Cien Años de Subversión
en Argentina – Parte IV

Informe Espe­cial para “La His­to­ria Paralela”

Revo­lu­cio­nes y Revolucionarios

Las revo­lu­cio­nes de 1890 de 1893 y de 1905, si bien fra­ca­sa­ron en el campo tác­tico, triun­fa­ron en lo ideo­ló­gico, pues con­ven­cie­ron a una gene­ra­ción de mili­ta­res que las revo­lu­cio­nes eran el medio ade­cuado para triun­far en las luchas cívi­cas, con­cepto que esa gene­ra­ción fue incul­cando en sub­si­guien­tes cama­das de mili­ta­res. Esto fue como con­se­cuen­cia de la pro­pa­ganda infil­trada en las filas del ejér­cito por Alem, Mitre, Yri­go­yen y Del Valle que, sem­brada en el Cole­gio Mili­tar allá por 1889, tuvo su pri­mera cose­cha en sep­tiem­bre de ese año, con la pre­sen­cia de Cade­tes en el famoso mitin del Jar­dín Flo­rida quie­nes, junto a estu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios allí reuni­dos, con­for­ma­ron la Unión Cívica de la Juven­tud luego deve­nida en “Unión Cívica Radical”.

En 1905, en la pro­clama de la revo­lu­ción de ese año (enca­be­zada por D. Hipó­lito Yri­go­yen), podía leerse: “el mili­tar es un ciu­da­dano que tiene el deber de ejer­ci­tar el supremo recurso de la pro­testa armada.” Los Capi­ta­nes que se suble­va­ron ese año en el Cole­gio Mili­tar, habían sido aque­llos que fue­ron Cade­tes en el 89.[1]

En 1923, el Pre­si­dente Hipó­lito Yri­go­yen envió una ley al Con­greso, decla­rando que la par­ti­ci­pa­ción en los movi­mien­tos de 1890, 1893 y 1905, ” cons­ti­tuían un ser­vi­cio a la Nación y los mili­ta­res dados de baja, debían ser rein­cor­po­ra­dos” (Ley Nº 11. 268).[2]

No es de extra­ñar que el Gene­ral Uri­buru, con­ju­rado con Yri­go­yen en 1890, cuando se sublevó siendo Sub­te­niente del Regi­miento 1 de Infan­te­ría, haya con­si­de­rado válido inte­rrum­pir un pro­ceso demo­crá­tico el 06 de Sep­tiem­bre de 1930 (cua­renta años des­pués) en pos de cons­ti­tuir “un ser­vi­cio a La Nación” (tal como lo defi­nía el mismo Yri­go­yen). El enton­ces Capi­tán Perón par­ti­cipó en esa y en la siguiente revo­lu­ción.[3]

Así, “La pro­testa armada” como téc­nica de acceso al poder ~impuesta por el pro­pio Hipó­lito Yri­go­yen~ con­ti­nuó pre­sen­tán­dose en dife­ren­tes opor­tu­ni­da­des en la his­to­ria del Siglo XX, siem­pre con el apoyo de una gran parte de la pobla­ción civil y sus orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas. Tanto es así que ~en la aso­nada del 25 de marzo de 1976~ el radi­ca­lismo y el jus­ti­cia­lismo apor­ta­ron a la fla­mante con­duc­ción del “Pro­ceso de Reor­ga­ni­za­ción Nacio­nal” 502 inten­den­cias (310 la UCR y 192 el PJ), así como emba­ja­do­res y minis­tros, ava­lando con su par­ti­ci­pa­ción activa en el gobierno mili­tar ~a estar de la teo­ría jurí­dica de Claus Roxin~ los supues­tos ilí­ci­tos come­ti­dos durante el desa­rro­llo de la gue­rra anti­te­rro­rista de la década del ´70, cuya auto­ría sólo se atri­buye a los militares.

Sobre la leyenda de la década infame[4]

José Luis Torres (1901–1965) fue un escri­tor boli­viano que denun­ciaba gran­des nego­cia­dos de su época. Jus­ta­mente redactó un pan­fleto deno­mi­nado “La década infame”, del cual los his­to­ria­do­res ten­den­cio­sos toma­ron sólo el título para defi­nir una época.

Ideo­ló­gi­ca­mente Torres era fun­da­dor de una corriente deno­mi­nada nacio­na­lismo anti-imperialista his­pa­noa­me­ri­cano, movi­miento empa­ren­tado en Argen­tina con el GOU que daría el golpe de estado de 1943.[5]

Lo que sucede es que siem­pre los gran­des intere­ses inter­na­cio­na­les poseen una pro­pa­ganda que vende lo que quiere, crea arque­ti­pos de hom­bres e insu­fla idea­les que sólo bene­fi­cian al poder finan­ciero que los sus­tenta. Tam­bién cuen­tan con el arma del silen­cio. Silen­ciar la denun­cia que los afecta, omi­tir una noti­cia que la daña, igno­rar la voz de un hom­bre que dice lo que todos quie­ren decir. Es esta última la mejor arma y la más pode­rosa de las dos.

Así ~en el momento de la pro­pa­ganda polí­tica~ la prensa intere­sada se mueve con sol­tura, con agi­li­dad. Ese es el momento del ata­que a las con­cien­cias, de su mani­fes­ta­ción y con­se­cuen­te­mente, de idio­ti­za­ción del lec­tor que com­pra lo que le ven­den. Hay un segundo momento ~el del silen­cio~ cuando la infor­ma­ción se halla abro­que­lada. Ha sido afec­tada en su poder. Le han cor­tado algún ten­táculo. Su detrac­tor es un hom­bre con prin­ci­pios y que vive en fun­ción de un ideal. Luego, hay que evi­tar que se lo conozca, pues reco­no­cién­dolo, sus prin­ci­pios y sus idea­les se tor­na­rán peli­gro­sos para el statu quo reinante, hoy expre­sado a tra­vés del lla­mado pen­sa­miento único y polí­ti­ca­mente correcto.

Es este, sin­té­ti­ca­mente, el meca­nismo de los embau­ca­do­res de con­cien­cias y José Luis Torres con su vida y su muerte, es un ejem­plo irre­vo­ca­ble de lo que este enfren­ta­miento aca­rrea.[6]

Con­tra lo que dice la leyenda, jamás hubo una “década infame” en la his­to­ria argen­tina. Lo que exis­tió real­mente fue una ver­da­dera gue­rra por el poder, como siem­pre ha suce­dido en estas tie­rras, y que toda­vía sub­siste con ideo­lo­gías cama­leó­ni­ca­mente mimetizadas.

Por empe­zar, el período que va desde 1930 a 1943 excede los diez años. Y en cuanto a la pre­sunta infa­mia, no se la encon­trará por mucho que se reco­rran aque­llos tiem­pos ~del dere­cho y del revés. El derro­ca­miento de Don Hipó­lito Yri­go­yen se pare­ció más a un des­file mili­tar que a otra cosa. Fue incruento por­que el radi­ca­lismo estaba divi­dido y harto del per­so­na­lismo de Yri­go­yen, que por otra parte ya no gober­naba por estar gra­ve­mente enfermo de sífi­lis y con sus facul­ta­des men­ta­les suma­mente alte­ra­das. De ese modo, el 6 de setiem­bre del año 30 el gobierno ya estaba ven­cido aún antes del levan­ta­miento de las tro­pas del Gene­ral José Félix Uri­buru. Care­cía de volun­tad y de la inte­li­gen­cia estra­té­gica nece­sa­rias para des­ba­ra­tar cons­pi­ra­ción alguna.[7] Es más, quie­nes rodea­ban al “peludo” cons­pi­ra­ban con­tra el Pre­si­dente cons­ti­tu­cio­nal, y la prueba es el famoso “dia­rio de Yri­go­yen” que le hacían impri­mir expre­sa­mente, para que sólo se entere de las “bue­nas noti­cias” del país. Más o menos como ~hoy en día~ el perió­dico “El Argen­tino”, en la Ciu­dad de Bue­nos Aires, o “Dia­go­na­les”, en la Ciu­dad de La Plata, que se dis­tri­bu­yen gra­tui­ta­mente entre los via­je­ros de los colec­ti­vos para que vayan leyendo lo bien que le está yendo al gobierno de los Kirchner…

Per­so­na­lis­tas y anti­per­so­na­lis­tas en la Unión Cívica Radical[8]

