Solzhenitsyn Pensamiento, vida y obra

Pre­sen­ta­mos un exce­lente tra­bajo bio­grá­fico de Pablo López Herrera, cuya publi­ca­ción cons­tará de tres entre­gas. En la edi­ción de hoy :

*Intro­duc­ción

*Seis vidas en una

*Infan­cia y juven­tud 1918–1940

Índice

Intro­duc­ción *

Seis vidas en una*

Infan­cia y juven­tud 1918–1940 -*

La gue­rra 1940–1945

La cár­cel y el exi­lio inte­rior 1945–1956

Escri­tor y ciu­da­dano 1956–1974

Un exi­lio crea­tivo y com­ba­tivo 1974–1994

De vuelta en Rusia 1994–2008

Epí­logo

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Intro­duc­ción

Así como la llu­via y la nieve des­cien­den del cielo y no vuel­ven a él sin haber empa­pado la tie­rra, sin haberla fecun­dado y hecho ger­mi­nar, para que dé la semi­lla al sem­bra­dor y el pan al que come, así sucede con la pala­bra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí esté­ril, sino que rea­liza todo lo que yo quiero y cum­ple la misión que yo le enco­mendé.” (Libro de Isaías 55,10–11)

Aún no ha trans­cu­rrido un año desde la muerte de Solz­he­nitsyn. Uno de los gigan­tes del siglo pasado en la eterna lucha por un mundo de hom­bres libres. Uno de los raros hom­bres que pudo hacer de buena fe un giro inte­lec­tual de 360 ° y que­dar apun­tando otra vez hacia el norte. Un hom­bre que mos­tró en la prác­tica la impor­tan­cia, el poder y el efecto de la lucha de ideas bien lle­vada. Un maes­tro en el arte de superar obs­tácu­los apa­ren­te­mente infran­quea­bles. Una espe­cie de guía de alta mon­taña, de cade­nas de cimas aún inex­plo­ra­das hasta que él mismo las reco­rrió palmo a palmo –volun­ta­ria e invo­lun­ta­ria­mente– para mos­trar­nos un camino posi­ble hacia nue­vos y dife­ren­tes hori­zon­tes, hacia tie­rras igno­tas, a una huma­ni­dad can­sada de repe­tir expe­rien­cias y de vagar sin éxito por cami­nos de un supuesto cre­ci­miento inde­fi­nido y de inter­mi­na­bles desa­rro­llos cien­tí­fi­cos, eco­nó­mi­cos y tec­no­ló­gi­cos, harta de explo­rar la glo­ri­fi­ca­ción de la mate­ria y el cuerpo, hedo­nista, dedi­cada masi­va­mente a con­su­mir indi­vi­dual­mente luego lo que ha ins­ti­tuido como con­sumo obli­ga­to­rio, como lo hace con los depor­tes de masas, luego de haber implan­tado la masi­fi­ca­ción del deporte, y como se dis­trae rea­li­zando turismo de masas luego de haber ins­ta­lado la masi­fi­ca­ción del turismo en el mundo.

¿A quién no le hubiera gus­tado dis­po­ner de una “cámara oculta” para poder acce­der desde aden­tro a los cam­bios pro­du­ci­dos por la revo­lu­ción rusa? ¿A quién no le hubiera gus­tado pasar horas y horas escu­chando los rela­tos sobre el reem­plazo de una cul­tura y de un sis­tema polí­tico como el zarista a uno radi­cal­mente dife­rente como el soviético?

Las obras de Ale­xandr Solz­he­nitsyn cons­ti­tu­yen esa “cámara oculta” que nos abre una ven­tana sobre ese nuevo mundo iné­dito de la revo­lu­ción radi­cal que se desa­rro­lló en Europa orien­tal a lo largo de casi todo un siglo, mien­tras en Occi­dente, en un marco de mayor liber­tad indi­vi­dual y libre pen­sa­miento, con la prin­ci­pal excep­ción de la Ale­ma­nia nazi, se libraba la pri­mera gue­rra mun­dial con su secuela de post gue­rra, la cri­sis del 30, la gue­rra civil espa­ñola, la segunda gue­rra mun­dial (en aso­cia­ción ya con la URSS esta­li­nista), el mila­gro de la recons­truc­ción, la segunda post gue­rra, el ciclo de mayor desa­rro­llo eco­nó­mico de la his­to­ria, la for­ma­ción del mer­cado común euro­peo, la cri­sis del petró­leo, la gue­rra fría, etc. etc.

