Mensaje al Gobierno Argentino

Cinco refle­xio­nes sobre la Gue­rra con­tra el Terro­rismo del siglo pasado y los desa­fíos del presente

La Con­fe­ren­cia de Soli­da­ri­dad de los Pue­blos de Asia, África e Ibe­roa­mé­rica, más cono­cida como Con­fe­ren­cia Tri­con­ti­nen­tal de La Habana, que tuvo lugar en la capi­tal de Cuba entre el 3 y el 15 de enero de 1966, fue una impor­tante etapa de la revo­lu­ción comu­nista mun­dial. Asi­mismo, el punto de par­tida y la pla­ta­forma de lan­za­miento de la insu­rrec­ción marxista-leninista com­bi­nada en Ibe­roa­mé­rica y el marco de refe­ren­cia para las accio­nes de los movi­mien­tos terro­ris­tas en estas vas­tas regio­nes. La Tri­con­ti­nen­tal reunió repre­sen­ta­cio­nes de 70 paí­ses, 500 dele­ga­dos que repre­sen­ta­ban a gobier­nos, par­ti­dos lega­les y en la clan­des­ti­ni­dad, como tam­bién un número impor­tante de orga­ni­za­cio­nes terroristas.

Cuba quedó así trans­for­mada a tra­vés de las déca­das en el cen­tro con­ti­nen­tal de apoyo a orga­ni­za­cio­nes como Mon­to­ne­ros, Fuer­zas Arma­das Pero­nis­tas (FAP), Fuer­zas Arma­das Revo­lu­cio­na­rias (FAR), Utu­run­cos, Tupa­ma­ros y otros movi­mien­tos terro­ris­tas, a los que podría con­si­de­rarse como bra­zos eje­cu­to­res de una ver­da­dera “fuerza de inter­ven­ción” cas­tro­co­mu­nista en Iberoamérica.

Para­le­la­mente y con el correr de los años, anidó tam­bién en la región pero sobre todo en la Argen­tina la ame­naza trots­kista, a tra­vés del auto­de­no­mi­nado Ejér­cito Revo­lu­cio­na­rio del Pue­blo (ERP), brazo armado del Par­tido Socia­lista de los Tra­ba­ja­do­res (PST) y de la IV Inter­na­cio­nal, con base en el exte­rior, lo cual prueba la raíz inter­na­cio­na­lista y extra­te­rri­to­rial que se aba­tió con­tra nues­tro país.

La gue­rra anti­te­rro­rista fue en con­se­cuen­cia librada con­tra pla­nes per­ge­ña­dos desde el exterior-como bien dijo el Teniente Gene­ral Perón-, eje­cu­ta­dos por dife­ren­tes orga­ni­za­cio­nes que no tenían otro obje­tivo que la toma del poder para ins­tau­rar lo que ellos pro­cla­ma­ban como Patria Socia­lista. Pla­nes eje­cu­ta­dos simul­tá­nea­mente por orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas de dife­ren­tes orí­ge­nes, pero que esta­ban uni­das en torno al firme obje­tivo de coer­cer y/o derro­car al gobierno cons­ti­tu­cio­nal de Juan Domingo Perón, de su suce­sora María Estela Mar­tí­nez de Perón y, en el caso del ata­que con­tra el Regi­miento de La Tablada, diri­gido a pro­mo­ver una situa­ción caó­tica que pre­pa­rara las con­di­cio­nes para la caída del gobierno del Dr. Raúl R. Alfonsín.

