Problemas de alcoba

Gabriel BoraginaSor­prende el aná­li­sis polí­tico de la situa­ción argen­tina (incluso el de algu­nos arti­cu­lis­tas serios que sue­len tener un buen enfo­que en otras opor­tu­ni­da­des) cuando de hablar de la cri­sis de poder en la Argen­tina se trata, en espe­cial refe­ren­cia a la pre­si­den­cia com­par­tida del matri­mo­nio Kir­ch­ner. Como es media­na­mente sabido, se pre­senta en este país la atí­pica situa­ción incons­ti­tu­cio­nal de tener, por un lado un pre­si­dente for­mal y –por el lado opuesto– otro pre­si­dente infor­mal. For­mal e infor­mal es –téc­ni­ca­mente– mas pre­ciso que hablar de un pre­si­dente de jure y otro de facto, por­que –en rigor– ambos pre­si­den­tes (marido y mujer) ejer­cen sus car­gos de facto, en el sen­tido jurí­dico (no polí­tico) de <con­tra­rio a Dere­cho>, ya que uno y otro –desde su acceso al poder– no han hecho sis­te­má­ti­ca­mente nin­guna otra cosa que vio­lar cuanta dis­po­si­ción de la Cons­ti­tu­ción de la Nación Argen­tina tuvie­ron a su alcance.

Pero lo cierto es que, para no com­pli­car dema­siado estas líneas, uti­li­za­re­mos ambos tér­mi­nos en forma indis­tinta (de jure y for­mal) teniendo en cuenta el lec­tor la acla­ra­ción del párrafo pre­ce­dente. Y así, en Argen­tina la mujer desem­peña el poder for­mal y el esposo el poder infor­mal, ambos –como queda acla­rado– de facto (con­tra­rio a Derecho).

Ahora bien. Muchos de los más pru­den­tes ana­lis­tas polí­ti­cos espe­cu­la­ban (y siguen aun espe­cu­lando) que, habiendo “pasado” la cri­sis del campo a raíz del fra­caso en impo­ner reten­cio­nes a las ven­tas, “segu­ra­mente” la pre­si­dente for­mal haría “cam­bios”, tanto en su estilo de gobierno (auto­ri­ta­rio, pedante, arro­gante, sober­bio, con­flic­tivo, frí­volo, etc.) como inde­pen­di­zán­dose de la influen­cia de su esposo, que –en los hechos– es el real pre­si­dente (la pala­bra “real” aquí sirve para deno­tar todos sus sen­ti­dos posi­bles, tanto el de real de reali­dad, como el de real de realeza, ya que ejerce el poder como un autén­tico monarca del siglo XVII). Como nada de eso ha ocu­rrido, tales poli­ti­có­lo­gos se lla­man “a sorpresa”.

Como mis asi­duos lec­to­res recor­da­rán, desde el mismo momento en que se anun­ció la can­di­da­tura de la mujer de K a la pre­si­den­cia, ade­lanté –en varias publi­ca­cio­nes– la situa­ción actual, entre tanto, el uni­verso de arti­cu­lis­tas y con­sul­to­res polí­ti­cos –con las poquí­si­mas y hon­ro­sas excep­cio­nes de siem­pre– dis­cu­rrían sobre los “cam­bios” posi­bles que impli­ca­ría la rota­ción de la mujer por el marido en el poder eje­cu­tivo. Hoy, aque­llos mis­mos perio­dis­tas polí­ti­cos, han venido a “des­cu­brir” que no hubo “cam­bio” alguno, tal como anti­cipé en aquel enton­ces, cuando la “señora” era can­di­data. Y no es que por­que me encuen­tre dotado de “facul­ta­des” pre­mo­ni­to­rias, adi­vi­na­to­rias ni cla­ri­vi­den­tes. Nada de eso. Auguré que no habría cam­bios en el poder real, por­que era una cosa que me pare­cía tan obvia y de tanta lógica como me parece hoy, donde los hechos –des­gra­cia­da­mente– me han dado la razón.

Vol­viendo al pre­sente, creo que hoy resulta tan inne­ga­ble como ayer que la mujer de K no puede inde­pen­di­zarse, ni ale­jarse, ni pres­cin­dir, ni igno­rar –de nin­gún modo– a su esposo, el pre­si­dente de facto y en ejer­ci­cio del poder polí­tico real; y ello por cuanto, o no sabe cómo, o no puede, o no quiere hacerlo, o las tres cosas jun­tas, esto último lo más probable.

