Responsabilidad compartida

No apoyo la pro­mo­ción de votar anu­lando la boleta, pero con quie­nes eso pro­po­nen sim­pa­tizo en cuanto a la causa que les mueve: una serie de gober­nan­tes cuyo desem­peño es nota­ble­mente malo. No puede negarse la realidad.

Pero a lo que quiero lle­gar es a otro punto, bas­tante incó­modo. Por un lado, efec­ti­va­mente tene­mos un gobierno sus­ten­tado en par­ti­dos que ope­ran ata­cán­dose unos a otros. Siendo su meta lle­gar al poder, ponen de lado a su deber, que es gober­nar: pro­te­ger a las per­so­nas, sus liber­ta­des y sus posesiones.

Y si en medio de esa lucha por el poder, se implanta alguna medida de gobierno, ella se ve entor­pe­cida por opo­si­ción polí­tica. El caso de las refor­mas es el ejem­plo más claro: se nece­sita una mejor ley fis­cal, pero no se hace nada y si se hace, se crea un engen­dro pro­vo­cado por los con­flic­tos entre partidos.

Muy bien, hasta allí creo resu­mir más o menos el medio ambiente de des­con­tento ciu­da­dano, que ha sido el gran tema de los comen­ta­rios en la polí­tica mexi­cana reciente. Es una posi­ción cómoda ésta: como ciu­da­dano me apol­trono en una silla y con como­di­dad levanto el dedo para seña­lar cul­pa­bles y lamen­tarme de su desempeño.

Como si los votan­tes fué­se­mos lin­dos inocen­tes que no car­gan culpa alguna de la situa­ción. Tam­bién hay culpa en el elec­to­rado y lo que sigue es una lista de algu­nos de los erro­res de los electores.

Pri­mero, dis­tor­sio­nar a la demo­cra­cia para con­ver­tirla en un sis­tema que tiene como pro­pó­sito hacer lo que la mayo­ría quiere. Con­viene recor­dar a quien lo cree, que la demo­cra­cia no es eso, sino un sis­tema de gobierno con meca­nis­mos que evi­tan los abu­sos del poder y, por eso, pro­te­gen a las minorías.

Mucho me temo que este error es mayo­ri­ta­rio en muchos paí­ses. Si la demo­cra­cia fuese un sis­tema en el que se hace la volun­tad de la mayo­ría, lo que sea que ella ordene, esta­ría­mos en pre­sen­cia de un tipo de totalitarismo.

Segundo, creer que todo se trata de selec­cio­nar a los mejo­res, defi­ni­dos por la opi­nión mayo­ri­ta­ria, y dejar que ellos hagan lo que quie­ran. Se piensa que los gober­nan­tes tie­nen pode­res mági­cos para arre­glar lo que sea, por lo que se pro­du­cen ilu­sio­nes febri­les al prin­ci­pio de un gobierno y desilu­sio­nes amar­gas al final… para que con el siguiente gober­nante vuelva el ciclo.

Otro error severo que comete mucho del elec­to­rado. Creen que la demo­cra­cia es un sis­tema de selec­ción de mesías que sal­va­rán al país, mien­tras los ciu­da­da­nos se que­dan sen­ta­dos sin hacer nada.

Ter­cero, creer que un buen gobierno es igual a un gobierno popu­lar que da gusto a todo lo que recla­man los votan­tes. Un buen gobierno no tiene la misión de ser popu­lar. Muchas veces, gober­nar es implan­tar medi­das impo­pu­la­res que muchos votan­tes recha­zan como niños haciendo berrinche.

Cuarto, creer que la fun­ción del gobierno es rega­lar lo que sea que el elec­to­rado y gru­pos de pre­sión recla­man: más pen­sio­nes, pre­cios meno­res, exen­cio­nes de impues­tos, trans­porte gra­tis. Creer que el gobierno es un dador de pri­vi­le­gios y obse­quios. Es un error grave que con­vierte al gobierno es una espe­cie de mago que crea cosas de la nada y las regala a los ciu­da­da­nos mien­tras ellos los espe­ran sentados.

