Carta de un preso político
Como a un Perro”

Esta es la leta­nía de tri­bu­la­cio­nes que sufre un inte­grante de las Fuer­zas Arma­das, “Pro­me­teo”, con­de­nado de ante­mano y al cual sus cama­ra­das de armas le sol­ta­ron la mano en el medio de la batalla.

En la sole­dad y tris­teza de su pri­sión, no puede evi­tar cote­jar su pasión con el mar­ti­rio de José K, pro­ta­go­nista del “El Pro­ceso” de Franz Kafka, mara­vi­llo­sa­mente des­cripto por Albert Camus.

Los temas de la obra de Kafka son: La soledad,la frus­tra­ción y la impo­ten­cia, angus­tiosa sen­sa­ción que expe­ri­menta el indi­vi­duo, verse ame­na­zado por el labe­rinto de fuer­zas des­co­no­ci­das que no alcanza a com­pren­der, y se hallan fuera de su control.

Entre esas obras se encuen­tran las tres nove­las por las que Kafka es más cono­cido: “El pro­ceso” (1925), “El cas­ti­llo” (1926), y “Amé­rica” (1927).

La fuerza de su obra ha sido tan impor­tante que el tér­mino “kaf­kiano” se aplica a situa­cio­nes socia­les angus­tio­sas o gro­tes­cas, o a su tra­ta­miento en la literatura.

En “El Pro­ceso”,  José K., es el pro­ta­go­nista de esa dolo­rosa his­to­ria; un ser aban­do­nado, obser­vado, humi­llado, y aun­que no se jus­ti­fi­ca­ría el mal­trato en caso de ser cul­pa­ble, no sólo no lo es,  sino que tam­poco sabe cuál es la causa penal que se le sigue.

Quien no haya leído esta novela, vale la pena comen­tarla por­que la  trama es tan simi­lar al drama que estoy viviendo que me asom­bra, y que me ins­pira a escri­bir estas líneas, para dejar sen­tada tanta injus­ti­cia e impu­ni­dad ejer­cida por  este mise­ra­ble grupo de terro­ris­tas enca­ra­ma­dos en el poder, que nos gobierna y nos juzga.

Esto es un lla­mado a todos aque­llos que ten­gan ver­da­dera sen­si­bi­li­dad repu­bli­cana, para que com­pren­dan, y no se enga­ñen, en creer  que se esta haciendo jus­ti­cia a tra­vés de la acción de estas orga­ni­za­cio­nes, dota­das de una irre­pa­ra­ble impu­ni­dad, y que son una efi­ciente y adi­ne­rada aso­cia­ció­ni­lí­cita, com­puesta por:
* ex terro­ris­tas,
* parien­tes para­si­ta­rios y
* gru­pos ideo­ló­gi­ca­mente afi­nes, bajo el apa­rente car­tel de “defen­so­res de los DDHH”,  que han logrado mediante la extor­sión a jue­ces, com­prar volun­ta­des de ex terro­ris­tas, fun­cio­na­rios y perio­dis­tas para acu­sar en forma dis­cri­mi­nada con prue­bas fal­sas, a ofi­cia­les y sub­ofi­cia­les de las FFAA.

A nadie se le escapa que estas orga­ni­za­cio­nes, tie­nen con­tacto y con­ni­ven­cia con:

* los medios de comu­ni­ca­ción masi­vos, dia­rios, TV, radios, etc., y
* los juz­ga­dos donde se subs­tan­cian las cau­sas, al punto tal que llegó antes la noti­cia de mi inda­ga­to­ria por un perió­dico que por la vía de la noti­fi­ca­ción judicial.

No hay semana en la que no se publi­quen artícu­los rela­cio­na­dos con los jui­cios, con­de­nas,  o emi­tan pelí­cu­las, y demás. La dupla juzgados-medios dan las pau­tas, los tiem­pos y la ter­mi­no­lo­gía para que su acción psi­co­ló­gica pene­tre en el común de las gen­tes, tales como:

* repre­so­res,

* geno­ci­das,

* plan sis­te­má­tico de robo de bebés etc.

Algún día se sabrá el mal­ver­sado pro­ce­di­miento empleado para obte­ner la sus­tan­ciosa indem­ni­za­ción de varias dece­nas de miles de dóla­res con las que se pagan los ser­vi­cios de ex terro­ris­tas y sus cóm­pli­ces, con las orga­ni­za­cio­nes sub­ver­si­vas de los 70, para decla­rar tes­ti­mo­nial­mente el “libreto” que ellas les escri­ben al ser lla­ma­dos ante la Jus­ti­cia bajo ame­naza de “no cure, no pay”,  sin éxito no hay pago.

