Venezuela– El País Chatarra

Cuando se pro­dujo el último apa­gón no estaba ni atra­pada en un ascen­sor ni conec­tada a un res­pi­ra­dor arti­fi­cial o a una bom­bona de oxí­geno ni me esta­ban ope­rando ni estaba en el metro como tan­tos miles de caraqueños.

Estaba cómo­da­mente recos­tada en mi cama viendo tele­vi­sión. No pude usar los telé­fo­nos de mi casa por­que están incor­po­ra­dos a una cen­tral eléc­trica, pero tam­poco fun­cio­na­ban los celu­la­res: llamé a no menos de siete de igual número de miem­bros de mi fami­lia y fue impo­si­ble comunicarme.

Vol­vió la luz cua­renta minu­tos des­pués cuando está­ba­mos a punto de que­dar­nos sin agua por­que vivi­mos en un octavo piso. Al rato otro corte rela­ti­va­mente breve y des­pués la apa­rente nor­ma­li­za­ción en Cara­cas y en las ciu­da­des impor­tan­tes, por­que algu­nas de menor pobla­ción elec­to­ral –cuando escribo esta nota cua­tro días des­pués– con­ti­núan sin luz y sin agua. Recor­da­mos enton­ces que tres o cua­tro meses antes se había pro­du­cido otra falla eléc­trica en casi todo el país, con una mayor duración.

El mili­tar pre­si­dente o pre­si­dente mili­tar de lo que antes fue la Elec­tri­ci­dad de Cara­cas, ahora empresa revo­lu­cio­na­ria y por supuesto “de todos”, atri­buyó enton­ces la falla a un incen­dio en un basu­rero cer­cano a no recuerdo cuál planta gene­ra­dora de elec­tri­ci­dad. A pesar de la expli­ca­ción reve­la­dora de la inde­fen­sión en que nos encon­tra­mos los 27 o quien sabe cuán­tos millo­nes de habi­tan­tes de Vene­zuela, el gobierno revo­lu­cio­na­rio y socia­lista del siglo XXI, nunca se ocupó de expli­car­nos las ver­da­de­ras razo­nes de aque­lla falla. Lo más pro­ba­ble es que ésta segunda y las que ven­gan hasta el año 2014 cuando supues­ta­mente los pro­ble­mas de ener­gía eléc­trica que­da­rán total­mente resuel­tos, tam­poco merez­can la aten­ción del pre­si­dente, nues­tro ciu­da­dano del mundo, en esos momen­tos ocu­pado en dic­tar cáte­dra revo­lu­cio­na­ria y anti impe­ria­lista en un país tan cer­cano a noso­tros, her­ma­nazo del alma, como Suráfrica.

Por suerte la compu­tadora, la nevera y otros arte­fac­tos eléc­tri­cos de mi casa tie­nen regu­la­do­res de vol­taje, de lo con­tra­rio se habrían dañado como le ocu­rrió a cen­te­na­res de usua­rios que salie­ron a mani­fes­tar su des­con­tento nada menos que en Puerto Ordaz, la ciu­dad donde los pre­si­den­tes de la vitu­pe­rada Cuarta Repú­blica se preo­cu­pa­ron por cons­truir la Represa del Guri –lla­mada luego Raúl Leoni en home­naje a su ini­cia­dor– una obra monu­men­tal de inge­nie­ría hidro­eléc­trica capaz de dotar de ener­gía no solo a toda Vene­zuela sino ade­más a otros paí­ses del con­ti­nente sur­ame­ri­cano. Dos días des­pués leía­mos en la prensa que en el Zulia, el estado que pro­duce la mayor can­ti­dad de petró­leo en el país, sería regu­lado el ser­vi­cio de elec­tri­ci­dad por­que la empresa revo­lu­cio­na­ria y socia­lista del siglo XXI que lo presta, no está en capa­ci­dad de com­pla­cer a tanta gente. Esa es la broma, ahora con la revo­lu­ción como todo es de todos, todos quie­ren tener luz eléc­trica y tele­vi­so­res y neve­ras y compu­tado­ras y la revo­lu­ción no está aún pre­pa­rada para esa demanda tan alta de los feli­ces con­su­mi­do­res venezolanos.

