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Cien años de subversión en Argentina
El Columnista Invitado de Hoy
Dr. Carlos Marcelo Shäferstein
Informe Especial para «La Historia Paralela»

La Patria había terminado de consolidar la Unión Nacional tras muchos esfuerzos por la federalización. Ya era una República. Los cimbronazos de las guerras entre los caudillos habían pasado definitivamente, y ya teníamos una Constitución que definía un proyecto de país.
Argentina había entrado en guerra contra el Paraguay y había vencido. Era una Nación reconocida entre las más promisorias de la tierra y acababa de consolidar su integridad territorial en la guerra contra los salvajes, tanto en las campañas al Desierto como con la incorporación de los territorios del Chaco y Formosa donde se habían reducido los indios todavía hostiles que hacían inseguras las fronteras de la civilización.
Sólo se necesitaban brazos para trabajar la tierra, labrar surcos y lanzar a la Nación Argentina hacia su futuro ineludible de grandeza. Sin embargo no todo fue tan fácil, y a caballo de la generación del ‘80, rojos espectros amenazaban la paz de los argentinos.
Uno de los principales factores de cambio que dio lugar a la transición desde la Argentina tradicional a la moderna fue la inmigración. Y sin ella no es posible comprender la Argentina contemporánea. No hubo otro período en el que la proporción de extranjeros en edad adulta haya sido tan significativo; por más de setenta años, el 60% de la población de la Capital Federal y casi el 30% en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, eran inmigrantes. La europeización del país y la modificación del carácter nacional, tan anhelados por la generación del ochenta, la élite política del momento, se tradujo en una política inmigratoria abierta.

Hasta 1880, a través de las políticas de poblamiento, se intentó promover la agricultura, la ganadería y la red de transportes, para luego industrializar el país. Dentro de la heterogeneidad de la corriente inmigratoria, casi la mitad provenía de Italia, especialmente del sur, y una tercera parte de España. Luego de 1880, comenzó la segunda etapa. A partir de aquí se buscó mano de obra para una producción agrícola–ganadera masiva, pero pocos inmigrantes lograron ser propietarios. Ante el fracaso del plan de adjudicación de tierras en propiedad, el inmigrante se transformó en arrendatario o peón y buscó asilo en los centros urbanos.
Así, las políticas de poblamiento proporcional fracasaron. Igualmente, al ser la inmigración mayoritariamente masculina, se ocupó de actividades rurales, favoreciendo el desarrollo de una economía agrícola que permitió que el país se convirtiera en el principal exportador de trigo en el mundo cuando, hasta 1870, la Argentina lo importaba.
Como consecuencia del proceso inmigratorio, la estructura social argentina se volvió más compleja, a la vez que con el aumento de los sectores medios y populares, se produjeron cambios en la cultura política. Si bien creció el número de industriales y comerciantes, la clase alta en un principio se cerró frente al inmigrante, reteniendo la riqueza y el prestigio (basado en la “antigüedad y los antepasados”) y el poder político–económico asociado a la propiedad de la tierra.

La estructura de clases de entonces podía ser dividida en cuatro segmentos durante la primera inmigración. El primero estaba representado por la clase alta o aristocrática, la cual hasta 1914 representó al uno por ciento de la población. La siguiente era la alta clase media que, aunque próspera, era dueña de escaso prestigio social. La clase media baja no poseía fuerza económica ni poder social, pero vislumbraba posibilidades concretas de ascenso social. Finalmente, la clase baja, que representaba menos de los dos tercios de la población, ocupaba la base de la pirámide social y se esforzaba por crecer al nivel superior. Pero ciertamente no existía la indigencia, tal y como hoy se la conoce, porque la igualdad de oportunidades estaba garantizada y era muy probable que, en una familia pobre con trabajo y sacrificio la próxima generación ya no lo fuera.

El tipo argentino, en tanto, fue cambiando rápidamente. La clase dominante estaba compuesta originalmente por ganaderos, estancieros, comerciantes, abogados y políticos descendiente de los patricios. Pero las clases medias iban fraguándose con la inmigración a través de su participación en la economía y en el proceso de culturización progresiva. Las clases bajas, distribuidas a lo largo y a lo ancho de todo el territorio, recordaban la dualidad del país. Para gobernar la Argentina moderna fue preciso incorporar a los inmigrantes, sin resquebrajar la integridad nacional.
Entre 1902 y 1910, se operaron cambios en la estructura social, los que produjeron fuertes fisuras en el sistema político. La guerra en Europa alentaba la entrada de inmigrantes que buscaban nuevos lugares para su bienestar. La guerra del ´14 no sólo interrumpió el flujo inmigratorio, sino que también convocó a los nacionales beligerantes, lo cual explica el saldo inmigratorio negativo del período 1914–1918. Sin embargo, Argentina logró retener a los hijos de los extranjeros de las primeras olas, proclives tanto al ascenso social como a la participación política. Muchos de ellos habían obtenido títulos universitarios, los que sumados a la actividad de sindicalistas anarquistas, provocaron las tensiones que caracterizaron al país a principios de siglo.
La población urbana se duplicó. Y fue la clase media el estrato con mayor desarrollo, gracias a la contribución de los extranjeros; en él, crecían los sectores dependientes (empleados, funcionarios, técnicos). A la vez, fue en los centros urbanos donde se acentuó el ascenso de clases, favoreciendo la integración de todos los estamentos en el orden social vigente. De ese modo se materializó el proyecto de Sarmiento y Alberdi respecto de poblar el país con inmigración europea. Por supuesto que la gran mayoría de los recién llegados eran gente decente, … pero una ínfima minoría estaba constituida por desterrados. Rechazados en Europa, muchos de los que arribaban a la Argentina eran parte de organizaciones criminales como la camorra napolitana, así como la mafia y la mano negra sicilianas. Los tratantes de blancas hebreos, famosos por su red “Tvi Migdal” que trajeron al país la primera red de pedofilia integrada por prostitutas polacas…
Así como se instaló el delito común, confluyeron también el anarquismo, el comunismo y el socialismo para apropiarse de la nueva Nación. Estas ideologías, extrañas a las costumbres criollas, arribaron a nuestras playas al mismo tiempo que la generalidad de los pioneros que llegaban esperanzados desde Europa.
El anarquismo, por ejemplo, es una doctrina y movimiento radical que promueve el desconocimiento a todo orden jurídico o acracia, es decir, la autonomía de cada individuo. Es contrario al gobierno o autoridad obligatoria, como el Estado y promueve el autogobierno de las personas y asociaciones. La palabra anarquía deriva del griego αναρχια (anarchia), y de αναρχος (anarchos).
Los principios fundamentales del anarquismo son la nulidad de la propiedad privada de cada individuo, y la no coacción. Así, los únicos medios coherentes con estos principios son instituciones, derechos y obligaciones que sean resultado del libre albedrío o pactos voluntarios entre individuos soberanos. Desconocen a Dios en forma absoluta y determinante. Es una ideología de un particular origen ético que propone la autodeterminación de la gente, negando la legitimidad de todo orden institucional.
El 1º de mayo pasado se cumplieron 100 años de la denominada hoy en día “masacre de la plaza Lorea” vergonzoso episodio de nuestra historia donde se midieron –actuando como fuerzas conjuntas– el anarquismo y el socialismo ~unidos~ en una grotesca alianza de violencia contra la Policía de la Capital, al mando del coronel Ramón Lorenzo Falcón, durante la “exploración por el fuego”, operación táctica que más tarde sería rebautizada como “gimnasia revolucionaria”, realizadas durante el acto de la FORA (Federación Obrera de la Región Argentina), en 1909.

