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Las leyes de newton
Cuando en el siglo XVIII Isaac Newton formuló, entre otras, la Ley de Gravitación Universal o Ley de Gravedad, no sabía que doscientos años después Albert Einstein lo pondría en apuros con la formulación de su Teoría de la Relatividad. Fueron hallazgos científicos determinantes.
Pero la manzana siempre se cae hacia abajo.
El Poder Legislativo, dividido en dos concepciones antagónicas, está resolviendo el futuro de los argentinos para los próximos años, y la obediencia a la ley que impone el ejercicio democrático será el certificado de dicho destino.
Se verá entonces, que uno de los principales problemas con que se enfrentan los políticos argentinos “oficialistas” es, por ejemplo, estar contra las leyes naturales como las de Newton, por el fundamental hecho de que contradicen algunos de sus principios ideológicos, o porque piensan que son producto de malvados terroristas, desestabilizadores sociales y oligarcas perimidos, agitando siempre el fantasma del golpismo institucional.
Desde la concepción del Mercado sometido a la oferta y la demanda, todas las idealizaciones de políticas sociales redistributivas populistas y dirigistas a ultranza en la Argentina se han estrellado, para mal de sus destinatarios, contra la realidad mundial circundante de la inteligencia aplicada al arte de producir, comerciar y generar riqueza según las normas que aplican con sensatez los países liberados de rémoras discursivas y demagógicas, que entienden el libre juego de las leyes del comercio.
Tanto la derecha liberal como la izquierda “progresista” del mundo globalizado compiten con las mismas reglas en sus transacciones comerciales y en el evidente beneficio económico de sus comunidades. Parece ocioso mencionar a China comunista y a otros países asiáticos impulsados por la cruda realidad que rompe ideologismos.
Ningún sistema económico es intrínsecamente perfecto: la libertad de los mercados funciona si se cumplen condiciones tales como el cumplimiento eficiente de los contratos, la información sin fallas y costos de transacciones limitados, así como desde la izquierda se supone que la intervención del Estado en los mercados es siempre relativamente sencilla, y que es posible arreglar cualquier injusticia a base de utilizar legislación surgida de mayorías incondicionales a un pensamiento único.
Nuestro país se liberó de las turbulencias socio económicas causadas por los políticos vernáculos desde 2001 debido a la subsiguiente estabilización democrática nominal del sistema republicano, que a pesar de los desquicios de experiencias anteriores, volvió a quedar en manos de un gobierno populista y asumido “progresista”.
Como un flotante inmerso en el torrente de la demanda mundial que se desarrolla en el exterior a continuación de dicha crisis, nuestra cualidad de país agrícola exportador nos proporcionó el salvavidas que “derramó” la bonanza que proclama y se auto adjudica el gobierno.
Aunque las importaciones subieron en el último cuatrimestre por efecto de la demanda insatisfecha que provoca la falta de desarrollo industrial adosado a la falta de inversiones de capital, el primer gobierno kirchnerista aprovechó el incremento del balance comercial provocado por la demanda internacional para pagar deuda externa parcial, acumular divisas, “nacionalizar” a favor de amigos actuales empresas rematadas por sus compañeros predecesores, crear engendros estatales y anunciar proyectos fantasiosos, espantar a Repsol de YPF, caer estrepitosamente (puesto 82) en la lista de países viables para las inversiones, disparar el gasto público prebendario, derrochar subsidios en servicios improductivos, desatar inflación estructural, manipular las estadísticas, apostrofar a la raquítica oposición política y enfrentar con dureza de exterminio a los sectores sociales que reclaman la consideración de sus legítimos y exitosos intereses, mientras arrecia el discurso triunfalista del auto elogio de fantasía.
Ahora, un nuevo panorama de reconstrucción se avecina, con metáforas místicas y agorerías sin contenido explícito del liderazgo opositor y algunas posiciones de lucidez de dicho arco, perdidas en el bochinche incondicional del rebaño oficialista. Si triunfan los corifeos, la realidad de las Leyes que no necesitaron votos de amanuenses caerá otra vez sobre la sufrida sociedad argentina, que seguirá a los tumbos en la pista de la carrera por el progreso mundial, sin poder ofrecer una explicación coherente a tanto despropósito más que la “profunda” ideología anti ética del mandón de un Imperio muerto:
“Pueblo? ¿Qué es pueblo? Yo solo conozco súbditos”,
Francisco I, Emperador de Austria, Siglo XIX
Autor: Mario Baquela
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5 Comentarios en “Las leyes de newton”
Porfavor espere...




















coincido con mario baquela
quisiera contactar
gracias
desearia tener unas formulas de las leyes de newton
cual es el marco histórico de la segunda ley de newton
cuales son las formulas y unidades de las leyes de newton?
BUENO ESO FUE TAN ESPERIMENTODO ESAS MAGUINAS SIMPLES