Cien años de subversión en Argentina

El Colum­nista Invi­tado de Hoy
Dr. Car­los Mar­celo Shäferstein

Informe Espe­cial para «La His­to­ria Para­lela»


La Patria había ter­mi­nado de con­so­li­dar la Unión Nacio­nal tras muchos esfuer­zos por la fede­ra­li­za­ción. Ya era una Repú­blica. Los cim­bro­na­zos de las gue­rras entre los cau­di­llos habían pasado defi­ni­ti­va­mente, y ya tenía­mos una Cons­ti­tu­ción que defi­nía un pro­yecto de país.

Argen­tina había entrado en gue­rra con­tra el Para­guay y había ven­cido. Era una Nación reco­no­cida entre las más pro­mi­so­rias de la tie­rra y aca­baba de con­so­li­dar su inte­gri­dad terri­to­rial en la gue­rra con­tra los sal­va­jes, tanto en las cam­pa­ñas al Desierto como con la incor­po­ra­ción de los terri­to­rios del Chaco y For­mosa donde se habían redu­cido los indios toda­vía hos­ti­les que hacían inse­gu­ras las fron­te­ras de la civilización.

Sólo se nece­si­ta­ban bra­zos para tra­ba­jar la tie­rra, labrar sur­cos y lan­zar a la Nación Argen­tina hacia su futuro inelu­di­ble de gran­deza. Sin embargo no todo fue tan fácil, y a caba­llo de la gene­ra­ción del ‘80, rojos espec­tros ame­na­za­ban la paz de los argentinos.

Uno de los prin­ci­pa­les fac­to­res de cam­bio que dio lugar a la tran­si­ción desde la Argen­tina tra­di­cio­nal a la moderna fue la inmi­gra­ción. Y sin ella no es posi­ble com­pren­der la Argen­tina con­tem­po­rá­nea. No hubo otro período en el que la pro­por­ción de extran­je­ros en edad adulta haya sido tan sig­ni­fi­ca­tivo; por más de setenta años, el 60% de la pobla­ción de la Capi­tal Fede­ral y casi el 30% en las pro­vin­cias de Bue­nos Aires, Cór­doba y Santa Fe, eran inmi­gran­tes. La euro­pei­za­ción del país y la modi­fi­ca­ción del carác­ter nacio­nal, tan anhe­la­dos por la gene­ra­ción del ochenta, la élite polí­tica del momento, se tra­dujo en una polí­tica inmi­gra­to­ria abierta.

Hasta 1880, a tra­vés de las polí­ti­cas de pobla­miento, se intentó pro­mo­ver la agri­cul­tura, la gana­de­ría y la red de trans­por­tes, para luego indus­tria­li­zar el país. Den­tro de la hete­ro­ge­nei­dad de la corriente inmi­gra­to­ria, casi la mitad pro­ve­nía de Ita­lia, espe­cial­mente del sur, y una ter­cera parte de España. Luego de 1880, comenzó la segunda etapa. A par­tir de aquí se buscó mano de obra para una pro­duc­ción agrícola–ganadera masiva, pero pocos inmi­gran­tes logra­ron ser pro­pie­ta­rios. Ante el fra­caso del plan de adju­di­ca­ción de tie­rras en pro­pie­dad, el inmi­grante se trans­formó en arren­da­ta­rio o peón y buscó asilo en los cen­tros urbanos.

Así, las polí­ti­cas de pobla­miento pro­por­cio­nal fra­ca­sa­ron. Igual­mente, al ser la inmi­gra­ción mayo­ri­ta­ria­mente mas­cu­lina, se ocupó de acti­vi­da­des rura­les, favo­re­ciendo el desa­rro­llo de una eco­no­mía agrí­cola que per­mi­tió que el país se con­vir­tiera en el prin­ci­pal expor­ta­dor de trigo en el mundo cuando, hasta 1870, la Argen­tina lo importaba.

Como con­se­cuen­cia del pro­ceso inmi­gra­to­rio, la estruc­tura social argen­tina se vol­vió más com­pleja, a la vez que con el aumento de los sec­to­res medios y popu­la­res, se pro­du­je­ron cam­bios en la cul­tura polí­tica. Si bien cre­ció el número de indus­tria­les y comer­cian­tes, la clase alta en un prin­ci­pio se cerró frente al inmi­grante, rete­niendo la riqueza y el pres­ti­gio (basado en la “anti­güe­dad y los ante­pa­sa­dos”) y el poder político–económico aso­ciado a la pro­pie­dad de la tierra.

La estruc­tura de cla­ses de enton­ces podía ser divi­dida en cua­tro seg­men­tos durante la pri­mera inmi­gra­ción. El pri­mero estaba repre­sen­tado por la clase alta o aris­to­crá­tica, la cual hasta 1914 repre­sentó al uno por ciento de la pobla­ción. La siguiente era la alta clase media que, aun­que prós­pera, era dueña de escaso pres­ti­gio social. La clase media baja no poseía fuerza eco­nó­mica ni poder social, pero vis­lum­braba posi­bi­li­da­des con­cre­tas de ascenso social. Final­mente, la clase baja, que repre­sen­taba menos de los dos ter­cios de la pobla­ción, ocu­paba la base de la pirá­mide social y se esfor­zaba por cre­cer al nivel supe­rior. Pero cier­ta­mente no exis­tía la indi­gen­cia, tal y como hoy se la conoce, por­que la igual­dad de opor­tu­ni­da­des estaba garan­ti­zada y era muy pro­ba­ble que, en una fami­lia pobre con tra­bajo y sacri­fi­cio la pró­xima gene­ra­ción ya no lo fuera.

El tipo argen­tino, en tanto, fue cam­biando rápi­da­mente. La clase domi­nante estaba com­puesta ori­gi­nal­mente por gana­de­ros, estan­cie­ros, comer­cian­tes, abo­ga­dos y polí­ti­cos des­cen­diente de los patri­cios. Pero las cla­ses medias iban fra­guán­dose con la inmi­gra­ción a tra­vés de su par­ti­ci­pa­ción en la eco­no­mía y en el pro­ceso de cul­tu­ri­za­ción pro­gre­siva. Las cla­ses bajas, dis­tri­bui­das a lo largo y a lo ancho de todo el terri­to­rio, recor­da­ban la dua­li­dad del país. Para gober­nar la Argen­tina moderna fue pre­ciso incor­po­rar a los inmi­gran­tes, sin res­que­bra­jar la inte­gri­dad nacional.

Entre 1902 y 1910, se ope­ra­ron cam­bios en la estruc­tura social, los que pro­du­je­ron fuer­tes fisu­ras en el sis­tema polí­tico. La gue­rra en Europa alen­taba la entrada de inmi­gran­tes que bus­ca­ban nue­vos luga­res para su bie­nes­tar. La gue­rra del ´14 no sólo inte­rrum­pió el flujo inmi­gra­to­rio, sino que tam­bién con­vocó a los nacio­na­les beli­ge­ran­tes, lo cual explica el saldo inmi­gra­to­rio nega­tivo del período 1914–1918. Sin embargo, Argen­tina logró rete­ner a los hijos de los extran­je­ros de las pri­me­ras olas, pro­cli­ves tanto al ascenso social como a la par­ti­ci­pa­ción polí­tica. Muchos de ellos habían obte­nido títu­los uni­ver­si­ta­rios, los que suma­dos a la acti­vi­dad de sin­di­ca­lis­tas anar­quis­tas, pro­vo­ca­ron las ten­sio­nes que carac­te­ri­za­ron al país a prin­ci­pios de siglo.

La pobla­ción urbana se duplicó. Y fue la clase media el estrato con mayor desa­rro­llo, gra­cias a la con­tri­bu­ción de los extran­je­ros; en él, cre­cían los sec­to­res depen­dien­tes (emplea­dos, fun­cio­na­rios, téc­ni­cos). A la vez, fue en los cen­tros urba­nos donde se acen­tuó el ascenso de cla­ses, favo­re­ciendo la inte­gra­ción de todos los esta­men­tos en el orden social vigente. De ese modo se mate­ria­lizó el pro­yecto de Sar­miento y Alberdi res­pecto de poblar el país con inmi­gra­ción euro­pea. Por supuesto que la gran mayo­ría de los recién lle­ga­dos eran gente decente, … pero una ínfima mino­ría estaba cons­ti­tuida por des­te­rra­dos. Recha­za­dos en Europa, muchos de los que arri­ba­ban a la Argen­tina eran parte de orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les como la camo­rra napo­li­tana, así como la mafia y la mano negra sici­lia­nas. Los tra­tan­tes de blan­cas hebreos, famo­sos por su red “Tvi Mig­dal” que tra­je­ron al país la pri­mera red de pedofi­lia inte­grada por pros­ti­tu­tas polacas…

Así como se ins­taló el delito común, con­flu­ye­ron tam­bién el anar­quismo, el comu­nismo y el socia­lismo para apro­piarse de la nueva Nación. Estas ideo­lo­gías, extra­ñas a las cos­tum­bres crio­llas, arri­ba­ron a nues­tras pla­yas al mismo tiempo que la gene­ra­li­dad de los pio­ne­ros que lle­ga­ban espe­ran­za­dos desde Europa.

