- May 2012
- April 2012
- March 2012
- February 2012
- January 2012
- December 2011
- November 2011
- October 2011
- September 2011
- August 2011
- July 2011
- June 2011
- May 2011
- April 2011
- March 2011
- December 2010
- June 2010
- May 2010
- April 2010
- March 2010
- February 2010
- January 2010
- December 2009
- November 2009
- October 2009
- September 2009
- August 2009
- July 2009
- June 2009
- May 2009
- April 2009
- March 2009
- February 2009
- January 2009
- December 2008
- November 2008
- October 2008
- September 2008
- August 2008
- July 2008
- June 2008
- May 2008
- April 2008
- March 2008
- February 2008
- January 2008
- December 2007
- November 2007
- October 2007
- September 2007
- August 2007
- July 2007
- June 2007
- May 2007
- April 2007
- March 2007
- February 2007
- January 2007
- December 2006
- November 2006
- October 2006
- September 2006
- August 2006
- July 2006
- June 2006
- May 2006
Cien Años de Subversión
en Argentina – Parte IV
Informe Especial para “La Historia Paralela”

Revoluciones y Revolucionarios
Las revoluciones de 1890 de 1893 y de 1905, si bien fracasaron en el campo táctico, triunfaron en lo ideológico, pues convencieron a una generación de militares que las revoluciones eran el medio adecuado para triunfar en las luchas cívicas, concepto que esa generación fue inculcando en subsiguientes camadas de militares. Esto fue como consecuencia de la propaganda infiltrada en las filas del ejército por Alem, Mitre, Yrigoyen y Del Valle que, sembrada en el Colegio Militar allá por 1889, tuvo su primera cosecha en septiembre de ese año, con la presencia de Cadetes en el famoso mitin del Jardín Florida quienes, junto a estudiantes universitarios allí reunidos, conformaron la Unión Cívica de la Juventud luego devenida en “Unión Cívica Radical”.
En 1905, en la proclama de la revolución de ese año (encabezada por D. Hipólito Yrigoyen), podía leerse: “el militar es un ciudadano que tiene el deber de ejercitar el supremo recurso de la protesta armada.” Los Capitanes que se sublevaron ese año en el Colegio Militar, habían sido aquellos que fueron Cadetes en el 89.[1]
En 1923, el Presidente Hipólito Yrigoyen envió una ley al Congreso, declarando que la participación en los movimientos de 1890, 1893 y 1905, ” constituían un servicio a la Nación y los militares dados de baja, debían ser reincorporados” (Ley Nº 11. 268).[2]
No es de extrañar que el General Uriburu, conjurado con Yrigoyen en 1890, cuando se sublevó siendo Subteniente del Regimiento 1 de Infantería, haya considerado válido interrumpir un proceso democrático el 06 de Septiembre de 1930 (cuarenta años después) en pos de constituir “un servicio a La Nación” (tal como lo definía el mismo Yrigoyen). El entonces Capitán Perón participó en esa y en la siguiente revolución.[3]
Así, “La protesta armada” como técnica de acceso al poder ~impuesta por el propio Hipólito Yrigoyen~ continuó presentándose en diferentes oportunidades en la historia del Siglo XX, siempre con el apoyo de una gran parte de la población civil y sus organizaciones políticas. Tanto es así que ~en la asonada del 25 de marzo de 1976~ el radicalismo y el justicialismo aportaron a la flamante conducción del “Proceso de Reorganización Nacional” 502 intendencias (310 la UCR y 192 el PJ), así como embajadores y ministros, avalando con su participación activa en el gobierno militar ~a estar de la teoría jurídica de Claus Roxin~ los supuestos ilícitos cometidos durante el desarrollo de la guerra antiterrorista de la década del ´70, cuya autoría sólo se atribuye a los militares.
Sobre la leyenda de la década infame[4]

José Luis Torres (1901–1965) fue un escritor boliviano que denunciaba grandes negociados de su época. Justamente redactó un panfleto denominado “La década infame”, del cual los historiadores tendenciosos tomaron sólo el título para definir una época.
Ideológicamente Torres era fundador de una corriente denominada nacionalismo anti-imperialista hispanoamericano, movimiento emparentado en Argentina con el GOU que daría el golpe de estado de 1943.[5]
Lo que sucede es que siempre los grandes intereses internacionales poseen una propaganda que vende lo que quiere, crea arquetipos de hombres e insufla ideales que sólo benefician al poder financiero que los sustenta. También cuentan con el arma del silencio. Silenciar la denuncia que los afecta, omitir una noticia que la daña, ignorar la voz de un hombre que dice lo que todos quieren decir. Es esta última la mejor arma y la más poderosa de las dos.
Así ~en el momento de la propaganda política~ la prensa interesada se mueve con soltura, con agilidad. Ese es el momento del ataque a las conciencias, de su manifestación y consecuentemente, de idiotización del lector que compra lo que le venden. Hay un segundo momento ~el del silencio~ cuando la información se halla abroquelada. Ha sido afectada en su poder. Le han cortado algún tentáculo. Su detractor es un hombre con principios y que vive en función de un ideal. Luego, hay que evitar que se lo conozca, pues reconociéndolo, sus principios y sus ideales se tornarán peligrosos para el statu quo reinante, hoy expresado a través del llamado pensamiento único y políticamente correcto.
Es este, sintéticamente, el mecanismo de los embaucadores de conciencias y José Luis Torres con su vida y su muerte, es un ejemplo irrevocable de lo que este enfrentamiento acarrea.[6]
Contra lo que dice la leyenda, jamás hubo una “década infame” en la historia argentina. Lo que existió realmente fue una verdadera guerra por el poder, como siempre ha sucedido en estas tierras, y que todavía subsiste con ideologías camaleónicamente mimetizadas.
