Diferencia Entre Estado y Nación

Durante los pri­me­ros veinte años trans­cu­rri­dos en el siglo pasado desde el final de la Segunda Gue­rra Mun­dial, muchos nue­vos esta­dos fue­ron uni­ver­sal­mente reco­no­ci­dos. Dichos esta­dos eran pro­ducto de la inde­pen­den­cia de las anti­guas colo­nias euro­peas. En algu­nas regio­nes esta inde­pen­den­cia fue la cul­mi­na­ción de una etapa vio­lenta, como en el caso de Angola, Mozam­bi­que, Viet Nam o Arge­lia. No obs­tante, en la mayo­ría de los casos esa vio­len­cia se desató o cul­minó des­pués de que los colo­ni­za­do­res euro­peos deci­die­ron irse con su música a otra parte.

Aun­que el ejem­plo más nota­ble de este tipo de con­fla­gra­ción ocu­rrió en el sub­con­ti­nente asiá­tico entre India y Paquis­tán, por las lla­ma­das “dispu­tas fron­te­ri­zas”, prin­ci­pal­mente en el área de Cache­mira (“dispu­tas” que even­tual­mente resul­ta­ran en 1971 en la crea­ción de un ter­cer estado lla­mado Ban­gla­desh, con nada menos que 56, 000 millas cua­dra­das de terri­to­rio y más de 130 millo­nes de habi­tan­tes), las gue­rras “intes­ti­nas” de mayor dura­ción han sido las de Africa.

Estas con­tien­das inco­rrec­ta­mente lla­ma­das civi­les, fue­ron pro­ducto directo de las fron­te­ras colo­nia­les. Esas fron­te­ras fue­ron esta­ble­ci­das a fina­les del siglo XIX, de acuerdo a la volun­tad de impe­rio y capa­ci­dad expan­siva de cada país euro­peo invo­lu­crado en esas empre­sas. Nunca importó un adarme la etni­ci­dad y cul­tura de los pue­blos colo­ni­za­dos. De este modo muchas nacio­na­li­da­des (o tri­bus) se encon­tra­ron de pronto divi­di­das por fron­te­ras arti­fi­cia­les y arbi­tra­rias, impues­tas por las bayo­ne­tas europeas.

Aún peor, en muchos casos se for­zaba así la vida en común con otras nacio­na­li­da­des de enemi­gos ances­tra­les. Cuando la fatiga impe­ria­lista con­dujo a una reti­rada que por razo­nes evi­den­tes no pudo ser simul­tá­nea, esas fron­te­ras arti­fi­cia­les per­ma­ne­cie­ron intac­tas y así se han man­te­nido con ínfi­mas modi­fi­ca­cio­nes hasta nues­tros días. ¿Quién puede asom­brarse de que la inde­pen­den­cia de estos esta­dos desatara inme­dia­tas gue­rras “civi­les” y que estas se espar­cie­ran rápi­da­mente a esta­dos ale­da­ños? Nige­ria, Angola, Mozam­bi­que, Zim­babwe (antes Roh­de­sia del Sur), Sudán, Congo (antes Zaire), Togo, Soma­lia y Uganda son, entre otros muchos, ejem­plos nota­bles de esta triste reali­dad africana.

No obs­tante, Africa no es el único ejem­plo de la dife­ren­cia fun­da­men­tal entre estado y nacio­na­li­dad. Un caso bien cono­cido por noso­tros los cuba­nos es el de la feliz­mente des­a­pa­re­cida “Unión Sovié­tica.” ¿Era acaso la “Unión Sovié­tica” una nación? Ese aborto poli­tico era sin duda un estado reco­no­cido uni­ver­sal­mente, pode­roso y temido, repre­sen­tado con “dere­cho al veto” en el “Con­sejo de Segu­ri­dad” de ese orga­nismo, tam­bién de carac­te­rís­ti­cas sutil­mente tota­li­ta­rias, que lla­ma­mos “Nacio­nes Uni­das.” La “Unión Sovié­tica” jamás fue una nación, sino sim­ple­mente un macro­es­tado que man­te­nía aglu­ti­na­das por la fuerza un sin­nú­mero de nacio­nes dife­ren­tes y tam­bién en muchos casos anta­gó­ni­cas. Cuando la tira­nía tota­li­ta­ria res­pon­sa­ble de esa cohe­sión for­zada se res­que­brajó des­pués de más de setenta años de exis­ten­cia, la pode­rosa “Unión Sovié­tica” se esfumó del mapa en cues­tión de semanas.