En ese mundo dife­rente se llevó a cabo una gue­rra de cla­ses con el con­fe­sado pro­pó­sito de hacer des­a­pa­re­cer del mapa a una de ellas que­dando las “van­guar­dias” de la que sobre­vi­vió a cargo de la más feroz dic­ta­dura, sin poder sus habi­tan­tes durante lar­gas déca­das cir­cu­lar, emi­grar o plan­tear un sis­tema alternativo.

Solz­he­nitsyn nos narra en sus escri­tos los deta­lles de esas trans­for­ma­cio­nes, y nos trans­mite en pri­mera per­sona sus expe­rien­cias, habiendo tomado la deci­sión de escri­bir su deta­llado tes­ti­mo­nio de la época. Pero ade­más de escri­bir, Ale­xan­der Solz­he­nitsyn fue uno de los prin­ci­pa­les líde­res mun­dia­les en la lucha con­tra esa revo­lu­ción mar­xista lle­vada a cabo en Rusia y expor­tada luego al mundo y toda­vía no ven­cida total­mente, aún en los albo­res del siglo XXI. Por­que Solz­he­nitsyn se decide ade­más de escri­bir, a enfren­tar al sis­tema con toda su mente, con todo su cora­zón y con toda la fuerza de una inte­li­gen­cia pri­vi­le­giada y un coraje sin par.

Así, Solz­he­nitsyn fue un gran escri­tor, un gran hom­bre polí­tico y el cons­truc­tor de una visión del mundo no tan cono­cida toda­vía, cons­truida pri­mero a par­tir de una for­ma­ción cris­tiana, luego de con­vic­cio­nes orto­do­xa­mente mar­xis­tas, y final­mente con su pro­pio pen­sa­miento, “otra vez en la casa del Padre”, a par­tir de una expe­rien­cia humana única.

Para dimen­sio­nar al escri­tor, habría que pen­sar en una com­bi­na­ción de Bal­zac, Tols­toi, Sha­kes­peare y Aris­tó­te­les, con muchos de los atri­bu­tos de cada uno de ellos.1 Para el polí­tico, baste decir que con Juan Pablo II, Walesa y Reagan cons­ti­tu­ye­ron el núcleo del frente que ero­sionó al mar­xismo sovié­tico y que, suma­dos al dete­rioro del pro­pio sis­tema a par­tir de sus pro­pios fra­ca­sos y su con­tra­dic­ción con la natu­ra­leza humana, con­tri­bu­ye­ron a la caída de la Cor­tina de Hierro.

Pero a todo eso, Solz­he­nitsyn agregó un aná­li­sis gene­ral del mundo y del hom­bre del Siglo XX, par­tiendo desde una óptica rusa, que se encuen­tra entre las pági­nas que cons­ti­tu­yen su legado, y que puede ser apre­ciado desde lejos –como es posi­ble apre­ciar la cate­dral de Char­tres desde el campo– y desde cerca a la dis­tan­cia que per­mite la lec­tura deta­llada de sus escritos.

Un tra­duc­tor suyo, define a sus libros como cate­dra­les. Yo pre­fiero con­tem­plar toda su obra como una sola cate­dral medioe­val, como una sola cons­truc­ción lite­ra­ria colo­sal, que con­voca a la pere­gri­na­ción. Allí, una vez en su inte­rior, cada pere­grino podrá encon­trar su pro­pio camino a tra­vés de un com­pleto y deta­llado aná­li­sis de la reali­dad que le irá plan­teando el escri­tor, en sus sen­ti­dos his­tó­rico, humano, social y espi­ri­tual, a con­di­ción de tener un espí­ritu abierto y el “ojo del cora­zón” (ocu­lus cor­dis) dis­po­ni­ble para bucear en las pro­fun­di­da­des del conocimiento.