En 1880, la República Argentina sufría una gran demanda de mano de obra debido a la expansión del sector agropecuario, que ya por entonces estaba atrasado tecnológicamente. Precisamente, fue la tecnificación del agro en Europa la que prescindió de mano de obra, y muchos gringos terminaron migrando hacia las Pampas. Sin embargo, además de su fuerza de trabajo, muchos de estos inmigrantes traían las ideas anarquistas y socialistas que estaban en boga en los países de los que fueron expulsados a causa de sus actividades subrepticias para culminar con los reinos europeos antes de la 1ª Guerra mundial.
Años antes del episodio de 1909, el Presidente de la Nación, Teniente General Julio Argentino Roca –entre otras medidas– propició la sanción de la Ley 4.144, conocida como “Ley de Residencia”, que expulsaba a los trabajadores extranjeros que habían ingresado irregularmente al país para intentar llevar a cabo la “revolución anarquista” en estas tierras.
Fueron ellos quienes comenzaron a organizar los primeros “movimientos obreros” en nuestro país, no sólo en forma de primitivos engendros de “sindicatos”, sino también en centrales como la FOA (luego FORA) ~anarquista~ y la UGT, socialista.
El crecimiento de estos movimiento presindicales no caía muy bien principalmente a los verdaderos trabajadores que crecían socialmente en este país gracias al jornal obtenido diariamente por intensas horas de trabajo arduo (todavía no existían limitaciones horarias ni semanales). Lo que querían los obreros en general era trabajar mucho para ganar más dinero ~en una Nación que no conocía los aumentos de precios~ para crecer y hacer prosperar a sus hijos…
Tampoco las actividades «sindicales» o reivindicatorias eran de agrado a las autoridades conservadoras de la Patria, que habían forjado el diseño jurídico de la Nación. Fue así que el senador Miguel Cané –autor de la novela Juvenilia, y miembro destacado de la “Generación del ‘80”– quien impulsó en 1899, a pedido expreso de la Unión Industrial Argentina, un proyecto de ley para poder expulsar a los activistas extranjeros. Realmente el país no podría salir del clásico modelo agro-exportador sin industria, y las fábricas estaban permanentemente tomadas por los sediciosos. Sin embargo, el proyecto no se trataría ese año.
Pero, ante la injustificada huelga de estibadores del Puerto de Buenos Aires, en 1902, el gobierno de Julio Roca relanzó el proyecto de Cané con algunas modificaciones, y el 23 de noviembre de 1902 finalmente se sancionó la «Ley de Residencia», a instancias de la propia Unión Industrial Argentina (UIA), que estaba directamente bajo amenaza de esas alianzas mafiosas y anarcosocialistas. En diciembre de 1902, ya se habían deportado a 60 personas a Génova y Barcelona.
En la lista de expulsados publicada por el diario La Prensa figuraban anarquistas mundialmente conocidos por su actividad terrorista: Santiago Locascio, Adrián Troitiño, Ramón Palau, Juan Calvo, Julio Comba, Arturo Montesano, José Reguera, Dante Garfagnini y José Mella.

Durante los procedimientos para separar a los trabajadores de buena fe de los tahúres se estima que 500 personas, tanto extranjeras como argentinas, fueron detenidas e identificadas, durante la primera semana de vigencia de la ley.
La Ley de Residencia ha inspirado al tango “Al pie de la santa cruz”, casualmente con la autoría de dos anarquistas: Mario Batistella y Enrique Delfino, canción que fue censurada por esos días, y que interpretó nada más ni nada menos que Carlos Gardel. Una suerte de primer intento de penetración cultural del anarquismo, a través de la música: una suerte de “Ay Carmela” argentino:
«Declaran la huelga, hay hambre en las casas. Es mucho el trabajo y poco el jornal y en ese entrevero de lucha sangrienta se venga de un hombre la ley patronal. Los viejos no saben que lo condenaron pues miente piadosa su pobre mujer, quizás un milagro le lleve el indulto y vuelva a su casa la dicha de ayer./Mientras tanto al pie de la Santa Cruz una anciana desolada llorando implora a Jesús: “Por tus llagas que son santas, por mi pena y mi dolor ten piedad de nuestro hijo. ¡Protégelo, Señor!” Y el anciano, que no sabe ya rezar, con acento tembloroso también protesta a la par: “¿Qué mal te hicimos nosotros pa’ darnos tanto dolor?” Y a su vez dice la anciana “¡Protégelo, Señor!”. / Los pies engrillados, cruzó la planchada… La esposa lo mira, quisiera gritar. Y el pibe inocente que lleva en los brazos le dice llorando “Yo quiero a papá”. /Largaron amarras y el último cabo vibró al desprenderse en todo su ser. Se pierde de vista la nave maldita y cae desmayada la pobre mujer.»
Empezaba así la subversión terrorista en Argentina.
La guerra revolucionaria a principios del Siglo XX
El Congreso Obrero y Socialista reunido en París, en julio de 1889, había decidido “organizar una manifestación internacional con fecha fija, de manera que, en todos los países y ciudades a la vez, el mismo día convenido, los trabajadores intimen a los poderes públicos a reducir legalmente a ocho horas la jornada de trabajo y a aplicar otras resoluciones del Congreso Internacional de París” [Actas de la II Internacional, publicadas en El Obrero, selección de textos, CEAL, Buenos Aires, 1985].