Ambas Gue­rras Mun­dia­les fue­ron con­se­cuen­cia directa o par­cial de la exis­ten­cia de esta­dos arti­fi­cia­les que man­te­nían nacio­na­li­da­des diver­sas en unión arbi­tra­ria. Tal estado era el Impe­rio Austro-Húngaro, com­puesto de aus­tria­cos, hún­ga­ros, ruma­nos, che­cos, eslo­va­cos, eslo­ve­nios, rute­nios, pola­cos y ser­bios. La mayor parte de estas gen­tes de cul­tu­ras e idio­mas dis­tin­tos y anta­gó­ni­cos, se opo­nían vio­len­ta­mente a una absurda aso­cia­ción for­zada y diri­gida desde Viena. El dis­paro del ser­bio Gavrilo Prin­cip, ase­si­nando al Archi­du­que Fran­cisco Fer­nando y a su esposa en Sara­jevo el 28 de junio de 1914, sir­vió de ful­mi­nante a un pol­vo­rín que de todas for­mas habría esta­llado en breve tiempo por com­bus­tión expontánea.

Desde el colapso de la “Unión Sovié­tica” dos esta­dos arti­fi­cia­les euro­peos, ambos vie­jos here­de­ros de la amal­gama Austro-Húngara, han mor­dido el polvo. Che­co­es­lo­va­quia ha dado paso de manera pací­fica a dos repú­bli­cas, cada cual repre­sen­tando real­mente a una nacio­na­li­dad. El otro es Yugos­la­via (Ser­via), quien nó sin vio­len­cia terri­ble, tuvo que aban­do­nar su domi­nio sobre Eslo­ve­nia, Croa­cia, Bosnia–Hercegovina y Mace­do­nia, las que se inde­pen­di­za­ron en 1991. Kosovo, cuya auto­no­mía fue garan­ti­zada por la OTAN y Mon­te­ne­gro, tam­bién even­tual­mente se inde­pen­di­za­rán de Ser­via. Es sim­ple­mente cues­tión de tiempo.

En este mundo nues­tro exis­ten sola­mente dos esta­dos que no repre­sen­tan una nacio­na­li­dad espe­cí­fica mien­tras man­tie­nen inte­gri­dad terri­to­rial sin recu­rrir al uso de coer­ción o vio­len­cia. Uno de ellos está en este con­ti­nente y el otro en el cen­tro de Europa.

Canadá per­ma­nence pre­ca­ria­mente como un estado ínte­gro, a cam­bio de una auto­no­mía vir­tual a la mino­ría fran­cesa de Que­bec, derro­tada tras la “Gue­rra de los Siete Años” y por que los par­ti­dos polí­ti­cos tra­di­cio­na­les en esa anti­gua colo­nia bri­tá­nica han man­te­nido una rela­ción estre­cha con esa mino­ría vital. La excep­ción euro­pea es la Con­fe­de­ra­ción Hel­vé­tica: Suiza no es una nación, sino un estado com­puesto por tres nacio­na­li­da­des. El setenta por ciento de los “sui­zos” son real­mente ale­ma­nes cató­li­cos, el veinte por ciento fran­ce­ses cal­vi­nis­tas y el resto ita­lia­nos. Esos tres gru­pos étni­cos hablan res­pec­ti­va­mente ale­mán, fran­cés y la len­gua de Dante. Los tres idio­mas se ense­ñan en las escue­las y en con­se­cuen­cia, muchos sui­zos son polí­glo­tas. Este estado, único en el uni­verso, tiene su ori­gen en una volun­ta­ria alianza defen­siva que se remonta a 1291. Sus más de 700 años de his­to­ria hacen de Suiza la repú­blica más anti­gua. Esta­dos Uni­dos tiene mucho menos tiempo de exis­ten­cia aún si empe­za­mos a con­tar a par­tir de 1776.

Al mismo tiempo, con len­gua y cul­tura dis­tin­tas del espa­ñol o el fran­cés, ¿quien puede negar que los vas­cos repre­sen­tan una nacio­na­li­dad? Lo mismo puede decirse de otras muchas cul­tu­ras, como los “moros” (musul­ma­nes) de Fili­pi­nas y los cata­la­nes. Sin embargo, nin­guna de estas nacio­na­li­da­des están sin­gu­lar­mente repre­sen­ta­das por un estado soberano.

De lo que se con­cluye que estado y nación son dos con­cep­tos per­fec­ta­mente dife­ren­tes. La igno­ran­cia de esta reali­dad a menudo sirve de ori­gen a otras muchas ignorancias.

Autor: Hugo J. Byrne

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2 Comentarios en “Diferencia Entre Estado y Nación”  

  1. 1 jere

    muy bueno. justo lo que estaba buscando

  2. 2 Marco

    muy bueno Sr. Byrne lo ade­cuado para una exce­lente explicación

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