Filosofía De La “Asociación Patriótica”

“Polí­tica es actuar en la vida pública con pru­den­cia al ser­vi­cio de la Jus­ti­cia y el arte de hacer posi­ble lo que debe ser hecho para el ser­vi­cio del bien común”.

No es, como dice el viejo refrán de los cíni­cos; “el arte de lo posi­ble”. En reali­dad este afo­rismo es una per­fecta estu­pi­dez por­que para hacer que lo posi­ble ocu­rra basta con hacer lo que cada uno juz­gue que le es posi­ble –que es muy fácil-, y lo demás debe­ría resul­tar por añadidura.

El ladrón no con­si­dera que sea posi­ble hacer polí­tica sin robar y para robar con mayor efi­ca­cia se aso­cia con otros ladrones.

El pere­zoso con­si­dera que no le es posi­ble hacer nada que le cueste tra­bajo y por eso se limita a seguir como una moja­rrita del car­du­men a los gran­des tibu­ro­nes del latro­ci­nio, apo­yán­do­los a cam­bio de que lo dejen tranquilo.

El cobarde con­si­dera impo­si­ble enfren­tar a los pode­ro­sos y se queda en su casa sin arries­gar ni una uña en el ser­vi­cio de la Patria.

El igno­rante juzga que eso de pen­sar, estu­diar, ana­li­zar, juz­gar, es una tarea insa­lu­bre que absorbe dema­siado tiempo y que es mejor seguir las opi­nio­nes pre­fa­bri­ca­das cosa que no exige nin­gún esfuerzo y tran­qui­liza la conciencia.

Pero quiero creer que hay muchos argen­ti­nos que no se ins­cri­ben en nin­guna de estas sub-categorías y que quie­ren poner algo de su parte para cum­plir con sus debe­res patrió­ti­cos. Es por eso que esta­mos en vís­pe­ras de cons­ti­tuir la Aso­cia­ción Patrió­tica que será una orga­ni­za­ción dedi­cada a la Polí­tica de idea­les, esa que definí en la pri­mera frase de este artículo.

¿Es posi­ble una polí­tica de idea­les? Sí, es posi­ble. Pero lo pri­mero que tene­mos que decir es que una polí­tica de idea­les no es una polí­tica que habita en el mundo de las abs­trac­cio­nes, sin nin­guna rela­ción con el poder y sin aspi­ra­ción alguna de lle­gar al gobierno nacio­nal. Nada de eso. La polí­tica de idea­les aspira a gober­nar como el águila a volar. Puede ser que tarde un tiempo en lograrlo pero nunca renun­ciará a ese objetivo.

La otra cara de esa moneda es el deseo ardiente de aca­bar con la tira­nía de la “diri­gen­cia” corrupta e inepta. Las dos inten­cio­nes se com­ple­men­tan y se exi­gen la una a la otra.

Ahora bien, para con­se­guir todo eso es nece­sa­rio tener fuerza, una fuerza capaz de impo­nerse a los tira­nos y de ins­tau­rar un gobierno justo que se haga obe­de­cer por jus­tos y peca­do­res. Pero, ¿qué fuerza tene­mos los des­ti­tui­dos de la Patria, los que vivi­mos en el ano­ni­mato de una exis­ten­cia sin bri­llo, los des­ar­ma­dos, los pobres o los de medio­cres haberes?

Antes de res­pon­der a este pre­gunta, per­mí­tame, esti­mado lec­tor, que ana­lice el con­cepto de “fuerza” en política.

En polí­tica hay cinco fuer­zas que cuentan:

1) La de las armas–

2) La del alto clero

3) La de los par­ti­dos polí­ti­cos con votos (autén­ti­cos, com­pra­dos o fal­si­fi­ca­dos por el fraude).

4) La de los archimillonarios.

5) La de los gran­des medios de comu­ni­ca­ción social que fabri­can opi­nión pública.

La más impor­tante es la pri­mera. Toda la His­to­ria nos enseña que los mili­ta­res, gue­rri­lle­ros, asal­tan­tes o quie­nes­quiera que tuvie­ran las armas, gober­na­ron cuando qui­sie­ron impo­nerse a la masa des­ar­mada de los pue­blos, siem­pre y cuando hubie­ran con­se­guido derro­tar a otros mili­ta­res, gue­rri­lle­ros, asal­tan­tes, etc. que se les opusieron.

Inclu­sive me atrevo a decir que las otras cua­tro fuer­zas sólo pue­den pre­va­le­cer en la medida en que la pri­mera esté en manos de jefes incom­pe­ten­tes o cuando sus segun­dos dejen de ser­vir­los.. Nues­tra his­to­ria está llena de casos que nos demues­tran la triste vera­ci­dad de este apotegma.