Uno de los esco­llos que pre­senta este autor, es que defi­ni­ti­va­mente no es para lec­to­res de best sellers o apu­ra­dos. La mayo­ría de los jui­cios que han cir­cu­lado sobre su obra no están sus­ten­ta­dos en su lec­tura, indis­pen­sa­ble para poder acer­carse al autor, lo que ha con­tri­buido a for­mar creen­cias no fun­da­das, par­ti­cu­lar­mente sobre sus opi­nio­nes polí­ti­cas. Y muchos de los perio­dis­tas y comen­ta­ris­tas que sobre el han escrito, es evi­dente que han creído cono­cerlo sin leerlo con la nece­sa­ria pro­fun­di­dad y dete­ni­miento,  trans­mi­tiendo imá­ge­nes fal­sas o par­cia­les por sim­ple des­co­no­ci­miento. 2

Los innu­me­ra­bles jui­cios sin fun­da­mento sobre su obra y su per­sona obe­de­cie­ron en algu­nos a una clara inten­cio­na­li­dad polí­tica e ideo­ló­gica: y en otros, a una super­fi­cia­li­dad pro­pia de la época o a un escaso tra­bajo de lec­tura y de aná­li­sis, dada la com­ple­ji­dad de los temas que trata, lo monu­men­tal y com­plejo de su obra, que deriva tanto de la diver­si­dad de temas como de las for­mas lite­ra­rias que utiliza.

Con voca­ción e ins­tru­men­tos inte­lec­tua­les de “alta mon­taña”, para seguirlo hay que ir ascen­diendo tras su hue­lla, sin ade­lan­tarse. Para abar­car su obra, hay que estar dis­puesto a esca­lar la mon­taña hasta donde uno pueda lle­gar, con la con­fianza de ser lle­vado por un guía simi­lar a los ser­pas que pasan los ocho mil metros con una carga que a todo ser nor­mal le resul­ta­ría impo­si­ble lle­var en la sim­ple lla­nura, y ayu­darlo de paso al explo­ra­dor menos experto.

Con esa dis­po­si­ción, es de una ines­ti­ma­ble uti­li­dad la orien­ta­ción de Solz­he­nitsyn para pen­sar tanto nues­tra época como la que se nos acerca a pasos ace­le­ra­dos. Con su doble tes­ti­mo­nio de vida y de escri­tor nos enseña, qui­zás sin haberlo creído el mismo, que qui­zás es posi­ble toda­vía apren­der algo de la expe­rien­cia ajena…

Orien­tado a la acción desde muy joven, se forma para una bri­llante carrera inte­lec­tual. Orgu­lloso de su fuerza, de su capa­ci­dad y de los logros que va alcan­zando, crece al mismo tiempo en la pobreza mate­rial y some­tido a pri­va­cio­nes eco­nó­mi­cas, abso­lu­ta­mente con­cen­trado en sus obje­ti­vos, capaz de abar­car desde lo pequeño hasta lo uni­ver­sal, seguro de las cer­te­zas que va adqui­riendo y al mismo tiempo abierto a incor­po­rar otras nue­vas en la medida que lo convenzan.

La heren­cia inte­lec­tual de Solz­he­nitsyn es de una mag­ni­tud aún no sope­sada por la inte­lec­tua­li­dad occi­den­tal. Los millo­nes de libros ven­di­dos, son como semi­llas al viento que espe­ran aún caer en tie­rra fér­til para ger­mi­nar y pro­du­cir fru­tos en abundancia.

Edu­cado en el amor por su patria, la con­vul­sio­nada época que le toca vivir y los acon­te­ci­mien­tos por los que tiene que atra­ve­sar (a pesar suyo) lo pre­ci­pi­tan a un pro­ta­go­nismo his­tó­rico que va for­jando su voca­ción de pen­sa­dor, de escri­tor y de intelectual-político; un ver­da­dero “think tank” ambulante…

La pro­fun­di­dad de los dra­mas de su país, la revo­lu­ción, la gue­rra, la pér­dida de la liber­tad, la con­vi­ven­cia for­zosa con lo mejor y lo peor del ser humano, su pesi­mismo rea­lista res­pecto del hom­bre del siglo XX y final­mente el cán­cer, son hechos que le van demos­trando la impo­si­bi­li­dad de encon­trar solu­cio­nes de fondo que no inclu­yan la tras­cen­den­cia de la per­sona, la con­cien­cia de la pro­vi­den­cia de Dios res­pecto de cada ser creado, y el “acom­pa­ña­miento” per­so­nal del Crea­dor a cada hom­bre durante su vida.

Todo este camino se resume en seis estro­fas de una poe­sía suya escrita en el  momento de su conversión:

¿Cuándo esparcí la buena simiente al viento

como si fuera paja

y rechacé aque­llos templos

en que fui acu­nado por Tus jubi­lo­sos himnos?

