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Subversión sociológica
En “La rebelión de las masas”, José Ortega y Gasset daba cuenta de un fenómeno que comenzaba a verificarse en la vida pública europea, en la mitad de la década de los años veinte del siglo pasado. Se trataba de advenimiento de las masas al espacio social.
Era esa muchedumbre que de pronto se hizo visible y se instaló en “los lugares preferentes de la sociedad”. La que si existía, pasaba inadvertida y “ocupaba el fondo del escenario social”.
Esa masa estaba compuesta por el hombre medio al que no podríamos llamar ciudadano, “lo mostrenco social”. Lo contrario al individuo que no está en la muchedumbre y masa.
El individuo es el que forma la minoría, que precisamente por separarse de las mayorías se trata de un individuo singular.
Ortega lo definía como al hombre selecto que “no es el petulante que se cree superior a los demás sino el que se exige más que los demás” Esto de exigirse más significa que aquel que a optado por este camino, “acumula sobre sí mismas dificultades y deberes” y que no pretende nada especial.
Contrariamente al hombre de la masa para quien vivir es ser en cada instante lo que ya es, sin ningún esfuerzo de perfección. El “hombre de Corrientes y Esmeralda” de Scalabrini fue corrido por el pardage.
En la actualidad podríamos decir que en Argentina se da cuenta de otro fenómeno, el que precisamente se observa debido al hecho que nuestras masas ya se han instalado en nuestro espacio social. Este hecho es el que llamaríamos el advenimiento de la ordinariez.
Producto de múltiples causas: educación deficiente o nula, ignorancia, indigencia, falta de valores, desinterés, abulia, etc.
Asistimos al impacto de la mediocridad en todos los estamentos u órdenes que dan configuración a nuestra sociedad.
Hoy como antes Ortega y Gasset, podemos verificar la instalación en nuestra vida en sociedad de la mediocridad, esa subversión sociológica inserta en esta pseudo democracia en la cual lo mediocre actúa imponiendo sus gustos y sus mínimos valores.
El paradigma social que hoy se nos representa está cristalizado en la figura del guarango, guarro, guasón o como quiera llamársele.
Individuo de casi nulo roce social, autoritario en sus modales para quien solo existen derechos sin obligaciones.
En nuestro País tenemos un grave problema social y moral. Somos una sociedad transgresora de la ley y de los derechos del prójimo, derechos que defendemos con total enjundia cuando son los nuestros los que el prójimo agrede.
Las normas sociales “cementan” a toda sociedad garantizando su racional funcionamiento, como lo enunciara el sociólogo noruego Jon Elster (“El cemento de la sociedad). Nuestra sociedad no ha experimentado aquel proceso integrador, y un fiel reflejo de cómo somos lo constituye nuestro seleccionado de futbol: muchas individualidades que no hacen un equipo.
Desinteresados, seguimos más o menos de un modo distraído los incidentes de la política cotidiana sin intentar en ellos.
Escribió Emile Durkheim: “Nutrimos nuestra vida mental con la ayuda de ideas y sentimientos que nos vienen del medio social”. Nuestro medio social es bastante exiguo, casi elemental desde el punto de vista de los valores. Y además la masa recibe esa influencia pasivamente, inconscientemente y sin saber porqué.
Nuestro mal metafísico es una persistente decadencia de las creencias en los valores. Se han violentado los principios éticos.
En Argentina se ha defraudado a la “pobre inocencia de la gente” y se adultera la verdad.
No se esclarece que el verdadero problema que afrontamos todos como sociedad es el de llevar a sus componentes a distinguir entre lo mejor y lo peor.
Como no se propicia dotar a la gente de una escala de valores mínimamente racional, se la convierte en idiotas morales que recelan tanto de la excelencia tanto intelectual como moral. De este modo todo es: “lo mismo un chorro que un gran profesor”. Más aún, cuanto más mediocridad y mas boñiga mejor.
El hombre en general se encuentra en condición de abismalidad, porque “ yace en la sima profunda y oscura, sin nada a que asirse para salir de ella” (Richard Weaver — “Las ideas tienen consecuencias”).-
Autor: Jorge Omar Alonso
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