La batalla por la concordia nacional — 1ª Parte

Informe espe­cial para “La His­to­ria Paralela”

La Con­cor­dia Para La Recon­ci­lia­ción Nacional

En el ori­gen de cada etapa fun­da­men­tal de la his­to­ria del país, han exis­tido pre­vi­sio­nes de amnis­tía, con­cor­dia y recon­ci­lia­ción de los argen­ti­nos, tal como ocu­rrió con el Acuerdo de San Nico­lás (Articulo 13) o el Pacto de San José de Flo­res (Artículo X), donde se dis­puso “un per­pe­tuo olvido de todas las cau­sas que han pro­du­cido nues­tra desunión”. El espí­ritu de esta ley es, pues, amplio y se suma a una extensa cadena de pre­ce­den­tes nacionales.

Luego de la derrota del Bri­ga­dier Juan Manuel de Rosas, en la Bata­lla de Case­ros, el país nece­si­taba tran­si­tar hacia la con­so­li­da­ción nacio­nal en el fede­ra­lismo, res­pe­tando las auto­no­mías provinciales.

Olvido gene­ral de todos los agra­vios, con­fra­ter­ni­dad y fusión de todos los Par­ti­dos polí­ti­cos, for­man los letre­ros de las divi­sas liber­ta­do­ras. Todos somos ami­gos e hijos de la gran fami­lia argen­tina”, difun­dió el triun­fa­dor en una pro­clama. En forma cons­tante Urquiza recalcó la nece­si­dad de orga­ni­zar la Nación con el aporte de todos, para que la futura Cons­ti­tu­ción no exclu­yese a nadie.

Por supuesto que no era fácil, por­que el famoso pro­nun­cia­miento de Urquiza no sig­ni­ficó otra cosa que acep­tar la renun­cia de Rosas, que todos los años pre­sen­taba para decli­nar la repre­sen­ta­ción de las pro­vin­cias, lo que ori­ginó la ira del Res­tau­ra­dor de las Leyes. Pero en reali­dad todos los gober­na­do­res del siglo XIX estu­vie­ron dota­dos de pode­res omní­mo­dos en sus res­pec­ti­vas pro­vin­cias (por eso eran lla­ma­dos gober­na­do­res pro­pie­ta­rios), lo que no era una excep­ción sino la regla de la reali­dad social del momento, nos guste o no.

Con­flic­tos De Sobe­ra­nía Y De Poder

A media­dos del Siglo XIX, enton­ces, el poder omní­modo de la Repú­blica no lo tenía nadie en par­ti­cu­lar, pero era usur­pado por Bue­nos Aires, por alguien que se había hecho de la suma del poder público, tal como sucede hoy en día, sal­vando las dis­tan­cias entre Kir­ch­ner y “el res­tau­ra­dor de las leyes”.

Vol­viendo al pasado, el único que había exten­dido el domi­nio de sus facul­ta­des dic­ta­to­ria­les más allá de sus lími­tes era Rosas, que no se con­formó con el domi­nio de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires sino que pre­ten­día hege­mo­ni­zar al resto del país, lo que pro­vocó gue­rras y matan­zas tan fra­tri­ci­das como inú­ti­les. Pero más allá de la “nor­ma­li­dad” que exis­tía en cuanto a los pode­res abso­lu­tos de los gober­na­do­res, el único que tras­cen­dió como el “dic­ta­dor” por anto­no­ma­sia fue Rosas, pero todos los gober­na­do­res lo fue­ron en mayor o menor medida.

El hecho de ser encar­gado de las rela­cio­nes exte­rio­res, de la gue­rra y de la paz, no impli­caba que se le hubiera con­fe­rido el gobierno nacio­nal. La Con­fe­de­ra­ción le impe­día a Rosas lle­var a cabo tareas que fue­sen más allá de lo que las pro­vin­cias le habían delegado.

Las pro­vin­cias tenían carác­ter “ori­gi­na­rio” es decir ~según el pacto fede­ral de 1831~ se reco­no­cían pre­exis­ten­tes al estado nacio­nal, ante­rio­res a la Repú­blica. Por lo tanto las pro­vin­cias, como Esta­dos autó­no­mos fede­ra­dos, eran sobe­ra­nas y no dele­ga­ban a nin­gún poder cen­tral las facul­ta­des que ya les eran inhe­ren­tes, salvo en lo fundamental.

Era lógico que se hiciera de esa manera, por­que las 14 pro­vin­cias no podían repre­sen­tarse indi­vi­dual­mente ante el exte­rior, sin aban­do­nar la uni­dad de la Nación. Era obvio para enton­ces que debía ser Bue­nos Aires la pro­vin­cia desig­nada para ejer­cer esa facul­tad dele­gada por su posi­ción estra­té­gica ya que se encon­traba en el puerto de entrada de la con­fe­de­ra­ción, siendo la que tenía la ciu­dad más rica y con mejor infraestructura.

Ahora bien, cuando Rosas pre­ten­dió exten­der esa facul­tad, la mera repre­sen­ta­ción de las sobe­ra­nías de los esta­dos inte­rio­res más allá de lo lógico, las auto­no­mías pro­vin­cia­les se sin­tie­ron inva­di­das, por­que ter­gi­ver­saba el fede­ra­lismo. Ade­más, para 1851 la ren­tas de las 14 pro­vin­cias sola­mente eran usu­fruc­tua­das por Bue­nos Aires y no había copar­ti­ci­pa­ción sino sólo simbólica.

Como diji­mos, toda­vía la Patria no estaba orga­ni­zada y por tal razón los esta­dos pro­vin­cia­les habían dele­gado en un eje­cu­tivo pro­vi­so­rio algu­nas fun­cio­nes ~y muy pun­tua­les~ por­que el Bri­ga­dier Juan Manuel de Rosas era sola­mente encar­gado de las rela­cio­nes exte­rio­res hasta que se san­cio­nara la cons­ti­tu­ción defi­ni­tiva del país.

Así, Urquiza se dio cuenta que si las pro­vin­cias dele­ga­ron ese poder que le es era ori­gi­na­rio, las mis­mas eran tam­bién sobe­ra­nas para revo­carlo “cuando se le diese la gana” y no nece­si­ta­ban con­sul­tarlo. El hecho de que las pro­vin­cias pudie­ran retrac­tarse de la dele­ga­ción hecha en la figura del gober­na­dor de Bue­nos Aries, es un indi­ca­tivo de la exis­ten­cia de la sobe­ra­nía pro­vin­cial ~que José María Rosa llama “autonomía”.

Por lo tanto en cual­quier momento la pro­vin­cia, en un estado de con­fe­de­ra­ción, podía recu­pe­rar ple­na­mente su sobe­ra­nía terri­to­rial. Y así fue como Entre Ríos mediante “el pro­nun­cia­miento de Urquiza” retiró esa dele­ga­ción hecha en Rosas. El Bri­ga­dier pre­sen­taba su renun­cia todos los años a ese cargo (decli­na­ción sim­bó­lica por cierto) ¿Cómo se entiende que los por­te­ños se ofen­dan con Urquiza cuando le aco­gió favo­ra­ble­mente la renun­cia que aquél le ofre­ciera? Recor­de­mos una vez más que la Con­fe­de­ra­ción, para enton­ces, no tenía sobe­ra­nía como país ya que toda­vía no con­taba con Cons­ti­tu­ción. La sobe­ra­nía le per­te­ne­cía a las provincias.

Cuando los gober­na­do­res se reunie­ron en San Nico­lás con Urquiza acor­da­ron qué es lo que las pro­vin­cias dele­ga­rían en el futuro gobierno fede­ral (cen­tral o nacio­nal). Enton­ces, las pro­vin­cias crea­ron al Estado Nacio­nal ~con­greso cons­ti­tu­yente de por medio~ y en el Acuerdo de San Nico­lás se esta­blece que la sobe­ra­nía resi­día en ellas y no en la pre­ca­ria confederación.

Por eso, cuando Entre Ríos recu­peró su auto­ri­dad terri­to­rial ~acto irre­pro­cha­ble jurí­dica y polí­ti­ca­mente~ man­tuvo el obje­tivo tra­zado en el pacto de 4 de enero de 1831 (Pacto Fede­ral) pero como el esco­llo prin­ci­pal para la orga­ni­za­ción nacio­nal era Bue­nos Aires, Rosas tuvo que perder.

En la reunión de gobier­nos, tras la bata­lla de Case­ros, se había deci­dido con­vo­car a la Comi­sión repre­sen­ta­tiva creada por el Pacto Fede­ral. En lugar de recons­truir la Comi­sión Repre­sen­ta­tiva del Pacto Fede­ral de 1831, el 8 de abril de 1852, dos días des­pués de fir­mado el Pro­to­colo de Palermo, Urquiza invitó por nota-circular a los gober­na­do­res de las pro­vin­cias a una reunión a efec­tuarse en San Nico­lás de los Arro­yos, el 20 de mayo, con el pro­pó­sito de con­ve­nir las bases de la orga­ni­za­ción nacional.

Una Gene­rosa Decla­ra­ción De Principios

Tene­mos el honor de ele­var a los gober­na­do­res de las pro­vin­cias, el adjunto pro­yecto que inte­gra un con­junto de medi­das polí­ti­cas y nor­ma­ti­vas ten­dien­tes a sen­tar las bases de la defi­ni­tiva paci­fi­ca­ción del país. La recon­ci­lia­ción nacio­nal y la supera­ción de pasa­das tra­ge­dias son los ante­ce­den­tes nece­sa­rios para la con­so­li­da­ción de la paz, que cons­ti­tuye uno de los obje­ti­vos fun­da­men­ta­les de la uni­fi­ca­ción defi­ni­tiva de esta Nación. Las difi­cul­ta­des que obs­ta­cu­li­zan la plena vigen­cia de este valor social, hacen mis evi­dente la indu­da­ble nece­si­dad de esta­ble­cer un punto de par­tida para hacerlo posi­ble. Hemos vivido durante déca­das años crí­ti­cos, ori­gi­na­dos en la gra­ve­dad e irra­cio­na­li­dad de la gue­rra civil, des­en­ca­de­nante de vio­len­tos enfren­ta­mien­tos cuyas dolo­ro­sas secue­las han enlu­tado a la fami­lia argen­tina. Todos hemos luchado, cada cual a su manera, por la dig­ni­dad del hom­bre. Sin embargo, la forma cruel con que se plan­teó la bata­lla pudo lle­var a que, en el curso de la lucha, se pro­du­je­ran hechos incom­pa­ti­bles con aquel pro­pó­sito. Evi­den­te­mente, el fra­gor de la gue­rra impul­saba a que algu­nos per­die­ran la noción de lími­tes mora­les y jurí­di­cos. En los com­ba­tes que­da­ron muer­tos y heri­dos, y resul­ta­ron afec­ta­dos los supre­mos valo­res que se defen­die­ron. En la más firme con­vic­ción que lo pasado nunca más deberá repe­tirse. No es sobre la recri­mi­na­ción de los sufri­mien­tos mutua­mente infe­ri­dos y pro­vo­ca­dos que se ha de recons­truir la unión nacio­nal, sino sobre la volun­tad sin­cera de recon­ci­lia­ción y la bús­queda común de cami­nos para una armo­niosa con­vi­ven­cia, que puede lle­var a una nueva etapa de paz y de tra­bajo, de calma y de pro­greso. Con el deci­dido pro­pó­sito de clau­su­rar esa etapa de des­en­cuen­tros y vio­len­cia, se están sen­tando las bases de un nuevo ciclo polí­tico, bajo el signo de una Cons­ti­tu­ción común a los argen­ti­nos. La pru­den­cia acon­seja pues, acon­seja pro­po­ner un acto de gobierno que mire al bien gene­ral del país, que exige dejar atrás los enfren­ta­mien­tos, per­do­nar los agra­vios mutuos y pro­cu­rar la paci­fi­ca­ción nacio­nal con un gesto de recon­ci­lia­ción. Estas razo­nes han lle­vado al con­ven­ci­miento que el reen­cau­za­miento cons­ti­tu­cio­nal de la Repú­blica es nece­sa­rio. La paci­fi­ca­ción de los espí­ri­tus debe apo­yarse en la efec­tiva extin­ción de todos los ren­co­res vin­cu­la­dos con los hechos ocu­rri­dos durante estos últi­mos años.”

