Evocación del Coronel
D Juan Francisco Guevara

Si hubo una vez en la his­to­ria de nues­tra Argen­tina en que Dios y Patria estu­vie­ron entra­ña­ble­mente uni­dos, fue en aque­lla Cór­doba heroica del 16 de sep­tiem­bre de 1955. El Capi­tán de Arti­lle­ría D Juan Fran­cisco Gue­vara estuvo allí como Ayu­dante del Gene­ral Lonardi. En los meses pre­vios –de terri­ble per­se­cu­ción reli­giosa– los jóve­nes cató­li­cos salía­mos a la calle ento­nando el Cristo Jesús, y enar­bo­lando el signo de la V y la Cruz, Cristo vence.

La voz de la espe­ranza amanecida.

A los catorce años, de la mano de mi padre, hice mis “pri­me­ras armas” en las luchas calle­je­ras. Mi “arma” era aque­lla Cruz del Cristo Vence. La prohi­bida Pro­ce­sión de Cor­pus Christi, las mani­fes­ta­cio­nes que sur­gían, espon­tá­neas, des­pués de las misas en las igle­sias del cen­tro de Bue­nos Aires, ese era el clima que se vivía. Nos habían vuelto a sacar a Dios de las escue­las y de la vida pública. Los cató­li­cos sali­mos a las calles. En oca­sio­nes sin dis­tin­ción de pero­nis­tas y anti­pe­ro­nis­tas pues con noso­tros mar­cha­ban, incluso, no pocos que  habían per­te­ne­cido al par­tido pero­nista pero que, cuando Perón se opuso a Cristo, pri­vi­le­gia­ron la Cruz sobre el partido.

Una noche ardie­ron las igle­sias, como se espe­raba. Mi padre ya estaba preso y nues­tros ami­gos iban y venían entre Bue­nos Aires y Cór­doba por­que hacia Cór­doba se diri­gía nues­tra esperanza.

Allí estaba el Gene­ral Lonardi con un pequeño grupo. Gue­vara, como dije, era su Ayu­dante. Esta­ban dis­pues­tos a todo. El Gobierno envió unos cua­tro mil hom­bres pero no tuvo en cuenta que en aque­lla época toda­vía los mili­ta­res argen­ti­nos eran cató­li­cos. El gran fuego de las igle­sias que­ma­das ilu­mi­naba la Argen­tina y nin­gún mili­tar argen­tino quiso com­ba­tir en nom­bre de ese fuego. Los cua­tro mil se rin­die­ron ante ese puñado de hom­bres con­ven­ci­dos. El Gene­ral Lonardi hizo des­fi­lar a sus hom­bres para ren­dirle hono­res a los ven­ci­dos. Des­pués acuñó el lema “ni ven­ce­do­res ni ven­ci­dos” por­que si algo ani­maba a los que se levan­ta­ron en Cór­doba era la jus­ti­cia y la con­cor­dia nacional.

Cier­tos “pac­tos pre­exis­ten­tes” con algu­nos sec­to­res polí­ti­cos y mili­ta­res aguar­da­ban, sin embargo, en Bue­nos Aires al Jefe ven­ce­dor y, con tales pac­tos, la impo­si­ción de algu­nos nom­bres para inte­grar el Gobierno Pro­vi­sio­nal que nada o muy poco tenían que ver con el espí­ritu cató­lico del pro­nun­cia­miento. El 13 de noviem­bre de 1955 un golpe pala­ciego quitó la Cruz de Cristo de la V de la vic­to­ria y a Lonardi del gobierno. El “sin ven­ce­do­res ni ven­ci­dos” (que Franco plasmó en España en el Valle de los Caí­dos) fue reem­pla­zado por la per­se­cu­ción, la ven­ganza y el odio irra­cio­nal sim­bo­li­za­dos en los fusi­la­mien­tos de junio de 1956. Aque­lla gesta cató­lica y patrió­tica se malogró.

