Otra vez sopa: el problema argentino
(y venezolano, y boliviano, y ecuatoriano…)

“El señor Marx no cree en Dios, sino que cree pro­fun­da­mente en sí mismo. Su cora­zón no está lleno de amor, sino de ren­cor. Tiene muy poca bene­vo­len­cia hacia los hom­bres  y se con­vierte en furioso y ren­co­roso cuando alguien se atreve a cues­tio­nar la omnis­cien­cia de la divi­ni­dad a la que adora, es decir, el pro­pio señor Marx.” (Baku­nin, 1872)

Si es más fácil some­ter un pue­blo ham­briento, mejor que sea así a dejar que haya un pue­blo libre y prós­pero. Reem­plá­cese Marx por cual­quiera de los gober­nan­tes de los paí­ses men­cio­na­dos, y se podrá cons­ta­tar que del “abso­lu­tismo monár­quico” del Anti­guo Régi­men esta­mos lle­gando en estas lati­tu­des a un “abso­lu­tismo demo­crá­tico” que con­siste en uti­li­zar el sis­tema demo­crá­tico para lograr el poder abso­luto y some­ter a la socie­dad, en el punto de riqueza o pobreza en que esta se encuen­tre. (1)

Así, están hoy seve­ra­mente daña­das no solo la repú­blica y la demo­cra­cia, sino hasta la pro­pia con­vi­ven­cia (ahora se la llama gober­na­bi­li­dad) y pues­tas al ser­vi­cio de un poder que tiende a ser cada vez más abso­luto, más arbi­tra­rio, más corrupto y más impune.

Todo ello incluye la des­truc­ción de la per­sona. O mejor dicho, la exige como requi­sito pre­vio: mien­tras un pue­blo quiera  man­te­ner su dig­ni­dad, luchará  por su liber­tad, e impe­dirá a estos socios for­zo­sos que son los gobier­nos tota­li­ta­rios apo­de­rarse de a poco de todo aque­llo que es lo pro­pio (la pro­pie­dad es lo pro­pio), inclu­yendo la esen­cia misma de las per­so­nas, des­tru­yén­do­les su auto­es­tima y su volun­tad para con­ver­tir­las en mario­ne­tas en manos del poder.

De allí la impor­tan­cia y urgen­cia para la Argen­tina de los Kir­ch­ner de “la pro­fun­di­za­ción del modelo”, que no es otra cosa que el apo­de­ra­miento del poder en el sen­tido orwe­lliano y la cui­da­dosa pre­pa­ra­ción de un campo minado para quien herede las rui­nas que deja­rán al par­tir. De donde lo impor­tante no son los Kir­ch­ner sino todo aque­llo que el pue­blo argen­tino los está dejando hacer impu­ne­mente. Como sucede tam­bien con Cha­vez, Mora­les y Correa en los paí­ses incluí­dos en el título.

La pareja reinante, luchará por per­ma­ne­cer tanto como pueda. Tiene “com­pa­ñe­ros de ruta” que con­ti­nua­rán su pro­yecto al tér­mino de sus man­da­tos legí­ti­mos, o cuando se pro­duzca el natu­ral ago­ta­miento del gobierno actual como le pasó a Alfonsín.

Lo que resulta curioso es que parezca legí­timo des­truir la repú­blica e ile­gí­timo defen­derse de una tira­nía demo­crá­tica, más sor­pren­den­te­mente pare­cida al nacio­nal­so­cia­lismo que al comu­nismo clá­sico, puesto que ali­menta e incen­tiva a un “empre­sa­riado nacio­nal” más pro­clive a la crea­ción de la riqueza que los jerar­cas del socia­lismo sovié­tico. Es más fácil cobrar reten­cio­nes, impues­tos y gabe­las sobre el tra­bajo de los demás que orga­ni­zar una eco­no­mía de escla­vos que pro­duz­can las ganan­cias nece­sa­rias para que el “sis­tema” fun­cione. Todo está en que el agua les lle­gue al cue­llo, pero que pue­dan respirar.

¿Cuál es la solución?

La única forma de reins­ta­lar una demo­cra­cia repu­bli­cana no pro­ven­drá de los ideo­lo­gis­mos par­cia­li­za­dos, ni de la lucha de cla­ses, sino de la “socie­dad civil orga­ni­zada”, que cons­ti­tuye la mayo­ría numé­rica, y que no ha ter­mi­nado de asu­mir un rol activo en la puesta en fun­cio­na­miento de pro­yec­tos que inclu­yan –pero que tras­cien­dan– los lide­raz­gos personales.

La “socie­dad civil orga­ni­zada” deberá abar­car la tota­li­dad de los sec­to­res per­ju­di­ca­dos por esta máquina de poder al estilo “gran her­mano”, a todos los que están afec­ta­dos en su sana dig­ni­dad por la des­com­po­si­ción social, sino quiere con­ver­tirse en el brazo polí­tico de una de las par­tes y caer rápi­da­mente así en la descalificación.