Así, a fines de mayo se reunie­ron en la men­cio­nada ciu­dad diez gober­na­do­res: Justo José de Urquiza (Entre Ríos), Vicente López y Pla­nes (Bue­nos Aires), Ben­ja­mín Vira­soro (Corrien­tes), Domingo Crespo (Santa Fe), Pas­cual Segura (Men­doza), Naza­rio Bena­ví­dez (San Juan), Pablo Lucero (San Luis), Manuel Taboada (San­tiago del Estero), Cele­do­nio Gutié­rrez (Tucu­mán) y Vicente Bus­tos (La Rioja). Cata­marca designó repre­sen­tante a Urquiza, en tanto que Salta, Jujuy y Cór­doba fir­ma­ron su adhe­sión más tarde.

El 29 de mayo se ini­cia­ron ofi­cial­mente las deli­be­ra­cio­nes. Se redac­ta­ron die­ci­nueve artícu­los. En el pri­mero se renovó el Pacto Fede­ral, al que cali­fica de “Ley Fun­da­men­tal”, en el segundo, se con­vocó a un Con­greso Fede­ra­tivo el mes de agosto en la ciu­dad de Santa Fe, y en el cuarto, se deter­minó que la elec­ción de dipu­tados se haría con­forme a las leyes vigen­tes en cada pro­vin­cia debiendo enviar, cada una, dos dipu­tados. Por los artícu­los catorce, quince y die­ci­séis se facultó a Urquiza a res­ta­ble­cer la paz si ésta se viera afec­tada, a orga­ni­zar el eje­cu­tivo nacio­nal, a legis­lar sobre la nave­ga­ción de los ríos inte­rio­res y a admi­nis­trar los correos. En el artículo die­ci­ocho, lo nom­bra­ron Direc­tor Pro­vi­so­rio de la Con­fe­de­ra­ción Argen­tina. Una cláu­sula adi­cio­nal invi­taba a fir­marlo a los gober­na­do­res ausen­tes. Trece pro­vin­cias, excep­tuando a Bue­nos Aires, rati­fi­ca­ron el Acuerdo que cons­ti­tuyó un pre­ce­dente fun­da­men­tal para la pro­mul­ga­ción de la Cons­ti­tu­ción en 1853.

Si pen­sa­mos el Acuerdo de San Nico­lás, de hecho nos remi­ti­mos a los “pac­tos pre­exis­ten­tes” de nues­tra Cons­ti­tu­ción. Es cierto que no todos los cons­ti­tu­cio­na­lis­tas reco­no­cen como tales a todos los pac­tos fir­ma­dos desde el año 1820, sin embargo coin­ci­den en ver al Pacto Fede­ral y el Acuerdo de San Nico­lás como los fun­da­men­tos de la orga­ni­za­ción ins­ti­tu­cio­nal de nues­tro país. Este Acuerdo sigue mere­ciendo una espe­cial aten­ción. Dife­ren­tes y nue­vas mira­das han tra­tado de expli­carlo, por­que marcó el comienzo de un camino que se fue reco­rriendo inexo­ra­ble­mente hacia el obje­tivo pro­puesto, la organización.

La idea de pac­tos viene del período colo­nial, desde aquel “pacto” con el rey espa­ñol, tal como lo ana­li­zan algu­nos teó­ri­cos. Será jus­ta­mente la rup­tura de éste lo que dará comienzo a la etapa revo­lu­cio­na­ria y a los enfren­ta­mien­tos de los pue­blos del inte­rior con aquel Bue­nos Aires que actuaba como here­dero de un poder no legi­ti­mado por ellos. Estos pue­blos sabían de pac­tos y, aquí debe­mos hacer otra con­si­de­ra­ción, se hablaba de “pue­blos” y no de “pue­blo” del inte­rior ~así lo reco­no­ció Moreno en 1810 cuando envió la cir­cu­lar del 27 de mayo, donde hablaba de la repre­sen­ta­ti­vi­dad de “los pue­blos”. Por lo tanto apa­rece mani­fiesto que no exis­tía en las pri­me­ras déca­das revo­lu­cio­na­rias la idea de uni­dad y sería la impo­si­bi­li­dad de ver esa reali­dad ~de reco­no­cer la sobe­ra­nía de esos pue­blos~ lo que lle­vará al fra­caso de los Gobier­nos Cen­tra­les, pri­mero y del intento de un gobierno repu­bli­cano en 1826 así como tam­bién el de los con­gre­sos que bus­ca­ron dic­tar la Constitución.

El Acuerdo de San Nico­lás de hecho no solu­cionó inme­dia­ta­mente los pro­ble­mas exis­ten­tes, Es más, pare­ció en un pri­mer momento ahon­dar­los; sin embargo cuando se lee su texto se puede expli­car por qué no fra­casó del todo, ya que si el obje­tivo era reunir un con­greso para dic­tar la Cons­ti­tu­ción, lo logró. ¿Dónde estuvo su poder o su fuerza? Segu­ra­mente se pue­den dar dife­ren­tes res­pues­tas, pero es en la letra del docu­mento, donde encon­tra­re­mos sufi­cien­tes argu­men­tos para res­pon­der, por­que ésta debió ade­cuarse a una coyun­tura donde las con­ti­nui­da­des apa­re­cían con mayor cla­ri­dad y pre­sen­cia que los cambios.

No es casual que se le haya dado tanta impor­tan­cia al tema de repre­sen­ta­ción de las pro­vin­cias ante el Con­greso de Santa Fe, desde el número de dipu­tados que igua­laba a éstas más allá de su pobla­ción, hasta los míni­mos deta­lles que hacían al tema de la repre­sen­ta­ti­vi­dad. Siete son los artícu­los que se ocu­pan de ello. Se ase­gu­raba no solo el prin­ci­pio de liber­tad sino tam­bién el de la igualdad.

Pero los con­flic­tos de nin­guna manera fina­li­za­ron con la firma del Acuerdo ~y que que­da­ron mani­fies­tos en el período pos­te­rior~ aun­que sin embargo no sig­ni­fi­ca­ron un impe­di­mento para reco­rrer el camino empe­zado. Bue­nos Aires ~que decía luchar por la liber­tad~ que­ría impo­nerla con vio­len­cia, jus­ta­mente a las pro­vin­cias que no que­rían per­derla. Las pro­vin­cias a su vez se regían con abso­luta inde­pen­den­cia, ase­gu­rada por una reali­dad geo­grá­fica que más que unir­los los sepa­raba y, que les per­mi­tía enton­ces domi­na­cio­nes cau­di­llis­tas y orga­ni­za­cio­nes muni­ci­pa­les tradicionales.

Más allá de lo que pare­ció enco­le­ri­zar a Bue­nos Aires, ¿Qué la irritó más?, ¿el poder que obtu­vie­ron las pro­vin­cias o el poder que resig­naba la metró­poli? Se siguió ade­lante, por­que este Acuerdo fir­mado en San Nico­lás, al estar rubri­cado por los gober­na­do­res ~jugada polí­tica de Urquiza al invi­tar a todos sabiendo que muchos de ellos habían sido pues­tos en sus car­gos por Rosas~ le daba el sus­tento nece­sa­rio para ello.

La Pri­mera Mez­quin­dad Histórica

Bue­nos Aires sólo acep­ta­ría la Cons­ti­tu­ción des­pués de Cepeda y Pavón, en 1860, trai­cio­nando el fede­ra­lismo y reini­ciando una gue­rra revan­chista con­tra las pro­vin­cias que habían res­ca­tado la Patria.

El gene­ral fede­ral Ángel Vicente Peña­loza, lla­mado “El Cha­cho” por todos, ~que tam­bién había com­ba­tido con­tra Rosas~ se sin­tió defi­ni­ti­va­mente trai­cio­nado. Le escri­bi­ría a Bar­to­lomé Mitre: “Los gober­na­do­res de estos pue­blos, con­ver­ti­dos en ver­du­gos de las pro­vin­cias… des­tie­rran sin forma de jui­cio a ciu­da­da­nos res­pe­ta­bles sin más cri­men que haber per­te­ne­cido al par­tido fede­ral… Los hom­bres todos, no teniendo ya más que per­der que sus exis­ten­cia, qui­sie­ran sacri­fi­carla más bien por el bien de la Patria.”

Era Bri­ga­dier de la Nación y Jefe del III Ejér­cito Nacio­nal acan­to­nado en Cuyo cuando el ejér­cito de Bue­nos Aires mar­cha a cap­tu­rarlo. Al ver que los liber­ta­do­res no cum­plie­ron con el Pacto de San Nico­lás, escribe a uno de ellos, el gene­ral Anto­nino Taboada, el 8 de febrero de 1862: “¿Por qué hacen una gue­rra a muerte entre her­ma­nos con her­ma­nos?”, con­tra­ria a la hidal­guía de la raza. No hay objeto por­que Urquiza ya no vuelve más y los fede­ra­les han acep­tado su derrota. Pero de allí a exter­mi­nar­los, va mucho “¿No es de temer que las gene­ra­cio­nes futu­ras nos imi­ta­ran tan per­ni­cioso ejemplo?”.

Lamen­ta­ble­mente la pro­fe­cía del Cha­cho se cumplió.

Peña­loza se rin­dió al coman­dante Vera, entre­gán­dole su puñal, la última arma que le que­daba. Pero una hora des­pués el jefe de la par­tida del gobierno fede­ral lo ase­sinó con su lanza, e hizo que los sol­da­dos lo acri­bi­lla­ran a bala­zos. Era el 12 de noviem­bre de 1863. Su cabeza fue cor­tada y cla­vada en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus ore­jas pre­si­dió por mucho tiempo las reunio­nes de la clase “civi­li­zada” de la pro­vin­cia de San Juan y su esposa fue obli­gada a barrer la plaza mayor de la ciu­dad San Juan, atada con cade­nas. Le había tocado diri­gir misio­nes impo­si­bles con­tra Rosas y con­tra Mitre, en momen­tos en que se hubiera nece­si­tado alguien mucho más capaz que él. Pero el Cha­cho fue, ante todo, un sím­bolo de la resis­ten­cia del inte­rior al des­po­tismo de Bue­nos Aires.

La Orga­ni­za­ción, sin duda, estaba en mar­cha. Pero toda­vía los caño­nes no se habían enti­biado defi­ni­ti­va­mente y fal­ta­rían varios encon­tro­na­zos más para que se lograse la con­cor­dia nacio­nal de los argen­ti­nos, que nos colo­ca­ría en un lugar pro­mi­so­rio en el con­cierto de las poten­cias del mundo.

Pero ~obvia­mente~ esta his­to­ria está incon­clusa. Seguiré rela­tán­do­les esta parte seg­men­tada del pasado [¿?] en un pró­ximo capítulo.

Biblio­gra­fía

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Beve­rina, Juan: Las cam­pa­ñas de los ejér­ci­tos liber­ta­do­res 1838–1852, Bs. As., 1923.

Alberdi, J. B.: Bases y pun­tos de par­tida para la orga­ni­za­ción nacional.

Bonaudo, Marta: Libe­ra­lismo, Estado y Orden bur­gués (1852 — 1880). Nueva His­to­ria Argen­tina. T.IV. Sud­ame­ri­cana, 1999.

Bosch, Bea­triz: Urquiza y su tiempo. Cen­tro Edi­tor de Amé­rica Latina, Bs. As., 1984.

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Gál­vez, Manuel: “Vida de Juan Manuel de Rosas”. Edi­to­rial Tor, Bue­nos Aires, 1949

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Ruiz Moreno, Isi­doro J.: Cam­pa­ñas mili­ta­res argen­ti­nas, Tomos I y II, Ed. Emecé. Bs. As., 2004–2006.

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Sáenz Que­sada, María: La Repú­blica divi­dida. Memo­rial de la Patria, tomo X, Ed. La Bas­ti­lla, Bs. As., 1984.

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Sie­rra, Vicente D., His­to­ria de la Argen­tina, Ed. Garriga, Bs. As., 1973.