Mi des­lum­brante sabi­du­ría cose­chada en los libros

resultó más de lo que este arro­gante cere­bro podía soportar.

El mundo se exten­día ante mí con sus secretos

y el des­tino era sim­ple cera en mis manos.

Cada nueva oleada de san­gre batiendo en mi interior

me ten­taba con su des­lum­brante clamor

mien­tras la fe de mi cora­zón se derrum­baba en silencio

como un edi­fi­cio aban­do­nado, des­ti­nado a la ruina.

Pero eli­giendo mi camino entre la vida y la extinción

ahora cayendo, ahora levantándome,

con­tem­plo con nue­vos ojos la vida que una vez seguí

y con­tem­plán­dola, me estre­mezco de agradecimiento.

No fue mi inte­lecto, ni mi deseo,

lo que deter­minó cada vuelta del camino

Sino la firme y cons­tante luz de un desig­nio Superior

que solo con el tiempo pude captar.

Y ahora, mien­tras bebo con nueva moderación

de las vivi­fi­ca­do­ras aguas, veo

que mi fe ha sido res­tau­rada, ¡Oh Señor de la Creación!

Renun­cié a ti, pero tú per­ma­ne­ciste a mi lado.

Seis vidas en una

La vida de Solz­he­nitsyn puede ser divi­dida en seis eta­pas, cla­ra­mente sepa­ra­das entre sí por acon­te­ci­mien­tos aje­nos a su volun­tad, que le plan­tea­ron cada una de ellas un nuevo esce­na­rio. Ade­más cada uno de los perio­dos fue de una riqueza extra­or­di­na­ria, tanto en cuanto a las expe­rien­cias que le toco vivir, como a la enver­ga­dura de los com­pro­mi­sos que fue asu­miendo a cada momento.

El pri­mer período trans­cu­rre en los pri­me­ros vein­ti­dós años de vida del escri­tor, y abarca desde su naci­miento en 1918 hasta 1940. Solz­he­nitsyn nace cuando la revo­lu­ción de 1917 se ha pro­du­cido, y pasa su infan­cia y pri­mera juven­tud en el marco de la gue­rra civil de afian­za­miento del comu­nismo. En este período Solz­he­nitsyn es mar­cado por el fuerte y cohe­rente con­texto fami­liar, del que recibe el gusto por la lite­ra­tura trans­for­mado rápi­da­mente en voca­ción. Tam­bién es recep­tor de la tra­di­ción de las prác­ti­cas reli­gio­sas que for­ma­ban parte de la heren­cia de su hogar. Esta es reem­pla­zada en su tem­prana juven­tud por el mar­xismo leni­nismo. Crece y se educa en las pri­me­ras cama­das de “hijos de la revo­lu­ción” como estu­diante y mili­tante comu­nista. Cuando está ter­mi­nando sus estu­dios uni­ver­si­ta­rios, se des­en­ca­dena la gue­rra, con lo que ter­mina este ciclo abruptamente.

La segunda etapa abarca el período de la gue­rra, que trans­cu­rre entre 1940 y 1945, en los que Solz­he­nitsyn pasa de los vein­ti­dós a los vein­ti­siete años. Comienza como sol­dado y luego es for­mado como ofi­cial, teniendo la opor­tu­ni­dad de incor­po­rar los cono­ci­mien­tos de estra­te­gia y tác­tica con inme­diata apli­ca­ción prác­tica, así como el manejo de hom­bres en el máximo con­texto de incer­ti­dum­bre y riesgo posi­ble: la gue­rra pura y dura. La expe­rien­cia de la gue­rra marca pro­fun­da­mente al escri­tor y ha que­dado vol­cada en forma muy pro­funda y deta­llada en sus obras.