Los epi­so­dios que hoy con­me­mo­ra­mos fue­ron tan solo cinco –inclu­yendo el ase­si­nato del Dr. Car­los Sacheri-, den­tro de una larga e impre­sio­nante can­ti­dad de acon­te­ci­mien­tos trá­gi­cos enca­de­na­dos y que lle­gan hasta el pre­sente sin solu­ción alguna de con­ti­nui­dad, frente a un marco glo­bal, regio­nal y domés­tico que sólo ofrece esce­na­rios ple­nos de desa­fíos y ame­na­zas para nues­tra con­ti­nui­dad his­tó­rica nacio­nal: terro­rismo glo­bal, cri­men orga­ni­zado trans­na­cio­nal y regio­nal, nar­co­te­rro­rismo, lavado de dinero de ori­gen cri­mi­nal, un pro­ba­ble redi­seño geo­po­lí­tico regio­nal y una poten­cial insu­rrec­ción neo­in­di­ge­nista en Iberoamérica.

No que­rría con­ti­nuar con esta alo­cu­ción, sin dejar al menos algu­nas de las pro­me­ti­das refle­xio­nes en las que intento reite­rar mi posi­ción, ya expuesta en con­fe­ren­cias y escri­tos anteriores:

La pri­mera refle­xión es sobre si hubo o no ese fenó­meno social que se deno­mina gue­rra, y en caso afir­ma­tivo si ella fue o no Justa.

Hoy se pre­tende negar la exis­ten­cia de una gue­rra, para pre­sen­tar a las fuer­zas arma­das y de segu­ri­dad, como per­se­gui­do­res en una cace­ría que tuvo por víc­ti­mas a jóve­nes idea­lis­tas inde­fen­sos. Sin embargo, la reali­dad está paten­ti­zada por las decla­ra­cio­nes públi­cas de las pro­pias orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas que pro­cla­ma­ban que su obje­tivo era lisa y lla­na­mente la toma por la fuerza del poder, y el esta­ble­ci­miento de una dic­ta­dura a seme­janza de la de Fidel Cas­tro. Al res­pecto, recor­de­mos la famosa frase del Che Gue­vara “La libe­ra­ción de Latino Amé­rica pasa por la mira del fusil”. Sin duda, hubo una gue­rra, ya que el obje­tivo era cla­ra­mente polí­tico: la pose­sión del poder den­tro del Estado. Y esta gue­rra, que la Cámara Fede­ral que juzgó a las Jun­tas Mili­ta­res, cali­ficó de “Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria”, se desa­rro­lló den­tro del esquema vigente a escala mun­dial durante el trans­curso de la gue­rra fría. Otra razón para negar la exis­ten­cia de la gue­rra radica en que de haberla, corres­pon­de­ría juz­gar los hechos ocu­rri­dos, apli­cando el Dere­cho de Gue­rra, que difiere del Dere­cho Común para tiempo de paz; en ese caso, que­da­ría sin sus­tento todo el anda­miaje en que están basa­dos muchos de los jui­cios actual­mente en curso.

La gue­rra anti­te­rro­rista no fue un fenó­meno exclu­si­va­mente argen­tino; en con­se­cuen­cia, las res­pues­tas polí­ti­cas y mili­ta­res ins­ti­tu­cio­na­les dadas por los gobier­nos jus­ti­cia­lis­tas con­tra la agre­sión externa e interna, se ajus­ta­ron en todo momento al ius­tus modus o modo justo que se requiere, con­forme a la doc­trina tra­di­cio­nal, tanto en sus aspec­tos decla­ra­ti­vos como eje­cu­ti­vos, para que las ope­ra­cio­nes mili­ta­res que­da­ran res­pal­da­das desde el inicio por una plena legi­ti­mi­dad de ori­gen. La legi­ti­mi­dad de ejer­ci­cio impo­nía que siguiera mere­ciendo la cali­fi­ca­ción de justa, para lo cual era menes­ter que el desa­rro­llo de las accio­nes en los dife­ren­tes tea­tros de la gue­rra interna, no entra­ñara males y des­ór­de­nes mayo­res que el daño que se inten­taba dete­ner y reparar.

