JORGE Luis Borges

Jorge Luis Bor­ges, no per­te­nece a ese “Rea­lismo mágico” que ha sig­nado la lite­ra­tura his­pá­nica. Nació en Argen­tina Bue­nos Aires en 1899. De espí­ritu uni­ver­sal y acos­tum­brado con las lite­ra­tu­ras ingle­sas, nor­te­ame­ri­cana, fran­cesa, ale­mana, escan­di­nava igual que con la espa­ñola y la argen­tina. Sin desasirse de su con­di­ción de “por­teño”, habi­tante de Bue­nos Aires, repre­sentó una cone­xión car­di­nal entre las cul­tu­ras his­pá­ni­cas y las del mundo. Con­sa­gró su vida a la poe­sía, la otra mitad a la lite­ra­tura fan­tás­tica y en oca­sio­nes cola­boró como guio­nista de pelí­cu­las. Su bio­gra­fía, a veces, pare­ciera tan irreal como algu­nos de sus cuen­tos. No fue un hom­bre de acción para dejar hue­llas plas­ma­das con ges­ti­cu­la­cio­nes públi­cas. Guiado en su juven­tud por el Moder­nismo, fue­ron sus men­to­res: Rubén Darío, Rodó; Herrera y Reis­sig y Leo­poldo Lugones.

Momen­tos en que la pros­pe­ri­dad de Argen­tina era apro­piada para que pro­li­fe­ra­ran las ter­tu­lias lite­ra­rias. Viaja a Europa, resi­den­ciando en Suiza, y hace con­tacto con estu­dian­tes afi­nes a sus pro­pó­si­tos lite­ra­rios, a su regreso de Gine­bra acom­pa­ñado de su fami­lia reco­rre gran parte de Europa. Siendo Madrid su sitio esco­gido para esta­ble­cer su acti­vi­dad inte­lec­tual, reunién­dose en el Café Pombo; donde las ter­tu­lias lite­ra­rias son fecun­das con la asis­ten­cia de cate­drá­ti­cos, dra­ma­tur­gos, notán­dose la influen­cia de Una­muno. Los per­so­na­jes más des­co­llan­tes en ellas eran Ramón del Valle-Inclan y el joven Ramón Gómez de la Serna.

Tam­bién estuvo mar­cado por las publi­ca­cio­nes del chi­leno Vicente Hui­do­bro y por las expre­sio­nes que le lle­gan del “Dadaísmo”; que­riendo ir más allá de las norma, ter­mina afi­lián­dose al ultraísmo. Momen­tos en que la lite­ra­tura argen­tina tiende a ele­var sus valo­res tra­di­cio­na­les, imbui­dos en la épica gau­chesca. Empero, Bor­ges avanza hacia las téc­ni­cas e ideas que le lle­gan de Europa. Aso­cia la mez­cla de lo lírico y des­car­nado y publica su pri­mer libro en 1923 “Fer­vor de Bue­nos Aires”. Obse­quián­dole aso­nan­tes poe­mas ins­pi­ra­dos con ter­nura por su ciu­dad natal “Las calles de Bue­nos Aires/ ya son la entraña de mi alma”. Con este libro impone su talento y su auda­cia expre­siva casi sin esfuerzo. Las imá­ge­nes se dis­pa­ran en ráfa­gas con rit­mos muy per­so­na­les y caren­cia de rima.

Bor­ges fue un crea­dor ince­sante de cuen­tos y ensa­yos cuando vién­dose enfermo a pesar de con­ser­var en buen estado su com­ple­xión física, ini­cia una edi­to­rial redo­blando sus bríos. Tiem­pos en que se funda la revista SUR, la gran revista lite­ra­ria, e incon­ti­nenti junto a su amigo Bioy Casa­res empie­zan a diri­gir el Sép­timo Circulo. Bor­ges había publi­cado sus ensa­yos “Inqui­si­cio­nes” y “El tamaño de mi espe­ranza” y así tan­tos otros como “La His­to­ria de la Eternidad”.

Sin embargo, el cuen­tista sigue siendo poeta, sabe que el lirismo y la pre­ci­sión no están pug­na­dos. Sus cuen­tos tie­nen algo de Aje­drez, de álge­bra, pero con­ser­van su lirismo y mis­te­rio, entre ellos nos topa­mos con “Las rui­nas cir­cu­la­res” Bor­ges como Kafka, Camus en Sísifo, parece poner en duda que el mundo en que vivi­mos este hecho a la medida del hom­bre. Como sucede con los cuen­tos de Edgar Allan Poe, los de Bor­ges están rea­li­za­dos pacien­te­mente con todos los recur­sos de la téc­nica lite­ra­ria. Durante la época del pero­nismo Bor­ges como otros inte­lec­tua­les se retira a la vida pri­vada apar­tán­dose de actos de carác­ter público. Fue cer­cano a Alfonso Reyes y enemis­tado por moti­vos lite­ra­rios y en parte per­so­na­les con Amé­rico Cas­tro y Ortega y Gas­set y Eze­quiel Mar­tí­nez Estrada. Bor­ges, tre­mendo pole­mista, no temió nunca ata­car o ser atacado.

Entre otros obtuvo el pre­mio Miguel de Cer­van­tes y su obra fue tra­du­cida a más de vein­ti­cinco idio­mas. La obra bor­giana renovó el len­guaje narra­tivo y él fue uno de los “inven­to­res” del Inter­net; siendo un escri­tor de cuen­tos irrea­les, un gran rea­lista con un sen­tido fino y pro­fundo de los valo­res y las situa­cio­nes socia­les, refu­gián­dose en su mundo de ilu­sio­nes: “El tiempo es un río que me arre­bata, pero yo soy el río: es un fuego que me con­sume, pero yo soy el fuego. El mundo, des­gra­cia­da­mente, es real; yo, des­gra­cia­da­mente, soy Bor­ges”. Jorge Luis Bor­ges murió en Gine­bra el 14 de junio de 1986.

Fuente: 2001.com.ve

Autor: Francisco Alarcón

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