¿De Un Nobel De La Paz Sin Paz
A Un Guantanamo Sin Guantanamo
De Barack Obama?

Desde luego, la pro­mesa del ahora pre­si­dente Obama de clau­su­rar Guan­tá­namo antes del 22 de enero de 2010, deberá sin mayo­res dudas tran­si­tar por un más que espi­noso camino, que incluye prin­ci­pal­mente acep­tar o recha­zar como prue­bas las con­fe­sio­nes arran­ca­das a varios de los dete­ni­dos bajo tor­tura o méto­dos coer­ci­ti­vos. Méto­dos que no son ni líci­tos ni lega­les, ni tam­poco acep­ta­bles bajo nin­gún punto de vista por las prin­ci­pa­les con­ven­cio­nes inter­na­cio­na­les con vigen­cia en la actua­li­dad, aun­que quie­nes con­fe­sa­ron, como en el caso de Kha­led Sheik Moham­med, fue­ran algu­nos de los peo­res terro­ris­tas de los tiem­pos actuales.

La situa­ción de una impor­tante can­ti­dad de ciu­da­da­nos chi­nos de ori­gen uigur dete­ni­dos en el penal de Guan­tá­namo, ha gene­rado nue­vas dudas sobre el grado de pro­ba­bi­li­dad de ocu­rren­cia de las pro­me­sas de cerrar dicha cár­cel en el plazo de un año, efec­tua­das en su momento por el toda­vía can­di­dato Barack Obama, hoy ya pre­si­dente de los EE. UU.

Los uigu­res son una anti­gua etnia de ori­gen tur­co­mano, con­cen­trada en la pro­vin­cia china de Xin­jiang, que no sólo anida sen­ti­mien­tos sepa­ra­tis­tas, sino tam­bién gru­pos terro­ris­tas afi­lia­dos en algún caso a la Red Al-Qaeda.

Unos de los prin­ci­pa­les pro­ble­mas para el cie­rre de Guan­tá­namo, es que no hay con­senso en cuanto a tras­la­dar a una impor­tante can­ti­dad de dete­ni­dos a terri­to­rio esta­dou­ni­dense, para que estos con­ti­núen bajo pro­ceso en cor­tes situa­das en este país.

No forma parte del objeto de este aná­li­sis incur­sio­nar más allá de la super­fi­cie en el ver­da­dero enredo legal que implica resol­ver el caso Guan­tá­namo, por­que ni siquiera hay en la misma Casa Blanca –y ni hablar en la oposición-, un cri­te­rio sólido y unido sobre cómo enfren­tar tan enma­ra­ñada trama de situa­cio­nes entre los detenidos.

Deben sin embargo seña­larse dos hitos judi­cia­les para todos los encau­sa­dos, que se han cons­ti­tuido tam­bién en un pro­blema para los tres pode­res cons­ti­tu­cio­na­les de los EE. UU.: los casos “Bou­me­diene ver­sus Bush” y “Kiyemba ver­sus Obama”. El pri­mero logró que la Corte Suprema de los EE. UU. deci­diera por 5 votos con­tra 4 que un dete­nido en Guan­tá­namo tenía dere­cho a pro­bar que no era un “com­ba­tiente enemigo”. Pero dejó sin embargo un intrín­gu­lis legal al no acla­rar si tenía o no dere­cho a que­darse en los EE. UU. Esta última difi­cul­tad intenta resol­verse con el caso Kiyemba –es decir el segundo hito-, agra­vado luego que el juez Ricardo Urbina, del tri­bu­nal fede­ral de pri­mera ins­tan­cia del Dis­trito de Colum­bia, resol­vió el 18 de octu­bre de 2008 que la deten­ción de los uigu­res era ile­gal. El 18 de febrero de 2009, la Corte de Ape­la­cio­nes, en la reso­lu­ción “Kiyemba v. Obama”, decretó que el juez Urbina había sobre­pa­sado su auto­ri­dad. Pero asi­mismo, en el caso de los 17 uigu­res dete­ni­dos, deter­minó que “la rama eje­cu­tiva ha deter­mi­nado no per­mi­tir que estas per­so­nas entren en Esta­dos Uni­dos”; pero este es un asunto a dilu­ci­dar por la Corte Suprema de Jus­ti­cia. Cabe des­ta­car que Barack Obama no cam­bió la ape­la­ción de la Admi­nis­tra­ción de George W. Bush con­tra la deci­sión del juez Urbina.

Los ciu­da­da­nos de ori­gen uigur dete­ni­dos en Guan­tá­namo cons­ti­tu­yen en sí mismo un caso más que paté­tico, entre el con­junto de dile­mas polí­ti­cos y lega­les a resol­ver antes de la fecha fijada por el pre­si­dente Obama. Cua­tro uigu­res han sido ya tras­la­da­dos a Ber­mu­das, mien­tras que seis acep­ta­ron vivir en la repú­blica de Palau (Mar de Fili­pi­nas). Hay uno de ellos, lla­mado Arkin Mah­moud, de 45 años, que sufre serios tras­tor­nos men­ta­les, nin­gún país quiere reci­birlo y un her­mano suyo se negaba al menos hasta hace poco a aban­do­narlo y a via­jar sin él a Palau, país en el que no habría tra­ta­mien­tos como el que nece­sita ese paciente.