Por empezar, el período que va desde 1930 a 1943 excede los diez años. Y en cuanto a la presunta infamia, no se la encontrará por mucho que se recorran aquellos tiempos ~del derecho y del revés. El derrocamiento de Don Hipólito Yrigoyen se pareció más a un desfile militar que a otra cosa. Fue incruento porque el radicalismo estaba dividido y harto del personalismo de Yrigoyen, que por otra parte ya no gobernaba por estar gravemente enfermo de sífilis y con sus facultades mentales sumamente alteradas. De ese modo, el 6 de setiembre del año 30 el gobierno ya estaba vencido aún antes del levantamiento de las tropas del General José Félix Uriburu. Carecía de voluntad y de la inteligencia estratégica necesarias para desbaratar conspiración alguna.[7] Es más, quienes rodeaban al “peludo” conspiraban contra el Presidente constitucional, y la prueba es el famoso “diario de Yrigoyen” que le hacían imprimir expresamente, para que sólo se entere de las “buenas noticias” del país. Más o menos como ~hoy en día~ el periódico “El Argentino”, en la Ciudad de Buenos Aires, o “Diagonales”, en la Ciudad de La Plata, que se distribuyen gratuitamente entre los viajeros de los colectivos para que vayan leyendo lo bien que le está yendo al gobierno de los Kirchner…
Personalistas y antipersonalistas en la Unión Cívica Radical[8]

En todo cuerpo orgánico el presidente designa a las comisiones: sería absurdo pensar que esta corporación podría designar uno por uno los miembros de las comisiones internas, pero como era como una forma de hostilizar a González, — solidario con Yrigoyen, se consigue llevar a la práctica esta reforma que, por supuesto trae muchísimos inconvenientes. Los radicales no aceptan ser designados en esa forma, se resisten, hay interminables reuniones para designar y redesignar las comisiones. Todo el año 23 transcurre en esos chisporroteos. En 1924, que es el año en que Yrigoyen encuentra la palabra letal, la palabra “contubernio” y la lanza al ruedo político. En ese año 24, cuando el presidente Alvear inaugura la asamblea legislativa, no concurre ningún legislador radical. Es el año, en que se elige presidente de la Cámara de Diputados al Doctor Mario Guido, que ya tiene una posición no yrigoyenista, y el año en que el mismo presidente del cuerpo Guido, al desempatar una reñida votación para incorporar o no a los diputados socialistas en Córdoba, la desempata a favor de la incorporación.
En agosto del 24 se hace una asamblea en el teatro Coliseo con todas las personalidades y los grupos no yrigoyenistas del radicalismo, y se hace una elección interna muy reñida, pero no violenta en la Capital Federal, donde diez comités de los veinte que se formaron, se pronunciaron por las listas antipersonalistas y diez por la yrigoyenista. A partir de eso, la división es irreversible, se van a constituir organismos de las dos tendencias.
La UCR daba máxima importancia al principio político de “impersonalidad de la coalición” propuesto por Leandro Alem como una de las cuatro banderas del radicalismo y criticaba el liderazgo vertical y personalista de Don Hipólito. Muchos antipersonalistas provenían del núcleo de seguidores de Leandro Alem en los primeros años de existencia de la UCR llamados los rojos, opuestos a la nueva línea de conducción que expresaba Hipólito Yrigoyen, llamados los líricos.

En realidad, el antipersonalismo venía en los hechos muy de atrás. Ya en 1909, habría habido un manifiesto firmado por radicales importantes, entre ellos Leopoldo Melo, Roberto Ortiz, cuestionando la estrategia de Hipólito Yrigoyen, la estrategia abstencionista e intransigente, en relación con la política nacional.
La disputa sobre este manifiesto no llegó a mayores y, ya a partir de 1912, se impuso la Ley Sáenz Peña, con lo cual queda justificada la estrategia política seguida hasta ese momento por Yrigoyen. Con lo cual, esta suerte de alzamiento queda más que olvidado, atenuado. Pero en el ejercicio del poder, desde luego, Yrigoyen debió dejar muchas solidaridades y viejas amistades por el camino. Sería muy largo relatar lo que ocurrió en los escenarios provinciales, pero cada uno de ellos, entre 1916 y 1922, asisten a luchas de fracciones dentro del radicalismo, que de un modo u otro es arbitrada por el presidente y del cual, quedan necesariamente algunos quejosos. Empezando por José Camilo Croto en Buenos Aires, Melo en Entre Ríos, Celestino Marcó en la misma provincia, Lencinas en Mendoza, los radicales de Santa Fe, Menchaca y Lehman.
Cuando Marcelo T. de Alvear lo sucedió tras la primera presidencia de Yrigoyen, se planteó un fuerte enfrentamiento entre los dos líderes radicales que agudizó la división interna de la UCR. Muchos radicales antipersonalistas, como Vicente Gallo, Roberto Ortiz, José Pedro Tamborini o Tomás Le Breton, fueron ministros de Alvear. El “lencinismo” de Mendoza y el bloquismo de San Juan también se sumaron al radicalismo antipersonalista aunque sin perder identidad.
Recordemos, que en Córdoba en donde el radicalismo se había abstenido votaba una cantidad, no digamos ínfima pero muy reducida de ciudadanos, menos del 20 %. La mayoría de los diputados la había obtenido el Partido Conservador y la minoría el Partido Socialista. Los diputados radicales impugnaron la elección por la escasa cantidad de votantes, pero el presidente Guido desempató votando a favor de la incorporación de los diputados socialistas. Es el año probablemente más duro del enfrentamiento, porque empieza ya, la lucha interna dentro del radicalismo.
El antipersonalismo, fue un partido cuya creación resultó algo inevitable. Pero cuya evolución pudo ser muy diferente a lo que realmente significó. Planteado como un regreso a la esencia impersonal, que había definido el radicalismo en su origen, en realidad se constituyó de entrada nomás, en una fuerza expresamente antiyrigoyenista, y esto fue su drama. Porque los primeros y decisivos pasos del antipersonalismo, tuvieron que dirigirse necesariamente a intentar la anulación de la hegemonía política de Yrigoyen, y esta actitud, negativa en sí misma, (todo “anti” es negativo), llevó a la nueva fuerza a recostarse cada vez más, en las corrientes políticas y sociales más reaccionarias tiñendo su trayectoria con un color elitista, antipopular en su afirmación, no tanto en las filas partidarias, sino lisa y llanamente en el poder.
