La Democracia Utilitaria

“La demo­cra­cia es un sis­tema por el que se ase­gura que no sea­mos gober­na­dos mejor de lo que nos mere­ce­mos” — Ber­nard Shaw

El inte­lec­tual ita­liano Gio­vanni Sar­tori — que no podría for­mar parte de Carta Abierta, nues­tro  grupo argen­tino de inte­lec­tua­les “pro­gres” que ins­pira al ex pre­si­dente Kir­ch­ner y su gobierno — acaba de publi­car Il Sul­ta­nato (Edit. Laterza), una reco­pi­la­ción de artícu­los dedi­ca­dos a los escar­ceos del pim­pante Pri­mer Minis­tro de Ita­lia Sil­vio Ber­lus­coni, un pequeño Duce que no cuenta con apoyo de nin­gún grupo inte­lec­tual como ocu­rre en Argen­tina. No obs­tante esta falta de apoyo, se las arre­gla por sí mismo para eje­cu­tar la nueva manera de uti­li­zar al sis­tema demo­crá­tico desde el poder, imple­men­tando una polí­tica de corte dic­ta­to­rial cuya receta viene de dolo­ro­sas expe­rien­cias euro­peas tota­li­ta­rias de los años 20 a 40 del siglo XX; el siglo de la bar­ba­rie ininterrumpida.

Mien­tras se sos­tu­vie­ron, tam­bién todos los regí­me­nes comu­nis­tas del este euro­peo se camu­fla­ron, por ejem­plo, decla­rán­dose “dic­ta­dura del pro­le­ta­riado”, frase rara­mente uti­li­zada por Marx pero lar­ga­mente impuesta como lema de las igno­mi­nias más abe­rran­tes pro­du­ci­das por la apo­teo­sis de las pur­gas de todo tipo y los deni­gran­tes gulags del frío, la sole­dad y el horror. Es evi­dente que nin­guna dic­ta­dura de “clase” o grupo de poder puede tener sen­tido, aun­que durante su come­tido se vana­glo­ria­ron por derro­tar a demo­cra­cias des­pre­cia­bles, plu­to­cra­cias corrup­tas y gobier­nos cuya debi­li­dad no les per­mi­tió ase­gu­rar el orden y con­te­ner el caos revo­lu­cio­na­rio de los “rojos”.

En aque­llos años, las demo­cra­cias se vie­ron supe­ra­das por estas dic­ta­du­ras para, pos­te­rior­mente, recu­pe­rar las vir­tu­des del sis­tema demo­crá­tico. Pese a que en la actua­li­dad éste tiende a per­der cre­di­bi­li­dad, aún se sos­tiene por estar fun­dado en valo­res bási­cos fun­da­men­ta­les  tales como los con­sen­sos y la libre expre­sión de la volun­tad popu­lar. Ésta es la dife­ren­cia fun­da­men­tal que no per­mite a los pro­yec­tos tota­li­ta­rios pre­sen­tarse como dic­ta­du­ras, sino embos­carse en su anti­vi­rus y pre­sen­tarse como su supera­ción desea­ble. La esen­cia de las dic­ta­du­ras no cam­bia, pero han cam­biado las estra­te­gias para imponerse.

En efecto, las cre­cien­tes dis­tor­sio­nes del con­cepto fun­dante en el que abre­va­ron y al cual enri­que­cie­ron, entre tan­tos otros, el fran­cés Ale­xis de Toc­que­vi­lle, John Stuart Mill y nues­tro poco recor­dado pen­sa­dor Juan B. Alberdi, está devi­niendo en una forma “neo” que corroe al con­cepto demo­crá­tico y con­funde los obje­ti­vos limi­na­res de los que bre­ga­ron por el bie­nes­tar gene­ral y el pro­greso de los pue­blos en con­tex­tos de liber­tad y responsabilidad.

Hoy la tác­tica de acu­mu­la­ción de poder dic­ta­to­rial den­tro de los mis­mos sis­te­mas demo­crá­ti­cos es gra­dual y parece más refi­nada para los que no están aten­tos: Desa­rro­lla nue­vas “Cons­ti­tu­cio­nes incons­ti­tu­cio­na­les” y uti­liza en forma equí­voca las herra­mien­tas de la demo­cra­cia para, una vez enfun­dada en un dis­curso pro­gre inde­mos­tra­ble y por lo tanto falso, ir eli­mi­nando – tra­tando de no lla­mar la aten­ción — las estruc­tu­ras que garan­ti­zan los dere­chos de los ciu­da­da­nos. Agi­tando ban­de­ras reivin­di­ca­to­rias  vicia­das de mega­lo­ma­nías y deli­rios de poder omní­modo en un con­texto de seudo mis­ti­cismo de la libe­ra­ción y la auto­no­mía de pen­sa­miento, indu­cen a resol­ver que éste resulte el único aceptable.