Autor: Dr. Carlos Marcelo Shäferstein

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22 Comentarios en “La batalla por la concordia nacional — 1ª Parte”  

  1. 1 Rodolfo Jorge Brieba

    Señora Direc­tora

    Don Juan Manuel estaba can­sado de la vida polí­tica y deseaba reti­rarse, por lo que no tenía inten­ción alguna de atarse a la intensa acti­vi­dad pública que lo ago­biaba, máxime que ya había supe­rado la ofen­siva de los impe­rios bri­tá­nico y fran­cés coali­ga­dos recién en 1848.

    Hacia 1850 Rosas que­ría renun­ciar en su cali­dad de máxima auto­ri­dad de la Con­fe­de­ra­ción y escri­bió a Urquiza al res­pecto. Pero éste le expresó que no con­ve­nía a la Con­fe­de­ra­ción, pues que­daba toda­vía por resol­ver la cues­tión del Impe­rio lusitano.

    Sin embargo –al año siguiente– Urquiza lo trai­cionó deliberadamente.

    En el “pro­nun­cia­miento de Urquiza” exis­tió una manio­bra bri­tá­nica de lobby apor­tán­dole 400.000 pata­co­nes en efec­tivo, com­prán­dole la caba­llada a Urquiza para apro­vi­sio­nar la inva­sión bra­si­leña, y dotán­dolo de todo tipo de per­tre­chos y miles de hom­bres. El entre­rriano se sir­vió tam­bién del impe­rio por­tu­gués siem­pre a las órde­nes de la rubia Albion.

    La manio­bra polí­tica de Urquiza se des­cribe –según recuerdo– en la obra se llama “El pro­nun­cia­miento de Urquiza”, de auto­ría de José María Rosa y publi­cada en España en 1958, fruto de sus inves­ti­ga­cio­nes en los archi­vos de Ita­ma­raty y España.

    Otro libro impor­tante para tener en cuenta es “Pro­ceso al Libe­ra­lismo Argen­tino” escrito por Ati­lio Gar­cía Mellid. Por eso, luego de 1958 se die­ron a cono­cer estos libros que auto­ri­zan al revi­sio­nismo his­tó­rico para cote­jar la ver­sión ofi­cial, que siem­pre fue la ver­sión de la His­to­ria Argen­tina, escrita por Bar­to­lomé Mitre, obvia­mente el ven­ce­dor en estas intri­gas y trai­cio­nes que com­pli­ca­ron la tra­ge­dia de nues­tra Patria.

    Estas dos inves­ti­ga­cio­nes demue­len las inter­pre­ta­cio­nes hasta enton­ces vigen­tes en la his­to­rio­gra­fía argen­tina sobre tal acon­te­ci­miento que dobló el curso de nues­tro destino.

    Por otra parte hay una intere­sante obra de la misma época de las que men­cioné deno­mi­nada “His­to­ria de la Argen­tina”, escrita por Ernesto Pala­cio cuya última edi­ción corres­ponde a Abe­ledo Perrot hacia la década de 1990 y que ilus­tra cla­ra­mente el difí­cil camino hacia la “Con­cor­dia” en la etapa que el colum­nista describe.

    Cor­dial­mente.

    Rodolfo

  2. 2 Carlos Marcelo Shäferstein

    Res­pe­tuo­sas acla­ra­cio­nes para un admi­rado lector

    Esti­mado Rodolfo:

    Desde ya com­parto sus fun­da­men­ta­dos comen­ta­rios, y (es más) los amplío. Pero el eje de este artículo his­tó­rico no tenía la inten­ción de reflo­tar las ris­pi­de­ces del pasado, sino, todo lo con­tra­rio, refe­rirme a la «con­cor­dia entre los argen­ti­nos»: un ideal rara­mente alcan­zado por razo­nes que esca­pan a mi lógica comprensión.

    Como Vd refiere, en efecto, el gene­ral Justo José de Urquiza fue una de las figu­ras más enig­má­ti­cas y con­tra­dic­to­rias de la his­to­ria nacio­nal argen­tina. Urquiza trai­cionó a sus ami­gos fede­ra­les y puso su espada en con­tra de aque­llo mismo que había pro­me­tido sos­te­ner. Que­dará para la his­to­ria que puso el hom­bro para apun­ta­lar el edi­fi­cio del enemigo; como lo venía haciendo desde Pavón. Tan es así, que para com­pen­sar lo que que nó alcanzo a con­quis­tar en 1861, Mitre le acon­sejó: “No deje cica­tri­zar la herida de Pavón. Urquiza. Usted debe des­a­pa­re­cer de la escena cueste lo que cueste: Sout­ham­pton o la horca”.

    La ini­cia­tiva de la gue­rra con­tra Rosas se atri­buía a los esta­dos de Entre Ríos y Corrien­tes, reser­ván­dose el Bra­sil y la Banda Orien­tal el papel de “meros auxi­lia­res”. Ade­más del aporte mili­tar que Vd men­cionó, el Bra­sil se com­pro­me­tía a finan­ciar la cam­paña, mediante la entrega de cien mil pata­co­nes men­sua­les, al seis por ciento de inte­rés, durante el tér­mino de cua­tro meses, más todo el mate­rial de gue­rra que le fuese soli­ci­tado y que se con­si­de­ra­ría como emprés­tito adi­cio­nal. Urquiza debía hacer reco­no­cer esa deuda, en efec­tivo y arma­men­tos, por el gobierno futuro de la Con­fe­de­ra­ción; mien­tras tanto, ella que­daba a cargo de Entre Ríos y Corrien­tes, las cua­les daban “desde ya” en hipo­teca, como garan­tía de su pago, todas sus ren­tas y terri­to­rios de pro­pie­dad fis­cal. Por el artículo VIII se esta­ble­cía que el Ejér­cito Impe­rial per­ma­ne­ce­ría (sin fijar tér­mino) ocu­pando la Banda Orien­tal, para res­pon­der a cual­quier requi­si­ción de Urquiza; pero se agre­gaba expre­sa­mente que podría tras­la­darse al tea­tro de la gue­rra por su pro­pia deci­sión, aun­que dicha requi­si­ción no se pro­du­jese: es decir, que se le dejaba la puerta abierta. Por el artículo IV se rati­fi­caba el com­pro­miso de con­ce­der la libre nave­ga­ción de los ríos y por el XX vol­vía a reco­no­cerse la inde­pen­den­cia del Para­guay. Se tra­taba, como se ve, de un con­ve­nio leo­nino, con todas la ven­ta­jas para el empresario.

    A cam­bio de la ayuda extran­jera para su empresa interna, Urquiza renun­ciaba a dere­chos inhe­ren­tes a nues­tra sobe­ra­nía y pre­ci­pi­taba la desin­te­gra­ción de la patria. Bra­sil ganaba el terri­to­rio para­guayo librado a su influjo, la ocu­pa­ción sine die del Uru­guay, el libre acceso por nues­tra vías flu­via­les a su pro­vin­cia del Mato Grosso y un dere­cho real de hipo­teca como acree­dor pri­vi­le­giado sobre todos los recur­sos de dos pro­vin­cias argen­ti­nas. Mucho más, por cierto, y con un riesgo mínimo, de lo que hubiese podido espe­rar de una gue­rra victoriosa.

    Ese tra­tado debía per­ma­ne­cer, por supuesto, secreto (art. XXI), para evi­tar la oleada de indig­na­ción que habría pro­vo­cado su publi­ca­ción anti­ci­pada, poniendo en peli­gro el éxito de los confabulados.

    Las con­se­cuen­cias de Case­ros fue­ron nefas­tas. Pér­dida defi­ni­tiva de la Misio­nes Orien­ta­les (terri­to­rio de igual super­fi­cie que la pro­vin­cia de Entre Ríos), que corres­pon­día por dere­cho a la Argen­tina y se cedió con motivo de los pac­tos fir­ma­dos por Urquiza al entrar en alianza con los bra­si­le­ños; la renun­cia a la sobe­ra­nía sobre nues­tros ríos inte­rio­res, rega­lando vil­mente lo que se había con­se­guido luego de tan­tos años de blo­queo y san­gre argen­tina derra­mada. Esto se rea­liza a tra­vés de la san­ción de la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal y bajo el influjo del pen­sa­miento alber­diano de que había que abrir nues­tros ríos a la “civi­li­za­ción” (con­cep­tos inexis­ten­tes en todo otro lugar de la tie­rra); y se derogó la Ley de Adua­nas (pri­mer acto de gobierno de la admi­nis­tra­ción que sucede a Rosas).

    Esto sig­ni­ficó la ruina de la naciente indus­tria nacio­nal y la entrega de nues­tro mer­cado interno al poder eco­nó­mico pre­do­mi­nan­te­mente inglés. A par­tir de allí reco­rre­re­mos un ace­le­rado camino hacia un som­brío des­tino de colo­nia eco­nó­mica británica.

    Ade­más Urquiza con­trajo una fuerte deuda externa a favor del Bra­sil, ya que des­pués de Case­ros se reco­noce como deuda de la Con­fe­de­ra­ción los fon­dos faci­li­ta­dos para finan­ciar la cam­paña con­tra Rosas.

    Se aban­donó de la firme polí­tica exte­rior lle­vada ade­lante por Don Juan Manuel, cono­cida como “Sis­tema Ame­ri­cano”, es decir la uni­dad de las nacio­nes ame­ri­ca­nas para enfren­tar la pre­po­ten­cia de los paí­ses euro­peos, puesta en prac­tica en forma triun­fante durante los blo­queos sufri­dos por la Con­fe­de­ra­ción. A par­tir de ese momento, la antes altiva Con­fe­de­ra­ción pasó a ser un mero apén­dice de la diplo­ma­cia anglo bra­si­leña, pro­vo­cando pri­mero el aban­dono a su suerte de la her­mana repú­blica del Uru­guay que caerá bajo la total depen­den­cia polí­tico eco­nó­mica del Impe­rio esclavista.

    Trama com­ple­tada casi una década des­pués con la com­pleta des­truc­ción del Para­guay, último freno a la vora­ci­dad terri­to­rial del Bra­sil. Des­truc­ción a la cual no solo no nos opu­si­mos, como debi­mos opo­ner­nos por lasos de his­tó­rica her­man­dad en la lucha con­tra el enemigo his­tó­rico, sino que par­ti­ci­pa­mos del cri­men al ser parte de la alianza que arrasó la tie­rra guaraní.

    Pocos saben que, se pasó de ser un país anti­es­cla­vista ~Don Juan Manuel tenía gran ascen­diente sobre las comu­ni­da­des de afri­ca­nos resi­den­tes en Bue­nos Aires~ a ser un estado gen­darme del Impe­rio, al fir­marse tra­ta­dos por los cua­les se com­pro­me­tía a la Con­fe­de­ra­ción a depor­tar a todo esclavo que se esca­para hacia suelo argen­tino en busca de la liber­tad que la mis­mí­sima Cons­ti­tu­ción Nacio­nal esta­ble­cía al abo­lir para siem­pre la esclavitud.

    A par­tir de esa 1863, lo incóg­nito y con­fuso de la con­ducta de don Justo José de Urquiza empezó a pro­yec­tase sobre el pano­rama con­ti­nen­tal, sus­ci­tando espe­ran­zas falli­das, apa­sio­na­das con­tro­ver­sias y una reac­ción tan impe­tuosa que inevi­ta­ble­mente desem­bocó en la tra­ge­dia de 1870: la gue­rra con­tra Paraguay.

    Final­mente “Urquiza fue ase­si­nado en su pala­cio de San José por­que lo creían ven­dido a los por­te­ños”, escri­bió Anto­nio Sagarna. Lo por­teño era la nega­ción de todo cuanto los pro­vin­cia­nos que­rían en fun­ción de los ver­da­de­ros intere­ses nacionales.

    Supongo que es el des­tino de todos los trai­do­res. Urquiza se enri­que­ció, para lo cual fue fun­cio­nal a pode­res forá­neos. Pero la vida es corta y luego hay que ren­dir cuen­tas ante Dios. (¿Será tan difí­cil de enten­der para los Kir­ch­ner y su banda?)