El anar­quismo, por ejem­plo, es una doc­trina y movi­miento radi­cal que pro­mueve el des­co­no­ci­miento a todo orden jurí­dico o acra­cia, es decir, la auto­no­mía de cada indi­vi­duo. Es con­tra­rio al gobierno o auto­ri­dad obli­ga­to­ria, como el Estado y pro­mueve el auto­go­bierno de las per­so­nas y aso­cia­cio­nes. La pala­bra anar­quía deriva del griego αναρχια (anar­chia), y de αναρχος (anarchos).

Los prin­ci­pios fun­da­men­ta­les del anar­quismo son la nuli­dad de la pro­pie­dad pri­vada de cada indi­vi­duo, y la no coac­ción. Así, los únicos medios cohe­ren­tes con estos prin­ci­pios son ins­ti­tu­cio­nes, dere­chos y obli­ga­cio­nes que sean resul­tado del libre albe­drío o pac­tos volun­ta­rios entre indi­vi­duos sobe­ra­nos. Des­co­no­cen a Dios en forma abso­luta y deter­mi­nante. Es una ideo­lo­gía de un par­ti­cu­lar ori­gen ético que pro­pone la auto­de­ter­mi­na­ción de la gente, negando la legi­ti­mi­dad de todo orden institucional.

El 1º de mayo pasado se cum­plie­ron 100 años de la deno­mi­nada hoy en día “masa­cre de la plaza Lorea” ver­gon­zoso epi­so­dio de nues­tra his­to­ria donde se midie­ron –actuando como fuer­zas con­jun­tas– el anar­quismo y el socia­lismo ~uni­dos~ en una gro­tesca alianza de vio­len­cia con­tra la Poli­cía de la Capi­tal, al mando del coro­nel Ramón Lorenzo Fal­cón, durante la “explo­ra­ción por el fuego”, ope­ra­ción tác­tica que más tarde sería rebau­ti­zada como “gim­na­sia revo­lu­cio­na­ria”, rea­li­za­das durante el acto de la FORA (Fede­ra­ción Obrera de la Región Argen­tina), en 1909.

En 1880, la Repú­blica Argen­tina sufría una gran demanda de mano de obra debido a la expan­sión del sec­tor agro­pe­cua­rio, que ya por enton­ces estaba atra­sado tec­no­ló­gi­ca­mente. Pre­ci­sa­mente, fue la tec­ni­fi­ca­ción del agro en Europa la que pres­cin­dió de mano de obra, y muchos grin­gos ter­mi­na­ron migrando hacia las Pam­pas. Sin embargo, ade­más de su fuerza de tra­bajo, muchos de estos inmi­gran­tes traían las ideas anar­quis­tas y socia­lis­tas que esta­ban en boga en los paí­ses de los que fue­ron expul­sa­dos a causa de sus acti­vi­da­des subrep­ti­cias para cul­mi­nar con los reinos euro­peos antes de la 1ª Gue­rra mundial.

Años antes del epi­so­dio de 1909, el Pre­si­dente de la Nación, Teniente Gene­ral Julio Argen­tino Roca –entre otras medi­das– pro­pi­ció la san­ción de la Ley 4.144, cono­cida como “Ley de Resi­den­cia”, que expul­saba a los tra­ba­ja­do­res extran­je­ros que habían ingre­sado irre­gu­lar­mente al país para inten­tar lle­var a cabo la “revo­lu­ción anar­quista” en estas tierras.

Fue­ron ellos quie­nes comen­za­ron a orga­ni­zar los pri­me­ros “movi­mien­tos obre­ros” en nues­tro país, no sólo en forma de pri­mi­ti­vos engen­dros de “sin­di­ca­tos”, sino tam­bién en cen­tra­les como la FOA (luego FORA) ~anar­quista~ y la UGT, socialista.

El cre­ci­miento de estos movi­miento pre­sin­di­ca­les no caía muy bien prin­ci­pal­mente a los ver­da­de­ros tra­ba­ja­do­res que cre­cían social­mente en este país gra­cias al jor­nal obte­nido dia­ria­mente por inten­sas horas de tra­bajo arduo (toda­vía no exis­tían limi­ta­cio­nes hora­rias ni sema­na­les). Lo que que­rían los obre­ros en gene­ral era tra­ba­jar mucho para ganar más dinero ~en una Nación que no cono­cía los aumen­tos de pre­cios~ para cre­cer y hacer pros­pe­rar a sus hijos…

Tam­poco las acti­vi­da­des «sin­di­ca­les» o reivin­di­ca­to­rias eran de agrado a las auto­ri­da­des con­ser­va­do­ras de la Patria, que habían for­jado el diseño jurí­dico de la Nación. Fue así que el sena­dor Miguel Cané –autor de la novela Juve­ni­lia, y miem­bro des­ta­cado de la “Gene­ra­ción del ‘80”– quien impulsó en 1899, a pedido expreso de la Unión Indus­trial Argen­tina, un pro­yecto de ley para poder expul­sar a los acti­vis­tas extran­je­ros. Real­mente el país no podría salir del clá­sico modelo agro-exportador sin indus­tria, y las fábri­cas esta­ban per­ma­nen­te­mente toma­das por los sedi­cio­sos. Sin embargo, el pro­yecto no se tra­ta­ría ese año.

Pero, ante la injus­ti­fi­cada huelga de esti­ba­do­res del Puerto de Bue­nos Aires, en 1902, el gobierno de Julio Roca relanzó el pro­yecto de Cané con algu­nas modi­fi­ca­cio­nes, y el 23 de noviem­bre de 1902 final­mente se san­cionó la «Ley de Resi­den­cia», a ins­tan­cias de la pro­pia Unión Indus­trial Argen­tina (UIA), que estaba direc­ta­mente bajo ame­naza de esas alian­zas mafio­sas y anar­co­so­cia­lis­tas. En diciem­bre de 1902, ya se habían depor­tado a 60 per­so­nas a Génova y Barcelona.

En la lista de expul­sa­dos publi­cada por el dia­rio La Prensa figu­ra­ban anar­quis­tas mun­dial­mente cono­ci­dos por su acti­vi­dad terro­rista: San­tiago Locas­cio, Adrián Troi­tiño, Ramón Palau, Juan Calvo, Julio Comba, Arturo Mon­te­sano, José Reguera, Dante Gar­fag­nini y José Mella.

Durante los pro­ce­di­mien­tos para sepa­rar a los tra­ba­ja­do­res de buena fe de los tahú­res se estima que 500 per­so­nas, tanto extran­je­ras como argen­ti­nas, fue­ron dete­ni­das e iden­ti­fi­ca­das, durante la pri­mera semana de vigen­cia de la ley.

La Ley de Resi­den­cia ha ins­pi­rado al tango “Al pie de la santa cruz”, casual­mente con la auto­ría de dos anar­quis­tas: Mario Batis­te­lla y Enri­que Del­fino, can­ción que fue cen­su­rada por esos días, y que inter­pretó nada más ni nada menos que Car­los Gar­del. Una suerte de pri­mer intento de pene­tra­ción cul­tu­ral del anar­quismo, a tra­vés de la música: una suerte de “Ay Car­mela” argentino:

«Decla­ran la huelga, hay ham­bre en las casas. Es mucho el tra­bajo y poco el jor­nal y en ese entre­vero de lucha san­grienta se venga de un hom­bre la ley patro­nal. Los vie­jos no saben que lo con­de­na­ron pues miente pia­dosa su pobre mujer, qui­zás un mila­gro le lleve el indulto y vuelva a su casa la dicha de ayer./Mientras tanto al pie de la Santa Cruz una anciana desolada llo­rando implora a Jesús: “Por tus lla­gas que son san­tas, por mi pena y mi dolor ten pie­dad de nues­tro hijo. ¡Pro­té­gelo, Señor!” Y el anciano, que no sabe ya rezar, con acento tem­blo­roso tam­bién pro­testa a la par: “¿Qué mal te hici­mos noso­tros pa’ dar­nos tanto dolor?” Y a su vez dice la anciana “¡Pro­té­gelo, Señor!”. / Los pies engri­lla­dos, cruzó la plan­chada… La esposa lo mira, qui­siera gri­tar. Y el pibe inocente que lleva en los bra­zos le dice llo­rando “Yo quiero a papá”. /Largaron ama­rras y el último cabo vibró al des­pren­derse en todo su ser. Se pierde de vista la nave mal­dita y cae des­ma­yada la pobre mujer.»

Empe­zaba así la sub­ver­sión terro­rista en Argentina.

La gue­rra revo­lu­cio­na­ria a prin­ci­pios del Siglo XX

El Con­greso Obrero y Socia­lista reunido en París, en julio de 1889, había deci­dido “orga­ni­zar una mani­fes­ta­ción inter­na­cio­nal con fecha fija, de manera que, en todos los paí­ses y ciu­da­des a la vez, el mismo día con­ve­nido, los tra­ba­ja­do­res inti­men a los pode­res públi­cos a redu­cir legal­mente a ocho horas la jor­nada de tra­bajo y a apli­car otras reso­lu­cio­nes del Con­greso Inter­na­cio­nal de París” [Actas de la II Inter­na­cio­nal, publi­ca­das en El Obrero, selec­ción de tex­tos, CEAL, Bue­nos Aires, 1985].

