Chávez marxista

“La polí­tica es el arte de bus­car pro­ble­mas, encon­trar­los, hacer un diag­nós­tico falso y apli­car des­pués los reme­dios equi­vo­ca­dos”.- Grou­cho Marx

Es sor­pren­dente la reve­la­ción del pre­si­dente vene­zo­lano de decla­rarse mar­xista y de reco­no­cer que nunca leyó a Karl Marx, ni menos, obvia­mente “Das capi­tal” el libro fun­da­men­tal. Pero, al mismo tiempo, se declaró cris­tiano (en con­tra­dic­ción a Marx quien era judío) y no sería raro que ni siquiera haya leído el cate­cismo. Esto, sin duda, lo hace ignaro tanto en la filo­so­fía huma­nista de Marx como en la moral cris­tiana del evangelio.

Se dice que, en espe­cial en Amé­rica Latina, exis­ten muchos mar­xis­tas que o no leen a Marx por flo­jera men­tal, o por­que el C. I. es muy bajo para enten­derlo. El afán de pene­trar, de poseer, un marco teó­rico para el accio­nar polí­tico hace que muchos de estos indi­vi­duos, como Chá­vez, recu­rran a “manua­les” con­cep­tua­les como los de Marta Har­ne­cker o Heinz Die­te­rich (2009), para decir a los cua­tro vien­tos soy mar­xista, enre­dán­dose en una ver­bo­rrea que final­mente no les per­mite enten­der que el método mar­xista con­siste en con­si­de­rar el mate­ria­lismo his­tó­rico y la dia­léc­tica como las herra­mien­tas filo­só­fi­cas que per­mi­ten al mar­xista enten­der la reali­dad actual, no la de ayer, en espe­cial en tér­mi­nos de cri­sis de fun­cio­na­miento del capitalismo.

Para enten­der “Das Capi­tal” hay que aden­trarse pro­fun­da­mente en la teo­ría de la Plus­va­lía (y de paso leer a Ludo­vico Silva, quien tra­bajó con la “Plus­va­lía Ideo­ló­gica”, cues­tión que tan bien maneja Chá­vez pero, sin saber por qué). Lo que es cierto es que “la teo­ría la plus­va­lía, dado su carác­ter cen­tral, eli­mina toda pre­ten­sión cien­tí­fica de cen­tra­li­za­ción y de domi­nio con­ce­bida desde el inte­rior de la teo­ría del valor. Es así que la teo­ría de la plus­va­lía mul­ti­plica el anta­go­nismo en el terreno de la micro­fí­sica del poder. Y, que la teo­ría de la com­po­si­ción de clase refunda el pro­blema del poder en una pers­pec­tiva que no es la de la uni­dad, sino la de la mul­ti­pli­ci­dad, la de las nece­si­da­des, la de la liber­tad” (Gue­rrero, p. 13; 2009), cues­tión que Chá­vez rechaza de plano y, ade­más, parece no enten­der, así como no lo entien­den sus supues­tos ase­so­res si es que los tiene, entre ellos, a algún marxista.

Marx define el con­cepto Mer­can­cía, algo cen­tral a su tra­bajo pues de allí sale el con­cepto de plus­va­lor, como el cúmulo de bie­nes que crean la riqueza. La natu­ra­leza de la mer­can­cía, según Marx es bifa­cé­tica; es decir, Marx señala como en la mer­can­cía están con­te­ni­dos dos tipos o for­mas del valor, el valor de cam­bio y el valor de uso, el tra­bajo que pro­duce una mer­can­cía tam­bién con­tiene dos face­tas dife­ren­tes, dos “caras de la misma moneda”. Una, como tra­bajo con­creto o tra­bajo útil, crea­dor de valo­res de uso, y otra, como tra­bajo abs­tracto, crea­dor de valo­res de cambio.

Todo tra­bajo es, por un lado, gasto de fuerza humana de tra­bajo en un sen­tido fisio­ló­gico, y es en esta con­di­ción de tra­bajo humano igual, o de tra­bajo abs­trac­ta­mente humano, como cons­ti­tuye el valor de la mer­can­cía. Todo tra­bajo, por otra parte, es gasto de fuerza humana de tra­bajo en una forma par­ti­cu­lar y orien­tada a un fin, y en esta con­di­ción de tra­bajo útil con­creto pro­duce valo­res de uso […]” (El Capi­tal, p. 43, 2000)

En este punto, solo debe­mos decir que Marx ni siquiera vis­lum­bró el tra­bajo de la robó­tica que existe en la actua­li­dad, incluso en las indus­trias que Chá­vez se está encar­gando de cerrar o expro­piar según sea el caso y según sean sus desig­nios.