    Vol­viendo a mi inte­rés en la con­cor­dia y la recon­ci­lia­ción nacio­nal, supongo que es una aspi­ra­ción legí­tima de todo bien nacido en esta tie­rra, ya que de lo con­tra­rio, el odio exa­cer­bado a lo largo de los años garan­tiza la diso­lu­ción de la Patria y no otra cosa.

    ¿Acaso no será pre­ci­sa­mente ese el obje­tivo que están bus­cando quie­nes no acep­tan la concordia?

    Lenin decía: “En todas par­tes y en todos los paí­ses el ejér­cito regu­lar sirve no tanto con­tra el enemigo exte­rior, sino con­tra el enemigo interno… Arran­que­mos el mal de raíz. Supri­ma­mos por com­pleto el ejér­cito regu­lar. Que el Ejér­cito se funda con el pue­blo armado, que los sol­da­dos lle­ven al pue­blo sus cono­ci­miento mili­ta­res, que des­apa­rez­can los cuar­te­les reem­pla­za­dos por una escuela mili­tar libre”.

    En nues­tra Patria, bajo el régi­men de Kir­ch­ner, la pro­fe­cía de Lenin se está cum­pliendo casi a la per­fec­ción, no sólo res­pecto de los mili­ta­res, sino por medio de la sus­ti­tu­ción de las cla­ses eco­nó­mi­cas y cul­tu­ra­les, como decía el fun­da­dor del Soviet y el maquia­vé­lico Nés­tor apren­dió a la perfección.

    Un artículo pos­te­rior a esta entrega expli­cará esta idea más aca­ba­da­mente, mien­tras ~quie­nes tene­mos hijos y que­re­mos ase­gu­rar­les un futuro sin vio­len­cia~ segui­mos luchando por la recon­ci­lia­ción nacional.

    Salu­dos cor­dia­les y gra­cias por el comentario

    Car­los

  3. 3 Luis Fernández

    La socie­dad argen­tina (a dife­ren­cia de otras nacio­nes) se carac­te­riza por su revan­chismo a ultranza, y así no se puede seguir.

    Des­pués de una gue­rra (civil o inter­na­cio­nal) los gran­des paí­ses curan rápi­da­mente sus heri­das y se recon­ci­lian para afron­tar el futuro superando las dife­ren­cias del pasado. ¿Para qué voy a dar ejem­plos? Toda la his­to­ria del mundo civi­li­zado se fun­da­menta en el “con­ci­lium post bellum”. La paz com­pleta que pone fin a un con­flicto, a fin de evi­tar que se repita, como si los Esta­dos y nues­tros pai­sa­nos fue­ran fami­glias sis­ci­lia­nas o la camo­rra napolitana.

    Cuesta encon­trar la vuelta al dis­pa­rate que armó la tozu­dez. ¿Qué se pro­po­nen? ¿Qué dis­pon­drán? Resta espe­rar y de paso repa­sar los atas­cos de una his­to­ria que insiste en per­ma­ne­cer joven e interrupta.

    Vuelta a ver girar la chi­rriante cale­sita de la polí­tica local. El cuento de la Buena Pipa. El caní­bal que come caní­bal. Moreno y Saa­ve­dra. Rosas o Sar­miento. Uni­ta­rios y fede­ra­les. Cru­dos y coci­dos. Mea culpa/sua culpa. Mani­pu­la­ción, Infla­ción. Apa­gón. País lace­rado y mace­rado. Des­tino sin rumbo y gobierno dúplice. Rey Tapón que simuló irse y regen­tea bajo cuerda. Reina que sí, pero que no. Ciu­da­da­nía en letargo. Rara y extraña…

    Cada 25 de mayo nace­mos de nuevo (pero siem­pre de un repo­llo) No damos con el modo de hacerlo en la reali­dad y cons­truir his­to­ria que dure, cunda y goce. Como Menem en los 90, de nuevo la fan­tas­má­tica resu­rrec­ción de otro seudo Cis­ne­ros. El Cabildo amor­da­zado. El recién des­cu­bierto inte­rior, a su suerte. Un monár­quico que sus­pende la repú­blica. Más parece un país para el Gui­ness. Para el podio del des­pro­pó­sito. Pues­tos a com­pa­rar épocas (de modo rela­tivo, claro) 2009 no resulta tan lejano de 1809, como lo está en el almanaque.

    Enton­ces, la “demo­cra­cia” era el sueño de unos pocos román­ti­cos. Hoy lo es de muchos que la acep­tan escasa y ape­nas for­mal. Antes exis­tía la escla­vi­tud que la Junta abo­lió. Hoy la escla­vi­tud sub­siste, pero embo­zada como desocu­pa­ción o subocu­pa­ción. Des­or­den irres­tricto y bar­ba­rie, y la vida sigue.

    En 1809 el país tenía 250.000 habi­tan­tes y su indi­gen­cia era mucho menor.

    En 1809 esta­ban vivos y lis­tos para el gran salto repu­bli­cano los hom­bres que inte­gra­ron la Junta fun­da­dora. Hoy ocu­pan el Poder algu­nos per­so­na­jes que no habrían podido entrar al Cabildo. Aquel 1809 olía a futuro. Este 2009 huele a pasado reflo­tado en vano. Huele a cosas vie­jas. Hiede a muerto.

    ¿El pre­sente dónde está? ¿Ten­dre­mos futuro acaso?

  4. 4 Gastón

    Señora Direc­tora:

    Nues­tra socie­dad insiste con los vie­jos enfren­ta­mien­tos entre izquier­das y dere­chas y recu­rre a las vías de hecho para resol­ver los con­flic­tos. Aborda el con­flicto social en clave de irre­con­ci­lia­bles enemi­gos, sin dejar el menor espa­cio para la superación.

    La socie­dad argen­tina evita colo­car en su agenda los nue­vos dile­mas o el modo ins­ti­tu­cio­nal de resol­ver­los. El mito de la eterna fun­da­ción nos con­di­ciona. La diri­gen­cia entiende que nues­tros pue­blos nacie­ron en la “épica” y difí­cil­mente se con­for­men con un orden nor­mal y pre­vi­si­ble, que tienda al desa­rro­llo y al bie­nes­tar de sus ciu­da­da­nos. Rom­per con ello para cons­truir la ins­ti­tu­cio­na­li­dad es nues­tro desafío.

    Al decir de Gar­cía Hamil­ton, a fines del siglo XV, el país que pare­cía des­ti­nado a ampliar las fron­te­ras del mundo era Ita­lia, sobre todo sus ciudades-Estado del Norte. Allí se había logrado un impor­tante desa­rro­llo del comer­cio y de las finan­zas y ello había hecho flo­re­cer una civi­li­za­ción de las más moder­nas de Europa. Per­so­na­jes como Lorenzo de Medi­cis, Machia­ve­llo, Leo­nardo o Miche­lan­gelo domi­na­ban la escena.

    Sin embargo, fue España quien llevó ade­lante el des­cu­bri­miento de Amé­rica y la epo­peya de la con­quista –junto con Por­tu­gal– de lo que hoy cono­ce­mos como Amé­rica latina. Ita­lia no des­cu­brió Amé­rica –pese a que en los hechos fue enca­be­zado por un nave­gante geno­vés– por­que esta proeza nece­si­taba un espí­ritu medie­val, que no exis­tía en el norte de la penín­sula itá­lica. La con­quista de Amé­rica fue algo así como la pro­lon­ga­ción de ese espí­ritu en el nuevo mundo. La con­jun­ción de reli­gión, aven­tura y domi­na­ción fue­ron los con­di­men­tos de la con­quista. Y ellos tra­je­ron la into­le­ran­cia y la anarquía.

    Europa avanzó y en el siglo XVII se pro­dujo la revo­lu­ción glo­riosa en Ingla­te­rra, que limitó el poder de la monar­quía. En el siglo XVIII se pro­dujo la Revo­lu­ción Fran­cesa, que ins­ti­tu­cio­na­lizó la repú­blica y el ascenso de la bur­gue­sía con poder eco­nó­mico al mundo de las deci­sio­nes polí­ti­cas. Luego de pasar por diver­sas expe­rien­cias san­grien­tas y tota­li­ta­rias, en el viejo con­ti­nente se con­so­lidó la demo­cra­cia y la orga­ni­za­ción repu­bli­cana, mar­chando deci­di­da­mente hacia la inte­gra­ción de sus países.

    Los nues­tros, en cam­bio, man­tu­vie­ron ese espí­ritu épico que nece­sita de las uto­pías fun­dan­tes, que eter­na­mente se repi­ten. Y así, cada grupo que accede al poder pre­tende arra­sar con todo lo esta­ble­cido, para crear su pro­pio nuevo orden. Uni­ta­rios y fede­ra­les, chu­pan­di­nos y pan­di­lle­ros, cru­dos y coci­dos, nacio­na­lis­tas y auto­no­mis­tas, radi­ca­les y con­ser­va­do­res, pero­nis­tas y anti­pe­ro­nis­tas. Todas fac­cio­nes que han pre­ten­dido impo­nerse a la otra mitad por cual­quier medio a lo largo de nues­tra historia.

    Claro que hoy poco queda del espí­ritu caba­lle­resco. Y una épica sin espí­ritu es una vul­ga­ri­dad. El ejem­plo es Diego Mara­dona y el fair play.

    Nues­tro pue­blo no reac­ciona ante los avan­ces anti­rre­pu­bli­ca­nos. En situa­cio­nes extre­mas, nues­tra gente debe­ría hacerse escuchar.

    Gas­tón

  5. 5 Claudia Kestern

    No somos solo un gru­pete de per­sona, somos una comu­ni­dad y como comu­ni­dad debe­mos defen­der lo que que­re­mos. Si a lo que aspi­ra­mos es la divi­sión, el ren­cor, el odio, el miedo, el some­ti­miento y la injus­ti­cia; o si que­re­mos vivir la Repú­blica como bue­nos ciu­da­da­nos, bajo el res­peto, la edu­ca­ción, la liber­tad, la jus­ti­cia y todos los dere­chos y obli­ga­cio­nes que tene­mos como ciu­da­da­nos de una repú­blica y que ema­nan de La Cons­ti­tu­ción Nacio­nal que nos cobija a todos.

    No es bueno gene­rar ren­cor ni divi­sión, pues quien lo hace sólo intenta hacer per­der lo más impor­tante que puede tener una socie­dad: “la dig­ni­dad”. La his­to­ria va a escri­bir o a des­cri­bir, una página muy terri­ble o una llena de espe­ranza para gene­ra­cio­nes veni­de­ras y no pode­mos con­tar­les a nues­tros hijos o nie­tos, que noso­tros, no estu­vi­mos de nin­gún lado y tole­ra­mos todo de un régi­men revanchista.

    Hoy el país nece­sita de noso­tros y no pode­mos ser “tibios”, debe­mos asu­mir un com­pro­miso asi como lo hace­mos en otros temas.

    Asu­ma­mos el com­pro­miso con noso­tros mis­mos, con nues­tros valo­res y prin­ci­pios y defi­na­mos nues­tro futuro y el de los más chi­cos, ya come­ti­mos muchos erro­res por omi­sión, no haga­mos eso de nuevo.

    En los hechos la repú­blica que se quedó en los pape­les de 1853. Y a esa Cons­ti­tu­ción nunca le dimos el valor que tenía, la ava­sa­lla­mos y jamás la respetamos.

    No hay nada tan mani­fiesto, tan­gi­ble y pal­pa­ble como el ins­tante pre­sente. Y, con todo, se nos escapa por com­pleto. Ahí radica toda la tris­teza de la exis­ten­cia humana.

