Cuba — El pecado original

Los que car­gan con el pecado ori­gi­nal de haber enfren­tado la espada fla­mí­gera de la Uto­pía, fue­ron sin­di­ca­dos de res­pon­der a intere­ses per­so­na­les, influen­cias o man­da­tos extranjeros.

El régi­men y sus par­ti­da­rios no enten­dían del dere­cho a disen­tir, tam­poco de la apa­tía ciu­da­dana que pade­cen tan­tos indi­vi­duos o sim­ple­mente de que la per­sona estaba actuando de acuerdo a sus con­vic­cio­nes. Todos eran echa­dos a un saco que tenía que ser eli­mi­nado y en el mejor de los casos, gol­peado y mancillado.

Cierto que había de todo en aque­lla viña como tam­bién en el campo verde olivo de la naciente dic­ta­dura, pero gene­ra­li­zar era mas fácil. Impor­tante res­tar valo­res mora­les y des­pres­ti­giar a los que enfren­ta­ban las pro­me­sas, hacerlo, era útil para los perros y para sus amos.

Aque­llos que dije­ron No a las pro­pues­tas, fue­ron de inme­diato iden­ti­fi­ca­dos como laca­yos de Esta­dos Uni­dos, cali­fi­ca­dos de gusa­nos y en con­se­cuen­cia pade­cie­ron todo tipo de dis­cri­mi­na­ción, tanto en los estu­dios como en los cen­tros laborales.

Deja­ron de ser cuba­nos, pasa­ron a ser trai­do­res, vende patrias que solo que­rían la des­truc­ción del país y su subor­di­na­ción a una nación extran­jera. No impor­ta­ban los ante­ce­den­tes de indi­vi­duo. No intere­sa­ban al Poder ni a sus par­ti­da­rios la con­ducta de vida del que disen­tía, sim­ple­mente el no o la neu­tra­li­dad ante el Pro­yecto, con­ver­tía al sujeto en un ser delez­na­ble que mere­cía el peor de los castigos.

Lo ante­rior es la des­crip­ción de una reali­dad pero sin los mie­dos, tem­blo­res y san­gre de las víc­ti­mas o ser con­vo­cado por la direc­ción del cen­tro labo­ral o de estu­dio y encon­trarse en medio de una turba que pide Pare­dón o que te con­duz­can a la cárcel.

Cami­nar por una calle y de pronto ser rodeado por un grupo de indi­vi­duos que la empren­den a gol­pes con­tra ti, o sim­ple­mente subir a un auto­bús y un sica­rio alar­doso te ponga un revol­ver a la sien y te diga “gusano de mierda, si te mue­ves te acabo”, y que el resto de los pasa­je­ros guar­den silen­cio o lo que es peor, inci­ten al esbi­rro para que haga lo que prometió.

Estar en una fiesta y cuando sales de la misma encon­trar que la casa está rodeada por una turba que ruge odio y clama ven­ganza por algo que igno­ras. Ir a misa y que te gri­ten, te ofen­dan, por creer en otro Dios que no es el ofi­cial. Jui­cios sin tes­ti­gos para la defensa. Con abo­ga­dos que com­pi­ten con los fis­ca­les en encon­trar culpabilidad.

Jui­cios popu­la­res, en pla­zas públi­cas, donde solo lle­gar al estrado te hacia sen­tir como el mas mise­ra­ble y des­ar­mado de los gla­dia­do­res que sabía que se estaba enfren­tando al tigre con las manos ata­das. Allí, tan sica­rio era el tri­bu­nal como el público que pre­sen­ciaba el pro­ceso. Aque­lla turba rugía cuando el espu­rio tri­bu­nal hacia pública la con­dena que había deci­dido antes del proceso.

Aban­do­nar el país por las cau­sas que fue­ran y ser obli­gado a rea­li­zar labo­res que no están rela­cio­na­das con tu acti­vi­dad. Dejar la casa por sema­nas, redu­cir tu cali­dad de vida a la de esclavo y saber que una sim­ple pro­testa puede impe­dir se cum­pla tu volun­tad de aban­do­nar el infierno que han creado para tu tor­tura. Los bie­nes del obrero, pro­fe­sio­nal o millo­na­rio, sin impor­tar como fue­ron adqui­ri­dos, con­fis­ca­dos sin posi­bi­li­dad de debate.