Marx con­ti­núa, al res­pecto, diciendo que:

En un comienzo, la mer­can­cía se nos puso de mani­fiesto como algo bifa­cé­tico, como valor de uso y valor de cam­bio. Vimos a con­ti­nua­ción que el tra­bajo, al estar expre­sado en el valor, no poseía ya los mis­mos ras­gos carac­te­rís­ti­cos que lo dis­tin­guían como gene­ra­dor de valo­res de uso. He sido el pri­mero en expo­ner crí­ti­ca­mente esa natu­ra­leza bifa­cé­tica del tra­bajo con­te­nido en la mer­can­cía […] este punto es el eje en torno al cual gira la com­pren­sión de la eco­no­mía polí­tica” (El Capi­tal, p. 43, 2000);

Lamen­ta­ble­mente, y a con­fe­sión de par­tes, relevo de prue­bas, Chá­vez ha con­fe­sado no haber leído a Marx ni haber leído siquiera el Cate­cismo, de allí pode­mos des­pren­der, sin duda, sus abe­rra­das deci­sio­nes eco­nó­mi­cas que no entien­den el prin­ci­pal con­cepto mer­can­cías, refe­rente a cosas, bie­nes, y pro­duc­ción y menos entiende el con­cepto cris­tiano de la caridad.

La mer­can­cía es, por una parte, una cosa, y por otra parte una cosa que tiene pre­cio. Ser cosa –o bien, u objeto exte­rior es lo mismo que tener “valor de uso”, es decir, con­siste en su cua­li­dad o con­junto de pro­pie­da­des natu­ra­les que se mani­fies­tan en su uti­li­dad, aun­que dichas pro­pie­da­des “natu­ra­les” no dejen de estar deter­mi­na­das his­tó­ri­ca­mente. Por otra parte, su pre­cio no es sino una forma de tener “valor de cam­bio”, algo que pre­senta una dimen­sión cuan­ti­ta­tiva inme­diata, que se puede y debe medir (aun­que esas medi­das se desa­rro­llen tam­bién de forma his­tó­ri­ca­mente cam­biante; por ejem­plo, en unos años más el valor del barril de petró­leo será ínfimo por no tener uso. Y, si se per­pe­túa su extrac­ción sería anti­na­tu­ral pues éste no ser­vi­ría para sus pro­pó­si­tos que fun­da­men­tal­mente es la energía).

Por su parte, el valor de cam­bio de la mer­can­cía parece una con­tra­dic­ción (con­tra­dic­tio in adiecto, dice Marx en Das Kapi­tal) pues la mer­can­cía no tiene uno sino múl­ti­ples valo­res de cam­bio. En efecto, cuando se dice que una uni­dad de la mer­can­cía X “equi­vale a una can­ti­dad a de la mer­can­cía Y, o a una can­ti­dad b de la mer­can­cía Z, etc., salta a la vista que todos estos valo­res de cam­bio no son sino “for­mas” de un con­te­nido dife­ren­cia­ble, expre­sio­nes de un algo que es común, que es igual, algo de la misma mag­ni­tud pre­sente a la vez en las dos cosas que se com­pa­ran en cada caso. Pero ese algo no puede ser una pro­pie­dad cor­pó­rea o sen­si­ble de la mer­can­cía en cuanto cosa, por­que todas las pro­pie­da­des de este tipo que carac­te­ri­zan a los dis­tin­tos bie­nes sólo sir­ven para dis­tin­guir­los entre sí, no para igua­lar­los. Por con­si­guiente, si abs­trae­mos de los dife­ren­tes valo­res de uso todas esas pro­pie­da­des, y no deja­mos ni un ápice o átomo del valor de uso, a las mer­can­cías sólo les puede que­dar una cosa en común: la pro­pie­dad de ser todas ellas pro­ducto del trabajo”.

