Obama, la incógnita

Aún no aca­ban los fes­te­jos por el his­tó­rico triunfo elec­to­ral del can­di­dato demó­crata a la pre­si­den­cia de los Esta­dos Uni­dos, Barack Obama, cuando comien­zan a sur­gir los inte­rro­gan­tes de lo que su man­dato en el período 2009–2013 podría lle­gar a sig­ni­fi­car para los ciu­da­da­nos de Amé­rica latina.

Ibe­roa­mé­rica ha estado ausente en la cam­paña elec­to­ral, así como tam­poco ha estado pre­sente en la agenda del saliente pre­si­dente George W. Bush (2001–2009), quien con­cen­tró su polí­tica exte­rior en el Medio Oriente y Asia cen­tral. Los votan­tes his­pa­nos se vol­ca­ron mayo­ri­ta­ria­mente por el can­di­dato demó­crata, ya que su angus­tia prin­ci­pal reside en la incer­ti­dum­bre eco­nó­mica que se está viviendo en los Esta­dos Uni­dos desde el año pasado, y apos­ta­ron por el cam­bio de signo polí­tico. Pero estos votan­tes, de orí­ge­nes hete­ro­gé­neos y visio­nes dis­tin­tas, se preo­cu­pan por sus nece­si­da­des inme­dia­tas en el nuevo país de resi­den­cia, y no por la polí­tica exte­rior esta­dou­ni­dense hacia sus paí­ses de nacimiento.

¿Qué cabe espe­rar del nuevo pre­si­dente Obama, que asu­mirá el 20 de enero del 2009? En prin­ci­pio, todas las seña­les apun­tan a que la eco­no­mía esta­dou­ni­dense se cerrará al comer­cio con las nacio­nes lati­noa­me­ri­ca­nas. Obama, a dife­ren­cia de la admi­nis­tra­ción demó­crata de Bill Clin­ton, pro­ba­ble­mente no retome la aper­tura eco­nó­mica como una forma de inte­gra­ción con los veci­nos del Sur del con­ti­nente. Muy pro­ba­ble­mente se esmere por tener rela­cio­nes mucho más cor­dia­les que las que tuvo George W. Bush, qui­zás se reúna más seguido con los pre­si­den­tes lati­noa­me­ri­ca­nos, pero no mucho más que eso. Obama ha esgri­mido una retó­rica pro­tec­cio­nista durante la cam­paña, bus­cando atraer el sufra­gio de aque­llos que sen­tían una gran incer­ti­dum­bre ante la rece­sión eco­nó­mica en su país, así como por la tra­di­cio­nal vin­cu­la­ción demó­crata con los gran­des sin­di­ca­tos. Asi­mismo, la prio­ri­dad de la polí­tica exte­rior de Barack Obama tam­bién será el Medio Oriente, bus­cando cerrar las heri­das en Irak con un retiro pau­la­tino de las tro­pas y un mayor com­pro­miso y esta­bi­li­za­ción de la situa­ción en Afganistán.

Ante este replie­gue de los Esta­dos Uni­dos sobre sí mismo, a los lati­noa­me­ri­ca­nos les puede resul­tar una gran opor­tu­ni­dad para cen­trarse en las refor­mas eco­nó­mi­cas que le per­mi­tan ser cada vez más una región atrac­tiva a las inver­sio­nes, for­ta­le­ciendo la segu­ri­dad jurí­dica, el dere­cho de pro­pie­dad, las ins­ti­tu­cio­nes demo­crá­ti­cas y una polí­tica mone­ta­ria sana. Esto sig­ni­fi­ca­ría una visión de largo plazo, ten­diente a dina­mi­zar la eco­no­mía y gene­rar más y mejo­res opor­tu­ni­da­des para los sec­to­res más pos­ter­ga­dos. Sin embargo, la ten­ta­ción de corto plazo de los líde­res lati­noa­me­ri­ca­nos puede lle­gar a ser la inversa: apro­ve­char el cie­rre del mer­cado esta­dou­ni­dense para apli­car polí­ti­cas más esta­tis­tas e inter­ven­cio­nis­tas, que expan­di­rán el gasto público, lo que acen­tua­ría más el clien­te­lismo, la arbi­tra­rie­dad, la corrup­ción y la pobreza.

Barack Obama pro­me­tió cam­biar su país y el mundo: es de espe­rar que no sólo cai­gan las barre­ras de los pre­jui­cios étni­cos, sino tam­bién las fron­te­ras que no per­mi­ten la libre cir­cu­la­ción de per­so­nas, bie­nes e ideas.

Fuente: Cen­tro para la Aper­tura y el Desa­rro­llo de Amé­rica Latina (CADAL)

Fuente: El Diario Exterior.com

Autor: Ricardo López Göttig

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