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Cambiar o no cambiar…
El matrimonio Kirchner se fue a su refugio de Calafate, este fin de semana, a pensar cómo resolver el problema del INDEC y qué estrategia tomar ante las críticas que desde diferentes sectores se amontonan sobre la inacción del gobierno.
Esperamos que pronto, puedan darnos algún indicio que muestre la intención de resolver las complicaciones que quitan el sueño a los argentinos.
Ya no pueden atribuir al egoísmo del sector agropecuario, la pobreza, el desempleo y todas las consecuencias engorrosas que está provocando “el modelo productivo”.
Lamentamos decirle a Cristina Kirchner, nuestra presidente, que la idea de planificar la sociedad argentina como si fuera una empresa es la que la ha llevado al borde del precipicio.
Los que creen en la teoría historicista de Marx por la cual el desarrollo de la Historia es obligado por leyes científicas no deberían estar preocupados por la política del gobierno argentino.
Pero, los que no creemos en la inevitabilidad histórica estamos afligidos y preocupados.
La vigilancia tan criticada de Guillermo Moreno sobre los empresarios, los controles de precios, las retenciones, las subvenciones indiscriminadas, las regulaciones, las nacionalizaciones, la falta de inversiones, en fin, la injerencia en la economía, sumada a la acción destructora de los sindicatos en las empresas, nos han mostrado su fracaso.
Parte de los argentinos somos también culpables de ésta política porque no la reprobamos por antidemocrática ni por encerrar a la libertad en el cuarto de baño. Solo nos quejamos cuando sentimos la falta de dinero en los bolsillos, y no pudimos trabajar como quisimos, ni exportar e importar para tecnificar nuestras industrias.
Pero… ¿defenderemos cuando acabe el gobierno K, la libertad política y económica o seguiremos teniendo miedo de ser libres y responsables de nuestros actos? ¿Los próximos gobernantes aprenderán de ésta experiencia que repetimos durante muchos años en la Argentina?¿Pretenderemos gobernantes santos o filósofos, como deseaba Platón, aunque defiendan las mismas ideas que tiene este matrimonio quienes promueven un modelo alejado del mundo desarrollado, dependiente de países con gobiernos populistas y atrasados?
¿Resignaremos la responsabilidad al Estado otra vez, para que construya nuestro destino? Como dijo el filósofo José Ortega y Gasset también elegimos cuando dejamos a los otros decidir cómo será nuestra vida.
El miedo a optar por nosotros mismos nos lleva a creer en promesas de mundos casi perfectos como el que nos propuso Marx, donde la igualdad, reinará finalmente y cada uno recibirá según sus necesidades.
Solo somos iguales ante la ley y si queremos ser libres debemos animarnos a dejar la sensación de seguridad que nos da confiar nuestras vidas a las determinaciones de los gobernantes de turno. Esta actitud condujo a la sociedad, que muy bien describió Alexandr Soljenitsin en “Archipiélago Gulag”, en dirección opuesta a la que hoy sigue el mundo democrático.
Si la presidente la semana que viene, cuando regrese de Calafate, rectifica el rumbo quitando los candados que ha impuesto a la economía y nos permite, a los argentinos protegidos por las leyes, interactuar libremente, trataremos de solucionar los problemas con imaginación. También aprovecharemos con decisión y con algo de buena suerte, la inmejorable situación que nos ofrece el mundo, el cual, como en el siglo XIX, necesita imperiosamente los alimentos que nosotros podemos producir y exportar.
Somos, con nuestras decisiones, quién damos sentido a la Historia. No deberíamos olvidarlo.
Deseamos que Cristina Kirchner comiencen a ser responsable de las consecuencias de sus acciones y deje de lado la superficial indiferencia ante los graves problemas que la realidad anuncia.
También son causantes de la política llevada adelante por este gobierno los que le delegaron el poder por medio del voto pero, en democracia, se puede aprender y elegir gobernantes mejores que aprendan de los errores.
Los argentinos amantes de la libertad estamos condenados a la incertidumbre propia de los sistemas abiertos pero la aceptamos para ser nosotros y no el Estado, los artífices de nuestro destino.
Autor: Elena Valero Narváez
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