La fecha acor­dada fue el 1º de mayo de 1890, en home­naje a los «már­ti­res de Chicago», eje­cu­ta­dos por rea­li­zar una mar­cha simi­lar en 1886. En nues­tro país, ese día de 1890, tres mil obre­ros, en su gran mayo­ría inmi­gran­tes, se reunie­ron en el Prado Espa­ñol. Tam­bién hubo mani­fes­ta­cio­nes en Bahía Blanca, Rosa­rio y Chivilcoy.

La “clase obrera argen­tina” ni sabía que exis­tía como tal. Eran todos labu­ran­tes y había tra­bajo para todos en este país de rápido ascenso social. A la for­ma­ción de mal lla­ma­dos “sin­di­ca­tos”, le siguie­ron las orga­ni­za­cio­nes anar­quis­tas y socia­lis­tas, perió­di­cos obre­ros y biblio­te­cas, impre­sos por agi­ta­do­res pro­fe­sio­na­les, según el idioma de la nacio­na­li­dad a quien el men­saje estaba des­ti­nado. Des­arrai­ga­dos de su ori­gen, los nue­vos pobla­do­res de este país de inmi­gra­ción euro­pea soñada por Sar­miento, ni siquiera habla­ban cas­te­llano en la mayo­ría de los casos. Entre los inmi­gran­tes, un puñado de jóve­nes inte­lec­tua­les expul­sa­dos de Europa tam­bién hacían sus pri­me­ras lec­tu­ras en espa­ñol, con­fu­sas y bal­bu­cean­tes, de los teó­ri­cos del mar­xismo y del anar­quismo, ata­cando a la Repú­blica y a la Reli­gión oficial.

La res­puesta del Estado fue lógica. En 1904 se san­cionó la “Ley de Resi­den­cia”, que auto­ri­zaba a expul­sar suma­ria­mente del país a todo “agi­ta­dor”. Las huel­gas com­pul­si­vas fue­ron con­se­cuen­te­mente reprimidas.

Un hecho par­ti­cu­lar­mente grave ocu­rrió el 1º de mayo de 1904, cuando una inmensa mani­fes­ta­ción con­vo­cada ese día por la FORA (Fede­ra­ción Obrera de la Región Argen­tina) agre­dió a tra­ba­ja­do­res que se nega­ban a ple­garse a los paros que ame­na­za­ban el abas­te­ci­miento, con el saldo de dos muer­tos y 24 heri­dos, cuando las fuer­zas lega­les inten­ta­ron pro­te­ger­los. En 1905, cuando el acto había sido corrido al 21 de mayo, debido al estado de sitio, una mani­fes­ta­ción auto­ri­zada por la poli­cía “con la con­di­ción de que no se enar­bo­lara nin­guna ban­dera roja”, no se res­petó y hubo otros dos muer­tos y 20 heri­dos ante el des­plie­gue de los ban­ners pique­te­ros de la época, que siem­pre iban acom­pa­ña­dos de hon­da­zos con pro­yec­ti­les de pie­dras de canto rodado para poli­cías y cabalgaduras.

Bata­llas campales

Pero, “ser revo­lu­cio­na­rio no es una tra­ve­sura”, decía a todo a quien qui­siera escu­charlo un joven­cito judío esca­pado de Rusia Simón Rado­wisky, que aquí, en Bue­nos Aires, se ganaba la vida como obrero meta­lúr­gico. “Las revo­lu­cio­nes no son un juego de niños, ni un debate aca­dé­mico en el que solo se enfren­tan vani­da­des, ni una justa lite­ra­ria en la que solo vuelca tinta: La revo­lu­ción es la gue­rra, y quien dice gue­rra dice des­truc­ción de los hom­bres y las cosas”, decía en yidish, citando al anar­quista Mikhail Baku­nin. Simón real­mente llevó al pie de la letra las ricas pala­bras de su admi­rado modelo ideo­ló­gico. Mien­tras el par­tido socia­lista til­daba a aque­llos anar­quis­tas de “terro­ris­tas” o “loco sin patria” a ese joven­cito, para dife­ren­ciarse y cobi­jarse en la “lega­li­dad”, Rado­witsky, en efecto, ten­dría el atre­vi­miento de poner fin a la vida del Coro­nel Fal­cón de la manera más cobarde y artera.

Si bien desde las pos­tri­me­rías de la Revo­lu­ción de Mayo la Argen­tina estuvo pla­gada de suce­sos de vio­len­cia, luego de Case­ros y la paci­fi­ca­ción nacio­nal, nues­tra Repú­blica venía cre­ciendo a un ritmo impa­ra­ble. En 1906 pre­si­día el país Figue­roa Alcorta. El Coro­nel (Reti­rado) «Expe­di­cio­na­rio al Desierto» Ramón Fal­cón (que fuera tam­bién dipu­tado entre 1898 y 1902) asu­mía como Jefe de la Poli­cía de la Capi­tal Fede­ral. En aquel año, aflo­raba el estado agro expor­ta­dor, y aso­ma­ban en las hoja­la­te­rías, en las fábri­cas de alam­bre y en los talle­res mecá­ni­cos los esbo­zos del país industrial.

Milla­res de inmi­gran­tes acu­dían a un mila­gro eco­nó­mico esca­pán­dose de la mar­gi­na­ción, de la gue­rra que se apro­xi­maba inevi­ta­ble­mente con negros nuba­rro­nes sobre Europa, del ase­dio del ham­bre y de la desocupación.

Con tanta inmi­gra­ción venían lógi­ca­mente muchos anar­quis­tas donde inten­ta­ban con­ta­giar su ideo­lo­gía de movi­mien­tos obre­ros forá­neos a los nue­vos argen­ti­nos que cre­cían bajo el sol de la pros­pe­ri­dad de nues­tra patria generosa.

Con tanto con­ven­ti­llo y anar­quismo en los pasi­llos de esas gran­des pare­des se hacia polí­tica con los de abajo, mien­tras el estado se orga­ni­zaba dura­mente para afron­tar a un nove­doso e inex­pli­ca­ble fenó­meno social que comen­zaba a ges­tarse para­le­la­mente con el progreso.

Según las expre­sio­nes de las cla­ses domi­nan­tes y gober­nan­tes los labu­ran­tes esta­ban enfer­mos de “mala­tes­tismo”, lo cual eso se iba exten­diendo en el seno del moviendo obrero, la neta influen­cia de socia­lis­tas y anar­quis­tas, el estado así cor­po­ri­zaba su mas extremo dis­ci­pli­na­miento social mediante la repre­sión que bus­ca­ban adrede.

De esa forma, la pací­fica pobla­ción de Bue­nos Aires vio ensom­bre­cerse aquel 1º de mayo de 1909. Ese día esta­ban con­vo­ca­dos dos actos. A las cinco de la tarde de ese día nefasto debía comen­zar la con­cen­tra­ción orga­ni­zada por los anar­quis­tas en Plaza Lorea (hoy parte de Plaza Con­greso). Poco antes de que empie­cen a hablar los ora­do­res, el Coro­nel Fal­cón en per­sona, dio la orden cate­gó­rica de disol­ver el acto.

En ese mismo momento la pro­pia Poli­cía fue ata­cada. El Escua­drón de Segu­ri­dad, a las órde­nes de su jefe Jolly Medrano, cargó a caba­llo a la mul­ti­tud a pla­na­zos de sable. En defi­ni­tiva, murie­ron un agente de poli­cía y ocho obre­ros. Que­da­ron heri­dos en el terreno 40 hom­bres, entre agen­tes del orden y mani­fes­tan­tes, varios uni­for­ma­dos de gra­ve­dad, ya que habían sido víc­ti­mas de pun­ta­zos, facas y tiros de revól­ver, así como trece ani­ma­les, cruel­mente muti­la­dos por los filos de los anarquistas.

Los delin­cuen­tes huye­ron corriendo por lo que hoy es la Ave­nida de Mayo hacia 9 de Julio. Ahí se encon­tra­ron con una columna de apro­xi­ma­da­mente 20.000 per­so­nas: era la con­vo­ca­to­ria socia­lista, que se había con­cen­trado en Cons­ti­tu­ción y mar­chaba hacia Plaza Colón (atrás de la Casa de Gobierno) para rea­li­zar su acto.

La pala­bra “repre­sión” corrió de boca en boca. Una mul­ti­tud, ahora enorme, engro­sada por los anar­quis­tas que lle­ga­ban de Plaza Lorea, mar­chó en abso­luto silen­cio hasta Plaza Colón, con paños negros sobre las ban­de­ras rojas socialistas.

La poli­cía reforzó sus bata­llo­nes de caba­lle­ría pero, ante seme­jante mul­ti­tud, no estaba ya en capa­ci­dad de actuar, debido a las pér­di­das sufri­das el mismo día.