Por cierto que, esta situa­ción no tiene nada de nove­dosa en la his­to­ria del país. Otro tanto ocu­rrió en la década del 70 en la enton­ces pre­si­den­cia de Maria Estela Mar­tí­nez de Perón (alias “Isa­bel”), cuyas “capa­ci­da­des” polí­ti­cas y de gobierno eran aun meno­res a la de la actual mujer de Kir­ch­ner. En aquel momento –ope­ra­ti­va­mente– quien obraba como pre­si­dente de facto era José López Rega, que había ocu­pado varios car­gos durante el ante­rior gobierno de J. Perón, y la resul­tante de aquel poder en las som­bras fue el movi­miento mili­tar de 1976.

No es difí­cil tra­zar un per­fecto para­lelo entre los cua­tro per­so­na­jes (Isa­bel = Cris­tina + López Rega = Kir­ch­ner) claro que las cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas eran ayer –y son hoy– com­ple­ta­mente dife­ren­tes. Se puede decir que las inca­pa­ci­da­des, tor­pe­zas e inep­ti­tu­des de los cua­tro son casi per­fec­ta­mente igua­les, pero de haber tenido que gober­nar los actua­les, en aque­lla tumul­tuosa y vio­lenta década, es fácil adi­vi­nar que no hubie­ran durado ape­nas ni una semana (o aun menos que eso).

Regre­sando una vez mas al hoy, es vano espe­rar cam­bios polí­ti­cos en la señora K, por­que, repi­ta­mos, no quiere, no puede o no sabe hacer­los, y sos­pe­cho que ella es per­fec­ta­mente cons­ciente de ello, lo que no resulta com­pren­si­ble es que este último dato se les escape a muchos de aque­llos que hacen del perio­dismo polí­tico su pro­fe­sión, por­que, insisto, el aná­li­sis atento de los hechos políticos-económicos del país y la con­ducta de los dos per­so­na­jes que deten­tan el máximo poder de la nación, no admi­ten –a mi modo de ver– otra lectura.

Lo con­tra­rio sig­ni­fica caer en un opti­mismo inge­nuo y –en cierto grado– hasta pue­ril; ya que implica negar lo evi­dente, que el ciclo de poder de los Kir­ch­ner está ago­tado, pro­ducto de sus pro­pias inca­pa­ci­da­des y –ya pode­mos decirlo por noto­rio– mal­da­des. Entre sus inep­ti­tu­des, la lista es dema­siado larga, pero resal­tan como indu­da­bles estas: com­pleta incom­pe­ten­cia en el manejo de las finan­zas de la nación, que es –a su vez– el resul­tado de su visión del gobierno, a saber: un sim­ple medio para satis­fa­cer sus pro­pios fines per­so­na­les de enri­que­ci­miento ili­mi­tado. Es mas que evi­dente que su per­cep­ción “polí­tica” se redujo y se reduce exclu­si­va­mente a esto.

La pareja no pudo ni puede actuar en forma mutua­mente inde­pen­diente (como gus­tan fan­ta­sear muchas per­so­nas), por­que se nece­si­tan recí­pro­ca­mente; ella por razo­nes obvias nece­sita de él, con­forme ya lo hemos expli­cado muchas veces; la mujer K sola no podría hacer ni deci­dir abso­lu­ta­mente nada en el minuto siguiente, excepto su maqui­llaje y ves­tua­rio. Y él nece­sita de ella, por­que nadie fuera de ella se pres­ta­ría tan bien a some­terse a sus deli­ran­tes capri­chos y manías de minuto a minuto y de segundo a segundo, que –justo es decirlo– tam­bién son com­par­ti­das por su con­sorte, mas aun, si es cierta la bipo­la­ri­dad que se le atri­buye, tema en el que no incursionaré.

Por otra parte, si ella comen­zara a apa­re­cer en público sin él ¿alguien media­na­mente adulto podría lle­gar a creer que eso sería una “señal” de “inde­pen­den­cia polí­tica” o de “cri­te­rio”? ¿Se olvida acaso que se trata de un matri­mo­nio que com­parte (ade­más de toda una vida) un lecho noche a noche?. Sin embargo, son incon­ta­bles los que creen en lo pri­mero y olvi­dan lo segundo.