La fecha acordada fue el 1º de mayo de 1890, en homenaje a los «mártires de Chicago», ejecutados por realizar una marcha similar en 1886. En nuestro país, ese día de 1890, tres mil obreros, en su gran mayoría inmigrantes, se reunieron en el Prado Español. También hubo manifestaciones en Bahía Blanca, Rosario y Chivilcoy.


La “clase obrera argentina” ni sabía que existía como tal. Eran todos laburantes y había trabajo para todos en este país de rápido ascenso social. A la formación de mal llamados “sindicatos”, le siguieron las organizaciones anarquistas y socialistas, periódicos obreros y bibliotecas, impresos por agitadores profesionales, según el idioma de la nacionalidad a quien el mensaje estaba destinado. Desarraigados de su origen, los nuevos pobladores de este país de inmigración europea soñada por Sarmiento, ni siquiera hablaban castellano en la mayoría de los casos. Entre los inmigrantes, un puñado de jóvenes intelectuales expulsados de Europa también hacían sus primeras lecturas en español, confusas y balbuceantes, de los teóricos del marxismo y del anarquismo, atacando a la República y a la Religión oficial.
La respuesta del Estado fue lógica. En 1904 se sancionó la “Ley de Residencia”, que autorizaba a expulsar sumariamente del país a todo “agitador”. Las huelgas compulsivas fueron consecuentemente reprimidas.
Un hecho particularmente grave ocurrió el 1º de mayo de 1904, cuando una inmensa manifestación convocada ese día por la FORA (Federación Obrera de la Región Argentina) agredió a trabajadores que se negaban a plegarse a los paros que amenazaban el abastecimiento, con el saldo de dos muertos y 24 heridos, cuando las fuerzas legales intentaron protegerlos. En 1905, cuando el acto había sido corrido al 21 de mayo, debido al estado de sitio, una manifestación autorizada por la policía “con la condición de que no se enarbolara ninguna bandera roja”, no se respetó y hubo otros dos muertos y 20 heridos ante el despliegue de los banners piqueteros de la época, que siempre iban acompañados de hondazos con proyectiles de piedras de canto rodado para policías y cabalgaduras.

Batallas campales
Pero, “ser revolucionario no es una travesura”, decía a todo a quien quisiera escucharlo un jovencito judío escapado de Rusia Simón Radowisky, que aquí, en Buenos Aires, se ganaba la vida como obrero metalúrgico. “Las revoluciones no son un juego de niños, ni un debate académico en el que solo se enfrentan vanidades, ni una justa literaria en la que solo vuelca tinta: La revolución es la guerra, y quien dice guerra dice destrucción de los hombres y las cosas”, decía en yidish, citando al anarquista Mikhail Bakunin. Simón realmente llevó al pie de la letra las ricas palabras de su admirado modelo ideológico. Mientras el partido socialista tildaba a aquellos anarquistas de “terroristas” o “loco sin patria” a ese jovencito, para diferenciarse y cobijarse en la “legalidad”, Radowitsky, en efecto, tendría el atrevimiento de poner fin a la vida del Coronel Falcón de la manera más cobarde y artera.

Si bien desde las postrimerías de la Revolución de Mayo la Argentina estuvo plagada de sucesos de violencia, luego de Caseros y la pacificación nacional, nuestra República venía creciendo a un ritmo imparable. En 1906 presidía el país Figueroa Alcorta. El Coronel (Retirado) «Expedicionario al Desierto» Ramón Falcón (que fuera también diputado entre 1898 y 1902) asumía como Jefe de la Policía de la Capital Federal. En aquel año, afloraba el estado agro exportador, y asomaban en las hojalaterías, en las fábricas de alambre y en los talleres mecánicos los esbozos del país industrial.
Millares de inmigrantes acudían a un milagro económico escapándose de la marginación, de la guerra que se aproximaba inevitablemente con negros nubarrones sobre Europa, del asedio del hambre y de la desocupación.
Con tanta inmigración venían lógicamente muchos anarquistas donde intentaban contagiar su ideología de movimientos obreros foráneos a los nuevos argentinos que crecían bajo el sol de la prosperidad de nuestra patria generosa.
Con tanto conventillo y anarquismo en los pasillos de esas grandes paredes se hacia política con los de abajo, mientras el estado se organizaba duramente para afrontar a un novedoso e inexplicable fenómeno social que comenzaba a gestarse paralelamente con el progreso.


Según las expresiones de las clases dominantes y gobernantes los laburantes estaban enfermos de “malatestismo”, lo cual eso se iba extendiendo en el seno del moviendo obrero, la neta influencia de socialistas y anarquistas, el estado así corporizaba su mas extremo disciplinamiento social mediante la represión que buscaban adrede.
De esa forma, la pacífica población de Buenos Aires vio ensombrecerse aquel 1º de mayo de 1909. Ese día estaban convocados dos actos. A las cinco de la tarde de ese día nefasto debía comenzar la concentración organizada por los anarquistas en Plaza Lorea (hoy parte de Plaza Congreso). Poco antes de que empiecen a hablar los oradores, el Coronel Falcón en persona, dio la orden categórica de disolver el acto.
En ese mismo momento la propia Policía fue atacada. El Escuadrón de Seguridad, a las órdenes de su jefe Jolly Medrano, cargó a caballo a la multitud a planazos de sable. En definitiva, murieron un agente de policía y ocho obreros. Quedaron heridos en el terreno 40 hombres, entre agentes del orden y manifestantes, varios uniformados de gravedad, ya que habían sido víctimas de puntazos, facas y tiros de revólver, así como trece animales, cruelmente mutilados por los filos de los anarquistas.
Los delincuentes huyeron corriendo por lo que hoy es la Avenida de Mayo hacia 9 de Julio. Ahí se encontraron con una columna de aproximadamente 20.000 personas: era la convocatoria socialista, que se había concentrado en Constitución y marchaba hacia Plaza Colón (atrás de la Casa de Gobierno) para realizar su acto.
La palabra “represión” corrió de boca en boca. Una multitud, ahora enorme, engrosada por los anarquistas que llegaban de Plaza Lorea, marchó en absoluto silencio hasta Plaza Colón, con paños negros sobre las banderas rojas socialistas.