Al lle­gar al lugar donde esta­ban levan­ta­das las tri­bu­nas de lo que iba a ser el acto socia­lista, los ora­do­res pro­pu­sie­ron “la decla­ra­ción de la huelga gene­ral por tiempo inde­fi­nido como des­agra­vio a la clase obrera, ofen­dida en “las víc­ti­mas de Plaza Lorea” y para exi­gir la renun­cia del Jefe de la Poli­cía de la Capi­tal, así como tam­bién el “cas­tigo de todos los res­pon­sa­bles de la masacre”.

Se alza­ron dece­nas de miles de manos y la pro­puesta es apro­bada por acla­ma­ción, aun­que nadie enten­día nada. Dardo Cúneo, tes­tigo de los suce­sos, relata: “entre los que han lle­gado hasta los socia­lis­tas desde la Plaza Lorea con las noti­cias del cri­men poli­cial, un “rusito” pug­naba por abrirse paso… en la mano apri­sio­naba un pañuelo ensan­gren­tado. “¡Esta es la san­gre de los her­ma­nos que caye­ron allá!”, dicen que acla­maba este mucha­chito que sólo hablaba ruso e idish, con su mila­grosa dic­ción extran­jera… que en la mano agi­taba el pañuelo car­mesí. Des­pués se sabría –los dia­rios publi­ca­rían su retrato– que aquel mucha­cho se lla­maba Simón Radowitzky”.



La huelga gene­ral de la semana de mayo

El paro comienza de inme­diato. Será total en la Capi­tal Fede­ral y con alta adhe­sión en el inte­rior del país. Se cum­ple una semana de huelga gene­ral. No hubo tre­nes, ni cir­cu­la­ron los tran­vías, los comer­cios per­ma­ne­cie­ron cerra­dos. Se cal­cula en 200.000 el número de obre­ros en huelga. El gobierno, lógi­ca­mente, buscó que­brarla, ya que se les impe­día tanto a los indus­tria­les como a los comer­cian­tes abrir las puer­tas, así como tam­bién a los tra­ba­ja­do­res que no que­rían per­derse su jor­nal, lesio­nando o matando a quien se atre­viere a eri­girse como “rom­pehuel­gas” o “carneros”.

Enton­ces, la ciu­dad fue ocu­pada por el Ejér­cito Argen­tino para refor­zar a una Poli­cía des­bor­dada. Para evi­tar las asam­bleas fue­ron clau­su­ra­dos los loca­les donde se reunían los com­plo­ta­dos, pero las reunio­nes se rea­li­za­ron igual, en la calle.

Cien­tos de mili­tan­tes gre­mia­les y polí­ti­cos, anar­quis­tas y socia­lis­tas, fue­ron encar­ce­la­dos. Se per­si­gue a los que dis­tri­bu­ye­ron La Van­guar­dia y La Pro­testa, dia­rios socia­lista y anar­quista, res­pec­ti­va­mente, que die­ron cuenta de la huelga y publi­ci­ta­ron la rebe­lión con­tra las auto­ri­da­des constitucionales.

Final­mente, el día 8, el Comité Eje­cu­tivo del Par­tido Socia­lista, que durante toda la semana había hecho lla­ma­mien­tos a “la mode­ra­ción de los obre­ros” pero que se había encon­trado total­mente des­bor­dado por la base, retomó el con­trol de la situación.

Se reunió con el gobierno y obtuvo del pre­si­dente del Senado la garan­tía de que toda reunión en el “sin­di­cato de coche­ros” va a ser “auto­ri­zada”. Y que si se levan­taba la huelga se libe­ra­ría a los pre­sos y se per­mi­tirá la reaper­tura de los locales.

Las direc­cio­nes del movi­miento obrero acep­ta­ron la “nego­cia­ción” ofre­cida por el gobierno. El movi­miento huel­guís­tico va a ter­mi­nar dos días des­pués, el 10 de mayo. Muchos obre­ros reto­ma­ron el tra­bajo con fuer­tes ren­co­res hacia sus direc­cio­nes. Se había levan­tado la huelga sin obte­ner la prin­ci­pal reivin­di­ca­ción: la renun­cia del jefe de policía.

El naci­miento del ase­si­nato polí­tico…

El 14 de noviem­bre de 1909, en la esquina de las ave­ni­das Quin­tana y Callao, aquel obrero meta­lúr­gico anar­quista que men­cio­ná­ra­mos, Simón Rado­witzky, “ajus­ti­cia” por mano pro­pia al orgu­lloso mili­tar sím­bolo de los hom­bres de uni­forme de la época, arro­ján­dole una bomba al carruaje del jefe de poli­cía Fal­cón, que muere en el acto con su fiel ayu­dante, Juan Alberto Lartigau.

Esa misma noche se decreta el estado de sitio en todo el país, desatán­dose nue­va­mente una bru­tal repre­sión con­tra los par­tí­ci­pes y sus cóm­pli­ces. Cen­te­na­res de mili­tan­tes anar­quis­tas fue­ron pues­tos “bajo la ley de resi­den­cia” y depor­ta­dos. Otros tan­tos fue­ron encar­ce­la­dos y apa­lea­dos, los loca­les comu­nis­tas y anar­quis­tas fue­ron nue­va­mente clau­su­ra­dos y comi­sio­nes poli­cia­les ata­ca­ron las impren­tas de La Van­guar­dia y La Pro­testa e inu­ti­li­za­ron las máqui­nas impre­so­ras de pas­qui­nes simi­la­res, para impe­dir la salida de esos perió­di­cos que lla­ma­ban a la vio­len­cia y a la revo­lu­ción violenta.

En Argen­tina el estado de sitio recién fue levan­tado el 13 de enero de 1910. Pero el año del Cen­te­na­rio estará reco­rrido por una ola impre­sio­nante de huel­gas obre­ras, inclu­yendo una el mis­mí­simo día de la con­me­mo­ra­ción, el 25 de mayo de 1910, y tam­bién por una fuerte ola repre­siva, que cul­minó con la san­ción de la ley 7029 de “Defensa Social”, tal vez la pieza jurí­dica más injusta de la his­to­ria de la época ~sólo supe­rada por las leyes del actual e inope­rante Con­greso de la Nación~ pro­ducto de la deses­pe­ra­ción legis­la­tiva. Era lo que, pre­ci­sa­mente, los anar­quis­tas buscaban…

Simón Rado­witzky, –el terro­rista y cri­mi­nal que llevó al mar­ti­rio al Coro­nel Ramón Fal­cón– trató de sui­ci­darse pero fue cap­tu­rado, con­de­nado a muerte y luego ~como supues­ta­mente era menor de edad según el Código de la época~ le fue con­mu­tada la pena a pri­sión per­pe­tua, que debe­ría cum­plir en el penal de Ushuaia, con el agra­vante de que cada año, en opor­tu­ni­dad de cum­plirse cada aniver­sa­rio del cri­men “deberá ser lle­vado a reclu­sión soli­ta­ria a pan y agua durante 20 días”.

Dudo mucho que aque­lla con­dena haya sido una pena severa, y demues­tra que el garan­tismo no es una cosa de nues­tros días, sino que viene de arras­tre… Rado­witzky era el Roberto Felicetti2 de aque­llos tiem­pos, y ~si hubiera suce­dido hoy~ no me cabe nin­guna duda que lo habrían pro­mo­vido a un cargo direc­tivo de la admi­nis­tra­ción pública kirchnerista.

Dis­gre­sio­nes aparte, y vol­viendo a esos días en la pri­sión aus­tral, debe­mos recor­dar que Rado­wisky se con­ver­ti­ría en el “már­tir de la anar­quía”, un mís­tico de la resis­ten­cia y del altruismo con los demás pre­sos, que pro­ta­go­ni­zara una fuga legen­da­ria a tra­vés de los cana­les fue­gui­nos hasta que fue cap­tu­rado por un buque de gue­rra chi­leno y entre­gado a los car­ce­le­ros argentinos.

Sin embargo el pri­mer ase­sino serial de la his­to­ria de la sub­ver­sión argen­tina sería indul­tado en 1929 por la pre­sión de la comu­ni­dad judía argen­tina y se fue del país para no vol­ver jamás.

Sus com­pa­ñe­ros de ideas de todo el país no lo aban­do­nan en nin­gún momento, miles de míti­nes y su nom­bre en todas las publi­ca­cio­nes en pri­mera plana, hasta que en 1930 bajo el gobierno de Yri­go­yen se fir­mara el indulto, pero el gobierno radi­cal no sopor­taba más al caris­má­tico cri­mi­nal en terri­to­rio argen­tino y lo expulsó al Uru­guay. Allí fue dete­nido y poco des­pués será un molesto hués­ped del Penal de la Isla de Flo­res, por inten­tar vol­ver a las anda­das en la Repú­blica Orien­tal. En 1936, ya en liber­tad, mar­chó a España e inte­gró las bri­ga­das inter­na­cio­na­les defen­diendo la Repú­blica roja en España.