Así se creó la Unión Cívica Radical Antipersonalista, que en 1927 eligió como candidato a Presidente a Leopoldo Melo, acompañado por Vicente Gallo como vice para hacer frente a la candidatura de Yrigoyen. Las elecciones se realizaron el 1º de abril de 1928 polarizándose entre los dos candidatos radicales, donde el triunfo de Yrigoyen fue aplastante: 840. 000 votos contra 440. 000 de Melo-Gallo. Por eso muchos antipersonalistas participaron activamente en la Revolución del 6 de setiembre de 1930, cuando derrocaron a Yrigoyen con ayuda de José Félix Uriburu y el partido expresó su apoyo al gobierno militar mediante un manifiesto fechado el 25 de Septiembre.
El 28 de setiembre de 1931 la Convención Nacional de la UCR proclamó la fórmula presidencial Marcelo T. de Alvear-Adolfo Guemes, que fue prohibida por el gobierno. Como respuesta el radicalismo declaró la abstención electoral. El gobierno militar quería evitar a toda costa que la gente de Yrigoyen vuelva al gobierno y anuló las elecciones.
De algún modo es el momento más glorioso del antipersonalismo. En el Hotel City, se reúne reiteradas veces con dirigentes de todo el país y empieza lo que se llama la reorganización o la Junta del City Hotel en la que participan algunos antiguos antipersonalistas como Roberto M. Ortiz. Paralelamente en el Hotel Castelar se reúne el grupo más duro de antipersonalistas, que siguen constituyendo sus propias fuerzas y se niegan a unificarse bajo la jefatura de Alvear. Y así es como en el 32 se une una concordancia, un acuerdo, entre el conservadorismo y el antipersonalismo, junto con los socialistas independientes para votar al General Agustín Pedro Justo (hijo) como candidato a presidente, y Julio Argentino Roca (hijo), representante de los conservadores, como candidato a vicepresidente.[9]
Siendo así, y como el Yrigoyenismo había sido proscripto, en 1932 la Unión Cívica Radical Antipersonalista integró la “Concordancia”, una alianza electoral que acompañó al Partido Demócrata Nacional y al Partido Socialista Independiente que ganó las elecciones nacionales y llevó a la presidencia de la Nación al General entrerriano de Concordia Agustín Pedro Justo (h), primo hermano del socialista Juan B. Justo, que por entonces integraba la Masonería Argentina, apartándose de ella en circunstancias milagrosas, que relataremos a continuación.[10]

Finalizando esta etapa, fue así como el antipersonalismo fue navegando como una especie de furgón de cola de los conservadores. Melo, sería el Ministro del Interior, con la esperanza de ser presidente sucediéndole a Justo. Pero renunció en 1936 al advertir que las preferencias de Justo iban para el lado de su ministro de hacienda Roberto Ortiz. No le quedaba otra posibilidad u otra salida, que ir rodeando a Justo para un posible segundo mandato, después que Ortiz terminase el suyo. Y pasó lo que nadie previó en su momento: la enfermedad de Ortiz, la delegación del mando, y la presidencia del conservador Ramón Castillo.
Cuando un ánima de paz interrumpió la anarquía en Argentina
El anarquismo no había desaparecido en Argentina, pero 1930 es el punto de partida de la decadencia, pues aunque el imaginario colectivo haya seguido percibiéndolo como un actor social de peso, en la práctica política, social y cultural, y desde 1923 había iniciado su inexorable declive.
El 10 de octubre de 1934 se organizó y desarrolló en Buenos Aires el XXXII Congreso Eucarístico Internacional, presidido por el legado papal cardenal Eugenio Pacelli, el futuro Papa Pío XII. Las reuniones en torno a esta expresión católica son multitudinarias y por unos días la ciudad asume una actitud de profunda religiosidad.[11]
El presidente Justo reunió a los dirigentes de la FORA (Federación Obrera), de la FL (Federación Libertaria) y de la UGT (Unión General de Trabajadores) ~invitándolos a un asado informal~ y les hizo comprender que cualquier atentado que perturbara el orden durante las celebraciones religiosas tendría gravísimas consecuencias, que habrían de recaer sobre los líderes de la protesta anárquico comunista o anárquico sindical, respectivamente. Siendo así, no se registró incidente alguno y, es más, miles de obreros concurrieron al Congreso verificándose conversiones multitudinarias en uno y otro sector. La Argentina se estaba reunificando vigorosamente después las divisiones sediciosas impulsadas desde el extranjero. Parecía haber llegado a su término los intentos revolucionarios del Soviet universal en estos pagos.[12]
Nuestro país entonces contaba con una población que apenas superaba los 8. 000. 000 de habitantes, la mayor parte de ellos inmigrantes, y el Congreso Eucarístico tendría sobre ellos una influencia fundamental.[13]
El día 9 de octubre, llegaba a Buenos Aires, recibido con grandes honores, el legado pontificio, el cardenal Eugenio Pacelli, representante de un gran Papa, Pío XI, y futuro Papa él mismo. Por primera vez en la historia de los Congresos, el Sumo Pontífice designó como su representante a su secretario de Estado. Al día siguiente tuvo lugar la apertura solemne del 32º Congreso Eucarístico Internacional, en los jardines de Palermo. En un día de sol y cielo azul, el acto se desarrolló en una vasta plataforma que circundaba el monumento “de los Españoles”, al que ocultaba una cruz monumental, hecha de técnica y fe, y que se transformaría en el emblema del Congreso. Se dio lectura a la bula papal por la que el cardenal Pacelli fue investido por Pío XI del cargo de legado, quien habló a continuación ante una gran multitud. Una hora santa sacerdotal completaba ese primer día. El 11 fue “El día de los niños”. También en Palermo y en horas de la mañana, 107. 000 niños recibieron, en perfecto orden, a Jesús Sacramentado (muchos, por primera vez), que les llega escondido en 107. 000 hostias blancas, durante la misa que celebran los cuatro cardenales visitantes en cuatro altares colocados en cruz al pie de la plataforma central. Espectáculo estremecedor que hace exclamar a monseñor Pacelli, varias veces: “¡Esto es el Paraíso!”…[14]

Por la tarde, se realizó, siempre alrededor de la gran cruz, la primera asamblea general del Congreso, cuyo tema (“Cristo, Rey de la Eucaristía y por la Eucaristía”) fue desarrollado por monseñor Pedro Farfán, obispo de Lima. Ese mismo día 11 se realizó “La noche de los hombres”. Imponente y, al mismo tiempo, devota y austera manifestación de fe (y de retorno a la Fe), protagonizada por cientos de miles de hombres que, al crepúsculo marcharon desde la Plaza del Congreso, en una Avenida de Mayo colmada en toda su amplitud, para participar en la misa de comunión general que cuatro obispos de naciones hermanas celebraron simultáneamente en la Plaza de Mayo.