La policía reforzó sus batallones de caballería pero, ante semejante multitud, no estaba ya en capacidad de actuar, debido a las pérdidas sufridas el mismo día.
Al llegar al lugar donde estaban levantadas las tribunas de lo que iba a ser el acto socialista, los oradores propusieron “la declaración de la huelga general por tiempo indefinido como desagravio a la clase obrera, ofendida en “las víctimas de Plaza Lorea” y para exigir la renuncia del Jefe de la Policía de la Capital, así como también el “castigo de todos los responsables de la masacre”.
Se alzaron decenas de miles de manos y la propuesta es aprobada por aclamación, aunque nadie entendía nada. Dardo Cúneo, testigo de los sucesos, relata: “entre los que han llegado hasta los socialistas desde la Plaza Lorea con las noticias del crimen policial, un “rusito” pugnaba por abrirse paso… en la mano aprisionaba un pañuelo ensangrentado. “¡Esta es la sangre de los hermanos que cayeron allá!”, dicen que aclamaba este muchachito que sólo hablaba ruso e idish, con su milagrosa dicción extranjera… que en la mano agitaba el pañuelo carmesí. Después se sabría –los diarios publicarían su retrato– que aquel muchacho se llamaba Simón Radowitzky”.



La huelga general de la semana de mayo
El paro comienza de inmediato. Será total en la Capital Federal y con alta adhesión en el interior del país. Se cumple una semana de huelga general. No hubo trenes, ni circularon los tranvías, los comercios permanecieron cerrados. Se calcula en 200.000 el número de obreros en huelga. El gobierno, lógicamente, buscó quebrarla, ya que se les impedía tanto a los industriales como a los comerciantes abrir las puertas, así como también a los trabajadores que no querían perderse su jornal, lesionando o matando a quien se atreviere a erigirse como “rompehuelgas” o “carneros”.
Entonces, la ciudad fue ocupada por el Ejército Argentino para reforzar a una Policía desbordada. Para evitar las asambleas fueron clausurados los locales donde se reunían los complotados, pero las reuniones se realizaron igual, en la calle.
Cientos de militantes gremiales y políticos, anarquistas y socialistas, fueron encarcelados. Se persigue a los que distribuyeron La Vanguardia y La Protesta, diarios socialista y anarquista, respectivamente, que dieron cuenta de la huelga y publicitaron la rebelión contra las autoridades constitucionales.
Finalmente, el día 8, el Comité Ejecutivo del Partido Socialista, que durante toda la semana había hecho llamamientos a “la moderación de los obreros” pero que se había encontrado totalmente desbordado por la base, retomó el control de la situación.
Se reunió con el gobierno y obtuvo del presidente del Senado la garantía de que toda reunión en el “sindicato de cocheros” va a ser “autorizada”. Y que si se levantaba la huelga se liberaría a los presos y se permitirá la reapertura de los locales.
Las direcciones del movimiento obrero aceptaron la “negociación” ofrecida por el gobierno. El movimiento huelguístico va a terminar dos días después, el 10 de mayo. Muchos obreros retomaron el trabajo con fuertes rencores hacia sus direcciones. Se había levantado la huelga sin obtener la principal reivindicación: la renuncia del jefe de policía.



El nacimiento del asesinato político…
El 14 de noviembre de 1909, en la esquina de las avenidas Quintana y Callao, aquel obrero metalúrgico anarquista que mencionáramos, Simón Radowitzky, “ajusticia” por mano propia al orgulloso militar símbolo de los hombres de uniforme de la época, arrojándole una bomba al carruaje del jefe de policía Falcón, que muere en el acto con su fiel ayudante, Juan Alberto Lartigau.


Esa misma noche se decreta el estado de sitio en todo el país, desatándose nuevamente una brutal represión contra los partícipes y sus cómplices. Centenares de militantes anarquistas fueron puestos “bajo la ley de residencia” y deportados. Otros tantos fueron encarcelados y apaleados, los locales comunistas y anarquistas fueron nuevamente clausurados y comisiones policiales atacaron las imprentas de La Vanguardia y La Protesta e inutilizaron las máquinas impresoras de pasquines similares, para impedir la salida de esos periódicos que llamaban a la violencia y a la revolución violenta.


En Argentina el estado de sitio recién fue levantado el 13 de enero de 1910. Pero el año del Centenario estará recorrido por una ola impresionante de huelgas obreras, incluyendo una el mismísimo día de la conmemoración, el 25 de mayo de 1910, y también por una fuerte ola represiva, que culminó con la sanción de la ley 7029 de “Defensa Social”, tal vez la pieza jurídica más injusta de la historia de la época ~sólo superada por las leyes del actual e inoperante Congreso de la Nación~ producto de la desesperación legislativa. Era lo que, precisamente, los anarquistas buscaban…
Simón Radowitzky, –el terrorista y criminal que llevó al martirio al Coronel Ramón Falcón– trató de suicidarse pero fue capturado, condenado a muerte y luego ~como supuestamente era menor de edad según el Código de la época~ le fue conmutada la pena a prisión perpetua, que debería cumplir en el penal de Ushuaia, con el agravante de que cada año, en oportunidad de cumplirse cada aniversario del crimen “deberá ser llevado a reclusión solitaria a pan y agua durante 20 días”.
Dudo mucho que aquella condena haya sido una pena severa, y demuestra que el garantismo no es una cosa de nuestros días, sino que viene de arrastre… Radowitzky era el Roberto Felicetti2 de aquellos tiempos, y ~si hubiera sucedido hoy~ no me cabe ninguna duda que lo habrían promovido a un cargo directivo de la administración pública kirchnerista.
Disgresiones aparte, y volviendo a esos días en la prisión austral, debemos recordar que Radowisky se convertiría en el “mártir de la anarquía”, un místico de la resistencia y del altruismo con los demás presos, que protagonizara una fuga legendaria a través de los canales fueguinos hasta que fue capturado por un buque de guerra chileno y entregado a los carceleros argentinos.
Sin embargo el primer asesino serial de la historia de la subversión argentina sería indultado en 1929 por la presión de la comunidad judía argentina y se fue del país para no volver jamás.
Sus compañeros de ideas de todo el país no lo abandonan en ningún momento, miles de mítines y su nombre en todas las publicaciones en primera plana, hasta que en 1930 bajo el gobierno de Yrigoyen se firmara el indulto, pero el gobierno radical no soportaba más al carismático criminal en territorio argentino y lo expulsó al Uruguay. Allí fue detenido y poco después será un molesto huésped del Penal de la Isla de Flores, por intentar volver a las andadas en la República Oriental. En 1936, ya en libertad, marchó a España e integró las brigadas internacionales defendiendo la República roja en España.

