Massa, deshojando la margarita

Es nota­ble el efecto nar­co­ti­zante que el poder puede cau­sar, aún sobre un polí­tico sagaz como Ser­gio Massa. El famoso sín­drome de “alfom­bra roja” que invita a la letal con­des­cen­den­cia con los pro­pios errores.

El toda­vía inten­dente de Tigre en uso de licen­cia, siem­pre ofre­ció como parte de su capi­tal polí­tico el hábil manejo de los medios y los perio­dis­tas. Micros en tele­vi­sión, incan­sa­bles sali­das con movi­le­ros radia­les, ron­das de char­las “en off” con colum­nis­tas des­ta­ca­dos, lo eri­gie­ron en un mimado de la prensa, en lo que se dice una “fuente” de infor­ma­ción, de las que se cuidan.

Este capi­tal polí­tico, junto a su ima­gen de ges­tor joven y efi­caz, es el que ofre­ció a la hora de con­ver­tirse en la “rueda de auxi­lio” del kir­ch­ne­rismo, cuando el gobierno vivía sus horas más crí­ti­cas. Así, en un intento por darle con­te­nido a la “pri­ma­vera polí­tica” que inició su lle­gada a la Casa Rosada dis­paró una serie de deci­sio­nes que des­co­lo­ca­ron a la oposición.

Con­fe­ren­cia de prensa de Cris­tina Kir­ch­ner, indulto para los pero­nis­tas rebel­des, acep­ta­ción mansa del rol del Con­greso y su potes­tad cons­ti­tu­cio­nal de modi­fi­car los pro­yec­tos de ley que envía el Poder Eje­cu­tivo. Esos fue­ron a gran­des ras­gos los cam­bios de la admi­nis­tra­ción Kir­ch­ner que coin­ci­die­ron con la lle­gada de Massa. Hasta aquí todo bien.

El error que come­tió Massa y que sor­prende en un polí­tico de su expe­rien­cia fue de sobre­venta, o acaso de exceso de con­fianza. Al asu­mir cri­ticó al Indec y comenzó –al estilo de los mejo­res tiem­pos de José Luis Manzano-, un intenso tra­bajo de des­es­ta­bi­li­za­ción de Gui­llermo Moreno.

Una deci­sión que se puede enten­der como una correcta lec­tura de las seña­les que esta­ban espe­rando desde la socie­dad y los sec­to­res eco­nó­mi­cos. Lo equi­vo­cado fue el método ele­gido y una mala lec­tura de la corre­la­ción de fuer­zas que enfren­taba. Es que se comenzó a fil­trar a los medios supues­tas deci­sio­nes toma­das: el des­pido de Moreno, luego la pér­dida del Indec, final­mente la renun­cia de su titu­lar, Ana Edwin. Algu­nos dia­rios lo publi­ca­ron como cierto en la tapa. Y nada sucedió.

Se rom­pió así, el único código que el off the record exige a la fuente: la vera­ci­dad de la infor­ma­ción. Y frente a una reali­dad que no coin­ci­día con lo anun­ciado, incó­mo­dos, los voce­ros se limi­ta­ron a ponen cara de mis­te­rio, de cono­ce­do­res de secre­tos incon­fe­sa­bles del poder, a casi implo­rar, “pacien­cia”. Si claro, algún día Moreno y Ana Edwin se van a ir, y el Indec tal vez , solo tal vez, recu­pere cre­di­bi­li­dad. Pero como decía Key­nes “en el largo plazo todos esta­re­mos muer­tos”. Y las pri­mi­cias que valen son las que coin­ci­den con los hechos en el momento que los anuncian.

Pero no con­tento con el bochorno del Indec, el jefe de Gabi­nete mez­cló sus pro­pias ape­ten­cias en la faena y comen­za­ron así a des­ple­garse sobre la prensa una serie de rumo­res des­es­ta­bi­li­zan­tes de fun­cio­na­rios como Enri­que Albis­tur, Romina Pico­lotti o José Nun. Renun­cias que lejos de apun­tar a un cam­bio pro­fundo del gobierno, tie­nen más que ver con una disputa cruda por con­cen­trar áreas ricas en fon­dos y potes­ta­des admi­nis­tra­ti­vas. Es que, sin el con­trol de las más impor­tan­tes Secre­ta­rías que depen­den de él, la Jefa­tura de Gabi­nete es poco mas que una voce­ría jerar­qui­zada. Una cás­cara vis­tosa para una inmensa caja vacía.