Otros uigu­res espe­ran trá­mi­tes simi­la­res, en medio de fuer­tes pro­tes­tas de China, que desea­ría juz­gar­los en sus pro­pios tri­bu­na­les o tener­los bajo con­trol –en el mejor de los casos– en su pro­pio país. EE. UU. se apone a acep­tar este último reclamo, temiendo por su segu­ri­dad, al igual que la de dete­ni­dos de otras nacio­na­li­da­des que podrían sufrir tor­tu­ras y/o o la pena de muerte en caso de regre­sar a sus paí­ses de origen.

El Con­greso de los EE. UU. acaba de alla­nar en parte el camino de Barack Obama, per­mi­tiendo el tras­lado de algu­nos de los 220 dete­ni­dos en este momento en Guan­tá­namo a pri­sio­nes den­tro de terri­to­rio esta­dou­ni­dense, pero sola­mente para enfren­tar pro­ce­sos judi­cia­les. No obs­tante, ha que­dado tam­bién claro –aún entre tan­tas tinie­blas “lega­les”-, que los pro­ce­sa­dos que fue­ran con­de­na­dos no podrán per­ma­ne­cer en pri­sión den­tro de los EE. UU., como tam­poco aque­llos que fue­ran decla­ra­dos inocen­tes que­darse a vivir en el país.

Pero la corte Suprema tam­bién ha deci­dido que está den­tro de su esfera de influen­cia deter­mi­nar si los jue­ces tie­nen el poder de libe­rar a dete­ni­dos en Guan­tá­namo den­tro de terri­to­rio de los EE. UU. y hay gru­pos defen­so­res de “dere­chos huma­nos que defien­den este dere­cho, al igual que reci­bir com­pen­sa­cio­nes eco­nó­mi­cas. Esto es un retro­ceso para la Casa Blanca y el mismo pre­si­dente Obama, que defien­den el dere­cho a que sea el Eje­cu­tivo quien tenga la última pala­bra sobre per­mi­tir o no la resi­den­cia en los EE. UU. de los pri­sio­ne­ros liberados.

Quien escribe estas líneas dis­cu­tió dichas pre­ten­sio­nes de algu­nos dete­ni­dos, durante una mesa redonda orga­ni­zada este vier­nes pasado por una impor­tante cadena de noti­cias con alcance con­ti­nen­tal de la tele­vi­sión colom­biana. Es que resul­ta­ría una con­tra­dic­ción otor­gar la resi­den­cia en los EE. UU. a extre­mis­tas extran­je­ros de cual­quier ori­gen –aun­que hayan per­dido la con­di­ción de “com­ba­tien­tes enemi­gos”-, mien­tras se niega el mismo dere­cho a otros inmi­gran­tes –inclu­yendo argen­ti­nos o de otros paí­ses de Ibero Amé­rica”-, que se ganan la vida con hones­ti­dad y en muchos casos desde hace déca­das sin con­se­guir tales privilegios.

Pero hay otro pro­blema de una impor­tan­cia más que tras­cen­den­tal que pocos ana­lis­tas inter­na­cio­na­les han abor­dado hasta ahora: el futuro de quie­nes podrían enfren­tar la pena de muerte y su eje­cu­ción con méto­dos como la elec­tro­cu­ción, el gas, la inyec­ción letal, o tal vez otros uti­li­za­dos por tri­bu­na­les militares.

Kha­led Sheik Moham­med, ideó­logo y máximo pla­ni­fi­ca­dor de los ata­ques del 11 de sep­tiem­bre de 2001 en los EE. UU. y uno de los prin­ci­pa­les diri­gen­tes de Al-Qaeda Cen­tral hasta su deten­ción, es sin duda uno de los casos más emble­má­ti­cos a resol­ver vin­cu­la­dos no sólo al marco del “Acta de Patrio­tas” y a la con­di­ción de “enemy com­ba­tant” (“com­ba­tiente enemigo) que per­mi­tió su encau­sa­miento, sino tam­bién a los méto­dos –con­si­de­ra­dos como tor­tu­ras– que cul­mi­na­ron en su confesión.

Las incóg­ni­tas no son pocas:

¿Se acep­ta­rán en las futu­ras cor­tes empla­za­das en los EE. UU. –si final­mente se con­creta el cie­rre físico de la cár­cel de Guantánamo-, el cúmulo de prue­bas arran­ca­das bajo tor­tu­ras o apre­mios de otro tipo cen­su­ra­dos por el mismo Obama?
¿Se apli­cará la pena de muerte en casos como el de Kha­led Sheik Moham­med, sobre cuya res­pon­sa­bi­li­dad en los ata­ques del 11 de sep­tiem­bre de 2001 no debe­ría que­dar duda alguna, al mar­gen de los méto­dos uti­li­za­dos para lograr su confesión?