La ter­cera etapa trans­cu­rre desde 1945 hasta 1956 y en ella pasa Solz­he­nitsyn desde los vein­ti­siete hasta los treinta y ocho años. A nadie se le ocu­rri­ría que un mili­tar con­de­co­rado en la lucha por su patria podría ser encar­ce­lado por una opi­nión per­so­nal ver­tida en una carta pri­vada a un amigo. A nadie, salvo a un comu­nista… Por este “delito” de opi­nión Solz­he­nitsyn es “juz­gado” y con­de­nado rápi­da­mente al final de la gue­rra. Es arro­jado así impre­vis­ta­mente a con­vi­vir por lar­gos y duros años con las “vic­ti­mas” del sis­tema, en nue­vas cir­cuns­tan­cias radi­cal­mente dife­ren­tes a las vivi­das con ante­rio­ri­dad. El shock que recibe es de tal mag­ni­tud que a la voca­ción que ya tenía de ser un escri­tor de la his­to­ria de la revo­lu­ción,  se le agrega una nueva “misión”: la de trans­mi­tir a sus com­pa­trio­tas y al mundo el cono­ci­miento y la expe­rien­cia del Gulag, de un modo com­pleto y docu­men­tado. Por este período de su vida es qui­zás por el que Solz­he­nitsyn es más cono­cido. Pasa los pri­me­ros ocho años en el Gulag, y en el exi­lio inte­rior los tres siguien­tes, que luego de los cam­pos de con­cen­tra­ción le per­mi­tie­ron “recu­pe­rarse” y pre­pa­rarse para la intensa lucha que le espe­raba, mien­tras cul­mina tam­bién su tra­ta­miento del cáncer…

Desde 1956 hasta 1974 trans­cu­rren desde los treinta y ocho años hasta los cin­cuenta y seis del escri­tor. En esta cuarta etapa, Solz­he­nitsyn desa­rro­lla una febril acti­vi­dad, cen­trada en la capi­tal rusa. Pone en prác­tica su estra­te­gia, lan­zando una habi­lí­sima cam­paña donde entran en juego sus ideas, sus escri­tos y su per­sona con­tra el tota­li­ta­rismo sovié­tico. Plan­tea la bata­lla desde atrás de las líneas enemi­gas, difun­diendo sus obras de una manera dosi­fi­cada, lo que le per­mite alcan­zar den­tro del sis­tema gran noto­rie­dad como escri­tor. Sus cer­te­ros y mor­tí­fe­ros ata­ques no fue­ron detec­ta­dos de entrada por el con­junto del sis­tema, que luego no lo pudo dete­ner, o con­tro­larlo siquiera, sin pro­vo­car un escán­dalo inter­na­cio­nal. Opta­ron por expul­sarlo de la Unión Sovié­tica como mal menor para el régi­men. En esta etapa, Solz­he­nitsyn se hace cono­cer en ple­ni­tud y en pro­fun­di­dad en el mundo entero, de un modo gra­dual e irreversible.

Los veinte años que van de 1974 a 1994, son los únicos de su vida que pasa Solz­he­nitsyn fuera de Rusia, y en ellos trans­cu­rre su vida desde los cin­cuenta y seis hasta los setenta y seis, la “quinta etapa” de un largo reco­rrido… En este quinto período de su exis­ten­cia, se difun­den sus obras y se con­sa­gra como escri­tor de cali­bre uni­ver­sal, mien­tras en su refu­gio de Ver­mont pro­si­gue escri­biendo y escri­biendo, con algu­nas inte­rrup­cio­nes para dar con­fe­ren­cias, entre­vis­tas y via­jes. Tam­bién es la época de mayor feli­ci­dad fami­liar en la que educa a sus tres hijos. A dife­ren­cia de Tols­toi que –ya céle­bre– era un icono viviente3, Solz­he­nitsyn opta por la dis­cre­ción y el encie­rro volun­ta­rio, para poder con­ti­nuar su obra, que era el fin de su vida. En este período con­si­gue nueva docu­men­ta­ción para sus obras y le es dado cono­cer los aspec­tos más posi­ti­vos y nega­ti­vos de Occi­dente de pri­mera mano. Entre otras expe­rien­cias, se va desilu­sio­nando por la super­fi­cia­li­dad y bús­queda de impacto de los perio­dis­tas de los gran­des medios, ávidos de efec­tismo, y de noto­rie­dad por sobre la bús­queda de la ver­dad. Como “diri­gente social” tra­baja con espe­ran­zas para la recons­truc­ción de Rusia brin­dando sus apor­tes sobre el final de la Unión Soviética.