Ahora bien, dice Marx, citado por Gue­rrero, (2009) el tra­bajo que es común a todas las mer­can­cías es el tra­bajo humano indi­fe­ren­ciado, el tra­bajo abs­trac­ta­mente humano. Por tanto, la sus­tan­cia que se mani­fiesta en los valo­res de cam­bio es algo dis­tinto del valor de cam­bio: es el valor de la mer­can­cía. Y el valor de cada mer­can­cía, este valor mer­can­til que sub­yace a los valo­res de cam­bio, es una sus­tan­cia social, la cris­ta­li­za­ción de esa sus­tan­cia social común. No es por tanto una sus­tan­cia natu­ral sino supra­na­tu­ral, abs­tracta o supra­sen­si­ble, y hace de cada mer­can­cía no la mera cosa que es sino tam­bién una gela­tina homo­gé­nea de tra­bajo, una cri­sá­lida social gene­ral con una obje­ti­vi­dad espectral.

En defi­ni­tiva, Marx plan­tea que el tra­bajo es, lo que final­mente, le da valor a la mer­can­cía, tenga este uso o no. Así por ejem­plo si un indi­vi­duo se ocupa de fabri­car vasos pero no les hace la boca por donde colo­car el líquido y luego beber, nos encon­tra­re­mos que en el pro­ceso hubo varios tra­ba­jos, desde la extrac­ción de la mate­ria prima, pasando por su trans­for­ma­ción pri­ma­ria, hasta lle­gar al vidrio que per­mite hacer el vaso. Segu­ra­mente Chá­vez, le pon­dría pre­cio a ese vaso y, es más, se lo fija­ría para “evi­tar la espe­cu­la­ción” aun­que nadie se lo com­pra­ría por­que no tiene uso y por lo tanto su valor es cero desde ese punto de vista; en ese caso él podría cali­fi­carse de mar­xista aun­que no haya leído a Marx.

Chá­vez, sin duda, no enten­derá esto, y yo no me expla­yaré más por­que nece­si­ta­ría al menos 200 pági­nas para expli­car este “pequeño” deta­lle del valor y, aún así, me cos­ta­ría decirle: Coman­dante, no lea El Capi­tal pues es más difí­cil que el dia­blo y es más con­tra­dic­to­rio que usted en el Laberinto.

Refe­ren­cias

Gue­rreo, D.; El Capi­tal de Marx; p, 13

Marx, K; E l c a p i t a l; Libro pri­mero, volu­men 1, sec­ción 1.

Har­ne­cker, M. y Die­te­rich H.; Filó­so­fos marxistas

Autor: Mario H. Concha Vergara

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


2 Comentarios en “Chávez marxista”  

  1. 1 jose perez

    Yo creo, Don Mario, que usted se ha expla­nado dema­siado, dando una ver­da­dera clase de eco­no­mia a un sujeto que estoy seguro no se ha atre­vido a leer su estu­dio, al igual que obvia­mente no tine ni la mas p..idea de los con­cep­tos Mar­xis­tas ) pues para ese sujeto con traje de bata­lla la bru­ta­li­dad e incom­pren­sion sobre cier­tos temas, aun los mas sim­ples, lo hacen total­mente inepto , sobre­todo por­que ade­mas de que sus neu­ro­nas no logran las sinap­sis ade­cua­das, sus estu­dios basi­cos no han ido mas alla que el de ponerse una espe­cie de “morral”,a la espalda para luego lan­zarse de un avion. Su carac­te­ris­tica cra­neana, mas pare­cida a un tro­glo­dita ya dice mucho de lo que se puede espe­rar , pues toda­via no ha ter­mi­nado de enten­der lo que su admi­rado Boli­var sugi­rio.…” moral y luces, son nues­tros .…etc.etc.etc.”

  2. 2 Angel

    Cha­vez no es comu­nista ni mar­xista, es un sim­ple fas­cista ile­trado.
    Marx mismo no era comu­nista sino que se hizo millo­na­rio en la bolsa de Lon­dres. Sus libros fue­ron una bus­queda por el equi­li­brio en la dis­tri­bu­cion de rique­zas cuando la revo­lu­cion indus­trial dejaba cien­tos de miles de per­so­nas, del campo y ciu­dad, sin empleo.
    Tam­poco era judio, si enten­de­mos por ello la per­te­nen­cia a un pue­blo, su padre era rabino, su ape­llido tenia ori­gen judio pero el se mani­fes­taba rene­gado, obvia­mente es esa época no se per­se­guían judios en Lon­dres, si hubiese vivido en la Fran­cia de Drey­fus, segu­ra­mente se “hubiese sen­tido” judio.

Deje un comentario