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Los dominadores enmascarados
El sociólogo alemán Max Weber ofrece un estudio del hombre público, el hombre de estado, el hombre de “acción política” como lo define. Específicamente refiriéndose al poder lo desarrolla bajo la significación que representa como aspiración del hombre político, tendiente a participar del mismo e influir en su reparto.
Con relación al concepto de “lo político”, estima que en todos los casos ya se trate de funcionarios o de decisiones con condicionamientos políticos, todo gira alrededor del reparto, de la conservación o del traspaso del poder. Lo que equivale a decir que lo político y el poder se reencuentran íntimamente.
El que hace política ambiciona el poder como medio para el logro de sus fines ideales o egoístas, o por “el poder” mismo, por el prestigio que éste otorga. El poder por el poder es la forma degenerada del ejercicio de cualquier forma de poder dice Norberto Bobbio y este tipo de poder como fin de si mismo es característico del hombre político maquiavélico.
El poder da un sentimiento de influir sobre otras personas por medio del cual se las somete y también otorga a su detentador la sensación de estar manejando los hilos de acontecimientos históricos. Ahora bien surge el cuestionamiento a las formas con que se maneja o es ejercido, o sea el de la responsabilidad y de esta manera se entra en el terreno de la ética. En este aspecto el sociólogo alemán manifiesta que bajo estas circunstancias hay que determinar qué clase de hombre maneja ese poder.
De esta manera Weber enumera las cualidades que debería exhibir el político que lo detente: “pasión, sentido de la responsabilidad y sentido de las proporciones” y a este respecto le dá a la primera un significado de “positividad”, de devoción “apasionada” a una causa.
Foucault acuñó una noción de poder que no hacía exclusiva mención al gubernativo, lo referenciaba a la multiplicidad de poderes que se ejercen en la esfera social, a un poder que no es político ni gubernamental. Al respecto podemos citar que no existe “un” poder ya que en la sociedad se dan múltiples relaciones de autoridad, pequeños poderes a un nivel mas bajo.
Por otra parte Nietzsche veía que en el trasfondo de las ideologías igualitarias y emancipadoras con sus exigencias de libertad e igualdad, un enmascaramiento de la voluntad de poder. Así en la metamorfosis de la voluntad de poder distinguía en aquellos a quienes les faltaba, sentimientos de envidia a los dominadores enmascarados en motivaciones aparentemente morales: se exigía libertad, cuando en realidad se pretendía librarse de quienes ostentaban el poder.
Nada tan acertado como la reconocida estimación de lord Acton cuando estimaba que un poder total “corrompe totalmente”, puesto que un hombre es incapaz de soportar la posesión de un poder incontrolado.
Autor: Jorge Omar Alonso
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Un comentario en “Los dominadores enmascarados”
Porfavor espere...




















Sr. Alonso: Me es oportuno agregar a su clara nota, que el poder es lucha, ya que se erige tras influenciar sobre resultados.
Hay muchas formas de poder, pero destacable sería el “poder fáctico”, que es el que se ejerce fuera de los causes formales, como cuando se lo usó en España pluralizándolo: “poderes fácticos”. Fue cuando durante el Franquismo, y la Transición,lo fueron la Iglesia, el Ejército y la Banca (capitalismo).
Me parece que en esta sociedad, podría ser el efecto de la pura ignorancia.
Como dijo Orwel en uno de los preceptos de su fántástica obra:1984, “la ignorancia es fuerza” y por ende, agrego, es poder.
¿Acaso no lo vemos a diario en infinidad de situaciones?
Con este interrogatorio que dejo en la mente de cada lector y suya, lo saludo afectuosamente.