En todo cuerpo orgá­nico el pre­si­dente designa a las comi­sio­nes: sería absurdo pen­sar que esta cor­po­ra­ción podría desig­nar uno por uno los miem­bros de las comi­sio­nes inter­nas, pero como era como una forma de hos­ti­li­zar a Gon­zá­lez, — soli­da­rio con Yri­go­yen, se con­si­gue lle­var a la prác­tica esta reforma que, por supuesto trae muchí­si­mos incon­ve­nien­tes. Los radi­ca­les no acep­tan ser desig­na­dos en esa forma, se resis­ten, hay inter­mi­na­bles reunio­nes para desig­nar y rede­sig­nar las comi­sio­nes. Todo el año 23 trans­cu­rre en esos chis­po­rro­teos. En 1924, que es el año en que Yri­go­yen encuen­tra la pala­bra letal, la pala­bra “con­tu­ber­nio” y la lanza al ruedo polí­tico. En ese año 24, cuando el pre­si­dente Alvear inau­gura la asam­blea legis­la­tiva, no con­cu­rre nin­gún legis­la­dor radi­cal. Es el año, en que se elige pre­si­dente de la Cámara de Dipu­tados al Doc­tor Mario Guido, que ya tiene una posi­ción no yri­go­ye­nista, y el año en que el mismo pre­si­dente del cuerpo Guido, al des­em­pa­tar una reñida vota­ción para incor­po­rar o no a los dipu­tados socia­lis­tas en Cór­doba, la des­em­pata a favor de la incorporación.

En agosto del 24 se hace una asam­blea en el tea­tro Coli­seo con todas las per­so­na­li­da­des y los gru­pos no yri­go­ye­nis­tas del radi­ca­lismo, y se hace una elec­ción interna muy reñida, pero no vio­lenta en la Capi­tal Fede­ral, donde diez comi­tés de los veinte que se for­ma­ron, se pro­nun­cia­ron por las lis­tas anti­per­so­na­lis­tas y diez por la yri­go­ye­nista. A par­tir de eso, la divi­sión es irre­ver­si­ble, se van a cons­ti­tuir orga­nis­mos de las dos tendencias.

La UCR daba máxima impor­tan­cia al prin­ci­pio polí­tico de “imper­so­na­li­dad de la coa­li­ción” pro­puesto por Lean­dro Alem como una de las cua­tro ban­de­ras del radi­ca­lismo y cri­ti­caba el lide­razgo ver­ti­cal y per­so­na­lista de Don Hipó­lito. Muchos anti­per­so­na­lis­tas pro­ve­nían del núcleo de segui­do­res de Lean­dro Alem en los pri­me­ros años de exis­ten­cia de la UCR lla­ma­dos los rojos, opues­tos a la nueva línea de con­duc­ción que expre­saba Hipó­lito Yri­go­yen, lla­ma­dos los líricos.

En reali­dad, el anti­per­so­na­lismo venía en los hechos muy de atrás. Ya en 1909, habría habido un mani­fiesto fir­mado por radi­ca­les impor­tan­tes, entre ellos Leo­poldo Melo, Roberto Ortiz, cues­tio­nando la estra­te­gia de Hipó­lito Yri­go­yen, la estra­te­gia abs­ten­cio­nista e intran­si­gente, en rela­ción con la polí­tica nacional.

La disputa sobre este mani­fiesto no llegó a mayo­res y, ya a par­tir de 1912, se impuso la Ley Sáenz Peña, con lo cual queda jus­ti­fi­cada la estra­te­gia polí­tica seguida hasta ese momento por Yri­go­yen. Con lo cual, esta suerte de alza­miento queda más que olvi­dado, ate­nuado. Pero en el ejer­ci­cio del poder, desde luego, Yri­go­yen debió dejar muchas soli­da­ri­da­des y vie­jas amis­ta­des por el camino. Sería muy largo rela­tar lo que ocu­rrió en los esce­na­rios pro­vin­cia­les, pero cada uno de ellos, entre 1916 y 1922, asis­ten a luchas de frac­cio­nes den­tro del radi­ca­lismo, que de un modo u otro es arbi­trada por el pre­si­dente y del cual, que­dan nece­sa­ria­mente algu­nos que­jo­sos. Empe­zando por José Camilo Croto en Bue­nos Aires, Melo en Entre Ríos, Celes­tino Marcó en la misma pro­vin­cia, Len­ci­nas en Men­doza, los radi­ca­les de Santa Fe, Men­chaca y Lehman.

Cuando Mar­celo T. de Alvear lo suce­dió tras la pri­mera pre­si­den­cia de Yri­go­yen, se plan­teó un fuerte enfren­ta­miento entre los dos líde­res radi­ca­les que agu­dizó la divi­sión interna de la UCR. Muchos radi­ca­les anti­per­so­na­lis­tas, como Vicente Gallo, Roberto Ortiz, José Pedro Tam­bo­rini o Tomás Le Bre­ton, fue­ron minis­tros de Alvear. El “len­ci­nismo” de Men­doza y el blo­quismo de San Juan tam­bién se suma­ron al radi­ca­lismo anti­per­so­na­lista aun­que sin per­der identidad.

Recor­de­mos, que en Cór­doba en donde el radi­ca­lismo se había abs­te­nido votaba una can­ti­dad, no diga­mos ínfima pero muy redu­cida de ciu­da­da­nos, menos del 20 %. La mayo­ría de los dipu­tados la había obte­nido el Par­tido Con­ser­va­dor y la mino­ría el Par­tido Socia­lista. Los dipu­tados radi­ca­les impug­na­ron la elec­ción por la escasa can­ti­dad de votan­tes, pero el pre­si­dente Guido des­em­pató votando a favor de la incor­po­ra­ción de los dipu­tados socia­lis­tas. Es el año pro­ba­ble­mente más duro del enfren­ta­miento, por­que empieza ya, la lucha interna den­tro del radicalismo.

El anti­per­so­na­lismo, fue un par­tido cuya crea­ción resultó algo inevi­ta­ble. Pero cuya evo­lu­ción pudo ser muy dife­rente a lo que real­mente sig­ni­ficó. Plan­teado como un regreso a la esen­cia imper­so­nal, que había defi­nido el radi­ca­lismo en su ori­gen, en reali­dad se cons­ti­tuyó de entrada nomás, en una fuerza expre­sa­mente antiy­ri­go­ye­nista, y esto fue su drama. Por­que los pri­me­ros y deci­si­vos pasos del anti­per­so­na­lismo, tuvie­ron que diri­girse nece­sa­ria­mente a inten­tar la anu­la­ción de la hege­mo­nía polí­tica de Yri­go­yen, y esta acti­tud, nega­tiva en sí misma, (todo “anti” es nega­tivo), llevó a la nueva fuerza a recos­tarse cada vez más, en las corrien­tes polí­ti­cas y socia­les más reac­cio­na­rias tiñendo su tra­yec­to­ria con un color eli­tista, anti­po­pu­lar en su afir­ma­ción, no tanto en las filas par­ti­da­rias, sino lisa y lla­na­mente en el poder.

Así se creó la Unión Cívica Radi­cal Anti­per­so­na­lista, que en 1927 eli­gió como can­di­dato a Pre­si­dente a Leo­poldo Melo, acom­pa­ñado por Vicente Gallo como vice para hacer frente a la can­di­da­tura de Yri­go­yen. Las elec­cio­nes se rea­li­za­ron el 1º de abril de 1928 pola­ri­zán­dose entre los dos can­di­da­tos radi­ca­les, donde el triunfo de Yri­go­yen fue aplas­tante: 840. 000 votos con­tra 440. 000 de Melo-Gallo. Por eso muchos anti­per­so­na­lis­tas par­ti­ci­pa­ron acti­va­mente en la Revo­lu­ción del 6 de setiem­bre de 1930, cuando derro­ca­ron a Yri­go­yen con ayuda de José Félix Uri­buru y el par­tido expresó su apoyo al gobierno mili­tar mediante un mani­fiesto fechado el 25 de Septiembre.

El 28 de setiem­bre de 1931 la Con­ven­ción Nacio­nal de la UCR pro­clamó la fór­mula pre­si­den­cial Mar­celo T. de Alvear-Adolfo Gue­mes, que fue prohi­bida por el gobierno. Como res­puesta el radi­ca­lismo declaró la abs­ten­ción elec­to­ral. El gobierno mili­tar que­ría evi­tar a toda costa que la gente de Yri­go­yen vuelva al gobierno y anuló las elecciones.

