Bolivia en la encrucijada

Muchos boli­via­nos olvi­da­mos nues­tra dra­má­tica His­to­ria. Parece que esto es pro­ducto de un meca­nismo de defensa: no que­re­mos pen­sar en la cons­tante dolo­rosa de epi­so­dios vio­len­tos que siem­pre fue­ron el resul­tado de los inten­tos de impo­si­ción para sojuz­gar a la ciu­da­da­nía en nom­bre de pro­yec­tos mesiánicos.

Es corriente escu­char que el país muchas veces se acercó al borde del abismo y que, a último momento, se dio el acuerdo sal­va­dor, dic­tado por el afán de super­vi­ven­cia nacio­nal. Esto, que es cierto, es la mitad de la his­to­ria, por­que tam­bién muchas veces, casi deseán­dolo, caí­mos en el abismo de la vio­len­cia fra­ti­cida, con una dolo­rosa secuela de muer­tes y destrucción.

Fre­cuen­te­mente las inci­ta­ti­vas sec­ta­rias infla­man las pasio­nes. No se atiende razo­nes y, menos aún, se da la gran­deza de las cesio­nes mutuas para lograr el enten­di­miento y la con­cer­ta­ción. Enton­ces es cuando y se desata la tra­ge­dia que, para los boli­via­nos, es un cal­va­rio recurrente.

Ahora, se reedita una empe­ci­nada esca­lada, y suben las ten­sio­nes: Se advierte el peli­gro en la sober­bia, en las ame­na­zas, en la dis­tor­sión de las reglas de la demo­cra­cia, en los apres­tos para accio­nes vio­len­tas y en la nega­tiva cerrada a con­si­de­rar que en todos puede haber una parte de razón y que esas par­tes uni­das en un todo, pue­den con­du­cir a la solu­ción de los pro­ble­mas nacio­na­les que, cier­ta­mente, son graves.

¿Habrá ánimo y deci­sión de dete­ner esta nueva mar­cha hacia el abismo? Lamen­ta­ble­mente, las mues­tras de empe­ci­na­miento par­ten de un gobierno enso­ber­be­cido que se empeña en impo­ner, en sojuz­gar, en des­truir a los que disien­ten y a los que pro­po­nen cami­nos dis­tin­tos. El pro­pio pre­si­dente Mora­les acaba de infla­mar aún más los ánimos beli­co­sos de sus segui­do­res con una bra­vu­co­nada: “Cuando apa­rece un opo­si­tor quiero des­tro­zarlo” (La Razón, 1 de agosto de 2008). Esto, por supuesto, coin­cide con su al afir­ma­ción que sus abo­ga­dos deben lega­li­zar sus reco­no­ci­das ile­ga­li­da­des, en alarde de des­pre­cio por la ley.

Pero la sober­bia y el empe­ci­na­miento no sue­len ser bue­nos con­se­je­ros a la hora de deci­dir. Menos aún cuando hay el insano empeño de con­sa­grar ile­ga­li­da­des y absur­dos, como el refe­rendo revo­ca­to­rio del pró­ximo 10 de agosto que quie­bra la esen­cia de la demo­cra­cia. Tam­poco es buena señal la osten­si­ble pre­po­ten­cia: “se acata la ley como está” es la adver­ten­cia; claro, con una fór­mula tram­posa favo­ra­ble para el pre­si­dente y con seña­les anti­ci­pa­das de fraude. El apego del ofi­cia­lismo a la ley, sólo se da cuando le es bene­fi­ciosa y le garan­tiza con maño­sos pro­ce­di­mien­tos el éxito elec­to­ral, así esa ley sea incons­ti­tu­cio­nal e injusta.

Es gene­ral la opi­nión de que este mal­ha­dado refe­rendo, engen­dro común del ofi­cia­lismo y de una parte de la opo­si­ción, no cam­biará nada. Seguirá la pugna entre el cen­tra­lismo y las regio­nes, con­ti­nua­rán los esfuer­zos del gobierno por aho­gar eco­nó­mi­ca­mente a los pre­fec­tos (gober­na­do­res de depar­ta­men­tos) opo­si­to­res que sean rati­fi­ca­dos (se prevé que cua­tro opo­si­to­res lo serán). Así, se nos acer­cará, cada vez más, al abismo del enfrentamiento.

Cuando se pre­senta tan dra­má­tico esce­na­rio, la liber­tad sólo se salva con el des­pren­di­miento y la demo­cra­cia con la con­cer­ta­ción. Pero, a esto no con­tri­buye el popu­lismo en el poder, cuyo argu­mento es la sin­ra­zón del insulto y las ame­na­zas de sus per­so­ne­ros y de los diri­gen­tes de sus hues­tes, siem­pre dis­pues­tos a la agre­sión; todo con un cínico des­pre­cio a la lega­li­dad y a la con­ti­nui­dad institucional.

Cuando vie­nen estos temo­res y se avi­zo­ran tem­pes­ta­des, siem­pre tene­mos el deseo de estar equivocado.

Autor: Marcelo Ostria Trigo

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Un comentario en “Bolivia en la encrucijada”  

  1. 1 carlos a

    Concc­cuerdo en toddo lo expuesto, Pobre Bolivia

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