Pero si hubo un hom­bre que con­ti­nuó en la lucha “por la patria redi­mida”, ese fue, pre­ci­sa­mente, Juan Fran­cisco Gue­vara. Cons­truir la Ciu­dad Cató­lica fue “su ruta ilu­mi­nada”. Tuvo una vida cató­lica y argen­tina que cul­minó en esa fiesta que fue su entie­rro de sol­dado cató­lico y argen­tino. Por esa vida –que se resume en el “¡Dios y Patria!” que le dedicó un cama­rada cua­drán­dose ante su tumba– “per­du­rará su nom­bre entre los héroes de la Patria amada” y estará de guar­dia, “allá en la glo­ria pere­grina” espe­rando e inter­ce­diendo ante el Padre para que sea­mos capa­ces de sos­te­ner, una vez más, la Cruz del Cristo Vence.

En su sepe­lio reso­na­ron las estro­fas de esa mar­cha que des­pués otros nos arre­ba­ta­ron pero que nació can­tada y gra­bada en los sóta­nos de una iglesia.

A pesar de la noche que se cierne sobre la Patria con­servo intacta la “luz de la espe­ranza ama­ne­cida”. Creo fir­me­mente que toda­vía hay en nues­tra Fuerzas

Arma­das sol­da­dos para quie­nes el Coro­nel Juan Fran­cisco Gue­vara es para­digma del sol­dado argentino.

Autor: María Lilia Genta

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3 Comentarios en “Evocación del Coronel
D Juan Francisco Guevara”  

  1. 1 Jorge J.S. Bulleraich

    Valio­sas pala­bras son las de María Lilia Genta que evo­can con jus­teza la gesta cívico-religiosa de 1955. No menos valioso es con­ser­var intacta “la luz de la espe­ranza ama­ne­cida” tal como se cantó en el sub­suelo de la igle­sia del Soco­rro. Pero para nues­tra des­gra­cia, trans­cu­rri­das ya más de cinco déca­das — ¡¡medio siglo!! — la Patria que que­re­mos sigue inexis­tente. Muchas veces me pre­gunto si la acción heroica de hom­bres como el coro­nel Gue­vara y el pre­vio sacri­fi­cio supremo del almi­rante Gar­giulo valían la pena. Hasta hoy, la incer­ti­dum­bre que me acon­goja y entris­tece hace muy lejana la res­puesta que anhelo. Si el recuerdo del coro­nel Gue­vara con­tri­buye a encen­der esa luz podre­mos decir nue­va­mente como en el 55′, “Dios es justo”.

  2. 2 Carlos F.Roque Posse

    Tengo un gran res­peto por el Sr.Gral.Lonardi pero le objeto la buena inten­ción de “ni ven­ce­do­res ni ven­ci­dos.” En toda REVO­LU­CION (y la de 1955 fué una Revo­lu­ción con todas las letras), hay ven­ce­do­res y hay ven­ci­dos. La negrí­sima etapa de los gobier­nos del tirano Perón está llena de hechos delic­ti­vos pro­ta­go­ni­za­dos por este nefasto per­so­naje, por su mujer y por sus cóm­pli­ces a los que de haber­se­los cas­ti­gado, le hubie­ran aho­rrado a la Patria muchos años de dolor y sufri­miento que hoy esta­mos pade­ciendo.
    Yo tam­bién quiero ren­dir mi home­naje a los valien­tes cama­ra­das que lucha­ron con el Gral. Lonardi, en manera espe­cial al pri­mer muerto de la Revo­lu­ción de 1955, el MAYOR POST-MORTEM MARIO EFRAIN ARRUA­BA­RRENA y a su hijito vil­mente ase­si­nado dos días des­pués por la poli­cía cor­do­besa leal al innom­bra­ble. ¡JUS­TI­CIA PARA AQUE­LLOS HEROES QUE LIBRA­RON LA BATA­LLA QUE TER­MINÓ (des­gra­cia­da­mente de manera temporaria)CON UN PÉSIMO GOBIERNO DEVE­NIDO EN TIRANÍA!

  3. 3 irineo castro

    nece­sito con­tac­tarme con des­cen­dien­tes de jose alfredo viola delle­piane, falle­cido en cba en 1955, estaba en el lmgp.

    correo olindaabril@hotmail.com

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