De algún modo es el momento más glo­rioso del anti­per­so­na­lismo. En el Hotel City, se reúne reite­ra­das veces con diri­gen­tes de todo el país y empieza lo que se llama la reor­ga­ni­za­ción o la Junta del City Hotel en la que par­ti­ci­pan algu­nos anti­guos anti­per­so­na­lis­tas como Roberto M. Ortiz. Para­le­la­mente en el Hotel Cas­te­lar se reúne el grupo más duro de anti­per­so­na­lis­tas, que siguen cons­ti­tu­yendo sus pro­pias fuer­zas y se nie­gan a uni­fi­carse bajo la jefa­tura de Alvear. Y así es como en el 32 se une una con­cor­dan­cia, un acuerdo, entre el con­ser­va­do­rismo y el anti­per­so­na­lismo, junto con los socia­lis­tas inde­pen­dien­tes para votar al Gene­ral Agus­tín Pedro Justo (hijo) como can­di­dato a pre­si­dente, y Julio Argen­tino Roca (hijo), repre­sen­tante de los con­ser­va­do­res, como can­di­dato a vice­pre­si­dente.[9]

Siendo así, y como el Yri­go­ye­nismo había sido pros­cripto, en 1932 la Unión Cívica Radi­cal Anti­per­so­na­lista inte­gró la “Con­cor­dan­cia”, una alianza elec­to­ral que acom­pañó al Par­tido Demó­crata Nacio­nal y al Par­tido Socia­lista Inde­pen­diente que ganó las elec­cio­nes nacio­na­les y llevó a la pre­si­den­cia de la Nación al Gene­ral entre­rriano de Con­cor­dia Agus­tín Pedro Justo (h), primo her­mano del socia­lista Juan B. Justo, que por enton­ces inte­graba la Maso­ne­ría Argen­tina, apar­tán­dose de ella en cir­cuns­tan­cias mila­gro­sas, que rela­ta­re­mos a con­ti­nua­ción.[10]

Fina­li­zando esta etapa, fue así como el anti­per­so­na­lismo fue nave­gando como una espe­cie de fur­gón de cola de los con­ser­va­do­res. Melo, sería el Minis­tro del Inte­rior, con la espe­ranza de ser pre­si­dente suce­dién­dole a Justo. Pero renun­ció en 1936 al adver­tir que las pre­fe­ren­cias de Justo iban para el lado de su minis­tro de hacienda Roberto Ortiz. No le que­daba otra posi­bi­li­dad u otra salida, que ir rodeando a Justo para un posi­ble segundo man­dato, des­pués que Ortiz ter­mi­nase el suyo. Y pasó lo que nadie pre­vió en su momento: la enfer­me­dad de Ortiz, la dele­ga­ción del mando, y la pre­si­den­cia del con­ser­va­dor Ramón Cas­ti­llo.

Cuando un ánima de paz inte­rrum­pió la anar­quía en Argentina

El anar­quismo no había des­a­pa­re­cido en Argen­tina, pero 1930 es el punto de par­tida de la deca­den­cia, pues aun­que el ima­gi­na­rio colec­tivo haya seguido per­ci­bién­dolo como un actor social de peso, en la prác­tica polí­tica, social y cul­tu­ral, y desde 1923 había ini­ciado su inexo­ra­ble declive.

El 10 de octu­bre de 1934 se orga­nizó y desa­rro­lló en Bue­nos Aires el XXXII Con­greso Euca­rís­tico Inter­na­cio­nal, pre­si­dido por el legado papal car­de­nal Euge­nio Pace­lli, el futuro Papa Pío XII. Las reunio­nes en torno a esta expre­sión cató­lica son mul­ti­tu­di­na­rias y por unos días la ciu­dad asume una acti­tud de pro­funda reli­gio­si­dad.[11]

El pre­si­dente Justo reunió a los diri­gen­tes de la FORA (Fede­ra­ción Obrera), de la FL (Fede­ra­ción Liber­ta­ria) y de la UGT (Unión Gene­ral de Tra­ba­ja­do­res) ~invi­tán­do­los a un asado infor­mal~ y les hizo com­pren­der que cual­quier aten­tado que per­tur­bara el orden durante las cele­bra­cio­nes reli­gio­sas ten­dría gra­ví­si­mas con­se­cuen­cias, que habrían de recaer sobre los líde­res de la pro­testa anár­quico comu­nista o anár­quico sin­di­cal, res­pec­ti­va­mente. Siendo así, no se regis­tró inci­dente alguno y, es más, miles de obre­ros con­cu­rrie­ron al Con­greso veri­fi­cán­dose con­ver­sio­nes mul­ti­tu­di­na­rias en uno y otro sec­tor. La Argen­tina se estaba reuni­fi­cando vigo­ro­sa­mente des­pués las divi­sio­nes sedi­cio­sas impul­sa­das desde el extran­jero. Pare­cía haber lle­gado a su tér­mino los inten­tos revo­lu­cio­na­rios del Soviet uni­ver­sal en estos pagos.[12]

Nues­tro país enton­ces con­taba con una pobla­ción que ape­nas supe­raba los 8. 000. 000 de habi­tan­tes, la mayor parte de ellos inmi­gran­tes, y el Con­greso Euca­rís­tico ten­dría sobre ellos una influen­cia fun­da­men­tal.[13]

El día 9 de octu­bre, lle­gaba a Bue­nos Aires, reci­bido con gran­des hono­res, el legado pon­ti­fi­cio, el car­de­nal Euge­nio Pace­lli, repre­sen­tante de un gran Papa, Pío XI, y futuro Papa él mismo. Por pri­mera vez en la his­to­ria de los Con­gre­sos, el Sumo Pon­tí­fice designó como su repre­sen­tante a su secre­ta­rio de Estado. Al día siguiente tuvo lugar la aper­tura solemne del 32º Con­greso Euca­rís­tico Inter­na­cio­nal, en los jar­di­nes de Palermo. En un día de sol y cielo azul, el acto se desa­rro­lló en una vasta pla­ta­forma que cir­cun­daba el monu­mento “de los Espa­ño­les”, al que ocul­taba una cruz monu­men­tal, hecha de téc­nica y fe, y que se trans­for­ma­ría en el emblema del Con­greso. Se dio lec­tura a la bula papal por la que el car­de­nal Pace­lli fue inves­tido por Pío XI del cargo de legado, quien habló a con­ti­nua­ción ante una gran mul­ti­tud. Una hora santa sacer­do­tal com­ple­taba ese pri­mer día. El 11 fue “El día de los niños”. Tam­bién en Palermo y en horas de la mañana, 107. 000 niños reci­bie­ron, en per­fecto orden, a Jesús Sacra­men­tado (muchos, por pri­mera vez), que les llega escon­dido en 107. 000 hos­tias blan­cas, durante la misa que cele­bran los cua­tro car­de­na­les visi­tan­tes en cua­tro alta­res colo­ca­dos en cruz al pie de la pla­ta­forma cen­tral. Espec­táculo estre­me­ce­dor que hace excla­mar a mon­se­ñor Pace­lli, varias veces: “¡Esto es el Paraíso!”…[14]

Por la tarde, se realizó, siem­pre alre­de­dor de la gran cruz, la pri­mera asam­blea gene­ral del Con­greso, cuyo tema (“Cristo, Rey de la Euca­ris­tía y por la Euca­ris­tía”) fue desa­rro­llado por mon­se­ñor Pedro Far­fán, obispo de Lima. Ese mismo día 11 se realizó “La noche de los hom­bres”. Impo­nente y, al mismo tiempo, devota y aus­tera mani­fes­ta­ción de fe (y de retorno a la Fe), pro­ta­go­ni­zada por cien­tos de miles de hom­bres que, al cre­púsculo mar­cha­ron desde la Plaza del Con­greso, en una Ave­nida de Mayo col­mada en toda su ampli­tud, para par­ti­ci­par en la misa de comu­nión gene­ral que cua­tro obis­pos de nacio­nes her­ma­nas cele­bra­ron simul­tá­nea­mente en la Plaza de Mayo.

Se había cal­cu­lado que con­cu­rri­rían 40 mil hom­bres. Fue­ron más de 200 mil. Y de ellos, no pocos bus­ca­ron y encon­tra­ron sacer­do­tes ante quie­nes, allí mismo, de pie o de rodi­llas, reci­bie­ron el sacra­mento de la Confesión.