La dic­ta­dura cole­giada de China y los pro­yec­tos per­so­na­lis­tas son ano­ma­lías socia­les que han hecho que Sar­tori las defi­niera como “un régi­men de poder abso­luto y con­cen­trado en un solo grupo o en una per­sona, en el cual el dere­cho está some­tido a la fuerza”. Si al prin­ci­pio los dic­ta­do­res se apro­pia­ban bru­tal­mente del mando abo­liendo las estruc­tu­ras demo­crá­ti­cas y pro­mo­viendo a con­ti­nua­ción las Cons­ti­tu­cio­nes a su antojo, vemos en estos tiem­pos desa­rro­llarse una estra­te­gia que pro­duce las “Cons­ti­tu­cio­nes incons­ti­tu­cio­na­les” que  así eli­mi­nan, sin lla­mar dema­siado la aten­ción, las garan­tías de las estruc­tu­ras de la libertad.

Por supuesto que ya nadie se declara dic­ta­dor. Tor­pe­mente enca­ra­ma­dos en sus pro­pias Cons­ti­tu­cio­nes “a su medida”, los nue­vos cam­peo­nes del ideo­lo­gismo — truha­nes de la des­me­sura — se dedi­can a obs­ta­cu­li­zar y fago­ci­tar a los con­tra­po­de­res que los  obs­ta­cu­li­zan y tra­tan de arras­trar otros “com­pa­ñe­ros” en su esca­lada hacia la suma del poder público y pri­vado. El cali­fi­ca­tivo de Sul­ta­nato remite al islá­mico con­cepto evo­ca­tivo de pompa y poder des­pó­tico. Hasta aquí, Sar­tori se ha ocu­pado de Ber­lus­coni y de Europa. Pero supongo que a nadie escapa, con el correr de la lec­tura, cómo los pue­blos de nues­tra sufrida Amé­rica Latina ya han sido, en gran parte, ino­cu­la­dos por el virus de la epi­de­mia dictatorial.

Lo polí­tico debe­ría expre­sarse ahora en tér­mi­nos mora­les. En lugar de una lucha entre “izquierda y dere­cha” nos enfren­ta­mos a una lucha entre “bien y mal”. Cuando no exis­ten cana­les ade­cua­dos para resol­ver los con­flic­tos, el terro­rismo y los popu­lis­mos  de izquierda y de dere­cha, los anta­go­nis­mos, se visua­li­zan como una con­fron­ta­ción extrema. Una lucha sin cuar­tel entre “adver­sa­rios” en que el opo­nente es per­ci­bido solo como un enemigo que debe ser des­truido. Este dis­curso mani­queo, del que se apro­pian y hacen uso los auto­ri­ta­rios de turno, con­du­cen inevi­ta­ble­mente a la bús­queda fre­né­tica del mayor poder: de todo el poder posi­ble para ganar​.Es por esto que la teo­ría demo­crá­tica está tan mal pre­pa­rada para cap­tar los movi­mien­tos polí­ti­cos de “masas” de los popu­lis­mos, así como fenó­me­nos tales como el “nacio­na­lismo”. El papel de las “pasio­nes” en la polí­tica nos revela que “lo polí­tico” ignore la exis­ten­cia de una plu­ra­li­dad de valo­res y exalte la intolerancia,

El des­va­río Boli­va­riano del coro­nel Chá­vez es el mer­cado libre para todos los aspi­ran­tes a la suma del poder que sur­gen de con­ti­nuo en la siem­pre frus­trante polí­tica sud­ame­ri­cana. Los man­da­ta­rios sur­gi­dos de las demo­cra­cias tra­ba­jo­sa­mente sos­te­ni­das en nues­tro con­ti­nente en las últi­mas déca­das, refu­gio de ambi­cio­nes de poder y sul­ta­ne­rías de los diri­gen­tes que logran enca­ra­marse a lo Ber­lus­coni, escu­da­dos en reivin­di­ca­cio­nes ora legí­ti­mas, ora dis­pa­ra­ta­das como los esló­ga­nes que las iden­ti­fi­can, se ali­nean sin pudor tras intere­ses que pue­den pro­du­cir uti­li­da­des y cori­feando con­sig­nas obso­le­tas que muchos ya hemos supe­rado en amar­gas experiencias.

No obs­tante siem­pre se puede vol­ver sobre los pasos mal dados.

Repe­tir cala­mi­da­des, ejer­ci­tar la pompa y la ven­ganza y pro­yec­tar des­po­tis­mos “para los que menos tie­nen” arras­trando a los que tie­nen por­que se lo han ganado tra­ba­jando y esfor­zán­dose por pro­gre­sar, pro­yecta un aura de apo­teo­sis que ya fue el marco de  gran­des fra­ca­sos en la his­to­ria polí­tica del mundo.

