Los dominadores enmascarados

Jorge Omar AlonsoEl soció­logo ale­mán Max Weber ofrece un estu­dio del hom­bre público, el hom­bre de estado, el hom­bre de “acción polí­tica” como lo define. Espe­cí­fi­ca­mente refi­rién­dose al poder lo desa­rro­lla bajo la sig­ni­fi­ca­ción que repre­senta como aspi­ra­ción del hom­bre polí­tico, ten­diente a par­ti­ci­par del mismo e influir en su reparto.

Con rela­ción al con­cepto de “lo polí­tico”, estima que en todos los casos ya se trate de fun­cio­na­rios o de deci­sio­nes con con­di­cio­na­mien­tos polí­ti­cos, todo gira alre­de­dor del reparto, de la con­ser­va­ción o del tras­paso del poder. Lo que equi­vale a decir que lo polí­tico y el poder se reen­cuen­tran íntimamente.

El que hace polí­tica ambi­ciona el poder como medio para el logro de sus fines idea­les o egoís­tas, o por “el poder” mismo, por el pres­ti­gio que éste otorga. El poder por el poder es la forma dege­ne­rada del ejer­ci­cio de cual­quier forma de poder dice Nor­berto Bob­bio y este tipo de poder como fin de si mismo es carac­te­rís­tico del hom­bre polí­tico maquiavélico.

El poder da un sen­ti­miento de influir sobre otras per­so­nas por medio del cual se las somete y tam­bién otorga a su deten­ta­dor la sen­sa­ción de estar mane­jando los hilos de acon­te­ci­mien­tos his­tó­ri­cos. Ahora bien surge el cues­tio­na­miento a las for­mas con que se maneja o es ejer­cido, o sea el de la res­pon­sa­bi­li­dad y de esta manera se entra en el terreno de la ética. En este aspecto el soció­logo ale­mán mani­fiesta que bajo estas cir­cuns­tan­cias hay que deter­mi­nar qué clase de hom­bre maneja ese poder.

De esta manera Weber enu­mera las cua­li­da­des que debe­ría exhi­bir el polí­tico que lo detente: “pasión, sen­tido de la res­pon­sa­bi­li­dad y sen­tido de las pro­por­cio­nes” y a este res­pecto le dá a la pri­mera un sig­ni­fi­cado de “posi­ti­vi­dad”, de devo­ción “apa­sio­nada” a una causa.

Fou­cault acuñó una noción de poder que no hacía exclu­siva men­ción al guber­na­tivo, lo refe­ren­ciaba a la mul­ti­pli­ci­dad de pode­res que se ejer­cen en la esfera social, a un poder que no es polí­tico ni guber­na­men­tal. Al res­pecto pode­mos citar que no existe “un” poder ya que en la socie­dad se dan múl­ti­ples rela­cio­nes de auto­ri­dad, peque­ños pode­res a un nivel mas bajo.

Por otra parte Nietzs­che veía que en el tras­fondo de las ideo­lo­gías igua­li­ta­rias y eman­ci­pa­do­ras con sus exi­gen­cias de liber­tad e igual­dad, un enmas­ca­ra­miento de la volun­tad de poder. Así en la meta­mor­fo­sis de la volun­tad de poder dis­tin­guía en aque­llos a quie­nes les fal­taba, sen­ti­mien­tos de envi­dia a los domi­na­do­res enmas­ca­ra­dos en moti­va­cio­nes apa­ren­te­mente mora­les: se exi­gía liber­tad, cuando en reali­dad se pre­ten­día librarse de quie­nes osten­ta­ban el poder.

Nada tan acer­tado como la reco­no­cida esti­ma­ción de lord Acton cuando esti­maba que un poder total “corrompe total­mente”, puesto que un hom­bre es inca­paz de sopor­tar la pose­sión de un poder incontrolado.

Autor: Jorge Omar Alonso

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Un comentario en “Los dominadores enmascarados”  

  1. 1 Elsa Chicano

    Sr. Alonso: Me es opor­tuno agre­gar a su clara nota, que el poder es lucha, ya que se erige tras influen­ciar sobre resul­ta­dos.
    Hay muchas for­mas de poder, pero des­ta­ca­ble sería el “poder fác­tico”, que es el que se ejerce fuera de los cau­ses for­ma­les, como cuando se lo usó en España plu­ra­li­zán­dolo: “pode­res fác­ti­cos”. Fue cuando durante el Fran­quismo, y la Transición,lo fue­ron la Igle­sia, el Ejér­cito y la Banca (capi­ta­lismo).
    Me parece que en esta socie­dad, podría ser el efecto de la pura igno­ran­cia.
    Como dijo Orwel en uno de los pre­cep­tos de su fán­tás­tica obra:1984, “la igno­ran­cia es fuerza” y por ende, agrego, es poder.
    ¿Acaso no lo vemos a dia­rio en infi­ni­dad de situa­cio­nes?
    Con este inte­rro­ga­to­rio que dejo en la mente de cada lec­tor y suya, lo saludo afectuosamente.

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