Los bue­nos patrio­tas no tiene nin­guna de esas cinco fuer­zas pero pue­den hacer mella en el poder que ejer­cen los medios de comu­ni­ca­ción masiva en su tarea de fabri­car opi­nión. Es muy difí­cil por­que uno de los efec­tos de ese domi­nio de la prensa es una nota­ble dis­mi­nu­ción de la capa­ci­dad inte­lec­tual de la gente, lo cual cons­pira fron­tal­mente con­tra la nece­si­dad de luci­dez, jui­cio y racio­ci­nio que se exige para inde­pen­di­zarse. Pero no es impo­si­ble. Si lo fuera esta­ría todo per­dido y no creo que lo esté. Toda­vía se puede dar bata­lla a la tira­nía y pre­pa­rar un futuro mejor a con­di­ción de que se haga algo así como lo que pro­puse en el nro. 904 de este perió­dico, o sea, que un número pon­de­ra­ble de argen­ti­nos váli­dos se reúna para fun­dar una Aso­cia­ción Patrió­tica con los obje­ti­vos allí indicados.

¿Qué puede hacer esa Aso­cia­ción con­tra la masa impo­nente de poder que sos­tiene la tira­nía? Inten­taré des­cri­bir cómo debe­ría ser la Aso­cia­ción para empe­zar a reco­rrer el camino de la recu­pe­ra­ción nacio­nal. Podría decir, para­fra­seando a San Mar­tín, que si no es algo así no será nada.

Sus inte­gran­tes deben tener una volun­tad firme de pen­sar con inde­pen­den­cia del “esta­blish­ment” en el que se apoya el poder de la “diri­gen­cia” corrupta e inepta. Deben tener prin­ci­pios cla­ros y el pri­mero ha de ser el de que la Jus­ti­cia debe reinar en todo y para todos. Debe des­te­rrarse toda forma de maquia­ve­lismo para el cual el fin jus­ti­fica los medios. Y en cuanto a los prin­ci­pios polí­ti­cos serán los que sur­gen de la Cons­ti­tu­ción de 1853, no como ideo­lo­gía libe­ral, sino como sis­tema de gobierno, o sea, exi­gen­cia de ido­nei­dad moral e inte­lec­tual para ocu­par cual­quier cargo en cual­quiera de los tres pode­res y res­peto inque­bran­ta­ble de las garan­tías indi­vi­dua­les den­tro de la mora­li­dad pública cris­tiana que es común al pue­blo argentino.

Estos prin­ci­pios deben ser sos­te­ni­dos y defen­di­dos como pro­grama de sal­va­ción nacio­nal.  Ellos serán el lazo de unión de los inte­gran­tes de la Aso­cia­ción y la base de su argu­men­ta­ción polí­tica en sus deli­be­ra­cio­nes y en sus comu­ni­ca­cio­nes al público.

Esos prin­ci­pios serán irre­nun­cia­bles y man­te­ni­dos con una intran­si­gen­cia inte­li­gente que no es rigi­dez, ni tes­ta­ru­dez, ni nega­ción del diá­logo. Pero sí excluye abso­lu­ta­mente toda clase de  transac­cio­nes con los per­so­ne­ros de la “diri­gen­cia” corrupta e inepta. Esa gente debe ser inha­bi­li­tada per­ma­nen­te­mente para ocu­par car­gos públi­cos, y eso como una obli­ga­ción de Jus­ti­cia. No hay dere­cho a per­mi­tir que con­ti­núen haciendo daño al país y a sus habi­tan­tes como lo vie­nen haciendo hasta ahora. Cual­quier con­ce­sión que se les haga a cual­quiera de ellos, inclu­sive a los que per­te­ne­cen al elenco esta­ble de la “opo­si­ción” admi­tida, será una trai­ción a los idea­les que dan ori­gen a la Aso­cia­ción Patrió­tica y hará inne­ce­sa­ria su existencia.

El prin­ci­pio de ido­nei­dad moral e inte­lec­tual de los gober­nan­tes exi­gido en el art. 16 de la Cons­ti­tu­ción es la sal­va­guar­dia de la Jus­ti­cia. No debe olvi­darse que un des­ho­nesto o un burro con poder de tomar deci­sio­nes es una fuente ince­sante de injus­ti­cias que no podrán repa­rarse tal vez nunca y cier­ta­mente tarde, en caso de que eso pudiera hacerse. Al con­tra­rio, una per­sona justa y capaz en el gobierno es una garan­tía de que las muchas deci­sio­nes que debe tomar dia­ria­mente serán bue­nas y que si por error alguna fuera dañosa, el mismo gober­nante justo la corre­girá inmediatamente.