    Clau­dia

  6. 6 María Luján Bransiforte

    Señora Direc­tora:

    Real­mente, en nues­tras rela­cio­nes domés­ti­cas, nos mane­ja­mos como los argen­ti­nos que somos. Quiero decir: de manera simi­lar a aque­lla con que comen­za­mos a dar los ini­cia­les pini­nos del iti­ne­ra­rio que nos con­ver­ti­ría en nación. ¿Cuál ha sido esa moda­li­dad? Pues la del disenso cons­tante, la bifur­ca­ción sem­pi­terna, las dico­to­mías impe­re­ce­de­ras, las ren­ci­llas reite­ra­das. Todas cos­tum­bres pési­mas. Vea­mos: ape­nas alum­bra la Revo­lu­ción de Mayo, se regis­tran dos pos­tu­ras anti­té­ti­cas, la de los more­nis­tas y la de los saa­ve­dris­tas. Y cuando Manuel Bel­grano, a duras penas y con la cola­bo­ra­ción de Mar­tín Güe­mes, con­si­gue man­te­ner a raya a los rea­lis­tas por el Norte, ya los cau­di­llos luga­re­ños comien­zan con sus líos y el gobierno cen­tral no encuen­tra mejor manera que dis­traer al crea­dor de la ban­dera de su misión para enviarlo a apa­ci­guar las lides intes­ti­nas que tanto iban a demo­rar la orga­ni­za­ción nacional.

    Poco des­pués ven­dría la segui­di­lla: fede­ra­les y uni­ta­rios, pro­vin­cia­nos y por­te­ños, radi­ca­les y con­ser­va­do­res, per­so­na­lis­tas y anti­per­so­na­lis­tas, pero­nis­tas y gori­las, azu­les y colo­ra­dos, y la sem­pi­terna fabri­ca­ción de divi­sio­nes con la corres­pon­diente inve­te­rada apti­tud para apor­tar oscu­ri­dad a los prin­ci­pios en debate. Como si el único valor no nego­cia­ble entre noso­tros fuera el afir­mar posi­cio­nes indi­vi­dua­les olvi­dando el bien común.

    Esto no lo digo yo, sino que lo escri­bió en el 2001 una gran amiga que falle­ció en el 2003, la autora entre­rriana María Est­her de Miguel.

    Hoy prendí un canal de noti­cias nor­te­ame­ri­cano y decía: “la cri­sis argen­tina es domés­tica y no inter­na­cio­nal”. Este con­cepto es deplo­ra­ble pero me parece justa: muchos envio­nes de afuera han cola­bo­rado en desatar este ven­ta­rrón que ahora con­mueve los cimien­tos patrios.

    La recon­ci­lia­ción de los argen­ti­nos es la única posi­bi­li­dad de avan­zar hacia ade­lante y des­pren­der­nos de lo malo. No es encar­ce­lando a gue­rre­ros, perio­dis­tas u opo­si­to­res que se va a salir del problema.

    Tam­poco con más fút­bol gra­tis, que sólo sirve para que nues­tros chi­cos apren­dan el ejem­plo de con­duc­to­res desen­fre­na­dos y des­bo­ca­dos, que los hay tam­bién, por cierto, en el Gobierno.

    María Luján

  7. 7 Matilde del Carmen Masats

    Dr. Schä­fers­tein: Leyendo su columna de hoy, solo me queda reflex­cio­nar que nues­tra patria se escribe con san­gre, salvo que algu­nos se saben reti­rar a tiempo. Como Ud. bien lo relata, en esta mag­ni­fica nota ilus­tra­tiva y de cono­ci­miento gene­ral, sabre­mos los Argen­ti­nos inter­pre­tar el momento actual que vive la Nación y retro­traerla a la his­to­ria. Gra­cias Matilde.
    P.D. Feli­ci­ta­cio­nes a los foris­tas que acom­pa­ñan este mate­rial, de inte­lec­tua­li­dad superior.

  8. 8 FELIX EL OSO

    ESTI­MADO CARLOS:

    CONOZCO SUS FUN­DA­MEN­TA­CIO­NES HIS­TO­RI­CAS, DE MUY BUENA< FUENTE, DISIENTO CON EL DR. BRIEBA EN RAZON DE QUE ARENGA UNA REVI­SION HIS­TO­RICA QUE DEBE QUE­DAR EN EL PASADO, AHORA TENE­MOS UN PRE­SENTE HORRO­ROSO Y DEBE­MOS TRA­TAR DE COM­PREN­DER LO QUE NOS PASA, EL PASADO ES UN HECHO HIS­TO­RICO QUE ES RELE­VANTE PARA LA HIS­TO­RIA PERO NO PARA NUES­TRO PRE­SENTE DIC­TA­TO­RIAL, COM­PA­RAR A LA RATA QUE NOS GOBIERNA CON ROSAS ES INSUL­TARLO AL RES­TAU­RA­DOR, LO QUE NO DICE EL DR. BRIEBA ES LOS INTERE­SES ECO­NO­MI­COS QUE MOTI­VA­RON LA ESCI­SION Y TRAI­CION DE URQUIZA, YA QUE LA ADUANA SE MAN­JEBA DE BUE­NOS AIRES Y LAS CAR­NES SALIAN POR ESTE PUERTO PARA INGLA­TE­RRA, Y EL RES­TAU­RA­DOR ERA EL GRAN COM­PE­TI­DOR COMER­CIAL, ESTO NO HAY QUE OCUL­TARLO, TODO LO DEMAS ESTA BIEN Y FELI­CITO AL AUTOR QUE APARTE ES MI AMIGO.-

  9. 9 Il Lechuzzo che Ficchia

    YO NO APOYO A LOS GOL­PES DE ESTADO: …peeeero.…:‘LOS KIR­CH­NER SON UN ELO­GIO A LOS GOL­PES DE ESTADO. LOS ANTI­GUOS CON EL APOYO DE LA FF.AA. Y LOS MODER­NOS DE LA DEMO­CRA­CIA, DE GRU­POS ARMA­DOS MER­CE­NA­RIOS (de la Rua ), o eco­no­mi­cos (Alfon­sin). Nues­tra demo­cra­cia no tiene meca­nis­mos efi­cien­tes de auto­de­pu­rarse. Los jui­cios poli­ti­cos a pre­si­den­tes, no son apli­ca­bles en este esce­na­rio por las BORO­CO­TI­ZA­CIO­NES Y APRIE​TES​.Es decir a los que hay que com­prar­les las volun­ta­des, o a aque­llos que tie­nen esque­le­tos en el ropero, que el gobierno COM­PLICE, en vez de denun­ciar­los y con­de­nar­los y sacar­los de los car­gos por corrup­tos, los ame­na­zan “con bole­tar­los” ponien­do­los en evi­den­cias publi­ca­mente. ESTA­MOS EN ESTADO DE COSAS, MUY DIFI­CIL­MENTE MANE­JA­BLES DESDE LA COR­DURA DE LA LEY, QUE PARTE DE LAS BUE­NAS INTEN­CIOES Y MORAL DE LOS ACTUAN­TES. POR­QUE OTRO MODO DE APRIETE ES JUDI­CIAL CON JUE­CES BORO­CO­TI­ZA­DOS, PARA DAR SEN­TEN­CIA QUE “EL DIA ES LA NOCHE” Y EL “MAR NO ES SALADO” “EL ZAF­FA­RONI DIXIT”

  10. 10 Mariana

    Este tema está pen­diente toda­vía y es un desa­fío de sus­tan­cial impor­tan­cia para el des­tino de la Nación. Por­que el avance hacia la recon­ci­lia­ción his­tó­rica de los argen­ti­nos, pilar para la reuni­fi­ca­ción de los idea­les polí­ti­cos, socia­les y eco­nó­mi­cos de la comu­ni­dad nacional.

    Nues­tro pue­blo tiene pen­diente una toma de con­cien­cia sobre el valor de los ges­tos mora­les e ins­ti­tu­cio­na­les que podrían con­du­cir­nos a la supera­ción defi­ni­tiva de las anti­no­mias his­tó­ri­cas y de los enco­nos del pasado.

    Des­pués de todo, leyes de ami­nis­tía se han dic­tado y se segui­rán dic­tando en casi todos los paí­ses del mundo, no con el ánimo de con­sa­grar la impu­ni­dad de nadie sino para ter­mi­nar defi­ni­ti­va­mente las gue­rras. Es el recurso legis­la­tivo que per­mite, en cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas extre­mas, cerrar un oscuro capí­tulo de vio­len­cia o de enfren­ta­mien­tos y empe­zar a recons­truir, así, la paz social y la con­cor­dia per­di­das. El sen­tido de las legis­la­cio­nes de amnis­tía debe bus­carse siem­pre en la nece­si­dad de cerrar una etapa de odios y vio­len­cia entre ban­dos polí­ti­cos o ideo­ló­gi­cos que se con­si­de­ran irre­con­ci­lia­bles. En la Argen­tina, esa clase de leyes res­ponde a una anti­gua tra­di­ción, que se remonta a 1813. Pero luego de la Asam­blea de ese año, Riva­da­via hizo vol­ver a las tro­pas ven­ce­do­ras de Itu­zaingó y regre­sar sobre sus pasos al Ejér­cito del Norte de Bel­grano, para que inter­ven­gan en nue­vos con­flic­tos civi­les, dero­gando toda posi­bi­li­dad de paz dura­dera y abor­tando la ver­da­dera inde­pen­den­cia argen­tina así como su Cons­ti­tu­ción. El único que no cayó en la trampa fue San Mar­tín, pero triunfó con el Ejér­cito de los Andes y mar­chó para el exi­lio por­que sino ter­mi­na­ría en pri­sión o en el patí­bulo, como todos los prohom­bres de la gesta patriota.

    Juan Pablo II dijo que: “…es difí­cil per­do­nar y que tal vez parece impo­si­ble, pero que el per­dón es la única vía para que la ven­ganza y la vio­len­cia no lla­men a otras ven­gan­zas y a otras violencias”.

    El intento que se está haciendo de revi­vir hoy, en nues­tro país, la pola­ri­za­ción que nos desan­gró en la década del 70 cons­ti­tuye un gra­ví­simo error. El debate sobre el pasado debe hacerse mirando hacia el futuro. Trans­cu­rri­dos treinta años, los argen­ti­nos nos esta­mos vol­viendo a plan­tear el mismo debate y en los mis­mos tér­mi­nos, y eso cons­ti­tuye una trá­gica involución.

  11. 11 Emerito Pinto

    La dis­cor­dia la siem­bran lo impe­rios para divi­dir y reinar con la com­pla­cen­cia y com­pli­ci­dad de los cipa­yos vernaculos …

    ” Argen­tina es un enclave colo­nial bri­ta­nico admi­nis­trado por los nor­te­ame­ri­ca­nos” .….J.D.P.

    …terro­rismo subversion-proceso=democracia 1983/2009 son esla­vo­nes de la misma cadena armada en 1955 por los mis­mos delin­cuen­tes de la sinar­quia inter­na­cio­nal, per­mi­tida a asen­tarse en nues­tro terri­to­rio, un ejem­plo, el CARI, Con­sejo Argen­tino de Rela­cio­nes Inter­na­cio­na­les — Sucur­sal de la Tri­la­te­ral Comis­sion — fun­dodo en pleno pro­ceso (1978), pero de esto no hay comentario…Que espe­ran para disol­ver a seme­jante orga­ni­za­cion tan terro­rista como los mismo tira­bom­bas subversivos?.

  12. 12 Emanuel García

    La recon­ci­lia­ción de los argen­ti­nos no será posi­ble durante el pre­sente régi­men de gobierno por­que está impul­sado, exac­ta­mente, por la inten­ción en con­tra­rio. A con­ti­nua­ción le envío a los lec­to­res una publi­ca­ción apa­re­cida en Lon­dres, sobre los pla­nes mar­xis­tas para nues­tra patria. Espero que sir­van para refle­xio­nar qué se pro­po­nen hacer con nosotros.

    «Pers­pec­ti­vas para la revo­lu­ción argen­tina», resu­men de la pro­puesta de
    Alan Woods

    http://​www​.engels​.org/​m​a​r​x​i​/​m​a​r​x​i​s​1​0​/​4​_​1​0​.​htm

    La revo­lu­ción argen­tina es una res­puesta a todos los apo­ca­dos, cobar­des, escép­ti­cos y cíni­cos que duda­ban de la capa­ci­dad de la clase obrera para cam­biar la socie­dad. Ésta merece un estu­dio muy cui­da­doso de todos los tra­ba­ja­do­res. Es un labo­ra­to­rio de la revo­lu­ción, o de la con­tra­rre­vo­lu­ción. La revo­lu­ción sovié­tica comenzó con el derro­ca­miento del gobierno de Fer­nando de la Rúa, quien dimi­tió des­pués de que miles de mani­fes­tan­tes enfu­re­ci­dos y empo­bre­ci­dos toma­ran las calles de Bue­nos Aires.