Derrotado por Franco (que seguramente no iba a ser tan generoso como lo fueron los argentinos para con él), el homicida regresó a la Rusia Soviética donde se le encomendó un rol preponderante en la organización del asesinato de León Trotzky, en 1940. Luego ocupó un cargo de relativa importancia hasta 1953 en la temida policía secreta soviética, NKVD, especializado en sabotaje y asesinatos políticos. Fue condecorado como «héroe de la Unión Soviética» por haber matado al temido Coronel Ramón Lorenzo Falcón, primer egresado del Colegio Militar de la Nación Argentina, un Oficial Superior de coraje con todas las letras,muy difícil de superar, de valor probado tanto en la Campaña del Desierto como en la incipiente guerra urbana.
Cuando envenenaron a Stalin, muchos tenían apuntado a aquel protegido del autócrata para purgarlo, razón por la que se escapó a México, donde Radowitzky halló la muerte en 1956 mientras trabajaba pacíficamente como obrero, conchabado en una fabrica de juguetes.
Un siglo de guerra sucia…
El 1º de mayo de 2009 se cumplieron cien años de esos episodios tan poco conocidos.
A partir de 1909 la clase obrera tendría nuevas luchas, triunfos y derrotas, reclamando mártires. Poco tiempo después se vivirían las jornadas de la Semana Trágica y de la “patagonia rebelde”, insurrecciones apagadas a tiempo para impedir la caída de la República, bajo el gobierno también constitucional de Don Hipólito Yrigoyen. De ese tema, y la mal llamada década infame, me ocuparé en el próximo artículo por razones de espacio.

Anarquistas capturados por el Ejército en la Patagonia. La mayoría fueron deportados a sus países de origen
Lo cierto es que un joven Teniente Primero participó el los combates contra “facón grande” y los líderes extranjeros del anarquismo: ese hombre era Juan Domingo Perón, Oficial de Infantería que revistaba a órdenes del denostado Teniente Coronel Benigno Varela.

Posiblemente esta experiencia, su adhesión a los generales José Félix Uriburu y a Agustín P. Justo, así como sus estudios en la Italia de Mussolini como agregado militar en Europa le llevaron a considerar al Comunismo, el Anarquismo y el Socialismo las principales amenazas de la Patria.
A su regreso al país –apoyado por el GOU (Grupo de Oficiales Unidos)– consideró procedente liderar aquel movimiento nacionalista, católico y sindical que denominó «justicialismo» y que en principio se asociaba con el “fascio” que Perón asimiló de la correcta política social de Franco, Hitler y Mussolini, que realmente erradicaron con eficacia las amenazas anárquico socialistas de Europa.

En definitiva, el movimiento obrero e intelectual anarquista, intentó su hegemonía mediante la creación artificial de “luchas sociales” en la argentina en el período que abarca de 1890 a 1910, año en que fue disuelto en los días previos a los festejos del centenario. Fundamentalmente por el propio rechazo de la sociedad donde la revolución se quiso enquistar. Resurgió la provocación durante la «semana trágica», en 1920, pero la tragedia intentada por los anarquistas fracasó y el movimiento fue rápidamente aplastado, por el Ejército y las fuerzas policiales, a quienes les soltó la mano el Presidente Hipólito Yrigoyen, asignándole indirectamente la culpa por los «excesos» en la represión de los insurrectos y dejándolos históricamente «pagando», como acostumbran hacer los políticos.
El autodenominado “movimiento libertario”, pese a las deportaciones y a la Justicia, intentó recobrarse –con intermitencias en períodos tales como el baldón intentado contra el Centenario, el intento subversivo ya citado de «la semana trágica», y los episodios patagónicos– hasta el 30 de setiembre de 1930.
Desde esa fecha, del golpe militar y popular del General José Félix Uriburu3 ~en el cual participaba activa y entusiastamente el Mayor Juan Domingo Perón~ desaparecieron los estertores de cualquier rebelión contra el orden jurídico en la República Argentina, para retornar luego de 1956 como estrategia para la toma del poder.



Pero todos estos hechos obviamente no terminaron y el anarquismo mutó en anarco-socialismo, en terrorismo, y luego ~bajo el manto democrático~ en “socialismo del Siglo XXI”, tras el ariete enmascarado como “peronismo revolucionario”, vendría a sacudir las murallas de la Patria poco después.

Las tres personalidades de Perón
Paradójicamente, bajo el nombre de “peronismo” o “justicialismo” se embozan las mismas viejas ideas diluyentes de la nacionalidad que asolaron los primeros años de la República. En este preciso momento, un candidato abiertamente comunista, Carlos Salomón Heller, encabeza la lista de Diputados Nacionales pare el Congreso ~por la Ciudad de Buenos Aires~ del Frente para la Victoria (el actual Partido Justicialista), que mediante extrañas alianzas o argucias ha logrado aglutinar a lo peor de aquellas pretéritas ideas anárquicas que pretendían la destrucción de la Nación.

De aquel Perón nacionalista que instituyó un verdadero movimiento sindical que aborrecía toda forma de comunismo o socialismo y era Católico, respetuoso del orden y la evolución del país hacia un destino agro-industrial, desaparecieron sus ideales cuando fue destituido por rivalidades dentro de las FFAA.

Entonces nació un nuevo Perón ~rencoroso~ que se volvió contra sus propios orígenes militares incitando al terrorismo y a la subversión, como modo de recuperar el poder. Los insurgentes de toda calaña se encolumnaron bajo la denominación de “resistencia peronista” y crearon organizaciones subrepticias como las FAL (fuerzas armadas de liberación), FAP (fuerzas armadas peronistas), ERP (ejército revolucionario del pueblo) y hasta «montoneros» (que era en su origen una organización de militantes católicos y nacionalistas). Estas bandas armadas y anárquicas respondían a una doctrina sentada en Cuba desde 1959 y correspondía al terrorismo impulsado por Moscú en su Guerra Fría contra Occidente, que se libraba materialmente en zonas periféricas como “conflictos de baja intensidad”. Su doctrina era el manual de guerra de guerrillas de Ernesto Che Guevara, y sus campos de instrucción estaban en la Escuela “Camilo Cienfuegos” de La Habana, o en la Universidad “Patrick Lumumba” de Moscú.

Cuando Perón regresó finalmente al país en 1973, lo sorprendió el caos que había desbordado a la Nación, y ~tras ser testigo de demasiados ataques cruentos e irracionales en plena democracia como Presidente constitucional~ volvió sobre sus pasos y retomó su doctrina originaria.