Derro­tado por Franco (que segu­ra­mente no iba a ser tan gene­roso como lo fue­ron los argen­ti­nos para con él), el homi­cida regresó a la Rusia Sovié­tica donde se le enco­mendó un rol pre­pon­de­rante en la orga­ni­za­ción del ase­si­nato de León Trotzky, en 1940. Luego ocupó un cargo de rela­tiva impor­tan­cia hasta 1953 en la temida poli­cía secreta sovié­tica, NKVD, espe­cia­li­zado en sabo­taje y ase­si­na­tos polí­ti­cos. Fue con­de­co­rado como «héroe de la Unión Sovié­tica» por haber matado al temido Coro­nel Ramón Lorenzo Fal­cón, pri­mer egre­sado del Cole­gio Mili­tar de la Nación Argen­tina, un Ofi­cial Supe­rior de coraje con todas las letras,muy difí­cil de superar, de valor pro­bado tanto en la Cam­paña del Desierto como en la inci­piente gue­rra urbana.

Cuando enve­ne­na­ron a Sta­lin, muchos tenían apun­tado a aquel pro­te­gido del autó­crata para pur­garlo, razón por la que se escapó a México, donde Rado­witzky halló la muerte en 1956 mien­tras tra­ba­jaba pací­fi­ca­mente como obrero, con­cha­bado en una fabrica de juguetes.

Un siglo de gue­rra sucia…

El 1º de mayo de 2009 se cum­plie­ron cien años de esos epi­so­dios tan poco conocidos.

A par­tir de 1909 la clase obrera ten­dría nue­vas luchas, triun­fos y derro­tas, recla­mando már­ti­res. Poco tiempo des­pués se vivi­rían las jor­na­das de la Semana Trá­gica y de la “pata­go­nia rebelde”, insu­rrec­cio­nes apa­ga­das a tiempo para impe­dir la caída de la Repú­blica, bajo el gobierno tam­bién cons­ti­tu­cio­nal de Don Hipó­lito Yri­go­yen. De ese tema, y la mal lla­mada década infame, me ocu­paré en el pró­ximo artículo por razo­nes de espacio.

Anar­quis­tas cap­tu­ra­dos por el Ejér­cito en la Pata­go­nia. La mayo­ría fue­ron depor­ta­dos a sus paí­ses de origen

Lo cierto es que un joven Teniente Pri­mero par­ti­cipó el los com­ba­tes con­tra “facón grande” y los líde­res extran­je­ros del anar­quismo: ese hom­bre era Juan Domingo Perón, Ofi­cial de Infan­te­ría que revis­taba a órde­nes del denos­tado Teniente Coro­nel Benigno Varela.

Posi­ble­mente esta expe­rien­cia, su adhe­sión a los gene­ra­les José Félix Uri­buru y a Agus­tín P. Justo, así como sus estu­dios en la Ita­lia de Mus­so­lini como agre­gado mili­tar en Europa le lle­va­ron a con­si­de­rar al Comu­nismo, el Anar­quismo y el Socia­lismo las prin­ci­pa­les ame­na­zas de la Patria.

A su regreso al país –apo­yado por el GOU (Grupo de Ofi­cia­les Uni­dos)– con­si­deró pro­ce­dente lide­rar aquel movi­miento nacio­na­lista, cató­lico y sin­di­cal que deno­minó «jus­ti­cia­lismo» y que en prin­ci­pio se aso­ciaba con el “fas­cio” que Perón asi­miló de la correcta polí­tica social de Franco, Hitler y Mus­so­lini, que real­mente erra­di­ca­ron con efi­ca­cia las ame­na­zas anár­quico socia­lis­tas de Europa.

En defi­ni­tiva, el movi­miento obrero e inte­lec­tual anar­quista, intentó su hege­mo­nía mediante la crea­ción arti­fi­cial de “luchas socia­les” en la argen­tina en el período que abarca de 1890 a 1910, año en que fue disuelto en los días pre­vios a los fes­te­jos del cen­te­na­rio. Fun­da­men­tal­mente por el pro­pio rechazo de la socie­dad donde la revo­lu­ción se quiso enquis­tar. Resur­gió la pro­vo­ca­ción durante la «semana trá­gica», en 1920, pero la tra­ge­dia inten­tada por los anar­quis­tas fra­casó y el movi­miento fue rápi­da­mente aplas­tado, por el Ejér­cito y las fuer­zas poli­cia­les, a quie­nes les soltó la mano el Pre­si­dente Hipó­lito Yri­go­yen, asig­nán­dole indi­rec­ta­mente la culpa por los «exce­sos» en la repre­sión de los insu­rrec­tos y deján­do­los his­tó­ri­ca­mente «pagando», como acos­tum­bran hacer los políticos.

El auto­de­no­mi­nado “movi­miento liber­ta­rio”, pese a las depor­ta­cio­nes y a la Jus­ti­cia, intentó reco­brarse –con inter­mi­ten­cias en perío­dos tales como el bal­dón inten­tado con­tra el Cen­te­na­rio, el intento sub­ver­sivo ya citado de «la semana trá­gica», y los epi­so­dios pata­gó­ni­cos– hasta el 30 de setiem­bre de 1930.

Desde esa fecha, del golpe mili­tar y popu­lar del Gene­ral José Félix Uriburu3  ~en el cual par­ti­ci­paba activa y entu­sias­ta­mente el Mayor Juan Domingo Perón~ des­a­pa­re­cie­ron los ester­to­res de cual­quier rebe­lión con­tra el orden jurí­dico en la Repú­blica Argen­tina, para retor­nar luego de 1956 como estra­te­gia para la toma del poder.

Pero todos estos hechos obvia­mente no ter­mi­na­ron y el anar­quismo mutó en anarco-socialismo, en terro­rismo, y luego ~bajo el manto demo­crá­tico~ en “socia­lismo del Siglo XXI”, tras el ariete enmas­ca­rado como “pero­nismo revo­lu­cio­na­rio”, ven­dría a sacu­dir las mura­llas de la Patria poco después.

Las tres per­so­na­li­da­des de Perón

Para­dó­ji­ca­mente, bajo el nom­bre de “pero­nismo” o “jus­ti­cia­lismo” se embo­zan las mis­mas vie­jas ideas dilu­yen­tes de la nacio­na­li­dad que aso­la­ron los pri­me­ros años de la Repú­blica. En este pre­ciso momento, un can­di­dato abier­ta­mente comu­nista, Car­los Salo­món Heller, enca­beza la lista de Dipu­tados Nacio­na­les pare el Con­greso ~por la Ciu­dad de Bue­nos Aires~ del Frente para la Vic­to­ria (el actual Par­tido Jus­ti­cia­lista), que mediante extra­ñas alian­zas o argu­cias ha logrado aglu­ti­nar a lo peor de aque­llas pre­té­ri­tas ideas anár­qui­cas que pre­ten­dían la des­truc­ción de la Nación.

De aquel Perón nacio­na­lista que ins­ti­tuyó un ver­da­dero movi­miento sin­di­cal que abo­rre­cía toda forma de comu­nismo o socia­lismo y era Cató­lico, res­pe­tuoso del orden y la evo­lu­ción del país hacia un des­tino agro-industrial, des­a­pa­re­cie­ron sus idea­les cuando fue des­ti­tuido por riva­li­da­des den­tro de las FFAA.

Enton­ces nació un nuevo Perón ~ren­co­roso~ que se vol­vió con­tra sus pro­pios orí­ge­nes mili­ta­res inci­tando al terro­rismo y a la sub­ver­sión, como modo de recu­pe­rar el poder. Los insur­gen­tes de toda calaña se enco­lum­na­ron bajo la deno­mi­na­ción de “resis­ten­cia pero­nista” y crea­ron orga­ni­za­cio­nes subrep­ti­cias como las FAL (fuer­zas arma­das de libe­ra­ción), FAP (fuer­zas arma­das pero­nis­tas), ERP (ejér­cito revo­lu­cio­na­rio del pue­blo) y hasta «mon­to­ne­ros» (que era en su ori­gen una orga­ni­za­ción de mili­tan­tes cató­li­cos y nacio­na­lis­tas). Estas ban­das arma­das y anár­qui­cas res­pon­dían a una doc­trina sen­tada en Cuba desde 1959 y corres­pon­día al terro­rismo impul­sado por Moscú en su Gue­rra Fría con­tra Occi­dente, que se libraba mate­rial­mente en zonas peri­fé­ri­cas como “con­flic­tos de baja inten­si­dad”. Su doc­trina era el manual de gue­rra de gue­rri­llas de Ernesto Che Gue­vara, y sus cam­pos de ins­truc­ción esta­ban en la Escuela “Camilo Cien­fue­gos” de La Habana, o en la Uni­ver­si­dad “Patrick Lumumba” de Moscú.

Cuando Perón regresó final­mente al país en 1973, lo sor­pren­dió el caos que había des­bor­dado a la Nación, y ~tras ser tes­tigo de dema­sia­dos ata­ques cruen­tos e irra­cio­na­les en plena demo­cra­cia como Pre­si­dente cons­ti­tu­cio­nal~ vol­vió sobre sus pasos y retomó su doc­trina originaria.