    Era la pri­mera etapa de la revo­lu­ción. Refle­jaba la pro­funda cri­sis en la que estaba hun­dida Argen­tina y que tam­bién afecta al con­junto de Amé­rica Latina.

    La gue­rra de cla­ses tiene muchas analo­gías con la gue­rra entre las nacio­nes. Y una de las reglas de oro es que la van­guar­dia no puede sepa­rarse de las masas. Esa fue la pos­tura de Lenin en 1917, cuando dedi­caba nueve déci­mas par­tes de las ener­gías de los bol­che­vi­ques a ganar a las masas de tra­ba­ja­do­res y sol­da­dos que toda­vía, en vís­pe­ras de la insu­rrec­ción, seguían la direc­ción de los men­che­vi­ques y SRs, y en algu­nos casos, incluso des­pués de la insurrección.

    Aun­que los bol­che­vi­ques tenían como con­signa cen­tral “¡Todo el poder a los soviets!”, tam­bién pres­ta­ban mucha aten­ción al tra­bajo sis­te­má­tico en los sin­di­ca­tos. La mayo­ría de los sin­di­ca­tos esta­ban con­tro­la­dos por los men­che­vi­ques y muchos toda­vía esta­ban con­tro­la­dos por los anti­guos diri­gen­tes, incluso des­pués de Octu­bre. El sin­di­cato de ferro­ca­rri­les, en par­ti­cu­lar, creó muchos pro­ble­mas al nuevo régi­men. Pero esto no hizo que los bol­che­vi­ques aban­do­na­ran su deter­mi­na­ción a rea­li­zar un tra­bajo revo­lu­cio­na­rio en los sin­di­ca­tos, por­que este tra­bajo era un ele­mento clave de su estrategia.

    Des­pués de la revo­lu­ción, cuando Lenin inten­taba expli­car a los nue­vos e inex­per­tos par­ti­dos de la Inter­na­cio­nal Comu­nista los prin­ci­pios bási­cos de las tác­ti­cas comu­nis­tas, recor­daba que los bol­che­vi­ques, bajo el zarismo, tra­ba­ja­ban en los sin­di­ca­tos más reac­cio­na­rios y atra­sa­dos, incluso en los sin­di­ca­tos poli­cia­les (La enfer­me­dad infan­til del “izquier­dismo” en el comu­nismo). Este tra­bajo es abso­lu­ta­mente indis­pen­sa­ble en cual­quier con­di­ción. Pero en el curso la revo­lu­ción adquiere una impor­tan­cia ardiente.

    El gobierno no puede resol­ver nin­guno de estos pro­ble­mas y su colapso sólo es cues­tión de tiempo. La demanda de nue­vas elec­cio­nes ganará fuerza. Esta pers­pec­tiva no puede pro­vo­car entu­siasmo en la clase domi­nante por que las elec­cio­nes reve­la­rán un aumento del apoyo de la izquierda. El movi­miento pero­nista está lleno de con­tra­dic­cio­nes, que pronto ten­drán que hacerse notar. Entrará en una cri­sis pro­funda y apa­re­ce­rán ten­den­cias hacia a la esci­sión. Menem intenta pes­car en aguas tur­bu­len­tas, pero es poco pro­ba­ble que tenga éxito. La memo­ria de la pobla­ción es corta, pero no tanto. Enton­ces le implan­ta­re­mos a otro “pero­nista” nues­tro, pero por vía demo­crá­tica, que se hará del poder para con­se­guir nues­tros fines. Lo más pro­ba­ble es que empu­jen a un pero­nista de “izquier­das”, como Nés­tor Kir­ch­ner, que ya ha demos­tró en diciem­bre una capa­ci­dad con­si­de­ra­ble de dema­go­gia. En ese momento, la bur­gue­sía estará dis­puesta a acep­tarle. Pero están que­mando rápi­da­mente todos sus puen­tes polí­ti­cos. Como toda­vía no ha lle­gado el momento de enfren­tarse con la fuerza a la revo­lu­ción, recu­rri­rán al engaño. La idea de una solu­ción indo­lora a la cri­sis, una solu­ción que ofrezca algo para todos, pare­cerá atrac­tiva, espe­cial­mente a la clase media. Kir­ch­ner (o cual­quier otro que jue­gue el mismo papel) pro­me­terá la tie­rra, el cielo y mucho más. Incluso podría hacer algu­nas refor­mas con la mano izquierda, mien­tras que con la dere­cha las quita. Pero no cam­biará nada sus­tan­cial. El obje­tivo de esta manio­bra es sólo ganar tiempo para la clase domi­nante, mien­tras desorien­tan y des­mo­ra­li­zan a las masas. No se puede des­car­tar ese gobierno pudiera ofre­cer en algún momento futuro la con­vo­ca­to­ria de una “Asam­blea Cons­ti­tu­yente” (“des­pués solu­cio­na­re­mos la crisis”).

    Sobre todo es nece­sa­ria la exten­sión de los órga­nos de poder popu­lar: las asam­bleas popu­la­res, las orga­ni­za­cio­nes pique­te­ras, y sobre todo, los comi­tés de fábrica. La con­signa cen­tral de este nuevo poder es la huelga gene­ral. Pero hay que pre­pa­rar y orga­ni­zar la huelga gene­ral. La única forma de garan­ti­zar que el movi­miento tenga lugar de una forma orga­ni­zada, sin moti­nes ni saqueos, es a tra­vés de la crea­ción de comi­tés de acción, comi­tés elec­tos de los tra­ba­ja­do­res, que deben ser lo más amplios posi­ble para incluir a los repre­sen­tan­tes elec­tos de los des­em­plea­dos, peque­ños comer­cian­tes, estu­dian­tes y todos los ele­men­tos de la pobla­ción, excepto los explo­ta­do­res. Como escribí en diciembre:

    Los comi­tés deben orga­ni­zar el trans­porte y la dis­tri­bu­ción de comida y otras nece­si­da­des de la vida de los sec­to­res más pobres de la pobla­ción. Deben con­tro­lar los pre­cios y patru­llar las calles para man­te­ner el orden y luchar con­tra la reac­ción. Para lle­var ade­lante estas accio­nes nece­si­tan armas. Hay que hacer un lla­ma­miento a los sol­da­dos y poli­cías para creen comi­tés elec­tos, para que pur­guen de sus filas a los fas­cis­tas y otros reac­cio­na­rios, y vin­cu­lar­los a los comi­tés obre­ros. Final­mente, es nece­sa­rio vin­cu­lar los comi­tés revo­lu­cio­na­rios local, regio­nal y nacio­nal­mente, pre­pa­rando el camino para un con­greso nacio­nal de comi­tés revo­lu­cio­na­rios capaz de tomar el poder en sus manos”

    La con­signa de las asam­bleas popu­la­res (soviets) en abso­luto excluye el tra­bajo en los sin­di­ca­tos. Todo lo con­tra­rio. La con­signa de los soviets (espe­cial­mente la for­ma­ción de comi­tés de fábrica) va a mano a mano con la con­signa de la trans­for­ma­ción de los sin­di­ca­tos en órga­nos reales de lucha. Es nece­sa­rio diri­gir­nos a los tra­ba­ja­do­res de la CGT, entrar en los sin­di­ca­tos pero­nis­tas, pro­po­ner la uni­dad de acción para ase­gu­rar que se cum­plen todas las pro­me­sas y que todos los pro­ble­mas de la clase tra­ba­ja­dora se resuel­ven. Los tra­ba­ja­do­res pero­nis­tas com­pren­de­rán a tra­vés de su pro­pia expe­rien­cia la impo­si­bi­li­dad de resol­ver sus pro­ble­mas mien­tras el poder real per­ma­nezca en manos de la oli­gar­quía. Se abrirá un abismo entre los tra­ba­ja­do­res y el gobierno. En deter­mi­nado momento los pro­pios sin­di­ca­tos ten­drán que pasar a la semi-oposición o incluso a una opo­si­ción abierta. Lle­ga­dos a este punto, el camino estará abierto para ganar a la mayo­ría deci­siva de la clase obrera. Enton­ces habrá que plan­tear la cues­tión del poder.

    La revo­lu­ción argen­tina puede desa­rro­llarse durante un periodo de meses, incluso años, antes de lle­gar al momento deci­sivo, de una forma u otra. Habrá perio­dos de flujo y reflujo, de can­san­cio, derro­tas, incluso reac­ción, que pue­den pro­vo­car nue­vos comien­zos. Pero tarde o tem­prano, habrá que plan­tear y resol­ver la cues­tión del poder. O la dic­ta­dura del capi­tal o la dic­ta­dura del pro­le­ta­riado. No hay camino intermedio.

    (“Argen­tina: la revo­lu­ción ha comen­zado”). Publi­cado en Lon­dres, el 11 de marzo de 2002

  13. 13 Juanjo

    El domingo 22 de marzo, por canal 26 en su pro­grama noc­turno “Hora clave”, pude ver al Dr. Mariano Gron­dona, casi al fina­li­zar el mismo hacer un lla­ma­miento a los par­ti­dos de la opo­si­ción e incluso a los mon­to­ne­ros, para enfren­tar al ofi­cia­lismo kirs­ch­ne­rista. Con el res­peto que me merece la enti­dad inte­lec­tual del Dr. Gron­dona, yo agre­ga­ría que no puede haber uni­dad, si antes no hay una pro­funda y sin­cera auto­crí­tica de todos los sec­to­res polí­ti­cos, sin­di­ca­les, empre­sa­ria­les y socia­les que han posi­bi­li­tado con­cien­te­mente o por indi­fe­ren­cia, que nues­tra Patria este hoy en las con­di­cio­nes que esta.

    El par­tido Jus­ti­cia­lista que des­pués de la muerte de Perón se con­vir­tió en un coto de caza del Poder y de los alle­ga­dos a él, se negó sis­te­má­ti­ca­mente al pedido de la Agru­pa­ción del Pero­nismo Autén­tico, en lla­mar a elec­cio­nes inter­nas para nor­ma­li­zar el Par­tido y el Movi­miento. Ante lo inú­til del reclamo y ven­ci­dos todos los pla­zos, se cons­ti­tuyó en el his­tó­rico res­tau­rante “Nino” de Vicente López, el Par­tido Pero­nista Autén­tico (P.P.A), dejando expuesta la frac­tura que ya desde la “matanza de Ezeiza” se venía viendo den­tro de las filas del Jus­ti­cia­lismo. A fines de 1975 y por decreto pre­si­den­cial fue­ron prohi­bi­dos y decla­ra­dos fuera de la Ley el P.P.A y la Orga­ni­za­ción Mon­to­ne­ros de reco­no­cida iden­ti­dad peronista.

    Todo este caldo de cul­tivo fue el que pre­paró y posi­bi­lito que el 24 de marzo de 1976 el país entrara en una etapa regada de san­gre, de trai­cio­nes y com­pli­ci­da­des que dura­rían casi ocho años.

    Cuando en la pri­mera hora del día 24 de marzo, se detuvo a la Pre­si­dente y se dio a cono­cer el Comu­ni­cado Nº 1, no hubo sor­pre­sas, ni sobre­sal­tos. El pue­blo no ganó las calles, los nego­cios no cerra­ron sus puer­tas y la opi­nión gene­ral era que la caída de Isa­be­lita y su gobierno “era la cró­nica de una muerte anun­ciada” espe­rada y deseada por gran­des sec­to­res de la socie­dad. Empre­sa­rios, polí­ti­cos y sin­di­ca­lis­tas, se can­sa­ron de tener reunio­nes con mili­ta­res a los cua­les prác­ti­ca­mente exi­gían su inter­ven­ción para “sal­var la Nación” antes de que fuera tarde y todo esta­llara en mil pedazos.