Mucho tiene que ver todo esto con la fic­ción que pade­cen los argen­ti­nos de con­fun­dir el “creer” con el “desear”; así, una buena parte de este pue­blo cree que “vive en demo­cra­cia” cuando –en reali­dad– su creer es mera­mente un desear, un desear que –como muchos deseos– nunca se plas­ma­ron en una autén­tica realidad.

El matri­mo­nio impe­rante no tiene la capa­ci­dad ni la volun­tad de cum­plir, ni con las leyes ni con la Cons­ti­tu­ción, ni ellos jun­tos ni por sepa­rado. Y estoy con­ven­cido que ya fue­ron muchos años de prueba en tal sen­tido. Sería una buena noti­cia que la socie­dad argen­tina tomara con­cien­cia y debida nota de ello y actuara en con­cien­cia en defensa de la Cons­ti­tu­ción y de las Instituciones.

El Autor escri­bió entre otros los siguien­tes libros : La Cre­du­li­dad, La Demo­cra­cia, Socia­lismo y Capitalismo.

Autor: Gabriel Boragina

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5 Comentarios en “Problemas de alcoba”  

  1. 1 Antonio Suarez

    Per­fecto. ¿Para que agre­gar algo mas?
    Salu­dos de
    Antonio

  2. 2 pipino

    Sr. Bora­gina, tiene Ud. abso­luta razon en todo lo que ha escrito.

    Humil­de­mente agre­ga­ria que la mayo­ria de las per­so­nas con un poco de cere­bro, daban por sen­tado que la falsa y frau­du­lenta “can­di­da­tura pre­si­den­cial de Kris­tina”, era una manio­bra de su indes­crip­ti­ble marido, para apa­re­cer como “no reelecto” y reser­varse para “una nueva opor­tu­ni­dad” y que­dar libe­rado de todos los pro­to­co­los ofi­cia­les a los que no era nada afecto y asi poder dar rienda suelta a sus bajos ins­tin­tos, como se vio en algu­nos “actos en apoyo de su esposa”. Pero que iba a seguir siendo el deten­ta­ta­rio del poder, ya que su mujer, como Ud. bien dice solo puede deci­dir que ves­tido, zapa­tos o car­tera usar.
    Para los que gus­tan de la his­to­ria hay una ante­ce­dente mucho mas sinies­tro:
    El geor­giano Jose Dzu­gas­hi­vlli (alias Sta­lin) tam­poco gus­taba de los pro­to­co­los y for­ma­li­da­des pre­si­den­cia­les, por lo que deci­dio ser secre­ta­rio Gene­ral del Par­tido Comu­nista de la URSS, y como pre­si­dente del Pre­si­dium designo a Mikhail Kali­nin, un titere suyo.

    Comen­ta­rio de con­ven­ti­llo: ¿esta Ud. seguro que com­par­ten el lecho, noche a noche? Hay “len­guas vis­pe­ri­nas” que lo niegan.

  3. 3 Matilde del Carmen Masats

    Des­pues de leer el cau­dal que les quda de vida a los Kir­ch­ner no se olvi­den que estan pre­pa­rando a Maximo el nene.

  4. 4 Mercedes Montero

    La pre­si­den­cia de Kris­tina K, es una forma de con­ti­nuismo al que estén ape­lando todos aque­llos polí­ti­cos que quie­ren trans­for­marse en dic­ta­do­res vita­li­cios.
    La ver­dad no me explico como alguien podía espe­rar que Kris­tina K hiciera algo dife­rente a lo que hace. No se que está esta­ble­cido en la Cons­ti­tu­ción Argen­tina, pero si es per­mi­tido vol­ver a can­di­da­tearse a la pre­si­den­cia des­pués de un período, pue­den estar uste­des segu­ros que Nes­tor K lo hará.
    Su modelo está ago­tado y los K lo saben, pero el sillón pre­si­den­cial y el poder que lo adorna es más atrac­tivo que la honradez.

  5. 5 Andrés

    Como dice el Dr. Bora­gina (he leido dos de sus libros los reco­miendo) la fami­lia pin­guina no se va a ir por las bue­nas. El tema es que al no haber nin­guna posi­bi­li­dad de golpe lo que viene (si siguen ellos) es una gue­rra civil. Dios nos libre y nos guarde.

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