Un Adiós Para La Genial Inda Ledesma

Nada por aquí. Nada por allá. Murió Inda Ledesma. ¿Y quien era pre­gun­ta­rán los más jóve­nes?

Y los que acos­tum­bra­dos al “rating”, los que reve­ren­cian el éxito de ava­tar, los que todo lo saben acerca de los nue­vos direc­to­res de cine que para pre­sen­tarse osten­tan “tar­je­tas” en las cua­les se dice…..Inda fue de todos los per­so­na­jes del gran arte cine­ma­to­grá­fico que conocí la mas importe – junto a Maria Rosa Gallo – de las actrices-directoras del tea­tro argen­tino, y una de las actri­ces excep­cio­na­les de la escena múl­ti­ple – que merece morir en el des­co­no­ci­miento de sus con­na­cio­na­les– en un tiempo de indi­gen­cia, en la que nada tiene impor­tan­cia como no ser los comer­cia­les del “reality-show”, mien­tras actri­ces de oros paí­ses, goza­ron y gozan, hasta la ancia­ni­dad, de hono­res y hasta de tri­bu­tos pro­ta­gó­ni­cos, mien­tras a Inda jamás el perio­dismo ama­ri­llo la invitó, ( tiene La pala­bra) … para que expli­que cual era el legado que deja hoy a una nación, pobre en ejem­plos de exce­len­cia, en todos los ámbi­tos de la vida social.

Basta con recor­dar los nom­bres con los que se codeó en el esce­na­rio: Sha­kes­peare, Moliere, Miller, Euri­pi­des, Williams, Che­jov, O´Neill, Bre­cht, su amado Piran­de­llo, y tan­tos otros….

A su lado China Zorri­lla resulta una figura de cir­cu­la­ción, mien­tras Inda vivió y vive solo en las esce­nas de un espec­táculo: yo llevó en la memo­ria la apa­ri­ción suya, des­lum­brante, en un filme raro como “Flop” de Eduardo Mig­nona (estoy con­ven­cido de que en nues­tro país solo ella era capaz de hacerlo), como el de crear un per­so­naje caro al mejor Fellini, y lle­varé en mi memo­ria su puesta de “Lisis­trata” en el Tea­tro “San Mar­tín”, pero llo­raré no haberla visto en su “ Medea” de Euri­pi­des, y en su “Mac­Beth” del Cisne de Avon.

Inda podía hacer lo que qui­siese pero era fun­da­men­tal­mente una trágica.

Pro­duc­tora y direc­tora dejó a la tele­vi­sión argen­tina una de las expe­rien­cias más estre­me­ce­do­res de lo que debe ser una Tv. for­ma­dora de Cul­tura: su direc­ción del “Isra­fel” de Abe­lardo Cas­ti­llo, con una de las más per­fec­tas actua­cio­nes de Alcón a lo largo de su extra­or­di­na­ria carrera.

No se reuni­rán mul­ti­tu­des para des­pe­dirla: los que la cono­cie­ron y tra­ba­ja­ron con ella calla­rán lo que fue y el perio­dismo estará ocu­pado en la vida de Ricardo Roke­fort: esa es la argen­tina de la “Demo­kra­cia” que muchos ala­ban: Sea la Eter­ni­dad para Inda Ledesma, ejem­plo de con­ducta humana, de genio y dis­ci­plina como actriz: esas vir­tu­des que fal­tan en este triste país que hoy vivi­mos: ¿que ya ven­drán tiem­pos mejo­res? Jean Moreau la com­pren­de­ría, solo que Inda no filmo en los paí­ses en los que tra­bajó la enorme actriz fran­cesa, que alguna vez segu­ra­mente se reunirá con su par argen­tina. INDA LEDESMA era un vol­can de talento. No la vela­ran ” ofi­cial­mente”: no era un “mito popu­lar” y no dá redi­tos polí­ti­cos. Así los pue­blos olvi­dan a sus ver­da­de­ros maestros.

Autor: Oscar Portela

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18 Comentarios en “Un Adiós Para La Genial Inda Ledesma”  

  1. 1 artbowl123

    Tie­nes toda la razón, Maria Rosa Gallo, Inda y Ale­jan­dra Boero fue­ron las tres gran­des actri­ces argen­ti­nas de esa gene­ra­ción, China Zorri­lla seria la cuarta si la con­si­de­ra­mos argen­tina por adop­cion. Recor­dar El tobo­gan con Inda y China es lo mejor que se vio en tv en esa època.

  2. 2 Oscar Portela

    Tie­nes razón: pero como maes­tras fue­ron Ale­jan­dra e Inda y nadie más: Oscar Portela

  3. 3 rosita

    Por todas sus vir­tu­des, per­so­na­les y artis­ti­cas, ella siem­pre estara en el recuerdo y el cora­zon de los que valo­ra­mos la cali­dad y la exelencia.

  4. 4 Oscar Portela

    Espe­cial para mi gran amiga y per­sona SUSU SECHI: OSCAR PORTELA

    OSCAR POR­TELA: UNA ARDIENTE PACIEN­CIA
    escribe ALBERTO F. ROBREDO

    Oscar Por­tela es decir muchas cosas. Es Corrien­tes, no la bra­vía, sino la dulce. Es tra­di­ción, no la del atuendo, sino la de la esencia.

    Es Argen­tina, no la del mama­rra­cho y el gri­te­río cursi e igno­rante, sino la del saber, que sólo en el infi­nito encuen­tra saciedad.

    Es amis­tad, no la super­fi­cial que se agota en el empa­lago de las for­mas, sino la pro­funda, que es sufrir en la exi­gen­cia y gozar en la entrega.

    Es polí­tica, no la que tiene al diri­gente como prin­ci­pio y fin, sino la que es pura lucha, puro prin­ci­pio, puro sacri­fi­cio, en la que la pro­vin­cia y la nació, son el cen­tro y el ser humano el prin­ci­pio y el fin.

    Es periodismo,no el que no es por per­derse en la imbe­ci­li­za­ción y la medio­cri­dad, sino el que es por­que divulga, para que la cul­tura nos esculpa en el camino a la per­fec­ción como meta.

    Oscar Por­tela es defi­ni­ción en muchos sen­ti­dos. Es un auto­di­dacta mul­ti­fa­cé­tico, cuya cul­tura requiere de varias vidas, mucho menos jóve­nes que la de él. ¿Quién conoce de lite­ra­tura con eru­di­ción?. Oscar Portela.

    ¿Quién bucea por los más intrin­ca­dos veri­cue­tos de la filo­so­fía en bús­queda de res­pues­tas a inte­rro­gan­tes siem­pre en aumento?. Oscar Portela.

    ¿Quién puede escri­bir en un dia­rio, diri­gir una revista, o tener un espa­cio en radio o tele­vi­sión, sin más norte que trans­mi­tir?. Oscar Portela.

    ¿Quién sobre­lleva esa inmensa tarea que se impuso sobre sus hom­bros con una penu­ria eco­nó­mica cons­tante por la indi­fe­ren­cia de quie­nes tie­nen poder?. Oscar Portela.

    ¿Quién es capaz de vol­car su alma para enri­que­cer la poe­sía?. Oscar Portela.

    La sín­te­sis de todo esto, que es Oscar Por­tela tiene un nom­bre: Amor. Y el amor es la más pre­ciada repre­sen­ta­ción de Dios.

    Alberto F. Robredo: (escri­tor, jurista) Bue­nos Aires, Mayo de 1997.

  5. 5 Oscar Portela

    Cari­ños mil Susu: sigo resis­tiendo, auque fuí des­car­tado defi­ni­ti­va­mente como pres­cin­di­ble, y a lo mejor lo sea: la polí­tica hoy me pro­voca nau­seas: Oscar Portela

  6. 6 Fernando José Ares

    Si el autor de la nota se preo­cupa sobre los inte­rro­gan­tes de los jóve­nes sobre la per­so­na­li­dad de Inda Ledesma, no creo que los haya satis­fe­cho a tra­vés de su artículo.

    Por­que gran parte de la vida de esta actriz estuvo ocu­pada por el acti­vismo polí­tico. Su sueño fue que que en la Argen­tina se implan­tase un régi­men simi­lar al de la Unión Sovié­tica o la Cuba castrista.

    Su mili­tan­cia fue en el Par­tido Comu­nista, fue fiel segui­dora de Sta­lin y luego de Krus­chev. Se soli­da­rizó total­mente con la Unión Sovié­tica cuando la repre­sión de las huel­gas en Ale­ma­nia orien­tal, o la inter­ven­ción san­grienta de sus tro­pas en Hun­gría pri­mero y en Che­cos­lo­va­quia después.

    Aplau­dió la toma ins­tau­ra­ción del Régi­men cubano y su expor­ta­ción (Gue­rra revo­lu­cio­na­ria) al resto de América.

    Era una mar­xista con­ven­cida, se alejó del PC argen­tino durante el Pro­ceso de Reor­ga­ni­za­ción Nacio­nal (lo encon­traba muy con­des­cen­diente con el gobierno del Tte. Gral. Videla)para apo­yar varian­tes mas virulentas.

    Gra­cias a Dios las ideas de Inda Ledesma no pros­pe­ra­ron (Hasta el momento)

  7. 7 -antonio jose

    ASI QUE INDA LEDESMA Q.E.P.D. era comunista¿..eso no le quita el merito a una una ver­da­dera Artista…tambien lo era “ATAHUALPA YUPAN­QUI… El MAES­TRO “DON OSVALDO PUGLIESE…A quien que yo admi­raba pro­fun­da­mente, junto a “DON ATA”… aun­que yo soy anticomunista…los per­dono igual¡¡¡¡ el talento no se mide por la ideo­lo­gia.… ANTO­NIO JOSE…

  8. 8 Oscar Portela

    SOBRE OSCAR POR­TELA por
    GRE­GO­RIO ANDRÉS ECHE­VE­RRÍA VIDAL ( Santa Fé Arg)

    Quien dijo que la juven­tud es una enfer­me­dad que se cura con el tiempo, no habrá ni soñado con que Oscar empu­ñara un atar­de­cer —con tal sereno ardor— los mis­te­rios del canto exis­ten­cial y el ana­li­sis polí­tico y filosófico.

    La obra de Oscar impugna y rati­fica a un mismo tiempo todos los nihi­lis­mos, toda la pacien­cia, toda la acep­ta­ción y toda la esperanza.

    Pues, ¿qué moción de anhelo más humilde y efi­cáz que este manso que­jido… “pre­gun­tar es la ple­ga­ria del pen­sa­miento / Pero espe­rar sin pre­gun­tar, calla­da­mente, / es la osa­día de ser, cuando la noche cae sobre el mundo”…? Hay poe­tas cuyo silen­cio es capaz de hacer esta­llar las gala­xias. Acaso sea ese exacto silen­cio el sorbo que inva­lida los pla­ce­bos y los laudes.

    Duele y mara­vi­lla compartirlo

  9. 9 Oscar Portela

    Sobre el pánico al comu­nísmo
    de Oscar Por­tela a sus críticos:

    Gott­fried Benn, uno de los mayo­res líri­cos ale­ma­nes del siglo XX, y el genial direc­tor de Orquesta Her­bert Von Kara­jan fue­ron , así, sim­ple­mente, nazis: en Nueva York a Kara­jan se le obligó a pedir perdón.

    En Israel estaba prohi­bido Wag­ner y en la Ale­ma­nia nazi esta­ban prohí­bi­dos muchos artis­tas judíos, y humi­lla­dos otros como Mal­her: nada dice el sumo sacer­dote Fer­nando José Ares, acerca de lo que fué Inda Ledesma como actríz y segu­ra­mente por­que fué comu­nista y esta­li­nista como el filo­sofo genial Oscar del Barco, fué con­de­nada al silen­cio por éste gobierno.

    Por­que su mili­tan­cia en el terreno del arte cubre la mitad de un siglo.

    Por otra parte, le digo al sacer­dote egíp­cio Ares, que Ernesto Sábato – de quien fuí amigo de con­fianza – fué tam­bién mili­tante y miem­bro del Par­tido Comunista.

    Klaus Mann – nieto de Tomas– fué como otros, nazi y ahora : ¿que quiere decirme el señor Ares ?

    ¿Sobre cuan­tos millo­nes de rublos murió Inda? ¿ Cuan­tas cam­pa­ñas de pro­mo­ción artís­tica le brindo el PC mien­tras vivió: le reco­miendo que no lo lea a Neruda, a Eluard, a Ara­gón, a Eze­quiel Mar­tí­nez Estrada, aquí nomás, por­que a lo mejor puede intoxicarse.

