El testamento político de Alem

¡”Que se rompa pero que no se doble”!

“¡Yo sos­tengo y sos­ten­dré siem­pre la polí­tica de los prin­cipios; caiga o no caiga; nunca tran­saré con el hecho; nunca tran­saré con la fuerza; nunca tran­saré con la in­moralidad; nunca tran­saré con los con­cul­ca­do­res de las ins­ti­tu­cio­nes de las ins­ti­tu­cio­nes y las liber­ta­des públi­cas! ¡Nunca espe­raré el desen­lace de cier­tas situa­cio­nes para entrar en ellas; he de luchar siem­pre como fuerte y como bueno; sean cua­les fue­ran los resul­ta­dos, por­que para mí la idea moral es la única que puede rege­ne­rar la sociedad”!.

Recien­te­mente se cum­plió un nuevo aniver­sa­rio de la muerte, acae­cida el 1 de julio de 1896, de quien llegó a des­co­llar en la arena po­lítica y a trans­for­marse en el cau­di­llo de una nación ansiosa de encau­zar libre­mente su des­tino, se dijo de Lean­dro N. (Nicé­foro) Alem que sus men­sa­jes eran como fra­ses bíbli­cas, esco­ria efer­ves­cente. Sus pala­bras repi­que­tea­ron en el Par­la­mento, donde ocu­paba una banca aquel hom­bre que supo decir: “Yo no doblego mi cabeza en la bata­lla”, en una época de clau­di­ca­cio­nes. Y ese ardor no se ha apa­ci­guado hasta hoy.

Con­ti­núa ardiendo con sus duras reali­da­des el espí­ritu argen­tino. Han de repi­car esas pala­bras mien­tras sea inelu­di­ble com­ba­tir por la glo­ria del ideal sublime y de las ins­ti­tu­cio­nes, con­tra la men­tira, la iniqui­dad polí­tica a favor de las liber­ta­des del pue­blo y la ele­va­ción del nivel moral de la comunidad.

La muerte del líder

El 1 de julio de 1896 una noti­cia había con­mo­vido a la repú­blica. Se había qui­tado la vida Lean­dro Alem -‘El viejo’ joven de canas y bar­bas blan­cas– cuando con­tada con cin­cuenta y cua­tro años– den­tro vehí­culo que le con­du­cía hacia el Club El Pro­greso. En su casa lo espe­ra­ban en esa mañana fría y llu­viosa siete ami­gos que había con­vo­cado con ca­rácter de urgente para “hablar temas polí­ti­cos”. Uno de ellos comentó que Alem –fun­da­dor y padre del par­tido radi­cal, la Unión Cívica e hijo de un hom­bre de acción de Juan Manuel de Rosas fusi­lado des­pués de Case­ros– en un momento dado inte­rrum­pió el diá­logo para ingre­sar a su dor­mitorio para salir minu­tos des­pués con el som­brero puesto y un pon­cho de vicuña, clá­sico en su ves­ti­menta, envuelto en el cue­llo. Pro­me­tió re­gresar en con­ta­dos minutos.

Cuando anun­cia­ron haber hallado al líder y guía polí­tico con su sien des­tro­zada por un balazo que él mismo había dis­pa­rado se encon­tró sobre su cuerpo un papel donde podía leerse: “Per­dó­nenme el mal rato, pero he que­rido que mi cadá­ver caiga en manos ami­gas y no en manos extra­ñas, en la calle o en cual­quiera otra parte”. Al pare­cer el estam­pido de la bala había con­fun­dido al cochero con la deto­na­ción de cohe­tes que se que­ma­ban durante varios días cele­brando la fiesta de san Juan y san Pedro. Las casua­li­da­des de la vida. El pri­mero en ocu­parse en el tras­la­dar los res­tos de quien se carac­te­rizó durante su exis­ten­cia como pobre, aus­tero, prin­ci­pista, inca­paz de acuer­dos y fle­xi­bi­li­da­des, y tem­peramentalmente defen­sor de los des­po­seí­dos fue el doc­tor Roque Sáenz Peña, pre­si­dente del Club El Pro­greso, su adver­sa­rio político.