¿Se pre­ser­vará el pre­cepto de los ritos islá­mi­cos para con­de­na­dos a muerte antes de con­cre­tar la eje­cu­ción de alguno de los culpables?

¿Desata­rán ata­ques terro­ris­tas y otros hechos de vio­len­cia los jui­cios de pri­sio­ne­ros en Guan­tá­namo tras­la­da­dos a los EE. UU. y la poten­cial con­dena a muerte de uno o más de los encausados?

El número de pre­gun­tas podría incre­men­tarse, pero muy pro­ba­ble­mente no pasa­rían de lo espe­cu­la­tivo y tal vez no encon­tra­rían res­pues­tas con­cre­tas como las anteriores.

El pró­ximo paso, ya que se espera en muy pocos días, es la deci­sión del Depar­ta­mento de Jus­ti­cia, que deberá deci­dir cuá­les dete­ni­dos enfren­ta­rán o no cau­sas judi­cia­les y, lo más impor­tante, cuál será el tipo de corte que debe­rán enfren­tar los acusados.

El caso Guan­tá­namo es sin duda uno de los más cru­cia­les para el pre­si­dente Barack Obama, que si bien defiende la ins­ti­tu­ción jurí­dica del habeas cor­pus, podría verse obli­gado a deam­bu­lar entre las pocas y ries­go­sas opcio­nes que tiene entre sus manos.

Una de ellas es ser con­se­cuente con su pro­pia his­to­ria y con el núcleo ultra­pro­gre­sista que lo cata­pultó a la arena polí­tica, que ahora en parte des­con­fía de sus inten­cio­nes. En este caso debe­ría encua­drar a los dete­ni­dos en la ley penal actual, que podría lle­var a la nuli­dad de las actua­cio­nes lle­va­das a cabo en Guantánamo.

La otra y más pro­ba­ble sería crear una espe­cie de corte espe­cial que tenga en cuenta las prio­ri­da­des esta­dou­ni­den­ses en mate­ria de segu­ri­dad nacio­nal, cam­biando geo­grá­fi­ca­mente de lugar a los dete­ni­dos y admi­tiendo las prue­bas obte­ni­das por tor­tura u otras for­mas de coer­ción ile­ga­les para su legis­la­ción actual.

En cual­quiera de los casos, la deci­sión final del pre­si­dente Obama en cum­pli­miento de sus pro­me­sas elec­to­ra­les en el difí­cil caso aquí abor­dado, cons­ti­tuirá un hecho por­ta­dor de futuro hacia una serie de nue­vos, pre­vi­si­bles e inquie­tan­tes escenarios.

Pero si su rumbo lle­gara a enca­mi­narse hacia la opción incli­nada a pre­ser­var la segu­ri­dad nacio­nal de los EE. UU., la con­clu­sión sería que este Nóbel de la Paz sin haber logrado paz alguna para ganar dicho pre­mio, suma­ría a ese tipo de extra­ños “lau­ros” el haber fun­dado un gato­par­dí­simo “Guan­tá­namo sin Guantánamo”.

Fuente: Horacio Calderon

Autor: Horacio Calderon
Analista Internacional

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Un comentario en “¿De Un Nobel De La Paz Sin Paz
A Un Guantanamo Sin Guantanamo
De Barack Obama?”  

  1. 1 GANZUK

    El PRE­MIO NOBEL DE.… la paz…, es una farsa. Darle más impor­tan­cia que el sim­ple anoti­cia­miento es dis­traerse y dis­traer, aun­que reco­nozco que brinda mucha tela para cor­tar a los que tie­nen el HOBBY del “cha­muyo lungo”.
    La capa­ci­dad de deci­sión, el coraje, la valen­tía de los seres huma­nos que fre­cuento, veo que ha dis­mi­nuído en razón inversa al avance feroz de la Tec­no­lo­gía.
    En EE.UU., país de abo­ga­dos, les dan más vuel­tas a los asun­tos que zar­ci­llo de arveja. No se vis­lum­bra la pre­sen­cia de “Pio­ne­ros” con los hue­vos nece­sa­rios para esta­ble­cer un orden…, ¡SÏ!, un orden…, el que se esta­blezca y deba cum­plirse.
    El Con­ti­nente Ame­ri­cano se ha con­ver­tido en una porosa esponja que han embe­bido con resi­duos de la fabri­ca­ción de subs­tan­cias caras, gran nego­cio para los que lo mane­jan, que nece­si­tan el CAOS como carre­tera mer­can­til.
    Soy un hom­bre sim­ple, SIN COM­PRO­MI­SOS con nada ni nadie que no merezca mi afecto, pero el sen­tido común me indica que cuando la esponja esté satu­rada, una mano ama­ri­lla la expri­mirá, enjua­gará bien enjua­gada.….…, y BORRÓN Y CUENTA NUEVA.

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