Coca y súplica en Washington

Hay una mal­di­ción en la planta de coca: no trae pros­pe­ri­dad, sólo enri­quece a delin­cuen­tes y des­truye cuer­pos y almas. La mas­ti­ca­ción de sus hojas, antes reser­vada para las cere­mo­nias incai­cas, se gene­ra­lizó entre los cam­pe­si­nos aima­ras y que­chuas en Boli­via y el Perú. Luego, el con­sumo de su com­po­nente prin­ci­pal: la cocaína, se expan­dió mun­dial, creando legio­nes de dro­ga­dic­tos, a los que pro­veen pode­ro­sas ban­das de narcotraficantes.

La cre­ciente pro­duc­ción de cocaína alcanzó cifras preo­cu­pan­tes. Muchos gobier­nos, entre ellos el de los Esta­dos Uni­dos, bus­ca­ron acuer­dos de coope­ra­ción. El con­greso nor­te­ame­ri­cano aprobó en 1991 la Ley de Pro­mo­ción Comer­cial Andina y Erra­di­ca­ción de Dro­gas (su sigla en inglés: ATP­DEA), con una vigen­cia de diez años, que otorga pre­fe­ren­cias adua­ne­ras a cua­tro paí­ses andi­nos –Boli­via, Colom­bia, Ecua­dor y Perú– como una com­pen­sa­ción por sus esfuer­zos en esta lucha. En Boli­via, con­tando con estas pre­fe­ren­cias, se esta­ble­cie­ron peque­ñas indus­trias que absor­bie­ron mano de obra y cuya pro­duc­ción se orientó a la expor­ta­ción al mer­cado de los Esta­dos Unidos.

Todos sabe­mos que las rela­cio­nes entre los Esta­dos Uni­dos y Boli­via se han    dete­rio­ra­das seria­mente. La agre­si­vi­dad e impru­den­cia del ofi­cia­lismo boli­viano se diri­gió con­tra el gobierno de Washing­ton, su pre­si­dente, su emba­jada y su emba­ja­dor en La Paz. Esta polí­tica desor­bi­tada, contó con la par­ti­ci­pa­ción directa del pre­si­dente de la repú­blica que llegó a aplau­dir el acoso a la Emba­jada de los Esta­dos Uni­dos por tur­bas enar­de­ci­das. Esto cul­minó con la dis­pa­ra­tada decla­ra­to­ria de per­sona no grata al Emba­ja­dor de ese país.

Llegó el tiempo de exa­mi­nar una nueva exten­sión de la ATP­DEA (su vigen­cia ter­mi­naba hace nueve años, pero hubo varias pró­rro­gas.). Cons­cien­tes de que el gobierno de Boli­via había creado un clima hos­til, poco pro­pi­cio para con­ti­nuar siendo favo­re­cido con este incen­tivo nor­te­ame­ri­cano, muchos expre­sa­ron su alarma. Se sabía del peli­gro de per­der un mer­cado muy impor­tante y que varios de miles de tra­ba­ja­do­res que­da­rían sin sus pues­tos de trabajo.

Y vino la deci­sión del pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos de excluir a Boli­via de las  pre­fe­ren­cias otor­ga­das a los cua­tro paí­ses andi­nos: el gobierno del MAS no había cola­bo­rado efec­ti­va­mente en la lucha con­tra el nar­co­trá­fico, es el argu­mento. Enton­ces el gobierno popu­lista per­dió la tran­qui­li­dad y, apre­su­ra­da­mente, des­tacó a Washing­ton una comi­sión para pedir –si, a pedir– no que­dar fuera de la amplia­ción de las pre­fe­ren­cias aduaneras.

Parece que el gobierno no tenía un mejor emi­sa­rio para este ruego a los nor­te­ame­ri­ca­nos que un inefi­ciente minis­tro que anun­ciaba, casi en tono de insubs­tan­cial ame­naza, que iba demos­trar “técnicamente”(sic) la injus­ti­cia de la exclu­sión a Boli­via. Ya en Washing­ton, el enviado boli­viano llegó tarde a la reunión  en la que se pro­po­nía expo­ner sus téc­ni­cos argu­men­tos y, final­mente, des­pués de sus pobres argu­men­tos, pasó a la agre­sión: acusó a la Secre­ta­ria de Estado, Con­do­leezza Rice, de vio­lar la ley nor­te­ame­ri­cana, sin dejar el retrué­cano de que una exclu­sión a Boli­via sería injusta por­que se basa­ría en lo político.

El minis­tro no com­prende lo que sucede: la polí­tica anti­droga del gobierno de Boli­via ha sido cues­tio­nada por quien uni­la­te­ral­mente otorgó el bene­fi­cio y, por ello, el gobierno esta­dou­ni­dense excluye a quien no cum­ple y que, obvia­mente no es su amigo. Vaya emi­sa­rio extra­viado que piensa que la tor­peza es el mejor ser­vi­cio para su gobierno.

¿O será que se sufre una ava­sa­llante pre­sión de los coca­le­ros del Cha­pare –el pre­si­dente de la repú­blica es su diri­gente– que pien­san que, sin la coope­ra­ción de los Esta­dos Uni­dos en la lucha con­tra el nar­co­trá­fico, esta­rán más libres de aumen­tar su pro­duc­ción de coca para fines ilícitos?

Al fin, una misión fallida desde el inicio y una prueba más –no hay espe­ranza de que el gobierno aprenda de estas expe­rien­cias– de que la agre­si­vi­dad no con­vence; y que en este caso mues­tra no hay autén­tico ánimo de com­ba­tir efec­ti­va­mente al narcotráfico.

La leche ya está derra­mada. En medio del llanto, el gobierno dice que espera rever­tir su exclu­sión de la ATP­DEA. Y en alarde de con­tra­dic­ción, se lee el titu­lar de La Razón (27.10.2008): “Las bases del MAS madu­ran la idea de expul­sar a la DEA”, la agen­cia de los Esta­dos Uni­dos que en Boli­via coor­dina la lucha con­tra el nar­co­trá­fico.
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La Paz, 27.10.2008

Autor: Marcelo Ostria Trigo

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