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La sociedad que envuelve
Las iniciativas aparecen en infinidad de ocasiones de manera espontánea y de fuentes inesperadas. Son cristalinas unas, las más, y otras un tanto turbias. Una sociedad alerta las diferencia y en una madurez avanzada logra hacerlo de forma automática o instantánea.
He dicho, hablando de política, que el aire de la provincia no tiene la contaminación del aire caraqueño, uno lleno de polución propia de un valle, uno donde desde la colonia se ejercen prácticas reñidas con la ética. No quiero decir que la provincia es un angelical sitio donde no hay trapisondas o donde las intrigas no vuelen. Lo que quiero decir es que en el interior está depositada la mayor parte de la inteligencia nacional y una pureza de ánimo visible sin mucho esfuerzo.
Por ello acostumbro repetir que cuando la provincia despierte asistiremos a una posibilidad hasta ahora inédita de redención del tejido social venezolano. Mucha de esa inteligencia o no tiene donde expresarse o simplemente permanece en silencio afectada por el centralismo típico que ha caracterizado a este país donde nada que no provenga de Caracas parece ser considerado. Desde especialistas en diversas áreas de la ciencia hasta escritores de alto vuelo, desde empresarios conscientes hasta intelectuales complejos, desde luchadores sociales hasta excepcionales columnistas de prensa, de eso y más está hecha nuestra provincia.
Los centros de estudio del interior aparecen minimizados a la hora de encabezar lo que la burocratizada Caracas –centro de maniobras y negociaciones– parece incapaz de emprender o al emprenderlo muestra las costuras de hábitos perjudiciales. Mi buen amigo Guillermo Morón acostumbra repetirlo, “Caracas no es el país”, y por eso anuncia que viaja constantemente al interior a reunirse con los maestros de escuela. Cada vez que lo hace se le nota recargado.
La provincia, término que ha sido utilizado como sinónimo de minusvalía, es considerada en estos países latinoamericanos una especie de lejano territorio. En Europa, Estados Unidos y Japón, los grandes semilleros de líderes o los focos de saber pueden estar ubicados en una pequeña ciudad lejana y muchos grandes diarios salen desde otra parte diferente a la capital. Mucho me temo que en la provincia no se hace un uso adecuado de los avances tecnológicos de la comunicación.
Hemos visto recientemente iniciativas de estudiantes del oriente, más la suma fortalecida de otras regiones, que comprueban el aserto. Si la sociedad venezolana tuviese un mínimo de organización hubiese reaccionado de otra manera frente a las iniciativas que ellos tomaron. No estoy obviando la asistencia que se les prestó, de todo tipo y calidad, pero siempre por grupos minoritarios, voluntariosos y decididos, a los que todos agradecemos, pero no se produjo una reacción masiva por parte de una entelequia aún desorganizada que no asumió como cuerpo el planteamiento de resistencia y desafío.
Cuando uno llama a la organización en células base de construcción del país muchos argumentan que no hay interés en tal tema y que los venezolanos no prestan interés a estos llamados. La respuesta es que el planteamiento debe ser hecho y que debe quedar allí para que lentamente vaya surgiendo la conciencia de tal necesidad. Lo repito: si esa organización hubiese existido a niveles más avanzados la sociedad en su conjunto hubiese envuelto a los estudiantes de oriente que vinieron a Caracas en un gran manto y los resultados hubiesen sido simplemente diferentes.
No es la hora de quejas, más bien es la hora de la reflexión. A este país le cuesta darse cuenta de las magnitudes de los sucesos. Este país está sumergido en una lentitud peligrosa. Este país todavía permite que los factores tradicionales contaminados corran a envolver en lugar de hacerlo él. La sociedad venezolana aún está lejos de ejercer el protagonismo que se dispara hasta por instinto cuando olfatea la limpieza y la trascendencia de un hecho. Hay una especie de apagón mental y, obviamente, una falta de organización que alerte y actúe.
Para que cambien las formas de organización política es absolutamente necesaria la previa reconformación del tejido social. Esa sociedad reconstruida sobre nuevos paradigmas es la que podrá producir el sistema político sustitutivo de lo presente, uno también diferente al del pasado. La tarea que presento es difícil y compleja, pero de obligatorio emprendimiento. Hay que decir de las ideas que conforman el cuerpo conceptual de una democracia del siglo XXI, hay que insistir en el llamado a la organización social en células, hay que hacer entender a la población de la existencia de un lenguaje político completamente diferente al que infecta diariamente nuestros oídos. Hay que hacerlo hablando ese nuevo lenguaje, no hay otra manera. Frente al argumento de que ese lenguaje diferente no es entendible hay que argumentar que desplazar lo instituido no es nada fácil, pero que la repetición del nuevo lenguaje comienza por hacer entender que existe y lentamente la aceptación de su existencia se irá convirtiendo en alternativa frente a las prácticas aberrantes, frente al discurso vacuo y repetitivo, frente a la disonancia demagógica y maniobrera.
Frente a la pregunta sobre qué pasó la respuesta es tan sencilla que angustia: la sociedad venezolana aún no está en capacidad de envolver.
Autor: Teódulo López Meléndez
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