Argentina — Hacia el reordenamiento político

Los movi­mien­tos en el esce­na­rio son den­sos. Se nota en el espa­cio ofi­cial y tam­bién en el opo­si­tor. Se reaco­mo­dan los ali­nea­mien­tos y se ima­gi­nan nue­vas alian­zas en uno y otro lado. Sin embargo, pocos pare­cen adver­tir que el cam­bio mayor que está ocu­rriendo en la polí­tica argen­tina se encuen­tra en la con­cien­cia de los ciudadanos.

¿Es una visión volun­ta­rista? Más bien es una obser­va­ción cauta, aun­que desde la obje­ti­vi­dad, sobre los temas que con­for­man la agenda de la vida coti­diana de los sec­to­res más diná­mi­cos, que se expre­sa­ron con cla­ri­dad y masi­vi­dad durante la “bata­lla del campo”.

Lo que se está pro­du­ciendo en lo pro­fundo de la visión de los argen­ti­nos sobre su polí­tica es un doble fenó­meno: por una parte, una reivin­di­ca­ción del espa­cio ciu­da­dano no dele­gado en la polí­tica, reorien­tando en forma coper­ni­cana una ten­den­cia ini­ciada en 1930 cuya direc­ción había sido –con uno u otro signo y vir­tual­mente en todos los pro­ce­sos polí­ti­cos inclu­yendo a los mili­ta­res– hacia la jus­ti­fi­ca­ción del cre­ciente poder del Estado frente a los ciu­da­da­nos. La “línea demar­ca­to­ria” cons­ti­tu­cio­nal esta­ble­cida en el capí­tulo I de la Carta Magna (“Decla­ra­cio­nes, dere­chos y garan­tías”) pro­te­giendo los dere­chos de las per­so­nas no dele­ga­dos en el Estado fue cediendo posi­cio­nes a favor de la polí­tica. Su jus­ti­fi­ca­ción fue un pre­sunto y fan­tas­ma­gó­rico “inte­rés gene­ral”, intro­du­cido de con­tra­bando a par­tir del golpe de 1930, inter­pre­tado a su turno en forma diversa por quien ocu­para el poder pero siem­pre limi­tando cre­cien­te­mente los dere­chos ciu­da­da­nos, en la moda de la pri­mera mitad del siglo XX en todo el mundo. Esta reivin­di­ca­ción alcanza a todos. Y por otra parte, un escru­ti­nio más cer­cano sobre los movi­mien­tos “del esce­na­rio”, en el que se mue­ven los repre­sen­tan­tes polí­ti­cos, gre­mia­les, empre­sa­ria­les y de las diver­sas estruc­tu­ras fun­cio­na­les al pro­ceso men­cio­nado en pri­mer tér­mino, que inte­gró una red de com­pli­ci­da­des con las cre­cien­tes potes­ta­des –y jus­ti­fi­ca­ción ideo­ló­gica– del Estado y la política.