Tras el sangriento copamiento a la Guarnición Militar de Azul, el 22 de enero de 1974 lanzó un discurso furibundo donde ordenó “el exterminio de la guerrilla de los terroristas paranoicos” que estaba poniendo en peligro la integridad de la Nación, volviendo sobre sus pasos y dando por sentado que había utilizado esos mecanismos transitoriamente con el sólo propósito de volver a ocupar el trono de Argentina, pero haciendo gala de que no correspondía a sus planes que el terrorismo se perpetuara, ni que jamás se hiciera del poder.

La reconciliación de Balbín y Perón
Perón falleció ese mismo año, luego de reafirmar su alocución mediante la expulsión de los Montoneros el 1º de mayo. Cuando su mujer, Isabel Martínez de Perón, lo suplantó en la presidencia, lo primero que hizo fue (luego de ordenar el exterminio de los elementos subversivos por medios no convencionales), promulgar una Ley mediante la cual ordenaba el aniquilamiento de la subversión.
Según confesaron recientemente Miguel Bonasso y Horacio Verbitzky, ambos ideólogos y dirigentes montoneros de gran arraigo, les era imperioso que aquel gobierno de “Isabelita” fuera derrocado por los militares cuanto antes (faltaba poco para las elecciones) ya que sus organizaciones militares subrepticias no podían sobrellevar las grandes pérdidas que les estaba ocasionando el doble estrangulamiento ordenado por la Presidente: las AAA por una parte, y las operaciones convencionales de las FFAA por la otra, que en un año habían producido la friolera de 3.000 muertos entre sus militantes.La reconciliación de

Lo demás es historia conocida. Los militares fueron persuadidos por las fuerzas políticas para derrocar a la Presidente constitucional, se disolvió la triple A, y se continuaron las operaciones miliares hasta derrotar a la subversión en el campo de batalla, según las órdenes impartidas en democracia …y nuevamente quedaron “pagando”.
No bien los militares dejaron el gobierno ~cosa que tarde o temprano habría de suceder dado el carácter temporal de los golpes de estado en la Argentina~ de inmediato regresaron al gobierno los terroristas, utilizando al hijo de un gallego anarquista, Raúl Alfonsín, como idiota útil: el ariete necesario para el comienzo de su obra de destrucción, que prosigue hasta hoy en día.
Sucedieron a Alfonsín (Masón Grado 33), otros personajes: Carlos Saúl Menem (de origen musulmán, ateo y también de la misma fraternidad que Alfonsín) ~quien consolidó la implosión constitucional mediante el “pacto de Olivos” que celebró con este último; Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde y finalmente la dinastía Kirchner (absolutamente anticatólica), que proyecta continuar cómoda e indefinidamente en Casa Rosada a perpetuidad.

Hoy ~indiscutiblemente~ (sea suficiente al lector repasar los nombres de quienes rigen los destinos del país desde la función pública) los anarquistas se han hecho del poder, asociándose para desmembrar en forma contundente y definitiva lo que queda de esta territorio sin Ley.
Los argentinos que, al menos, todavía no están encarcelados o bajo sospecha deberían considerar seriamente ~por el bien de sus hijos y su posteridad~ abandonar estas comarcas, ya que paulatinamente la Nación se quedó sin Historia, desprovisto del Derecho, reglas ni orden, y está definitivamente tomada.
Indudablemente… este relato recién empieza.
Si no soy censurado, allanado o puesto tras los barrotes, la semana que viene les sigo contando.
*Dr Carlos Marcelo Shäferstein

1 “Juan B. Justo”, Editorial América Lee, Buenos Aires, 1943.
2Roberto Felicetti, un peligroso terrorista, fue uno de los dirigentes del “movimiento todos por la patria” condenados por el copamiento del Regimiento de Infantería 3 “General Belgrano”, en la localidad de La Tablada. El asesino del Mayor Fernández Cutiellos, rápidamente indultado por el régimen de Duhalde, hoy ocupa el cargo de Director de Políticas de Reciclado Urbano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre otras funciones públicas como funcionario kirchnerista.
3 El Golpe militar del General José Félix Uriburu contra el Gobierno de Yrigoyen, ampliamente apoyado por la población y los partidos políticos no fue ni el primero ni el último de la Argentina, como se pretende hacer creer. Las revoluciones militares siempre estuvieron fogoneadas por políticos civiles desconformes con quien ejercía el mandato legítimo según las épocas, destacándose, como primer antecedente, la “Revolución del Parque”, en 1890, mediante la cual los militares, a instancias del flamante Partido Radical de Leandro N. Alem, destituyeron al gobierno de Juárez Celman.
Autor: Dr Carlos Marcelo Shäferstein*
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18 Comentarios en “Cien años de subversión en Argentina”
Porfavor espere...



