Tras el san­griento copa­miento a la Guar­ni­ción Mili­tar de Azul, el 22 de enero de 1974 lanzó un dis­curso furi­bundo donde ordenó “el exter­mi­nio de la gue­rri­lla de los terro­ris­tas para­noi­cos” que estaba poniendo en peli­gro la inte­gri­dad de la Nación, vol­viendo sobre sus pasos y dando por sen­tado que había uti­li­zado esos meca­nis­mos tran­si­to­ria­mente con el sólo pro­pó­sito de vol­ver a ocu­par el trono de Argen­tina, pero haciendo gala de que no corres­pon­día a sus pla­nes que el terro­rismo se per­pe­tuara, ni que jamás se hiciera del poder.

La recon­ci­lia­ción de Bal­bín y Perón

Perón falle­ció ese mismo año, luego de reafir­mar su alo­cu­ción mediante la expul­sión de los Mon­to­ne­ros el 1º de mayo. Cuando su mujer, Isa­bel Mar­tí­nez de Perón, lo suplantó en la pre­si­den­cia, lo pri­mero que hizo fue (luego de orde­nar el exter­mi­nio de los ele­men­tos sub­ver­si­vos por medios no con­ven­cio­na­les), pro­mul­gar una Ley mediante la cual orde­naba el ani­qui­la­miento de la subversión.

Según con­fe­sa­ron recien­te­mente Miguel Bonasso y Hora­cio Ver­bitzky, ambos ideó­lo­gos y diri­gen­tes mon­to­ne­ros de gran arraigo, les era impe­rioso que aquel gobierno de “Isa­be­lita” fuera derro­cado por los mili­ta­res cuanto antes (fal­taba poco para las elec­cio­nes) ya que sus orga­ni­za­cio­nes mili­ta­res subrep­ti­cias no podían sobre­lle­var las gran­des pér­di­das que les estaba oca­sio­nando el doble estran­gu­la­miento orde­nado por la Pre­si­dente: las AAA por una parte, y las ope­ra­cio­nes con­ven­cio­na­les de las FFAA por la otra, que en un año habían pro­du­cido la frio­lera de 3.000 muer­tos entre sus mili​tan​tes​.La recon­ci­lia­ción de

Lo demás es his­to­ria cono­cida. Los mili­ta­res fue­ron per­sua­di­dos por las fuer­zas polí­ti­cas para derro­car a la Pre­si­dente cons­ti­tu­cio­nal, se disol­vió la tri­ple A, y se con­ti­nua­ron las ope­ra­cio­nes milia­res hasta derro­tar a la sub­ver­sión en el campo de bata­lla, según las órde­nes impar­ti­das en demo­cra­cia …y nue­va­mente que­da­ron “pagando”.

No bien los mili­ta­res deja­ron el gobierno ~cosa que tarde o tem­prano habría de suce­der dado el carác­ter tem­po­ral de los gol­pes de estado en la Argen­tina~ de inme­diato regre­sa­ron al gobierno los terro­ris­tas, uti­li­zando al hijo de un gallego anar­quista, Raúl Alfon­sín, como idiota útil: el ariete nece­sa­rio para el comienzo de su obra de des­truc­ción, que pro­si­gue hasta hoy en día.

Suce­die­ron a Alfon­sín (Masón Grado 33), otros per­so­na­jes: Car­los Saúl Menem (de ori­gen musul­mán, ateo y tam­bién de la misma fra­ter­ni­dad que Alfon­sín) ~quien con­so­lidó la implo­sión cons­ti­tu­cio­nal mediante el “pacto de Oli­vos” que cele­bró con este último; Fer­nando De la Rúa, Eduardo Duhalde y final­mente la dinas­tía Kir­ch­ner (abso­lu­ta­mente anti­ca­tó­lica), que pro­yecta con­ti­nuar cómoda e inde­fi­ni­da­mente en Casa Rosada a perpetuidad.

Hoy ~indis­cu­ti­ble­mente~ (sea sufi­ciente al lec­tor repa­sar los nom­bres de quie­nes rigen los des­ti­nos del país desde la fun­ción pública) los anar­quis­tas se han hecho del poder, aso­cián­dose para des­mem­brar en forma con­tun­dente y defi­ni­tiva lo que queda de esta terri­to­rio sin Ley.

Los argen­ti­nos que, al menos, toda­vía no están encar­ce­la­dos o bajo sos­pe­cha debe­rían con­si­de­rar seria­mente ~por el bien de sus hijos y su pos­te­ri­dad~ aban­do­nar estas comar­cas, ya que pau­la­ti­na­mente la Nación se quedó sin His­to­ria, des­pro­visto del Dere­cho, reglas ni orden, y está defi­ni­ti­va­mente tomada.

Indu­da­ble­mente…  este relato recién empieza.

Si no soy cen­su­rado, alla­nado o puesto tras los barro­tes, la semana que viene les sigo contando.

*Dr Car­los Mar­celo Shäferstein

1 “Juan B. Justo”, Edi­to­rial Amé­rica Lee, Bue­nos Aires, 1943.

2Roberto Feli­cetti, un peli­groso terro­rista, fue uno de los diri­gen­tes del “movi­miento todos por la patria” con­de­na­dos por el copa­miento del Regi­miento de Infan­te­ría 3 “Gene­ral Bel­grano”, en la loca­li­dad de La Tablada. El ase­sino del Mayor Fer­nán­dez Cutie­llos, rápi­da­mente indul­tado por el   régi­men de Duhalde, hoy ocupa el cargo de Direc­tor de Polí­ti­cas de Reci­clado Urbano de la Ciu­dad Autó­noma de Bue­nos Aires, entre otras fun­cio­nes públi­cas como fun­cio­na­rio kirchnerista.

3 El Golpe mili­tar del Gene­ral José Félix Uri­buru con­tra el Gobierno de Yri­go­yen, amplia­mente apo­yado por la pobla­ción y los par­ti­dos polí­ti­cos  no fue ni el pri­mero ni el último de la Argen­tina, como se pre­tende hacer creer. Las revo­lu­cio­nes mili­ta­res siem­pre estu­vie­ron fogo­nea­das por polí­ti­cos civi­les des­con­for­mes con quien ejer­cía el man­dato legí­timo según las épocas, des­ta­cán­dose, como pri­mer ante­ce­dente, la “Revo­lu­ción del Par­que”, en 1890, mediante la cual los mili­ta­res, a ins­tan­cias del fla­mante Par­tido Radi­cal de Lean­dro N. Alem, des­ti­tu­ye­ron al gobierno de Juá­rez Celman.

Autor: Dr Carlos Marcelo Shäferstein*

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18 Comentarios en “Cien años de subversión en Argentina”  

  1. 1 pipino

    ¡Mag­ni­fico su articulo Dr. Scha­fers­tein! Ud. dice gran­des ver­da­des que la prensa filo­zurda y domi­nada por el gobierno oculta a las jove­nes generaciones.

    El siguiente parrafo no tiene desperdicio:

    Dudo mucho que aque­lla con­dena haya sido una pena severa, y demues­tra que el garan­tismo no es una cosa de nues­tros días, sino que viene de arras­tre… Rado­witzky era el Roberto Felicetti2 de aque­llos tiem­pos, y ~si hubiera suce­dido hoy~ no me cabe nin­guna duda que lo habrían pro­mo­vido a un cargo direc­tivo de la admi­nis­tra­ción pública kirchnerista.”

    Su lucha es ejem­plar con­tra los enemi­gos de Dios y la Patria.

  2. 2 Julio Martín Méndez Peralta Ramos

    Gra­cias Dr.Carlos Scha­fers­tein por este nota­ble aporte para el cono­ci­miento de la his­to­ria reciente de los argen­ti­nos. Merece ser publi­cado y difun­dido, sobre todo por sus con­clu­sio­nes. Le deseo que no des­fa­llezca y nos con­ti­núe delei­tando e ilus­trando que buena falta le hace a unos cuan­tos des­me­mo­ria­dos e inge­nuos. Lo saludo con el mayor de los res­pe­tos y la mejor estima.

  3. 3 atilio tesei

    Me per­mito incluir estos pen­sa­mien­tos que, sin pre­ten­der ser un com­ple­mento de este bri­llante tra­bajo, puede que nos ayu­den a situar­nos den­tro de un con­texto más abar­ca­tivo, pues no solo esta­mos sufriendo la clase de terro­rismo que des­cribe el autor, sino que el actual, es casi un Karma que fluye desde los que gobier­nan hacia el pue­blo y lo envuel­ven com­ple­ta­mente, des­tru­yendo todo lo bueno, honesto, gene­roso y ético que debía haber sido, desde siem­pre, su razón de existir.