En el pri­mer campo, los ciu­da­da­nos comen­za­ron a dibu­jar nue­va­mente los lími­tes. Como ocu­rre a menudo en los pro­ce­sos políticos-sociales, el deto­nante fue fis­cal (las “reten­cio­nes”). Pero ese deto­nante desató un pro­ceso al que se suma­ron masi­va­mente casi todos. El voto de Cobos tuvo dife­ren­tes valo­res semióti­cos casi para cada argen­tino. Por supuesto, quie­nes esta­ban direc­ta­mente invo­lu­cra­dos en el con­flicto lo enten­die­ron como un apoyo a su lucha. Pero tam­bién expresó a ciu­da­da­nos indig­na­dos por la vio­len­cia ver­bal –y hasta física– con que comenzó a tra­tarse a opo­si­to­res al gobierno, a otros tam­bién indig­na­dos por la sober­bia con que eran con­si­de­ra­dos por los voce­ros ofi­cia­les, a otros indig­na­dos por la cre­ciente infla­ción gene­rada por las auto­ri­da­des que les expro­pia día a día sus ingre­sos, a otros preo­cu­pa­dos por el ais­la­miento argen­tino del mundo que importa y las difi­cul­ta­des que ello con­lleva para nume­ro­sas acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas, cul­tu­ra­les y socia­les en cuyas redes están inmer­sos con inde­pen­den­cia del gobierno, etc. etc. La sín­te­sis de todos estos valo­res podría englo­barse en un reclamo: no se metan con mi vida. Sería qui­zás aven­tu­rado sos­te­ner que existe –como diría Marx– “con­cien­cia para sí” en esta nueva acti­tud ciu­da­dana, pero lo que es inne­ga­ble es que reapa­re­ció la “con­cien­cia en sí”, que venía en retro­ceso y que se ins­taló –afor­tu­na­da­mente– para dar un nuevo impulso hacia la moder­ni­dad polí­tica y eco­nó­mica con­te­nida en el pro­grama moder­ni­za­dor de 1853, cuyo rumbo fue aban­do­nado en 1930. Con una dife­ren­cia: antes se tra­taba de un pro­yecto moder­ni­za­dor de las élites que par­ti­ci­pa­ban. Hoy se trata de la acción masiva de per­so­nas comu­nes que viven su vida y la defien­den, qui­zás hasta sin cono­cer los tex­tos constitucionales.

El segundo aspecto es menos directo y más com­plejo. Se rela­ciona con la recons­truc­ción de la media­ción polí­tica. Es com­plejo por­que la gran mayo­ría de la diri­gen­cia nacio­nal, tam­bién vir­tual­mente de todos los par­ti­dos, razona y actúa sobre el supuesto de la “pri­mer moder­ni­dad” –Ulrich Beck dixit– o de la época de los “inte­lec­tua­les y polí­ti­cos legis­la­do­res” –Bau­man dixit-. Cuando el mundo feu­dal, –lleno de supers­ti­cio­nes, creen­cias ances­tra­les, mitos, pri­vi­le­gios trans­mi­ti­dos durante cen­tu­rias, estruc­tu­ra­ción con­trac­tual de las rela­cio­nes de poder– comenzó a ser reem­pla­zado por las monar­quías cons­truc­to­ras de los Esta­dos Nacio­na­les abriendo el camino de la moder­ni­dad, los con­se­je­ros reales –pre­cur­so­res de los par­la­men­ta­rios moder­nos– se die­ron a la tarea de des­tro­zar el com­pli­cado mundo anti­guo y a ima­gi­nar las socie­da­des basa­das en la razón, con nor­mas igua­les para todos, suje­tas sólo al poder del Rey sin dis­tor­sio­nes inter­me­dias. Esa “pri­mer moder­ni­dad” diseñó las socie­da­des moder­nas “desde arriba”. La ley, los Códi­gos, el con­junto de nor­mas dic­ta­das pri­mero por los reyes y luego de las revo­lu­cio­nes bur­gue­sas por los repre­sen­tan­tes del pue­blo, deci­di­rían cómo ten­drían que orga­ni­zarse las socie­da­des y cómo ten­drían que vivir las per­so­nas, obje­tos de deci­sio­nes aje­nas. Pues bien: en ese mundo, con sus más y con sus menos, creen estar viviendo aún la mayo­ría de los diri­gen­tes argen­ti­nos, de los que los “K” sim­ple­mente expre­san su subli­ma­ción. Pero no sólo eso: tam­bién creen que el esce­na­rio les per­te­nece y pue­den hacer en él lo que les plazca. La esta­ti­za­ción de Aero­lí­neas, mama­rra­cho esca­to­ló­gico que dis­pone arbi­tra­ria­mente de ingen­tes recur­sos de los ciu­da­da­nos por  sim­ple capri­cho o juego de poder al mar­gen de cual­quier prio­ri­dad ética, social o lógica, es una muestra.