Quinto, creer que todo lo que se tiene que hacer en polí­tica es par­ti­ci­par un día cada tres años en las elec­cio­nes y el resto del tiempo pasarlo espe­rando que el gobierno haga algo por noso­tros. Sen­tirse inca­paz de nada hasta que el gobierno inter­venga para salvarnos.

Sexto, creer que los gober­nan­tes cum­pli­rán todo lo que pro­me­ten y a pesar de años de evi­den­cia en con­tra, seguirlo cre­yendo en la siguiente elección.

Sép­timo, creer que las elec­cio­nes pue­den ser un duelo noble entre caba­lle­ros que siguen las más exi­gen­tes reglas del fair play. Las elec­cio­nes, en todas las demo­cra­cias, tie­nen buena can­ti­dad de sucie­dad. Así es la reali­dad y debe aceptarse.

Octavo, la exis­ten­cia de gru­pos nume­ro­sos de votan­tes sin moral que se ven­den a los par­ti­dos polí­ti­cos y están dis­pues­tos a rea­li­zar fecho­rías a cam­bio de favo­res y dinero.

Noveno, creer que los cri­te­rios de selec­ción del gober­nante son sus apa­rien­cias y no sus pala­bras, sus impre­sio­nes y no sus dis­cur­sos. Son quie­nes votan con los ojos, no con sus oídos ni con su razón. No espero que los votan­tes lean la pla­ta­forma de cada can­di­dato, pero al menos que opi­nen sobre las con­se­cuen­cias de las pro­me­sas del candidato.

En fin, creo que el punto que hago es claro. Sí, mucho de los gobier­nos que pade­ce­mos se debe a los gober­nan­tes mis­mos y su falta de talento. Pero los ciu­da­da­nos no esta­mos exen­tos de culpa, ni somos ánge­les que nada han hecho para pro­du­cir esos malos gobiernos.

Si dis­tor­sio­na­mos a la demo­cra­cia, si cree­mos que el gobierno es un otor­ga­dor de favo­res, si pen­sa­mos que los gober­nan­tes son magos con rece­tas per­fec­tas, esta­mos en una posi­ción en la que buena parte de la culpa de la pobre cali­dad de los gobier­nos es nues­tra y sólo nuestra.

Post Scrip­tum
Con­ver­sando con algu­nas per­so­nas, me he dado cuenta de un error serio que come­ten. Otro error, el décimo. Son ellas siem­pre per­so­nas preo­cu­pa­das por la polí­tica de su país, saben que ella es mala y desean hacer algo para mejo­rarla. Hasta allí nada equi­vo­cado hay, al contrario.

Pero en su ansie­dad de que­rer hacer algo, bus­can una receta exacta de efec­tos rápi­dos que mejore a la polí­tica de su país. Vano sueño. Esa receta no existe. Lo que debe hacerse es bas­tante más com­plejo. La per­sona debe pri­mero deter­mi­nar los valo­res en los que cree y los que está dis­puesto a defen­der. Muy pocos, uno o dos real­mente esen­cia­les y ya.

Sin ese pri­mer paso, su lucha será en vano y pasará su vida bus­cando la pie­dra filo­so­fal sin pro­ve­cho alguno para nadie.

Quien tenga inquie­tu­des polí­ti­cas, no podrá hacer nada de pro­ve­cho si no deter­mina cuá­les son sus valo­res y se con­vence de ellos. Hacerlo toma tiempo para des­ha­cerse de las ideas de lo polí­ti­ca­mente correcto y las ideas de moda o actua­li­dad, para lle­gar a las gran­des abs­trac­cio­nes. No es fácil, pero es la única manera de que el real­mente preo­cu­pado haga algo de provecho.

Si no rea­liza esa bús­queda de valo­res, actuará como el explo­ra­dor que quiere lle­gar a un des­tino y no tiene brú­jula. Quizá se meta a la polí­tica y si lo hace será una veleta que se mueve de acuerdo con la opi­nión popu­lar del momento.

Fuente: ContraPeso.info Prudentia política

Autor: Eduardo García Gaspar

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


No hay comentarios en “Responsabilidad compartida”  

Deje un comentario