El enemigo a com­ba­tir tenía su firme basa­mento en doc­tri­nas de Gue­rra Revo­lu­cio­na­ria, que más allá de sus pro­fun­das dife­ren­cias, coin­ci­dían en su natu­ra­leza “intrín­se­ca­mente per­versa”, en sus basa­men­tos con­cep­tua­les impíos e injus­tos, con­tra­rios al dere­cho natu­ral y que hasta hoy pre­ten­den cons­truir una huma­ni­dad sin Dios, des­po­jando al hom­bre de su liber­tad y hasta del dere­cho a edu­car a sus hijos, fuera de la podre­dum­bre del mate­ria­lismo dia­léc­tico que pre­ten­dían impo­ner­nos a tra­vés del terror. La toma del Estado y del poder esta­tal era para las fuer­zas terro­ris­tas el medio más efi­caz para con­se­guir su fin y por ello no debe­ría extra­ñar que inten­ta­ran herir de muerte a gobier­nos constitucionales.

El ase­si­nato del abanderado-mártir de los tra­ba­ja­do­res argen­ti­nos, José Igna­cio Rucci, cri­men de lesa huma­ni­dad desde cual­quier ángulo en que se ana­lice, había sido como tan­tos otros el punto de par­tida para que el enton­ces pre­si­dente Juan Domingo Perón –a quien tuve la opor­tu­ni­dad de entre­vis­tar en tres opor­tu­ni­da­des junto a otros jóve­nes del Movi­miento Jus­ti­cia­lista, a pro­pó­sito de la grave situa­ción del país-, decla­rara la gue­rra con­tra las orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas que ope­ra­ban en nues­tro territorio.

Luego del falle­ci­miento del Teniente Gene­ral Perón y ante el agra­va­miento de la situa­ción, espe­cial­mente en la pro­vin­cia de Tucu­mán, el Gobierno de la Pre­si­dente María Estela Mar­tí­nez de Perón dictó el Decreto Secreto Nº 261, del 5 de febrero de 1975, que orde­naba la acción mili­tar en dicha pro­vin­cia –con­ver­tida en bas­tión subversivo-, dando comienzo la Ope­ra­ción Inde­pen­den­cia. Este decreto dis­pone lo siguiente en su Artículo 1º:

El Comando Gene­ral del Ejér­cito pro­ce­derá a eje­cu­tar las ope­ra­cio­nes mili­ta­res que sean nece­sa­rias a efec­tos de neu­tra­li­zar y / o ani­qui­lar el accio­nar de los ele­men­tos sub­ver­si­vos que actúan en la Pro­vin­cia de Tucumán”.

El fenó­meno sub­ver­sivo seguía en ascenso en todas par­tes, lo que hizo que el 6 de octu­bre de 1975 el Dr. Italo Luder –en su carác­ter de Pre­si­dente Pro­vi­so­rio del Senado en ejer­ci­cio del Poder Eje­cu­tivo, por una licen­cia tem­po­ra­ria de la Sra. de Perón-, dic­tara los Decre­tos Nº 2770, 2771 y 2772  dis­po­niendo la inter­ven­ción de las FF.AA. en todo el terri­to­rio nacional.

El Decreto 2772/75 ante­rior­mente citado esta­ble­cía lo siguiente en su Artículo 1º:

Las Fuer­zas Arma­das, bajo el Comando Supe­rior del Pre­si­dente, que será ejer­cido a tra­vés del Con­sejo de Defensa, pro­ce­de­rán a eje­cu­tar las ope­ra­cio­nes mili­ta­res y de segu­ri­dad nece­sa­rias a los efec­tos de ani­qui­lar el accio­nar de los ele­men­tos sub­ver­si­vos en todo el terri­to­rio del país”.

Con refe­ren­cia al Decreto 261/75 basta su sola lec­tura, para com­pren­der que “neu­tra­li­zar y / o ani­qui­lar el accio­nar de los ele­men­tos sub­ver­si­vos”, impli­caba eli­mi­na­ción de la capa­ci­dad de com­bate de los terro­ris­tas, y no el exter­mi­nio de quie­nes se rin­die­ran o fue­ran toma­dos prisioneros.