    Había algo de cierto en aque­llas decla­ra­cio­nes ago­re­ras. Ya por decreto pre­si­den­cial y con la firma de Italo A. Luder, en ejer­ci­cio de la Pre­si­den­cia de la Nación por licen­cia de Isa­be­lita, se había puesto en mar­cha el “Ope­ra­tivo Inde­pen­den­cia” en Tucu­mán y la orden era ter­mi­nante “ani­qui­lar la guerrilla”.

    En 1975 y siendo Minis­tro de Eco­no­mía Gómez Mora­les, la infla­ción era de un 323,4 %, el males­tar popu­lar cre­cía al ritmo de la infla­ción. A Gómez Mora­les lo suce­dió Celes­tino Rodrigo, el céle­bre crea­dor del “rodri­gado” ver­da­dero golpe a la man­dí­bula de la eco­no­mía popu­lar. Por último fue el Dr. Anto­nio Cafiero quien se hizo cargo de la car­tera de Eco­no­mía y la infla­ción en su ges­tión fue del 347,5 %.

    Por eso la gente reclamó el golpe de estado, y los mili­ta­res sucum­bie­ron a la ten­ta­ción de hacerle caso a la gente. Los mon­to­ne­ros tam­bién recla­ma­ban a las puer­tas de los cuar­te­les (aun­que parezca una para­doja), ya que la tri­ple A de López Rega los estaba exter­mi­nando. “Creía­mos que con los mili­cos se podría arre­glar”, según ase­gura hoy día Miguel Bonasso. Pero suce­dió lo que suce­dió y la gue­rra civil ter­minó, se pen­saba, defi­ni­ti­va­mente, cuando se le entregó el bas­tón al Pre­si­dente electo Alfonsín.

    La única fuerza polí­tica que realizó su auto­crí­tica fue Mon­to­ne­ros, plas­mada en el docu­mento “COM­PRO­MISO SOLEMNE POR LA PACI­FI­CA­CION Y RECON­CI­LIA­CION NACIO­NAL SUS­TEN­TA­DAS EN LA JUS­TI­CIA SOCIAL Y LA AUTO­CRI­TICA NACIO­NAL”, ela­bo­rado en Bue­nos Aires, el 17 de abril de 1989, cer­ti­fi­cado por el Escri­bano Nacio­nal Dr. Luís Gar­cía Orlando (Mat. 2494) titu­lar del Regis­tro 1191 y entre­gado en manos de Mon­se­ñor Emi­lio Ogñe­no­vich, Obispo de Mer­ce­des, por ser el cus­to­dio de la Vir­gen de Luján, Patrona de la Patria, “a los efec­tos de :depo­si­tar nues­tro jura­mento a los pies de la ima­gen…”, el pre­sente docu­mento fue refren­dado por la tota­li­dad del Con­sejo Fede­ral del Pero­nismo Revo­lu­cio­na­rio (mon­to­ne­ros) y curio­sa­mente en él, no figu­ran nin­guno de los nom­bres de inte­gran­tes del Gobierno actual, que quie­ren dar a enten­der a la socie­dad su per­te­nen­cia al mismo.

    Si en reali­dad que­re­mos lograr la refun­da­ción de nues­tro País con­vir­tién­dolo en una Patria Nacio­nal y Fede­ral, deje­mos las mez­quin­da­des y ape­ten­cias per­so­na­les de lado y asu­ma­mos sin espe­rar recom­pen­sas per­so­na­les, el rol que cada ciu­da­dano tiene ante la His­to­ria, nues­tros ante­pa­sa­dos, nues­tros hijos y nues­tros nie­tos. Si así no lo hicié­ra­mos que Dios y la Patria nos lo deman­den. La paz social está en peligro.

  14. 14 Fabián Bergenfeld

    Mario Mon­toto nació en La Plata en otra época. Su padre, juez civil y comer­cial, luego cama­rista, insiste en que el hijo debe escri­bir su vida antes de que la memo­ria fla­quee. A los 12 años se acercó al Ins­ti­tuto de Inves­ti­ga­cio­nes His­tó­ri­cas Juan Manuel de Rosas.

    En reali­dad, era una uni­dad básica y allí se inte­gró a un grupo de lec­tura y dis­cu­sión. El grupo formó luego la Alianza de la Juven­tud Pero­nista y Mon­toto creó “la pri­mera UES (Unión de Estu­dian­tes Secun­da­rios) que exis­tió en La Plata des­pués de la caída de Perón. La última acción de la UES fue la reivin­di­ca­ción del boleto estu­dian­til que ter­minó con lo que se llamó “La noche de los lápices”.

    En Mon­to­ne­ros entró cuando aún cur­saba el secun­da­rio, y en 1975 su buena suerte lo con­vir­tió en el pri­mer sobre­vi­viente de un aten­tado de la Tri­ple A en La Plata.

    Cuando sobre­vino el golpe de Estado, com­ba­tió deno­da­da­mente con­tra las Fuer­zas Armadas.

    Pero para Mon­toto no hay mucha dife­ren­cia entre Fir­me­nich “y muchos otros mon­to­ne­ros, sólo que él fue la cabeza, como Per­día y otros, y los con­vir­tie­ron en chi­vos expia­to­rios de la teo­ría de los dos demonios”.

    A Mon­toto lo indigna esta teo­ría que equi­para a la gue­rri­lla con la repre­sión omi­tiendo que la repre­sión con­taba con todo el apa­rato del Estado, incluida la Jus­ti­cia. “No hubo un enfren­ta­miento entre dos ban­das de fora­ji­dos. Esa teo­ría es una pésima sim­pli­fi­ca­ción hecha en los años ochenta.”

    La con­tra­ofen­siva, o “el tren de la vic­to­ria”, como la lla­maba Per­día, fue una cace­ría de mon­to­ne­ros que eran atra­pa­dos y des­a­pa­re­ci­dos ape­nas entra­ban en el país, pero entre­ga­dos por la diri­gen­cia de Mon­to­ne­ros a cam­bio de la impu­ni­dad de los cua­dros más pesados.

    El gran cam­bio de Mon­toto se pro­dujo en 1990, con el indulto de Menem a Fir­me­nich y otros diri­gen­tes mon­to­ne­ros. Mon­toto mili­taba en el Pero­nismo Revo­lu­cio­na­rio, la refor­mu­la­ción polí­tica de Montoneros.

    Ya no enca­jaba en las inter­nas polí­ti­cas. Hasta ahí había lle­gado una etapa, y así se lo dije a Fir­me­nich cuando salió libre. Lo acom­pañé a una plaza para que dis­fru­tara del sol y le dije: ´Mario, hasta aquí lle­gué. ” Lo mismo le anun­ció a Menem, y el Pre­si­dente, según Mon­toto, le res­pon­dió: “Pero Marito, ahora que todos se matan para subirse al barco vos te que­rés bajar.”

    Miguel Bonasso escri­bió en “Recuer­dos de la muerte” que, por medio de Mon­toto, el Pero­nismo Revo­lu­cio­na­rio apoyó la cam­paña pre­si­den­cial de Menem con un impor­tante aporte eco­nó­mico a cam­bio de los indultos.

    Vale decir, los que com­ba­tie­ron en pri­mera línea, los ver­da­de­ros gue­rri­lle­ros, no se opu­sie­ron a la recon­ci­lia­ción. La mirada al pasado con fines oscu­ros la tie­nen puesta los “sim­pa­ti­zan­tes” de segunda línea, como los Kir­ch­ner, que tie­nen al odio como fin polí­tico y pla­ta­forma única.

    En una reciente entre­vista para LA NACIÓN, Mario Mon­toto, que hoy es un empre­sa­rio ligado al gobierno por intere­ses eco­nó­mi­cos (ya que fue pri­vi­le­giado con con­tra­tos millo­na­rios por haber mili­tado en el terro­rismo) dice: “Nunca qui­si­mos la diso­lu­ción de las Fuer­zas Arma­das. Es más, nunca ima­gi­na­mos al país sin ellas. La Argen­tina vivió una larga tran­si­ción que debe ser superada.”

  15. 15 Fortinera

    Señor Fabián Ben­ger­feld:
    No com­prendo bien su comen­ta­rio: Está ud. haciendo pro­pa­ganda a un Mon­to­nero que hace nego­cios millo­na­rios con los K? No entiendo bien o quiere hacer­los pasar por Car­me­li­tas Des­cal­zas, mien­tras sem­bra­ron durante años muerte, secues­tros extor­si­vos, hipo­cre­sias de todo tipo, difa­ma­cio­nes, men­ti­ras his­to­ri­cas, siem­bra de odio a nue­vas gene­ra­cio­nes y desde que llego la demo­cra­cia se han encar­gado de des­truir las Ins­ti­tu­cio­nes fun­da­cio­na­les de nues­tra Patria y en espe­cial a per­se­guir a las FFAA y a la Igle­sia. Quie­rendo des­truir la Iden­ti­dad Nacio­nal.
    El DR. Sha­fers­tein escribe sobre algo más ele­vado que poner como ejem­plos a mon­to­ne­ros: ( y ud. Fabian pone como ejem­plo a ese Mon­toto!!!????): es el Per­don para la recon­ci­lia­ción.
    Pero el Per­dón es algo muy pro­fundo y tiene que haber un sin­cero arre­pen­ti­miento y enmienda de lo que se hizo en el pasado, de ambas par­tes. Y cam­biar rotun­da­mente la vida y el modo de vida lle­vado.
    Tam­bién las víc­ti­mas tie­nen que per­do­nar ya que sino vivi­rian resen­ti­das y lle­nas de odio. Cosa que no es buena.
    Por supuesto que el Per­don es libe­ra­dor. Y el ejem­plo mas grande lo dio NSJC: “Padre pér­do­na­los, por­que no saben lo que hacen”.
    Es evi­dente que los K, los mon­to­ne­ros, mon­toto, y toda la caterva de pro­gres corrup­tos e inep­tos que han des­truído al país, son cie­gos de espi­ritu y sober­bios, solo un Mila­gro podrá hacer que se arre­pien­tan, y devuel­van todo lo que han robado y sean hon­ra­dos y bue­nos patrio­tas.
    Feli­cito al Dr. Sha­fers­tein por esta inves­ti­ga­cion his­to­rica.
    Fortinera

  16. 16 el Alcaide

    UD.Como Abo­gado y mili­tar, me sor­prende en casi todas las oca­sio­nes, y esta es una de ellas. Gra­ta­mente por supuesto.
    Durante el desa­rro­llo his­tó­rico que hace, me mandó a los libros.
    Agra­dezco que se ocupe de un tema tan con­fuso para mi como lo es la con­cor­dia.
    Qui­zás por­que era muy joven, qui­zás por sim­pleza, o sim­ple medio­cri­dad, siento que no puede haber paran­gón entre par­tes que se decla­ran la gue­rra mutua­mente y luego se pasan la mano cuando las nari­ces deja­ron de san­grar. Y el fenó­meno guerrillero,que aquí, nacie­ron como actos delic­ti­vos, con­ti­nua­ron como ban­das y aso­cia­cio­nes ilí­ci­tas y ter­mi­na­ron con la derrota mili­tar.
    Que al pasar el tiempo, los que se escon­die­ron, los que huye­ron, los que ven­die­ron a sus cum­pas, hoy sal­gan a la luz tomando los estan­dar­tes vie­jos y apro­pia­dos del poder, encar­ce­len a los que defen­die­ron las ins­ti­tu­cio­nes nacio­na­les, no lo puedo tra­gar.
    No hay una moneda de cam­bio. Hoy hay jóve­nes encar­ce­lando vie­jos des­ar­ma­dos, no hay igual­dad de dig­ni­da­des. Los de ayer por la cami­seta, los de hoy por la pla­tita y el poder.
    No deje de escri­bir, que cada vez que lo leo, algo toca, algo sen­si­ble, y es qui­zás esta incer­ti­dum­bre de per­do­nar o de des­em­pol­var la metra.
    Que haya paz está bien, pero no a costa de la glo­ria de los que se juga­ron por la Nación Argen­tina, la que supi­mos vivir.

    el Alcaide

  17. 17 carlos murno

    SEÑO­RAS Y SEÑO­RES!.
    Des­pues de leer todos lo comen​ta​rios​.ME DECLARO ATEO POLI­TICO!.-
    QUIERO VOL­VER A LA PANZA DE MI MAMA!.-
    Car­los Murno

  18. 18 Ana Paula

    ley pareja no es rigu­rosa” decía un ser muy amado por mi.
    Muy difí­cil la con­cor­dia si no parte de que una parte(valga tanta redundancia)NO puede ser juez y parte.
    Aún esta­mos vivos los tes­ti­gos de la última gran disputa, y , reitero, no es posi­ble si la his­to­ria se ter­gi­versa, y si la parte per­de­dora ata al ven­ce­dor a su carro.