    Y por supuesto, que no lo escu­che carras­pear a Don Atha, por­que le fal­ta­ría a su memo­ria. Nin­gún mejor pro­pa­gan­dista de una ideo­lo­gía que murió, que quie­nes viven aún con la para­noía pro­pia de los Hoo­ver, de los Mccarthy, y hasta la de los car­de­na­les como Spellman.

    Dios los ben­diga Ares: Oscar Portela

  10. 10 Fernando José Ares

    Por­tela ¿Ud. no que­ría que los jóve­nes cono­cie­ran a Inda Ledesma?

    Para cono­cerla hay que cono­cerla en su tota­li­dad, no par­ce­lada. Inda Ledesma fue una acti­vista mar­xista que buscó implan­tar en nues­tro país un régi­men simi­lar a los que cau­sa­ron al mundo mas de cien millo­nes de ase­si­na­tos (Ver “Libro Negro del Comunismo”).

    Nin­guna de las bes­tia­li­da­des des­en­ca­de­na­das por el bol­che­vi­quismo con­ci­ta­ron su repu­dio sino su adhesión.

    Y no lo hizo solo desde una pos­tura filo­só­fica sino desde la acción. Inte­graba el círculo áulico de la con­duc­ción del PC, espe­cial­mente bajo la direc­ción de Héc­tor Agosti. Esa es la ver­dad irrefutable.

    Y eso le fal­taba a su nota ¿Acaso le molesta la ver­dad? Ahora todos los comen­ta­rios sobre mi per­sona adje­ti­ván­dome “sacer­dote egip­cio”, “sumo sacer­dote”, etc., no me des­cri­ben a mi sino lo retra­tan a Ud. Portela.

    Y esto sumado a su infan­til manía de hacerse el auto­bombo con­sig­nando en el foro comen­ta­rios elo­gio­sos sobre su per­sona ¿A quien mas va a poner? ¿Alguna maes­tra de la pri­ma­ria? ya es un hom­bre gran­de­cito para esas cosas.

    Por­tela, todo lo suyo me ha cau­sado mucha risa, no pude menos que diri­gir mi mirada a las gigan­to­gra­fías del Sena­dor Mc Carthy, Her­bert Hoo­ver, el car­de­nal Spe­ll­man, Ronald Reagan y John Wayne (A estos dos últi­mos los omi­tió), que deco­ran las pare­des de mi casa y sen­tir un poquito de lás­tima. Por Ud. natu­ral­mente, espe­cial­mente por ese sen­tido del gro­tesco que tan bien cultiva.

    Chau Por­tela, salu­dos a su amigo Sábato y a la CONA­DEP, segu­ra­mente le habrá rega­lado, qui­zás auto­gra­fiada, esa obra obra cum­bre de la ciencia-ficción que fue el “Nunca Mas”. Muchas gra­cias por infor­mar que tam­bién era comu­nista, no se le notaba.

  11. 11 Oscar Portela

    Dedi­cado a la SEÑORA SUSANA SECHI: Oscar Portela

    DIGNO Y SUMO CAR­DE­NAL FER­NANDO JOSÉ ARES
    por OSCAR PORTELA

    Es que la cár­cel que sufrí durante Gal­tieri, me codujo hacia la infan­cia: supongo que usted tam­bién sufrió dis­cri­mi­na­cio­nes y per­se­cu­cio­nes — una muy gra­ciosa fué cuando la Divi­sión Mora­li­dad de la Poli­cía Fede­ral — clau­suró el Tea­tro donde se exhi­bía la inmo­ral y comu­nista “Doña Flor y sus dos Mari­dos”, encar­ce­lando a Adrián Ghio y a los concurrentes.

    Pobre Ares (Ares “en griego anti­guo Ἄρης Arês o Ἄρεως Areôs, ‘con­flicto bélico’), se con­si­dera el dios olím­pico de la gue­rra, aun­que es más bien la per­so­ni­fi­ca­ción de la fuerza bruta y la vio­len­cia, así como del tumulto, con­fu­sión y horro­res de las batallas”…

    El mal abso­luto es –sigue siendo — para su repre­sen­ta­ción ignara y mani­quea de las cosas, el PC — que le sir­vió al Pro­ceso (y se debe saber de lo que se habla), los nom­bres de los sub­ver­si­vos, como me lo decía por enton­ces el Dr. Andrés Fes­cina, quien hablaba por boca del gene­ral Ibé­rico Saint Jean

    Pero “Levia­tán” es pro­pie­dad del comu­nismo para los ímbe­ci­les: así nada con­testa acerca del arte, por­que este no le incumbe: tam­poco que Picasso se haya afi­liado al comu­nismo, y ay, se debe­ría prohi­bir (lo) la visión del “Guer­nica” — mara­vi­lla de los paí­ses libe­ra­les que lo per­mi­tie­ron donde por­que Picasso mues­tra el horror y los ante­ce­dente de los cam­pos de con­cen­tra­ción nazis.

    ¿Usted es nazi Ares? ¿Per­te­nece al grupo que sos­tiene que la excep­cio­na­li­dad — le suena — per­mite al inqui­si­dor ser el per­ma­nente ver­dugo del “Otro” por­que está ciego y mie­doso de lo que puede encon­trar en si mismo?

    Por supuesto que para usted solo vale que Inda haya sido Comu­nista — y no con­ti­nuaré res­pon­diendo a un ton­tíco que en nada ha con­tri­buido — para bién o mal a rea­li­zar la his­to­ria — y que vuelve a equi­vo­carse de nuevo con Wayne: debe­ría — so igno­rante — haber nom­brado al buchón de Cooper y al Pre­si­dente del Club del Rifle, mis­ter Charl­ton Hes­ton, caza­dor de negros, y no de hipo­pó­ta­mos, en las lla­nu­ras de Caro­lina del Norte.

    Bueno: diga ahora a cuan­tas per­so­nas mató Inda, cual fué su rol en fun­ción del terro­rismo y la sub­ver­sión en Argen­tina, o sino cállese para siem­pre y hable en nom­bre de un tea­tro que en nues­tro país hoy tiene en Sofo­vich un icono y a su repre­sen­tante maximo.

    ¿¿¿¿ En cuanto a lo del bombo — que yo publi­que en diver­sos medios del mundo– Europa y toda Amé­rica — no me con­vierte en comu­nista no????

    Mrs. Ares: para fina­li­zar Reagan era muy mal actor empero rin­dió tri­buto final a Mis Davis con la cual tra­bajó, en pri­me­ros años.

    Mien­tras ter­mino con­ti­nuaré espe­rando que se me diga cua­les fue­ron los peca­dos de Agosti, que se alió con los con­ser­va­do­res para evi­tar que Perón lle­gara al poder: en cuanto a Sábato salvo vidas y escri­bió “Sobre Héroes y Tum­bas” — y no solo el “Nunca Más”, corre­gido por Bonafini.

    De un capi­tulo de este libro se escribió:

    El Informe sobre cie­gos es pecu­liar por­que Fer­nando Vidal Olmos tam­bién lo es: un ser de una hibri­dez espi­ri­tual, a mitad de camino entre la belleza y el horror, el amor y el odio, la tole­ran­cia y el racismo.

    Parece un espec­ta­dor que puede con­tem­plar dos espec­tácu­los simul­tá­neos: el cielo de los dio­ses y las pro­fun­di­da­des del infierno.

    Es, por eso, en esta dua­li­dad donde se debate y desde la cual nos arroja, arre­ba­tado por la locura aun­que con método y rigor cien­tí­fi­cos, su informe pesadillesco”.…

    Es pro­ba­ble que usted mísmo pueda encon­trarse en éste retrato:

    Ares: Dios lo tenga en su gloria:

    Oscar Por­tela

  12. 12 Fernando José Ares

    Por­tela:

    Siem­pre dije que el Sr. Teniente gene­ral Leo­poldo For­tu­nato Gal­tieri fue uno de los mejo­res gober­nan­tes que tuvo nues­tra Patria. Ud. me lo rati­fica en su nota.

    Aun­que qui­zás alguno de sus dete­ni­dos no mere­cía la cár­cel sino el neu­rops­quiá­trico ¡Qué le vamos a hacer, nadie es per­fecto en la vida! Pero el gene­ral tenía buen ojo, eso es irrebatible.

    Y lo dejo Por­tela, víc­tima del Pro­ceso de Reor­ga­ni­za­ción Nacio­nal, por­que ya he per­dido dema­siado tiempo con Ud. y ade­más todo ha que­dado regis­trado, ya algo mas sería redundante.

  13. 13 Oscar Portela

    Per­so­na­li­da­des del Arte Uni­ver­sal : Oscar Portela

    Oscar Por­tela. Web­site: El Uni­verso de Oscar Portela.

    Email: portelao@hotmail.com.

    Tele­fono: 0378315516913. Direc­ción Pos­tal: Jujuy 1224.

    personalidadesdelarteuniversal.com/…/oscar-portela

  14. 14 Oscar Portela

    Pena que el Borda no acepte a los dig­nos “bru­tos”: Como ARES por ejem­plo, quien elo­gia a Gal­tieri cuando debe­ría elo­giar a TAT­CHER que le debe a este gene­ral Argen­tino su re-elección, y la defi­ni­tiva per­dida de MAL­VI­NAS, que hoy per­te­nece a la COMU­NI­DAD EUROPEA.

    VIVA GAL­TIERI . Viva el SACER­DOTE DE ISIS MR. ARES: Oscar Portela

  15. 15 Oscar Portela

    ESPE­CIAL PARA LA HIS­TO­RIA PARA­LELA Y PARA SUSU SECHI

    HIPER-PRESIDECIACIALISMO:
    HIPER­TRO­FIA Y AUTORITARISMO

    por OSCAR PORTELA

    La hipér­bole sur­gió espon­tá­nea­mente – como debía ser – en una de las innu­me­ras alo­cu­cio­nes públi­cas que la Pri­mer Man­da­ta­rio Argen­tino diri­gió a su pue­blo: “los fun­da­do­res bus­ca­ron nues­tras iden­ti­da­des – no cito de memo­ria – y la encon­tra­ron. Hoy se trata de con­se­guir defi­ni­ti­va­mente la libe­ra­ción y el reco­no­ci­miento de esas iden­ti­da­des en el mundo”…

    Evi­den­te­mente existe pues un antes y un des­pués del pro­ta­go­nismo de Amé­rica del Sur como blo­que Cul­tu­ral, Polí­tico y Eco­nó­mico a par­tir del tras­va­sa­miento de poder de las anti­guas diri­gen­cias a las moder­nas Demo­cra­cias de la Amé­rica del Sur actual: Lula, Bache­let, Chá­vez, Uribe y otros pre­si­den­tes latinoamericanos.

    En la Argen­tina – debe­mos supo­nerlo o dedu­cirlo – des­pués de 1853– debía­mos espe­rar la lle­gada de la admi­nis­tra­ción Kir­ch­ner para lograr con­so­li­dar defi­ni­ti­va­mente nues­tra posi­ción en el mundo.

    Una posi­ción que logró osten­tar el sello de la octava poten­cia del mundo y que en hoy esta por debajo de la posi­ción treinta y seis.

    En los últi­mos vein­ti­trés años Argen­tina cedió ocho posi­cio­nes en la escala de los paí­ses mas evo­lu­cio­na­dos del mundo.

    ¿A que se debe pués esta exal­ta­ción que con­vir­tió al grupo Gober­nante en los nue­vos Fun­da­do­res de una Nueva Amé­rica Latina?

    A tenor de la evo­lu­ción de la deuda externa Argen­tina desde 1976, momento en que el monto de la deuda externa argen­tina era de 6.000 millo­nes de dóla­res, –cifra que parece hoy insig­ni­fi­cante ante los mas de 170.000 millo­nes a que asciende en la actua­li­dad — cree­mos que no exis­ten datos que nos per­mi­tan tanta exu­be­rante pre­sun­ción retó­rica que indi­caba de que asis­tía­mos a un mila­gro Refun­da­cio­nál en lo Polí­tico Ins­ti­tu­cio­nal, en lo Cul­tu­ral y en lo Eco­nó­mico que nos per­mi­tía tanto deli­rante optimismo.

    En 1853 se san­cionó una Cons­ti­tu­ción de Corte Libe­ral que dejó en apa­rente olvido las ideas sos­te­ni­das tanto por San Mar­tín como las del Dr. Manuel Bel­grano – egre­sado de la Uni­ver­si­dad de Sala­manca – y que hacían coro al pedido de Maxi­mi­li­ano de Habs­burgo– cuando pro­puso a Juá­rez en el exi­lio el modelo de una Monar­quía Cons­ti­tu­cio­nal en la que el Rey deli­bera pero no gobierna.