Los míti­nes de repu­dio no fue­ron inven­ta­dos en los ochenta, en esa década sim­ple­mente el régi­men actuó mas des­car­na­da­mente por­que cono­cía de la impu­ni­dad de la que dis­fru­taba. En aque­llos ver­gon­zo­sos actos par­ti­cipó un número con­si­de­ra­ble de la pobla­ción cubana, una res­pon­sa­bi­li­dad colec­tiva que debe aver­gon­zar a quie­nes se pres­ta­ron para aque­llas igno­mi­nias. La dife­ren­cia entre la horri­ble noche nazi de los “Cris­ta­les Rotos”, con los actos de repu­dio del Mariel, es que aque­llo duró unos pocos días y en Cuba las mani­fes­ta­cio­nes se exten­die­ron por meses y toda­vía se repiten.

Cam­pos de con­cen­tra­ción sin hor­nos, sin cre­ma­cio­nes como los de Dachau, pero con esbi­rros con sufi­ciente cruel­dad para hacerte sen­tir soli­ta­rio y aban­do­nado por el mundo. Un régi­men car­ce­la­rio cruel, de inhu­ma­ni­dad sin nom­bre. El pare­dón, la eje­cu­ción en silen­cio, la par­tida de tu amigo o la tuya, la cual era sólo cono­cida por la vic­tima y los alle­ga­dos que no habían incu­rrido en la apostasía.

De esta situa­ción no se sal­va­ron ni los hijos de los desafec­tos, ellos pade­cie­ron de sus com­pa­ñe­ros de escuela y de vida, el mismo acoso y los mis­mos ata­ques que sus padres. En la isla no hubo ado­les­cen­cia inocente. Muchos maes­tros se encar­ga­ban de hacer público el entorno del pupilo y no pocos con­dis­cí­pu­los, imi­tando a los peque­ños del “Señor de las Mos­cas”, dis­fru­ta­ban en ais­lar o aco­sar al mucha­cho de fami­lia “rara” con el que com­par­tían la clase.

Estos horro­res y muchos omi­ti­dos por falta de espa­cio, for­man parte de la Memo­ria reciente de nues­tra nación y no debe­rían ser usa­dos para nin­guna ven­detta; para devol­ver la cruel­dad de los vic­ti­ma­rios que por par­ti­ci­pa­ción u omi­sión tie­nen res­pon­sa­bi­li­dad con lo ocu­rrido en Cuba en estas cinco déca­das pero debe ser divul­gado, dado a cono­cer o recor­dar a quie­nes demo­ni­zan y cues­tio­nan a los que se nie­gan a acep­tar a los renegados.

No debe haber espa­cios para la ven­ganza, la socie­dad cubana debe actuar res­pon­sa­ble­mente y un estado de dere­cho pro­pi­ciar las repa­ra­cio­nes que se crean per­ti­nen­tes, pero el per­dón y el olvido es algo per­so­nal, indi­vi­dual, nadie tiene dere­cho a exi­gir que el tor­tu­rado deje de pen­sar en sus cicatrices.

Por otra parte, es más que acep­ta­ble que per­so­nas de buena fe, que no par­ti­ci­pa­ron en el aque­la­rre cas­trista de los últi­mos cin­cuenta años deman­den per­dón y olvido, exi­jan una recon­ci­lia­ción de las par­tes en con­flicto, pero cuando el reclamo viene de vic­ti­ma­rios rene­ga­dos o de quie­nes por prác­tica inte­lec­tual o pro­fe­sio­nal y por con­ve­nien­cia, calla­ron y cerra­ron los ojos a la reali­dad que pade­cían sus con­ciu­da­da­nos, es un pedido que ofende y obliga a pre­gun­tar: ¿estás aver­gon­zado de tus com­pli­ci­da­des, de los pri­vi­le­gios que dis­fru­ta­bas, ape­nado de quie­nes que­da­ban en la ori­lla cuando reci­bías las ben­di­cio­nes del totalitarismo?.

Autor: Pedro Corzo

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Un comentario en “Cuba — El pecado original”  

  1. 1 Tito en el Caribe

    Q:.H:., Pedro Corzo. lo que ocu­rrió en CUBA, esta por ocu­rrir en Vene­zuela. No hay dife­ren­cias en cuanto a las inten­cio­nes del gober­nante actual. Solo que este no le min­tió a nadie, dice y hace. La socie­dad Vene­zo­lana, no entiende o se hace la que NO. Luego lamen­ta­ran esa acti­tud. No se si es la espada Fla­mi­gera:., Qui­tada del ara:., o es el machete des­a­fi­lado, sobre la cabeza de los pue­blos, pero cier­ta­mente las dic­ta­du­ras no debie­ran ser apo­ya­das por intere­ses forá­neos u Orde­nes:., En CUBA esta la mues­tra. Muchos hacen enor­mes nego­cios, con la expo­lia­ción de la mano de obra cau­tiva Cubana. Dema­sia­dos dis­cur­sos, pocas accio­nes para eli­mi­nar de una buena vez estos estig­mas.
    S:.F:.U:.

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