A solo título de ejem­plo debe­ría con­vo­carse a los pro­duc­to­res, empre­sa­rios y empren­de­do­res de todas las cla­ses socia­les que están impe­di­dos de crear rique­zas tanto por la carga impo­si­tiva, como por la inse­gu­ri­dad jurí­dica y el con­ti­nuo cam­bio de las reglas del juego; a los tra­ba­ja­do­res que pade­cen un apa­rato sin­di­cal corrupto, pre­ben­da­rio o tota­li­ta­rio; a los padres y madres de fami­lia que expe­ri­men­tan el dete­rioro de la edu­ca­ción de sus hijos y la demo­li­ción de la vida social mediante dro­gas y  vicios, y la intro­mi­sión del estado por encima de la patria potes­tad; a los que pre­ten­den que ten­ga­mos fuer­zas arma­das res­pe­ta­das y res­pe­ta­bles, fuera de las mani­pu­la­cio­nes de una “inteligentzia”(¡de las déca­das de los sesenta y setenta del siglo pasado!); a los edu­ca­do­res que ven difi­cul­tada su sagrada misión de for­ma­ción y pre­pa­ra­ción de los jóve­nes, “encua­dra­dos” por gru­pos ideo­lo­gi­za­dos. Y tam­bién debe­rían par­ti­ci­par los miem­bros de la admi­nis­tra­ción pública que quie­ran que esta sea efi­ciente y libre de corrup­ción, nepo­tismo o favo­ri­tis­mos por la intro­mi­sión de los políticos.

Si se pre­ten­diera crear con­di­cio­nes para obte­ner resul­ta­dos exi­to­sos, estos y otros gru­pos socia­les debe­rían tra­ba­jar jun­tos de modo orga­ni­zado y con una visión de largo plazo, y hacer visi­ble y sen­si­ble a la opi­nión pública y al gobierno nacio­nal, así como a los pro­vin­cia­les y muni­ci­pa­les su exis­ten­cia, su pre­sen­cia y sus obje­ti­vos. Debe­rán gene­rar pro­ce­sos y hacer sur­gir nue­vos líde­res que man­ten­gan una pre­sen­cia pública activa toda vez que se con­cul­quen dere­chos y se pro­cure con­ti­nuar la des­truc­ción volun­ta­ria y activa del sis­tema social repu­bli­cano o se ava­sa­lle la dig­ni­dad de la persona.

Los tiem­pos que corren son difí­ci­les y lo serán aún más. La lucha será dura. Cuesta más sacri­fi­cios y esfuer­zos cons­truir que des­truir. Pero habrá que sacar fuer­zas de fla­que­zas y tener espe­ran­zas, por­que solo vale la pena vivir si es al ser­vi­cio de cau­sas que jus­ti­fi­quen la exis­ten­cia. Más que opti­mismo, debe­ría­mos tener entu­siasmo, pen­sando que “qui­zás lo peor haya que­dado atrás, y no lo sepamos”.

(1) El tema es el poder. Como bien lo seña­laba Orwell: “El Par­tido busca el poder ente­ra­mente para su pro­pio bien. No esta­mos intere­sa­dos en el bien de los demás; esta­mos intere­sa­dos exclu­si­va­mente en el poder. Ni en la riqueza o en el lujo, o en una vida larga o en la feli­ci­dad: sólo en el poder, el puro poder. (…) Sabe­mos que nadie toma el poder con la inten­ción de renun­ciar a él. El poder no es un medio, es un fin. Uno no esta­blece una dic­ta­dura para sal­va­guar­dar una revo­lu­ción; se hace la revo­lu­ción para esta­ble­cer la dic­ta­dura. El objeto de la per­se­cu­ción es la per­se­cu­ción. El objeto de la tor­tura es la tor­tura. El objeto del poder es el poder. ¿Ahora empie­zas a enten­derme?” (Orwell “1984”)

Autor: Pablo López Herrera

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2 Comentarios en “Otra vez sopa: el problema argentino
(y venezolano, y boliviano, y ecuatoriano…)”  

  1. 1 jorge castedo

    Exce­lente articulo.

    No podia dejar de apre­ciar la caba­li­dad y cer­teza de los come­ta­rios que se vier­ten en el pre­sente articulo y que refleja la amarga reali­dad de nues­tras nacio­nes , en espe­cial al ver en nues­tra patria la per­dida poco a poco de nues­tra liber­tad y d nues­tra Repu­blica en aras de un pro­yecto hege­mo­nico absurdo y secuestrado.

    Feli­ci­da­des Pablo Lopez

  2. 2 gregorio

    Tengo que resal­tar que lo que Pablo López dice es total­mente cierto, pero el pro­blema es como se orga­niza la socie­dad civil, puesto que difi­cil­mente la dejen orga­ni­zar los Moyano, los Delía y per­so­na­jes sinies­tros y corrup­tos como estos que abun­dan en las estruc­tu­ras pero­nis­tas que estan enquis­ta­das y es muy difi­cil estir­par­las de los gre­mios y luga­res de poder. Esto es lo que vale, tener poder sin impor­tar como, si es per­ju­di­cando a toda la socie­dad dejando zonas libe­ra­das para que actuen impu­ne­mente los alle­ga­dos a este tipo de poder, o como sea; por­que el poder en si no sería malo si es usado en bene­fi­cio comu­ni­ta­rio, el pro­blema que es usado para bene­fi­ciar unos pocos. TEngo espe­ranza que esto cam­bie algún día.
    Lic. Gre­go­rio V.

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