En el párrafo siguiente de la obra,  Kafka des­cribe  deta­lla­da­mente como le cer­ce­nan la pre­sun­ción de inocen­cia al imputado:

* “En el pro­ceso incoado al señor K. se observa, desde su inicio, una nítida inver­sión de lo que en len­guaje jurí­dico se deno­mina carga de la prueba.”

* En el pro­ceso penal la cul­pa­bi­li­dad es la que tiene que ser demos­trada, no la inocen­cia, que se pre­sume iuris tan­tum (artículo 24.2 in fine).

* Del pro­ce­di­miento al que se encuen­tra some­tido K. es impo­si­ble salir indemne: “sufrir un pro­ceso es casi haberlo perdido”.

* En todos los casos de jui­cios patro­ci­na­dos por los ex mon­to­ne­ros, los ofi­cia­les o sub­ofi­cia­les lla­ma­dos a inda­ga­to­ria, como en mi caso, contrario-sensu de ser inocente hasta que se demues­tre lo con­tra­rio; cada mili­tar al ser acu­sado, tal como ocu­rre en la novela a que se hace refe­ren­cia, queda dete­nido por defi­ni­ción, sin las prue­bas que lo jus­ti­fi­quen, vul­ne­rando  el prin­ci­pio cons­ti­tu­cio­nal de pre­sun­ción de inocen­cia, igno­rando toda prueba valida o tes­ti­mo­nio que se presente.

Esto nos lleva a refle­xio­nar, pre­gun­tar­nos sobre el por qué de este cam­ba­la­che jurídico.

En prin­ci­pio queda en evi­den­cia el nego­ciado inma­nente en todo este maca­bro dis­pa­rate judi­cial, que en ultima ins­tan­cia será pagado por el con­tri­bu­yente argen­tino, y con­siste en que, a cada acu­sado se le traba un embargo pre­ven­tivo des­co­mu­nal que, mul­ti­pli­cada por las pre­sun­tas víc­ti­mas de la repre­sión se trans­forma en una suma equi­va­lente a dos años de expor­ta­cio­nes agrí­co­las, algo tan exor­bi­tante que lle­va­ría “de facto” a un “default téc­nico” del Estado.

Esto expli­ca­ría la nece­si­dad de con­si­de­rar lo ocu­rrido como “geno­ci­dio” y “deli­tos de lesa huma­ni­dad”, de forma tal que las cau­sas no pres­cri­ban  y poder con­su­mar este monu­men­tal nego­ciado histórico.

Debe que­dar claro que para esa lacra social, amén de su odio hacia cual­quier tipo de uni­forme, los deman­da­dos  somos indis­pen­sa­bles, como ins­tru­mento  esen­cial para lle­var a cabo este igno­mi­nioso nego­ciado en detri­mento del patri­mo­nio de la República.

En este enorme y abo­mi­na­ble nego­cio están involucrados:

* Orga­nis­mos de DDHH y sus abo­ga­dos, curio­sa­mente inser­ta­dos pro­fun­da­mente en la polí­tica dominante.

* Madres y Abue­las de Plaza de Mayo, CELS, etc.

Se han lan­zado a la empresa con cri­te­rio lucra­tivo, para lo cual han inver­tido fuer­te­mente para su logro y lucha­rán deno­da­da­mente para  que sigan ade­lante los “jui­cios” pati­bu­la­rios hasta su tér­mino con con­dena firme, des­ca­li­fi­cando a cual­quiera que se les inter­ponga, polí­tica o judicialmente.

A esta altura me pregunto:

* ¿Cómo es posi­ble que se pueda des­ti­tuir al Dipu­tado Nacio­nal Luis Abe­lardo Patti con prue­bas espu­rias, y nada se dice de Bonasso, el  legis­la­dor ase­sino, que es su des­ca­li­fi­ca­dor en el Con­greso ni en los medios masi­vos de comunicación?

* ¿Es tal la mag­ni­tud de la acción psi­co­ló­gica, que ante un hecho tan evi­dente, ni la opo­si­ción, ni  la jus­ti­cia y ni  los medios, se den cuenta?