Pero ade­más fue dic­tado el Decreto Nº 1.800 del 7 de julio de 1975, que orde­naba lo siguiente de manera taxativa:

Toda vez que, en la eje­cu­ción de ope­ra­cio­nes mili­ta­res anti­te­rro­ris­tas, la auto­ri­dad mili­tar deba poner a dis­po­si­ción del magis­trado fede­ral com­pe­tente a una per­sona dete­nida o a ele­men­tos secues­tra­dos como con­se­cuen­cia de dichas ope­ra­cio­nes, lo hará acom­pa­ñando las actua­cio­nes que en el orden mili­tar debe­rán labrarse con tal motivo, jun­ta­mente con las pie­zas pro­ba­to­rias si las hubiere”. Si bien este párrafo era enco­mia­ble en su espí­ritu, resul­taba difí­cil  su apli­ca­ción dada la situa­ción del momento y tam­bién por­que muchos juz­ga­dos se sen­tían ame­dren­ta­dos por las ame­na­zas per­ma­nen­tes de las orga­ni­za­cio­nes terroristas.

Merece tam­bién des­ta­carse el pro­yecto de ley sobre “Régi­men para la Defensa Nacio­nal”, enviado al Con­greso Nacio­nal y que ingresó a la Cámara de Dipu­tados el 21 de octu­bre de 1975, siendo girado a las Comi­sio­nes de Defensa Nacio­nal, de Asun­tos Cons­ti­tu­cio­na­les y de Legis­la­ción Penal. Al mar­gen de los pasos legis­la­ti­vos y del obs­truc­cio­nismo que encon­tró tal Pro­yecto en sec­to­res de la izquierda, el pro­yecto pro­po­nía decla­rar una “zona de emer­gen­cia” en caso de con­mo­ción interna grave, en la que podrían actuar las Fuer­zas Arma­das. Nue­va­mente se ponía énfa­sis en dar mayor garan­tía de los dere­chos de quie­nes fue­ran  toma­dos pri­sio­ne­ros, dado que el pro­yecto de ley afir­maba que, aun en las “zonas de emer­gen­cia”, segui­ría actuando el Juez Fede­ral com­pe­tente con todas sus facul­ta­des legales.

Quien escribe estas líneas, tes­tigo viviente de esos años trá­gi­cos que vivió nues­tro país, ame­na­zado de muerte por las orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas durante años, soli­citó como fun­cio­na­rio público a la enton­ces Pre­si­dente de la Nación, María Estela Mar­tí­nez de Perón, como consta en dia­rios de la época, que uti­li­zara todos lo recur­sos lega­les a su alcance, inclu­yendo la san­ción de la Ley Mar­cial, y el juz­ga­miento en jui­cios suma­rí­si­mos y el fusi­la­miento de aque­llos que fue­ran encon­tra­dos cul­pa­bles de accio­nes terroristas.

En cuanto al Gobierno Nacio­nal se refe­ría, exis­tió un extremo cui­dado en que la legi­ti­mi­dad de ejer­ci­cio no inva­li­dara de manera alguna el modo justo en que debía desa­rro­llarse la gue­rra con­tra el enemigo terro­rista. Fue ade­más y al mismo tiempo una res­puesta directa a las accio­nes que en el caso de una situa­ción cuasi anár­quica, desa­rro­lla­ban ile­gal­mente dife­ren­tes gru­pos que actua­ban sin que mediara orden alguna otor­gada secreta o públi­ca­mente por el Poder Eje­cu­tivo Nacional.

¡En lo que hace a si la “Gue­rra” fue “Justa”, desde ya que esa lo fue!

La segunda es si en la gue­rra con­tra el terro­rismo hubo un demo­nio o dos demonios.