La sexta y última etapa arranca en 1994 y a los setenta y seis, edad a la que cual­quier per­sona corriente ya está lar­ga­mente “reti­rada”. Solz­he­nitsyn vuelve a su Rusia natal, para pasar los últi­mos años de su vida tra­ba­jando en la cul­mi­na­ción de su obra lite­ra­ria e inten­tando hacer sus apor­tes “in situ” para la recons­truc­ción de Rusia. Pasa­rán catorce años hasta su muerte en el 2008, luego de trans­cu­rri­dos inten­sos 89 años. Este período lo ten­drá ocu­pado en hacer sus últi­mos apor­tes en pro­gra­mas de tele­vi­sión, con­fe­ren­cias,  entre­vis­tas y en ter­mi­nar sus “Obras com­ple­tas” (30 tomos), mien­tras que escribe con mate­rial que había reco­pi­lado para La rueda roja –sin uti­li­zar– dos tomos sobre 200 años en la his­to­ria de los judíos en Rusia.

Infan­cia y juven­tud 1918–1940

Edad: de 0 a 22 años

Solzhenitsyn4 nace el 11 de diciem­bre de 1918 en Kis­lo­vosk, Cáu­caso ruso. Edu­cado por su madre, vivió en Ros­tov –en el sur de Rusia– desde los seis años hasta comien­zos de la segunda gue­rra. Cre­ció durante la pri­mera etapa de la revo­lu­ción, mien­tras eran des­trui­dos los ves­ti­gios de la vieja socie­dad rusa, lle­gando a reci­bir la influen­cia de una cul­tura mile­na­ria que des­a­pa­re­cía rápi­da­mente, arra­sada por las hor­das bolcheviques.

En su pri­mera infan­cia tuvo a su alre­de­dor a su madre, su abuela, una tía y un abuelo. Era huér­fano de padre. Tais­sia, la madre, que hablaba ingles y fran­cés, aban­dona su fe influida por el ateísmo y el anti­cle­ri­ca­lismo, pero la recu­pera con los horro­res de la revo­lu­ción. Solz­he­nitsyn crece con íconos en su cuarto y con su abuela hacién­dolo rezar. En 1920, ya tie­nen que ven­der los mue­bles para com­prar comida. En 1922 requi­san los bie­nes de la Igle­sia y comienza la per­se­cu­ción con arres­tos, jui­cios y eje­cu­cio­nes. Pri­mero son los miem­bros del clero y luego los sim­ples cre­yen­tes. Su pri­mera pro­fe­sora del cole­gio es una mujer devota. Durante las vaca­cio­nes visi­taba a sus tíos. Su tía Irina “era una autén­tica mís­tica”, y su abuela Evdo­kia tam­bién, de modo que lle­van natu­ral­mente con­sigo a Solz­he­nitsyn a los ofi­cios reli­gio­sos, le ense­ñan la rela­ción entre la Igle­sia y la his­to­ria de Rusia y le incul­can en defi­ni­tiva “el sen­tido de la tra­di­ción, la fami­lia y las raíces”.5

En casa de su tía lee a los clá­si­cos rusos y a Schi­ller, Dickens, Jack Lon­don. A los diez años lee la Gue­rra y la paz de Tols­toï, que pasa a con­ver­tirse en su para­digma de escri­tor. Simul­tá­nea­mente recibe de su fami­lia una infor­mal for­ma­ción polí­tica anti­bol­che­vi­que, la creen­cia en Dios y la influen­cia de una edu­ca­ción religiosa.

Pero una vez que ingresa en el sis­tema for­mal de edu­ca­ción sovié­tico, y some­tido al bom­bar­deo ideo­ló­gico corres­pon­diente, se con­vierte en un autén­tico mar­xista, e ingresa a los once años al Kom­so­mol, la sec­ción de jóve­nes del par­tido comu­nista. En 1931 muere su abuela y su madre orga­niza una misa en la cate­dral de Ros­tov. Solz­he­nitsyn es repren­dido por asis­tir. En 1932 muere su abuelo. En el cole­gio es un alumno bri­llante. Forma una agru­pa­ción para repre­sen­tar tea­tro y escribe unos ensa­yos con sus ami­gos. En los vera­nos hace excur­sio­nes en bici­cleta y escribe “Notas ciclis­tas” . Acom­pa­ñado por sus com­pa­ñe­ros, viaja a Ucra­nia y rea­liza una larga expe­di­ción en bote por el Volga.