¡Magnifico su articulo Dr. Schaferstein! Ud. dice grandes verdades que la prensa filozurda y dominada por el gobierno oculta a las jovenes generaciones.
El siguiente parrafo no tiene desperdicio:
“Dudo mucho que aquella condena haya sido una pena severa, y demuestra que el garantismo no es una cosa de nuestros días, sino que viene de arrastre… Radowitzky era el Roberto Felicetti2 de aquellos tiempos, y ~si hubiera sucedido hoy~ no me cabe ninguna duda que lo habrían promovido a un cargo directivo de la administración pública kirchnerista.”
Su lucha es ejemplar contra los enemigos de Dios y la Patria.
Gracias Dr.Carlos Schaferstein por este notable aporte para el conocimiento de la historia reciente de los argentinos. Merece ser publicado y difundido, sobre todo por sus conclusiones. Le deseo que no desfallezca y nos continúe deleitando e ilustrando que buena falta le hace a unos cuantos desmemoriados e ingenuos. Lo saludo con el mayor de los respetos y la mejor estima.
Me permito incluir estos pensamientos que, sin pretender ser un complemento de este brillante trabajo, puede que nos ayuden a situarnos dentro de un contexto más abarcativo, pues no solo estamos sufriendo la clase de terrorismo que describe el autor, sino que el actual, es casi un Karma que fluye desde los que gobiernan hacia el pueblo y lo envuelven completamente, destruyendo todo lo bueno, honesto, generoso y ético que debía haber sido, desde siempre, su razón de existir.
Comentario (de Ayn Rand-año 1950)
“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada.“
AYN RAND
AUTORA DE ESA MAGNÍFICA NOVELA QUE ES ATLAS SHRUGGED, TRADUCIDA AL ESPAÑOL COMO LA REBELIÓN DE ATLAS, UNA SUERTE DE ANTICIPO DE LO QUE NOS ESTÁ PASANDO A LOS ARGENTINOS
Dr. Carlos Schäfertein: Ud plasmo la Historia completa con un puño lleno de verdades. Felicitaciones por su valentia, honor y de un nivel intelectual superior poco usual en estos momentos. Adelante, corage y valor.
Excelente, a como nos tiene mal acostumbrado el Sr Saferstein.. Interesantisima historia escrita para que todos la comprendamos.…Pero.….….……Como quienes me conocen saben que..: Jamas critico sin bases. Dice Ud, que Alfonsin, Maestre º:. 33:.?, además, que Mennen (Musulmán), Idem de la misma fraternidad?… Respetable señor, creo e insisto en ello, que Ud debiera asesorarse mejor, respecto a algunas cosas que plasma aquí.…..“Magnesia, no es lo mismo que Xirulaxia”, pero los efectos.… Le recuerdo.: Que OPUS DEI, no Va con la Orden Universal :.. Menos, Musulmán con Masonería.. Estoy seguro y doy por descontado, que no faltaran los Imaginativos, insultadores y opinadores, que salten para contrapesar mi comentario, pero en “aras de la verdad” debiera rectificar sobre alguna cosas, en lo que Ud afirma… Ud confunde doctrinas, no seria grave si no oscurecieran las verdades. Es tan dañino “decir mal”, que hacer mal.….
Muy respetuosamente, NFO:.
Pd.: Rectificar es de sabios…
SIN PALABRAS, AÑOS QUERIENDO VER IMPRESO ESTA DOLOROSA REALIDAD. CON TANTO ACIERTO.
MIS SINCERAS FELICITACIONES
Para Tito, en el Caribe:
Respetuosamente le contesto. Los masones no tienen Fe. Por eso las palabras cautas del primo sacerdote de Raúl Alfonsín en su sepelio. El Dr Carlos Saúl Menem fue musulmán. Serlo no tiene nada de malo. Dejar de serlo para ingresar a la masonería tampoco. Es un hecho de la realidad. De los demás prefiero no hablar, pero obviamente no son católicos. Su relación con el Opus Dei no entiendo a qué se refiere, porque el Santo de Balaguer no pretendía un orden universal.
En fin, los anarquistas más bien pretenden el desorden universal que es otra cosa.
Por ahora no voy a escribir sobre la masonería, pero gustosamente le enviaré mis trabajos en borrador para que me los observe antes de su publicación, a fin de satisfacerlo.
No me gusta defraudar a los lectores de LHP e intento investigarlo todo con mucha seriedad.
Le agradezco mucho su permanente intervención en la página.
Saludos cordiales
Carlos
Muy estimado Dr. Carlos Marcelo Shäferstein.
Excelente expedición de índole revisionista sobre nuestra historia. Me asombra su comentario sobre el Dr. Raúl Alfonsín y más aún su fraternidad para con Carlos Menem. También hace mención sobre la falta de fe en la masonería. Me deja Ud. Un tanto intrigado ya que entiendo, o pretendo entender; que los masones luchan por las igualdades sociales, aceptando diversos credos e ideologías políticas, todo en aras de la paz y la mutua tolerancia.
Afectuosamente Carlos Fourmont.
que lo pario
Estimado Carlos Fourmont:
No quiero irme del tema. La anarquía tiene poco que ver con la masonería (o involuntaria e indirectamente tendría sus enlaces). Pero cuando mencionamos a la fraternidad masónica que deslumbra a tantos dirigentes políticos, intelectuales, e incluso a muchos militares (sobre todo marinos) estamos hablando del poder.
Pertenecer a la masonería tiene sus privilegios. En principio no hago juicio de valor positivo o negativo. Particularmente prefiero morir pobre porque mi cosecha no la recogeré en esta tierra. Quienes pertenecen a la hermandad iniciática seguramente tienen más éxito que el suscripto.
Pero el Papa León XIII, en su encíclica “In eminenti”, explicaba que “la masonería es la actualización del paganismo antiguo y el gnosticismo”. El gnosticismo nació como una reacción pagana contra el cristianismo, y se ha venido reproduciendo a lo largo de la Historia hasta hoy.
Se puede afirmar que la masonería es una organización que tiene como fin fundamental acabar con el cristianismo, implantar la secularización en la sociedad, y esto se puede ver en la lectura de los rituales masónicos.
La filosofía masona exalta la capacidad de la mente y la lógica sin tomar en cuenta la necesidad de la gracia y la misericordia divina nuestra plena realización y salvación. Ignora la realidad del pecado. Por lo tanto no considera la eficacia de la Cruz ni la vida en el Espíritu Santo que los cristianos recibimos en la Iglesia.
La Masonería se propone como la nueva religión universal mientras que las iglesias cristianas son relegadas a una categoría poco menos que sectaria.
La verdadera filosofía masónica es el “humanismo secular”, una ideología meramente humana que propone el racionalismo y el naturalismo.
Según ella, la “naturaleza” está guiada por la razón que lleva por si sola a toda la verdad y, consecuentemente, a una utopía de “libertad, igualdad y fraternidad”. Este debía ser el “novus ordo seculorum” (un nuevo orden secular).
Por ese motivo, la filosofía masónica es precursora de la Revolución Francesa e influye mas tarde en la filosofía comunista.
Hay que tener claro que, para su finalidad principal, necesitan el poder. Uno de los principios más viejos e indiscutidos de la masonería es que sus miembros tienen que profesar en apariencia la religión del Estado donde habitan. Por eso me referí a lo que los musulmanes llaman “taqiya”, o sea la conversión aparente. Que Raúl Alfonsín haya pertenecido a la masonería también es indiscutible, ya que los avisos fúnebres de la Sociedad Masónica Argentina lo reivindicaron como hermano.