    El mismo que sos­tie­nen aún algu­nas demo­cra­cias euro­peas. Sis­te­mas en los cua­les – recor­de­mos la inter­ven­ción de Juan Car­los de Bor­bón para evi­tar el golpe de Teje­dor en el periodo de tran­si­ción hacia la Repú­blica– tanto reyes como Pri­me­ros Minis­tros, pue­den res­ta­ble­cer los des­equi­li­brios estruc­tu­ra­les de un sis­tema par­la­men­ta­rio, recons­tru­yendo un gabi­nete incluso per­mi­tiendo el acceso de las mino­rías al gabi­nete en cri­sis, lo que hoy intenta des­gua­zarse en una Argen­tina donde las ambi­cio­nes hege­mó­nica siguen atra­ve­sando el des­tino de un Repú­blica hasta hoy perdida.

    De este modo se evi­tan las hiper­tro­fias y necro­sis ins­ti­tu­cio­na­les enquis­ta­das en los pre­si­den­cia­lis­mos y que con­du­cen inevi­ta­ble­mente a la oclu­sión de la ver­da­dera repre­sen­ta­ción, cues­tión vigente hoy y exa­cer­bada en los dis­cur­sos fun­da­men­ta­lis­tas de quie­nes aún gobier­nan en las nacio­nes de los lla­ma­dos paí­ses emer­gen­tes como el nuestro.

    Estos dis­la­tes dis­cur­si­vos que abar­ca­ron todos los men­sa­jes pre­si­den­cia­les durante este periodo de extrema cri­sis ins­ti­tu­cio­nal, lle­gan a los “deba­tes” del senado de la mano de la banca ofi­cia­lista y evi­den­cian hasta que punto el hiper­pre­si­den­cia­lismo y los fun­da­men­ta­lis­mos, per­te­ne­cen a una sola genea­lo­gía – el auto­ri­ta­rismo– igno­rando la ver­da­dera natu­ra­leza jurí­dica de toda ver­da­dera institucionalidad.

    La sobe­ra­nía del man­dante que cons­ti­tuye la medula de toda demo­cra­cia abierta: el ciudadano.

    Cuando este sena­dor afirmó alguna vez deján­dose lle­var por la intem­pe­ran­cia “Cris­tina nos trajo acá”, olvido en un acto de amne­sia, que el más humilde de los ciu­da­da­nos Argen­ti­nos está pre­sente en el recinto del Con­greso de la Nación amas de nues­tros gran­des repú­bli­cos, y que este recinto cons­ti­tuye el alma de toda repre­sen­ta­ción auten­tica que res­pira por los pul­mo­nes de sus repre­sen­tan­tes y que desde el punto de vista cons­ti­tu­cio­nal — desde la comuna – pala­bra acu­ñada durante la revo­lu­ción fran­cesa, y sus con­ce­ja­les comu­na­les, hasta las legis­la­tu­ras pro­vin­cia­les y las gober­na­cio­nes, tie­nen el man­dato de deli­be­rar y gober­nar de acuerdo a la repre­sen­ta­ción otor­gada por los sobe­ra­nos de una ver­da­dera Repú­blica: las Cons­ti­tu­cio­nes Pro­vin­cia­les y el Ciudadanos.

    Sin que­rer se con­ti­núa ases­tando de este modo un golpe mor­tal a la legi­ti­mi­dad de las ins­ti­tu­cio­nes. De este dis­late a afir­mar que las ban­cas per­te­ne­cen a un par­tido polí­tico existe un solo paso.

    En el Soviet si per­te­ne­cían al Par­tido por­que el par­tido era el Estado.

    El ánimo tota­li­ta­rio sobre el cual la juris­pru­den­cia y no los agre­ga­dos a las leyes que rigen la aduana fue una cons­tante del país uni­ta­rio y en esta siem­pre se juega la última carta.

    Evi­tar que des­pués de haber emi­tido un sufra­gio con lis­tas saba­nas se pro­duz­can las diás­po­ras de los repre­sen­ta­dos que comien­zan a repre­sen­tarse a si mis­mos — colec­to­ras, can­di­da­tu­ras fal­sas– depende de una reforma subs­tan­cial que rija la vida interna de los par­ti­dos polí­ti­cos y su rela­ción con la socie­dad en todos sus estamentos.

    Se trata de un desa­fío pen­diente para el manejo de una demo­cra­cia que nese­cita legi­ti­mar día a día el poder nece­sa­rio para gober­nar una sociedad.

    No exis­ti­ría o sería inne­ce­sa­rio todo pro­ceso el jui­cio polí­tico si la legi­ti­mi­dad de un gobierno estu­viera ase­gu­rada durante todo un periodo.

    Remo­ver a un fun­cio­na­rio de su cargo por cues­tio­nes de inha­bi­li­dad o por mal manejo de las cues­tio­nes públi­cas cons­ti­tuye un man­dato de la Cons­ti­tu­cio­nal Nacional.

    Si bién la cues­tión de la cri­sis eco­nó­mica que pone en riego la capa­ci­dad de ges­tio­nar el riego país (aumen­tos de tari­fas en luz, gas, medi­cina pre­paga , alqui­le­res, ali­men­tos, etc ) e impo­si­bi­li­dad de enfren­tar la cre­ciente deuda externa, suma­dos a los más 15.000 millo­nes de argen­ti­nos por debajo de la linea de la pobreza –cons­ti­tuye la chispa que encen­derá, tarde o tem­prano el fuego de la cri­sis que hoy para­liza el país– lo que ver­da­de­ra­mente jaquea a nues­tra socie­dad, la gol­pea y la lleva a la vio­len­cia, a la deses­pe­ra­ción, o la indi­fe­ren­cia en muchos casos, cons­ti­tuye lo que acá hemos expuesto de manera sumaria.

    Cri­sis de legi­ti­mi­dad en el manejo del poder nacido de la oclu­sión de la ver­da­dera repre­sen­ta­ción repu­bli­cana den­tro del marco de una demo­cra­cia abierta y dinámica.

    Mien­tras los mar­cos nor­ma­ti­vos en los que encua­dran las leyes no encuen­tren for­mas de regu­lar el manejo del poder, la ten­ta­ción tota­li­ta­ria y el dis­curso fun­da­men­ta­lista y mesiá­nico, serán siem­pre un peli­gro latente para la socie­dad Argentina.

    Hemos dicho en otras cir­cuns­tan­cias que la Argen­tina ha care­cido de gran­des par­ti­dos que cons­ti­tu­ye­ran la columna ver­te­bral de las trans­for­ma­cio­nes de los pode­res socia­les y que esto dió ori­gen en todo momento a la anar­quía, el caos y la violencia.

    Queda claro que el acto de desobe­dien­cia de la izquierda a Juan Domingo Perón en 1973 res­pon­dió a que ni los par­ti­dos ni los movi­mien­tos con­si­guie­ron la dis­ci­plina del con­senso que con­siga un dis­curso franco rente a lo que eufe­mís­ti­ca­mente lla­ma­mos ahora polí­ti­cas de Estado, cuando la des­com­po­si­ción social ame­naza con la paz interna del país.

    Para fina­li­zar dire­mos que tanto polí­ti­cos como ana­lis­tas y hasta “locu­to­res” hablan del fla­gelo que sig­ni­fica la reelec­ción en un sis­tema Repu­bli­cano y Fede­ral de Gobierno.

    Nin­guna Cons­ti­tu­ción con­tiene la reve­la­ción bíblica de dog­mas que per­du­ran a tra­vés de la his­to­ria. No se puede afir­mar como Gron­dona que “los pla­tos rotos lo paguen los que vienen”.

    ¿Pen­sa­ron así los nor­te­ame­ri­ca­nos cuando exi­gie­ron la renun­cia de Nixon luego del pro­nun­cia­miento del Gran Jurado?

    Todo depende de las cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas por las que atra­viesa un pue­blo: el pacto de la Mon­cloa que resulta ya un lugar común en las refe­ren­cias polí­ti­cas de hoy fue un logro de Juan Car­los de Bor­bón edu­cado por Franco para hacer frente a estas situaciones.

    Una de esas situa­cio­nes llevó a que Fran­klin Delano Roo­sel­vet fuera por cua­tro perio­dos pre­si­dente de los Esta­dos y que a su muerte durante la Segunda Gue­rra Mun­dial su suce­sor Harry Tru­man –luego de un segundo periodo– dejara a los Esta­dos Uni­dos luego de un periodo de oscu­ri­dad sol­ven­tado por el talento de Roo­sel­vet como pri­mer poten­cia del mundo.

    Nadie debe espe­rar mila­gros en una Argen­tina liba­ni­zada en la cual el ex Pre­si­dente Kir­ch­ner parece igno­rar que su gran logro con­sis­tió el lograr una vez más que en la Argen­tina del pero­nismo his­tó­rico — lejano ya — se pueda pasar de ser un “gerente” a un enemigo y que hoy se con­vierta por impe­rio de nues­tra cul­tura polí­tica en un “pero­nista disi­dente K”.

    Vio­len­cia, pobreza cre­ciente, exclu­sión, pér­dida de diá­lo­gos bila­te­ra­les, aumento alar­mante del défi­cit fis­cal, infla­ción, libre comer­cio de la droga, des­cul­tu­ra­li­za­ción y sobre todo una socie­dad, que solo existe para sobre­vi­vir sin espe­rar para las gene­ra­cio­nes futu­ras, solo para la huída hacia hori­zon­tes de mayor excelencia.

  16. 16 Oscar Portela

    Oscar del Barco — el filo­sofo lati­noa­me­ri­cano más lúcido de nues­tra época — ter­mina su polé­mica sobre una ética más allá de la ética, en esta con­tes­ta­ción al pen­sa­dor León Rozit­ch­ner”: Oscar Portela

    Obser­va­cio­nes al artículo de León Rozitchner.

    Pri­mero hay que saber vivir…”

    por Oscar del Barco

    I

    Comienzo con las pri­me­ras cua­tro pala­bras del título del artículo de Rozi­cht­ner: pri­mero hay que saber… sí, hay que saber… de quién se habla y de qué se habla, en con­se­cuen­cia no se le debe inven­tar al otro una vida que no es la suya ni atri­buirle ideas que nunca tuvo para así faci­li­tarse la tarea descalificadora…

    Es extraño: Rozi­cht­ner comienza diri­gién­dose a mí y luego, repen­ti­na­mente, habla de “ellos”.

    Este paso al “ellos” intro­duce una con­fu­sión res­pecto a quie­nes son el objeto de sus crí­ti­cas. Me supongo que en el “ellos” lo incluye a Pan­cho Aricó, a Sch­mu­cler, a Kicz­kowsky, a Por­tan­tiero, a todos los que par­ti­ci­pa­ron en la revista Pasado y Pre­sente y, ade­más, a esa inde­ter­mi­nada “izquierda sin sujeto” a la que con lige­reza men­ciona constantemente.

    Con el “ellos” oculta el hecho de que cada uno de noso­tros siguió su pro­pio camino y que ya no pode­mos ser inclui­dos en ese amorfo “ellos” que nos uni­fica y al mismo tiempo nos ignora.

    Rozi­cht­ner ignora que yo no par­ti­cipé en la segunda época de Pasado y pre­sente, la que apa­re­ció en Bue­nos Aires con una nueva direc­ción y con obje­ti­vos polí­ti­cos dis­tin­tos a los de su pri­mera época…

    Ignora que el pequeño grupo que sacó Pasado y Pre­sente en la pri­mera época se había disuelto y que ya no vol­ve­ría a exis­tir como tal grupo…

    Ignora que Aricó se fue a vivir a Bue­nos Aires y que junto con Por­tan­tiero diri­gie­ron la revista en su “nueva época”; que Sch­mu­cler se incor­poró a la juven­tud pero­nista; que Kicz­kowsky, luego de estar dete­nido un año en Salta con los gue­rri­lle­ros del “ejér­cito gue­rri­llero del pue­blo”, siguió tra­ba­jando en Cór­doba; y que yo seguí con mi mili­tan­cia polí­tica y mis estu­dios tam­bién en Córdoba…

    Ignora que en México yo no inte­gré el Grupo de dis­cu­sión socia­lista y que sólo asistí a una reunión por­que me invi­ta­ron a dis­cu­tir mi libro sobre Lenin…

    Ignora que yo no firmé nin­guna decla­ra­ción adhi­riendo a la gue­rra de las Malvinas…

    Ignora que cuando vol­vi­mos a la Argen­tina ni yo, ni Sch­mu­cler, ni Kicz­kowsy, inte­gra­mos el “Club de Cul­tura Socia­lista”, ni par­ti­ci­pa­mos en la revista “La ciu­dad futura” (y debo decir que no par­ti­cipé de hecho y no por dife­ren­cias ideológico-políticas, pues en gene­ral com­par­tía las posi­cio­nes de ese grupo “social­de­mó­crata”, “pro­gre­sista” o como se lo quiera llamar).