Tulio Hal­pe­rín Donghi, uno de los más impor­tan­tes his­to­ria­do­res argen­ti­nos de las últi­mas déca­das, publicó en 1994 su libro “La larga ago­nía de la Argen­tina pero­nista”. En él exa­mina la cri­sis indu­cida por el ”con­flicto socio­ló­gico irre­fre­na­ble” que alcanzó su paro­xismo en la gue­rri­lla y el terro­rismo de Estado, “entre­la­zada y al ritmo de la fiera ago­nía de la socie­dad per­fi­lada bajo la égida del pero­nismo, mien­tras gra­vita sobre ella la dura­dera hue­lla nega­tiva de las moda­li­da­des que tuvo el ingreso de la demo­cra­cia elec­to­ral en la Argen­tina. Si hay algo que carac­te­riza a la vida polí­tica argen­tina es la recí­proca dene­ga­ción de legi­ti­mi­dad de las fuer­zas que en ella se enfren­tan, agra­vada por­que éstas no coin­ci­den ni aún en los con­cep­tos apli­ca­bles para reco­no­cer dicha legitimidad”.

Si hay algo de lo que no se priva el movi­miento jus­ti­cia­lista es demos­trar­nos en los hechos y en su dis­curso, ambos apa­sio­na­da­mente vora­ces y sen­si­ble­ros, que su idea­rio es una pasión y sus actos la con­se­cuen­cia pasio­nal de un ansia irre­fre­na­ble de jus­ti­cia social y de poder para imple­men­tarla. Toda­vía no se han podido jus­ti­fi­car los 14 millo­nes de argen­ti­nos pobres, en ince­sante aumento, que habi­tan este país rico. Para peor, no hay expli­ca­ción cohe­rente que sirva para per­sua­dir al mundo cir­cun­dante que no somos una nación que, como a Ícaro, el sol le derrite las alas cuando comienza a volar.

El 70% de los argen­ti­nos no está de acuerdo con el “modelo” que pro­mo­ciona el gobierno y se escu­rre como agua entre las manos. Lo ha expre­sado sopor­tando epi­de­mias y pan­de­mias, auto­des­truc­ción de la eco­no­mía, ali­nea­mien­tos inter­na­cio­na­les insos­te­ni­bles para una socie­dad inte­li­gente y una voca­ción ajena por la sobre­ac­tua­ción fron­te­ras afuera que irrita por su pate­tismo. Se trata de eva­dir la dura reali­dad argen­tina con una super­fi­cia­li­dad que se demues­tra en Hon­du­ras y el pere­gri­naje cen­troa­me­ri­cano de la Pre­si­dente argen­tina tiene ribe­tes de vode­vil ante las mira­das del coro­nel boli­va­riano y el gue­rri­llero nica­ra­güense que se que­dan en casa, el aliento pater­nal del cas­trismo en UTI, un Evo dis­traído y los acom­pa­ñan­tes Padre Obispo y ali­neado Correa, todos ellos cul­to­res de los Ple­nos Pode­res en Demo­cra­cia y defen­so­res del más reciente dis­cí­pulo chavista.

La sober­bia no es gran­deza, es hin­cha­zón” — San Agus­tín, ser­món 380.

Autor: Mario Baquela

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Un comentario en “La Democracia Utilitaria”  

  1. 1 alfredo

    Coin­cido en todo con el artículo. Pero pienso que esta­mos asis­tiendo al EL OCASO DEL PERO­NISMO que ha pro­du­cido ya muchos desas­tres. Para recor­dar algu­nos pode­mos citar la lucha a muerte, entre sin­di­ca­lis­tas de esa ban­dera, en los años 60; el movi­miento mon­to­nero que desem­bocó en una lucha sin cuar­tel con miles de muer­tos y des­a­pa­re­ci­dos en el pro­ceso de los años 70; una demo­cra­cia inci­piente en los años 80 desem­bocó en una hiper­in­fla­ción fabri­cada por el pero­nismo para obli­gar a un cam­bio de gobierno anti­ci­pado; la cruel y sal­vaje des­ca­pi­ta­li­za­ción del Estado en manos de un gobierno pero­nista en los años 90; un empo­bre­ci­miento de los nive­les bajos y medios de la socie­dad; una deuda externa que aún con refi­nan­cio­nes y pagos anti­ci­pa­dos crece en forma geo­mé­trica; una corrup­ción des­ca­rada que opera sin inhi­bi­cio­nes y corroe el sis­tema demo­crá­tico. Se miente sobre la infla­ción. La bata­lla librada con el sec­tor rural, esgri­miendo razo­nes de “dis­tri­bu­ción de la riqueza” se hizo en forma demen­cial y lle­vando las anti­no­mias hasta lími­tes muy peli­gro­sos para la paz social. El mano­tazo a los fon­dos de las AFJP es otro ejem­plo de la bús­queda de solu­cio­nes deses­pe­ra­das. Frente a la cri­sis eco­nó­mica mun­dial el pero­nismo deja en evi­den­cia su inca­pa­ci­dad para enfren­tar situa­cio­nes lími­tes. Sus solu­cio­nes tipo “paquete de medi­das” están poniendo ner­vio­sos a los mer­ca­dos por­que ven en ellas impro­vi­sa­cio­nes que ter­mi­nan sin lograr nada y a un costo dema­siado alto, dila­pi­dando los esca­sos recur­sos del país.

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