Aprender De Chile
y De Su Exitoso Modelo Económico

Veo en pan­ta­lla de tele­vi­sión las pri­me­ras cifras ofi­cia­les que reve­lan el triunfo de la dere­cha en Chile. El gobierno socia­lista acaba de con­fe­sar que su derrota es irre­ver­si­ble. Legí­ti­ma­mente, la dere­cha empieza a fes­te­jar. ¡Oh, que horror! –pen­sa­rán algu­nos– dice ¡“dere­cha”!. Se trata de un tér­mino que espanta a medio­cres des­pis­ta­dos y a tibios malin­ten­cio­na­dos. Se sua­vi­zan los efec­tos si se le sus­ti­tuye por “centro-derecha” o si se le con­trasta con una even­tual o ima­gi­na­ria “ultra-derecha”. En fin, es un pro­blema de rótu­los mani­pu­la­dos por la izquierda que nubla la visión e impide dis­cer­nir los con­te­ni­dos que debie­ran ser defi­ni­dos clara y previamente.

Por mi parte, recha­za­ría el tér­mino si por “dere­cha” se enten­diera fas­cismo, nazi­fas­cismo o simi­lar. En cam­bio, acepto y asumo el cali­fi­ca­tivo de dere­chista para desig­nar una posi­ción ideo­ló­gica defen­sora de la liber­tad, del dere­cho de pro­pie­dad, del prin­ci­pio de sub­si­dia­rie­dad, de la fami­lia como ins­ti­tu­ción, de valo­res tra­di­cio­na­les, etc.

Más de un perio­dista con fiso­no­mía triste y voz ape­sa­dum­brada va con­fir­mando la derrota socia­lista. Lo hacen casi como si diese una noti­cia necro­ló­gica, aun­que se esfuer­zan por disi­mu­lar. Son los papa­ga­yos rojos que desea­rían no tener que dar esta noti­cia y se esfuer­zan por mini­mi­zar su alcance.

Aten­diendo a los con­te­ni­dos, ¿con qué ideas, prin­ci­pios y expe­rien­cias se aso­cian estos resul­ta­dos, tanto den­tro como fuera de Chile?

Salta a la vista, como pri­me­rí­sima idea aso­ciada, el exi­toso modelo eco­nó­mico chi­leno ins­tau­rado gra­cias al gobierno del Gral. Pino­chet. En efecto, des­pués de la trá­gica expe­rien­cia socia­lista y pro­cas­trista de Allende, con su secuela de mise­ria y opre­sión, se logró res­tau­rar los más sanos prin­ci­pios, se recu­peró la vigen­cia del dere­cho de pro­pie­dad y de la libre iniciativa.

Toda­vía hoy, el común de los chi­le­nos es cons­ciente que todo lo bueno del sis­tema, lejos de debér­selo a los gobier­nos de izquierda “mode­rada”, lo here­dan de Pino­chet. Saben bien los chi­le­nos –y debiera saberlo el mundo entero– que ese modelo ha per­mi­tido a Chile con­ver­tirse en ejem­plar líder de la región, inser­tarse en el mundo glo­ba­li­zado y mejo­rar sus­tan­cial­mente la cali­dad de vida de los habitantes.

Desde Pino­chet, en medio del orden y de la esta­bi­li­dad, flo­re­cen la pros­pe­ri­dad y el pro­greso. La eco­no­mía de mer­cado, sólida y vic­to­riosa, lleva a Chile a ingre­sar este año a la Orga­ni­za­ción para la Coope­ra­ción y el Desa­rro­llo Eco­nó­mico (OCDE), orga­nismo con­for­mado por las pri­me­ras treinta eco­no­mías en el mundo.

Pino­chet es el típico nom­bre que divide radi­cal­mente las aguas. No deja de verse una gigan­tesca hipo­cre­sía en quie­nes abun­dan en cali­fi­ca­ti­vos agra­vian­tes con­tra Pino­chet y son bené­vo­los con Fidel Cas­tro, Chá­vez y sus com­pin­ches. Se mues­tran muy indig­na­dos con Pino­chet –que luego de res­ca­tar a Chile, entregó el poder volun­ta­ria­mente– y son unas tími­das seño­ri­tas para refe­rirse al más anti­guo, ines­cru­pu­loso y san­gui­na­rio dic­ta­dor vita­li­cio que con­vir­tió a Cuba en una cár­cel inhumana.