    Y si bien nadie tiene por qué cono­cer nues­tras par­ti­cu­la­res his­to­rias per­so­na­les, sí tiene la obli­ga­ción ética de cono­cer­las el que se ponga a hablar sobre las mis­mas. Me atre­ve­ría a decir que es una cues­tión ele­men­tal del ofi­cio de un “crí­tico” de la polí­tica, de la filo­so­fía, de la his­to­ria o de lo que sea…

    II

    Rozit­ch­ner cri­tica mi “inte­lec­tua­lismo” igno­rando no sólo mi mili­tan­cia polí­tica sino tam­bién los tex­tos en que cri­ti­qué el “inte­lec­tua­lismo” de Lenin, de Alt­hus­ser, de Colletti, de Para­mio y Reverte (con estos últi­mos pole­micé sobre el inte­lec­tua­lismo en la revista espa­ñola “El viejo topo”).

    Los libros a los que me refiero y que Rozit­ch­ner ignora son Esen­cia y apa­rien­cia en ‘El Capi­tal’ de Marx, El ‘otro’ Marx y Esbozo de una crí­tica de la teo­ría y la prác­tica leni­nista. En todos ellos cri­tico exten­sa­mente el “inte­lec­tua­lismo” que gra­cio­sa­mente él me atribuye.

    En el último de los libros cita­dos denun­cié no sólo el inte­lec­tua­lismo de Lenin sino tam­bién su par­ti­ci­pa­ción directa (junto con Sta­lin y Trotski, –éste en Terro­rismo y estado explicó cómo ser un buen “terro­rista”-) en la ins­tau­ra­ción de un régi­men de pro­vo­ca­cio­nes y ase­si­na­tos des­ti­na­dos a some­ter a la pobla­ción rusa y a exter­mi­nar a la opo­si­ción popu­lista, men­che­vi­que y “pequeño bur­guesa”, cali­fi­cán­do­los a todos bajo el rubro de kulaks, “bichos”, “enemi­gos de clase”, etc.
    Rozit­ch­ner ignora tanto mis libros como mi mili­tan­cia política.

    Debo pen­sar que se trata de un “método” polé­mico con­sis­tente en igno­rar lo que se cri­tica o sim­ple­mente en dar vuel­tas las car­tas sobre la mesa hacién­dole decir al otro lo que no dice y hacer lo que pre­ci­sa­mente no hace…

    III

    En su artículo me hace apa­re­cer como opuesto a “toda” vio­len­cia, igno­rando que yo hablo de muerte, de ase­si­nato, de vio­len­cia ase­sina, y no de vio­len­cia en general.

    Rozi­cht­ner dis­tin­gue entre violencia-asesina y resis­ten­cia, y mediante un mala­ba­rismo mal inten­cio­nado con­vierte mi opo­si­ción a la violencia-asesina en una opo­si­ción absurda a toda resis­ten­cia. Se trata por supuesto de una arti­maña para con­fun­dir a los lectores.

    En varios de mis escri­tos refe­ri­dos a la “polí­tica” (y cual­quiera, incluso Rozit­ch­ner, puede leer­los) plan­teo como esen­cial­mente válida la resis­ten­cia de los pobres, de los explo­ta­dos, de los enfer­mos, de los pre­sos, de los per­se­gui­dos y dis­cri­mi­na­dos, de los tran­se­xua­les, de los artis­tas, de las muje­res, de los vie­jos, de todos los que de alguna manera luchan por una socie­dad justa, equi­ta­tiva y libre.

    Por otra parte pienso que los seres huma­nos pue­den opo­nerse a cual­quier clase de vio­len­cia e incluso de contra-violencia, vale decir de lle­var el paci­fismo, en caso de ser nece­sa­rio, hasta el martirio.

    En la carta a “La Intem­pe­rie” yo atri­buía al terror que se ins­tauró en los lla­ma­dos paí­ses “socia­lis­tas” o “comu­nis­tas” una res­pon­sa­bi­li­dad fun­da­men­tal en el fra­caso de los idea­les revo­lu­cio­na­rios de nues­tro siglo.

    Al recha­zar el “comu­nismo” los pue­blos de esos paí­ses se resis­tie­ron a vivir en regí­me­nes de dic­ta­du­ras totalitarias.

    Este fra­caso (y digo “fra­caso” por­que esas dic­ta­du­ras, mal lla­ma­das “socia­lis­tas”, en lugar de crear el “reino de la liber­tad” crea­ron cam­pos de explo­ta­ción y exter­mi­nio) cons­ti­tuyó una de las tra­ge­dias de nues­tro siglo, no sólo por los millo­nes de muer­tos inocen­tes que causó sino tam­bién por la pér­dida de los idea­les revo­lu­cio­na­rios que tuvo como consecuencia.

    IV

    Rozit­ch­ner me ataca com­pa­rán­dome de una manera arbi­tra­ria con Jouvé. Según él, Jouvé habría estado en el momento del ase­si­nato del Pupi y se habría opuesto a su eje­cu­ción. En con­se­cuen­cia –afirma– no fue cul­pa­ble. Esta es una ter­gi­ver­sa­ción de lo sucedido.

    Es cierto que Jouvé en un pri­mer momento se opuso, pero luego acató la orden de su Coman­dante… (Jouvé lo reco­noce así en su entre­vista) y por eso yo dije y lo sos­tengo que fue cul­pa­ble (como lo soy yo, aun­que más no sea de una manera “inte­lec­tual” o “ima­gi­na­ria”, como me acusa Rozit­ch­ner peyorativamente).

    Rozi­cht­ner piensa que yo debí plan­tear mis dudas durante el desa­rro­llo de aque­llos acon­te­ci­mien­tos: ignora que yo le advertí a Mas­setti –por inter­me­dio de Ciro Bus­tos, quien puede even­tual­mente tes­ti­fi­carlo– mi reso­lu­ción de cor­tar todo vínculo con el grupo gue­rri­llero si mata­ban, en un nuevo ase­si­nato, a Fron­tini (alias “el grillo”).

    Posi­ble­mente Rozit­ch­ner dirá: ¿cómo puedo yo saber eso? Yo le res­pondo: y si no lo sabe ¿por qué afirma algo que no sabe y que me implica moralmente?

    V

    Rozit­ch­ner cons­truye una suerte de mito: un Jouvé valiente, revo­lu­cio­na­rio, encar­ce­lado, puro (y segu­ra­mente lo es, pero esta­mos dis­cu­tiendo de otra cosa y no de los valo­res éticos de Jouvé), y un del Barco medio loco que se res­pon­sa­bi­liza de algo de lo cual nadie lo acusa.

    Sin embargo Jouvé reco­no­ció con todas las letras que “de alguna manera todos somos responsables”.

    Rozi­ch­ner tam­bién ignora esta frase que para nues­tra dis­cu­sión es una frase esencial.

    Habría que ana­li­zar dete­ni­da­mente la pala­bra “todos” uti­li­zada por Jouvé (¿se refiere sólo a la gue­rri­lla o a todos, incluido Rozit­ch­ner?) y la pala­bra “res­pon­sa­bles”… Si acep­ta­mos que “somos res­pon­sa­bles” debe­mos con­se­cuen­te­mente acep­tar que somos libres y enton­ces de nada vale recu­rrir a las “cir­cuns­tan­cias” o a la “época” para tra­tar de expli­car los actos cometidos.

    Frente a estos pro­ble­mas Rozit­ch­ner pasa olím­pi­ca­mente de largo: ¿para qué ana­li­zar si desde hace años él ya tiene todo expli­cado mediante su esquema “marxista”-“psicoanalista” o como se lo quiera llamar?

    Dice que “Jouvé no es cul­pa­ble” por­que la situa­ción que enfrentó (vale decir la posi­bi­li­dad de ser muerto) lo exime de culpa.

    Pero pre­ci­sa­mente de esto es de lo que esta­mos hablando, de situa­cio­nes extre­mas donde se arries­gaba la vida. No esta­mos hablando de psi­co­lo­gía ni de socio­lo­gía sino, aun­que no le guste la expre­sión, de polí­tica y de ética, ¿o no se da cuenta?

    Vea­mos los hechos: Jouvé acató las dos órde­nes de muerte (por­que par­ti­cipó en dos ase­si­na­tos, aun­que Rozit­ch­ner, de acuerdo con su método mani­pu­la­dor, hable sólo de uno) y por eso fue, como lo fue­ron todos los demás, res­pon­sa­ble y cul­pa­ble (el pro­pio Jouvé así lo reconoce).

    La inter­pre­ta­ción de Rozit­ch­ner apunta a con­tra­po­ner a Jouvé con mi pro­pia con­fe­sión de cul­pa­bi­li­dad, a la que sin com­pren­der trata de ridiculizar.

    Res­pecto a mi posi­ción, que Rozit­ch­ner con­si­dera “abs­tracta”, pro­pia de un inte­lec­tual al mar­gen de la “ver­da­dera” acción, no puedo sino pre­gun­tarle: ¿cómo sabe que estaba al mar­gen de la “acción” y que era “abs­tracta”? Pero ade­más ¿qué quiere decir que una acción es “ver­da­dera” o que es “abstracta”?

    ¿Sólo la mili­tan­cia polí­tica es ver­da­dera? ¿La crea­ción cul­tu­ral, el arte, la filo­so­fía, la reli­gión, la cien­cia, no son ver­da­de­ras por ser “abstractas”?

    Es como si yo, que no sé nada de él, me pusiera a hablar de su vida cali­fi­cán­dola de “abs­tracta”, “pro­fe­so­ral” o lo que sea.

    Tal vez si lee las “memo­rias” de Ciro Bus­tos (sería desea­ble que las leyera) se lleve una sor­presa, y a lo mejor tome con­cien­cia de la irres­pon­sa­bi­li­dad que implica la fábula que ha cons­truido sobre estos trá­gi­cos acontecimientos.

    Pero ¿qué puedo decir yo, cómo defen­derme, si de ante­mano Rozi­cht­ner me ubica “entre los que miran siem­pre sin riesgo, desde afuera”?

    No obs­tante insisto: ¿cómo Rozit­ch­ner puede decir lo que dice si ignora todo res­pecto a mi par­ti­ci­pa­ción en lo suce­dido? ¡Claro que a él eso no le importa ya que le basta con una cons­truc­ción ad hoc para la cual los hechos son accesorios!

    VI

    Can­do­ro­sa­mente, Rozit­ch­ner sigue cre­yendo en la “revo­lu­ción comu­nista” y en la “revo­lu­ción cubana” (está de más decir que tiene todo el dere­cho a pen­sar de ellas lo que quiera… pero tam­bién yo tengo el dere­cho de pen­sar lo que quiera… ¿o por eso me incor­poro a la fila de los “que­bra­dos” o los “traidores”?).

    En un texto apo­lo­gé­tico leído en Cuba en 1999, Rozi­cht­ner sos­tuvo que “Lo ori­gi­nal de la revo­lu­ción cubana con­sis­tió en el modelo de vida, de pen­sa­miento y de obra que desde sus diri­gen­tes se expan­día, por­que venía desde la gente e iba hacia la gente” (El ojo mocho, 18, p. 62), para ter­mi­nar hablando, muy suelto de cuerpo, de lo que llama el “hom­bre nuevo” cubano. Parece un chiste.

    ¿Ignora el “caso” Padi­lla, el poeta al que le qui­ta­ron un pre­mio con­ce­dido por la Casa de las Amé­ri­cas, lo pusie­ron preso, lo obli­ga­ron a fir­mar una decla­ra­ción bochor­nosa de auto-inculpación y final­mente expul­sa­ron del país (al res­pecto se puede con­sul­tar la revista “Con­fi­nes” número 17, con un extenso dos­sier sobre este tema)?

    ¿Ignora el fusi­la­miento del “coman­dante” Ochoa por un pre­sunto trá­fico de dro­gas (¡un “Coman­dante de la Revo­lu­ción” acu­sado de narcotraficante!)?

    ¿Ignora que hay gente que no puede salir de Cuba? ¿Ignora la per­se­cu­ción y el encie­rro de los homosexuales?

    ¿Ignora el con­trol severo de las publi­ca­cio­nes y de todos los medios de expresión?