Se había calculado que concurrirían 40 mil hombres. Fueron más de 200 mil. Y de ellos, no pocos buscaron y encontraron sacerdotes ante quienes, allí mismo, de pie o de rodillas, recibieron el sacramento de la Confesión.

El día 12 de octubre, se recordaron y celebraron los orígenes católicos e hispanos de la Nación Argentina. En Palermo, una gran muchedumbre asistió al Pontifical con que se conmemoraba el primer 12 de octubre y, a la vez, la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, mientras que por la tarde tuvo lugar la segunda asamblea general del Congreso. Esta vez, el obispo de Madrid-Alcalá, monseñor Leopoldo Eijo y Garay, se refirió al segundo tema del Congreso: “Cristo Rey en la vida católica moderna”.
Un poco más tarde, en un teatro Colón vestido de gala y en presencia del presidente de la República y del cardenal legado, pronunciaron sendos discursos alusivos a la fecha el doctor Gustavo Martínez Zuviría y monseñor Isidro Gomá y Tomás, cardenal primado de España. Ambos oradores dejaron en claro que nuestros orígenes como nación son hispanos y católicos. Y que, con la palabra hispanidad, se alude, a la vez, al alma de todos los pueblos hispanoamericanos y a la misma España, así como al lazo que a todas ellas une en una empresa común y exclusiva.
El sábado 13 de octubre, “La jornada de la Patria”, estuvo dedicada a la Virgen de Luján, patrona del Congreso. En ella, en Palermo y frente a la cruz, siete mil soldados de la Patria recibieron la santa Comunión, durante la misa celebrada en esa tan particular ocasión. Poco más lejos, una docena de conscriptos recibió el agua del Bautismo. El cardenal legado quiso hacerse presente, en un gesto de aprobación por el acto realizado.


Simultáneamente con el de Buenos Aires, los congresos diocesanos que se efectuaban, en diversas ciudades del interior del país, millares de soldados y sus jefes se acercaron espontáneamente a recibir la Comunión de rodillas: Oficiales, Suboficiales y Soldados.
La tarde de ese mismo sábado, comenzó la tercera asamblea general del Congreso, en la cual monseñor Nicolás Fassolino, arzobispo de Santa Fe, pronunció un discurso sobre el tercer tema del Congreso: “Cristo, hoy, en la historia de América Latina y, especialmente, en la República Argentina”, en el cual quedan entrañablemente unidos la historia de los pueblos hispanos y la religión.
Por fin llegó el “Día del Triunfo Eucarístico Mundial”. Ese día, 14 de octubre, algo más de un millón de personas concurrieron a Palermo, en una mañana clara como todas las anteriores, para asistir a la misa que oficia el legado pontificio. Eran incalculables los penitentes que llegaban a Buenos Aires desde distintas provincias en este día triunfal. La bandera nacional fue izada hasta el tope del mástil vecino al palco presidencial. Luego del Evangelio, monseñor Pacelli, en su homilía, nos recuerda que Dios es amor, y que ese amor, como un incendio, se encierra en la Eucaristía. Terminada la misa, y en medio de un silencio absoluto, se oye la voz del Papa, que, desde el Vaticano, proclama que Cristo Eucarístico, vive, reina e impera. A continuación, monseñor Napal, locutor oficial del Congreso, anunció que SS Pío XI impartirá su bendición sobre este Congreso. Todos los presentes la reciben de rodillas.

Retirado el legado pontificio, la concurrencia volverá por la tarde, aun en mayor número: serían esta vez dos millones los fieles que asistirían y tomarían parte activa contemplando maravillados la procesión con la que se clausuraría el XXXII Congreso Eucarístico Internacional. También fueron numerosas las entidades y corporaciones que acompañan al Señor en su lenta marcha desde la iglesia del Pilar hasta la cruz del Congreso.
Cuatro cardenales, el nuncio apostólico y numerosos obispos y sacerdotes rodeaban el carruaje en que, en soberbia custodia, Jesús Eucaristía recibe la adoración de todo un pueblo. Junto a cardenales y obispos, las más altas autoridades de la Nación marchaban también, para manifestar su acatamiento al Señor de los señores.
Numerosos fieles se incorporaron a la procesión, mientras otros, desde sus puestos, la ven pasar y se arrodillan al enfrentarse con la custodia que lleva a Jesús. Bajo el palio que cubre la carroza, se ve al legado pontificio arrodillado, inmóvil, como en éxtasis, adorando a Dios durante todo el tiempo que corre entre el punto de partida de la procesión hasta su llegada al pie de la cruz. Subió, entonces, monseñor Pacelli al altar, para, desde allí, impartir la última bendición.
Pero antes, habla el presidente de la República. El cual, en sentida oración, pide al Señor que haga descender la paz sobre el pueblo argentino, sobre la Nación entera, sobre América y sobre la humanidad toda. El Presidente Justo se había confesado y arrepentido de su militancia masónica y ese fue su acto de conversión definitivo.[15]

Finalizado el canto del Tamtum Ergo, la multitud recibió ~de rodillas~ la bendición que monseñor Pacelli impartía a la Argentina. Luego, recordó que los habitantes de este suelo debían conservar en su corazón un sentimiento de gratitud profunda, pues el Congreso había superado las previsiones más optimistas. Él debía ser, para cada uno, el comienzo de una nueva vida, en la que la fe de Cristo se adentre en los corazones. Finalmente, hacia las seis de la tarde, sonaron los acordes del Himno Nacional, que todos los presentes corearon y que, en esos momentos, toma un aire de oración con que la Patria jura mantenerse fiel a su Dios y Señor, finalizando así el XXXII Congreso Eucarístico Internacional que “libraría del mal” a la Argentina, reafirmando su realidad de nación Católica. Realmente es lo que representó ese magno acontecimiento para la vida espiritual de la Patria.