Usted, lec­tor, ¿cree que los mili­tan­tes de izquierda son sin­ce­ros demó­cra­tas con­tra­rios a los gobier­nos de fuerza? Le ase­guro que no. Ellos han sido y son favo­ra­bles a los gobier­nos dic­ta­to­ria­les siem­pre que res­pon­dan a su mismo signo ideo­ló­gico. Por ello, aplau­die­ron y aplau­den a las bru­ta­les dic­ta­du­ras comu­nis­tas pade­ci­das durante déca­das en Europa Orien­tal y ahora siguen aplau­diendo al régi­men tirá­nico de Fidel Cas­tro y a las otras dic­ta­du­ras comu­nis­tas menos cono­ci­das por el silen­cio que impone la casi tota­li­dad de los medios de comunicación.

¿Cree que son autén­ti­cos cuando dicen ser defen­so­res de los DDHH? Aquí tam­bién, como res­puesta, corres­ponde otro cate­gó­rico NO por­que lo que hacen, en reali­dad, es usar hipó­cri­ta­mente el tema “dere­chos huma­nos” para ata­car a los gobier­nos anticomunistas.

Darle cré­dito a un mili­tante del mar­xi­le­ni­nismo en su dis­curso a favor de los dere­chos huma­nos y en con­tra de las dic­ta­du­ras, sería como con­fiar en la pré­dica de un nar­co­tra­fi­cante con­tra el con­sumo de drogas.

Es tan sin­cero el mili­tante mar­xista hablando de demo­cra­cia y dere­chos huma­nos como un piró­mano que niega su ten­den­cia pato­ló­gica a pro­vo­car incendios.

Uno de los ingre­dien­tes más noci­vos de la actual cam­paña pro­pa­gan­dís­tica de la izquierda es impo­ner arbi­tra­ria e injus­ta­mente lími­tes tem­po­ra­les capri­cho­sos a la his­to­ria. Para esa pro­pa­ganda todo comienza con los pro­nun­cia­mien­tos mili­ta­res como si nada hubiese exis­tido antes. En reali­dad, el pro­ta­go­nismo mili­tar fue con­se­cuen­cia directa de las accio­nes vio­len­tas de la pro­pia izquierda de las que poco o nada dicen.

Hoy, fie­les a la doc­trina y a la pra­xis de la vio­len­cia revo­lu­cio­na­ria, la izquierda ve con bue­nos ojos las accio­nes nar­co­te­rro­ris­tas y gue­rri­lle­ras en diver­sos paí­ses. Basta obser­var las com­pli­ci­da­des de la izquierda con las FARC de Colom­bia, con la orga­ni­za­ción terro­rista ETA; etc., etc. En igual sen­tido, hay que obser­var la actual per­te­nen­cia al “Foro de San Pablo”, junto con orga­ni­za­cio­nes gue­rri­lle­ras y con el deno­mi­nado Movi­miento “Sin Tie­rra” de tan pér­fi­dos fines y métodos.

Pino­chet sím­bolo del exi­toso modelo eco­nó­mico y del anticomunismo

Por efecto de su mani­pu­la­ción pro­pa­gan­dís­tica, la izquierda trans­formó a Pino­chet en “la figura más repre­sen­ta­tiva” de la lucha anti­co­mu­nista y de los gobier­nos mili­ta­res anti­co­mu­nis­tas de Ibe­roa­mé­rica. Dicen que en “en él se resume la más enér­gica acción anti­co­mu­nista en esta región”. Foca­li­zan esa acción en el plano de las deci­sio­nes polí­ti­cas en gene­ral y en el de las ope­ra­cio­nes mili­ta­res en particular.