    ¿Ignora que desde hace 50 años Fidel Cas­tro se man­tiene en el poder y que ha desig­nado como sucesor-heredero a su her­mano Raúl? ¿Esta dic­ta­dura here­di­ta­ria, me pre­gunto, es lo que quiere para nues­tro país?

    Y si no lo ignora enton­ces ¿está de acuerdo? ¿Eso es lo que con­si­dera una revo­lu­ción socia­lista? ¿Cree real­mente que un dic­ta­dor como Fidel Cas­tro y que ase­si­nos como Gue­vara y Masetti son “gue­rri­lle­ros heroicos”?

    VII

    Pero Rozit­ch­ner no se limita a cri­ti­carme sino que apro­ve­cha la oca­sión para expo­ner su “filo­so­fía de la his­to­ria”. Como “filó­sofo” y polí­tico su “Idea” fun­da­men­tal es el des­cu­bri­miento del sujeto como “núcleo de ver­dad his­tó­rica” (algo olvi­dado por esa abs­tracta “inte­lec­tua­li­dad de izquierda” a la que acusa de “izquierda-sin-sujeto”).

    Para Rozit­ch­ner, “izquierda sin sujeto” quiere decir una izquierda sin obre­ros, sin cam­pe­si­nos, sin peque­ños bur­gue­ses, vale decir sin “suje­tos” que hagan la revo­lu­ción. Mien­tras que izquierda con sujeto sería, por el con­tra­rio, la izquierda que supo encon­trar y diri­gir al “sujeto” revo­lu­cio­na­rio: por ejem­plo al pro­le­ta­riado diri­gido por el Par­tido “revo­lu­cio­na­rio” de Lenin; al cam­pe­si­nado de la “larga mar­cha” maoísta; al cam­pe­sino de la “revo­lu­ción cubana”…

    Rozit­ch­ner des­cu­bre el pro­blema de un sujeto al que define pero­gru­llez­ca­mente como “núcleo de ver­dad his­tó­rica”. Por supuesto que sin sujeto no puede haber ver­dad de nin­gún tipo; y sin una clase, mul­ti­tud o lo que sea, fun­da­men­tal­mente intere­sada en la revo­lu­ción, los revo­lu­cio­na­rios no pue­den hacer la revo­lu­ción… ¡vaya con el descubrimiento!

    Está claro que Rozit­ch­ner queda preso del jui­cio hipo­té­tico: si se dan tales o cua­les con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas enton­ces se pro­du­ci­rán tales o cua­les efec­tos, entre ellos la revo­lu­ción. Por supuesto, si mañana llo­viera oro todos sería­mos ricos…

    Pero des­pués del fra­caso de todas las expe­rien­cias que se auto­pro­cla­ma­ron “revo­lu­cio­na­rias” ¿toda­vía Rozit­ch­ner sigue pen­sando que esas lla­ma­das “revo­lu­cio­nes” eran real­mente revoluciones?

    Y si no lo cree ¿cree enton­ces que sus fra­ca­sos se debie­ron sólo a defi­cien­cias “abs­trac­tas” de la izquierda? ¿Cree que aún no se ha puesto el “cuerpo” sufi­cien­te­mente? ¿No piensa que eso que él llama “revo­lu­ción” puede ser hoy algo de hecho impo­si­ble, entre otras cosas por­que en el mundo ya casi nadie quiere esa revo­lu­ción, lla­mé­mosla leni­nista, maoísta, fide­lista, gue­va­rista o como se quiera?

    VIII

    Rozit­ch­ner afirma de manera reite­rada que exis­ten dos tipos de vio­len­cia: una vio­len­cia reac­cio­na­ria, “ins­ta­lada como sis­tema”, y una “con­tra vio­len­cia” revo­lu­cio­na­ria, “radi­cal­mente dis­tinta de la otra”. ¡Qué sim­ple y qué claro resulta todo a par­tir de este esquema!

    Pero cual­quiera que haya leído mi carta sabe que me refe­ría a la vio­len­cia ase­sina ejer­cida por un grupo gue­rri­llero sobre dos de sus miem­bros: en ese caso, le pre­gunto, ¿con­tra quién se ejer­cía la lla­mada “contra-violencia” si se tra­taba de dos mucha­chos inde­fen­sos y enfer­mos frente a un grupo de “revo­lu­cio­na­rios” fuer­te­mente armados?

    Según Rozit­ch­ner la contra-violencia esta­ría, por prin­ci­pio, jus­ti­fi­cada. ¡De esta manera las dic­ta­du­ras mal lla­ma­das “socia­lis­tas” pudie­ron y pue­den jus­ti­fi­carse con sólo cam­biar los nom­bres y en lugar de “dic­ta­dura” decir “contra-violencia”! ¡Un pase mágico que jus­ti­fica el ase­si­nato lla­mán­dolo contra-violencia!

    El pro­blema surge cuando la lla­mada “direc­ción revo­lu­cio­na­ria” ejerce una vio­len­cia feroz con­tra el pue­blo o con­tra lo que Rozi­cht­ner llama el “sujeto” revolucionario.

    A la dic­ta­dura y a la vio­len­cia del mal lla­mado” socia­lismo real” se la podría even­tual­mente, y con­tra toda evi­den­cia, lla­mar “contra-violencia”… pero por des­gra­cia los millo­nes de ase­si­na­dos siguen siendo millo­nes de ase­si­na­dos, al mar­gen del nom­bre que se le dé a la acción de sus asesinos…

    Es obvio que si alguien ejerce vio­len­cia (fami­liar, fabril, edu­ca­cio­nal, hos­pi­ta­la­ria, car­ce­la­ria, polí­tica o la que sea…) el que padece la vio­len­cia puede resis­tirse y de hecho infi­ni­dad de veces se ha resis­tido; y tam­bién es obvio que, de exis­tir, la izquierda ten­dría que impul­sar todas las for­mas de resis­ten­cia de los seres huma­nos con­tra toda suerte de vio­len­cia, de explo­ta­ción y de opresión…

    Pero lo que yo pro­ble­ma­ti­zaba era y es la muerte, quiero decir la vio­len­cia como muerte y no lo que Rozit­ch­ner llama, como si hubiese hecho otro gran des­cu­bri­miento, “contraviolencia”.

    Rozit­ch­ner me pre­gunta –por supuesto que retó­ri­ca­mente– qué haría yo si alguien viniese a matarme.

    Por empe­zar creo que me defen­de­ría, y ade­más creo que podría lle­gar a matar al agre­sor defen­dién­dome (digo “creo” por­que nunca se puede pre­ver de manera abso­luta lo que uno puede lle­gar a hacer con su liber­tad en cir­cuns­tan­cias extremas).

    Pero el hecho de que yo lle­gara a matar ¿qué demues­tra? Sólo demues­tra que yo en deter­mi­nada situa­ción puedo matar, como cual­quiera por otra parte… Pero, agrego, y esto es fun­da­men­tal, puedo tam­bién no matar.

    Rozit­ch­ner dice, por el con­tra­rio, que hay hom­bres, él entre otros, que no pue­den matar, que esen­cial­mente no pue­den matar.

    Lo afirma en su tra­bajo “Vio­len­cia y con­tra­vio­len­cia” diciendo que él es “com­ple­ta­mente inca­paz de dar la muerte a otro ser humano”. Más allá del con­ven­ci­miento esen­cia­lista de Rozit­ch­ner creo que nin­gún ser humano puede saber de ante­mano, de manera abso­luta, qué haría en deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias (ante la tor­tura de un hijo, por ejem­plo) pues como seres libres debe­mos car­gar siem­pre con la terri­ble posi­bi­li­dad de trai­cio­nar, de dela­tar o de matar.

    Lo que no tiene en cuenta Rozit­ch­ner es que yo hablo de muerte y no de vio­len­cia en gene­ral o abs­tracta. En mis libros y en mi vida (ante todo mi vida uni­ver­si­ta­ria) he plan­teado el dere­cho y la nece­si­dad de resis­tir (y la resis­ten­cia con­juga en el mismo acto la liber­tad y la res­pon­sa­bi­li­dad) la injus­ti­cia, la explo­ta­ción y la depredación.

    He plan­teado una contra-violencia, si se quiere usar esta expre­sión, no ase­sina. Esto es algo total­mente dis­tinto a la pasi­vi­dad absurda que me atri­buye Rozitchner.

    IX

    Rozit­ch­ner dice que yo hablé “sin que nadie me lo pidiera”. La expre­sión es extraña y peli­grosa en boca de un “revo­lu­cio­na­rio”; lo digo por las con­se­cuen­cias que podría tener sobre la vida demo­crá­tica de un país si fuera gober­nado por “revo­lu­cio­na­rios” con seme­jan­tes ideas…

    Le pre­gunto ¿por qué alguien tiene que darme per­miso para hablar? Y ¿quién es ese alguien que da per­miso? ¿Y al que da per­miso quién le dio per­miso para dar per­miso? Y ¿por qué tie­nen que per­mi­tirle a uno que hable para recién enton­ces poder hablar? Y final­mente ¿por qué uno no puede “gritar”?

    El pro­ce­di­miento plan­teado por Rozit­ch­ner me recuerda al de los jue­ces que con­de­na­ron a cinco años de cár­cel a J. Brodsky –el poeta ruso que des­pués fue pre­mio Nóbel– pre­gun­tán­dole: ¿quién le ha dicho a usted que es poeta, quién lo ha nom­brado poeta, por qué usted dice que es poeta? ¿Por qué habla?

    ¿Quién le ha pedido que hable?, etc.…

    A mí, en reali­dad, nadie me pidió que hable, en reali­dad hablé sin per­miso, así no más, por­que sí, por­que a veces uno no pude hacer otra cosa que hablar…

    En cuanto al grito, lo acepto como sole­dad casi abso­luta, sin comu­ni­dad, algo vuelto al inte­rior, hacia no sé dónde…

    Pero, claro, su método es el “método” que apli­can sus “revo­lu­cio­na­rios” en Cuba, donde para hablar (se entiende: de polí­tica, reli­gión, filo­so­fía, arte, his­to­ria, cine, socio­lo­gía, o de lo que se quiera que no con­cuerde con la “línea” del gobierno) hay que tener auto­ri­za­ción del Par­tido, de las Orga­ni­za­cio­nes “popu­la­res”, de Raúl o de Fidel Castro…

    Por esa causa no se llena el vacío de sujeto de la izquierda, por­que, entre otras cosas, nadie quiere tener que pedir­les per­miso a los comi­sa­rios, a los jefes o cau­di­llos, para poder hablar.

    X
    A Rozit­ch­ner le parece “inau­dito” que des­pués de 40 años (¿pero real­mente cree que en estos pro­ble­mas se trata de tiempo?) yo “con­dene a todos”.

    Esto es falso, por­que yo hablo de res­pon­sa­bi­li­dad, y si alguien se siente “con­de­nado” eso corre por su pro­pia cuenta.

    Lo que yo digo es muy sim­ple: si alguien dice (como dice Gel­man) que se debe decir la ver­dad, en con­se­cuen­cia debe decir la ver­dad. Me parece que es una exi­gen­cia ética elemental.

    Yo hablo de culpa res­pecto a los res­pon­sa­bles de dos crí­me­nes, y ante todo hablo de mi pro­pia culpa en esos dos ase­si­na­tos y en aque­llos que acepté, y hablo de la culpa de todos los que ase­si­na­ron y acep­ta­ron o jus­ti­fi­ca­ron los ase­si­na­tos (¿o Rozit­ch­ner no lee sino que se limita a ima­gi­nar, a fabu­lar o direc­ta­mente a mentir?).

    Rozit­ch­ner dice que yo “ofrezco como modelo” mi sen­ti­miento de culpa (él dice, malé­vo­la­mente, “mi ope­ra­ción”). Pero me pre­gunto y le pre­gunto: ¿de dónde saca seme­jante bar­ba­ri­dad?
    Agrega, ade­más, que esta “es una forma de elu­dir la reali­dad de su [mí] pasado en la inte­lec­tua­li­dad de izquierda”. ¿Elu­dir mi pasado cuando lo que hago es tra­tar de expo­nerlo y de explicármelo?

    En reali­dad lo que yo hago es asu­mir mi res­pon­sa­bi­li­dad como un sim­ple ser humano. Res­pecto a mi pasado todo lo que él puede decir es algo pro­pio de su igno­ran­cia e irres­pon­sa­bi­li­dad, y digo esto, repi­tién­dome, por la sen­ci­lla razón de que él, como lo he demos­trado ante­rior­mente, no conoce mi pasado.