Desde ya debe acla­rarse que la famosa frase de la exis­ten­cia de los “dos demo­nios” es de natu­ra­leza polí­tica y de uso perio­dís­tico, pero ale­jada en prin­ci­pio de cual­quier dis­qui­si­ción espe­cí­fica de carác­ter teo­ló­gico por parte de alguna auto­ri­dad reli­giosa res­pon­sa­ble.

Lo dicho en esta segunda refle­xión no es tam­poco una excep­ción a esa regla.


Un enemigo “intrín­se­ca­mente perverso”

Basta citar unas sabias fra­ses del Papa Pío XI en su Encí­clica “Divini Redem­pto­ris” (19 de marzo de 1937), para defi­nir cla­ra­mente la natu­ra­leza del enemigo a com­ba­tir y, de exis­tir alguna duda sobre la legi­ti­mi­dad de la res­puesta mili­tar del gobierno argen­tino de María Estela Mar­tí­nez de Perón, des­pe­jarla con esta magis­tral sentencia:

El comu­nismo es intrín­se­ca­mente per­verso y no se puede admi­tir que cola­bo­ren con él en nin­gún terreno los que quie­ren sal­var la civi­li­za­ción cris­tiana Y si algu­nos, indu­ci­dos al error, coope­ra­sen a la vic­to­ria del comu­nismo en sus paí­ses, serán los pri­me­ros en ser víc­ti­mas de su error”.

La natu­ra­leza del odio según los mis­mos comu­nistas

La “filo­so­fía” sobre el odio de Ernesto “Che” Gue­vara, fue uno de los prin­ci­pa­les gér­me­nes y fac­to­res de lucha que gene­ra­ron la terri­ble ola de vio­len­cia desatada en nues­tro país. Ense­ñaba exul­tante el mítico y sinies­tro personaje:

El odio como fac­tor de lucha, el odio intran­si­gente al enemigo, que impulsa más allá de las limi­ta­cio­nes natu­ra­les del ser humano y lo con­vier­ten en una efec­tiva, vio­lenta, selec­tiva y fría máquina de matar. Nues­tros sol­da­dos tie­nen que ser así, un pue­blo sin odio no puede triun­far sobre un enemigo brutal.”

No se explica enton­ces cómo pudo gene­rarse y mucho menos acep­tarse como de uso común una “teo­ría de los dos demo­nios”, com­pa­rando a orga­ni­za­cio­nes basa­das en doc­tri­nas “intrín­se­ca­mente per­ver­sas”, con la fuerza legí­tima desatada por el Estado Nacio­nal para ter­mi­nar con sus accio­nes y pro­vo­car la ren­di­ción incon­di­cio­nal del enemigo en el campo militar.

La ter­cera es si una madre del amor y del  dolor puede ser tam­bién madre del odio

Nin­guna mente asis­tida por la luz de la razón natu­ral debe­ría negar el dere­cho de una madre, de cual­quier madre, a sen­tir el más pro­fundo dolor por la muerte de un hijo, máxime si esta se pro­duce de manera vio­lenta como resul­tado de una gue­rra, en la que muchos caí­dos per­ma­ne­cen en el mundo en una tumba sin ape­llido ni nom­bre o en aque­llas lla­ma­das del “sol­dado desconocido”.

El dolor que surge ante la pér­dida de un bien, si se lo toma con un sen­tido cris­tiano de la vida y de la muerte, puede dar lugar a que surja lo mejor de sí en cual­quier madre y en muchas oca­sio­nes hasta el heroísmo; pero un dolor sin odio, sin ren­co­res, sin des­es­pe­ranza; ejem­plo que sin duda han dado las madres de las víc­ti­mas del terro­rismo. He cono­cido a muchas de estas y debo ser muy sin­cero al afir­mar que jamás pude per­ci­bir el más mínimo ren­cor y, mucho menos, seña­les de odio en nin­guna de ellas. Siem­pre resulta impor­tante con­fir­mar este tipo de con­clu­sio­nes con algún ejem­plo, y para ello nada mejor que citar un párrafo de la carta que Hebe de Ber­dina diri­gió a quie­nes mata­ron a su hijo, Sub­te­niente Rodolfo Her­nán Berdin-luego ascen­dido post-mortem a Teniente-, caído el 4 de sep­tiem­bre de 1975 en com­bate en el marco de la Ope­ra­ción Independencia:

No los mal­digo, les doy las gra­cias en nom­bre de él y de todos los héroes que deja­ron su vida por amor a Dios, a la Patria y a la fami­lia, por­que toda­vía ésa es la fe del sol­dado, ésa es su meta”.