El día 12 de octu­bre, se recor­da­ron y cele­bra­ron los orí­ge­nes cató­li­cos e his­pa­nos de la Nación Argen­tina. En Palermo, una gran muche­dum­bre asis­tió al Pon­ti­fi­cal con que se con­me­mo­raba el pri­mer 12 de octu­bre y, a la vez, la fiesta de Nues­tra Señora del Pilar, mien­tras que por la tarde tuvo lugar la segunda asam­blea gene­ral del Con­greso. Esta vez, el obispo de Madrid-Alcalá, mon­se­ñor Leo­poldo Eijo y Garay, se refi­rió al segundo tema del Con­greso: “Cristo Rey en la vida cató­lica moderna”.

Un poco más tarde, en un tea­tro Colón ves­tido de gala y en pre­sen­cia del pre­si­dente de la Repú­blica y del car­de­nal legado, pro­nun­cia­ron sen­dos dis­cur­sos alu­si­vos a la fecha el doc­tor Gus­tavo Mar­tí­nez Zuvi­ría y mon­se­ñor Isi­dro Gomá y Tomás, car­de­nal pri­mado de España. Ambos ora­do­res deja­ron en claro que nues­tros orí­ge­nes como nación son his­pa­nos y cató­li­cos. Y que, con la pala­bra his­pa­ni­dad, se alude, a la vez, al alma de todos los pue­blos his­pa­noa­me­ri­ca­nos y a la misma España, así como al lazo que a todas ellas une en una empresa común y exclusiva.

El sábado 13 de octu­bre, “La jor­nada de la Patria”, estuvo dedi­cada a la Vir­gen de Luján, patrona del Con­greso. En ella, en Palermo y frente a la cruz, siete mil sol­da­dos de la Patria reci­bie­ron la santa Comu­nión, durante la misa cele­brada en esa tan par­ti­cu­lar oca­sión. Poco más lejos, una docena de cons­crip­tos reci­bió el agua del Bau­tismo. El car­de­nal legado quiso hacerse pre­sente, en un gesto de apro­ba­ción por el acto realizado.

Simul­tá­nea­mente con el de Bue­nos Aires, los con­gre­sos dio­ce­sa­nos que se efec­tua­ban, en diver­sas ciu­da­des del inte­rior del país, milla­res de sol­da­dos y sus jefes se acer­ca­ron espon­tá­nea­mente a reci­bir la Comu­nión de rodi­llas: Ofi­cia­les, Sub­ofi­cia­les y Soldados.

La tarde de ese mismo sábado, comenzó la ter­cera asam­blea gene­ral del Con­greso, en la cual mon­se­ñor Nico­lás Fas­so­lino, arzo­bispo de Santa Fe, pro­nun­ció un dis­curso sobre el ter­cer tema del Con­greso: “Cristo, hoy, en la his­to­ria de Amé­rica Latina y, espe­cial­mente, en la Repú­blica Argen­tina”, en el cual que­dan entra­ña­ble­mente uni­dos la his­to­ria de los pue­blos his­pa­nos y la religión.

Por fin llegó el “Día del Triunfo Euca­rís­tico Mun­dial”. Ese día, 14 de octu­bre, algo más de un millón de per­so­nas con­cu­rrie­ron a Palermo, en una mañana clara como todas las ante­rio­res, para asis­tir a la misa que ofi­cia el legado pon­ti­fi­cio. Eran incal­cu­la­bles los peni­ten­tes que lle­ga­ban a Bue­nos Aires desde dis­tin­tas pro­vin­cias en este día triun­fal. La ban­dera nacio­nal fue izada hasta el tope del más­til vecino al palco pre­si­den­cial. Luego del Evan­ge­lio, mon­se­ñor Pace­lli, en su homi­lía, nos recuerda que Dios es amor, y que ese amor, como un incen­dio, se encie­rra en la Euca­ris­tía. Ter­mi­nada la misa, y en medio de un silen­cio abso­luto, se oye la voz del Papa, que, desde el Vati­cano, pro­clama que Cristo Euca­rís­tico, vive, reina e impera. A con­ti­nua­ción, mon­se­ñor Napal, locu­tor ofi­cial del Con­greso, anun­ció que SS Pío XI impar­tirá su ben­di­ción sobre este Con­greso. Todos los pre­sen­tes la reci­ben de rodillas.

Reti­rado el legado pon­ti­fi­cio, la con­cu­rren­cia vol­verá por la tarde, aun en mayor número: serían esta vez dos millo­nes los fie­les que asis­ti­rían y toma­rían parte activa con­tem­plando mara­vi­lla­dos la pro­ce­sión con la que se clau­su­ra­ría el XXXII Con­greso Euca­rís­tico Inter­na­cio­nal. Tam­bién fue­ron nume­ro­sas las enti­da­des y cor­po­ra­cio­nes que acom­pa­ñan al Señor en su lenta mar­cha desde la igle­sia del Pilar hasta la cruz del Congreso.

Cua­tro car­de­na­les, el nun­cio apos­tó­lico y nume­ro­sos obis­pos y sacer­do­tes rodea­ban el carruaje en que, en sober­bia cus­to­dia, Jesús Euca­ris­tía recibe la ado­ra­ción de todo un pue­blo. Junto a car­de­na­les y obis­pos, las más altas auto­ri­da­des de la Nación mar­cha­ban tam­bién, para mani­fes­tar su aca­ta­miento al Señor de los señores.

Nume­ro­sos fie­les se incor­po­ra­ron a la pro­ce­sión, mien­tras otros, desde sus pues­tos, la ven pasar y se arro­di­llan al enfren­tarse con la cus­to­dia que lleva a Jesús. Bajo el palio que cubre la carroza, se ve al legado pon­ti­fi­cio arro­di­llado, inmó­vil, como en éxta­sis, ado­rando a Dios durante todo el tiempo que corre entre el punto de par­tida de la pro­ce­sión hasta su lle­gada al pie de la cruz. Subió, enton­ces, mon­se­ñor Pace­lli al altar, para, desde allí, impar­tir la última bendición.

Pero antes, habla el pre­si­dente de la Repú­blica. El cual, en sen­tida ora­ción, pide al Señor que haga des­cen­der la paz sobre el pue­blo argen­tino, sobre la Nación entera, sobre Amé­rica y sobre la huma­ni­dad toda. El Pre­si­dente Justo se había con­fe­sado y arre­pen­tido de su mili­tan­cia masó­nica y ese fue su acto de con­ver­sión defi­ni­tivo.[15]

Fina­li­zado el canto del Tam­tum Ergo, la mul­ti­tud reci­bió ~de rodi­llas~ la ben­di­ción que mon­se­ñor Pace­lli impar­tía a la Argen­tina. Luego, recordó que los habi­tan­tes de este suelo debían con­ser­var en su cora­zón un sen­ti­miento de gra­ti­tud pro­funda, pues el Con­greso había supe­rado las pre­vi­sio­nes más opti­mis­tas. Él debía ser, para cada uno, el comienzo de una nueva vida, en la que la fe de Cristo se aden­tre en los cora­zo­nes. Final­mente, hacia las seis de la tarde, sona­ron los acor­des del Himno Nacio­nal, que todos los pre­sen­tes corea­ron y que, en esos momen­tos, toma un aire de ora­ción con que la Patria jura man­te­nerse fiel a su Dios y Señor, fina­li­zando así el XXXII Con­greso Euca­rís­tico Inter­na­cio­nal que “libra­ría del mal” a la Argen­tina, reafir­mando su reali­dad de nación Cató­lica. Real­mente es lo que repre­sentó ese magno acon­te­ci­miento para la vida espi­ri­tual de la Patria.

