Los Kirchner, El Poder y El Caos:

¿Semi­llas De Un Futuro Estado Fallido?

Si bien parte del apo­ca­líp­tico título de este artículo no apunta a defi­nir a la Argen­tina como un Estado fallido en la actua­li­dad (sería poco serio afir­marlo apli­cando un estricto rigor aca­dé­mico), ni tal vez camino a serlo a muy corto plazo, lo cierto es que exis­ten en el pre­sente un pro­ceso en desa­rro­llo y las con­di­cio­nes pro­pi­cias exis­ten­tes en otros casos que, de no rever­tirse, podrían lle­var al país a un grado irre­ver­si­ble de desin­te­gra­ción nacional.

El grado ascen­dente de con­flicto que la Argen­tina padece desde hace varios años, más allá de sus cau­sas mul­ti­fa­cé­ti­cas y mul­ti­di­men­sio­na­les, tanto inter­nas como exter­nas, per­mite sí afir­mar sin amba­ges que ello es tam­bién con­se­cuen­cia del irres­peto a la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal –pie­dra angu­lar de nues­tro sis­tema repu­bli­cano– y la ausen­cia de apli­ca­ción de la ley y res­guardo del orden por parte de los tres pode­res cons­ti­tu­cio­na­les, en el marco de las res­pon­sa­bi­li­da­des que son espe­cí­fi­cas a cada uno de ellos. Resul­ta­ría injusto hacer refe­ren­cia sola­mente al Poder Eje­cu­tivo, dado el estado de ser­vi­dum­bre de muchos jue­ces y legis­la­do­res y el trans­fu­guismo polí­tico de algu­nos gober­na­do­res y otros ser­vi­do­res públi­cos, que se acer­can o ale­jan del poder cen­tral –muchas veces dando la espalda al mismo orden constitucional-, si de sal­var sus pro­pios intere­ses se trata.

No forma parte de la idea de este docu­mento ana­li­zar los ante­ce­den­tes his­tó­ri­cos de algu­nos Esta­dos débi­les, falli­dos o en camino a serlo, ya que la Argen­tina y los argen­ti­nos en gene­ral tie­nen un sello dis­tin­tivo pro­pio que los dife­ren­cia de otros países.

No obs­tante, la Argen­tina carece en el momento actual de las con­di­cio­nes que requiere todo Estado para arro­garse su con­di­ción de tal, a lo cuál se agrega un Gobierno coman­dado por una socie­dad matri­mo­nial y un núcleo redu­cido núcleo de fie­les, que inten­tan apli­car polí­ti­ca­mente la “teo­ría del caos”, sin otro obje­tivo que la acu­mu­la­ción de un poder que podría esta­llar­les en las manos en cual­quier momento.

Actual­mente se per­cibe y com­prueba en el terreno un altí­simo cre­ci­miento de la cri­mi­na­li­dad y de la corrup­ción en los más altos nive­les del Estado Nacio­nal y de la mayo­ría de los Esta­dos pro­vin­cia­les. Ade­más, podría afir­marse prima facie, por los casos más recien­tes de adul­te­ra­ción de medi­ca­men­tos, trá­fico de efe­drina con des­tino al nar­co­trá­fico, crí­me­nes por encargo y otros gra­ví­si­mos deli­tos que son de cono­ci­miento público, que existe un severo com­pro­miso entre el cri­men orga­ni­zado y agen­tes de la fun­ción pública situa­dos a lo largo y a lo ancho de todos los nive­les jerár­qui­cos estatales.

Con tamaño ejem­plo –y ello es ade­más parte de las con­di­cio­nes nece­sa­rias pre­exis­ten­tes para el debi­li­ta­miento pro­gre­sivo de un Estado hasta que este quede des­truido en su con­di­ción del tal-, es lógico espe­rar que la con­ver­gen­cia entre cri­mi­na­li­dad y corrup­ción gene­ra­li­zada se haga exten­siva a todos los sec­to­res de nues­tra socie­dad, inclu­yendo a las ins­ti­tu­cio­nes que en con­di­cio­nes nor­ma­les debe­rían ser el basa­mento per­ma­nente de nues­tro sis­tema republicano.

Un capí­tulo aparte es el manejo de la Eco­no­mía y de los espu­rios mane­jos de los nego­cios del Estado por parte del Gobierno nacio­nal, que dila­pida el era­rio público para sol­ven­tar agen­das de orga­ni­za­cio­nes adic­tas y suje­tos de sinies­tra repu­tación, quie­nes actúan desde hace años como fuer­zas de cho­que para­es­ta­ta­les y gozan de todas las pre­ben­das y hasta del más fluido acceso al más alto nivel oficial.

