Un gobierno peligroso…

Los Kir­ch­ner jue­gan con la espe­ranza que tiene la gente humilde por mejo­rar. Pero es impo­si­ble que pue­dan mane­jar a la socie­dad recha­zando los valo­res indi­vi­dua­les y pro­pi­ciando un ideal de vida basado en una socie­dad cerrada.

Los argen­ti­nos no tie­nen amor por la ser­vi­dum­bre, aún poseen sufi­ciente fuerza moral como para rebe­larse con­tra la opre­sión de un régi­men que pre­tende ser autoritario.

En nues­tro país, la gente rechaza ser mane­jada por el miedo y diri­gida por el odio, como lo es Cuba y Vene­zuela en la actua­li­dad. Tam­poco desea sumirse en el ais­la­miento por la impo­si­ción de mura­llas que impi­den el comer­cio y el tuteo con el mundo.

No es el Estado el que tiene que pro­veer de las nece­si­da­des. Si se acepta, en nom­bre de la como­di­dad para evi­tar deci­dir, junto con la pro­tec­ción siem­pre apa­re­cen leyes coer­ci­ti­vas que obli­gan a empe­ñar la libertad.

Las utó­pi­cas men­ti­ras de los Kir­ch­ner, nos hicie­ron vol­ver a la irres­pon­sa­bi­li­dad de la infan­cia. Toma­ron las rien­das de nues­tras vidas estre­chando la liber­tad a cam­bio de la pro­mesa de pro­tec­ción. Detrás de ella vino el con­trol, la des­truc­ción del orden demo­crá­tico, la dis­mi­nu­ción de la liber­tad indi­vi­dual, la per­se­cu­ción a quie­nes no pien­san y actúan como el gobierno desea.

Nos qui­sie­ron hacer acep­tar, como legi­ti­mas, medi­das coer­ci­ti­vas, en nom­bre de que Cris­tina Kir­ch­ner llegó a la pre­si­den­cia por méto­dos lega­les. El Eje­cu­tivo, con los pode­res que le rega­la­mos por medio de nues­tros repre­sen­tan­tes, com­pra empre­sas, sub­si­dia y pro­tege a quie­nes acep­tan sin chis­tar sus órde­nes. Gasta el fruto de nues­tro tra­bajo diciendo que es en favor de toda la sociedad.

El gobierno no es el indi­cado de aho­rrar­nos los pesa­res y angus­tias que trae la lucha dia­ria que implica vivir. Somos noso­tros, cada uno, con nues­tras deci­sio­nes los que debe­mos pen­sar y ele­gir cómo será nues­tra existencia.

No nece­si­ta­mos que los Kir­ch­ner se auto­pro­cla­men nues­tros guías y ánge­les de la guarda. Por desidia, y la cos­tum­bre de que­rer dejar todo en manos del Gobierno, parte de la socie­dad aceptó que ambos bus­ca­ran en el pasado cul­pa­bles de su pro­pio fra­caso. Fomen­ta­ron el enfren­ta­miento y la divi­sión de los argen­ti­nos, revi­vie­ron recuer­dos dolo­ro­sos y die­ron una ver­sión ale­jada de la reali­dad para ocul­tar la con­vul­sio­nada situa­ción que pro­vo­can sus erro­res polí­ti­cos y económicos.

Se ha demos­trado, una vez más, que nin­gún gober­nante puede dar solu­cio­nes idea­les para todos los pro­ble­mas del país. Son los ciu­da­da­nos quie­nes preo­cu­pán­dose por ellos inten­ten solu­cio­nar­los y ser res­pon­sa­bles de sus equi­vo­ca­cio­nes, caerse, y levan­tarse con el esfuerzo pro­pio. La ayuda del estado con­siste en hacer res­pe­tar leyes que los iguale a todos, los defienda y proteja.

Utó­pi­cas son las pro­me­sas de los ilu­mi­na­dos gober­nan­tes popu­lis­tas, que pre­ten­den orga­ni­zar a la socie­dad como si fuera una empresa, a la medida de sus deseos. La socie­dad es un fenó­meno espon­tá­neo, como lo es la demo­cra­cia o el len­guaje. No es posi­ble meterla en mol­des como desean los Kir­ch­ner. Para ello, como suce­dió en todos los paí­ses que lo inten­ta­ron, se debe des­po­jar de la liber­tad de pen­sar y ele­gir pro­vo­cando inmen­sos males: pobreza que trae la falta de crea­ti­vi­dad y com­pe­ten­cia, ais­la­miento, des­truc­ción de la ética del tra­bajo, uni­for­mi­dad de la opi­nión, poli­cía secreta, edu­ca­ción como ins­tru­mento del estado, doc­trina y par­tido único.