El día 15 partió el cardenal legado. El recorrido desde la residencia donde se hospedó durante su permanencia en la Argentina hasta el puerto de Buenos Aires, recorrido en que fue acompañado por el presidente de la República, fue apoteótico. Ya en la pasarela que lo llevaba al mismo paquebote “Conte Grand” en que había llegado al país, el futuro Pío XII envió una última y especial bendición al pueblo argentino. Después, Buenos Aires volvió a su vida habitual. La vida urbana se reanudó. Pero el recuerdo de esos días primaverales de octubre permaneció, durante mucho tiempo, en las mentes y en los corazones de quienes los vivieron o a quienes se les relató el milagro. “Argentina se encontraba en estado de gracia”.[16]

Concluyendo
Hipólito Yrigoyen fue el gran impulsor de las reformas sociales en el país, así como el tutor de muchas de sus revoluciones. Fue un gobierno nacionalista y popular. Siendo él mismo un hacendado, Yrigoyen representó a los sectores bajos y medios de la sociedad que desde principio de siglo se oponían a la conducción política de la vieja dirigencia oligarca. Estos sectores habían sufrido un cambio intelectual debido a su preparación educativa gratuita (ley 1420), y exigían su participación política y mejoras de las condiciones laborales. Durante su primera presidencia surgieron los primeros sindicatos que se reproducen por todo el país presionando cada vez más al gobierno. Tenían una postura levemente moderada frente a los anarquistas, aceptaban el capitalismo y creían en la negociación mediante el diálogo. Su gobierno trató desde un primer momento de repartir equitativamente las riquezas del estado y las ganancias generadas del modelo agro exportador vigente. Trató de mantener un diálogo fraternal entre el estado-patronal-obreros aunque muchas veces las manifestaciones sociales se le escapaban del control. La economía sufría de una importante inflación y los sueldos caían constantemente, por otro lado disminuyó notablemente las exportaciones generando desocupación. Sancionó leyes tales como la jubilación de empleados de empresas privadas, jornadas de 8 horas, el descanso dominical, salario mínimo, contratos colectivos de trabajo. Prohibió el desalojo y aumentos de alquileres, y protegió a los indígenas y los radicó legalmente en sus tierras. Pero nada alcanzó para mantener la paz y su política social generó el efecto contrario. Los grupos extremistas que se le enfrentaron provenían de la izquierda revolucionaria o el anarquismo, que ~ante su carácter débil~ querían arrancarle aún más concesiones, lo que provocó enfrentamientos sangrientos.[17]
Austero en su vida personal pero oscuro en muchas de sus declaraciones políticas, Yrigoyen falló en profundizar en Argentina las reformas “hiper-democráticas” que quería alcanzar antes de asumir su segunda presidencia, generando un caos que sólo fue aletargado con su destitución, mediante un golpe de estado que generaron sus propios rivales de la UCR. El General José Félix Uriburu habría de derrocarlo, restituyendo el orden y la paz social. Más tarde, en elecciones libres triunfaría el General Agustín Pedro Justo, y durante su mandato se verificaría el apogeo de la reconciliación nacional, como lo fue el XXXIIº Congreso Eucarístico en Buenos Aires.
Durante la presidencia de Justo surgió un grupo político opositor que tuvo como principal característica la denuncia del fraude y los negociados. Se trataba de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Juventud Argentina) que estaba integrado entre otros por Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortíz, Homero Manzi y Gabriel del Mazo. Sus denuncias se centraron en el imperialismo británico ~criticando duramente el Pacto Roca-Runciman~, se opusieron al fraude y mantuvieron una actitud neutralista frente a la Segunda Guerra Mundial. Desde su fundación y hasta 1940, FORJA intentó cambiar la orientación alvearista del radicalismo pero finalmente se separaron de él; muchos de sus integrantes se incorporaron ~a partir de 1945~ al Peronismo.[18]

Dentro de las filas del ejército quedaría conformado ~desde comienzos de la década del cuarenta~ el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) que eran neutralistas en relación a la Segunda Guerra Mundial y admiradores de las experiencias socialistas nacionales en Europa, en decidida oposición a los fundamentalismos marxistas. Algunos de sus miembros establecieron contactos con dirigentes políticos opositores al gobierno con la intención de promover a la presidencia al Grl Pedro P. Ramírez. Cuando el presidente Castillo decidió relevarlo, el cuerpo de oficiales inició el levantamiento de 1943.
Inicialmente el GOU fue un grupo de enlace informal entre jóvenes oficiales superiores que aspiraban recuperar al país del proceso de corrupción en que estaba. Los oficiales del GOU criticaban la estructura de los partidos políticos y las bases liberales de la sociedad argentina. Su participación en el golpe de estado de 1943, a criterio de algunos investigadores no fue decisiva; si bien a partir de entonces, algunos de sus integrantes, como Juan Domingo Perón, pasarían a tener un rol protagónico y hasta providencial en la saga de la República, pero eso forma parte de la próxima entrega de nuestra historia sobre estos cien años de desencuentros entre los argentinos.[19]

[1] Gálvez, Manuel: “Vida de Hipólito Yrigoyen”. El elefante blanco. Buenos Aires, 1939.
[2] Suriano, Juan: “Anarquistas: Historia y Cultura Política Libertaria”. Editorial Manantial. Buenos Aires, 2001
[3] Sarobe, José María: “Memorias sobre la revolución del 6 de Septiembre de 1930”. Editorial Gure. Buenos Aires, 1957.
[4] Torres, José Luis: “La década infame”. Editorial Freeland. Buenos Aires, 1973
[5] Buela, Alberto: José Luis Torres: El Fiscal de la Década Infame” [6] Sobre él escribió Arturo Jauretche: “No hay ningún periodista argentino que no haya querido escribir su necrológica. Pero no hay ningún periódico argentino que haya querido recogerla. Este silencio que ha habido para la muerte de José Luis Torrres, prueba simplemente que murió en su ley. Esto es lo que se llama aquí “libertad de prensa”. Libertad de los intereses antinacionales y antipopulares, para impedir que tenga medios de expresión lo nacional y popular”.
[7] Massot, Vicente Gonzalo: “Matar o Morir – La violencia política en Argentina” (1806–1980)
[8] Luna, Félix: “Yrigoyen”. Editorial Desarrollo. Buenos Aires, 1964[9] Luna, Félix (2004). «El antipersonalismo» Academia Nacional de Ciencias Morales y políticas. Anales. Nº 2004.