En 1936, a los diez y nueve años, con­cibe la idea de escri­bir una his­to­ria de la revo­lu­ción, con la dimen­sión y alcance de la Gue­rra y la paz, libro que sería La rueda roja y que ter­mi­nará a los setenta y dos años, con la única dife­ren­cia que en el momento de su con­cep­ción ini­cial, la obra estaba pen­sada desde la orto­do­xia mar­xista. El estu­dio de la revo­lu­ción lo lleva a inves­ti­gar la pri­mera gue­rra mun­dial, que deri­vará luego en Agosto de 1914.

Por las sobre­sa­lien­tes notas obte­ni­das en la escuela, Solz­he­nitsyn entra a la facul­tad sin dar exa­men de ingreso. Entre 1938 y 1941 estu­dia mate­má­ti­cas y física siendo sus notas sobre­sa­lien­tes. Conoce en el pri­mer año de la facul­tad a Natalya Alek­seevna Reshtovskaya

–que tocaba muy bien el piano – y en 1938 le pro­pone matri­mo­nio. En 1939 se anota en el Ins­ti­tuto de Filo­so­fía, Lite­ra­tura e His­to­ria de Moscú para estu­diar lite­ra­tura por corres­pon­den­cia. Se casa en abril de 1940 ante el regis­tro civil, des­co­no­ciendo su fami­lia el matri­mo­nio por no haberse rea­li­zado este ante la Iglesia.

En su último año de uni­ver­si­dad con­si­gue una beca muy sig­ni­fi­ca­tiva y excep­cio­nal para la época debido a su ele­vado nivel de estu­dios y su gran com­pro­miso con el Kom­so­mol. Dirige tam­bién  el perió­dico de los estu­dian­tes al que da un nuevo impulso.

En 1941 escribe Poe­sías, Comen­ta­rios sobre arte y Mate­ria­lismo dia­léc­tico y un relato Misión en el exte­rior. Ter­mina tam­bién sus estu­dios de mate­má­ti­cas y física.

En cuanto a su visión del mundo se puede decir que la pri­vi­le­giada mente de Solz­he­nitsyn fue a lo largo de su vida como un inmenso archivo y pro­ce­sa­dor de ideas, imá­ge­nes, impre­sio­nes y expe­rien­cias con las que con­formo una cos­mo­vi­sión que fue evo­lu­cio­nando a lo largo de la vida siguiendo el reco­rrido de una espi­ral ascendente.

En los pri­me­ros años reci­bió y absor­bió los cono­ci­mien­tos y viven­cias de su casa y de la escuela, en la que pau­la­ti­na­mente aumen­taba la influen­cia del mate­ria­lismo dia­léc­tico, que comenzó a estu­diar en pro­fun­di­dad lle­gado el momento, hasta que deci­dió que era un comu­nista, for­zán­dose a rele­gar al olvido las ense­ñan­zas reci­bi­das en su hogar.

Sin embargo, amante como era de la lite­ra­tura, pre­fi­rió estu­diar física y mate­má­ti­cas para con­ver­tirse en pro­fe­sor de estas y no de lite­ra­tura, entre otras razo­nes prác­ti­cas por­que esti­maba tener “ideas dema­siado com­ple­jas pro­pias”. Dejó así el mundo de la lite­ra­tura para un obje­tivo menos ries­goso: ser­virle de “con­suelo para el espíritu”.

La evo­lu­ción de sus pen­sa­mien­tos, mos­tró su aper­tura per­ma­nente al cono­ci­miento y la bús­queda de la ver­dad, en un camino en el que iría con­for­mando un mundo orde­nado de cer­te­zas, que poco a poco toma­rían forma, cer­te­zas que iría haciendo pau­la­ti­na­mente públi­cas, a tra­vés de diver­sas for­mas de comu­ni­ca­ción que se adap­ta­ron a las cir­cuns­tan­cias polí­ti­cas de cada momento.

En este sen­tido es nece­sa­rio tener siem­pre en cuenta que Solz­he­nitsyn vivió durante los pri­me­ros cin­cuenta años de su vida sin poder mani­fes­tar su pen­sa­miento libre­mente en su país sin arries­gar la cár­cel o even­tual­mente la vida, y que la pri­mera tras­gre­sión rea­li­zada en forma pri­vada por carta y a un amigo, le costó ocho años de cam­pos de con­cen­tra­ción y luego el exi­lio inte­rior. Resulta impia­doso no tener esto en con­si­de­ra­ción al caer en la crí­tica fácil desde luga­res en donde se des­co­noce este riesgo, que Solz­he­nitsyn corrió durante cin­cuenta años.