Es evi­dente que el tra­bajo de acción de masas lle­vado a cabo por los ase­si­nos de antaño, ha sido de una efi­ca­cia admi­ra­ble, a lo que debe­mos sumarle la inac­ción de nues­tra parte. O quizá intuir tam­bién que al igual que el agua de los ríos, ha corrido entre ellos muchos, pero muchos dólares.

Den­tro del esquema de este enorme nego­cio, es fun­da­men­tal encar­ce­lar la mayor can­ti­dad, de inte­gran­tes de las FFAA,  por su efecto eco­nó­mico mul­ti­pli­ca­dor en el monto final.

Cuando se con­fir­men las sen­ten­cias, y se reparta el botín, vere­mos asom­bra­dos en la larga cola de pago a:

* jue­ces,
* secre­ta­rios,
* fun­cio­na­rios,
* dipu­tados
* sena­do­res,
* minis­tros ,
* ONG,
* perio­dis­tas,
* algu­nos jue­ces extran­je­ros  y
* cier­tos fun­cio­na­rios extranjeros

Todos están invo­lu­cra­dos en la abe­rrante estafa, espe­rando ansio­sos las mise­ra­bles mone­das de plata, “pre­cio de la asque­rosa entrega”, por haber cola­bo­rado en mon­tar esta infer­nal “máquina pro­duc­tora fal­se­da­des”,  y se embol­sa­rán con los dine­ros del incauto e inge­nuo con­tri­bu­yente argen­tino, quien creyó las men­ti­ras de los 70  que tejie­ron como una fina fili­grana, y sin que­rer fue el ins­tru­mento final de este des­pojo histórico.

El nego­cio está bien estruc­tu­rado en su “cash-flow” tem­po­ral, en tanto y en cuanto se man­tenga en el poder el grupo terro­rista, puesto que una vez con­fir­ma­das las con­de­nas, el tiempo nece­sa­rio para des­en­mas­ca­rar esta gran men­tira, no  alcan­zará para que lo pue­dan ver  los con­de­na­dos por­que la

mayo­ría son ancia­nos (esto jus­ti­fica el apuro, ante el deceso por el stress y pade­ci­mien­tos de muchos de ellos), el pago se habrá eje­cu­tado, y por una  reali­dad cro­no­ló­gica, la mayo­ría esta­re­mos en este mundo, dando ya por con­clui­das las mise­rias  que tuvi­mos que sopor­tar en esa vida.

Mien­tras que los terro­ris­tas o sus des­cen­dien­tes dis­fru­ta­rán de las mie­les de su gran estafa, y cual­quier reclamo pos­te­rior habrá sido supe­rado por el tor­be­llino de la reali­dad y evo­lu­ción his­tó­rica, y serán los here­de­ros, quie­nes podrán, muy dudo­sa­mente, reivin­di­car las mise­rias vividas.

Vol­viendo a la novela cuya trama es tan simi­lar a mi drama o nues­tro drama, Albert Camus relata:

En “El Pro­ceso” es acu­sado José K. Pero no sabe de qué. Quiere, sin duda, defen­derse, pero ignora por qué. Los abo­ga­dos encuen­tran difí­cil su causa.

Entre tanto, no deja de amar, de ali­men­tarse o de leer su dia­rio. Luego le juz­gan, pero la sala del tri­bu­nal está muy oscura y no com­prende gran cosa.

Supone única­mente que lo con­de­nan, pero ape­nas se pre­gunta a qué. A veces duda de ello y tam­bién sigue viviendo. Mucho tiempo des­pués, dos seño­res  bien ves­ti­dos y cor­te­ses van a bus­carle y le invi­tan a que les siga. Con la mayor cor­te­sía le lle­van a un arra­bal deses­pe­rado, le ponen la cabeza sobre una pie­dra y lo degüe­llan. Antes de morir, el con­de­nado dice sola­mente: «Como un perro». (Camus, 1942).

Así como Albert  Camus des­cribe el final de esta absurda his­to­ria , es como pre­siento que vamos a ter­mi­nar, los que nos toco en suerte jugar en esta  ruleta rusa judi­cial, ya que estoy con­de­nado antes de empe­zar por moti­vos inven­ta­dos, por supues­tas rela­cio­nes que nunca tuve y por estar en luga­res que nunca conocí.

Me ima­gino  una sala llena de gente con sus babas espe­rando el epí­logo de la gran farsa, cuando tres Jue­ces bien atil­da­dos y en pre­sen­cia de esa gro­tesca cla­que, nos pon­gan la cabeza en la pie­dra de la falsa jus­ti­cia, y mien­tras me degüe­llan, diré,  a los eje­cu­to­res: Soy un Sol­dado digno, pero me han tra­tado como a  un perro”.