Cono­ciendo la doc­trina a la que adhie­ren los mili­tan­tes de izquierda y ana­li­zando su pré­dica, queda claro que el odio revo­lu­cio­na­rio que le tie­nen a Pino­chet res­ponde no sólo a las enér­gi­cas accio­nes en el plano mili­tar sino al hecho de haber posi­bi­li­tado que Chile haya sido esce­na­rio del exi­toso modelo eco­nó­mico. La izquierda sabe que todo obser­va­dor media­na­mente infor­mado reco­noce que Chile ha sido el único país que llevó ade­lante y con inne­ga­ble éxito una autén­tica aper­tura de su eco­no­mía. De hecho, a dife­ren­cia de los otros gobier­nos mili­ta­res, el de Chile fue el único capaz de poner freno a la exce­siva inter­ven­ción esta­tal en la eco­no­mía. De allí, los fru­tos obte­ni­dos por el cre­ci­miento eco­nó­mico y la mejora de la cali­dad de vida de los habitantes.

Es tan enorme el pres­ti­gio del modelo chi­leno y la adhe­sión de la socie­dad al mismo que la con­cer­ta­ción socia­lista se vio obli­gada a simu­lar su con­ti­nui­dad. Fin­gió acep­tar el modelo mien­tras que, lenta y sola­pa­da­mente, lo tor­pe­deaba a tra­vés de polí­ti­cas públi­cas que se cons­tru­yen sobre la base de mayo­res impues­tos y mayo­res regu­la­cio­nes, todas al alero de un Estado más grande e influ­yente en la vida de las personas.

Esas polí­ti­cas públi­cas mal­gas­ta­ron enorme can­ti­dad de recur­sos y han fra­ca­sado estre­pi­to­sa­mente. Ejem­plo elo­cuente de ello en Chile es el sis­tema de trans­porte público de Santiago–Transantiago que tuvo gigan­tes­cas pér­di­das y causó moles­tias a muchas per­so­nas modes­tas. La Empresa de Ferro­ca­rri­les del Estado anun­ció un millo­na­rio plan de moder­ni­za­ción y hoy el tren no fun­ciona, se dila­pi­da­ron los recur­sos y sus direc­ti­vos están pro­ce­sa­dos judi­cial­mente por fal­tas a la pro­bi­dad. Como puede verse, la izquierda, ade­más de cínica, men­ti­rosa, hipó­crita, opor­tu­nista y dema­gó­gica– es tam­bién corrupta.

Tema tri­llado en el dis­curso de la izquierda de Chile y de los demás paí­ses es el de la desigual­dad. Más allá de la dis­cu­ti­ble con­si­de­ra­ción acerca de qué o cuál igual­dad y de si ella cons­ti­tuye o no un bien y un fin desea­ble en sí mismo, cabe seña­lar que no es la igual­dad la que con­dujo al desa­rro­llo, sino a la inversa: gra­cias al cre­ci­miento eco­nó­mico, se mul­ti­pli­can las opor­tu­ni­da­des y se acor­tan las bre­chas de desigual­dad. Cuando apa­re­cen desigual­da­des des­pro­por­cio­na­das e ile­gí­ti­mas ello se debe a las tra­bas que enfren­tan los gru­pos emer­gen­tes, que les impide apro­ve­char los bene­fi­cios del cre­ci­miento económico.

Ante el son­so­nete de la igual­dad –con­di­men­tado con el verso de “la jus­ti­cia y la soli­da­ri­dad”- hay que acla­rar que se está con­fun­diendo igual­dad con jus­ti­cia. La injus­ti­cia no está dada por la desigual­dad (esta última es natu­ral en cual­quier socie­dad libre) sino más bien en las dife­ren­cias con­sa­gra­das por enma­ra­ña­das regu­la­cio­nes que impi­den a los sec­to­res de meno­res recur­sos acce­der a mejo­res opor­tu­ni­da­des de todo tipo.