Lo mismo había pasado cuando falleció el Tte Grl Brinzoni, y seguramente pasará igual cuando, ojalá que dentro de muchos, pero muchos años se produzca el deceso del Almirante Godoy, del Dr de la Rúa o de Néstor Kirchner. Como la fraternidad es secreta, no es pública la membresía.
Lo que considero innegable es una remota conexión entre la masonería y la Internacional socialista. Le explico: en el libro de Jacques Mitterrand, primo hermano del ex-Presidente Mitterrand, masón y alto cargo del partido socialista de Francia, titulado “La política de los francmasones”, publicado en 1975, decía que, “así como en el siglo XVIII la masonería equivalía a la igualdad, en el siglo XIX a la libertad, en el siglo XX la masonería equivale al socialismo de raíz marxista”.
Este libro desapareció de la venta a las pocas semanas.
En definitiva, yo respeto su idea, pero para mí concepción particular [admito que puedo estar equivocado, pero lo dudo] las doctrinas de la masonería contradicen la Fe católica y por eso la Iglesia ha declarado que no se puede ser católico y masón. porque ambas no condicen en lo esencial.
Al mismo tiempo aclaramos que no guardamos animosidad contra los masones, quienes, como Vd bien dice, luchan, a su manera, por las igualdades sociales, y aceptan todos los credos e ideologías políticas en aras la paz universal y la mutua tolerancia.
Personalmente creo que el amor de Cristo nos debería mover a amar al prójimo. Pero ese mismo amor nos exige que mediante la verdad nos conduzca a la salvación.
No quisiera tener enemigos de esa fraternidad. Si alguna vez me pongo a escribir algo sobre la masonería, le prometo consultarle.
Saludos cordiales
Carlos
“los masones luchan por las igualdades sociales, aceptando diversos credos e ideologías políticas, todo en aras de la paz y la mutua tolerancia.”
Señor don Carlos, a traves de mis tantos años de vida, puedo decirle que los tíos masones DICEN eso que Ud. escribe, pero HACEN precisamente lo contrario.
Al Ingenioso Hidalgo
Distinguido Señor:
Yo no quisiera enfrentarme gratuitamente en un debate intelectual sin sentido y en el cual seguramente seré derrotado. La dialéctica funciona así. Acostumbrado a empuñar el sable, como viejo Caballero, las discusiones bizantinas me superan.
Más aún cuando los jueces que me juzgan pertenecen a la Masonería.
Algo habré hecho… dirán muchos. Y no es éste el recinto donde debo defender mi pequeño espacio de libertad de prensa, de opinión… mi intimidad. Volveré mañana a Tribunales para ver cuándo me devuelve mis archivos Sergio Torres, el magistrado preferido de Kirchner.
Si yo escribiese con seudónimo tal vez sería más valiente. Pero los años y los achaques me sacaron aquel ímpetu arrojado de la temeridad.
Más, como firmo con mi grado nombre y apellido, le aseguro que son gente que, aunque Vd no la respete, le debería temer.
Saludos cordiales
Carlos
La Masoneria hoy es un gran Club de Negocios y casi nada mas. En Paris visite el museo templo del Gran Oriente y alli se ve claramente como la revolución francesa ‚la americana y las nuestras tuvieron proceres e impulso masonico casi en su totalidad.
Miterrand era mason y la piramide que dejo en el Louvre asi lo demuestra.De joven era militante de la derecha catolica y casi hasta vichysta.
La masoneria italiana ya cerro filas con los catolicos porque habia un enemigo comun ‚justamente el comunismo.
En el museo de Paris hay una enorme estatura de metal que representa una imagen de una mujer yacente copulando con un ser que es mitad hombre,mitad reptil,es claramente un simbolo de las creencias evolucionistas.No es obsceno ‚es alegorico.
Los candidatos masones no lo son por ser masones sino que el procedimiento es el inverso,se los copta por su exito profesional o economico.
Aunque dudo que Maradona sea todavia mason.
En Estados Unidos y Gran Bretaña tienen fuerte presencia en las universidades que cuentan. Aca un poco menos,en el Caribe mucha. Balza es un hombre de ellos,eso explica su inoxidabilidad politica.
Emilio Corbiere escribio algunos libros bien documentados sobre el tema.
Los Templarios no eran masones aunque asi se dice ‚si bien es cierto que en Escocia donde se refugiaron ‚hubo mucha influencia francesa y politica liberal financiera.
Creo que fueron una fuerza politica del pasado ‚confinada ahora a los circuitos financieros.
En la Argentina son mas radicales que peronistas,aunque tambien algunos liberales abrevan en esas fuentes.
Saludos
Edgardo Arrivillaga.
¡¡¡Excelente!!! Dr. Carlos Shaferstein su investigación. Cuanta verdad histórica documental. Realmente su capacidad intelectual es un don que Dios le ha dado. Quienes tenemos acceso a la investigación historica sabemos lo que es encontrar un tesoro (documento fidedigno) como el que ud. tan bondadosamente nos brinda.
Un saludo muy especial:
Fortinera
Dr. Shaferstein, usted prometió una segunda parte ¿será publicada? ¿Cuándo?
De dónde tomó usted la versión de que el entonces teniente Juan Domingo Perón estuvo bajo las órdenes del Tcnl. Varela durante los hechos patagónicos? Semejante barrabasada, me quitó el interés en leer todo su material. Creo que nos merecemos una profunda invstigación por más leve que sea un pequeño dato, para darle seriedad a un escrito.
Saludo a Ud. Atte.
respetuosamente mi opinion es que creo debe documentarse mejor. por respeto a sus admiradores que han dejado muy lindos comentarios y obviamente les gusta lo que dice, y saben poco de historia. le sugiero dejar el orientamiento politico de lado y lea un autor contemporaneo que tiene todo documentado como el escritor Bayer, muy serio y respetuoso de la historia.
lean la verdad sobre Ramon L. Falcon y se daran cuenta porque nuestra policia es lo que es.
saludos cordiales
Estuve solo ojeando el articulo se ve interesantisimo, de echo estaria bueno desmenuzar en esto de las luchas obreras en argentina y sobre todo de la mano de muchos anarquistas, de esa llama vindicadora, como diria Severino di Giovanni, desmenuzar esta cuestion de “apropiacion” del peronismo de las luchas anarquistas, como se adueñaron de este movimiento y se va creando el peronismo, sin duda a grandes rasgos podemos ver como se adueñaron de discursos, simbolos y hasta de esa combatividad unque en el fondo no sea nada, solo espuma! para que el pueblo se lo crea… Interesantisimo libro de ALBERO BELLONI “Del Anarquismo al Peronismo.” Creo ke esto es muy parecido a lo ke sucede hoy no? con el fenomeno K, le supieron dar la vuelta a esta idea y adueñarse de muchas luchas populares de la argentina. faltaria pensar ke fueron ellos kienes inaguraron Zanon… seria un chiste muy verde!
salud!