La Justicia Sospechada

En la edi­ción reciente de un matu­tino por­teño coexis­ten dos noti­cias apa­ren­te­mente sin rela­ción: por un lado se lee que el juez Bona­dío sobre­seyó al ex pre­si­dente Fer­nando De la Rúa en el caso de las muer­tes por repre­sión en diciem­bre de 2001; por el otro, un poli­cía fue sen­ten­ciado a diez años de pri­sión por “gati­llo fácil” en un hecho ocu­rrido en Bou­logne en ese mismo año.

Clau­dio Bona­dío, un abo­gado que fuera empleado en el estu­dio de Car­los Corach y luego desig­nado juez fede­ral cuando Corach llegó al Minis­te­rio del Inte­rior, ha sobre­vi­vido a diver­sos pedi­dos de des­ti­tu­ción y debió com­pa­re­cer reite­ra­das veces ante el con­sejo de la magis­tra­tura. Es tam­bién uno de los jue­ces “de la ser­vi­lleta”, aquel epi­so­dio denun­ciado por Domingo Cava­llo, en el que el ex minis­tro Corach ano­taba en una ser­vi­lleta los jue­ces que mani­pu­laba y el per­so­naje al que res­pon­dían. Pero más increí­ble aún es que la jus­ti­cia que él imparte no lo rozó cuando él mismo se trans­formó en “gati­llo fácil”.

En sep­tiem­bre de 2001, mien­tras se diri­gía con un amigo a un asado noc­turno, Bona­dío sufrió un apa­rente intento de asalto por parte de dos delin­cuen­tes en una calle de Vicente López. Según se informó en su momento, los mal­vi­vien­tes se acer­ca­ron al juez con la pre­sunta inten­ción de asal­tarlo y éste res­pon­dió des­en­fun­dando el arma que lle­vaba, lo que pro­vocó la huída de los asal­tan­tes. Sin embargo, a pesar de que los dos hom­bres corrían en direc­ción opuesta, Bona­dío les dis­paró a ambos, en plena fuga, por la espalda. Ambos murie­ron. Uno, alcan­zado por dos dis­pa­ros en la cabeza, falle­ció en el acto; el otro, que pre­sen­taba cua­tro bala­zos, murió horas des­pués en un hos­pi­tal. Es decir que, en unos pocos segun­dos, el juez dis­paró por lo menos seis veces, con inusual pun­te­ría, teniendo en cuenta que era de noche.
Párrafo aparte merece el arma uti­li­zada: una pis­tola Glock cali­bre 40, de ori­gen aus­tríaco, un arma sofis­ti­ca­dí­sima, que dis­para como una ame­tra­lla­dora, y de muni­ción mor­tí­fera. El Renar exige estric­tí­si­mos trá­mi­tes para com­prarla y tenerla. Ni hablar de la posi­bi­li­dad de por­tarla como si fuera una gomera.

No obs­tante, en otra noti­cia difun­dida por el dia­rio La Nación en julio de 2005 se lee lo siguiente: “En un trá­mite que, según fuen­tes judi­cia­les, roza la ile­ga­li­dad, cinco fun­cio­na­rios del gobierno nacio­nal, un juez fede­ral y un empre­sa­rio adqui­rie­ron pis­to­las con las que se pue­den dis­pa­rar ráfa­gas de balas como una ame­tra­lla­dora y que sólo pue­den ser uti­li­za­das por fuer­zas mili­ta­res, durante actos de ser­vi­cio. El arma en cues­tión es una pis­tola Glock modelo C 18, cali­bre 9 milí­me­tros, que per­mite dis­pa­rar su car­ga­dor, de 19 balas, en forma de ráfaga en menos de un segundo. En la Argen­tina nin­guna fuerza de segu­ri­dad, ni mili­tar dis­po­nen de ellas. Es, sin embargo, la pis­tola que uti­li­zan los agen­tes espe­cia­les del FBI. Teó­ri­ca­mente nin­gún civil puede lle­gar a com­prarla, excepto que el Minis­te­rio de Defensa lo auto­rice en forma expresa. El intere­sado, entre otras cosas, debe acre­di­tar un entre­na­miento espe­cial para su manejo. ‘Hay unas 800 de estas auto­ri­za­cio­nes’, admi­tió Juan Car­los Ramos, direc­tor del Renar.”

Más ade­lante, la noti­cia sigue expli­cando que “entre los bene­fi­cia­rios de la ope­ra­ción apa­rece el minis­tro de Defensa, José Pam­puro, su secre­ta­rio de Asun­tos Mili­ta­res, Jaime Garreta, el direc­tor del Regis­tro Nacio­nal de Armas (Renar) Juan Car­los Ramos, el sub­di­rec­tor de esa repar­ti­ción Nar­ciso Ange­letti, el juez fede­ral Clau­dio Bona­dío, el pro­cu­ra­dor del tesoro Osvaldo Gugliel­mino y el empre­sa­rio de Lomas de Zamora Nés­tor Otero. Para con­se­guir el moderno arma­mento todos los intere­sa­dos fue­ron auto­ri­za­dos en forma espe­cial por el minis­tro de Defensa. Las fuen­tes con­sul­ta­das por LA NACION dije­ron que los fun­cio­na­rios argu­men­ta­ron que son objeto de fre­cuen­tes ame­na­zas. Cuando se le pre­guntó a Ramos si había denun­ciado judi­cial­mente esas supues­tas inti­mi­da­cio­nes, dijo que no lo había hecho por­que se tra­taba de ‘men­sa­jes, pape­li­tos, volan­tes y e-mails’.”