Habrá que poner en tela de jui­cio todas las opi­nio­nes pre­fa­bri­ca­das por la prensa y ana­li­zar, estu­diar, pen­sar y dia­lo­gar con total hones­ti­dad inte­lec­tual, aun­que eso impli­que dis­cu­tir, aún aca­lo­ra­da­mente, con tal de que no haya chi­ca­nas ni sofis­mas sos­te­ni­dos de mala fe.  La diver­si­dad de opi­nio­nes de per­so­nas movi­das por el amor a la Jus­ti­cia y con sufi­ciente inte­li­gen­cia, hará posi­ble un inter­cam­bio de ideas que ampliará los horizontes.

En los jui­cios prác­ti­cos habrá dis­tin­tas opi­nio­nes y es lógico que así sea por­que el hacer esto o lo otro depende de cir­cuns­tan­cias que pue­den variar y pue­den ser per­ci­bi­das de manera dife­rente por unos y otros.

Sin embargo, esta diver­si­dad no puede ser inter­mi­na­ble por­que si no nunca será posi­ble hacer algo. Es por eso que la Aso­cia­ción ten­drá una Junta Direc­tiva ele­gida por todos que deci­dirá final­mente lo que se hará.

Habrá dos tipos de acción: ad intra y ad extra, ambas fun­da­men­ta­les. La acción ad intra es esen­cial para pen­sar en común, desa­rro­llar los prin­ci­pios, ana­li­zar la situa­ción polí­tica, ele­gir los medios dis­po­ni­bles y mane­ras de mejo­rar las cosas, crear un estilo y una ver­da­dera amis­tad patrió­tica entre los inte­gran­tes de la Asociación.

La acción ad extra es esen­cial para comu­ni­carse con el público, con­vo­car a nue­vos miem­bros de la Aso­cia­ción, com­ba­tir a la “diri­gen­cia” corrupta  e inepta, pro­po­ner bue­nas ideas, cri­ti­car las fal­sas, en una pala­bra, fun­cio­nar como un faro que señale los peli­gros que corre la Patria y mues­tre el camino de su recuperación.

Nada de esto sería posi­ble si los inte­gran­tes de la Aso­cia­ción no se sin­tie­ran real­mente com­pro­me­ti­dos con la tarea común, si no ponen su talento y sus medios de acción al ser­vi­cio de los obje­ti­vos sociales.

Los polí­ti­cos y los revo­lu­cio­na­rios pro­fe­sio­na­les están uni­dos por el fuerte vínculo de la codi­cia, del odio a todo lo que se les oponga y del miedo que se tie­nen entre sí.

Nada de esto exis­tirá en la Aso­cia­ción Patrió­tica. Sólo los unirá el ser­vi­cio de un ideal común sin espe­rar nada a cam­bio, a no ser un puesto de lucha de acuerdo con la capa­ci­dad de cada uno. No habrá desocu­pa­dos ni ausen­tis­tas. En mi ya larga vida de per­te­ne­cer a gru­pos de bien común he visto cómo se disuel­ven por falta de gene­ro­si­dad, por pereza o direc­ta­mente por miedo.  Las excu­sas para no cum­plir con el pro­pio deber son inago­ta­bles y des­pre­cia­bles.  Un escri­tor fran­cés decía: “La bou­che du lache regorge d’excuses” (“la boca del cobarde rebosa de excu­sas”).  Espero que esto no ocu­rra con la Aso­cia­ción Patriótica.

¿Qué espe­ranza de éxito puede tener una Aso­cia­ción que desa­fía a todo el mundo del poder y que aspira a reem­pla­zar a los ban­di­dos que lo domi­nan por per­so­nas de bien? De inme­diato
nin­guna que esté a la vista, pero tam­poco el éxito inme­diato es la razón de ser de la Aso­cia­ción. Sin embargo su cons­ti­tu­ción y su fun­cio­na­miento son un pri­mer paso esen­cial para agru­par a los bue­nos patrio­tas sin lo cual, aun­que pasen cien años, nada se con­se­guirá y todo estará peor.

En las cosas huma­nas la liber­tad es la regla. Si no se decide libre­mente hacer lo que es debido se abusa de la pro­pia liber­tad para no hacerlo. Y esto es trai­ción a la Patria que no tiene otro auxi­lio que el que le pue­dan pres­tar sus bue­nos hijos y es una trai­ción a nues­tros des­cen­dien­tes que reci­bi­rán un país arrui­nado moral y materialmente.

Para con­cluir: es ver­dad que no tene­mos nin­guna de las cinco fuer­zas deci­si­vas, pero sí tene­mos una fuerza que ellos no tie­nen: fuerza moral. Y a la larga, la fuerza moral se impone. Hay una estra­te­gia para lograrlo que con­siste en des­per­tar los vie­jos idea­les en el alma del pue­blo y sus aspi­ra­cio­nes de una feli­ci­dad que es posi­ble aún en este valle de lágrimas.

Fuente: La botella al mar

Autor: Cosme Beccar Varela

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