[10] Del Mazo, Gabriel: “Historia del Radicalismo”. Editorial Cardón. Buenos Aires, 1976.[11] Di Stefano, Roberto; Zanatta, Loris Historia de la Iglesia Argentina. Desde la conquista hasta fines del siglo XX, 2ª edición (en español). Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 2009.
[12] Suriano, Juan: “Auge y caída del anarquismo. Argentina, 1880, 1930”. Editorial Capital Intelectual. Buenos Aires, 1999.
[13] Luna, Félix: “La modelación de la Argentina moderna, Breve Historia de los Argentinos”. Editorial Planeta– Espejo de la Argentina. Buenos Aires, 1994.
[14] Transcribo parcialmente el discurso pronunciado por el Presidente Agustín P. Justo en el banquete que tuvo lugar el 11 de octubre de 1934 en la Casa de Gobierno: “Por primera vez, la República Argentina y, con ella toda la que fue América española, ha tenido el honor de recibir en su seno a un legado del romano Pontífice. Culmina así la ética trayectoria iniciada un día como éste, hace 442 años, cuando fue plantada una cruz en tierra americana, como símbolo del Cristianismo. Domina el gran cuadro la visión ideal del misionero. Su abnegada labor fue la que inició la magna tarea, sin cejar un solo instante en su empeño de conquista espiritual, para integrar al continente en la cultura grecolatina, santificada por el Evangelio”. “Esa obra merece todo nuestro reconocimiento, como que ella realizó el prodigio de esa silenciosa transmisión cultural que nos viene de Roma y que ha permitido desarrollar las fuerzas morales que estamos llamados a hacer triunfar en el continente”. “Es que nunca como en momentos de grandes pruebas comprende el hombre que, por mucho que se esfuerce, no encontrará jamás nada que pueda reemplazar los dogmas eternos de la religión, ni sus consuelos, ni su fuerza inmanente, ni sus esperanzas que iluminan el espíritu, ensanchan el corazón y dan verdadero sentido a la vida. Se puede decir, pues, que la aguja de los templos seguirá siendo siempre la escala — como se ha dicho con razón — por don del alma, transfigurada en la oración y en la penitencia, sacudiendo el polvo de la tierra, sube, anhelosa de lo infinito, a perderse en el inmenso seno del Eterno”.(…) “Los pueblos sueñan todavía con el reino de la Justicia y del Amor que les anticipara el Divino Maestro. Para preparar su advenimiento en la medida en que lo permita la relatividad de las cosas humanas, es necesario propender a la unión entre los hombres y entre los pueblos, llenando los abismos que los separan y abatiendo las murallas que los dividen. Que Dios ilumine, pues, al mundo americano y a sus gobernantes para que no se siga derramando más sangre de hermanos, para que la discordia que separa a los pueblos vecinos se resuelva por medio de la razón y de la justicia, de que es fuente inagotable. Aquel que quiso que la paz reinara entre los hombres de buena voluntad, como el más noble, el más apreciado, el más puro de los dones que pudo desear a sus criaturas”.
[15] Según manifestó el historiador Diego Jiménez durante la reunión celebrada en el Instituto de Filosofía Práctica el 13 de octubre de 2009, el entonces presidente fue expulsado de las logias masónicas a las que pertenecía. Así, el jerarca de la masonería Alcíbades Lappas, redactor del “Diccionario de la Masonería Argentina”, lo excretó de la logia argentina a causa de su conversión y arrepentimiento.
[16] Memorias del Dr. Raúl A. Devoto. Médico de Buenos Aires que asistió al Congreso.
[17] Oyanharte, Horacio Bernardo: ”El hombre”. Editorial Tor, Buenos Aires, 1934.
[18] Baily, Samuel L.: “Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina”. Hyspamérica. Buenos Aires, 1985. IBBN 950–614-370–6.
[19] Potash, Robert A.: El ejército y la política en la Argentina; 1928–1945. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 1981.
Autor: Dr Carlos Marcelo Shäferstein
Link Rss para esta publicación
Link permanente al articulo
Enviar a un amigo
12 Comentarios en “Cien Años de Subversión
en Argentina – Parte IV”
Porfavor espere...



















Me parece muy interesante recordar con la precisión que lo hace el autor la historia política argentina. Creo que sería conveniente agregar las grandes obras públicas que se efeectuaron en ése periodo y que actualmente siguen usufructuando los argentinos. Además agregaría , en lo que respecta al comienzo de la seguidilla de intervenciones militares la importancia que tuvieron las “intervencuiones federales ” a las cuales los gobiernos radicales recurrían con frecuencia y en las que los políticos se acostumbraron a que el jefe militar de la “intervención” les solucionara los problemas más graves.
Dr. Schäferstein: Felicitaciones por su impecable pagina de la Historia Argentina, con lujo de detalles, momentos dificiles que todabía no cerraron heridas. Gobernados por personajes que no saben seguir una misa en el Tedeum de la Catedral y vivimos en un pais Catolico. La Constitución dice para ser Presidente debe ser Argentino Casado y Catolico. ¿ seran ateos? Una pregunta si me la puede contestar.….¿ Los Militares se formaron para vivir en Democracia ? como recuerdo los desfiles y las Marchas en las Fiestas Patrias.…¿que nos paso?.
Para González Fausto:
Gracias por su comentario. Puede Vd acceder a mi sitio y leer las tres primeras partes del Informe, donde se responde a sus inquietudes. Además le recomiento este artículo:
http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2009/05/29/tte-grl-juan-pistarinila-excelencia-de-un-digno-soldado/#more-24128
Saludos cordiales
Carlos Marcelo Shäfersein
La convocatoria del XXXII Congreso Eucarístico Internacional fue realizada mediante una bula del papa Pío XI, que comenzaba diciendo: “Con sumo regocijo hemos comprendido que la República Argentina no quería ceder a ninguna otra nación la primacía en la preparación del triunfo de la Divina Eucaristía…”
El Congreso Eucarístico realmente trajo la paz a la Argentina por muchos años, como se describe en esta crónica. Pero por algún motivo no fue duradera.