    Comen­ta­rio (de Ayn Rand-año 1950)

    Cuando advierta que para pro­du­cir nece­sita obte­ner auto­ri­za­ción de quie­nes no pro­du­cen nada; cuando com­pruebe que el dinero fluye hacia quie­nes tra­fi­can no bie­nes, sino favo­res; cuando per­ciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influen­cias mas que por el tra­bajo, y que las leyes no lo pro­te­gen con­tra ellos, sino, por el con­tra­rio son ellos los que están pro­te­gi­dos con­tra usted; cuando repare que la corrup­ción es recom­pen­sada y la hon­ra­dez se con­vierte en un auto­sa­cri­fi­cio, enton­ces podrá afir­mar, sin temor a equi­vo­carse, que su socie­dad esta con­de­nada.“
    AYN RAND
    AUTORA DE ESA MAG­NÍ­FICA NOVELA QUE ES ATLAS SHRUG­GED, TRA­DU­CIDA AL ESPA­ÑOL COMO LA REBE­LIÓN DE ATLAS, UNA SUERTE DE ANTI­CIPO DE LO QUE NOS ESTÁ PASANDO A LOS ARGENTINOS

  4. 4 Matilde del Carmen Masats

    Dr. Car­los Schä­fer­tein: Ud plasmo la His­to­ria com­pleta con un puño lleno de ver­da­des. Feli­ci­ta­cio­nes por su valen­tia, honor y de un nivel inte­lec­tual supe­rior poco usual en estos momen­tos. Ade­lante, corage y valor.

  5. 5 Tito en el Caribe

    Exce­lente, a como nos tiene mal acos­tum­brado el Sr Safers­tein.. Intere­san­ti­sima his­to­ria escrita para que todos la comprendamos.…Pero.….….……Como quie­nes me cono­cen saben que..: Jamas cri­tico sin bases. Dice Ud, que Alfon­sin, Maes­tre º:. 33:.?, ade­más, que Men­nen (Musul­mán), Idem de la misma fra­ter­ni­dad?… Res­pe­ta­ble señor, creo e insisto en ello, que Ud debiera ase­so­rarse mejor, res­pecto a algu­nas cosas que plasma aquí.…..“Magnesia, no es lo mismo que Xiru­la­xia”, pero los efec­tos.… Le recuerdo.: Que OPUS DEI, no Va con la Orden Uni­ver­sal :.. Menos, Musul­mán con Maso­ne­ría.. Estoy seguro y doy por des­con­tado, que no fal­ta­ran los Ima­gi­na­ti­vos, insul­ta­do­res y opi­na­do­res, que sal­ten para con­tra­pe­sar mi comen­ta­rio, pero en “aras de la ver­dad” debiera rec­ti­fi­car sobre alguna cosas, en lo que Ud afirma… Ud con­funde doc­tri­nas, no seria grave si no oscu­re­cie­ran las ver­da­des. Es tan dañino “decir mal”, que hacer mal.….

    Muy res­pe­tuo­sa­mente, NFO:.

    Pd.: Rec­ti­fi­car es de sabios…

  6. 6 LeopoldoSilva Ortiz

    SIN PALA­BRAS, AÑOS QUE­RIENDO VER IMPRESO ESTA DOLO­ROSA REALI­DAD. CON TANTO ACIERTO.

    MIS SIN­CE­RAS FELICITACIONES

  7. 7 El autor

    Para Tito, en el Caribe:

    Res­pe­tuo­sa­mente le con­testo. Los maso­nes no tie­nen Fe. Por eso las pala­bras cau­tas del primo sacer­dote de Raúl Alfon­sín en su sepe­lio. El Dr Car­los Saúl Menem fue musul­mán. Serlo no tiene nada de malo. Dejar de serlo para ingre­sar a la maso­ne­ría tam­poco. Es un hecho de la reali­dad. De los demás pre­fiero no hablar, pero obvia­mente no son cató­li­cos. Su rela­ción con el Opus Dei no entiendo a qué se refiere, por­que el Santo de Bala­guer no pre­ten­día un orden universal.

    En fin, los anar­quis­tas más bien pre­ten­den el des­or­den uni­ver­sal que es otra cosa.

    Por ahora no voy a escri­bir sobre la maso­ne­ría, pero gus­to­sa­mente le enviaré mis tra­ba­jos en borra­dor para que me los observe antes de su publi­ca­ción, a fin de satisfacerlo.

    No me gusta defrau­dar a los lec­to­res de LHP e intento inves­ti­garlo todo con mucha seriedad.

    Le agra­dezco mucho su per­ma­nente inter­ven­ción en la página.

    Salu­dos cordiales

    Car­los

  8. 8 Carlos

    Muy esti­mado Dr. Car­los Mar­celo Shä­fers­tein.
    Exce­lente expe­di­ción de índole revi­sio­nista sobre nues­tra his­to­ria. Me asom­bra su comen­ta­rio sobre el Dr. Raúl Alfon­sín y más aún su fra­ter­ni­dad para con Car­los Menem. Tam­bién hace men­ción sobre la falta de fe en la maso­ne­ría. Me deja Ud. Un tanto intri­gado ya que entiendo, o pre­tendo enten­der; que los maso­nes luchan por las igual­da­des socia­les, acep­tando diver­sos cre­dos e ideo­lo­gías polí­ti­cas, todo en aras de la paz y la mutua tole­ran­cia.
    Afec­tuo­sa­mente Car­los Fourmont.

  9. 9 memoelizalde

    que lo pario

  10. 10 El autor

    Esti­mado Car­los Fourmont:

    No quiero irme del tema. La anar­quía tiene poco que ver con la maso­ne­ría (o invo­lun­ta­ria e indi­rec­ta­mente ten­dría sus enla­ces). Pero cuando men­cio­na­mos a la fra­ter­ni­dad masó­nica que des­lum­bra a tan­tos diri­gen­tes polí­ti­cos, inte­lec­tua­les, e incluso a muchos mili­ta­res (sobre todo mari­nos) esta­mos hablando del poder.

    Per­te­ne­cer a la maso­ne­ría tiene sus pri­vi­le­gios. En prin­ci­pio no hago jui­cio de valor posi­tivo o nega­tivo. Par­ti­cu­lar­mente pre­fiero morir pobre por­que mi cose­cha no la reco­geré en esta tie­rra. Quie­nes per­te­ne­cen a la her­man­dad ini­ciá­tica segu­ra­mente tie­nen más éxito que el suscripto.

    Pero el Papa León XIII, en su encí­clica “In emi­nenti”, expli­caba que “la maso­ne­ría es la actua­li­za­ción del paga­nismo anti­guo y el gnos­ti­cismo”. El gnos­ti­cismo nació como una reac­ción pagana con­tra el cris­tia­nismo, y se ha venido repro­du­ciendo a lo largo de la His­to­ria hasta hoy.

    Se puede afir­mar que la maso­ne­ría es una orga­ni­za­ción que tiene como fin fun­da­men­tal aca­bar con el cris­tia­nismo, implan­tar la secu­la­ri­za­ción en la socie­dad, y esto se puede ver en la lec­tura de los ritua­les masónicos.

    La filo­so­fía masona exalta la capa­ci­dad de la mente y la lógica sin tomar en cuenta la nece­si­dad de la gra­cia y la mise­ri­cor­dia divina nues­tra plena rea­li­za­ción y sal­va­ción. Ignora la reali­dad del pecado. Por lo tanto no con­si­dera la efi­ca­cia de la Cruz ni la vida en el Espí­ritu Santo que los cris­tia­nos reci­bi­mos en la Iglesia.

    La Maso­ne­ría se pro­pone como la nueva reli­gión uni­ver­sal mien­tras que las igle­sias cris­tia­nas son rele­ga­das a una cate­go­ría poco menos que sectaria.

    La ver­da­dera filo­so­fía masó­nica es el “huma­nismo secu­lar”, una ideo­lo­gía mera­mente humana que pro­pone el racio­na­lismo y el naturalismo.

    Según ella, la “natu­ra­leza” está guiada por la razón que lleva por si sola a toda la ver­dad y, con­se­cuen­te­mente, a una uto­pía de “liber­tad, igual­dad y fra­ter­ni­dad”. Este debía ser el “novus ordo secu­lorum” (un nuevo orden secular).

    Por ese motivo, la filo­so­fía masó­nica es pre­cur­sora de la Revo­lu­ción Fran­cesa e influye mas tarde en la filo­so­fía comunista.

    Hay que tener claro que, para su fina­li­dad prin­ci­pal, nece­si­tan el poder. Uno de los prin­ci­pios más vie­jos e indis­cu­ti­dos de la maso­ne­ría es que sus miem­bros tie­nen que pro­fe­sar en apa­rien­cia la reli­gión del Estado donde habi­tan. Por eso me referí a lo que los musul­ma­nes lla­man “taqiya”, o sea la con­ver­sión apa­rente. Que Raúl Alfon­sín haya per­te­ne­cido a la maso­ne­ría tam­bién es indis­cu­ti­ble, ya que los avi­sos fúne­bres de la Socie­dad Masó­nica Argen­tina lo reivin­di­ca­ron como hermano.

    Lo mismo había pasado cuando falle­ció el Tte Grl Brin­zoni, y segu­ra­mente pasará igual cuando, ojalá que den­tro de muchos, pero muchos años se pro­duzca el deceso del Almi­rante Godoy, del Dr de la Rúa o de Nés­tor Kir­ch­ner. Como la fra­ter­ni­dad es secreta, no es pública la membresía.