  19. 19 El autor

    Que­ri­dos lectores:

    Agra­dezco todos y cada uno de los comen­ta­rios a este informe, ya que lo enri­que­cen por la cali­dad de los mis­mos, aún en la disi­den­cia sobre cier­tos aspec­tos, por­que nadie puede ser el único titu­lar de la ver­dad, y la his­to­ria es siem­pre discutible.

    Real­mente aprendo mucho con esta inter­ac­ción con uste­des, a quie­nes está diri­gido mi tra­bajo, y me alien­tan V. valio­sas opiniones.

    Sin­ce­ra­mente

    Car­los Mar­celo Shäferstein

  20. 20 Casas Avellaneda

    El Museo de la Memo­ria demandó una impor­tante inver­sión de fon­dos públi­cos, sigue envuelto en la polé­mica y dicen que recién estará ter­mi­nado en el año 2010. Sin embargo y por las dudas el Poder Eje­cu­tivo des­tino $65 millo­nes para los pró­xi­mos dos años en el Pre­su­puesto de la Admi­nis­tra­ción Pública nacional.

    El 20 de noviem­bre de 2007, el pre­si­dente Nés­tor Kir­ch­ner y la pre­si­dente electa, Cris­tina Fer­nán­dez de Kir­ch­ner, enca­be­za­ron el acto de ofi­cia­li­za­ción del Espa­cio de la Memo­ria que fun­cio­nará en la ESMA, y rati­fi­ca­ron la polí­tica de “memo­ria, ver­dad y jus­ti­cia” en rela­ción a la vio­la­ción de los dere­chos huma­nos durante la última dic­ta­dura militar.

    Los orga­nis­mos defen­so­res de dere­chos huma­nos han deve­nido en movi­mien­tos clien­te­la­res, que maman de ‘la teta del Estado’ en nom­bre de sus fami­lia­res muer­tos, una abe­rra­ción a la moral repu­bli­cana y a la ética ciu­da­dana. De acuerdo a la pla­ni­lla anexa N 2 del artículo 11 del Pre­su­puesto 2010, se le asigna $55 millo­nes para la recons­truc­ción del Museo de la Memo­ria. En el 2011, reci­bi­rán $10 millo­nes más. La ex ESMA, es admi­nis­trado en forma con­junta por el Estado Nacio­nal, el Gobierno de la Ciu­dad de Bue­nos Aires y Madres y Abue­las de Plaza de Mayo.

    Ni hablar de los apo­yos que reci­ben, según la pro­pia web del Museo de la Memo­ria, de: Archi­ve­ros Sin Fron­te­ras; Bar­ce­lona, España, Bri­tish Coun­cil en Argen­tina, Censo Guía de España e Ibe­roa­mé­rica, Minis­te­rio de Cul­tura; España, Cen­tro para Víc­ti­mas de Tor­tura — Pro­yecto Nue­vas Tác­ti­cas en Dere­chos Huma­nos; Esta­dos Uni­dos, Coa­li­ción Inter­na­cio­nal de Museos de Con­cien­cia en Sitios His­tó­ri­cos, Comité Lati­noa­me­ri­cano de la Con­gre­ga­ción B’nai Jes­hu­run Nueva York; Esta­dos Uni­dos, Direc­ción Gene­ral del Libro, Archi­vos, y Biblio­te­cas, Minis­te­rio de Cul­tura; España, Emba­jada de la Repú­blica Fede­ral de Ale­ma­nia en Argen­tina, Emba­jada Real de los Paí­ses Bajos en Argen­tina, Emba­jada Real de Noruega en Argen­tina, Fondo Cul­tura BA, Pro­grama Metro­po­li­tano de Fomento de la Cul­tura, las Artes y las Cien­cias Gobierno de la Ciu­dad Autó­noma de Bue­nos Aires; Argen­tina, Fondo John Merck; Esta­dos Uni­dos, Fun­da­ción Ford; Esta­dos Uni­dos, Fun­da­ción Prince Claus para la Cul­tura y el Desa­rro­llo; Holanda, Fun­da­ción Rocke­fe­ller; Esta­dos Uni­dos, Minis­te­rio de Edu­ca­ción, Cien­cia y Tec­no­lo­gía; Argen­tina, Pro­grama SEP­HIS, Holanda, Secre­ta­ría de Cul­tura, Pre­si­den­cia de la Nación; Argen­tina, Secre­ta­ría de Edu­ca­ción; Gobierno de la Ciu­dad Autó­noma de Bue­nos Aires; Argen­tina, UNESCO (Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das para la Edu­ca­ción, la Cien­cia, y la Cul­tura), Ofi­cina Regio­nal de Cien­cia para Amé­rica Latina y el Caribe; Mon­te­vi­deo, Uruguay.

    En suma, si el nego­cio del odio cami­naa bien ¿para qué nece­si­tan recon­ci­lia­res con nadie, o hablar de con­cor­dia nacional?

  21. 21 Marcos Mayer

    Es difí­cil ima­gi­nar cuá­les serían los sec­to­res que habrían de recon­ci­liarse hoy en día. Salvo que, aun­que los libros no lo digan y por puro des­carte, lo que esté en juego sea una recon­ci­lia­ción entre cor­po­ra­cio­nes, que son las únicas que no son pues­tas en tela de jui­cio en estos libros, ni siquiera aque­llas que se supon­dría cri­ti­ca­bles desde esta pers­pec­tiva, como podría ser el caso de los sindicatos.

    Otra pista sobre los sig­ni­fi­ca­dos posi­bles de la recon­ci­lia­ción, la brinda Vicente Mas­sot en su libro Matar o morir: “Toda gue­rra irre­gu­lar que apela al terro­rismo implica un pro­ceso de regre­sión hacia lo tri­bal, cuya natu­ra­leza radica en la no dis­tin­ción entre vio­len­cia y cri­men. Con estas coin­ci­den­cias par­ti­cu­la­res e insal­va­bles: que el ejer­ci­cio del terror como arma polí­tica supone trans­for­mar a las per­so­nas con­tra las que se apunta, de suje­tos cuya exis­ten­cia se valora, en meros obje­tos des­ti­na­dos a ser des­trui­dos. Cuando una orga­ni­za­ción polí­tica se mili­ta­riza y se ver­te­bra bajo las carac­te­rís­ti­cas de gue­rri­lla, en reali­dad está rom­piendo los fun­da­men­tos de la gue­rra con­ven­cio­nal. (…) los apa­ra­tos arma­dos clan­des­ti­nos recu­san las insig­nias fijas y visi­bles en las ropas de sus com­ba­tien­tes, no por­tan armas abier­ta­mente y jamás res­pe­tan las cos­tum­bres del Dere­cho de Gue­rra, carac­te­rís­ti­cas que los igua­la­rían a los ejér­ci­tos regu­la­res. Al vio­lar­las, el gue­rri­llero pasa a con­ver­tirse en cri­mi­nal. Y la gue­rra, a par­tir de ese momento, adopta las for­mas de la enemis­tad abso­luta, que nunca se da entre ejér­ci­tos clásicos”.

    Ade­más, de estar muy lejos de la ausen­cia total de sofis­ti­ca­ción de Etche­co­latz, este plan­teo esta­blece que la lucha anti­sub­ver­siva ha dejado una marca inde­le­ble y que en ver­dad no hay recon­ci­lia­ción posi­ble más que en la eli­mi­na­ción del enemigo y de sus expre­sio­nes ideológicas.

    Se puede encon­trar una cierta renun­cia a este afán de desa­pa­ri­ción del otro en Un canto a la patria, escrito por Arturo C. Larra­bure en home­naje a su padre, muerto por el ERP en 1974. El pro­blema es que Larra­bure pare­ciera no poder salir de la trama de Memo­ria Com­pleta, y a pesar de sos­te­ner en muchos capí­tu­los de su extenso libro que la ense­ñanza que le entregó su padre fue la nece­si­dad de per­do­nar, aceptó que su libro fuera beli­ge­ran­te­mente pre­sen­tado por Ber­nardo Neustadt.

    En el con­texto plan­teado y dada la impo­si­bi­li­dad de resol­ver el tema de la recon­ci­lia­ción cuyo espí­ritu está en con­tra­dic­ción con la retó­rica, el con­te­nido y el sis­tema de alian­zas en que entran estos tex­tos, lo que pare­ce­ría impor­tar es la ver­dad. De modo simi­lar a lo que ocu­rre con el revi­sio­nismo del Holo­causto —con su reciente epi­so­dio en Irán—, se trata de rela­ti­vi­zar las cifras, dis­cu­tir en tér­mi­nos semán­ti­cos (en el caso argen­tino, la noción de geno­ci­dio) y des­viar los ejes de debate: por ejem­plo, suele afir­marse en estos libros que, como resume Nico­lás Már­quez, “no fue­ron 30.000 ni inocentes”.

    La recon­ci­lia­ción impli­ca­ría la des­truc­ción (el famoso tér­mino ani­qui­la­ción, tan dis­cu­tido) del otro en tanto tal. Recon­ci­lia­cio­nes impo­si­bles y ver­da­des a medias pero siem­pre brutales.

    Una forma de ver el mundo que no se resigna al exi­lio y que parece creer encon­trar hoy una bre­cha para vol­ver a decirse. No siem­pre el huevo de la ser­piente logra tener cría, pero no deja de aspi­rar a sobre­vi­vir como espe­cie cuando encuen­tra un nido donde pueda lle­gar a establecerse.

  22. 22 Ana Paula

    Larra­bure tiene la volun­tad de per­do­nar, tal como su padre le pidió, pero, repito, para poder per­do­nar es impres­cin­di­ble NO SER JUZ­GADO por el cri­mi­nal.
    Si los terro­ris­tas, cual­quiera, Ver­bit­tzky, Bonasso, que se yo,le dije­ran que lamen­tan ALGO de todo el mal que hicie­ron, su volun­tad se con­ver­ti­ría en una reali­dad, y per­do­na­ría sin duda.
    Pero lo que sucede aquí es tan abe­rrante, que se nece­sita no ser humano para per­do­nar.
    Es EVI­DENTE que no puede haber recon­ci­lia­ción si quien quitó la paz a todo un país ase­si­nando a dies­tra y sinies­tra por­que que­rían que vivie­ra­mos como a ellos no les gustaba(se exi­lia­ban en Paris),SON LOS QUE TE JUZGAN.Jueces y parte!!!!!!!!!!!
    Y no es seman­tica que no fue­ron 30000 y no eran inocen​tes​.Es ver­dad his­tó­rica.
    Si los terro­ris­tas nece­si­tan esa cifra para que con­fi­gure geno­ci­dio, dado que si son los que fue­ron, aprox.7000, es muy cer­cana la cifra de los ase­si­na­dos por ellos, y sería impo­si­ble hablar de geno­ci­dio, no es cues­tion de” poesia”.Es cues­tion de no per­mi­tir que se engañe a los mas jove­nes a costa de los que pelea­ron por los intere­ses de la mayo­ría de los argen­ti­nos.
    Y, por Dios, no metan el Holo­causto con esto por que no le hacen nin­gún favor; me sor­prende que los judios no le dije­ran a Fula­nita que
    no empa­ren­tara lo suce­dido aca con ellos, puesto que se supone que ellos esta­ban des­ar­ma­dos y no ase­si­na­ban ni secues­tra­ban a nadie.
    Y pue­den dar a pen­sar que si aca se infló tanto, se puede inflar en cual­quier parte cual­quier cosa.
    Ya dijo Fava­loro cuando renun­cio a la CONA­DEP que su etica no le per­mi­tia con­ti­nuar con algo tan poco obje­tivo.
    Para que haya gue­rra se nece­si­tan minimo dos, para que haya paz tambien.

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