Distintos huracanes en distintos US

Los hura­ca­nes azo­tan los US con fuerza inusi­tada y las series de tele­vi­sión se van que­dando cor­tas en anti­ci­pos de la ciencia-ficción: A fin de año un negro puede lle­gar a ser pre­si­dente del único impe­rio que reina sobre la Tie­rra y loteos cer­ca­nos. Para el nego­cio de la dis­cri­mi­na­ción que supues­ta­mente defiende a los más débi­les, la pala­bra “blanco” debe­ría ser con­si­de­rada tan pre­jui­ciosa como “negro”, salvo que sea posi­ble ganarle una aca­lo­rada dis­cu­sión a Tyson por el último lugar que queda en el esta­cio­na­miento de un supermercado.

El cora­zón de la diri­gen­cia libe­ral argen­tina está y estará siem­pre con los demó­cra­tas. Pien­san que los Ken­nedys, Clin­to­nes y Oba­mas cono­cen de la exis­ten­cia del Obe­lisco o la ubi­ca­ción de la sede de las Madres de Plaza de Mayo. Los bue­nos de la pelí­cula fil­mada por el Ins­ti­tuto de Cine­ma­to­gra­fía son los demó­cra­tas esta­dou­ni­den­ses, los labo­ris­tas ingle­ses y los socia­lis­tas fran­ce­ses y espa­ño­les. En cam­bio, los con­ser­va­do­res de todas las nacio­na­li­da­des no mere­cen con­si­de­ra­ción: son malos, más que malos. Raro, por­que los con­ser­va­do­res más reac­cio­na­rios pare­cen ser los inte­gran­tes de la diri­gen­cia argen­tina que desde hace déca­das tie­nen como objeto atra­sar el reloj de la his­to­ria ante una pobla­ción que no acierta la manera de sacarse de sus espal­das este feroz espécimen.

La plaga, que es de izquierda, cen­tro o dere­cha según le con­venga; con dis­fraz “nacio­nal y popu­lar” o direc­ta­mente extran­je­ri­zante, muere por ser visto como “pro­gre­sista”, como si el pare­cer fuese más impor­tante que el ser. Mien­tras, man­tiene el IVA al 21%, el impuesto al che­que, la obli­ga­to­rie­dad de la jubi­la­ción y del voto; la careta de los dine­ros que finan­cian sus cam­pa­ñas elec­to­ra­les, la prohi­bi­ción de comer­ciar con el exte­rior y de entrar y salir del país por cier­tos luga­res; la esta­ti­za­ción de empre­sas que siem­pre han bene­fi­ciado a sus due­ños y paí­ses “ami­gos”; la pro­tec­ción de pan­di­llas guber­na­men­ta­les; la deni­gra­ción de las fuer­zas de segu­ri­dad y mili­ta­res; el aban­dono a su suerte de millo­nes de ado­les­cen­tes y jóve­nes o el man­te­ni­miento de la oli­gar­quía uni­ver­si­ta­ria. Por ahí tie­nen razón: los con­ser­va­do­res son de lo peor: éstos.

Mien­tras, en algu­nos villo­rrios de la futura US (Unión Sud­ame­ri­cana: la coin­ci­den­cia de las siglas es sim­ple­mente un albur) pre­de­ci­bles hura­ca­nes tam­bién ace­chan sus cos­tas con ganas de des­truir todo lo poco que queda aún en pie. Para peor, la sequía está haciendo estra­gos en cier­tas pam­pas húme­das que en cual­quier momento pasa­rán a lla­marse lla­nu­ras secas. Curio­sa­mente, esos luga­res que antes eran seña­la­dos como “gra­nero del mundo” ahora se ven supe­ra­dos por cual­quier país que se dedi­que con un poco de esfuerzo a ven­der carne y trigo. Eso se debe a que su diri­gen­cia, com­pe­ne­trada del nuevo para­digma indoa­me­ri­ca­no­bo­li­va­ria­nista ha pro­puesto un cam­bio en la raíz cul­tu­ral ali­men­ti­cia para que el maíz y la man­dioca suplan­ten a la harina de trigo y las pro­teí­nas, cuya ingesta habían des­ta­cado por siglos a las Pro­vin­cias Uni­das del Río de la Plata de los demás virrei­na­tos y capi­ta­nías ame­ri­ca­nas. Todo cambia.

Ale­ja­dos de des­ve­los mun­da­nos tales como infla­ción, inse­gu­ri­dad, deu­das exter­nas e inter­nas, nar­co­trá­fico y sus rami­fi­ca­cio­nes loca­les y etcé­te­ras varios como que un reciente y com­pli­cado ase­si­nado pudiera librar en el último año ape­nas 1.600 che­ques sin fon­dos, la diri­gen­cia no esca­tima esfuer­zos y se pre­para para la com­pe­ten­cia elec­to­ral del año pró­ximo. Así tejen y des­te­jen alian­zas con el pro­pó­sito de que alguien vuelva al redil mien­tras otros quie­ren que pri­mero renun­cie a su cargo y los cer­ca­nos afir­man que no renun­ciará ni vol­verá y que será lo que deba ser o no será nada; y al que fue y toda­vía es pero se encuen­tra enfermo, todos lo visi­tan en su casa-oficina para que los ben­diga –como a Menem–  que es otro que tam­bién fue y que nadie le pasa ni cinco de la que pica; y uno que fue y eli­gió a los que ahora están, no pasa día sin que los azuce, ¿para que los adoptó? Con mule­tas y mar­ca­pa­sos se llega. ¿Adónde? A las elec­cio­nes: ¿qué otra cosa importa?

Fuente: Correo de Buenos Aire.com. ar

Autor: Juan Salinas Bohil

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