La suspensión de operaciones
de la DEA en Bolivia

Hace pocos días, el pre­si­dente Evo Mora­les, en un dis­curso pro­nun­ciado en  una con­cen­tra­ción de sus segui­do­res en el Cha­pare, zona de pro­duc­ción de coca, anun­ció su deci­sión –dijo que fue adop­tada per­so­nal­mente y, por tanto, bajo su pro­pia res­pon­sa­bi­li­dad– de sus­pen­der inde­fi­ni­da­mente las ope­ra­cio­nes en Boli­via de la Drug Enfor­ce­ment Admi­nis­tra­tion (DEA), la agen­cia del Depar­ta­mento de Jus­ti­cia de los Esta­dos Uni­dos, que coope­raba a Boli­via en la lucha con­tra la pro­duc­ción y trá­fico de estupefacientes.

La deci­sión pre­si­den­cial no tiene expli­ca­ción racio­nal. Parece ser el pro­ducto de una aver­sión vis­ce­ral a todo lo nor­te­ame­ri­cano, y se tra­duce ahora en una pre­ten­dida “ven­ganza”, por­que los Esta­dos Uni­dos coope­ra­ron por lus­tros en las tareas de erra­di­ca­ción del cul­tivo ile­gal de coca, prin­ci­pal­mente en el Cha­pare –la tie­rra de los “coca­le­ros” de los que Evo Mora­les es su más alto diri­gente. En con­se­cuen­cia, aque­llo de que la DEA –antes fue el emba­ja­dor nor­te­ame­ri­cano y  USAID– esta­ban en  acti­vi­da­des cons­pi­ra­ti­vas con­tra el gobierno popu­lista de Boli­via, resulta un  cuento difí­cil de creer.

La sus­pen­sión de acti­vi­da­des de la DEA en Boli­via debi­li­tará las indis­pen­sa­bles  labo­res de inte­li­gen­cia para com­ba­tir el nar­co­trá­fico. Esa inte­li­gen­cia tiene cos­tos. En la lucha con­tra las dro­gas en nues­tro país éstos gas­tos fue­ron absor­bi­dos prin­ci­pal­mente por el gobierno de los Esta­dos Uni­dos que, ade­más, dotaba a las fuer­zas espe­cia­les de com­bate a las dro­gas con vehícu­los, heli­cóp­te­ros, armas, racio­nes ali­men­ti­cias para la tropa y hasta uni­for­mes, corriendo tam­bién con los pagos extra­or­di­na­rios al per­so­nal boli­viano asig­nado a esta peli­grosa y sacri­fi­cada labor. Es pre­vi­si­ble, enton­ces, que decaiga sen­si­ble­mente la efi­ca­cia en la ya larga cam­paña con­tra las dro­gas. Boli­via, pese a que el con­sumo nacio­nal de cocaína se ha incre­men­tado, es un pequeño mer­cado para el nar­co­trá­fico. Por supuesto que hay otros mer­ca­dos  capa­ces de absor­ber la enorme pro­duc­ción: los veci­nos, prin­ci­pal­mente los de Argen­tina, Bra­sil y Chile e, inclu­sive, de Europa. La sus­pen­sión de las ope­ra­cio­nes de la DEA, orde­nada por Evo Mora­les, no sólo afec­tará a los Esta­dos Uni­dos, país que recibe las dia­tri­bas y ofen­sas del popu­lismo, sino tam­bién a pre­sun­tos alia­dos del popu­lismo boli­viano, que ya sufren los dra­má­ti­cos efec­tos de la drogadicción.

La acción inter­na­cio­nal de Boli­via, nue­va­mente ten­drá que lidiar, ahora con mayo­res difi­cul­ta­des, con este espi­noso asunto. No es pre­vi­si­ble que la comu­ni­dad inter­na­cio­nal quede impa­si­ble ante el des­man­te­la­miento de un ins­tru­mento para luchar con­tra el nar­co­trá­fico. Hay que temer reac­cio­nes más gra­ves que la exclu­sión de  Boli­via del régi­men pre­fe­ren­cial adua­nero con­ce­dido por los Esta­dos Uni­dos a cua­tro paí­ses andi­nos (Boli­via, Colom­bia, Ecua­dor y Perú).

En algu­nos círcu­los del gobierno de Evo Mora­les se esparce la creen­cia de que, con la elec­ción del sena­dor Barak Obama como pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos, habrá cam­bios dra­má­ti­cos en la polí­tica exte­rior nor­te­ame­ri­cana hacia Boli­via y Lati­noa­mé­rica. Pero, aun en el impro­ba­ble caso de que los haya –habrá que tomar en cuenta que los paí­ses serios siguen polí­ti­cas de Estado–, es pre­vi­si­ble que la polí­tica de lucha con­tra el nar­co­trá­fico con­ti­nuará siendo la misma y con igual intensidad.

Así que­dará demos­trado que los impul­sos per­so­na­les, espe­cial­mente los que lle­van a accio­nes nega­ti­vas, no rin­den fru­tos. El odio es un sen­ti­miento infe­rior y dañino, más aun en polí­tica, espe­cial­mente cuando mues­tra a gober­nan­tes empe­ña­dos en con­so­li­dar regí­me­nes auto­crá­ti­cos y, cier­ta­mente, irresponsables.

Autor: Marcelo Ostria Trigo

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