¿Para qué publicidad oficial?

El fallo que favo­rece a Edi­to­rial Per­fil por la dis­tri­bu­ción de la publi­ci­dad ofi­cial viene a res­pon­der a la uti­li­za­ción de fon­dos extraí­dos al público mediante mora­lina y vio­len­cia fis­cal, con un cri­te­rio fac­cioso, una con­ducta que se observa con nor­ma­li­dad desde los tiem­pos de Eduardo Duhalde y con más inten­si­dad a par­tir de la lle­gada del hiper­duhal­dista Nés­tor Kir­ch­ner al poder. El uso del estado en bene­fi­cio pro­pio, en esta y todas las demás cues­tio­nes, desde el manejo de las ayu­das del tesoro a la uti­li­za­ción de los avio­nes ofi­cia­les, es la carac­te­rís­tica coti­diana del gobierno que encantó y defen­dió la patria perio­dís­tica pro­gre que muchos incau­tos toma­ron como la fis­ca­lía alter­na­tiva de la repú­blica. El mismo gobierno que llegó el pri­mer día con un fal­tante de 600 millo­nes de dóla­res de Santa Cruz.

Esto último es lo más impor­tante de la situa­ción. Más que el uso fac­cioso de los fon­dos públi­cos, a quie­nes se com­pró todos estos años. Qué silen­cios con­vir­tie­ron al país del gobierno electo más tram­poso, men­ti­roso y auto­ri­ta­rio, en un par­que de diver­sio­nes en el que los noti­cie­ros habla­ron, y en gran medida se dedi­can a hablar aún, de estu­pi­de­ces. A quie­nes se com­pró para que des­a­pa­re­cie­ran los deba­tes polí­ti­cos de tele­vi­sión abierta pri­mero y des­pués del cable, cuanto costó que los fer­nan­dez se dedi­ca­ran tanto tiempo, y aún lo haga el que queda, a que­jarse cua­les clien­tes indig­na­dos cada vez que alguna media ver­dad se des­li­zaba entre tan­tas fal­se­da­des. Por qué tanto bobo pobló los medios con bullan­gue­ría y se hicie­ron tan­tas estre­llas con madera balsa. El pro­blema menor es cuánto se le negó a Perfil.

Y el otro punto impor­tante, la cues­tión de fondo diría, es que el país casi no nece­sita publi­ci­dad ofi­cial. Mien­tras la haya tiene que dis­tri­buirse de tal modo que no impli­que una induc­ción de opi­nio­nes o infor­ma­cio­nes que con­ven­gan al poder. Pero la única fun­ción de esa publi­ci­dad es que la pobla­ción tenga infor­ma­ción que nece­sita, la pobla­ción reitero, sobre medi­das de gobierno (lo que hoy se puede lograr casi sin gas­tar recur­sos). Ese dinero no puede ser uti­li­zado para pro­pa­ganda. El sólo uso de fra­ses tales como “el gobierno res­ponde” o “la Argen­tina tra­baja y avanza” implica una mal­ver­sa­ción de fon­dos públi­cos. Y si el Con­greso auto­ri­zara tal cosa, una vio­la­ción al artículo 29 de la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal cas­ti­gada con la pena de la traición.

Pero esto claro, redu­ci­ría mucho el mer­cado de medios ¿Y? El pro­blema no es que haya muchos medios, y menos para que haya muchos maju­les y syl­ves­tres haciendo de la nada una mues­tra de “serie­dad”. El pro­blema es que haya liber­tad de expre­sión y que nos ente­re­mos de lo que nece­si­ta­mos, noso­tros, ente­rar­nos. Que haya más medios de los que el mer­cado, es decir la ciu­da­da­nía, quiera es un aten­tado a la liber­tad de expre­sión y a la cir­cu­la­ción de la infor­ma­ción sin inter­fe­ren­cias. Uno debe tomarse el tra­bajo de hur­gar entre muchas ope­ra­cio­nes para ente­rarse cuando se le dice la ver­dad y los cos­tos de pro­duc­ción perio­dís­tica cre­cen con la demanda de los que tie­nen acceso a fon­dos públi­cos importantes.

El resto es sim­ple delito; delito del que han sido cóm­pli­ces muchos mer­ca­de­res de la hones­ti­dad tru­cha que tanto o más daño le hacen al país que los corrup­tos convencidos.

Fuente: No me parece

Autor: José Benegas

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