Política energética: “fané, descangayada….”

La polí­tica ener­gé­tica argen­tina tuvo un pésimo trato, tanto de Nés­tor Kir­ch­ner como de su mujer, la actual pre­si­dente, des­pués de haber sido exce­lente durante la década de los 90 cuando se des­re­gu­la­rizó el sec­tor pudiendo los pro­duc­to­res pri­va­dos uti­li­zar el recurso de manera que res­pon­diera a sus intere­ses de mayor ren­ta­bi­li­dad. Las inver­sio­nes des­ti­na­das a crear la infra­es­truc­tura nece­sa­ria y al abas­te­ci­miento ener­gé­tico deja­ron de ser res­pon­sa­bi­li­dad directa del estado y que­da­ron libe­ra­das a la libre ini­cia­tiva pri­vada en un marco de liber­tad eco­nó­mica. Fue un cam­bio revo­lu­cio­na­rio luego de una his­to­ria que comenzó en la década del 40 donde el estado había ocu­pado un rol asfi­xiante salvo en la pre­si­den­cia del Dr. Frondizi.

Un grupo de ex secre­ta­rios de ener­gía como otros exper­tos en el tema ener­gé­tico están tra­tando de intere­sar a polí­ti­cos y par­la­men­ta­rios en la nece­si­dad de dar impor­tan­cia a la polí­tica ener­gé­tica. Según sus infor­mes la pro­duc­ción de petró­leo y gas ha dis­mi­nuido de forma alar­mante, no se des­cu­bren nue­vos yaci­mien­tos y la explo­ta­ción de riesgo mues­tra una pará­li­sis casi total.

Esta­mos impor­tando gas natu­ral de Boli­via y gas licuado de Vene­zuela a pre­cios supe­rio­res a los que podría­mos obte­ner de la pro­duc­ción domes­tica. Mien­tras, no hay pro­yec­tos que per­mi­tan augu­rar un posi­ble abas­te­ci­miento. Se suma, a las des­gra­cias, la impor­ta­ción de gas oil para poder abas­te­cer nues­tro con­sumo interno.

El sec­tor eléc­trico tam­bién está pade­ciendo serias difi­cul­ta­des: su fun­cio­na­miento es crí­tico, capi­ta­les nacio­na­les e inter­na­cio­na­les, no se intere­san en inver­tir y el  gobierno solo se preo­cupa cuando apa­rece una urgen­cia. Agre­gue­mos la insu­fi­ciente gene­ra­ción, las limi­ta­cio­nes y la falta de man­te­ni­miento de los sis­te­mas de gene­ra­ción, trans­porte y dis­tri­bu­ción a los usuarios.

Se nece­sita de una explo­ra­ción petro­lera agre­siva den­tro de la pla­ta­forma con­ti­nen­tal sumer­gida, como tam­bién en las áreas con­ti­nen­ta­les que aun se man­tie­nen en gran medida inexploradas.

La lici­ta­ción pública debiera ser norma per­ma­nente para la reno­va­ción de con­tra­tos de con­ce­sión de petró­leo  y las   con­tra­ta­cio­nes con audi­to­rías, inde­pen­dien­tes de todas aque­llas obras cuyo des­tino final sea la pro­vi­sión de ser­vi­cios públi­cos. Es prio­ri­ta­rio infun­dir segu­ri­dad a los
inver­so­res y un  meca­nismo de adju­di­ca­cio­nes de con­ce­sio­nes a tra­vés de lici­ta­cio­nes abier­tas, trans­pa­ren­tes y com­pe­ti­ti­vas. No debie­ran reno­varse con­tra­tos de con­ce­sión en forma directa y sin puja licitatoria.

Con res­pecto a la inter­ven­ción del estado es bueno recor­dar el sis­tema ame­ri­cano con res­pecto al petró­leo. No cobra rega­lías ya que la pro­pie­dad es del super­fi­cia­rio quien las cobra aun­que queda sujeto al pago de los impues­tos a la renta, loca­les a la venta, y muni­ci­pa­les. Las com­pa­ñías de petró­leo, por otro lado, en ese país per­ma­ne­cen libres de la inter­ven­ción esta­tal. Durante el gobierno del pre­si­dente Menem se per­mi­tió que quien extra­jera el petró­leo pudiera ven­derlo a quien qui­siera. Fue un gran adelanto.

Los   sub­si­dios son inne­ce­sa­rios salvo los des­ti­na­dos a sec­to­res de muy bajos ingre­sos. En EEUU, no se sub­si­dia el con­sumo y se pagan impues­tos para tener un buen servicio.

