Educación

Gustavo CollaLos terri­bles actos de indis­ci­plina come­ti­dos por estu­dian­tes de nivel secun­da­rio, con­sis­ten­tes en agre­sio­nes fisi­cas a docen­tes y pre­po­ten­tes usur­pa­cio­nes de edi­fi­cios lle­va­das a cabo por imber­bes que segu­ra­mente no deben saber aun higie­ni­zar sus colas, obser­va­das con estu­por por la pobla­cion toda, a tra­ves de las pan­ta­llas de los noti­cie­ros tele­vi­si­vos, mueve a diver­sas refle­xio­nes. Le edu­ca­cion es la raiz de todos los pro­ble­mas, cuando no existe o es mal enca­mi­nada y es la llave de todas las solu­cio­nes cuando llega a todos en la mayor can­ti­dad y de la mejor calidad.

Mi expe­rien­cia con la edu­ca­cion ha sido la de millo­nes de ciu­da­da­nos argen­ti­nos de clase media. Escuela pri­ma­ria, secun­dia­ria, uni­ver­si­ta­ria com­pleta, haber ejer­cido la docen­cia por algun tiempo, estar casado con una docente a tiempo com­pleto y haber criado dos hijos que cum­plie­ron los mis­mos ciclos. Y ade­mas, casi sesenta y dos años de tran­si­tar por la vida donde los resul­ta­dos de una buena o mala for­ma­cion edu­ca­tiva de ponen de relieve. Cuando se escu­cha a los “exper­tos” en mate­ria de edu­ca­cion, lo pri­mero que se advierte es una total falta de cono­ci­miento de los acon­te­ce­res de la vida real. Para decirlo mas cla­ra­mente, les falta la dosis de “calle” nece­sa­ria para trans­mi­tir a sus alum­nos, tanto el el orden del cono­ci­miento como de los com­por­ta­mien­tos, la reali­dad que encon­tra­ran a su paso tan pronto ter­mi­nen sus estu­dios . La ense­ña­naza no es nada mas, ni nada menos que brin­dar a los edu­can­dos herra­mien­tas nece­sa­rias para afron­tar la vida con el mejor posi­cio­na­miento posible.

La edu­ca­cion deber ser de alto grado de exi­gen­cia y de alto grado de rigor, sim­ple­mente por­que alti­simo es el grado de exi­gen­cia y de rigor que nos pre­senta la vida al des­per­tar de cada mañana. Quie­nes hoy pro­po­nen laxi­tud en las cali­fi­ca­cio­nes, rechazo a todo lo que sig­ni­fi­que pre­mios y cas­ti­gos y orden de meri­tos, livian­dad o inexis­ten­cia de san­cio­nes dis­ci­pli­na­rias como norma de for­ma­cion, son los pri­me­ros en recha­zar un bife mal cocido en un res­tau­rante, que­jarse por la demora de un tren, o en hacer jui­cio de mala pra­xis la medico que opero mal a un pariente. Esa linea de pen­sa­miento es lle­vado a la prac­tica por direc­to­res de escue­las, rec­to­res de uni­ver­si­da­des y fun­cio­na­rios que ocu­pan pues­tos cla­ves en mate­ria de admi­nis­tra­cion y poli­ti­cas sobre la cues­tion edu­ca­tiva. Dichas for­mas de pen­sa­miento cons­truido en su pro­pia inma­nen­cia, aisal­dos en una reali­dad que, como todo pro­gre­sista, han dise­ñado de acuerdo a como desea­rian que fuera, pero muy dis­tante de como es. Los resul­ta­dos de apli­car estos cri­te­rios, basa­dos negar al alum­nado un acer­ca­miento a la reali­dad que le tocara vivir tan pronto deje las aulas para pelearle a la vida, traera sin duda un futuro bas­tante oscuro para lo socie­dad que nos toca y nos tocara vivir.

Autor: Gustavo Oscar Colla

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