    Lo que con­si­dero inne­ga­ble es una remota cone­xión entre la maso­ne­ría y la Inter­na­cio­nal socia­lista. Le explico: en el libro de Jac­ques Mit­te­rrand, primo her­mano del ex-Presidente Mit­te­rrand, masón y alto cargo del par­tido socia­lista de Fran­cia, titu­lado “La polí­tica de los franc­ma­so­nes”, publi­cado en 1975, decía que, “así como en el siglo XVIII la maso­ne­ría equi­va­lía a la igual­dad, en el siglo XIX a la liber­tad, en el siglo XX la maso­ne­ría equi­vale al socia­lismo de raíz marxista”.

    Este libro des­a­pa­re­ció de la venta a las pocas semanas.

    En defi­ni­tiva, yo res­peto su idea, pero para mí con­cep­ción par­ti­cu­lar [admito que puedo estar equi­vo­cado, pero lo dudo] las doc­tri­nas de la maso­ne­ría con­tra­di­cen la Fe cató­lica y por eso la Igle­sia ha decla­rado que no se puede ser cató­lico y masón. por­que ambas no con­di­cen en lo esencial.

    Al mismo tiempo acla­ra­mos que no guar­da­mos ani­mo­si­dad con­tra los maso­nes, quie­nes, como Vd bien dice, luchan, a su manera, por las igual­da­des socia­les, y acep­tan todos los cre­dos e ideo­lo­gías polí­ti­cas en aras la paz uni­ver­sal y la mutua tolerancia.

    Per­so­nal­mente creo que el amor de Cristo nos debe­ría mover a amar al pró­jimo. Pero ese mismo amor nos exige que mediante la ver­dad nos con­duzca a la salvación.

    No qui­siera tener enemi­gos de esa fra­ter­ni­dad. Si alguna vez me pongo a escri­bir algo sobre la maso­ne­ría, le pro­meto consultarle.

    Salu­dos cordiales

    Car­los

  11. 11 el ingenioso hidalgo

    los maso­nes luchan por las igual­da­des socia­les, acep­tando diver­sos cre­dos e ideo­lo­gías polí­ti­cas, todo en aras de la paz y la mutua tolerancia.”

    Señor don Car­los, a tra­ves de mis tan­tos años de vida, puedo decirle que los tíos maso­nes DICEN eso que Ud. escribe, pero HACEN pre­ci­sa­mente lo contrario.

  12. 12 El autor

    Al Inge­nioso Hidalgo

    Dis­tin­guido Señor:

    Yo no qui­siera enfren­tarme gra­tui­ta­mente en un debate inte­lec­tual sin sen­tido y en el cual segu­ra­mente seré derro­tado. La dia­léc­tica fun­ciona así. Acos­tum­brado a empu­ñar el sable, como viejo Caba­llero, las dis­cu­sio­nes bizan­ti­nas me superan.

    Más aún cuando los jue­ces que me juz­gan per­te­ne­cen a la Masonería.

    Algo habré hecho… dirán muchos. Y no es éste el recinto donde debo defen­der mi pequeño espa­cio de liber­tad de prensa, de opi­nión… mi inti­mi­dad. Vol­veré mañana a Tri­bu­na­les para ver cuándo me devuelve mis archi­vos Ser­gio Torres, el magis­trado pre­fe­rido de Kirchner.

    Si yo escri­biese con seu­dó­nimo tal vez sería más valiente. Pero los años y los acha­ques me saca­ron aquel ímpetu arro­jado de la temeridad.

    Más, como firmo con mi grado nom­bre y ape­llido, le ase­guro que son gente que, aun­que Vd no la res­pete, le debe­ría temer.

    Salu­dos cordiales

    Car­los

  13. 13 harry

    La Maso­ne­ria hoy es un gran Club de Nego­cios y casi nada mas. En Paris visite el museo tem­plo del Gran Oriente y alli se ve cla­ra­mente como la revo­lu­ción fran­cesa ‚la ame­ri­cana y las nues­tras tuvie­ron pro­ce­res e impulso maso­nico casi en su tota­li­dad.
    Mite­rrand era mason y la pira­mide que dejo en el Lou­vre asi lo demues​tra​.De joven era mili­tante de la dere­cha cato­lica y casi hasta vichysta.
    La maso­ne­ria ita­liana ya cerro filas con los cato­li­cos por­que habia un enemigo comun ‚jus­ta­mente el comu­nismo.
    En el museo de Paris hay una enorme esta­tura de metal que repre­senta una ima­gen de una mujer yacente copu­lando con un ser que es mitad hombre,mitad reptil,es cla­ra­mente un sim­bolo de las creen­cias evo​lu​cio​nis​tas​.No es obs­ceno ‚es ale­go­rico.
    Los can­di­da­tos maso­nes no lo son por ser maso­nes sino que el pro­ce­di­miento es el inverso,se los copta por su exito pro­fe­sio­nal o eco­no­mico.
    Aun­que dudo que Mara­dona sea toda­via mason.
    En Esta­dos Uni­dos y Gran Bre­taña tie­nen fuerte pre­sen­cia en las uni­ver­si­da­des que cuen­tan. Aca un poco menos,en el Caribe mucha. Balza es un hom­bre de ellos,eso explica su inoxi­da­bi­li­dad poli­tica.
    Emi­lio Cor­biere escri­bio algu­nos libros bien docu­men­ta­dos sobre el tema.
    Los Tem­pla­rios no eran maso­nes aun­que asi se dice ‚si bien es cierto que en Esco­cia donde se refu­gia­ron ‚hubo mucha influen­cia fran­cesa y poli­tica libe­ral finan­ciera.
    Creo que fue­ron una fuerza poli­tica del pasado ‚con­fi­nada ahora a los cir­cui­tos finan­cie­ros.
    En la Argen­tina son mas radi­ca­les que peronistas,aunque tam­bien algu­nos libe­ra­les abre­van en esas fuen­tes.
    Salu­dos
    Edgardo Arrivillaga.

  14. 14 Fortinera

    ¡¡¡Exce­lente!!! Dr. Car­los Sha­fers­tein su inves­ti­ga­ción. Cuanta ver­dad his­tó­rica docu­men­tal. Real­mente su capa­ci­dad inte­lec­tual es un don que Dios le ha dado. Quie­nes tene­mos acceso a la inves­ti­ga­ción his­to­rica sabe­mos lo que es encon­trar un tesoro (docu­mento fide­digno) como el que ud. tan bon­da­do­sa­mente nos brinda.
    Un saludo muy espe­cial:
    Fortinera

  15. 15 Fernán Ruiz

    Dr. Sha­fers­tein, usted pro­me­tió una segunda parte ¿será publi­cada? ¿Cuándo?

  16. 16 Gustavo

    De dónde tomó usted la ver­sión de que el enton­ces teniente Juan Domingo Perón estuvo bajo las órde­nes del Tcnl. Varela durante los hechos pata­gó­ni­cos? Seme­jante barra­ba­sada, me quitó el inte­rés en leer todo su mate­rial. Creo que nos mere­ce­mos una pro­funda invs­ti­ga­ción por más leve que sea un pequeño dato, para darle serie­dad a un escrito.

    Saludo a Ud. Atte.

  17. 17 grachu

    res­pe­tuo­sa­mente mi opi­nion es que creo debe docu­men­tarse mejor. por res­peto a sus admi­ra­do­res que han dejado muy lin­dos comen­ta­rios y obvia­mente les gusta lo que dice, y saben poco de his­to­ria. le sugiero dejar el orien­ta­miento poli­tico de lado y lea un autor con­tem­po­ra­neo que tiene todo docu­men­tado como el escri­tor Bayer, muy serio y res­pe­tuoso de la his­to­ria.
    lean la ver­dad sobre Ramon L. Fal­con y se daran cuenta por­que nues­tra poli­cia es lo que es.
    salu­dos cordiales

  18. 18 nahuel

    Estuve solo ojeando el articulo se ve intere­san­ti­simo, de echo esta­ria bueno des­me­nu­zar en esto de las luchas obre­ras en argen­tina y sobre todo de la mano de muchos anar­quis­tas, de esa llama vin­di­ca­dora, como diria Seve­rino di Gio­vanni, des­me­nu­zar esta cues­tion de “apro­pia­cion” del pero­nismo de las luchas anar­quis­tas, como se adue­ña­ron de este movi­miento y se va creando el pero­nismo, sin duda a gran­des ras­gos pode­mos ver como se adue­ña­ron de dis­cur­sos, sim­bo­los y hasta de esa com­ba­ti­vi­dad unque en el fondo no sea nada, solo espuma! para que el pue­blo se lo crea… Intere­san­ti­simo libro de ALBERO BELLONI “Del Anar­quismo al Pero­nismo.” Creo ke esto es muy pare­cido a lo ke sucede hoy no? con el feno­meno K, le supie­ron dar la vuelta a esta idea y adue­ñarse de muchas luchas popu­la­res de la argen­tina. fal­ta­ria pen­sar ke fue­ron ellos kie­nes inagu­ra­ron Zanon… seria un chiste muy verde!

    salud!

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