El extremo opuesto radica en muje­res que por el con­tra­rio cie­rran su cora­zón, lo endu­re­cen y lo con­vier­ten en un “cen­tro de repul­sión” o “de rechazo” per­ma­nente como una forma de pro­testa, dando lugar a la envi­dia, al inmo­de­rado deseo de ven­ganza y a la inca­pa­ci­dad de valo­rar obje­ti­va­mente los hechos del pasado y del pre­sente, que tam­bién con­no­tan el camino hacia el futuro.

Así, hay algu­nas madres que han subs­ti­tuido el dolor y el amor por el odio, sumado a su adhe­sión a un ideo­lo­gismo radi­cal que sólo sirve para sem­brar en las nue­vas gene­ra­cio­nes las semi­llas de más enfren­ta­mien­tos arma­dos, de más desola­ción, de más angus­tias de las que vivi­mos y de más san­gre derra­mada en un futuro.

Esto se agra­va­ría, si quie­nes abre­van en el odio –irre­con­ci­lia­ble con el amor cristiano-, hacen de la muerte un nego­cio y con los medios obte­ni­dos fun­dan aca­de­mias del ren­cor y de la ven­ganza. No quiero que esto deje duda alguna: hago refe­ren­cia espe­cí­fica a Hebe Pas­tor de Bona­fini, al odio en que basa sus acti­vi­da­des, a sus malas obras y a sus alia­dos y adhe­ren­tes, muchos de ellos enquis­ta­dos en el Estado y el Gobierno Nacio­nal, que debe­rán hacerse res­pon­sa­bles ante Dios y ante la his­to­ria por el gra­ví­simo daño que se hace actual­mente a nues­tra patria.

Para estos últi­mos per­so­na­jes, ni una pizca de odio de parte de quien escribe esto, sino sola­mente ora­cio­nes a la Vir­gen San­tí­sima, Madre de todos los Dolo­res, de todas las Lla­gas, frente a su Hijo Cru­ci­fi­cado, para que ablande sus petri­fi­ca­dos cora­zo­nes y pue­dan evi­tarse así más des­gra­cias a la juven­tud argen­tina de las gene­ra­cio­nes actua­les y tam­bién de las venideras.

La cuarta es si sobre la gue­rra con­tra el terro­rismo hay Ver­dad y Justicia

La his­to­ria demues­tra que en toda gue­rra –pero mucho más en una gue­rra no con­ven­cio­nal como la desa­rro­llada en nues­tra patria-, exis­ten exce­sos repu­dia­bles y hasta repug­nan­tes, que debe­rían ser inves­ti­ga­dos y cas­ti­ga­dos debi­da­mente. No obs­tante, debe­ría impe­rar como con­di­ción pre­via una Jus­ti­cia inde­pen­diente del poder polí­tico y no un con­junto de magis­tra­dos que, salvo excep­cio­nes, han ayu­dado a demo­ler hasta los prin­ci­pios más bási­cos de la juris­pru­den­cia nacio­nal e inter­na­cio­nal­mente reco­no­cida, como se ha expli­cado en la refle­xión ante­rior sobre la Gue­rra Justa.