Su tes­ta­mento político

Lean­dro N. Alem el román­tico, poeta, lírico; com­ba­tiente en Pa­vón, Cepeda y en la gue­rra del Para­guay; jurista; fun­da­dor de la Unión Cívica de la Juven­tud, de la cual sur­gió la Unión Cívica Radi­cal (UCR); legis­la­dor e ins­pi­ra­dor de la revo­lu­ción de 1890, que pro­dujo la renun­cia del pre­si­dente Miguel Juá­rez Cel­man, antes de su muerte, escri­bió su tes­ta­mento polí­tico y lo dejó bajo sobre, con un rótulo que decía: “Para publi­car”. He aquí su contenido:

”He ter­mi­nado mi carrera, he con­cluido mi misión. Para vivir esté­ril, inú­til y depri­mido, es pre­fe­ri­ble morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble! He luchado de una manera inde­ci­ble en los últi­mos tiem­pos; pero mis fuer­zas, tal vez gas­ta­das ya, han sido inca­pa­ces para dete­ner la mon­taña… ¡y la mon­taña me aplastó! He dado todo lo que podía dar; todo lo que huma­na­mente se puede exi­gir de un hom­bre, y al fin mis fuer­zas se han ago­tado… y para vivir esté­ril, inú­til y opri­mido, es pre­fe­ri­ble morir. Entrego deco­rosa y dig­na­mente todo lo que me queda: mi última san­gre, el resto de mi vida. Los sen­ti­mien­tos que me han impul­sado, las ideas que han alum­brado mi alma, los móvi­les, las cau­sas y los pro­pó­si­tos de mi acción y de mi lucha en gene­ral, en mi vida, son, creo, per­fec­ta­mente cono­ci­dos. Si me engaño a este res­pecto, será una des­gra­cia que yo ya no podré ni sen­tir ni remediar…Ahí están mi labor y mi acción desde lar­gos años, desde muy joven, desde muy niño, luchando siem­pre de abajo. No es el orgu­llo el que me dicta estas pala­bras, ni es debi­li­dad en estos momen­tos lo que me hace tomar esta reso­lu­ción. Es un con­ven­ci­miento pro­fundo que se ha apo­de­rado de mi alma en el sen­tido que lo enun­cio en los pri­me­ros párra­fos, des­pués de haberlo pen­sado, medi­tado y refle­xio­nado en un solemne reco­gi­miento. Entrego, pues, mi labor y mi memo­ria al jui­cio del pue­blo, por cuya noble causa he luchado cons­tan­te­mente. En estos momen­tos el par­tido popu­lar se pre­para para entrar nue­va­mente en acción en bien de la patria. Esta es mi idea, éste es mi sen­ti­miento, ésta es mi con­vic­ción arrai­gada, sin ofen­der a nadie. Yo mismo he dado el pri­mer impulso, y, sin embargo, no puedo con­ti­nuar. Mis dolen­cias son gra­ví­si­mas, nece­sa­ria­mente mor­ta­les. ¡Ade­lante los que que­dan! ¡Ah, cuánto bien ha podido hacer este par­tido, si no hubie­sen pro­me­diado cier­tas cau­sas y cier­tos fac­to­res! ¡No importa! Toda­vía puede hacer mucho. Per­te­nece prin­ci­pal­mente a las nue­vas gene­ra­cio­nes. Ellas le die­ron ori­gen y ellas sabrán con­su­mar la obra: ¡deben consumarla!

Así ter­minó su vida Lean­dro N. Alem, un sím­bolo, que seguirá vibrando, por los siglos en el alma de la Nación Argentina.

Autor: Andrés Mendieta

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2 Comentarios en “El testamento político de Alem”  

  1. 1 Sergio Antonio Graziano

    No había leído estas pala­bras.
    Me hicie­ron emo­cio­nar.
    Cier­ta­mente un gran hom­bre de prin­ci­pios.
    Muy buena nota.
    Saludos.

  2. 2 joselo

    Alem no puede ser hijo de un hom­bre de Rosas… a su padre lo ase­sino la MASORCA que res­pon­dia a Rosas.…y el aparente// fue obli­gado a ver

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