El día 15 par­tió el car­de­nal legado. El reco­rrido desde la resi­den­cia donde se hos­pedó durante su per­ma­nen­cia en la Argen­tina hasta el puerto de Bue­nos Aires, reco­rrido en que fue acom­pa­ñado por el pre­si­dente de la Repú­blica, fue apo­teó­tico. Ya en la pasa­rela que lo lle­vaba al mismo paque­bote “Conte Grand” en que había lle­gado al país, el futuro Pío XII envió una última y espe­cial ben­di­ción al pue­blo argen­tino. Des­pués, Bue­nos Aires vol­vió a su vida habi­tual. La vida urbana se reanudó. Pero el recuerdo de esos días pri­ma­ve­ra­les de octu­bre per­ma­ne­ció, durante mucho tiempo, en las men­tes y en los cora­zo­nes de quie­nes los vivie­ron o a quie­nes se les relató el mila­gro. “Argen­tina se encon­traba en estado de gra­cia”.[16]



Concluyendo

Hipó­lito Yri­go­yen fue el gran impul­sor de las refor­mas socia­les en el país, así como el tutor de muchas de sus revo­lu­cio­nes. Fue un gobierno nacio­na­lista y popu­lar. Siendo él mismo un hacen­dado, Yri­go­yen repre­sentó a los sec­to­res bajos y medios de la socie­dad que desde prin­ci­pio de siglo se opo­nían a la con­duc­ción polí­tica de la vieja diri­gen­cia oli­garca. Estos sec­to­res habían sufrido un cam­bio inte­lec­tual debido a su pre­pa­ra­ción edu­ca­tiva gra­tuita (ley 1420), y exi­gían su par­ti­ci­pa­ción polí­tica y mejo­ras de las con­di­cio­nes labo­ra­les. Durante su pri­mera pre­si­den­cia sur­gie­ron los pri­me­ros sin­di­ca­tos que se repro­du­cen por todo el país pre­sio­nando cada vez más al gobierno. Tenían una pos­tura leve­mente mode­rada frente a los anar­quis­tas, acep­ta­ban el capi­ta­lismo y creían en la nego­cia­ción mediante el diá­logo. Su gobierno trató desde un pri­mer momento de repar­tir equi­ta­ti­va­mente las rique­zas del estado y las ganan­cias gene­ra­das del modelo agro expor­ta­dor vigente. Trató de man­te­ner un diá­logo fra­ter­nal entre el estado-patronal-obreros aun­que muchas veces las mani­fes­ta­cio­nes socia­les se le esca­pa­ban del con­trol. La eco­no­mía sufría de una impor­tante infla­ción y los suel­dos caían cons­tan­te­mente, por otro lado dis­mi­nuyó nota­ble­mente las expor­ta­cio­nes gene­rando desocu­pa­ción. San­cionó leyes tales como la jubi­la­ción de emplea­dos de empre­sas pri­va­das, jor­na­das de 8 horas, el des­canso domi­ni­cal, sala­rio mínimo, con­tra­tos colec­ti­vos de tra­bajo. Prohi­bió el desa­lojo y aumen­tos de alqui­le­res, y pro­te­gió a los indí­ge­nas y los radicó legal­mente en sus tie­rras. Pero nada alcanzó para man­te­ner la paz y su polí­tica social generó el efecto con­tra­rio. Los gru­pos extre­mis­tas que se le enfren­ta­ron pro­ve­nían de la izquierda revo­lu­cio­na­ria o el anar­quismo, que ~ante su carác­ter débil~ que­rían arran­carle aún más con­ce­sio­nes, lo que pro­vocó enfren­ta­mien­tos sangrientos.[17]

Aus­tero en su vida per­so­nal pero oscuro en muchas de sus decla­ra­cio­nes polí­ti­cas, Yri­go­yen falló en pro­fun­di­zar en Argen­tina las refor­mas “hiper-democráticas” que que­ría alcan­zar antes de asu­mir su segunda pre­si­den­cia, gene­rando un caos que sólo fue ale­tar­gado con su des­ti­tu­ción, mediante un golpe de estado que gene­ra­ron sus pro­pios riva­les de la UCR. El Gene­ral José Félix Uri­buru habría de derro­carlo, res­ti­tu­yendo el orden y la paz social. Más tarde, en elec­cio­nes libres triun­fa­ría el Gene­ral Agus­tín Pedro Justo, y durante su man­dato se veri­fi­ca­ría el apo­geo de la recon­ci­lia­ción nacio­nal, como lo fue el XXXIIº Con­greso Euca­rís­tico en Bue­nos Aires.

Durante la pre­si­den­cia de Justo sur­gió un grupo polí­tico opo­si­tor que tuvo como prin­ci­pal carac­te­rís­tica la denun­cia del fraude y los nego­cia­dos. Se tra­taba de FORJA (Fuerza de Orien­ta­ción Radi­cal de la Juven­tud Argen­tina) que estaba inte­grado entre otros por Arturo Jau­ret­che, Raúl Sca­la­brini Ortíz, Homero Manzi y Gabriel del Mazo. Sus denun­cias se cen­tra­ron en el impe­ria­lismo bri­tá­nico ~cri­ti­cando dura­mente el Pacto Roca-Runciman~, se opu­sie­ron al fraude y man­tu­vie­ron una acti­tud neu­tra­lista frente a la Segunda Gue­rra Mun­dial. Desde su fun­da­ción y hasta 1940, FORJA intentó cam­biar la orien­ta­ción alvea­rista del radi­ca­lismo pero final­mente se sepa­ra­ron de él; muchos de sus inte­gran­tes se incor­po­ra­ron ~a par­tir de 1945~ al Pero­nismo.[18]

Den­tro de las filas del ejér­cito que­da­ría con­for­mado ~desde comien­zos de la década del cua­renta~ el Grupo de Ofi­cia­les Uni­dos (GOU) que eran neu­tra­lis­tas en rela­ción a la Segunda Gue­rra Mun­dial y admi­ra­do­res de las expe­rien­cias socia­lis­tas nacio­na­les en Europa, en deci­dida opo­si­ción a los fun­da­men­ta­lis­mos mar­xis­tas. Algu­nos de sus miem­bros esta­ble­cie­ron con­tac­tos con diri­gen­tes polí­ti­cos opo­si­to­res al gobierno con la inten­ción de pro­mo­ver a la pre­si­den­cia al Grl Pedro P. Ramí­rez. Cuando el pre­si­dente Cas­ti­llo deci­dió rele­varlo, el cuerpo de ofi­cia­les inició el levan­ta­miento de 1943.

Ini­cial­mente el GOU fue un grupo de enlace infor­mal entre jóve­nes ofi­cia­les supe­rio­res que aspi­ra­ban recu­pe­rar al país del pro­ceso de corrup­ción en que estaba. Los ofi­cia­les del GOU cri­ti­ca­ban la estruc­tura de los par­ti­dos polí­ti­cos y las bases libe­ra­les de la socie­dad argen­tina. Su par­ti­ci­pa­ción en el golpe de estado de 1943, a cri­te­rio de algu­nos inves­ti­ga­do­res no fue deci­siva; si bien a par­tir de enton­ces, algu­nos de sus inte­gran­tes, como Juan Domingo Perón, pasa­rían a tener un rol pro­ta­gó­nico y hasta pro­vi­den­cial en la saga de la Repú­blica, pero eso forma parte de la pró­xima entrega de nues­tra his­to­ria sobre estos cien años de des­en­cuen­tros entre los argentinos.[19]

[1] Gál­vez, Manuel: “Vida de Hipó­lito Yri­go­yen”. El ele­fante blanco. Bue­nos Aires, 1939.

[2] Suriano, Juan: “Anar­quis­tas: His­to­ria y Cul­tura Polí­tica Liber­ta­ria”. Edi­to­rial Manan­tial. Bue­nos Aires, 2001

[3] Sarobe, José María: “Memo­rias sobre la revo­lu­ción del 6 de Sep­tiem­bre de 1930”. Edi­to­rial Gure. Bue­nos Aires, 1957.

[4] Torres, José Luis: “La década infame”. Edi­to­rial Free­land. Bue­nos Aires, 1973

[5] Buela, Alberto: José Luis Torres: El Fis­cal de la Década Infame” [6] Sobre él escri­bió Arturo Jau­ret­che: “No hay nin­gún perio­dista argen­tino que no haya que­rido escri­bir su necro­ló­gica. Pero no hay nin­gún perió­dico argen­tino que haya que­rido reco­gerla. Este silen­cio que ha habido para la muerte de José Luis Torrres, prueba sim­ple­mente que murió en su ley. Esto es lo que se llama aquí “liber­tad de prensa”. Liber­tad de los intere­ses anti­na­cio­na­les y anti­po­pu­la­res, para impe­dir que tenga medios de expre­sión lo nacio­nal y popular”.

[7] Mas­sot, Vicente Gon­zalo: “Matar o Morir – La vio­len­cia polí­tica en Argen­tina” (1806–1980)

[8]
Luna, Félix: “Yri­go­yen”. Edi­to­rial Desa­rro­llo. Bue­nos Aires, 1964[9] Luna, Félix (2004). «El anti­per­so­na­lismo» Aca­de­mia Nacio­nal de Cien­cias Mora­les y polí­ti­cas. Anales. Nº 2004.

[10] Del Mazo, Gabriel: “His­to­ria del Radi­ca­lismo”. Edi­to­rial Car­dón. Bue­nos Aires, 1976.[11] Di Ste­fano, Roberto; Zanatta, Loris His­to­ria de la Igle­sia Argen­tina. Desde la con­quista hasta fines del siglo XX, 2ª edi­ción (en espa­ñol). Edi­to­rial Sud­ame­ri­cana. Bue­nos Aires, 2009.