Kir­ch­ner dijo que no

Eso fue lo que suce­dió y ahora Massa está en pro­ble­mas. Los medios que die­ron cré­dito a sus ver­sio­nes pasa­rán a cobrarle la cuenta. Pri­mero fue un edi­to­rial de Car­los Pagni en La Nación y luego una durí­sima nota de Ambito Finan­ciero. Es ape­nas el principio.

Cuando este nuevo estado de ánimo mediá­tico empiece a con­so­li­darse, el jefe de Gabi­nete habrá per­dido tal vez su mayor capi­tal polí­tico, para deleite de gente como Nés­tor Kir­ch­ner, Gui­llermo Moreno y Julio de Vido, que siem­pre se sin­tie­ron agra­via­dos, cuando com­pro­ba­ban que las ges­tio­nes de cier­tos hom­bres cla­ves del gobierno –como lo fue Alberto Fer­nán­dez– con los medios, deri­va­ban en un trato ama­ble para el inter­me­dia­rio, y malo hacia ellos.

Pero lo mas grave no es esto. Lo ver­da­de­ra­mente serio es que Massa no ha logrado ins­tru­men­tar nin­gún cam­bio de fondo en un modelo que está cla­ra­mente ago­tado. El pro­blema de la deuda, el con­flicto con el campo, la infla­ción, el ais­la­miento polí­tico y finan­ciero inter­na­cio­nal, la explo­sión del gasto, siguen abier­tos y agravándose.

Irse a tiempo

El arte de encon­trar el momento justo para que la rup­tura no se entienda como trai­ción es tarea para polí­ti­cos con­su­ma­dos. Julio Cobos lo hizo bien y hoy es el diri­gente con mejor ima­gen del país. Car­los “Cha­cho” Alva­rez lo hizo mal y nunca más pudo regre­sar a la polí­tica activa.

Ser­gio Massa, en su humilde escala, enfrenta por estas horas esa dis­yun­tiva. “Noso­tros el nego­cio polí­tico ya lo hici­mos, cuando Ser­gio asu­mió la Jefa­tura de Gabi­nete su des­co­no­ci­miento supe­raba el 50 por ciento a nivel nacio­nal, y hoy ya está por debajo del 20 por ciento”, expli­can cola­bo­ra­do­res de Massa. “Vino a hacerse famoso”, reco­no­cen con prag­ma­tismo y des­pe­cho en la Casa Rosada.

Pagni publicó en La Nación que Massa eva­lúa que le que­dan 45 días en el poder, antes que el ácido del mal­hu­mor social hacia todo lo que suene a kir­ch­ne­rismo, empiece a per­fo­rar su recién adqui­rida popu­la­ri­dad. En las ofi­ci­nas de la jefa­tura de Gabi­nete creen que en ese tiempo debe pro­du­cirse algún “cam­bio” en serio que jus­ti­fi­que su per­ma­nen­cia en el poder. De eso hablan cuando hablan de “paciencia”.

Si todo sigue igual, el pro­blema se reduce a encon­trar la mejor manera de irse. Salvo que para ese enton­ces, el sín­drome de la alfom­bra roja se haya apo­de­rado del sen­tido común del jefe de Gabi­nete. Cerca suyo no lo des­car­tan y temen que el kir­ch­ne­rismo lo encan­dile con la idea de enca­be­zar la lista de dipu­tados nacio­na­les de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires el año pró­ximo. Una manera de pro­me­terle su viejo sueño, ser el relevo de Scioli en el lide­razgo bonaerense.

Todo puede cam­biar en sema­nas en la Argen­tina, y más en el gobierno. Tomar deci­sio­nes hoy pen­sando en octu­bre del 2009, es sen­ci­lla­mente una locura”, reco­no­cie­ron a La Polí­tica Online alle­ga­dos al jefe de Gabi­nete, que no han per­dido la cordura.

Pero tal vez, en el inte­rior del jefe de Gabi­nete se incube una duda más seria que excede el nego­cio polí­tico per­so­nal: Está claro que su salida del gobierno, con la enorme expec­ta­tiva que generó al asu­mir el cargo, dis­pa­ra­ría una nueva cri­sis de final impredecible.

Autor: La política online

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2 Comentarios en “Massa, deshojando la margarita”  

  1. 1 IM capo

    Qui­zás esta haciendo todo lo que puede para ayu­dar al país. El aná­li­sis de lo que pien­sen Gui­llermo Moreno, o Julio de Vido, o los sinies­tros Kir­ch­ner, o los medios, es har­tante y qui­zás solo haya que tra­ba­jar por el país.

  2. 2 pipino

    ¡¡¡¡Que her­mosa foto la que ilus­tra la nota!! Parece la pro­pa­ganda de una telenovela.

    Sería muy intere­sante cono­cer la siem­pre valiosa opi­nion de la Sra. Tota.

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