No existe razón alguna para que siga­mos sos­te­niendo leyes y actos que res­trin­gen nues­tra liber­tad de aso­cia­ción, cir­cu­la­ción, opi­nión y de comercio.

Hay que mos­trar a la pre­si­dente que esta­mos dis­pues­tos a defen­der la divi­sión de pode­res, la liber­tad indi­vi­dual y a recha­zar el avance de la acción del gobierno sobre la socie­dad civil.

Los par­la­men­ta­rios, por su parte, tie­nen que abo­lir todas las leyes que obs­ta­cu­li­zan la libre elec­ción y desem­peño del ciu­da­dano. Y si así no lo hicie­ran, debe­mos impo­nerlo con movi­li­za­cio­nes ciu­da­da­nas y actos de repudio.

No se pue­den seguir tole­rando las res­tric­cio­nes a nues­tra liber­tad: la tole­ran­cia acaba donde comienza la intolerancia.

Por­que vote­mos a un hom­bre honesto, no cam­biará la situa­ción que vivi­mos si se con­ti­núa con el des­po­tismo que sig­ni­fica un sis­tema que aumenta la coac­ción del Estado sobre las per­so­nas, aun­que sea con la sana inten­ción de dar feli­ci­dad a todos.

En estos días, se ha jus­ti­fi­cado que el gobierno usurpe los bie­nes de unos, para dár­se­los a otros con­si­de­ra­dos más nece­si­ta­dos de aten­ción. Los sub­si­dios recien­tes a los jóve­nes, no tiene en cuenta que hay dife­ren­cias entre el que real­mente lo nece­sita y el que no. Por otro lado, se aceptó la con­fis­ca­ción de habe­res a los jubi­la­dos, pro­vo­cán­do­les vivir su futuro en la estre­chez, mien­tras se aplau­dió el “plus” que, por única vez, se les dará a fin de año.

Nues­tra volun­tad no está enca­de­nada a sus auto­ri­ta­rias deci­sio­nes. Que hayan lle­gado al poder, vía elec­cio­nes, no sig­ni­fica que tie­nen pie­dra libre para vio­lar las ins­ti­tu­cio­nes usán­do­las para fines espu­rios. Se han ale­jado de la res­pon­sa­bi­li­dad que tie­nen como gober­nan­tes de res­pe­tar los dere­chos indi­vi­dua­les y de man­te­ner un clima pací­fico y seguro donde poda­mos desa­rro­llar­nos como personas.

No son gober­nan­tes por dere­cho divino –aun­que parece que así lo creen– esta­mos en nues­tro dere­cho de uti­li­zar lar armas que nos dan las leyes para evi­tar sigan come­tiendo des­ma­nes que pon­gan en peli­gro a la República.

Nues­tra pre­si­dente acre­cienta la heren­cia a los futu­ros gober­nan­tes, con todo lo que ello sig­ni­fica: aumento side­ral del gasto público, défi­cit fis­cal cada vez mayor, infla­ción, dis­mi­nu­ción de com­pe­ti­ti­vi­dad, falta de inver­sio­nes, pér­dida de con­fianza del mundo en nues­tro país y debi­li­ta­miento de las ins­ti­tu­cio­nes demo­crá­ti­cas, entre otros males.

¿Nos mere­ce­mos tanta des­ven­tura?

*Autora de “El Cre­púsculo Argen­tino”. Lumiere. 2006

Autor: Elena Valero Narváez.*

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Un comentario en “Un gobierno peligroso…”  

  1. 1 Giuseppina La Garibaldi

    Nin­gún ser humano se merece ser tra­tado como un sir­viente. Tam­poco des­po­jado de lo que es suyo por vida tra­ba­jada. Mucho menos verse arre­ba­tado de sus hijos, padres, madres y afec­tos en gene­ral. Cuando todo esto sucede y se imple­menta como meca­nismo coti­diano, cuando se exa­cerba el veja­men hasta el paro­xismo, se fus­tiga al ciu­da­dano cas­ti­gán­dolo por peca­dos que no come­tió y se libran bata­llas exter­mi­na­do­ras de buena gente SIN QUE ÉSTAS PER­SO­NAS REAC­CIO­NEN, enton­ces sí pasa algo grave. Real­mente grave. Enfer­mi­za­mente graves.

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