¿Cómo podría siquiera acep­tarse que la jus­ti­cia reina en nues­tro país, si el mismo Pro­cu­ra­dor Gene­ral, Dr. Este­ban Righi, estuvo com­pli­cado con la parte acu­sada de crí­me­nes de lesa huma­ni­dad, y ni siquiera por decoro resol­vió excu­sarse de cual­quier inter­ven­ción en el trá­mite judi­cial? Por el con­tra­rio, dio un dic­ta­men diri­gido a inter­fe­rir en las deman­das lega­les en los casos Viola y Larrabure.Con res­pecto a los deli­tos de lesa huma­ni­dad, la Corte Penal Inter­na­cio­nal, en el artículo 7° del Esta­tuto de Roma, apro­bado el 17 de Julio de 1998, define que se “enten­derá por «crí­me­nes de lesa huma­ni­dad» cual­quiera de los que se come­tan como parte de un ata­que gene­ra­li­zado o sis­te­má­tico con­tra una pobla­ción civil. El Esta­tuto mani­fiesta que se enten­derá por eso una línea de con­ducta que impli­que la comi­sión múl­ti­ple de actos (…) con­tra una pobla­ción civil, de con­for­mi­dad con la polí­tica de un Estado o de una orga­ni­za­ción de come­ter ese ata­que o para pro­mo­ver esa política.

Hasta que la ver­da­dera Jus­ti­cia reine de manera plena, en con­se­cuen­cia, será real­mente una misión impo­si­ble lograr la augusta admi­nis­tra­ción que esta merece, en fun­ción de algo supe­rior que es la equi­dad y que en la Argen­tina ha desaparecido.

Más allá de otras dis­qui­si­cio­nes jurí­di­cas, la res­puesta a esta cues­tión frente a las accio­nes cri­mi­na­les de las dife­ren­tes orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas, es que no exis­ten en nues­tro país ni Ver­dad ni Jus­ti­cia. Se impone en con­se­cuen­cia por delante la con­ti­nua­ción de todas las accio­nes polí­ti­cas y lega­les a nues­tro alcance, para que la Ver­dad sea cono­cida y la Jus­ti­cia impere final­mente en nues­tra Patria.

La quinta y última refle­xión es sobre si hay bases para una recon­ci­lia­ción futura

Un cono­cido y nunca arre­pen­tido, pero al menos sin­cero per­so­naje de la ultra­iz­quierda, Mar­tín Capa­rrós, escri­bió un artículo recien­te­mente, titu­lado “El peor acuerdo”, en el que reco­noce, luego de cali­fi­car de “men­tira cochina” decla­ra­cio­nes de Mario Fir­me­nich en las que decía que los Mon­to­ne­ros pelea­ban por la demo­cra­cia: “Enton­ces escribí que creía­mos muy sin­ce­ra­mente que la lucha armada era la única forma de lle­gar al poder, que incluso lo cantábamos:“Con las urnas al gobierno / con las armas al poder (…)”. Me indigné –con­ti­núa Capa­rrós– y, de tan indig­nado, quise escri­bir La volun­tad para con­tar quié­nes habían sido y qué que­rían real­mente los mili­tan­tes revo­lu­cio­na­rios de los años sesen­tas y seten­tas. Tam­bién afirma Capa­rrós que “es la misma fal­si­fi­ca­ción que se comete cuando se dice, como lo ha hecho Kir­ch­ner, que este gobierno pelea por rea­li­zar los sue­ños de aque­llos mili­tan­tes: esos sue­ños, está claro, eran muy otros”.

Siem­pre exis­ten bases para una recon­ci­lia­ción futura, aun­que ello impli­que reco­rrer un largo camino, tal como ocu­rrió en casos más com­ple­jos y espe­cial­mente entre los gobier­nos bri­tá­nico e irlan­dés y los par­ti­dos polí­ti­cos invo­lu­cra­dos en el añejo y san­griento con­flicto de Irlanda del Norte.