Asi­mismo, sería un insulto a la inte­li­gen­cia negar que sola­mente con un alto grado de aquies­cen­cia por parte del círculo gober­nante de nues­tro país, podría per­mi­tirse que algu­nas de tales orga­ni­za­cio­nes y sus líde­res figu­ren tam­bién en las nómi­nas de pago de gobier­nos como el de Vene­zuela y de Cuba, que orques­tan y finan­cian acti­vi­da­des en terri­to­rio argen­tino que res­pon­den exclu­si­va­mente a los obje­ti­vos polí­ti­cos pro­pios y exclu­si­vos de estos acto­res esta­ta­les. Ello sucede, ade­más, por­que hay una clara inter­sec­ción de agen­das y acuer­dos meto­do­ló­gi­cos entre algu­nos dic­ta­dor­zue­los de la región y sus “alia­dos estra­té­gi­cos” de la “socie­dad en coman­dita por accio­nes” del matri­mo­nio Kir­ch­ner y el círculo íntimo que com­parte su pro­yecto de poder.

No obs­tante, uno de los pro­ble­mas que enfren­tan Cris­tina Fer­nán­dez de Kir­ch­ner y Nés­tor Kir­ch­ner, es que la situa­ción finan­ciera actual les impide con­ti­nuar alqui­lando o sub­si­diando a varios de sus anti­guos alia­dos. La situa­ción creada como con­se­cuen­cia de esto es que se pre­senta para ellos el peor de los esce­na­rios, que es ser enfren­ta­dos desde la extrema izquierda, por orga­ni­za­cio­nes que ambos Kir­ch­ner alen­ta­ron y sub­si­dia­ron con­junta y coor­di­na­da­mente hasta hace poco tiempo.

El alto grado de dete­rioro de la cohe­sión social, avi­vado por la serie de con­flic­tos alen­ta­dos por el mismo matri­mo­nio Kir­ch­ner y sus vio­len­tos ope­ra­do­res para­es­ta­ta­les, podría con­du­cir en tiem­pos no leja­nos a una situa­ción caó­tica y fuera de todo control.

¿Pero es posi­ble, más allá de la pro­ba­bi­li­dad de ocu­rren­cia, que la socie­dad Kich­ner intente gene­rar una situa­ción caó­tica, para luego repri­mir y acu­mu­lar un mayor poder? La res­puesta a dicha pre­gunta es afir­ma­tiva, como tam­bién de mediana a alta la pro­ba­bi­li­dad de ocu­rren­cia que inten­ten gene­rar una situa­ción de caos, para reti­rarse tem­po­ral­mente con ese pre­texto del esce­na­rio polí­tico del país y dejar tamaño legado a un débil suce­sor, con el objeto de inten­tar luego un retorno triun­fal. Otro esce­na­rio no menos pro­ba­ble, como cul­mi­na­ción de las ten­den­cias que se obser­van actual­mente y si la situa­ción evo­lu­cio­nara favo­ra­ble­mente –se entiende que con los Kich­ner mane­jando el caos y no sucum­biendo como con­se­cuen­cia de él-, es que se intente anu­lar la más mínima opo­si­ción y asu­mir el con­trol total del poder. Res­ta­ría saber con qué tipo de pre­tex­tos lo harían, aun­que dadas las arre­me­ti­das actua­les en el marco de un supuesto “Estado de Dere­cho”, debe­rían caber muy pocas dudas sobre los pro­ba­bles desen­la­ces, si se diera tal hipo­té­tico plan.

El gran pro­blema para el cum­pli­miento de sus pla­nes, es que la visión de cabo­taje del famoso bino­mio le impide per­ci­bir el peli­gro que implica gene­rar una situa­ción de caos polí­tico y social, que luego sería extre­ma­da­mente difí­cil de con­tro­lar, por la diná­mica de las varia­bles que sue­len par­ti­ci­par en ese tipo de procesos.

Las con­di­cio­nes bási­cas nece­sa­rias para con­du­cir al país a un estado fallido están dadas sobra­da­mente en la Argen­tina y son las siguientes:

Pér­dida de la con­di­ción de “buen Gobierno”, algo que el país ha per­dido pro­gre­si­va­mente a tra­vés de las últi­mas déca­das, situa­ción hoy agra­vada por el irres­peto y atro­pe­llo –según el caso– a muchas de las leyes vigen­tes por parte de las dos admi­nis­tra­cio­nes Kirchner.

