Mensaje de Navidad 2008
de Mons. Luis Villalba, Obispo de Tucumán

La Venida de Cristo

“Yo he venido para que ten­gan Vida y la ten­gan en abundancia“

(Jn. 10,10).

1. Navi­dad sig­ni­fica la venida de Cristo al mundo, es decir, la Encar­na­ción del Verbo de Dios, que se hace hom­bre y habita entre nosotros.

Navi­dad es Dios con noso­tros, Dios para nosotros.

Navi­dad es un mis­te­rio del amor de Dios, en Cristo, hacia noso­tros: “Noso­tros hemos cono­cido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn. 4,16).

2. ¿Y para qué vino Dios al mundo?

Vino para sal­var­nos, para que ten­ga­mos vida: “Yo he venido para que ten­gan Vida y la ten­gan en abun­dan­cia” (Jn. 10,10).

El hom­bre no es per­fecto, es un ser esen­cial­mente nece­si­tado de sana­ción, de ple­ni­tud, de per­fec­ción, de salvación.

Cristo es nues­tro Salvador.

3. El docu­mento de Apa­re­cida nos recuerda que Jesu­cristo vino al mundo para hacer­nos “par­tí­ci­pes de la natu­ra­leza divina” (2 Ped. 1,4), a par­ti­ci­par­nos de su pro­pia vida. Es la vida tri­ni­ta­ria del Padre, del Hijo y del Espí­ritu Santo, la vida eterna (nº 348).

Jesu­cristo es ple­ni­tud de vida que eleva la con­di­ción humana a con­di­ción divina para su gloria.

La Navi­dad, fiesta reli­giosa, tiene una pro­funda rela­ción con el des­tino de la vida humana.

La vida nueva de Jesu­cristo toca al ser humano entero y desa­rro­lla en ple­ni­tud la exis­ten­cia humana: “en su dimen­sión per­so­nal, fami­liar, social y cul­tu­ral” (Bene­dicto XVI, Dis­curso inau­gu­ral en Apa­re­cida, 4).

La vida en Cristo sana, for­ta­lece y humaniza.

Pero las con­di­cio­nes de vida de muchos exclui­dos de la socie­dad con­tra­di­cen este pro­yecto de Dios e inter­pe­lan a los cre­yen­tes a un mayor com­pro­miso por la cul­tura de la vida.

Hoy son muchos los ros­tros sufrien­tes que nos due­len: jóve­nes sin opor­tu­ni­da­des de estu­dios ni de tra­bajo; fami­lias que viven en la mise­ria; el tra­bajo infan­til; los niños de la calle; los adic­tos dependientes.

Cristo quiere una vida plena y digna para todos.

El cris­tiano debe derra­mar a rau­da­les la vida sobre el mundo de hoy.

Les deseo que ten­gan una ¡Muy Feliz Navi­dad! Dios los bendiga.

Fuente: Periodismo de Verdad

Autor: Mons. Luis H. Villalba

Arzobispo De Tucumán

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2 Comentarios en “Mensaje de Navidad 2008
de Mons. Luis Villalba, Obispo de Tucumán”  

  1. 1 martin

    bue­nos dia gra­cias por el men­saje nos hace bien en estos tiempo difi­cile donde la unica sal­va­cion es el crea­dor gra­cias mar­tin de haiti

  2. 2 jose antonio

    paz, honor y glo­ria en cristo nues­tro salvador.…

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