Devuélveme lo mío

Francisco-AlarconA veces, el pre­si­dente impre­siona con su com­por­ta­miento “jocoso”, frente a Colom­bia y a su gobierno, o lla­mando a los EUA para que res­ti­tuya la DEA en nues­tro país. ¿Serán cam­bios sin­ce­ros?, acce­sos de “bon­ho­mía” que no entien­den los ciu­da­da­nos comu­nes ni sus intran­si­gen­tes correligionarios.

Ellos, menos que nadie deben ati­nar­los, ¿Qué paso con la revo­lu­ción? Que no logra cris­ta­li­zar nada. Todo se le cae.

Ima­gí­nense como seria el tra­bajo man­co­mu­nado de la DEA con los orga­nis­mos de segu­ri­dad del Estado, del G2 cubano y otros componentes.

Chá­vez arti­fi­cial­mente retro­cede frente a las pre­sio­nes en deter­mi­na­dos aspec­tos, ojalá la disi­den­cia y la socie­dad civil tomen con­cien­cia de ello para avan­zar en la lucha con­tra su régimen.

Vien­tos tur­bu­len­tos se obser­van en las polí­ti­cas del gobierno, que van tomando carác­ter anta­gó­nico, con un Chá­vez deses­pe­rado por man­te­nerse en el poder, que no encuen­tra como com­pla­cer a sus “ami­gos” bas­tante decep­cio­na­dos. Mien­tras la mayo­ría de la pobla­ción no le soporta por sus arre­me­ti­das con­tra la demo­cra­cia, arrui­na­dos por el alto costo de la vida e inse­gu­ri­dad, bus­can uni­fi­car can­di­da­tu­ras regio­na­les para las pró­xi­mas elec­cio­nes. Desa­cer­tada, e insen­sata en algu­nos casos la pos­tura de esta “opo­si­ción” que, no con­si­gue pro­gre­sar, a pesar de todos los emba­tes reci­bi­dos durante diez años, des­apro­ve­chando coyun­tu­ras polí­ti­cas favo­ra­bles, y pen­sando mez­qui­na­mente en usos per­so­na­les. Los des­cré­di­tos del régi­men pudie­ran lle­varla a cier­tos logros, siem­pre y cuando se con­cre­ten en pre­sen­tar opcio­nes atrac­ti­vas y esta­bles para la “gente de a pie”.

Entre­tanto, Chá­vez con­ti­núa en su declive a sus pro­pias expen­sas, nadie sabe que ocu­rrirá pri­mero, si el dilu­vio y su salida, o su salida y luego el dilu­vio. Sus yerros han hun­dido a Vene­zuela en el tre­me­dal, en la ruina.

Su inep­ti­tud es inso­por­ta­ble y sus vejá­me­nes insos­te­ni­bles, con­fis­cando la pro­pie­dad pri­vada y medios de pro­duc­ción que nos con­du­je­ron a la deba­cle eco­nó­mica y des­abas­te­ci­miento actual.

Todo lo que acon­tece en esta nación es de su incum­ben­cia, por su igno­ran­cia, por ello, hemos pen­sado muchas veces que a estas altu­ras los vene­zo­la­nos, uná­ni­me­mente debía­mos exi­girle que nos devuelva lo nues­tro ¡Devuél­veme lo mío!

Aun­que con retraso, por­que vidas y “dona­cio­nes” efec­tua­das en el exte­rior pare­cen mate­ria per­dida, asi­mismo, los reales sus­traí­dos por sus segui­do­res la nación no vol­verá a verlos.

Esta­mos que­bra­dos y a la intem­pe­rie, aun­que la caída del país es ahora cuando comienza, toda­vía hay como tapar cier­tos agu­je­ros. Chá­vez tiene con que gas­tar, aun­que no resuelva pro­ble­mas de fondo sino des­pil­fa­rre, y la gente tienda a con­for­marse con sus limos­nas. Pero, inevi­ta­ble­mente lle­gará el momento de quie­bre que él mismo “procura”.

Rafael Poleo, comen­taba en uno de sus últi­mos artícu­los que debía ir pen­sando donde pasar su exi­lio, y así otros que tam­bién obser­van la ines­ta­bi­li­dad de este régi­men, si bien la “revo­lu­ción esté armada”. No sabe­mos si de excre­tas o de valo­res, pero incues­tio­na­ble­mente los desa­ti­nos y con­tra­dic­cio­nes la hun­die­ron. El vene­zo­lano sabe que se apro­xima el final del “pro­ceso”, se huele en la calle, se siente en el des­con­tento de los ciu­da­da­nos, cuando no con­si­guen los pro­duc­tos de pri­mera nece­si­dad, o tie­nen que repa­gar­los, haciendo colas para obte­ner­los. Las pro­tes­tas son espon­tá­neas, las mar­chas no todas son “pla­ni­fi­ca­das” como antes, los fra­ca­sos se foca­li­zan en cada zona del país sin que un “líder” las con­vo­que. Es el ciu­da­dano común que, sufre en carne pro­pia su hora apre­tada con este “hidalgo” que nos sus­trajo lo nues­tro a cam­bio de nada.

Nin­guno, deten­drá el derrumbe de la “revo­lu­ción”, tan con­fusa para sus par­ti­da­rios y tan letal para todos. La ver­dad no se ocul­tará per­ge­ñando la amis­tad con Colom­bia, ni haciendo retrac­tos a des­tiempo, des­pués de haber aca­bado con todo. Lo menos que debe hacer el régi­men es rein­te­grar­nos lo nues­tro, comen­zando por la tran­qui­li­dad de los ciu­da­da­nos y cas­ti­gando a tan­tos ladro­nes. ¡Devuél­veme lo mío!

Autor: Francisco Alarcón

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