A tra­vés de su dis­curso sen­si­blero y dema­gó­gico, dice la izquierda, en todas par­tes, que “el estado debe corre­gir las desigual­da­des e impo­ner la igual­dad”. Lo cierto es que si se pre­tende dis­mi­nuir desigual­da­des no a tra­vés de mayo­res opor­tu­ni­da­des sino mediante un Estado más grande, sin duda resul­tará a costa de la liber­tad. Tal como demos­tró Mil­ton Fried­man, reco­giendo la más variada expe­rien­cia his­tó­rica, “una socie­dad que colo­que a la igual­dad por encima de la liber­tad, ter­mi­nará sin liber­tad y sin igualdad”.

Kerensky-Frei y la Demo­cra­cia Cristiana

Digno de estu­dio es el nefasto papel cum­plido –antes y des­pués de Allende– por la Demo­cra­cia Cris­tiana chi­lena. Le sir­vió de caba­llo de Troya al comu­nismo, pre­paró el camino para el acceso de Allende al gobierno, pro­voca la caída de barre­ras ideo­ló­gi­cas, pro­mueve todo tipo de com­po­nen­das con los comu­nis­tas y se une ser­vil­mente a ellos.

Ade­lanto que mis des­con­fian­zas sobre el futuro de Chile tie­nen que ver con la nefasta influen­cia de la men­ta­li­dad demo­cris­tiana que ha con­ta­mi­nado a buena parte de la diri­gen­cia polí­tica (el pro­pio Piñera pro­viene de una fami­lia democristiana).

* * * * *

Ante la coa­li­ción de mar­xis­tas, demo­cris­tia­nos y filo­mar­xis­tas, la dere­cha ha sabido acor­dar (que no es fusio­narse) para dar bata­lla elec­to­ral. Desde 1990 hasta ahora, la izquierda pre­senta un can­di­dato a la pre­si­den­cia, mien­tras que la dere­cha pre­sen­taba dos. En estas recien­tes elec­cio­nes, la dere­cha ha pre­sen­tado un solo can­di­dato, mien­tras que los otros tres eran can­di­da­tos sur­gi­dos de la coa­li­ción de izquierdas.

La dere­cha se orga­nizó en torno a los par­ti­dos Unión Demo­crá­tica Inde­pen­diente (UDI) y Reno­va­ción Nacio­nal (RN). La UDI, fun­dada por des­ta­ca­das figu­ras del régi­men mili­tar, viene logrando un éxito feno­me­nal. Se con­vir­tió en los últi­mos años en el par­tido más popu­lar de Chile. Pasó del 9% de votos a más del 25% y los dos pre­si­den­tes de las cáma­ras legis­la­ti­vas per­te­ne­cen a UDI.

Con­clu­sio­nes

De la expe­rien­cia chi­lena toda (inclui­dos el opro­bioso régi­men socia­lista de Allende, el exi­toso modelo desde Pino­chet y la con­cer­ta­ción socia­lista reciente) surge que:

* Las rece­tas diri­gis­tas y popu­lis­tas gene­ran pobreza y coar­tan las libertades.

* Los altos impues­tos pro­vo­can la caída de la inver­sión y, por tanto, de la pro­duc­ción y de los pues­tos de trabajo

La exce­siva inter­ven­ción esta­tal, con su maraña de regu­la­cio­nes, impide el desa­rro­llo. La con­fianza inter­per­so­nal y la pro­pia res­pon­sa­bi­li­dad indi­vi­dual se ero­sio­nan cuando entre los indi­vi­duos se entro­mete un inter­me­dia­rio imper­so­nal y pre­po­tente como el Estado. Las rela­cio­nes dejan de ser libres, de per­sona a per­sona y pasan a ser persona-Estado-persona.

* El modelo de eco­no­mía de mer­cado ha sido el que logró gene­rar mayor cre­ci­miento. (No existe país alguno que haya salido del sub­de­sa­rro­llo sin haber per­mi­tido que las per­so­nas deci­dan libre­mente los bie­nes que deben ser producidos).

* Ampliar y garan­ti­zar la liber­tad eco­nó­mica, abrién­dose al mundo (no ence­rrán­dose en blo­ques regio­na­les como el nefasto engen­dro mer­co­su­riano) aumenta sig­ni­fi­ca­ti­va­mente el ingreso per cápita y ase­gura el éxito en todos los ámbi­tos. Para redu­cir la pobreza hay que per­mi­tir más liber­tad y abrir la eco­no­mía de par en par, apar­tán­dose de todo cri­te­rio proteccionista.