Dis­mi­nu­ción gra­dual de la capa­ci­dad del Gobierno Nacio­nal de ejer­cer debida y ple­na­mente las fun­cio­nes que le asigna la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal, como pilar de todo el edi­fi­cio jurí­dico que ase­gura la vigen­cia del sis­tema republicano.

Auto­ne­ga­ción por parte del Gobierno Nacio­nal del dere­cho pero tam­bién de la obli­ga­ción de pre­ser­var el orden público frente a la grave situa­ción impe­rante, creando y/o man­te­niendo las con­di­cio­nes para pre­ser­var la segu­ri­dad inte­rior y la con­cor­dia entre los habi­tan­tes del país, sean estos nati­vos o extranjeros.

Degra­da­ción de la situa­ción socio-económica, agra­vada por un alto nivel de corrup­ción y la acti­vi­dad de orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les enquis­ta­das en todos los nive­les esta­ta­les (de la Nación y las pro­vin­cias), comen­zando por el narcotráfico.

Desin­te­gra­ción pro­gre­siva del tejido social y aumento de la cri­mi­na­li­dad común, del nar­co­trá­fico y del con­sumo ile­gal de estu­pe­fa­cien­tes, esti­mu­la­dos por una doc­trina penal afín a escue­las abo­li­cio­nis­tas que pri­vi­le­gian al delin­cuente y des­co­no­cen los dere­chos de las víc­ti­mas y de los ciu­da­da­nos ame­na­za­dos cons­tan­te­mente por maleantes.

Inmi­gra­ción sin con­trol ni pro­gra­mas de aco­gida por parte del Gobierno Nacio­nal, que se con­cen­tra en los prin­ci­pa­les cen­tros urba­nos, con ciu­da­da­nos extran­je­ros que care­cen muchas veces de tra­bajo fijo. Por ello y más allá del grado de cri­mi­na­li­dad, una impor­tante pro­por­ción de dichos inmi­gran­tes resulta pro­pensa a ser ten­tada para rea­li­zar acti­vi­da­des delic­ti­vas de todo tipo, esti­mu­lando el cre­ci­miento per­verso de la eco­no­mía ile­gal, que con­tri­buye a su vez a la esta­bi­li­za­ción del sis­tema de corrupción.

Des­truc­ción de los sis­te­mas de defensa, segu­ri­dad e inte­li­gen­cia, comen­zando por el estado de des­man­te­la­miento y des­truc­ción pro­gre­sivo –desde hace déca­das– de las FF. AA., redu­ci­das en la actua­li­dad a una situa­ción prác­ti­ca­mente irre­ver­si­ble, que podría impe­dir­les cum­plir con la más insig­ni­fi­cante de las misio­nes para las cua­les fue­ron fun­da­das en los albo­res de nues­tra patria.

Las con­di­cio­nes sin­té­ti­ca­mente men­cio­na­das, que son carac­te­rís­ti­cas de un Estado débil, fallido o en vías de serlo, no son las únicas, desde luego, por­que en el caso argen­tino podría escri­birse un ver­da­dero tra­tado sobre todas y cada una de las mismas.

El pro­yecto de poder kir­ch­ne­rista apa­rece así, por acción u omi­sión, como extre­ma­da­mente fun­cio­nal a los intere­ses forá­neos y domés­ti­cos que no tie­nen otro obje­tivo que arro­jar a la Argen­tina al cesto de des­per­di­cios de la Historia.

Lamen­ta­ble­mente, la opo­si­ción polí­tica se encuen­tra en estado de frag­men­ta­ción, como tam­bién pade­ciendo en algu­nos casos de un alto grado de rela­ti­vismo moral, como el que han demos­trado pade­cer, recien­te­mente, algu­nos de sus prin­ci­pa­les actores.

El pro­pó­sito de este breve tra­bajo es tam­bién final­mente expo­ner los linea­mien­tos gene­ra­les de la grave situa­ción actual, con el único objeto de con­tri­buir a dis­cu­sio­nes sobre su con­te­nido, con aque­llos que pudie­ran intere­sarse en estu­diar las res­pues­tas más ade­cua­das, para inten­tar el quie­bre de las ten­den­cias actua­les, en el marco de la Cons­ti­tu­ción y de las leyes vigen­tes de la República.

Fuente: HoracioCalderon.com

Autor: Horacio Calderón

Analista Internacional

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Un comentario en “Los Kirchner, El Poder y El Caos:”  

  1. 1 Blondi

    Cuenta con auto­ri­dad moral para hablar exce­lente Can­ci­ller y hom­bre de bien. Nota de pres­ti­gio para estas paginas.

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