En el caso argen­tino las pri­me­ras semi­llas debe­rían ser sem­bra­das por quie­nes real­mente par­ti­ci­pa­ron de la gue­rra pasada. No por aque­llos que han apro­ve­chado la san­gre derra­mada por ambos ban­dos, para cons­truir un pro­yecto polí­tico per­so­nal y sec­ta­rio, como el ex Pre­si­dente Nés­tor C. Kir­ch­ner, que ha abierto para des­pre­cio de la his­to­ria, las heri­das pro­fun­das que habían comen­zado a cerrarse con el paso de los años.

Para lograr el reen­cuen­tro entre fuer­zas tan con­tra­pues­tas, resulta impe­ra­tivo obte­ner pri­mero la con­cor­dia de las volun­ta­des y luego la uni­dad en los pro­pó­si­tos y accio­nes, para arri­bar a una paz defi­ni­tiva que nos aleje defi­ni­tiva del caos y el peli­gro de desin­te­gra­ción nacio­nal que esta­mos enfrentando.

Aun­que sea reite­ra­tivo afir­marlo, la opción es pre­ci­sa­mente esa: uni­dad o desin­te­gra­ción nacional.

La Argen­tina podría hun­dirse en la mise­ria, el caos, la pér­dida de valo­res y la des­com­po­si­ción como socie­dad”, afirmó en 2005 un encum­brado pas­tor de la Igle­sia Cató­lica. Y este es el prin­ci­pal peli­gro que tene­mos frente a noso­tros: la des­com­po­si­ción como socie­dad y la pér­dida defi­ni­tiva de la Argen­tina como Nación sobe­rana e inde­pen­diente, inclu­yendo la hipó­te­sis de la pér­dida de nues­tra inte­gri­dad territorial.

Sin­ce­ra­mente, no se avi­zo­ran en este momento ni hechos por­ta­do­res de futuro, ni ten­den­cias nue­vas o pre­exis­ten­tes que per­mi­tan avi­zo­rar esce­na­rios que inclu­yan la con­cor­dia o la recon­ci­lia­ción defi­ni­tiva de todos los argentinos.

¿Qué otra cosa podría­mos espe­rar de fun­cio­na­rios que han tenido la san­gre fría de las ser­pien­tes, para sobre­vi­vir tan­tas déca­das con las manos man­cha­das de san­gre inocente como la de Paula Lam­brus­chini, Bea­triz Sasiaiñ de Cáce­res Monié y María Cris­tina Viola, y apa­re­cer ahora reci­cla­dos pro­po­nién­dose como cam­peo­nes uni­ver­sa­les de los dere­chos humanos?

¿Es que puede con­si­de­rarse algo más que una bofe­tada en la cara de las fami­lias de las víc­ti­mas del terro­rismo de Argen­tina, ver que la Secre­ta­ría de Estado encar­gada de defen­der supues­tos “dere­chos huma­nos”, tiene a su frente nada más y nada menos a quien como Eduardo Luis Duhalde per­te­ne­ció a una de las ban­das de ase­si­nos, asal­tan­tes de ban­cos y secues­tra­do­res que tanto daño hicie­ron a nues­tro país?

¿Qué fru­tos podría­mos espe­rar de algu­nos diri­gen­tes polí­ti­cos que, en lugar de pro­veer a la cons­truc­ción de una paz basada en el orden, se han con­ver­tido en divi­so­res impla­ca­bles de la fami­lia argen­tina, y en eje­cu­to­res de pla­nes sin escrú­pu­los que no tie­nen límite ni en la inten­si­dad ni en el tiempo?

Podría afir­marse sin duda alguna que espe­rar fru­tos de un árbol seco y car­co­mido hasta sus raí­ces, sería como pre­ten­der que un edi­fi­cio pudiera sos­te­nerse sin cimien­tos ni columnas.

Sin embargo, hay mucho para hacer y pronto, antes que sea dema­siado tarde y nos lo deman­den las gene­ra­cio­nes venideras.

Fuente: www.horaciocalderon.com

Autor: Horacio Calderón

Analista Internacional

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


No hay comentarios en “Mensaje al Gobierno Argentino”  

Deje un comentario