Conste para bien o para mal, que si exis­tiera la pena de muerte o la pudie­ran impo­ner, es tanto el odio de estos mise­ra­bles, que ya ten­drían pre­pa­rado un circo como en el medioevo, con la tarima y la horca o el garrote vil.

Mien­tras  afuera, el car­na­val argen­tino, con los pique­te­ros  due­ños de las calles, y los boli­va­ria­nos y pro­to­mon­to­ne­ros cre­yén­dose due­ños del país y los cho­rros y ase­si­nos sin con­trol, la REPU­BLICA y el estado de dere­cho se des­mo­rona, mien­tras se con­cen­tra el futuro polo del nar­co­trá­fico mun­dial, sólo queda el  fango grams­ciano que des­truye nues­tras Ins­ti­tu­cio­nes fun­da­cio­na­les de la mano de paté­ti­cos arle­qui­nes y gro­tes­cas poli­chi­ne­las, bai­lando sobre el torren­toso río helado pronto a quebrarse.

Autor: Prometeo

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Un comentario en “Carta de un preso político
Como a un Perro””  

  1. 1 Fernando Lema

    Todo lo expre­sado pre­ce­den­te­mente con­forma nues­tra reali­dad. Lamen­ta­ble­mente, la doc­trina grams­ciana que tan buen ope­ra­dor tiene en el perro Ver­bitsky, se ha ense­ño­reado y derruido los cimien­tos orgá­ni­cos de la Nación Argen­tina, lenta pero inexo­ra­ble­mente; para eso, todos los recur­sos de una socie­dad (perio­dís­ti­cos, cul­tu­ra­les, lega­les, polí­ti­cos, ideo­ló­gi­cos, etc) han sido ópti­ma­mente uti­li­za­dos.
    Ese cobarde mal­pa­rido hizo un exce­lente tra­bajo!!
    Desde los des­po­jos que que­dan de las FFAA (última reserva moral de la Patria), hasta la Jus­ti­cia com­pla­ciente, todo el anda­miaje moral-cristiano ha sido soca­vado con la meto­do­lo­gía cer­tera de un leña­dor.
    El bro­che de oro son los $400 que el Estado paga a quien entre­gue las armas que tenga, res­trin­giendo ade­más las tenen­cias y por­ta­cio­nes. Eso sí, los mili­tan­tes de agru­pa­cio­nes socia­les y delin­cuen­tes comu­nes, no ten­drán incon­ve­niente alguno para cal­zar un ino­cuo “fie­rrito”.
    Ya es dema­siado tarde para reac­cio­nar.
    No son las FFAA las que vayan a poner fin a esta bien ins­tru­men­tada hege­mo­nía mar­xista, toda vez que sus hom­bres aun sien­ten culpa por haber defen­dido a quie­nes des­pués los sen­ta­ron en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos.
    Están fir­me­mente con­tro­la­dos, sin refe­ren­tes y desorien­ta­dos: Si a un ser humano se le vive recri­mi­nando cosas desde todos los ámbi­tos; y a sus hijos en la escuela les ense­ñan que los mili­ta­res son una horda de ase­si­nos, tarde o tem­prano se ter­mina con­ven­ciendo de que es un inú­til que en reali­dad debe­ría dedi­carse a otra cosa…
    No es casua­li­dad que gran parte de los cua­dros jóve­nes de nues­tras FFAA empe­ñen sus ener­gías en ter­mi­nar una carrera civil, para algún día dejar la pro­fe­sión que en reali­dad eli­gie­ron.
    No cul­pe­mos a otros por nues­tra tra­ge­dia. No existe hoy en día fac­tor de Poder que no esté corrom­pido hasta las raí­ces. Casi todos los actos de gobierno están impreg­na­dos de inmunda corrup­ción. La droga que des­truye a nues­tros jóve­nes se expende impú­di­ca­mente en la calle.
    Y eso es culpa exclu­si­va­mente nues­tra.
    Sólo el Pue­blo Argen­tino podrá rebe­larse y lograr que algu­nas cosas cam­bien, según seña­les que hemos podido ver en los últi­mos tiem­pos. Espe­re­mos tener la ins­truc­ción y el tem­ple nece­sa­rios para estar a la altura de los momen­tos que vendran.

    FER­NANDO LEMA

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