    Yo asumo mi res­pon­sa­bi­li­dad por haber sido comu­nista y por haber apo­yado al mal lla­mado comu­nismo ruso-soviético, por haber cola­bo­rado con el lla­mado “ejér­cito gue­rri­llero del pue­blo” y por haber sim­pa­ti­zado con la Juven­tud Peronista-Montoneros. Pero en nin­gún momento me ofrezco como modelo de nada.

    XI

    Es evi­dente que Rozit­ch­ner está resen­tido con lo que llama “inte­lec­tua­li­dad de izquierda”. La acusa por­que no supo, siguiendo sus pro­pias ideas, deve­nir la izquierda del sujeto his­tó­rico de la revo­lu­ción (el pro­le­ta­riado, el cam­pe­si­nado, la pequeña bur­gue­sía, los inte­lec­tua­les) y por ser, en con­se­cuen­cia, una “izquierda sin sujeto”, inca­paz de hacer la revo­lu­ción y caída final­mente en los extra­víos guerrilleros.

    Tam­bién se deja lle­var por su ímpetu gene­ra­li­za­dor y acu­sa­to­rio diciendo, en su dis­curso a los cuba­nos, que las madres de plaza de mayo “desa­fia­ron la cobar­día colec­tiva allí donde toda la pobla­ción había defec­cio­nado…” (yo subrayo).

    Me parece un sin sen­tido hablar de toda la pobla­ción cuando en reali­dad hubo miles de muje­res y hom­bres que no “defec­cio­na­ron” sino que die­ron o arries­ga­ron sus vidas en ese tiempo siniestro.

    XII

    Por último quiero seña­lar dos cosas:

    La pri­mera es su acu­sa­ción res­pecto a que inten­cio­nal­mente noso­tros (los que inte­gra­mos Pasado y Pre­sente y, segu­ra­mente, tam­bién la lla­mada izquierda-sin-sujeto) le ocul­ta­mos la ver­dad al pue­blo res­pecto a la guerrilla.

    No se le pasa por la cabeza que noso­tros, como dece­nas de miles de otros argen­ti­nos, creía­mos en lo que decía­mos y en lo que hacía­mos. Lo cual, por supuesto, de nin­guna manera nos justifica.

    En su artículo me acusa insis­ten­te­mente: dice que “sos­layo el debate”; que mi pate­tismo se debe a que sigo “esca­mo­teando” el aná­li­sis; comen­tando una frase de Ricardo Fors­ter, habla de una “com­pli­ci­dad acrí­tica… que ocul­taba la ‘cues­tión cru­cial’”; se refiere a un “pacto de silen­cio” para excluirlo a él y a otros (¿?) del diá­logo; habla de “encu­bri­miento”; mi grito dice que “esconde” los dile­mas de mi pro­pio pasado; y que segui­mos sos­la­yando la refle­xión filosófico-política, no per­mi­tién­dola; repite que yo sos­layo la efi­ca­cia de la dere­cha; me acusa de los efec­tos pro­du­ci­dos por ese “ocul­ta­miento”; lo que pasó des­pués de “ese hecho trá­gico” fue “ocul­tado” con todas las con­se­cuen­cias que esto tuvo; habla de nues­tro “ocul­ta­miento de estos últi­mos veinte años”…etcétera.…

    Esta acu­sa­ción de “ocul­ta­miento” y pacto de silen­cio es una inju­ria de Rozitchner.

    Lo que Rozit­ch­ner no puede com­pren­der es que “ellos”, es decir “noso­tros”, los que inte­gra­mos el grupo ori­gi­na­rio de “Pasado y Pre­sente”, más una parte de la izquierda (salvo él, por supuesto), nos equi­vo­ca­mos en nues­tros plan­tea­mien­tos políticos.

    Donde él ve un pacto des­ti­nado a ocul­tarle a los obre­ros y estu­dian­tes la reali­dad de sus posi­bi­li­da­des revo­lu­cio­na­rias, lo que en reali­dad exis­tió fue un error de apre­cia­ción polí­tica (des­gra­ciado y dra­má­tico, por cierto) fun­dado en un des­co­no­ci­miento de la reali­dad socio-económica de nues­tro país y en una con­cep­ción ideo­ló­gica equi­vo­cada (ante todo leni­nista y gue­va­rista) de la política.

    Es cierto que yo y mis “ami­gos” nos equi­vo­ca­mos afi­lián­do­nos al par­tido comu­nista, nos equi­vo­ca­mos cola­bo­rando con el “ejér­cito gue­rri­llero del pue­blo”, nos equi­vo­ca­mos con los mon­to­ne­ros… Es cierto que fue­ron equi­vo­ca­cio­nes gra­ves y a veces trá­gi­cas, pero lo que es falso, lo que es una calum­nia, es que fue­ran equi­vo­ca­cio­nes des­ti­na­das inten­cio­nal­mente, mediante lo que él llama “pacto”, a impe­dirle a nues­tro pue­blo tomar con­cien­cia de la realidad.

    Los seres huma­nos somos res­pon­sa­bles por­que somos libres y en con­se­cuen­cia pode­mos deci­dir. Esa liber­tad, esa res­pon­sa­bi­li­dad y esa deci­sión, fun­dan lo que llamo culpabilidad.

    Yo estuve en el par­tido comu­nista y como comu­nista apoyé a la Unión Sovié­tica, y por lo tanto soy res­pon­sa­ble de sus millo­nes de ase­si­na­tos y tor­tu­ras. Cuando la U.R.S.S. inva­dió Hun­gría yo, como diri­gente estu­dian­til, apoyé la inva­sión que sig­ni­ficó la muerte de miles de patrio­tas hún­ga­ros. Yo apoyé a China, a las lla­ma­das demo­cra­cias popu­la­res y a Cuba. Apoyé dic­ta­du­ras tota­li­ta­rias igua­les o peo­res que el nazismo. Tam­bién apoyé al “ejér­cito gue­rri­llero del pue­blo” y la lucha de la Juven­tud Pero­nista y del movi­miento armado “montonero”.

    Todo eso es lo que siento como culpa. De esos crí­me­nes hablo cuando hablo de culpa. Y sé que el sen­ti­miento de culpa no me redime, que ni la igno­ran­cia ni la “situa­ción” (como sos­tie­nen algu­nos para sal­var su buena con­cien­cia) nos absuel­ven de nues­tras res­pon­sa­bi­li­da­des. Sé que este hecho es un hecho irremediable.

    Quie­nes pre­ten­den expli­car estos hechos recu­rriendo a la “situa­ción” pro­pia de esos tiem­pos no advier­ten que la “situa­ción” nos abarca a todos, inclui­dos los Videla, los Menén­dez. ¿O ellos no son tam­bién fruto de situa­cio­nes deter­mi­na­das? ¿O acaso la “situa­ción” fun­ciona para unos y no para los otros?

    XIII

    Nues­tros plan­teos polí­ti­cos erró­neos, y este es el punto cen­tral de mi dis­cu­sión, no fue­ron pro­ducto de un “pacto de silen­cio” y de un “ocul­ta­miento” –como afirma Rozi­cht­ner– sino de nues­tra pro­pia ideo­lo­gi­za­ción e ignorancia.

    Lut­her King dijo que las gran­des atro­ci­da­des de nues­tra época “no fue­ron las fecho­rías de los mal­va­dos sino el silen­cio de las bue­nas per­so­nas”: silen­cio frente a la vio­len­cia de las ins­ti­tu­cio­nes, de las poli­cías, de los ejér­ci­tos, de las escue­las, de los mani­co­mios, de las igle­sias, de las fami­lias; silen­cio frente a las injus­ti­cias, frente a las desigual­da­des, frente a la maldad.

    Des­gra­cia­da­mente no puedo dejar de incluirme en este silen­cio mise­ra­ble… (claro, él dirá que estoy gozando al vic­ti­mi­zarme, pero ¡allá él con su psicoanálisis!)

    Lo que des­cu­brie­ron las víc­ti­mas de la shoa y de los gulags fue “la espe­cie humana”, nues­tra espe­cie, a noso­tros mis­mos como seres capa­ces, al menos poten­cial­mente en cuanto somos seres libres, de hacer el mal.

    Por otra parte estoy con­ven­cido de que cada uno ten­dría que asu­mir su res­pon­sa­bi­li­dad y even­tual­mente su cul­pa­bi­li­dad. No por el solo lamento, por la sola deses­pe­ra­ción de un “alma bella”, sino como una forma-de-ser que tal vez nos abri­ría a “cua­li­da­des” fun­da­men­ta­les como son la man­se­dum­bre, la pie­dad, el amor, la hos­pi­ta­li­dad, la tole­ran­cia y, aun­que parezca un oxí­mo­ron, al poder de la no violencia…

    En este sen­tido pienso posi­ti­va­mente en el judeo-cristianismo, aun­que esto a Rozi­cht­ner le parezca un puro extra­vío, y tam­bién pienso en un posi­ble más allá del judeo-cristianismo, aun­que esto le parezca una desmesura.

    A mi jui­cio el “no matar” se ins­cribe en la insis­tente nece­si­dad humana de vivir libres de toda violencia.

    Pre­vio a lo mater­nal y a lo pater­nal el no matar sería el bal­bu­ceo de la vida que clama por el res­peto abso­luto de la Vida como abso­luto. Creo que el lla­mado o la súplica del no matar es la vida misma y la posi­bi­li­dad de la vida mani­fes­tán­dose y per­se­ve­rando como vida.

    Oscar del Barco

    EPI­LOGO DE OSCAR PORTELA

    Elo­gio de Oscar del Barco

    Oscar del Barco no con­cede repor­ta­jes: vive aus­te­ra­mente y soli­ta­rio en la ciu­dad de Cór­doba: durante el pro­ceso mili­tar se exi­lió en Mexico, donde fué pro­fe­sor emé­rito de la Uni­ver­si­dad de Puebla.

    Des­pués de vol­ber a la Argen­tina y publi­car libros monu­men­ta­les sor­pren­dió a la izquierda argen­tina a la que estuvo unido sin jamás inter­ve­nir en hechos de crí­me­nes fác­ti­cos, con un mea culpa dolo­roso y des­ga­rra­dor: su acti­tud no solo causó estu­por sino ata­ques de todo tipo de sus ex-compañeros y algu­nos que nada sabían de su mili­tan­cia. Nadie se enteró de todo esto que quedó redu­cido a una polé­mica entre universitarios.

    En otro país las cosas hubie­sen tomado otro cariz: era un pro­ta­go­nista el que se con­fe­saba tan res­pon­sa­ble como los mili­ta­res de la junta.

    Y sin embargo, los argen­ti­nos, marea­dos con el día a día deja­ron pasar este docu­mento fun­da­men­tal para com­pren­der nues­tra his­to­ria, más allá de las dispu­tas jurí­di­cas acerca de los dere­chos huma­nos, tema que hiere más que nunca la con­cien­cia del hom­bre, y en la que basó el santo Ofi­cio la Sal­va­ción del Alma: la auto­ri­za­ción a matar en nom­bre del bien.

    Oscar Por­tela

  17. 17 Oscar Portela

    SUSU: con el solo texto que supongo cono­ces y te lo dejo se ter­mi­na­rían todas las men­ti­ras– las hipo­crea­cías — y cae­rían las tes­tas de los “dig­na­ta­rios” de la mafía argen­tina: pena que yo no lo pueda publi­car como soli­ci­tada en un gran medio gra­fico de Bue­nos Aires.

    del Barco no recibe a nadie ni dá repor­ta­jes: te mando cari­ños– Oscar Portela

  18. 18 OSCAR PORTELA

    MURIÓ ERNESTO SABÁTO
    EL ÚLTIMO HUMA­NISTA ARGENTINA

    ABAD­DÓN
    O EL APO­CA­LIP­SIS SEGÚN SÁBATO
    ensayo de OSCAR PORTELA

    Luego de actua­li­zado el movi­miento por el caos, la natu­ra­leza, llena de culpa, acaso para libe­rarse de la mala con­cien­cia, invento al artista. Aquí nacen los mis­te­rios de Eleusys. La tra­ge­dia, en la cual el artista, mediante la repre­sen­ta­ción, o movi­miento y drama, expulsa de si los mons­truos que la natu­ra­leza ha depo­si­tado en su seno exor­ciza el mal y orde­nado, el caos mediante la danza gozosa del diti­rambo, dejando rele­gada la volun­tad deéx­ta­sis dio­ni­síaca, que al afir­mar el dolor en medio de la tem­pes­tad, glo­ri­fica la exis­ten­cia en pos de la luz de la apa­rien­cia ejem­pli­fi­cada por la sere­ni­dad celeste de Apolo.