Ojalá la visita de Cristo pusiera fin al caos anárquico que hoy acongoja a la Argentina de 2009.
“El Congreso Eucarístico Internacional de 1934 fue para los argentinos un acontecimiento transformador, comienzo de una vida cristiana más honda y comprometida en toda la nación”.
Don Orione, que llegó a la Argentina en el mismo barco que el Cardenal Pacelli, vio al Congreso Eucarístico como un verdadero triunfo de Cristo. Sería un espectáculo grandioso, que lo impactará muchísimo, como puede verse en sus cartas y discursos; será algo que perdurará en él, ya que lo citará muchas veces.
Esto puede comprobarse, fácilmente, leyendo con cuidado las cartas escritas desde Argentina durante los meses posteriores al Congreso Eucarístico.
De una carta colectiva a sus religiosos, religiosas, seminaristas, ermitaños, etc., desde Victoria, el 4 de noviembre de 1934, a menos de un mes del Congreso Eucarístico, leemos:
“El Congreso Eucarístico fue un milagro; más de dos millones de fieles participantes sintieron que el Papa estaba acá, con nosotros, y que el triunfo de Nuestro Señor era, al mismo tiempo, un triunfo del Papa y de la Iglesia y de todo cuanto de social, de grande, de sobrehumano, de divino, la Iglesia y el Papa son, representan y proclaman. La grandiosa celebración pública de fe, de amor, de adoración a Jesús Eucaristía en la Argentina superó todos los Congresos Internacionales Eucarísticos que existieron y no sé cómo y dónde podrá ser superada; sólo el Paraíso puede ser mejor. ¡Hemos entrevisto y gustado por anticipado del Paraíso!”.
Y en otra carta colectiva, saludando para la Pascua a los religiosos, religiosas, amigos, benefactores, alumnos, huérfanos, etc., desde Buenos Aires, el 19 de marzo de 1935, a casi seis meses del Congreso Eucarístico , decía:
“Asistí al Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires. ¡Un espectáculo inefable! Pude ver qué es y cómo es de grande la misericordia de Dios: más grande que los cielos.
“La inolvidable apoteosis del eucarístico ‘Dios con nosotros’ ha suscitado en los corazones fermentos divinos de amor fraterno. El terreno está, pues, preparado: es necesario sembrarlo…”.
La proclama del General José Félix Uriburu decía textualmente: “El Ejército y la Armada de la Patria, respondiendo al calor unánime del pueblo de la Nación y a los propósitos perentorios que nos impone el deber de argentinos en esta hora solemne para el destino del país, han resuelto levantar su bandera para intimar a los hombres que han traicionado en el gobierno la confianza del pueblo y de la República el abandono inmediato de los cargos, que ya no ejercen para el bien común, sino para el logro de sus apetitos personales. Les notificamos categóricamente que ya no cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas, cuyo objetivo primordial es defender el decoro personal, que ellos han comprometido, y que no habrá en nuestras filas un solo hombre que se levante frente a sus camaradas para defender una causa que se ha convertido en vergüenza de la Nación. Les notificamos también que no toleraremos que por maniobras y comunicaciones de última hora pretendan salvar a un gobierno repudiado por la opinión pública, ni mantener en el poder los residuos del conglomerado político que está estrangulando a la República.”
El 10 de septiembre, Uriburu fue reconocido como presidente de la Nación mediante una célebre y cuestionada Acordada de la Corte Suprema de Justicia que dio origen a la “doctrina de los gobiernos de facto”, cuando existía una necesidad pública impostergable.
Según un discurso de Uriburu: “Debemos tratar de conseguir una autoridad política que sea una realidad para no vivir puramente de teorías… La democracia la definió Aristóteles diciendo que era el gobierno de los más ejercitados por los mejores. La dificultad está justamente en hacer que lo ejerciten los mejores. Eso es difícil que sucede en todo país que, como en el nuestro, hay un sesenta por ciento de analfabetos, de lo que resulta claro y evidente, sin tergiversación posible, que ese sesenta por ciento de analfabetos es el que gobierna al país, porque en elecciones legales ellos son una mayoría”.
Yo creo que estas palabras hoy en día están perfectamente acualizadas.
Estimado Dr. Schäferstein, excelente su necesario aporte a la verdad, junto a su prudencia y equilibrio para tratar un periodo histórico muy reciente y profundamente tergiversado. Muchas gracias en mi propio nombre y en el de las nuevas generaciones.
Para el forista BLONDI, tengo entendidio de que en la constituyente del 94, y sin que a ninguno se altera el pulso, se dispuso de que ya no se necesita ser CATOLICO para ocupar la presidencia.….TODO “FRIAMENTE CALCULADO”… no les parece.….….
Voy a tomar la esencia del excelente trabajo para centrar la crítica en el mal endémico que ha postrado a la vida política, en el más amplio sentido de la palabra, cuales son los golpes cívicos militares en la Argentina, que han cambiado el curso de éxito que tenía nuestro país en el concierto de la naciones iniciada por Alberdi, Sarmiento, Roca o Pellegrini entre otros. La nota comienza diciendo: “…Las revoluciones de 1890 de 1893 y de 1905, si bien fracasaron en el campo táctico, triunfaron en lo ideológico, pues convencieron a una generación de militares que las revoluciones eran el medio adecuado para triunfar en las luchas cívicas, concepto que esa generación fue inculcando en subsiguientes camadas de militares.” Creo que este concepto, que no está sacado de contexto, sino que lo que se dice, es la expresión de un pensamiento generalizado por la militancia y hegemonía de partidos políticos que en esencia se manifiestan democráticos pero están en los albores de principios anti republicanos y autocráticos.
Todos los actos de fuerza en contra del poder constituido son producto de indisciplina, sean civiles o militares, aún cuando aquello que se reclama pudiera ser justo, siempre estará la ley a mano para hacer valer la demanda. Así lo establece la Constitución y quien no la acate no se puede considerar triunfante en lo ideológico.
Los golpes militares no son buenos ni malos: se derroque a Yrigoyen a Perón o a Frondizi. No hay duda que en nuestra historia los golpes de Mitre en el 74, de Tejedor en el 80 o los radicales del 90, 93 y 1905, o el del 43 o 55, fueron menos malos que los del 30, según toque intereses radicales o peronistas o conservadores. La Constitución no hace distingos de banderías: los condena a todos por igual.