El juez Bona­dío mató por la espalda a dos pre­sun­tos asal­tan­tes en sep­tiem­bre de 2001, con una pis­tola Glock 40. En julio de 2005, a tra­vés del Minis­te­rio de Defensa de la Nación, adquiere otra pis­tola de la misma marca, cuyo uso está res­trin­gido por las mis­mas auto­ri­da­des que le per­mi­tie­ron su com­pra y por­ta­ción. Es decir que, mien­tras el común de la ciu­da­da­nía debe enfren­tar la “sen­sa­ción de inse­gu­ri­dad” sin otro recurso que la buena suerte, los pode­ro­sos, que son en reali­dad los “más igua­les” entre los igua­les, pue­den echar mano, amén de la cus­to­dia per­so­nal y otros arte­fac­tos, de las armas más sofis­ti­ca­das y caras del mer­cado, a fin de con­tra­rres­tar “las ame­na­zas” de la delincuencia.

Esto no pasa­ría de ser un ver­gon­zoso pri­vi­le­gio de la casta polí­tica, si no fuera por el hecho de que en el caso de Clau­dio Bona­dío esta­mos hablando de un juez fede­ral, es decir de alguien que dis­pone a su arbi­trio sobre la vida, los bie­nes y la honra de sus com­pa­trio­tas. El juez Bona­dío mató, en un epi­so­dio más que con­fuso, a dos pre­sun­tos delin­cuen­tes, pero ni siquiera fue objeto de un suma­rio hasta que se acla­rara la situa­ción. Lo que más llama la aten­ción es la falta de pudor del pro­pio juez, que debió pre­sen­tarse espon­tá­nea­mente ante la Jus­ti­cia y dar un paso al cos­tado hasta que se pro­bara su inocencia.

Es por eso que uno de los ras­gos más preo­cu­pan­tes de la demo­cra­cia que sufri­mos es, no sola­mente la corrup­ción que corroe a los pode­res eje­cu­tivo y legis­la­tivo desde la pri­mera magis­trada del país hacia abajo, sino la impu­ni­dad, la des­ver­güenza y la sos­pe­cha que rodean y cubren por com­pleto al ter­cer poder del Estado, el que debe­ría ser la garan­tía ciu­da­dana con­tra los abu­sos de los otros dos: la Justicia.

Fuente: La Argentina que yo quiero

Autor: Raquel E. Consigli

Horacio Martínez Paz

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5 Comentarios en “La Justicia Sospechada”  

  1. 1 Argentina

    ¿Como es? ¿La Jus­ti­cia sos­pe­chada o la INJUS­TI­CIA sos­pe­chada? Por­que Jus­ti­cia o lo que se dice Jus­ti­cia no existe en Argentina