Claro que el mundo siguió avan­zando, corrió mucho agua bajo el puente y aun­que la Argen­tina con­ge­lara su debate en varias déca­das atrás, la demo­cra­cia con­tem­po­rá­nea debió adap­tarse en el mundo a una cre­ciente demanda de liber­tad ciu­da­dana, poten­ciada por las carac­te­rís­ti­cas del nuevo para­digma glo­bal basado en las redes, en el pro­ta­go­nismo cre­ciente de las per­so­nas comu­nes, en la dilu­ción de las inter­me­dia­cio­nes y en la exi­gen­cia cada vez mayor de res­peto a la vida, la liber­tad, los bie­nes, la pro­duc­ción y los dere­chos de las per­so­nas. Este fenó­meno no es ya sólo “occi­den­tal”. Se vivió en Japón, se vive en Rusia y China, crece fuer­te­mente en la India, y es el común deno­mi­na­dor de la socie­dad glo­bal. Ese nuevo mundo que ha dise­ñado la pro­duc­ción trans­na­cio­na­li­zada, la libe­ra­ción comer­cial inhe­rente a su base pro­duc­tiva, la mun­dia­li­za­ción del comer­cio y el expo­nen­cial desa­rro­llo cien­tí­fico téc­nico, tam­bién es into­le­rante no sólo con las vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos –con­ver­ti­dos en demanda uni­ver­sal– sino con las limi­ta­cio­nes arbi­tra­rias a los dere­chos y liber­ta­des en cual­quier lugar que se pro­duz­can. Y llegó así la “segunda moder­ni­dad” –nue­va­mente, Beck dixit– o “pos­mo­der­ni­dad” –entre otros, Bau­man, para seguir nues­tro relato-. No deja atrás a la pri­mera sino que se edi­fica sobre ella. Los inte­lec­tua­les y polí­ti­cos pasan de ser “legis­la­do­res” a cum­plir el papel de “intér­pre­tes”. Ya no se tolera que “man­den”. Se espera de ellos que repre­sen­ten per­so­nas y gru­pos, sepan arti­cu­lar intere­ses com­ple­jos, gene­ren con­sen­sos y cons­tru­yan acuer­dos que per­mi­tan la con­vi­ven­cia en paz.

La segunda moder­ni­dad tiene una agenda cre­cien­te­mente glo­bal, tam­bién asu­mida en la Argen­tina por las per­so­nas que dis­fru­tan de los celu­la­res, la tele­vi­sión mun­dial a tra­vés del cable, la ter­mi­nal de Inter­net en sus hoga­res, compu­tado­ras por­tá­ti­les y hasta telé­fo­nos y que atra­viesa a todos los sec­to­res socia­les. Quien observe el pai­saje por­teño noc­turno verá fami­lias de car­to­ne­ros luchando por su sub­sis­ten­cia, qui­zás con los ingre­sos más humil­des de la escala, con varios de sus inte­gran­tes con el celu­lar en la cin­tura. La tele­vi­sión por cable, por su parte, no se detiene en el asfalto: el setenta por ciento de los argen­ti­nos usa este sis­tema, que pone direc­ta­mente en su vivienda la comu­ni­ca­ción del mundo.

Esos argen­ti­nos estu­vie­ron masi­va­mente “con el campo”, aun­que no supie­ran qué es una “reten­ción”. Sim­ple­mente, que­rían dibu­jarle al poder “el límite” que esta­ban dis­pues­tos a tole­rar. Y están obser­vando el com­por­ta­miento del “esce­na­rio”, sin adhe­rir con el entu­siasmo de otrora a divi­sas ni diri­gen­tes, sino siguiendo el com­por­ta­miento de todos con el espí­ritu alerta y la mirada crítica.

