El taladro de la razón
no logra abrir sus mentes

Con­tra­ria­mente a lo que piensa la teo­ría libe­ral del resen­ti­miento subal­terno este no es oca­sio­nado por la gigan­tesca envi­dia que los sec­to­res empo­bre­ci­dos le tie­nen a los que sudan la gota gorda por superarse en este mundo sub­de­sa­rro­llado, sino en la absurda deci­sión a la que se ven arras­tra­dos las indi­vi­dua­li­da­des pau­pe­ri­za­das por jus­ti­fi­car su atraso y domes­ti­ca­ción obje­tiva, cuando la falta de con­di­cio­nes socia­les y de opor­tu­ni­da­des eco­nó­mi­cas los empu­jan al fra­caso y a la frus­tra­ción social, aún sin mere­cer­las. Es lo que obser­va­mos en nues­tra Argen­tina de hoy.

Los inte­lec­tua­les acó­li­tos del régi­men nuclea­dos bajo la deno­mi­na­ción de “Carta Abierta”, al res­pecto demues­tran tener las neu­ro­nas cemen­ta­das de resen­ti­miento hacia los lla­ma­dos “ricos”. El tala­dro de la razón no logra abrir sus mentes.

De todos modos el anatema a los “rica­cho­nes” no parece alcan­zar a los Kir­ch­ner, que a seme­janza de los viles capi­ta­lis­tas anate­ma­ti­za­dos por los “car­tis­tas”, logra­ron ama­sar una con­si­de­ra­ble for­tuna con la “gota gorda” de su sudor. No es cues­tión de ata­car al empleador.

Tam­poco alcan­zan sus crí­ti­cas a los sin­di­ca­lis­tas que almuer­zan en Puerto Madero o los que invier­ten en cam­pos. Ni advier­ten que algún minis­tro K, para no ser menos tam­bién ha inver­tido en la com­pra de una estan­cia, cual inmundo oligarca.

La raíz de estas dia­tri­bas con­tra todo capi­ta­lismo y los ricos, no puede ser aprehen­dida por vía de la razón pura, pues no es de orden racio­nal. Así se refe­ría Lud­wig Von Mises con rela­ción al antiliberalismo.

La pros­pe­ri­dad engen­drada por el libe­ra­lismo ha sido ata­cada recu­rren­te­mente por el socia­lismo, que lo único que logró donde se imple­mentó fue redu­cir la pro­duc­ti­vi­dad y aumen­tar la nece­si­dad y la pobreza.

No obs­tante se le ha hecho creer a la gente que el libe­ra­lismo pro­cura bene­fi­ciar a una deter­mi­nada clase.

Todo esto es fruto del resen­ti­miento que brota de una pato­ló­gica dis­po­si­ción men­tal resentida.

Hay quie­nes sos­tie­nen que las penu­rias del socia­lismo son fácil­mente sopor­ta­bles, ya que bajo ese sis­tema nadie dis­fruta de mayor bie­nes­tar. O como la con­signa que sos­tie­nen algu­nos per­so­na­jes impre­sen­ta­bles del espec­tro polí­tico argen­tino: “que haya menos ricos y mas pobres”.

El socia­lismo de nues­tros “pro­gres” autóc­to­nos cons­ti­tuye la sal­va­ción ante la adver­si­dad. Pero la pro­mesa socia­lista acaba pagando con espe­ran­zas fallidas.

Entre aque­llas se encuen­tra el mito de la igualdad.

Los hom­bres no son idén­ti­cos entre sí. Somos desigua­les y lo segui­re­mos siendo siempre.

La desigual dis­tri­bu­ción de la riqueza y la dis­pa­ri­dad de los ingre­sos indi­vi­dua­les, son hechos que más repulsa engen­dran. Hay ricos y pobres y ello molesta.Pero siem­pre será así.

Otro apo­tegma del socia­lismo es el que pro­pugna que los medios de pro­duc­ción y algu­nas empre­sas estén en manos del Estado. Está com­pro­bado no obs­tante que de este modo las empre­sas fra­ca­san, son caras, inefi­cien­tes y con­su­men abun­dan­tes sub­si­dios que final­mente paga el con­tri­bu­yente. Tales son los ejem­plos de Aero­lí­neas Argen­ti­nas y el reciente bochorno del nego­cio futbolero.

No debe­mos caer en esta deca­den­cia que se nos pro­pone desde el régi­men, pun­tual­mente abo­nada por el pen­sa­miento retró­grado de un nucleo de inte­lec­tua­les fun­cio­na­les al kir­ch­ne­rato infame.

De este modo Argen­tina está dando pasas atrás, hacia el abismo. Las seña­les de la tra­ge­dia son per­cep­ti­bles, a tra­vés de cier­tos suce­sos que se van dando pun­tual­mente. Algu­nos empre­sa­rios de medios a quie­nes el régi­men con­si­dera enemi­gos según su usual dia­léc­tica, fue­ron agre­di­dos. Un dia­rio ha sido objeto de ata­ques a tra­vés de leyen­das en afi­ches pro­fu­sa­mente pega­dos en el espa­cio público.

Falta la quema de la Ban­dera Nacio­nal y de algún tem­plo cató­lico y ten­dre­mos una pos­tal añeja de tiem­pos pasa­dos, muy idén­ti­cos a los que hemos de comen­zar a transitar.-

Autor: Jorge Omar Alonso

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


2 Comentarios en “El taladro de la razón
no logra abrir sus mentes”  

  1. 1 Matilde del Carmen Masats

    Sr. Alonso: Leyendo su ana­li­sis pro­fundo de la reali­dad que vivi­mos, me mueve a pen­sar que no solo se molesta al cam­pe­sino que tra­baja para engran­de­cer la patria y se lleva la parte peor. Los inten­sos frios, las hela­das, los calo­res, la seca, las inun­da­cio­nes, encima mal pagos no lo digo por el dinero, el esfuerzo del tra­bajo parejo coti­diano y con orgu­llo. Una manga de cre­ti­nos del poder, todos pero todos los que mane­jan la poli­tica en este país son inep­tos, poco demo­cra­ti­cos o más bien nada. Estos se dan el lujo de vivir en Puerto Madero, comer y dis­fru­tar, pero el cha­ca­rero tien que estar atento, para que no se pierda su tarea.¿ esto per­se­guian los tero­ris­tas, la gran vida, de que pobreza me hablan, los únicos igno­ran­tes son ellos y los tene­mos que aguan­tar. ” NO HAY MAL QUE DURE DOS AÑOS” No será hora de encon­trar un hom­bre de bien, plan­tado en su patrio­tismo moral, que desida como seguir esta peli­cula que parece con­tar con un triste final.Lo saluda cor­dial­mente Matilde.

  2. 2 Carlos Rubino

    Esti­mado Alonso:este es un plan sistematico,perfectamente dise­ñado
    por la monar­quia “K”,para con­su­mar el enfren­ta­miento y divi­sion de la
    socie­dad toda,haciendo creer a sec­to­res de meno­res recur­sos que la cul
    pa la tiene la clase alta.
    El segundo paso de este plan es embru­te­cer cada dia mas a ese sec­tor
    social cul­ti­vando su odio y resentimiento,para pre­pa­rar futu­ros gru­pos de cho​que​.no olvi­de­mos que la monar­quia “K” esta com­puesta por ex mon­tos y no seria nada extraño pen­sar que se esten for­mando “MILI
    CIAS POPU­LA­RES ARMADAS”-PARA TER­MI­NAR DE CON­SU­MAR EL PLAN.
    Puerde que parezca descabellado…pero no imposible.

    Car­los Rubino

Deje un comentario