    Glo­sando dicho ope­ra­tivo, Nietzs­che pudo decir: “Tene­mos el arte para no morir de la ver­dad”. Hasta aquí lo que el mismo lla­ma­ría luego, pre­jui­cio teleo­ló­gico en la inter­pre­ta­ción estético-moral de la que el hom­bre seria víc­tima acaso por pre­des­ti­na­ción meta­fí­sica. Tra­tase en efecto del triunfo pal­ma­rio de las fuer­zas reac­ti­vas sobre el campo activo de las mis­mas, que infi­ciona la visión del mundo pro­yec­tada desde siem­pre en el terreno del arte y !a filo­so­fía. Mas tarde vol­ve­ría Nietzs­che en su lucha con­tra el nihi­lismo según los cáno­nes de la her­me­néu­tica genea­ló­gica, a pro­cu­rar el triunfo de Dio­ni­sos sobre la men­tira apo­lí­nea; es decir, sobre la jus­ti­fi­ca­ción esté­tica del mundo dada a luz en su obra “El ori­gen de la tra­ge­dia en el espí­ritu de la música”. Se explica así que Nietzs­che lla­mara a los artis­tas raza de his­trio­nes, con­forme a su manera de jerar­qui­zar tipo­ló­gi­ca­mente los fue­ros huma­nos. Nunca sin embargo este hom­bre que exalto el pesi­mismo de la fuerza, el fata­lismo libe­ra­dor dio­ni­síaco, el nihi­lismo activo, frente al nihi­lismo pasivo, dejo de sen­tir como equí­vo­cos, solo expli­ca­bles según aquel esquema arriba pre­sen­tado (a mi jui­cio) preferido.

    El deseo de des­truc­ción, de cam­bio, de deve­nir puede ser la expre­sión de una fuerza dema­siado pre­ñada de por­ve­nir (como es sabido, mi tér­mino para indi­carlo es la pala­bra dio­ni­síaco); pero puede ser tam­bién el odio de los fra­ca­sa­dos, de los renun­cia­do­res, de los mal for­ma­dos, que des­truye, debe des­truir, por­que lo que existe, toda exis­ten­cia, y hasta cada ser les indigna y les excita”.

    Y más abajo Nietzs­che explica cómo el eter­ni­zar puede por otra parte, así en el arte clá­sico no el de Win­kel­man o Les­sing, deri­var de: gra­ti­tud y de amor; un arte que tiene tal ori­gen será siem­pre un arte de apo­teo­sis, acaso diti­rám­bica como Rubens, feliz como Hafis, clara y bon­da­dosa como Goethe, difun­diendo un homé­rico res­plan­dor de glo­ria sobre todas las cosas; pero puede ser tam­bién aque­lla tirá­nica volun­tad de quien sufre gra­ve­mente, que sobre la par­ti­cu­lar idio­sin­cra­sia de su pro­pio sufri­miento, sobre lo que es más per­so­nal, par­ti­cu­lar res­trin­gido, que­rría impri­mir el sello de una ley y cons­truc­ción obli­ga­to­ria y que por decirlo así, se vin­dica sobre todas las cosas sellán­dola con su pro­pia ima­gen, con la ima­gen de su pro­pia tor­tura, mar­cán­dola con el hie­rro can­dente. Este último es el pesi­mismo román­tico en la forma más expre­siva: ya sea como filo­so­fía scho­penn­haue­riana de la volun­tad, ya sea como música wagneriana”.

    En el pha­tos román­tico está efec­ti­va­mente tra­zada la óptica de la tira­nía, de los efec­tos; óptica pato­ló­gica defor­mante, que tipi­fica esta pre­gunta, clave de la gran meta­fí­sica tipo­ló­gica y genea­ló­gica estu­diada por Deleuze en Nietzs­che: “detrás de la opo­si­ción entre clá­sico y román­tico ¿no se ocul­tará la opo­si­ción entre lo activo y lo reac­tivo?”. Nietzs­che con­cluye: “debe com­pren­derse que a todo gusto clá­sico corres­ponde una can­ti­dad de frial­dad, de luci­dez, de dureza; sobre todo la lógica, la feli­ci­dad en las cosas inte­lec­tua­les, las “tres uni­da­des”, la con­cen­tra­ción, el odio con­tra el sen­ti­miento, la sen­si­bi­li­dad, el sprit, el odio con­tra lo que es breve, agudo, ligero, bueno; no se debe jugar con las fór­mu­las artís­ti­cas: “se debe for­jar la vida de modo que se deba for­mu­lar después”.

    La óptica román­tica, hija de la inter­pre­ta­ción teo­ló­gica moral de la vida que se halla en la base de toda gno­seo­lo­gía y de toda esté­tica como tal, se rela­ciona con la con­cien­cia de culpa y falta y temor mís­tico, hallada en el ori­gen de la frase más anti­gua dicha en los umbra­les del cla­reo de la civi­li­za­ción occidental:

    Desde donde las cosas tie­nen su ori­gen, hacia allá tie­nen que pere­cer, según la nece­si­dad, pues tie­nen que pagar pena y ser juz­ga­dos por su injus­ti­cia, de acuerdo con el orden del tiempo”. Este sen­ti­miento de expa­tria­ción, de apa­tri­dad de lo uno, con­forma en efecto la pasión esté­tica del artista román­tico, sojuz­gado por impe­ra­ti­vos de culpa; por la mor­bosa fas­ci­na­ción de lo mons­truoso, del caos, de la beance.

    Den­tro de esta tra­di­ción se ubi­can inequí­vo­ca­mente los des­bor­des del irra­cio­na­lismo moderno; surrea­lismo, exis­ten­cia­lismo, dadaismo, vita­lismo, futu­rismo, abo­gan por una vuelta a los orí­ge­nes. Así se tra­zan los cami­nos para una vida a punto de extin­guirse, por obra de la mons­truosa camisa de nexo de la razón, de la cien­cia, de la tec­no­cra­cia y el mate­ria­lismo a que nos ha con­du­cido la razón des­bo­cada; máquina tor­tuosa y dia­bó­lica de una reali­dad auto­des­truc­tiva. Den­tro de éste esquema de corro­sión de cáno­nes, en la que el artista, crea­dor omni­po­tente de una reali­dad a la que forma impri­miendo el sello de un mundo jerár­qui­ca­mente orga­ni­zado en sus con­tor­nos ónti­cos, se desa­rro­lla la his­to­ria de la novela. En esta cate­go­ría lite­ra­ria el arte había encar­nado un conato supremo; la fuerza del artista ope­rada en su capa­ci­dad de recrear el mundo desde el sujeto (sub­je­tum), exor­ci­zando los simu­la­cros a tra­vés de más­ca­ras lla­ma­das carac­te­res. Hasta aquí los abis­mos huma­nos habían sido doble­ga­dos por la volun­tad de forma de logos.

    Y ahí comienza nues­tra his­to­ria huma­ni­zado el mundo mediante la puesta en prac­tica del logos, domi­na­dos los fan­tas­mas según figu­ras ale­gó­ri­cas en los cua­les el artista sublima sus tinie­blas, este existe allende las mis­mas, como Dios supre­ma­mente libre res­pecto a sus cria­tu­ras. Es enton­ces cuando estos pode­res adquie­ren auto­no­mía pri­mi­ti­va­mente hun­di­dos en las tinie­blas, doma­dos por el hom­bre en el pro­ceso de huma­ni­za­ción de la natu­ra­leza, se vuel­ven con­tra él.

    Esta rebe­lión de lo humano autó­nomo con­tra el hom­bre forma parte de la ultima zaga trá­gica de la his­to­ria. Había que dar cabida nue­va­mente a los mons­truos, vuel­tos con­tra el artí­fice de una civi­li­za­ción que expulso los pode­res de la vida: según las orto­pe­dias de una lógica inhu­mana. He aquí el ins­tante en que los carac­te­res recla­man su pater­ni­dad res­pecto al crea­dor. Las máqui­nas céli­bes, el cuerpo sin órga­nos, res­pecto al Urs­taat de las sobre­co­di­fi­ca­cio­nes que des­cu­briera Deleuze en “Anti Edipo-Esquizofrenia y Capi­ta­lismo”. Es el momento de una rebe­lión sin pre­ce­den­tes donde el artista debe reco­no­cer sus per­so­na­jes como momen­tos de un esta­dio ele­vado de la volun­tad de poder, en la cual se subli­man los des­do­bla­mien­tos del alma (enchu­fes, cor­tes, flu­jos y cor­tes de flu­jos), según la huma­ni­za­ción de la natu­ra­leza a la cual per­te­nece el hom­bre como enti­dad teleológica.

    Hay filó­so­fos que teo­ri­zan antes de la crea­ción del mundo, como dio­ses. Otros en el momento de la crea­ción, dice Girar­dot enfren­tando Hegel a Nietzs­che: la filo­so­fía de la ple­ni­tud del circulo, a la del drama del movi­miento. Cabría agre­gar aque­llos que filo­so­fan sobre el filo de la des­truc­ción de lo creado, en el ins­tante supremo y tota­li­za­dor del Apocalipsis.

    Estos, de la misma manera que los segun­dos, filo­so­fan desde aden­tro de la vorá­gine o el vér­tigo de la aven­tura de lo real — como lo posi­ble — y acaso mas que aque­llos, entran en depen­den­cia con el des­tino de los demás entes, suje­tos a la suerte tanto del mundo real espe­cu­la­tivo, como al de la fic­ción de lo ima­gi­nado. Bohëme hacia depende la suerte de Dios del des­tino del hom­bre y su posi­bi­li­dad de sal­va­ción. Si el Crea­dor quiere sal­varse debe pues sal­var al mundo por ÉI creado, pos­tu­lado en el que coin­cide Nico­lai Ber­diaiev, en su acerba crí­tica del Dante. En esta suerte de hara­kiri del acto libre crea­dor se advier­ten las hue­llas de la con­cien­cia pro­tes­tante de pecado, agu­zada por Kier­ke­gaard y tipi­fi­cada por Trakl. Bohëme dice expli­cando la dia­léc­tica en la que el mundo del amor nace por media­ción del odio; la luz por media­ción de las tinie­blas: “Si ha de haber luz debe haber tam­bién fuego”; la luz encie­rra en si misma el fuego, es decir, su natu­ra­leza, y habita en el fuego. Y Una­muno, influido por la mís­tica pro­tes­tante pre­sa­giando el drama de Abad­dón dice:

    Mira señor, mira que mi alma no ha de ser libre, mien­tras quede algo esclavo en el mundo que hiciste” y ter­mina “el alma en que tu vives…” “serás en ella esclavo”.

    QUE ES ABADDON?

    Abad­dón es un inmenso con­fe­sio­na­rio en medio del Apo­ca­lip­sis donde se repro­duce la con­fe­sión mas larga y dolo­rosa de que tenga memo­ria la crea­ción con­tem­po­rá­nea: el acta de tes­ti­mo­nio de una impo­ten­cia fecunda en sus catas­tró­fi­cos resul­ta­dos. El crea­dor media­ti­zado por sus per­so­na­jes ingresa al vór­tice de la fic­ción, la cual se abre como una ter­cera dimen­sión de lo real donde se poten­cia­liza la sen­sa­ción de abismo sobre la cual se edi­fica lo exis­tente. De ahí la soli­da­ri­dad onto­ló­gica del crea­dor que ingresa al plano de una fic­ción, en para­le­lismo de pari­gual­dad meta­fí­sica, mien­tras los per­so­na­jes ejem­pli­fi­can des­do­bla­mien­tos suce­si­vos de per­so­na­li­dad, o carac­te­res múl­ti­ples que en reali­dad son uno; siendo las demás nega­ti­vi­da­des ter­cas extraí­das de la reali­dad coti­diana, “des­ajus­ta­das” por la sátira.

    No hay ya “ser” o sobe­rana pre­sen­cia detrás de la fic­ción; los per­so­na­jes — pul­pos de una hidra gigante, exis­ten solo inde­pen­dien­te­mente en dia­grama de media­cio­nes dia­léc­ti­cas, como cre­ci­mien­tos y ten­tácu­los de una misma obse­sión devo­ra­dora. Solo Una­muno antes, jugán­dole una pasada a Piran­de­llo, había plan­teado tra­gi­có­mi­ca­mente el pro­blema de pater­ni­dad del per­so­naje sobre el autor. Así en “Como se hace una novela”, se apres­taba a morir a manos de su per­so­naje cuando este acá­bese de leer su novela. Pero si Una­muno era espejo de su yo lla­mado U. Jugo de la Raza, Sábato hace explo­tar su yo, y lo con­dena a la ser­vi­dum­bre de las media­cio­nes de sus per­so­na­jes, como mul­ti­pli­ca­cio­nes del yo, o car­na­val viviente de obse­sio­nes en un pro­yecto esqui­zo­fré­nico de des­truc­ción del mundo. Así lo coti­diano adquiere la dimen­sión mons­truosa de signo pro­vi­den­cial, oculto bajo el ropaje del engaño.