En resu­men: en Argen­tina, no exis­ten inver­sio­nes ante la polí­tica ener­gé­tica cor­to­pla­cista y obs­truc­tiva del gobierno. Man­tu­vie­ron las tari­fas y pre­cios a nive­les bají­si­mos incen­ti­vando el con­sumo indis­cri­mi­nado mediante sub­si­dios cre­cien­tes al con­sumo de ener­gía y al trans­porte. De esta manera se para­lizó la inver­sión de las empre­sas en la explo­ra­ción y explo­ta­ción de los recur­sos hidro­car­bu­rí­fe­ros con que cuenta el país, equi­pa­miento, ope­ra­cio­nes, y man­te­ni­miento. La con­se­cuen­cia: no se pudo ampliar la capa­ci­dad ins­ta­lada de un sis­tema de demanda cre­ciente como el que tiene el sis­tema ener­gé­tico. Como por lo gene­ral sucede con la pla­ni­fi­ca­ción del estado, dichos sub­si­dios, en muchos casos, han bene­fi­ciado a quie­nes no lo nece­si­tan y per­ju­di­cado a sec­to­res de bajos recursos.

Se ha inten­tado recien­te­mente, mediante el “tari­fazo”, un acer­ca­miento al pre­cio real del ser­vi­cio de gas, medida con que el gobierno intenta mori­ge­rar la situa­ción de emer­gen­cia. Según los exper­tos se debe ata­car el pro­blema desde todos sus ángu­los: polí­ti­cos, ins­ti­tu­cio­na­les, lega­les, téc­ni­cos y tari­fa­rios. La polí­tica ener­gé­tica debe ser con­sen­suada y man­te­nida aun­que cam­bien los gobier­nos por medio del dia­logo rea­lista entre el gobierno y los sec­to­res productivos.

Preo­cupa la ausen­cia de inte­rés por la pro­ble­má­tica ener­gé­tica no sola­mente en el gobierno sino en el debate par­la­men­ta­rio y en la opo­si­ción. Mien­tras el gobierno niega los pro­ble­mas exis­ten­tes en esta mate­ria esta­mos acer­cán­do­nos a una situa­ción crí­tica. Falta poco para que impor­te­mos petró­leo, ya impor­ta­mos gas y com­bus­ti­bles. Hay que alzar la voz para que mejore la ins­ti­tu­cio­na­li­dad del sec­tor, se prio­ri­cen las fuen­tes reno­va­bles no con­ta­mi­nan­tes modi­fi­cando la matriz ener­gé­tica hoy, depen­diente de los hidro­car­bu­ros fósi­les, por ener­gías alter­na­ti­vas como son la ener­gía nuclear, hidráu­lica y eólica  y la pro­duc­ción de bio­com­bus­ti­bles como el bio­eta­nol y el biodiesel.

En los 90 se pudo pac­tar libre­mente los pre­cios entre pro­duc­to­res y con­su­mi­do­res de gas, petró­leo y elec­tri­ci­dad. El que obte­nía petró­leo tenia libre dis­po­ni­bi­li­dad del recurso. Podía ven­derlo a refi­ne­rías, por ejem­plo, o expor­tarlo de acuerdo a lo que indi­cara el mer­cado inter­na­cio­nal. El mer­cado libre sig­ni­ficó para la Argen­tina  impor­tan­tí­si­mas inver­sio­nes nacio­na­les y extran­je­ras. Se intro­dujo la com­pe­ten­cia den­tro de leyes y decre­tos marco. Se pri­va­ti­za­ron las empre­sas de ser­vi­cios y se las lle­va­ron a un marco abierto, des­re­gu­lado y com­pe­ti­tivo y se dio segu­ri­dad jurí­dica a los inver­so­res por medio de leyes como la de inver­sio­nes extran­je­ras que igua­laba el capi­tal forá­neo con el nacio­nal.. Para ins­tru­men­tarlo se separó en seg­men­tos la etapa de la pro­duc­ción, el trans­porte y la dis­tri­bu­ción para el petró­leo y el gas. Abrir­les el mer­cado a los par­ti­cu­la­res sig­ni­ficó tener cen­tra­les de ener­gía eléc­trica con las más moder­nas tec­no­lo­gías. Se invir­tie­ron más de 80 .000 millo­nes de dólares.

Hay que dejar el modelo inter­ven­cio­nista imple­men­tado por los Kir­ch­ner y vol­ver en mate­ria de ener­gía a las polí­ti­cas de libre mer­cado que die­ron muy bue­nos resul­ta­dos en poco tiempo. Hoy esta­mos fuera del mundo en mate­ria de pre­cios. Las tari­fas y pre­cios deben ser esta­ble­ci­das por el mer­cado en vez de ser esta­ble­ci­das por el estado. Una vez que mejore la ins­ti­tu­cio­na­li­dad y con liber­tad eco­nó­mica vol­verá la con­fianza nece­sa­ria para que se invierta en petró­leo, gas, y elec­tri­ci­dad. Las empre­sas, nece­si­tan para sub­sis­tir, ren­ta­bi­li­dad y que se res­pe­ten los con­tra­tos. Hoy se suma, al pro­blema de fondo, el incum­pli­miento de la legis­la­ción rela­cio­nada al sec­tor y nor­mas com­ple­men­ta­rias que no res­pon­den a dar solu­cio­nes. Ade­más, La Secre­ta­ría de Ener­gía y los entes regu­la­do­res sec­to­ria­les no tie­nen la inde­pen­den­cia nece­sa­ria para enca­rar los pro­ble­mas sin con­di­cio­na­mien­tos políticos.