[12] Suriano, Juan: “Auge y caída del anar­quismo. Argen­tina, 1880, 1930”. Edi­to­rial Capi­tal Inte­lec­tual. Bue­nos Aires, 1999.

[13]
Luna, Félix: “La mode­la­ción de la Argen­tina moderna, Breve His­to­ria de los Argen­ti­nos”. Edi­to­rial Pla­neta– Espejo de la Argen­tina. Bue­nos Aires, 1994.

[14] Trans­cribo par­cial­mente el dis­curso pro­nun­ciado por el Pre­si­dente Agus­tín P. Justo en el ban­quete que tuvo lugar el 11 de octu­bre de 1934 en la Casa de Gobierno: “Por pri­mera vez, la Repú­blica Argen­tina y, con ella toda la que fue Amé­rica espa­ñola, ha tenido el honor de reci­bir en su seno a un legado del romano Pon­tí­fice. Cul­mina así la ética tra­yec­to­ria ini­ciada un día como éste, hace 442 años, cuando fue plan­tada una cruz en tie­rra ame­ri­cana, como sím­bolo del Cris­tia­nismo. Domina el gran cua­dro la visión ideal del misio­nero. Su abne­gada labor fue la que inició la magna tarea, sin cejar un solo ins­tante en su empeño de con­quista espi­ri­tual, para inte­grar al con­ti­nente en la cul­tura gre­co­la­tina, san­ti­fi­cada por el Evan­ge­lio”. “Esa obra merece todo nues­tro reco­no­ci­miento, como que ella realizó el pro­di­gio de esa silen­ciosa trans­mi­sión cul­tu­ral que nos viene de Roma y que ha per­mi­tido desa­rro­llar las fuer­zas mora­les que esta­mos lla­ma­dos a hacer triun­far en el con­ti­nente”. “Es que nunca como en momen­tos de gran­des prue­bas com­prende el hom­bre que, por mucho que se esfuerce, no encon­trará jamás nada que pueda reem­pla­zar los dog­mas eter­nos de la reli­gión, ni sus con­sue­los, ni su fuerza inma­nente, ni sus espe­ran­zas que ilu­mi­nan el espí­ritu, ensan­chan el cora­zón y dan ver­da­dero sen­tido a la vida. Se puede decir, pues, que la aguja de los tem­plos seguirá siendo siem­pre la escala — como se ha dicho con razón — por don del alma, trans­fi­gu­rada en la ora­ción y en la peni­ten­cia, sacu­diendo el polvo de la tie­rra, sube, anhe­losa de lo infi­nito, a per­derse en el inmenso seno del Eterno”.(…) “Los pue­blos sue­ñan toda­vía con el reino de la Jus­ti­cia y del Amor que les anti­ci­para el Divino Maes­tro. Para pre­pa­rar su adve­ni­miento en la medida en que lo per­mita la rela­ti­vi­dad de las cosas huma­nas, es nece­sa­rio pro­pen­der a la unión entre los hom­bres y entre los pue­blos, lle­nando los abis­mos que los sepa­ran y aba­tiendo las mura­llas que los divi­den. Que Dios ilu­mine, pues, al mundo ame­ri­cano y a sus gober­nan­tes para que no se siga derra­mando más san­gre de her­ma­nos, para que la dis­cor­dia que separa a los pue­blos veci­nos se resuelva por medio de la razón y de la jus­ti­cia, de que es fuente inago­ta­ble. Aquel que quiso que la paz reinara entre los hom­bres de buena volun­tad, como el más noble, el más apre­ciado, el más puro de los dones que pudo desear a sus criaturas”.

[15] Según mani­festó el his­to­ria­dor Diego Jimé­nez durante la reunión cele­brada en el Ins­ti­tuto de Filo­so­fía Prác­tica el 13 de octu­bre de 2009, el enton­ces pre­si­dente fue expul­sado de las logias masó­ni­cas a las que per­te­ne­cía. Así, el jerarca de la maso­ne­ría Alcí­ba­des Lap­pas, redac­tor del “Dic­cio­na­rio de la Maso­ne­ría Argen­tina”, lo excretó de la logia argen­tina a causa de su con­ver­sión y arrepentimiento.

[16] Memo­rias del Dr. Raúl A. Devoto. Médico de Bue­nos Aires que asis­tió al Congreso.

[17] Oyan­harte, Hora­cio Ber­nardo: ”El hom­bre”. Edi­to­rial Tor, Bue­nos Aires, 1934.

[18] Baily, Samuel L.: “Movi­miento obrero, nacio­na­lismo y polí­tica en la Argen­tina”. Hys­pa­mé­rica. Bue­nos Aires, 1985. IBBN 950–614-370–6.

[19]
Potash, Robert A.: El ejér­cito y la polí­tica en la Argen­tina; 1928–1945. Edi­to­rial Sud­ame­ri­cana. Bue­nos Aires, 1981.

Autor: Dr Carlos Marcelo Shäferstein

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12 Comentarios en “Cien Años de Subversión
en Argentina – Parte IV”  

  1. 1 Gonzalez Fausto

    Me parece muy intere­sante recor­dar con la pre­ci­sión que lo hace el autor la his­to­ria polí­tica argen­tina. Creo que sería con­ve­niente agre­gar las gran­des obras públi­cas que se efeec­tua­ron en ése periodo y que actual­mente siguen usu­fruc­tuando los argen­ti­nos. Ade­más agre­ga­ría , en lo que res­pecta al comienzo de la segui­di­lla de inter­ven­cio­nes mili­ta­res la impor­tan­cia que tuvie­ron las “inter­ven­cuio­nes fede­ra­les ” a las cua­les los gobier­nos radi­ca­les recu­rrían con fre­cuen­cia y en las que los polí­ti­cos se acos­tum­bra­ron a que el jefe mili­tar de la “inter­ven­ción” les solu­cio­nara los pro­ble­mas más graves.

  2. 2 Blondi

    Dr. Schä­fers­tein: Feli­ci­ta­cio­nes por su impe­ca­ble pagina de la His­to­ria Argen­tina, con lujo de deta­lles, momen­tos difi­ci­les que toda­bía no cerra­ron heri­das. Gober­na­dos por per­so­na­jes que no saben seguir una misa en el Tedeum de la Cate­dral y vivi­mos en un pais Cato­lico. La Cons­ti­tu­ción dice para ser Pre­si­dente debe ser Argen­tino Casado y Cato­lico. ¿ seran ateos? Una pre­gunta si me la puede con­tes­tar.….¿ Los Mili­ta­res se for­ma­ron para vivir en Demo­cra­cia ? como recuerdo los des­fi­les y las Mar­chas en las Fies­tas Patrias.…¿que nos paso?.

  3. 3 El autor

    Para Gon­zá­lez Fausto:

    Gra­cias por su comen­ta­rio. Puede Vd acce­der a mi sitio y leer las tres pri­me­ras par­tes del Informe, donde se res­ponde a sus inquie­tu­des. Ade­más le reco­miento este artículo:

    http://​www​.lahis​to​ria​pa​ra​lela​.com​.ar/​2​0​0​9​/​0​5​/​2​9​/​t​t​e​-​g​r​l​-​j​u​a​n​-​p​i​s​t​a​r​i​n​i​l​a​-​e​x​c​e​l​e​n​c​i​a​-​d​e​-​u​n​-​d​i​g​n​o​-​s​o​l​d​a​d​o​/​#​m​o​r​e​-​2​4​128

    Salu­dos cordiales

    Car­los Mar­celo Shäfersein

  4. 4 Ana Baydenet

    La con­vo­ca­to­ria del XXXII Con­greso Euca­rís­tico Inter­na­cio­nal fue rea­li­zada mediante una bula del papa Pío XI, que comen­zaba diciendo: “Con sumo rego­cijo hemos com­pren­dido que la Repú­blica Argen­tina no que­ría ceder a nin­guna otra nación la pri­ma­cía en la pre­pa­ra­ción del triunfo de la Divina Eucaristía…”

    El Con­greso Euca­rís­tico real­mente trajo la paz a la Argen­tina por muchos años, como se des­cribe en esta cró­nica. Pero por algún motivo no fue duradera.

    Ojalá la visita de Cristo pusiera fin al caos anár­quico que hoy acon­goja a la Argen­tina de 2009.