    Abad­dón es una obra limite escrita sobre un muro que separa la reali­dad de la fic­ción. Si “El túnel” era el poema del agnos­ti­cismo del yo como labe­rinto y “El informe sobre cie­gos” una metá­fora alu­ci­nante, Abad­dón, ronda la dimen­sión de la pará­bola reli­giosa, des­troza la fic­ción como capa­ci­dad sim­bó­lica de hipos­ta­siar un mundo o des­cri­birlo feno­me­no­ló­gi­ca­mente, y con­dena a su crea­dor al exi­lio de una reali­dad pasi­ble de ser des­crita o ela­bo­rada pro­gra­ma­ti­ca­mente, deján­dolo en liber­tad de lle­gar a la obra clá­sica crea­dora de un mundo, orde­na­dora de la luz de los arque­ti­pos y jerar­qui­za­dora de esen­cias, según la nueva her­me­néu­tica del sentido.

    Pro­fe­cía y con­fe­sión dolo­rosa. Novela noc­turna con­forme a la dico­to­mía filo­só­fica en la que funda Sábato su esté­tica caos-razón; medio día-hora del lobo. EI arte debe dar tes­ti­mo­nio de las tinie­blas que la reali­dad esconde en un abrazo de evi­den­cia des­ga­rra­dora entre el crea­dor y el mundo en el cual se halla este com­pro­me­tido y arrai­gado. Desde este punto de vista, geo­me­tría y cien­cia son solo cobi­jos meta­fí­si­cos en los que el hom­bre se res­guarda del tiempo, mien­tras el arte tes­ti­mo­nia tiempo, ham­bre de inmor­ta­li­dad, conato de eter­ni­zar lo momen­tá­neo, pues… “¿quien sino un hom­bre que tiene los intes­ti­nos lle­nos de mierda puede inven­tar el mito de la caverna?”. Aquí la vieja dico­to­mía ter­mina de agu­zar sus limi­tes. Ni la razón, ni la irra­cio­na­li­dad, ni ambas uni­das, pue­den dar tes­ti­mo­nio de los limi­tes meta­fí­si­cos del hom­bre. Tanto los segui­do­res de Nietzs­che; Deleuze, Fou­cault, Blan­chot, Derridá, Trías y Hei­deg­ger, por dis­tin­tos cami­nos lo han veri­fi­cado. Y es que el irra­cio­na­lismo con el cual se intenta res­ca­tar los men­sa­jes pri­mi­ti­vos de la vida, es solo con­se­cuen­cia de los abu­sos de una razón que oculta en sí el ori­gen de nega­cio­nes, que en vez de sobre­pa­sarla, la hace depen­diente de si misma.

    Sen­sa­ción de derrumbe tra­kleano y sen­sa­ción de sole­dad física cris­tiana a dife­ren­cia de Nietzs­che, que en el des­pe­da­za­miento de Dio­ni­sos veía la posi­bi­li­dad de la vida, la plu­ra­li­dad mul­ti­forme y la posi­bi­li­dad de la mas­cara No hay acuer­dos con la espe­ranza; tal vez por ello no se mienta la teo­ría tomista del cuerpo con­tra­ria a la visión trá­gica y amarga de la vida, cons­tante en Sábato, paliada solo a veces por una ape­la­ción a lo heroico (la saga trá­gica del Che) — hoy con­ver­tida en satira de mer­cado– apa­ren­te­mente a un sen­tido noble de huma­ni­dad– que oculta la dis­pora inter­na­cio­nal y la desa­pa­ri­ciòn de los Esta­dos Nacio­nes, con­ver­ti­das en colo­nias desde donde se ejerce el tra­fico de lo màs horrendo que a con­tem­plado la huma­ni­dad en su historia.

    No es este sen­ti­miento de derrumbe el que ase­dia a Bruno Bas­san, un Sábato fic­ti­cio, pero con todas las carac­te­rís­ti­cas de este, frente a la muerte de su padre? Bruno Bas­san devo­rado por la obse­sión de la inuti­li­dad, pero nos­tál­gico sobre­vi­viente de esta expe­di­ción hacia la locura. Si Sábato crea­dor ter­mina des­tru­yén­dose meta­fó­ri­ca­mente, “Bruno se salva para tes­ti­mo­niar su paso a tra­vés del mundo de los hom­bres”. Aun­que hoy Bruno es ya solo, una salva de ucro­nìas que caen hacia el abismo.

    No es casual que Sábato cite en varias opor­tu­ni­da­des a Pavese. Este escri­bió sobre el horror de enve­je­cer, sobre la cadu­ci­dad de la vida y el cas­tigo inme­re­cido de la muerte. Sábato ha defi­nido Abad­dón como una novela noc­turna. Y es que durante la noche los seres arri­ban a deve­lar sus ocul­tas poten­cia­li­da­des. La luz es aquí ocul­ta­miento. Tam­bién Berg­man hizo hin­ca­pié en la hora del lobo. En cam­bio Hit­ch­cock demos­tró en “Vér­tigo” las posi­bi­li­da­des extre­mas de la luz como modo de ope­rar el res­cate de lo coti­diano y su dimen­sión de espanto. Sábato define a la novela como una onto­fa­nía. La reve­la­ción de un todo donde luz y som­bra en las visio­nes del artista, lle­gan a adqui­rir el valor de docu­men­tos intrans­fe­ri­bles cobrando la dimen­sión de cate­go­rías lógi­cas. Sin embargo, es menes­ter adver­tir que toda obra de arte, si bien funda la his­to­ria como tem­po­ra­li­dad y des­tino del ser, se halla minada por una con­cep­ción del mundo y de la vida, estruc­tu­rada his­tó­ri­ca­mente en forma de meta­fí­sica y coro­nada en forma de huma­ni­tas. Es enton­ces una onto­fa­nía rela­ti­vi­zada por la his­to­ria, aun mas cuando se corre el riesgo de abu­sar de la luz o las som­bras, como reve­la­do­res foto­grá­fi­cos. Sin embargo nin­guna otra teo­ría esté­tica se acerca a defi­nir mas y mejor el arte. “Un Dios no escribe nove­las”, dice Bruno. Sábato recuerda a Höl­der­lin “Somos dio­ses cuando soña­mos y men­di­gos cuando esta­mos despiertos”.

    Cuan lejos del ram­plón rea­lismo de los escri­to­res que bus­can for­mar un arte nacio­nal con­forme a heren­cias his­tó­ri­cas y geo­grá­fi­cas pero que lejos tam­bién de los anti­cua­rios for­ma­lis­tas o los lógi­cos pla­tó­ni­cos del obje­ti­vismo moderno. Onto­fa­nía donde luz y som­bra deve­lan la dupli­ci­dad de lo real, lo uno que es lo otro, lo real y su mas­cara infi­nita, no ya como aven­tura de la escri­tura sino como des­tino del mundo.

    La reali­dad habla por boca de Abad­dón. Es cuando Sábato afirma: “Una com­bi­na­ción de Kant con Jeró­nimo Bosch, de Picasso con Eins­tein, de Rilke con Gen­gis Kan. Mien­tras no sea­mos capa­ces de una expre­sión tan inte­gra­dora defen­da­mos por lo menos el dere­cho de hacer nove­las mons­truo­sas”. Abad­dón lo es: domi­nada por un plu­ra­lismo gno­seo­ló­gico, abre el abismo de lo real como infi­ni­tas for­mas de apren­sión, de rela­ción de estas apren­sio­nes y diver­sas rela­cio­nes entre novela y nove­las; entre personajes-autores y autores-personajes.

    Acá la nega­tiva de Sábato a nivo­li­zar frí­vo­la­mente, se me antoja la nega­tiva de Artaud a con­cep­tua­li­zar sus esta­dos per­cep­ti­vos hasta tanto no se res­taure la vida en plenitud.

    Abad­dón es una suma. Una hidra vuelta con­tra si misma donde el crea­dor es vejado y cues­tio­nado, sati­ri­zado y per­do­nado por sus ten­tácu­los per­so­na­jes, y por fin des­ti­nado a sucum­bir impo­si­bi­li­tado de comu­ni­carse aun con aquel sí mismo real que lo pre­cede “soy yo — lo explico -. Pero per­ma­ne­ció inmu­ta­ble con la cabeza en las manos. Casi gro­tes­ca­mente se rec­ti­fico. Soy vos. Pero tam­poco se pro­dujo nin­gún indi­cio de que el otro lo viera o lo oyese”. Enfren­tado a la pater­ni­dad de sus demo­nios el crea­dor sucumbe a ellos. Esta novela esta dedi­cada a los puros: así Sábato man­tiene sus per­so­na­jes en la luci­dez deses­pe­rada que Camus pedía para no man­char la rebe­lión. Poblada por seres reales que adquie­ren a veces ribe­tes de cínica irrea­li­dad, Abad­dón es la radio­gra­fía de la fic­ción como el ser de lo real, cuando el mundo espe­raba lo que hoy, es solo nostalgia.

    A mitad de camino entre el monó­logo del ensayo y el mono-diálogo de la novela, Abad­dón es la novela de la novela o sea una meta-novela: la novela del limite de la novela. A tra­vés de mas­ca­ras bufo­nes­cas Sábato logra una visión apo­ca­líp­tica sin pre­ce­den­tes del des­or­den ins­ti­tu­cio­na­li­zado por la civi­li­za­ción contemporánea.

    A veces Abad­dón se resiente de enca­bal­ga­mien­tos entre la espe­cu­la­ción teo­ré­tica y el estado de viden­cia en estre­cho abrazo con la reali­dad que Sábato pide para con­for­mar su onto­fa­nía. Es que Abad­dón renun­cia a obje­ti­vi­zar almas. Las suyas per­ma­ne­cen como “él” con res­pecto a ellas, en estado de depen­den­cia de espe­jos enfren­ta­dos que pro­yec­tan la sen­sa­ción del infi­nito y del vér­tigo. Por eso Abad­dón carece del valor docu­men­tal del Kara­ma­zov dos­toievs­kiano. En éste los per­so­na­jes filo­so­fan desde si. En Sábato repi­ten a Sábato y a él se que­jan de un estado de deyec­ción en un mundo que no habían pedido. Y es que Abad­dón es una obra limite; un des­quite de Sábato con­tra una reali­dad inso­por­ta­ble que hin­cha hasta lo monstruoso.

    Abad­dón es el tumulto de que habla Sábato hecho novela. Meta-ficción mon­tada sobre un dua­lismo ya supe­rado que corona el esfuerzo de la espe­cu­la­ción filo­só­fica occi­den­tal de miles de años. La obra de Sábato es por un lado el canto de cisne de una cul­tura critica-filosófica, y por el otro, la posi­bi­li­dad de un nuevo tipo de gno­sis; de dis­curso nove­lís­tico a tra­vés de un nuevo tipo de lec­tura de la reali­dad: he aquí res­ca­tado el dis­curso frag­men­ta­rio, los flu­jos des­co­di­fi­ca­dos que atra­vie­san la reali­dad mul­ti­pli­cán­dola hasta el infi­nito. Abad­dón es la eje­cu­ción del orden fini­se­cu­lar de todos los entes, por­que sig­ni­fica el derrumbe de una her­me­néu­tica y de una meta­fí­sica, como mane­ras de con­ce­bir el tiempo de las cosas, con­sa­gra­das como civi­li­za­ción occi­den­tal, que repre­senta solo el“horror vacuì” del desierto que crece.

    Sábato, des­pre­cia­dor del mundo osi­fi­cado del lite­rato pro­fe­sio­nal, abo­ga­dor de un sano BAR­BA­RISMO UNA­MU­NIANO, es un huma­nista que oscila entre la espe­ranza des­es­pe­ran­zada y la ten­ta­ción de la trai­ción del sui­ci­dio que diría Mar­cel. Hasta aquí se ha exi­lado de la luz exi­lián­do­nos, con el a un tur­bio nihi­lismo pos­ro­mán­tico, cuya sen­ten­cia es la de una meta-demonologia.

    A par­tir de Abad­dón que­dan abier­tas las puer­tas para una teo­fa­nía del mila­gro de la luz posi­tiva, en la afir­ma­ción crea­dora del diti­rambo de la obra clásica.

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