Frente a esa reali­dad, resul­tan inge­nuas las fili­gra­nas diri­gen­cia­les invo­cando vie­jas leal­ta­des, par­ti­da­rias o ideo­ló­gi­cas. El mundo que viene no tiene rela­ción alguna con la Carta de Ave­lla­neda del radi­ca­lismo, ni con las Veinte Ver­da­des pero­nis­tas, ni mucho menos con el “Mani­fiesto Comu­nista”, biblia de la izquierda. Su agenda es la del calen­ta­miento glo­bal y el cam­bio cli­má­tico, la de la demo­cra­ti­za­ción de la revo­lu­ción tec­no­ló­gica, la inclu­sión de los exclui­dos, la del dete­rioro ambien­tal, la del ago­ta­miento del petró­leo y la nece­si­dad de nue­vas fuen­tes ener­gé­ti­cas pri­ma­rias, la de la inse­gu­ri­dad en la vida coti­diana, la de las nue­vas for­mas de tra­bajo, la de las migra­cio­nes, la del peli­gro de nue­vas pan­de­mias, la del terro­rismo inter­na­cio­nal como fin, más que como método, la del cre­ci­miento de las redes delic­ti­vas de trá­fico de per­so­nas, armas, estu­pe­fa­cien­tes, fal­si­fi­ca­cio­nes y lavado de dinero ile­gal, las mafias “glo-cales” (globales-locales) imbri­ca­das con com­pli­ci­da­des inter­na­cio­na­les y locales.

Anti­guos riva­les se aso­cian, de cara a esta nueva agenda, en alian­zas impen­sa­das hasta hace pocos años. Empre­sas petro­le­ras alia­das con orga­ni­za­cio­nes ambien­ta­lis­tas en busca de nue­vas alter­na­ti­vas ener­gé­ti­cas, las pri­me­ras por­que al aca­barse el petró­leo se les acaba el nego­cio y las segun­das por su preo­cu­pa­ción ante el cam­bio de clima. Rusos y nor­te­ame­ri­ca­nos acuer­dan accio­nes con­tra el terro­rismo inter­na­cio­nal, que los alcanza a ambos por igual. Chi­nos y nor­te­ame­ri­ca­nos acuer­dan tácita o expre­sa­mente líneas con­jun­tas de acción para evi­tar la pro­fun­di­za­ción del des­ba­lance eco­nó­mico glo­bal. Y así hasta el infi­nito. El pro­pio Mer­co­sur –hoy en retro­ceso a raíz de los Kir­ch­ner– fue un lúcido anti­cipo de esta nueva etapa, con­vir­tiendo una tra­di­cio­nal y secu­lar riva­li­dad regio­nal en un espa­cio de tra­bajo con­junto por la nueva agenda…

Una nueva agenda, en el mundo y en el país, anima a los vie­jos y nue­vos acto­res. ¿Cómo creer que las vie­jas con­sig­nas y divi­sas limi­ta­rán su expre­sión ciu­da­dana? Si hasta “izquier­das” y “dere­chas” –con sus amplí­si­mas y difu­sas exten­sio­nes– dejan de defi­nir los valo­res e intere­ses que mue­ven a las per­so­nas en los nue­vos dilemas…

Dos movi­mien­tos, enton­ces. Ambos simi­la­res al de las pla­cas tec­tó­ni­cas que dan forma al pla­neta. Uno, hacia el for­ta­le­ci­miento de los dere­chos de las per­so­nas, que implica com­ple­tar la pri­mer moder­ni­dad –estado de dere­cho, res­peto al ciu­da­dano, polí­tica enmar­cada en la Cons­ti­tu­ción, Estado subor­di­nado a los con­tra­pe­sos y frenos-. El otro, hacia la nueva agenda, en busca de su mejor arti­cu­la­ción con la acción polí­tica. Y entre ambos, una cre­ciente indi­fe­ren­cia ciu­da­dana por las vie­jas divi­sas, lo que no sig­ni­fica dejar de usar­las si acier­tan a res­pon­der a los nue­vos pro­ble­mas. Pero por esto último, no por lo que fue­ron en la his­to­ria. Las que sepan inter­pre­tar en forma inte­li­gente los nue­vos desa­fíos, ten­drán lugar en el nuevo esce­na­rio, junto a las nue­vas que sur­jan. Las otras pasa­rán a ser pri­mero memo­ria y luego, sim­ple­mente historia.

Fuente: el diario del Exterior.com

Autor: Ricardo Lafferriere

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