Inevi­ta­ble pen­sar qué habría pasado si en el momento del corte eléc­trico, las fuer­zas mal­va­das y trai­cio­ne­ras del Impe­rio hubie­sen apro­ve­chado para inva­dir­nos. Claro que tene­mos fusi­les, heli­cóp­te­ros y sub­ma­ri­nos rusos, pero caramba ¿cómo se iban a comu­ni­car el minis­tro de la Defensa y los coman­dan­tes mili­ta­res sin telé­fo­nos ni radios y a medias con celu­la­res? Y, lo más grave, con el coman­dante en jefe y can­di­dato a Maris­cal de Campo paseando por Surá­frica. En otras pala­bras huér­fa­nos y desam­pa­ra­dos. Que­daba enton­ces un solo recurso defen­sivo de la patria: la delin­cuen­cia orga­ni­zada y la desor­ga­ni­zada, únicas mili­cias supe­rio­res a la glo­riosa fuerza armada nacional.

Como si todas las mal­di­cio­nes se hubie­sen cer­nido sobre la patria de Bolí­var ahora de Chá­vez, se des­plomó el puente sobre el río Tigre que une el sur de Mona­gas con el Estado Bolí­var. La cosa fue por­que en 53 años sólo se le ha hecho un man­te­ni­miento. Pero no importa, como este es un país pre­pa­rado para la gue­rra simé­trica y asi­mé­trica, van a ins­ta­lar un puente de gue­rra. ¿Ya había­mos hablado de los heli­cóp­te­ros rusos, ver­dad? El fatí­dico miér­co­les 3 de sep­tiem­bre uno de ellos se estre­lló afor­tu­na­da­mente sin víc­ti­mas que regis­trar. Según la noti­cia publi­cada en uno de esos medios de comu­ni­ca­ción oli­gar­cas y pro impe­ria­lis­tas, éste es el segundo heli­cóp­tero ruso Kazan que sufre daños gra­ves, mien­tras un ter­cero está averiado.

Todos esos inci­den­tes resul­tan bana­les, casi ino­cuos ante la gran­deza de los pro­yec­tos en mar­cha que per­mi­ti­rán a la revo­lu­ción socia­lista y cha­vista de los siglos XXI, XXII y XIII (por ahora) exten­derse por el mundo como lo logró en su tiempo el Impe­rio romano y en el caso de Amé­rica las colo­nias espa­ñola, por­tu­guesa, inglesa y en grado menor la fran­cesa. Uno de ellos es el ferro­ca­rril que unirá a Cara­cas con Bue­nos Aires. No he leído nada sobre esta magna obra en la prensa local, pero en una noti­cia de EFE que me envía un amigo desde Argen­tina se lee: “una empresa pri­vada argen­tina y otra esta­tal vene­zo­lana bus­can unirse para cons­truir vago­nes de tre­nes que per­mi­tan abas­te­cer la demanda de estos dos paí­ses, con miras a un ambi­cioso pro­yecto ferro­via­rio para unir Cara­cas y Bue­nos Aires. De acuerdo con la ini­cia­tiva, la manu­fac­tu­ra­ción de los com­po­nen­tes se haría en Argen­tina bajo licen­cia de un fabri­cante bra­si­leño, mien­tras que el ensam­blado se haría en talle­res de Vene­zuela. La gran apuesta de la empresa mixta será la de con­ver­tirse en pro­vee­dor del pro­yecto del Tren del Sur, para unir Cara­cas y Bue­nos Aires, ini­cia­tiva que aus­pi­cia el pre­si­dente vene­zo­lano Hugo Chá­vez, y que deman­da­ría una inver­sión de 9.000 millo­nes de dóla­res”. Aun­que la noti­cia no dice quién pon­drá la plata no es difí­cil adivinarlo.

Días atrás un grupo de seño­ras evi­den­te­mente miem­bros del sobe­rano y no de la bur­gue­sía con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria, mar­cha­ron con un gran car­tel que decía: “Ahora Vene­zuela es de los chu­los: Fidel, Evo, Ortega, Correa, Kir­ch­ner. Y el vene­zo­lano que se j…”. Como agre­gado a la polí­tica del chu­leo, un exce­lente y muy ilus­tra­tivo artículo de nues­tro admi­rado amigo Fer­nando Mires, en analítica.com, revela como –con la anuen­cia del gobierno de Hon­du­ras, sede de la reciente cum­bre del ALBA– el perio­dista Alberto Padi­lla declaró a CNN que entrar al ALBA no obli­gaba a Hon­du­ras a nada y a cam­bio le garan­ti­zaba petró­leo bara­tí­simo. Otro nom­bre para agre­gar a la lista de los chu­los del país chatarra.

Fuente: Analitica.com

Autor: Paulina Gamus

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