- February 2012
- January 2012
- December 2011
- November 2011
- October 2011
- September 2011
- August 2011
- July 2011
- June 2011
- May 2011
- April 2011
- March 2011
- December 2010
- June 2010
- May 2010
- April 2010
- March 2010
- February 2010
- January 2010
- December 2009
- November 2009
- October 2009
- September 2009
- August 2009
- July 2009
- June 2009
- May 2009
- April 2009
- March 2009
- February 2009
- January 2009
- December 2008
- November 2008
- October 2008
- September 2008
- August 2008
- July 2008
- June 2008
- May 2008
- April 2008
- March 2008
- February 2008
- January 2008
- December 2007
- November 2007
- October 2007
- September 2007
- August 2007
- July 2007
- June 2007
- May 2007
- April 2007
- March 2007
- February 2007
- January 2007
- December 2006
- November 2006
- October 2006
- September 2006
- August 2006
- July 2006
- June 2006
- May 2006
Si alguno cree todavía…
Alguna vez escribí que el exceso de prudencia se parecía mucho a la cobardía.
Buscando afirmar mi pensamiento busqué la palabra cobardía, como era de esperar alguien más ya lo había expresado casi de igual manera.
Cobardía:
La cobardía es un vicio que comúnmente se considera como la degeneración de la prudencia, degeneración que lleva a toda anulación del valor.
La cobardía se puede considerar como un exceso de prudencia tal, que es incapaz de encarar consecuencias. La cobardía generalmente es vista con desprecio en la mayoría de las culturas, –si no es que en todas– mientras que lo contrario, el valor, se recompensa y se anima.
Dice William Shakespeare (1564–1616) Escritor británico.
Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez.
El enemigo aprovechó la desorganización de los hombres que los combatieron para atacarlos de otra manera.
Infiltrado en los partidos políticos ubicó sus huestes en puestos claves, al acecho esperó hasta que la oportunidad le fuera propicia.
El país sumido en un caos le presentó en bandeja casi por casualidad la mejor ocasión de lograr su cometido, un poderoso político llamado Duhalde que colocó a un ignoto Néstor Carlos Kirchner en la presidencia creyendo que podría manejarlo.
La desgracia ocupó el sillón de Rivadavia, casi sin ningún antecedente revolucionario apretado por el cobarde olvido de más de treinta años de los que alguna vez fueron sus compañeros, se hizo hijo putativo de la peor de las madres y nieto de la nunca abuela.
De tal familia adoptada sólo un engendro podía crecer, entre odios viejos, sangre negociada, hipocresía de humanos derechos canjeados por dinero, la historia retrocedió más de tres lustros.
La democracia jaqueada por políticos jugando a ser representantes del pueblo, se tiñó del totalitarismo rojo.
Un ejército que salvó a la Patria se entregó de a poco e inmoral se rinde su general subido a un banquito.
Pero la pregunta que lastima hondo es si un general es su ejército.
Esos hombres que arriesgaron sus vidas en los montes tucumanos, en las frías calles de cualquier ciudad, en las añoradas islas Malvinas o en la cercana Tablada ¿perdieron su valor?
Puede ser que la sorpresa inicial los haya inmovilizado pero pasado el tiempo alguna fibra interior debe haberse revelado ante tanta injusticia.
He aquí la cobardía de mirar para otro lado, de olvidar al camarada que luchó a su lado.
Total que importa que muera dentro de una cárcel que no merece, si gracias a ello estarán casi tranquilos en sus casas.
¡Idiotas! Creen que no vendrán por ellos.
El enemigo sabe que lo vencieron con las armas, esperó paciente tantos años para según sus propias palabras “vencer a la derrota” y creer que habrá perdón u olvido sólo cabe en la cabeza de un imbécil.
Si alguno cree que estas palabras son duras visite a cualquier camarada detenido por la injusticia.
Si alguno cree en la Justicia hable con su camarada preso.
Si alguno cree que escapará a la venganza vea a su camarada encarcelado.
Si alguno cree que la cobardía lo ocultará del enemigo tal vez tenga mucha suerte y así suceda pero no lo esconderá ante los ojos de su camarada, ni ante los de Dios.
Si alguno cree todavía en la Libertad, en esta tierra bendita que llamamos Patria, en el honor de defender nuestra Bandera, en la Constitución Nacional, en nuestros muertos asesinados por los terroristas, es hora de arrojar la cobardía de vuestros corazones y luchar por lo que alguna vez estuvieron dispuestos a dar hasta vuestras vidas.
No es valiente quien no teme sino quien domina su miedo.
Autor: Dario
Link Rss para esta publicación
Link permanente al articulo
Enviar a un amigo


















No hay comentarios en “Si alguno cree todavía…”
Porfavor espere...
Deje un comentario