* El menor tamaño del Estado, la menor carga tri­bu­ta­ria y la des­re­gu­la­ción per­mi­ten el cre­ci­miento y la mejora de la cali­dad de vida de los habitantes.

Ejem­plo nítido de la apli­ca­ción de sanos prin­ci­pios es la reforma pre­vi­sio­nal chi­lena que no sólo ace­leró el cre­ci­miento de la eco­no­mía, aumentó la tasa de aho­rro y el empleo, sino tam­bién generó un sis­tema que finan­ciará a las per­so­nas cuando hayan dejado de tra­ba­jar. Esto que ahora es evi­dente y garan­ti­zado era algo que en el pasado no exis­tía o que la infla­ción se encar­gaba de que no se cum­pliera. El mer­cado de capi­ta­les en Chile se ha desa­rro­llado extra­or­di­na­ria­mente, más de 40 veces en volú­me­nes de transac­ción desde 1981 hasta ahora. Con los fon­dos de pen­sio­nes se finan­cian las vivien­das de los tra­ba­ja­do­res, buena parte de las con­ce­sio­nes y de la obra pública.

Chile es uno de los pocos paí­ses del mundo que tiene resuelta la cri­sis del enve­je­ci­miento de la pobla­ción gra­cias a esa reforma pio­nera que enca­bezó José Piñera durante el gobierno de Pino­chet. Las crí­ti­cas de falta de cober­tura que algu­nos le hacen, son culpa de la regu­la­ción del mer­cado del tra­bajo y no del sis­tema de AFP. Malo es el médico que ante un paciente con dolo­res de cabeza decide cor­tár­sela sin siquiera hacer un diag­nós­tico que le indi­que dónde está el ori­gen del pro­blema. Hay que corre­gir los defec­tos que se han ido acu­mu­lando en el mer­cado del tra­bajo, ver­da­dero ori­gen del pro­blema del aho­rro de los tra­ba­ja­do­res, y no des­truir un pilar del pro­greso chi­leno. El sis­tema de pen­sio­nes en Chile ha sido extra­or­di­na­ria­mente exi­toso y se está expor­tando al mundo. Ya ha sido uti­li­zado por más de veinte paí­ses y con­tem­pla a cien millo­nes de per­so­nas. En los últi­mos años, gober­nan­tes de las más varia­das nacio­nes han visi­tado Chile para estu­diar y apren­der el sis­tema con el fin de imple­men­tarlo en sus res­pec­ti­vos países.

* * * * *
En abril de 1975, Mil­ton Fried­man –ense­guida de su visita a Chile– escri­bió una mag­ní­fica carta per­so­nal al Pre­si­dente Pino­chet (quie­nes deseen tener este valioso docu­mento pue­den soli­ci­tarlo que se lo envia­re­mos) reco­men­dando medi­das para res­ca­tar la eco­no­mía luego del desas­tre pro­vo­cado por el régi­men socia­lista de Allende.

Com­ba­tir la infla­ción, redu­cir el défi­cit fis­cal dis­mi­nu­yendo el gasto público, for­ta­le­cer el sec­tor pri­vado, abrirse al mundo, fue­ron pila­res bási­cos de un sis­tema salu­da­ble. Chile tran­sitó así la senda correcta y logró el mila­gro: des­pegó hacia un cre­ci­miento eco­nó­mico sos­te­nido que pro­veyó una pros­pe­ri­dad amplia­mente compartida.

Ahora, con mayor cla­ri­dad y con­tun­den­cia, con­tra­rres­tando la embes­tida cas­tro­cha­vista en el con­ti­nente, Chile puede y debe ser­vir de ejem­plo, mos­trán­dole a toda Amé­rica y al mundo que no es el popu­lismo sino la liber­tad eco­nó­mica la que per­mite a la socie­dad superar la pobreza y darle a cada per­sona una vida digna.-

Autor: Alexander Torres Mega

Email: Flashes@adinet.com.uy

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