  2. 2 Sergio Antonio Graziano

    Res­pecto al uso de una pis­tola GLOCK 18 ame­tra­lla­dora por Bona­dío, no me queda claro de la lec­tura del artículo si efec­ti­va­mente usó este modelo en cali­bre 9 mm. o una GLOCK cali­bre .40 (0.400″ , es decir 0.400 de pul­gada, equi­va­lente a 10 mm.) semi­au­to­má­tica.
    Si usó la pis­tola ame­tra­lla­dora, cabe pre­gun­tarse por­qué fun­cio­na­rios cuen­tan con este pri­vi­le­gio de usar ame­tra­lla­do­ras mien­tras que al ciu­da­dano se le res­tringe la posi­bi­li­dad de por­tar siquiera un revól­ver .22.
    El punto que más me inquieta es el dis­paro por la espalda.
    Si los occi­sos eran cri­mi­na­les que pre­ten­dían asal­tar o ase­si­nar a Bona­dio, enton­ces real­mente no hay gran pér­dida y dis­pa­rar­les sería hasta moral­mente jus­ti­fi­ca­ble, aun­que no legal­mente.
    El dis­paro de noche requiere de extrema pre­cau­ción por­que fácil­mente se puede herir a alguien que no repre­sen­taba peli­gro.
    Dis­pa­rar por la espalda a dos hom­bres de noche con una ame­tra­lla­dora es jus­ti­fi­ca­ble (moral­mente) cuando estos son sica­rios que el ciu­da­dano (o fun­cio­na­rio) sabe que tie­nen la misión o el pro­pó­sito de matarlo o cuando estos aca­ban de ase­si­nar o herir a un fami­liar o vecino.
    Si no ha habido ata­que, si no ha habido exhi­bi­ción de armas por parte de los occi­sos, enton­ces no es jus­ti­fi­ca­ble dis­pa­rar­les ya que podrían estar des­ar­ma­dos y podrían sim­ple­mente tener otra inten­ción dife­rente de la de ase­si­nar.
    Lo correcto en ese caso dudoso es ADVER­TIR a viva voz que uno va a dis­pa­rar si los sos­pe­cho­sos no se detie­nen en su avance y hay que ORDE­NAR­LES tirarse al piso y enton­ces lla­mar la poli­cía.
    La carac­te­rís­tica de los impac­tos de bala (según se des­prende de la lec­tura de esta nota) indica que Bona­dío no deseaba que esca­pa­ran.
    Quiso liqui­dar­los.
    La pre­gunta es: ¿esta­ban arma­dos?
    ¿Tenían ante­ce­den­tes?
    Segu­ra­mente sí.
    Si es así, repito…no hay gran pér­dida.
    Pero sub­siste la cues­tión de los pri­vi­le­gios de que gozan nues­tros fun­cio­na­rios.
    Res­pecto a la GLOCK ametralladora.…..es más difí­cil dis­pa­rar con pre­ci­sión con esta arma que con una pis­tola semi­au­to­má­tica.
    Mucho más difí­cil.
    Sin embargo, si el blanco está en movi­miento o es de noche, enton­ces, esta arma mues­tra sus ven­ta­jas, ya que será más fácil, al dis­pa­rar un ráfaga, que ALGUNA bala dé en el blanco, aun­que sin pre­ci­sión y casi sin usar las miras.
    Si yo hubiera de com­ba­tir, ele­gi­ría la pis­tola ame­tra­lla­dora para com­bate noc­turno o con­tra gru­pos de enemi­gos que ata­can a la vez en un espa­cio redu­cido y un buen revól­ver o pis­tola para dis­pa­ros DELI­BE­RA­DOS, con inten­ción de inme­diata deten­ción e inca­pa­ci­ta­ción de mi enemigo.
    Por algo los nor­te­ame­ri­ca­nos tie­nen una frase que des­cribe el uso de pis­to­las ame­tra­lla­do­ras: SPRAY AND PRAY (des­pa­rra­mar balas y rezar)
    Saludos.

  3. 3 Matilde C. Masats

    Esti­ma­dos Raquel Y Hora­cio: De la car­cel se sale del cemen­te­rio no. Igno­raba total­mente el arma usada por el Juez Bona­dio o leyendo el articulo ya me olvide, pero ade­más de ser pode­rosa por lo rela­tado por Us. y un experto como el Sr. Gra­ziano. Me pre­gunto debe ser un arma difi­cil de adqui­rir no solo por la com­pra, el costo de la misma. No con­taba con cus­to­día por lo visto y para defen­derse de una sor­presa de esta indole, no da tiempo a pen­sar él o yo.

  4. 4 pipino

    Ami­gos Raquel y Hora­cio. Des­pues de leer vues­tra columna y los comen­ta­rios, en espe­cial el del Sr. Gra­ziano, advierto que esta­mos en pre­sen­cia de algo gra­vi­simo. Es sor­pren­dente que ese tal Bona­dio, que evi­den­te­mente, tiene el “gati­llo facil”, siga siendo juez y encima apa­rezca como “defen­sor de cho­rros”.
    La des­com­po­si­cion ins­ti­tu­cio­nal de la Argen­tina no cesa y ya nos esta­mos pare­ciendo a los tris­tes años 70.

  5. 5 Horacio Martínez Paz

    A Argen­tina, Gra­ziano, Matilde y Pipino: No somos exper­tos en armas. Ape­nas tene­mos una Bersa 22 largo con la que tira­mos al blanco cuando vamos al campo y la lle­va­mos en situa­cio­nes ries­go­sas, segu­ros de que esta bala pequeña, con punta hueca y relle­nada con cera, es capaz de des­tro­zar inter­na­mente al even­tual ata­cante. Algún perro bravo y muy ame­na­zante ha caído en una frac­ción de segundo. El Dr. Fava­loro se dis­paró un cer­tero tiro de 22 en el cora­zón…
    El artículo en cues­tión tuvo una inves­ti­ga­ción pre­via. Pri­mero el hecho narrado por los dia­rios de la época. Tal vez se nos olvidó decir que los asal­tan­tes no esta­ban arma­dos. Los datos del arma usada por el juez Bona­dío figu­ran en inter­net en el sitio de la Glock.
    Lo que que­ría­mos decir es que este juez de la Nación, que dis­pone de la vida, patri­mo­nio y honor de sus con­gé­ne­res, dis­paró por la espalda cuando sus pre­sun­tos ata­can­tes esta­ban huyendo, y un poli­cía pasará diez años en la som­bra por haber sido decre­tado como “gati­llo fácil”.
    Quie­nes quie­ran seguir la comu­ni­ca­ción lo pue­den hacer a reck@arnet.com.ar o hmartinezpaz@yahoo.com.ar

    Cor­dial­mente, Raquel y Horacio

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