias

    Un exce­lente articulo.

    Aten­ta­mente,

  4. 4 Mary

    Seño­res,
    Mis feli­ci­ta­cio­nes por el artículo y los comen­ta­rios pre­vios.
    Dudo que la Dra. (¿?) Cris­tina haya alguna vez leído a Hegel en su vida, más bien habrá escu­chado que es uno de los ins­pi­ra­do­res más impor­tan­tes del Fas­cismo, al cual no hay dudas que la dinas­tía K aspira.
    Qué tris­teza da leer la doc­trina hegeliana/fascista total­mente anti­de­mo­crá­tica, anti­rre­pu­bli­cana, y ver tan­tas simi­li­tu­des con lo que han inten­tado impo­ner en nues­tro que­rido país, exi­to­sa­mente en algu­nos casos como el con­trol de la Jus­ti­cia y la vir­tual eli­mi­na­ción del Par­la­mento.
    Vamos a con­tra­mano del mundo, esta­mos des­col­ga­dos del pla­neta, enfren­ta­mos una pobreza y nive­les de exclu­sión alar­man­tes y cre­cien­tes, la igno­ran­cia y la falta de res­peto son moneda corriente… y el pue­blo está como anes­te­siado ante tanto atro­pe­llo.
    La única espe­ranza que me queda lamen­ta­ble­mente es que luego del abismo al que nos están lle­vando estos sober­bios para­noi­cos poda­mos apren­der como socie­dad y de una vez por todas repu­diar a tra­vés del voto estos méto­dos retró­gra­dos e incon­du­cen­tes que no hacen más que gene­rar masas de pobres a los que nadie educa en la dig­ni­dad del tra­bajo.
    Atte.-

Deje un comentario