El pro­fundo quie­bre de esta etapa de su vida, lo pro­duce el reclu­ta­miento para ir a la gue­rra. Sus viven­cias de la con­tienda lo mar­can de un modo inde­le­ble. Con­si­dera su expe­rien­cia de sol­dado en el frente como uno de los momen­tos cen­tra­les de su vida.

Autor: Pablo López Herrera

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Un comentario en “Solzhenitsyn Pensamiento, vida y obra”  

  1. 1 Eduardo Palacios Molina

    Hacia mucho tiempo que no dis­fru­taba leyendo, lo que con­si­dero un esme­rado, tra­ba­joso y exhaus­tivo aná­li­sis del alma del inmor­tal escri­tor, poeta , pen­sa­dor y lucha­dor incan­sa­ble por la liber­tad y la jus­ti­cia Ale­xan­der Solz­he­nit­zen , donde se tra­duce la duc­ti­bi­li­dad espi­ri­tual del autor de esta obra , que logra rea­li­zar una trans­fe­ren­cia espi­ri­tual para intro­du­cirse e las pro­fun­di­dad del alma de este mag­ná­nimo ser humano, cuyas vir­tu­des fue­ron pues­tas a prueba y sur­gie­ron tem­pla­das por adver­si­dad. Si algo debo decir sobre el efecto que me cau­sado este escrito, me fal­ta­ría las pala­bras apro­pia­das. Pero puedo afir­mar que me ha sedu­cido su forma narra­tiva, la deli­ca­deza comu­ni­ca­cio­nal, y la sen­si­bli­dad, asi como la for­ma­ción espi­ri­tual de Pablo Lopez Herrera. No es tarea nada sim­ple la empresa que ha aco­me­tido. Sabe­mos que esta per­so­na­li­dad ha sido tra­tada muy super­fi­cial­mente. Que sus libros, no se exhi­ben en las gra­nes libre­rías de Bue­nos Aires y que los cri­ti­cos no han sido del todo feli­ces en la valo­ra­cion de sus obras, que muchos no han leído. Basta con visi­tar los anaque­les de las gran­des libre­rías argen­ti­nas, para ver­las satu­ra­das de medio­cri­dad, a tal punto que cuando un com­pra algún libro extran­jero o nacio­nal, se lo sue­len empa­car en bol­sas de plás­tico con la figura de pro­mo­cio­na­dos pseu­do­es­cri­to­res, cuays cari­ca­tu­ras que lo recuer­dan, me hacen siem­pre soli­ci­tar que me los ven­dan sin empa­que ( Juan Gel­man, Gar­cía Mar­quez, Sábato y toda la run­fla de izquier­dis­tas en el caso de las libre­rías “Yenni”). Pero de Ale­xan­der Solz­he­nit­sen, nin­guna bolsa de plás­tico memo­ri­zando su inmor­tal vida, como tampco libros del mismo en los esca­pa­ra­tes. Esto es pro­pio de un ope­ra­tivo inter­na­cio­nal de lavado de cere­bros, en los que han caido los due­ños de estos gran­des hol­dings dis­tri­bui­do­res de libros, habida cuenta que lo que se busca es el triste mer­ca­deo de la incul­tura y del inme­dia­tismo. Es el pro­ducto de faci­lismo, de darle a las masas, lo que las masas con­su­men. Libros ideo­lo­gi­ca­mente ten­den­cio­sos y des­truc­tivo hoy, droga mañana. Nunca pro­mo­cio­nar escri­to­res como Solz­he­nitzyn. De ahi otro gran valor que le asigno a La Hsto­ria Para­lela de no sumarse al mon­tón. Cuando Pablo Herrera publi­que el libro o el opúsculo sobre este tema, tén­game como uno de sus más sin­ce­ros promotores.Recuerdo que las plu­mas mer­ce­na­rias en “Pagina 12″ cuando se refe­rían a lo que ellos deno­mi­nan “dere­cha” afir­ma­ban que los sec­to­res no mar­xis­tas, care­cen de inte­lec­tua­les. Esto es lo que le hacen creer a las masas.¡ Cuan equi­vo­ca­dos están! ¡ Y como mienten!

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