Juzgar el vino por el barril

Triste papel ha desem­pe­ñado la OEA en los últi­mos tiem­pos. Para algu­nos crí­ti­cos de cui­dada pluma, ese orga­nismo ha dege­ne­rado en un sin­di­cato de gober­nan­tes, presto a las soli­da­ri­da­des auto­má­ti­cas. Para otros, de escri­tura más gruesa, se ha con­ver­tido en un pros­tí­bulo polí­tico en el que se com­pran y se ven­den afec­tos y principios.

Deplo­ra­ble ha sido la actua­ción de José Manuel Insulza como Secre­ta­rio Gene­ral de la OEA. Sabe­dor de que los once votos que Chá­vez con­trola mar­can la dife­ren­cia entre seguir en su puesto o hun­dirse en su natu­ral insig­ni­fi­can­cia, no ha tenido escrú­pu­los en escu­char por un solo oído o mirar a tra­vés del cris­tal que el gorila vene­zo­lano le impone.

Com­pleta el gris esce­na­rio la manada de inde­sea­bles agru­pa­dos en el ALBA, bene­fi­cia­rios direc­tos del pro­ce­der cobarde de Insulza y de la OEA.  Por ahí andan, pon­ti­fi­cando sobre demo­cra­cia y liber­tad, el dic­ta­dor­ci­llo here­di­ta­rio de Cuba, el borra­chín pede­rasta de Nica­ra­gua, el coca­lero dis­lé­xico de Boli­via, el idiota ilus­trado de Ecua­dor y, por supuesto, el macho alfa del grupo, Hugo Chávez.

Bobos y vivos encon­tra­ron la forma de cubrir sus des­nu­de­ces, sus mez­quin­da­des y sus pro­pó­si­tos. San­ti­fi­can la fachada demo­crá­tica e igno­ran el con­te­nido. Vigi­lan la forma y no miran el fondo. Basta que algún indi­vi­duo con­quiste el poder a tra­vés de los votos (fraude y tram­pas inclui­das), para que tenga la ben­di­ción de la OEA y el dere­cho a hacer lo que le venga en gana.

No importa si, una vez en el poder, los pre­si­den­tes se dedi­can a des­truir la demo­cra­cia, a anu­lar la inde­pen­den­cia de pode­res, a cri­mi­na­li­zar la disi­den­cia, a res­trin­gir la liber­tad de expre­sión, a incre­men­tar las penu­rias de sus ciu­da­da­nos, a ente­rrar la alter­na­bi­li­dad, a ali­men­tar la corrup­ción, a crear un sis­tema elec­to­ral que les per­mita per­pe­tuarse en el poder, a vio­lar sis­te­má­ti­ca­mente la Constitución

La OEA e Insulza  se con­for­man con cons­ta­tar la legi­ti­mi­dad de ori­gen. Les importa un pepino lo que los juris­tas lla­man la legi­ti­mi­dad de desem­peño… Para bene­plá­cito de los pan­di­lle­ros del ALBA, por supuesto.

La OEA, Insulza, y hasta la Unión Euro­pea y el dandi de ébano nor­te­ame­ri­cano, están más preo­cu­pa­dos por la apa­rien­cia que por la esen­cia de los regí­me­nes lati­noa­me­ri­ca­nos… Eso equi­vale a eva­luar la cali­dad de un libro por las tapas. O el valor de un pro­ducto por su envol­tura… Se está juz­gando el vino por el barril.

Cuando depu­sie­ron a Zelaya, salie­ron todos en pro­ce­sión a llo­rar el mismo llanto de Chá­vez y sus maro­me­ros. Pero han hecho y siguen haciendo caso omiso a las docu­men­ta­das denun­cias sobre las vio­la­cio­nes a la Cons­ti­tu­ción y a la demo­cra­cia que vie­nen ocu­rriendo en Venezuela.

Ni los vivos ni los bobos quie­ren darse por ente­ra­dos: mucho ha ido el cán­taro a la fuente… y de cán­ta­ros rotos está llena la historia.

Autor: Daniel Romero Pernalete

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