  5. 5 Consorcio de Médicos Católicos

    El Con­greso Euca­rís­tico Inter­na­cio­nal de 1934 fue para los argen­ti­nos un acon­te­ci­miento trans­for­ma­dor, comienzo de una vida cris­tiana más honda y com­pro­me­tida en toda la nación”.

    Don Orione, que llegó a la Argen­tina en el mismo barco que el Car­de­nal Pace­lli, vio al Con­greso Euca­rís­tico como un ver­da­dero triunfo de Cristo. Sería un espec­táculo gran­dioso, que lo impac­tará muchí­simo, como puede verse en sus car­tas y dis­cur­sos; será algo que per­du­rará en él, ya que lo citará muchas veces.

    Esto puede com­pro­barse, fácil­mente, leyendo con cui­dado las car­tas escri­tas desde Argen­tina durante los meses pos­te­rio­res al Con­greso Eucarístico.

    De una carta colec­tiva a sus reli­gio­sos, reli­gio­sas, semi­na­ris­tas, ermi­ta­ños, etc., desde Vic­to­ria, el 4 de noviem­bre de 1934, a menos de un mes del Con­greso Euca­rís­tico, leemos:

    El Con­greso Euca­rís­tico fue un mila­gro; más de dos millo­nes de fie­les par­ti­ci­pan­tes sin­tie­ron que el Papa estaba acá, con noso­tros, y que el triunfo de Nues­tro Señor era, al mismo tiempo, un triunfo del Papa y de la Igle­sia y de todo cuanto de social, de grande, de sobre­hu­mano, de divino, la Igle­sia y el Papa son, repre­sen­tan y pro­cla­man. La gran­diosa cele­bra­ción pública de fe, de amor, de ado­ra­ción a Jesús Euca­ris­tía en la Argen­tina superó todos los Con­gre­sos Inter­na­cio­na­les Euca­rís­ti­cos que exis­tie­ron y no sé cómo y dónde podrá ser supe­rada; sólo el Paraíso puede ser mejor. ¡Hemos entre­visto y gus­tado por anti­ci­pado del Paraíso!”.

    Y en otra carta colec­tiva, salu­dando para la Pas­cua a los reli­gio­sos, reli­gio­sas, ami­gos, bene­fac­to­res, alum­nos, huér­fa­nos, etc., desde Bue­nos Aires, el 19 de marzo de 1935, a casi seis meses del Con­greso Euca­rís­tico , decía:

    Asistí al Con­greso Euca­rís­tico Inter­na­cio­nal de Bue­nos Aires. ¡Un espec­táculo inefa­ble! Pude ver qué es y cómo es de grande la mise­ri­cor­dia de Dios: más grande que los cielos.

    La inol­vi­da­ble apo­teo­sis del euca­rís­tico ‘Dios con noso­tros’ ha sus­ci­tado en los cora­zo­nes fer­men­tos divi­nos de amor fra­terno. El terreno está, pues, pre­pa­rado: es nece­sa­rio sembrarlo…”.

  6. 6 Héctor

    La pro­clama del Gene­ral José Félix Uri­buru decía tex­tual­mente: “El Ejér­cito y la Armada de la Patria, res­pon­diendo al calor uná­nime del pue­blo de la Nación y a los pro­pó­si­tos peren­to­rios que nos impone el deber de argen­ti­nos en esta hora solemne para el des­tino del país, han resuelto levan­tar su ban­dera para inti­mar a los hom­bres que han trai­cio­nado en el gobierno la con­fianza del pue­blo y de la Repú­blica el aban­dono inme­diato de los car­gos, que ya no ejer­cen para el bien común, sino para el logro de sus ape­ti­tos per­so­na­les. Les noti­fi­ca­mos cate­gó­ri­ca­mente que ya no cuen­tan con el apoyo de las fuer­zas arma­das, cuyo obje­tivo pri­mor­dial es defen­der el decoro per­so­nal, que ellos han com­pro­me­tido, y que no habrá en nues­tras filas un solo hom­bre que se levante frente a sus cama­ra­das para defen­der una causa que se ha con­ver­tido en ver­güenza de la Nación. Les noti­fi­ca­mos tam­bién que no tole­ra­re­mos que por manio­bras y comu­ni­ca­cio­nes de última hora pre­ten­dan sal­var a un gobierno repu­diado por la opi­nión pública, ni man­te­ner en el poder los resi­duos del con­glo­me­rado polí­tico que está estran­gu­lando a la República.”

    El 10 de sep­tiem­bre, Uri­buru fue reco­no­cido como pre­si­dente de la Nación mediante una céle­bre y cues­tio­nada Acor­dada de la Corte Suprema de Jus­ti­cia que dio ori­gen a la “doc­trina de los gobier­nos de facto”, cuando exis­tía una nece­si­dad pública impostergable.

    Según un dis­curso de Uri­buru: “Debe­mos tra­tar de con­se­guir una auto­ri­dad polí­tica que sea una reali­dad para no vivir pura­mente de teo­rías… La demo­cra­cia la defi­nió Aris­tó­te­les diciendo que era el gobierno de los más ejer­ci­ta­dos por los mejo­res. La difi­cul­tad está jus­ta­mente en hacer que lo ejer­ci­ten los mejo­res. Eso es difí­cil que sucede en todo país que, como en el nues­tro, hay un sesenta por ciento de anal­fa­be­tos, de lo que resulta claro y evi­dente, sin ter­gi­ver­sa­ción posi­ble, que ese sesenta por ciento de anal­fa­be­tos es el que gobierna al país, por­que en elec­cio­nes lega­les ellos son una mayoría”.

    Yo creo que estas pala­bras hoy en día están per­fec­ta­mente acualizadas.

  7. 7 LeopoldoSilva Ortiz

    Esti­mado Dr. Schä­fers­tein, exce­lente su nece­sa­rio aporte a la ver­dad, junto a su pru­den­cia y equi­li­brio para tra­tar un periodo his­tó­rico muy reciente y pro­fun­da­mente ter­gi­ver­sado. Muchas gra­cias en mi pro­pio nom­bre y en el de las nue­vas generaciones.

  8. 8 fernando

    Para el forista BLONDI, tengo enten­di­dio de que en la cons­ti­tu­yente del 94, y sin que a nin­guno se altera el pulso, se dis­puso de que ya no se nece­sita ser CATO­LICO para ocu­par la presidencia.….TODO “FRIA­MENTE CAL­CU­LADO”… no les parece.….….