La apología de nuestra tradición hispánica ha sido cuestionada por Alberdi en su conferencia de 1880 en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales: La omnipotencia del estado es la negación de los derechos individuales, cuando dice: “…Pero no debemos olvidar que no fue griego ni romano todo el origen de la omnipotencia del Estado y de su Gobierno entre nosotros sudamericanos. En todo caso no sería ése sino el origen mediato, pues el inmediato origen de la omnipotencia en que se ahogan nuestras libertades individuales fue el organismo que España dio a sus Estados coloniales en el Nuevo Mundo, cuyo organismo no fue diferente en ese punto del que España se dio a sí misma en el Viejo Mundo. Así, la raíz y origen de nuestras tiranías modernas en Sudamérica es no solamente nuestro origen remoto o greco-romano, sino también nuestro origen inmediato y moderno de carácter español”.
Un ejemplo de republicanismo lo da José Evaristo Uriburu recién asumido como presidente de la república en reemplazo del doctor Luis Sáenz Peña. Fue visitado por el general Francisco Bosch y por el almirante Solier, que habían tenido decidida participación en la represión de los revolucionarios del 93, para hacerle saber, que en su condición de jefes militares, le prestaban el apoyo de las fuerzas armadas a su gobierno. Ante el estupor de los comandantes el doctor Uriburu les dijo: “Lo que ustedes me acaban de manifestar es un desacato al presidente de la República y que no voy a admitir; preséntese arrestado el señor almirante Solier al acorazado “Almirante Brown” y el señor general Bosch al parque de artillería, pues el presidente es el comandante supremo de las fuerzas de mar y tierra y el ofrecimiento de obediencia que hacen significa subordinarla al arbitrio de ustedes”. Este gesto de Uriburu con los jefes militares es un ejemplo que no ha sido aprendido, ni siquiera por los funcionarios más allegados, aún siendo parientes. El sub teniente José Félix Uriburu era edecán de su tío.
El autor en su nota dice: “El General José Félix Uriburu habría de derrocarlo (a Yrigoyen), restituyendo el orden y la paz social. Más tarde, en elecciones libres triunfaría el General Agustín Pedro Justo, y durante su mandato se verificaría el apogeo de la reconciliación nacional, como lo fue el XXXIIº Congreso Eucarístico en Buenos Aires”. Como me toca muy de cerca esta afirmación de elecciones libres quiero rebatirla rotundamente. Mi padre ejerció el periodismo durante más de quince años, gran parte de ellos dirigiendo el diario El Radical, defendiendo los derechos individuales, en particular, la libertad de expresión, razón por la cual se vio perseguido y escondido en la estancia del doctor Gándara. Éste le regaló una Biblia en cuya dedicatoria le dice: “(…) he pedido al Divino Maestro Jesús, lo pusiera en libertad de sus perseguidores (…) 8:20 de la tarde del 1 de octubre de 1936″. Mi padre no era un “tira bombas”, ni siquiera yrigoyenista, porque respondía a la línea de Alvear, sin embargo su diario fue clausurado en tres oportunidades y todavía retengo en mi subconsciente los gritos de la policía brava de Fresco y de Moreno, entrando en mi casa gritando “¿dónde está el peludo Sala?”; y mi padre saltando las paredes para escapar de estos “custodios de la libertad”.
Volviendo al análisis del autor del proceso post Uriburu, transcribo de mi libro Los Vicepresidentes “Pero el radicalismo pese al golpe mortal recibido aún vivía y comenzaron los preparativos partidarios con la convocatoria a la Convención, que designó la fórmula integrada por los doctores Honorio Pueyrredón y Carlos Noel, quien renunció, y el mismo organismo nombró al doctor Mario M. Guido.
”Las elecciones realizadas cambiaron el sentido del golpe mortal: ahora el que lo recibía era el propio gobierno, que ante la cifra de 218.000 votos para los radicales contra 187.000 de los conservadores y 47.000 de los socialistas, estaba tan desorientado que suspendió las elecciones ya lanzadas las campañas en otras provincias, pero manifestó que respetaría el resultado en la Provincia de Buenos Aires.
”El 8 octubre de 1931, el gobierno provisional aduciendo vicios en los padrones electorales, decreta la anulación de las elecciones en la provincia de Buenos Aires en un acto de obscenidad institucional. Sin embargo, en algunos de los integrantes del gobierno setembrista, quedaba pudor republicano, como el caso del canciller Ernesto Bosch, quien se negó a firmar el decreto”.
La “Historia Paralela” me ha permitido poder disentir con autores de notas siempre que lo he creído oportuno. Es por eso que agradezco y pongo de ejemplo para que sirva de foro del libre juego de las ideas.
Señor Fernando:
Mire si no tendrá razón BLONDI. ¡Se rebelaron los indios en el norte, y no hay un milico para hacer un círculo de carretas para defendernos!
La piquetera jujeña, benefactora del ministerio de Acción Social (que le dá DOS PALOS VERDES POR MES), en un reportaje declaró: “antes que ser argentina soy americana” y “antes que reconciliarnos con los blancos ellos nos tienen que devolver todo lo que nos robaron”…
Si así sigue la historia, esta será el último de esta serie de capítulos sobre la historia del terrorismo.
Estamos tomados y nos están por quitar el cuero cabelludo.
Liliana Cazorla
Estimado Señor Rodolfo Sala:
Le agradezco muchísimo su valiosa opinión. Su aporte no es en modo alguno una disención, sino que contribuye al enriquecimiento ~rigurosamente histórico~ de esta nota.
Obviamente ni este cronista (que no vivió la época) ~ni nadie~ es dueño de la vedad en este país.
Todos somos hermanos en la Patria, y la mayoría en Dios, y nuestra intención es recuperar la grandeza y la dignidad de este pueblo en el que se cimienta nuesta posteridad.
Su opinión queda agregada al informe y lo complementa.
Saludos cordiales
Carlos Marcelo Shäferstein
lo felicito!!!!!!!si las clases de historia se dieran asi, con la verdad y detalladamente !otra sería la historia !!!