El Con­greso debe ayu­dar a rever­tir la polí­tica kir­ch­ne­rista: los pre­cios y tari­fas deben vol­ver a refle­jar los cos­tos eco­nó­mi­cos para que se logre superar el gra­ví­simo pro­blema de la dis­tor­sión de los pre­cios rela­ti­vos. La meta debe ser capi­ta­li­zar al sec­tor ener­gé­tico. En la pró­xima década se nece­si­ta­rán, según mani­fes­ta­cio­nes de exper­tos, cerca de 90.000 millo­nes de dóla­res de inver­sión para poner­nos al día. No pode­mos seguir hacién­do­nos los dis­traí­dos en este tema si no que­re­mos regre­sar a las velas, al bra­sero y a la cocina a leña.

*Autora de “El Cre­púsculo Argen­tino”. Lumiere, 2006.

Autor: Elena Valero Narváez*

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2 Comentarios en “Política energética: “fané, descangayada….””  

  1. 1 Sigfrido Samet

    Bra­sil tiene mucha suerte: han encon­trado gran­des yaci­mien­tos de petró­leo. Pero los han encon­trado por­que los bus­ca­ron. La polí­tica ener­gé­tica es parte de la polí­tica eco­nó­mica. Al pare­cer, en Argen­tina y en España la polí­tica es cor­to­pla­cista, bus­cando ase­gu­rar el poder a costa de la salud eco­nó­mica y del futuro de los países.

  2. 2 Rodolfo Sala

    No quiero crear una polé­mica incon­du­cente sobre la polí­tica ener­gé­tica del doc­tor Arturo Fron­dizi, cuyo aspecto más rele­vante fue “La Bata­lla del Petró­leo”. Sin des­me­re­cer la des­re­gu­la­ri­za­ción del petró­leo en la década del 90, exenta de con­tro­les nece­sa­rios en un área vital para el desa­rro­llo indus­trial del país. El petró­leo no es más que mate­ria prima no ela­bo­rada y como tal requiere de la comer­cia­li­za­ción de una empresa del estado con autar­quía que regule la pro­duc­ción y comer­cia­li­za­ción des­ti­nando los exce­den­tes del con­sumo interno a la pro­duc­ción de bie­nes, ins­ta­lando en lo posi­ble los polos de desa­rro­llo a lo largo y ancho del país.
    Creo que com­pa­rar la des­re­gu­la­ción del petró­leo del 90 con la polí­tica inte­gral de Fron­dizi, es un des­me­re­ci­miento que este gran pre­si­dente no merece. En aque­llos tiem­pos se nacio­na­lizó el petró­leo pero se achicó YPF, hacién­dola una empresa efi­ciente. Fron­dizi abrió el mer­cado a la pro­duc­ción petro­lí­fera rea­li­zando con­tra­tos de loca­ción de obras con dis­tin­tas empre­sas extran­je­ras de dis­tin­tos nive­les de com­ple­ji­dad. Éstas extraían el petró­leo para YPF y el ente esta­tal lo uti­li­zaba de acuerdo a las nece­si­da­des de con­sumo y comer­cia­li­za­ción interna y externa. Esto, visto desde una óptica estra­té­gica de una eco­no­mía inte­grada cum­plía un rol deci­sivo en la cons­truc­ción de los medios de pro­duc­ción, por­que el petró­leo, si bien es cierto, como diji­mos, no es más que una mate­ria prima como la carne o los gra­nos, es vital para la crea­ción de indus­trias petro­quí­mi­cas, side­rúr­gi­cas y quí­mi­cas. Ade­más esa polí­tica fomen­taba la crea­ción de polos de desa­rro­llo, ins­ta­lando pobla­cio­nes cre­cien­tes al lado de las fuen­tes de pro­duc­ción. Recor­da­mos con tris­teza, con el adve­ni­miento de otro gobierno, cómo el polo petro­quí­mico se ins­taló en Bahía Blanca en lugar de hacerlo en Loma de la Lata, lugar de pro­duc­ción gasí­fera.
    De modo que no se trata de ser menos libe­ral, creando meca­nis­mos de pro­tec­ción de nues­tras fuen­tes de pro­duc­ción, por­que en el período 1958–1962 los capi­ta­les nacio­na­les y extran­je­ros fluían hacia la gene­ra­ción de fuen­tes de riqueza que poco a poco se trans­for­ma­rían en mayor indus­tria pesada, como la petro­quí­mica que sirve de pun­tal a la pro­duc­ción agro­pe­cua­ria, tam­bién nece­si­tada de una mayor inte­gra­ción indus­trial.
    No vamos a aban­do­nar nues­tros prin­ci­pios libe­ra­les en la polí­tica, pero sere­mos defen­so­res del desa­rro­llo nacio­nal y nunca eli­mi­na­ría­mos al estado de su fun­ción esen­cial de ser el con­trol del fiel cum­pli­miento con­trac­tual y de la deri­va­ción de nego­cios “non sanc­tos” hacia otros fines y destinos.

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