  9. 9 Rodolfo Sala

    Voy a tomar la esen­cia del exce­lente tra­bajo para cen­trar la crí­tica en el mal endé­mico que ha pos­trado a la vida polí­tica, en el más amplio sen­tido de la pala­bra, cua­les son los gol­pes cívi­cos mili­ta­res en la Argen­tina, que han cam­biado el curso de éxito que tenía nues­tro país en el con­cierto de la nacio­nes ini­ciada por Alberdi, Sar­miento, Roca o Pelle­grini entre otros. La nota comienza diciendo: “…Las revo­lu­cio­nes de 1890 de 1893 y de 1905, si bien fra­ca­sa­ron en el campo tác­tico, triun­fa­ron en lo ideo­ló­gico, pues con­ven­cie­ron a una gene­ra­ción de mili­ta­res que las revo­lu­cio­nes eran el medio ade­cuado para triun­far en las luchas cívi­cas, con­cepto que esa gene­ra­ción fue incul­cando en sub­si­guien­tes cama­das de mili­ta­res.” Creo que este con­cepto, que no está sacado de con­texto, sino que lo que se dice, es la expre­sión de un pen­sa­miento gene­ra­li­zado por la mili­tan­cia y hege­mo­nía de par­ti­dos polí­ti­cos que en esen­cia se mani­fies­tan demo­crá­ti­cos pero están en los albo­res de prin­ci­pios anti repu­bli­ca­nos y auto­crá­ti­cos.
    Todos los actos de fuerza en con­tra del poder cons­ti­tuido son pro­ducto de indis­ci­plina, sean civi­les o mili­ta­res, aún cuando aque­llo que se reclama pudiera ser justo, siem­pre estará la ley a mano para hacer valer la demanda. Así lo esta­blece la Cons­ti­tu­ción y quien no la acate no se puede con­si­de­rar triun­fante en lo ideo­ló­gico.
    Los gol­pes mili­ta­res no son bue­nos ni malos: se derro­que a Yri­go­yen a Perón o a Fron­dizi. No hay duda que en nues­tra his­to­ria los gol­pes de Mitre en el 74, de Teje­dor en el 80 o los radi­ca­les del 90, 93 y 1905, o el del 43 o 55, fue­ron menos malos que los del 30, según toque intere­ses radi­ca­les o pero­nis­tas o con­ser­va­do­res. La Cons­ti­tu­ción no hace dis­tin­gos de ban­de­rías: los con­dena a todos por igual.
    La apo­lo­gía de nues­tra tra­di­ción his­pá­nica ha sido cues­tio­nada por Alberdi en su con­fe­ren­cia de 1880 en la Facul­tad de Dere­cho y Cien­cias Socia­les: La omni­po­ten­cia del estado es la nega­ción de los dere­chos indi­vi­dua­les, cuando dice: “…Pero no debe­mos olvi­dar que no fue griego ni romano todo el ori­gen de la omni­po­ten­cia del Estado y de su Gobierno entre noso­tros sud­ame­ri­ca­nos. En todo caso no sería ése sino el ori­gen mediato, pues el inme­diato ori­gen de la omni­po­ten­cia en que se aho­gan nues­tras liber­ta­des indi­vi­dua­les fue el orga­nismo que España dio a sus Esta­dos colo­nia­les en el Nuevo Mundo, cuyo orga­nismo no fue dife­rente en ese punto del que España se dio a sí misma en el Viejo Mundo. Así, la raíz y ori­gen de nues­tras tira­nías moder­nas en Suda­mé­rica es no sola­mente nues­tro ori­gen remoto o greco-romano, sino tam­bién nues­tro ori­gen inme­diato y moderno de carác­ter espa­ñol”.
    Un ejem­plo de repu­bli­ca­nismo lo da José Eva­risto Uri­buru recién asu­mido como pre­si­dente de la repú­blica en reem­plazo del doc­tor Luis Sáenz Peña. Fue visi­tado por el gene­ral Fran­cisco Bosch y por el almi­rante Solier, que habían tenido deci­dida par­ti­ci­pa­ción en la repre­sión de los revo­lu­cio­na­rios del 93, para hacerle saber, que en su con­di­ción de jefes mili­ta­res, le pres­ta­ban el apoyo de las fuer­zas arma­das a su gobierno. Ante el estu­por de los coman­dan­tes el doc­tor Uri­buru les dijo: “Lo que uste­des me aca­ban de mani­fes­tar es un desacato al pre­si­dente de la Repú­blica y que no voy a admi­tir; pre­sén­tese arres­tado el señor almi­rante Solier al aco­ra­zado “Almi­rante Brown” y el señor gene­ral Bosch al par­que de arti­lle­ría, pues el pre­si­dente es el coman­dante supremo de las fuer­zas de mar y tie­rra y el ofre­ci­miento de obe­dien­cia que hacen sig­ni­fica subor­di­narla al arbi­trio de uste­des”. Este gesto de Uri­buru con los jefes mili­ta­res es un ejem­plo que no ha sido apren­dido, ni siquiera por los fun­cio­na­rios más alle­ga­dos, aún siendo parien­tes. El sub teniente José Félix Uri­buru era ede­cán de su tío.
    El autor en su nota dice: “El Gene­ral José Félix Uri­buru habría de derro­carlo (a Yri­go­yen), res­ti­tu­yendo el orden y la paz social. Más tarde, en elec­cio­nes libres triun­fa­ría el Gene­ral Agus­tín Pedro Justo, y durante su man­dato se veri­fi­ca­ría el apo­geo de la recon­ci­lia­ción nacio­nal, como lo fue el XXXIIº Con­greso Euca­rís­tico en Bue­nos Aires”. Como me toca muy de cerca esta afir­ma­ción de elec­cio­nes libres quiero reba­tirla rotun­da­mente. Mi padre ejer­ció el perio­dismo durante más de quince años, gran parte de ellos diri­giendo el dia­rio El Radi­cal, defen­diendo los dere­chos indi­vi­dua­les, en par­ti­cu­lar, la liber­tad de expre­sión, razón por la cual se vio per­se­guido y escon­dido en la estan­cia del doc­tor Gán­dara. Éste le regaló una Biblia en cuya dedi­ca­to­ria le dice: “(…) he pedido al Divino Maes­tro Jesús, lo pusiera en liber­tad de sus per­se­gui­do­res (…) 8:20 de la tarde del 1 de octu­bre de 1936″. Mi padre no era un “tira bom­bas”, ni siquiera yri­go­ye­nista, por­que res­pon­día a la línea de Alvear, sin embargo su dia­rio fue clau­su­rado en tres opor­tu­ni­da­des y toda­vía retengo en mi sub­cons­ciente los gri­tos de la poli­cía brava de Fresco y de Moreno, entrando en mi casa gri­tando “¿dónde está el peludo Sala?”; y mi padre sal­tando las pare­des para esca­par de estos “cus­to­dios de la liber­tad”.
    Vol­viendo al aná­li­sis del autor del pro­ceso post Uri­buru, trans­cribo de mi libro Los Vice­pre­si­den­tes “Pero el radi­ca­lismo pese al golpe mor­tal reci­bido aún vivía y comen­za­ron los pre­pa­ra­ti­vos par­ti­da­rios con la con­vo­ca­to­ria a la Con­ven­ción, que designó la fór­mula inte­grada por los doc­to­res Hono­rio Puey­rre­dón y Car­los Noel, quien renun­ció, y el mismo orga­nismo nom­bró al doc­tor Mario M. Guido.

    ”Las elec­cio­nes rea­li­za­das cam­bia­ron el sen­tido del golpe mor­tal: ahora el que lo reci­bía era el pro­pio gobierno, que ante la cifra de 218.000 votos para los radi­ca­les con­tra 187.000 de los con­ser­va­do­res y 47.000 de los socia­lis­tas, estaba tan desorien­tado que sus­pen­dió las elec­cio­nes ya lan­za­das las cam­pa­ñas en otras pro­vin­cias, pero mani­festó que res­pe­ta­ría el resul­tado en la Pro­vin­cia de Bue­nos Aires.

    ”El 8 octu­bre de 1931, el gobierno pro­vi­sio­nal adu­ciendo vicios en los padro­nes elec­to­ra­les, decreta la anu­la­ción de las elec­cio­nes en la pro­vin­cia de Bue­nos Aires en un acto de obs­ce­ni­dad ins­ti­tu­cio­nal. Sin embargo, en algu­nos de los inte­gran­tes del gobierno setem­brista, que­daba pudor repu­bli­cano, como el caso del can­ci­ller Ernesto Bosch, quien se negó a fir­mar el decreto”.
    La “His­to­ria Para­lela” me ha per­mi­tido poder disen­tir con auto­res de notas siem­pre que lo he creído opor­tuno. Es por eso que agra­dezco y pongo de ejem­plo para que sirva de foro del libre juego de las ideas.

  10. 10 LILIANA

    Señor Fer­nando:

    Mire si no ten­drá razón BLONDI. ¡Se rebe­la­ron los indios en el norte, y no hay un milico para hacer un círculo de carre­tas para defendernos!

    La pique­tera jujeña, bene­fac­tora del minis­te­rio de Acción Social (que le dá DOS PALOS VER­DES POR MES), en un repor­taje declaró: “antes que ser argen­tina soy ame­ri­cana” y “antes que recon­ci­liar­nos con los blan­cos ellos nos tie­nen que devol­ver todo lo que nos robaron”…

    Si así sigue la his­to­ria, esta será el último de esta serie de capí­tu­los sobre la his­to­ria del terrorismo.

    Esta­mos toma­dos y nos están por qui­tar el cuero cabelludo.

    Liliana Cazorla

  11. 11 El autor

    Esti­mado Señor Rodolfo Sala:

    Le agra­dezco muchí­simo su valiosa opi­nión. Su aporte no es en modo alguno una disen­ción, sino que con­tri­buye al enri­que­ci­miento ~rigu­ro­sa­mente his­tó­rico~ de esta nota.

    Obvia­mente ni este cro­nista (que no vivió la época) ~ni nadie~ es dueño de la vedad en este país.

    Todos somos her­ma­nos en la Patria, y la mayo­ría en Dios, y nues­tra inten­ción es recu­pe­rar la gran­deza y la dig­ni­dad de este pue­blo en el que se cimienta nuesta posteridad.

    Su opi­nión queda agre­gada al informe y lo complementa.

    Salu­dos cordiales

    Car­los Mar­celo Shäferstein

  12. 12 zarha54

    lo felicito!!!!!!!si las cla­ses de his­to­ria se die­ran asi, con la ver­dad y deta­lla­da­mente !otra sería la historia !!!

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