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Un Adiós Para La Genial Inda Ledesma
Nada por aquí. Nada por allá. Murió Inda Ledesma. ¿Y quien era preguntarán los más jóvenes?

Y los que acostumbrados al “rating”, los que reverencian el éxito de avatar, los que todo lo saben acerca de los nuevos directores de cine que para presentarse ostentan “tarjetas” en las cuales se dice…..Inda fue de todos los personajes del gran arte cinematográfico que conocí la mas importe – junto a Maria Rosa Gallo – de las actrices-directoras del teatro argentino, y una de las actrices excepcionales de la escena múltiple – que merece morir en el desconocimiento de sus connacionales– en un tiempo de indigencia, en la que nada tiene importancia como no ser los comerciales del “reality-show”, mientras actrices de oros países, gozaron y gozan, hasta la ancianidad, de honores y hasta de tributos protagónicos, mientras a Inda jamás el periodismo amarillo la invitó, ( tiene La palabra) … para que explique cual era el legado que deja hoy a una nación, pobre en ejemplos de excelencia, en todos los ámbitos de la vida social.
Basta con recordar los nombres con los que se codeó en el escenario: Shakespeare, Moliere, Miller, Euripides, Williams, Chejov, O´Neill, Brecht, su amado Pirandello, y tantos otros….
A su lado China Zorrilla resulta una figura de circulación, mientras Inda vivió y vive solo en las escenas de un espectáculo: yo llevó en la memoria la aparición suya, deslumbrante, en un filme raro como “Flop” de Eduardo Mignona (estoy convencido de que en nuestro país solo ella era capaz de hacerlo), como el de crear un personaje caro al mejor Fellini, y llevaré en mi memoria su puesta de “Lisistrata” en el Teatro “San Martín”, pero lloraré no haberla visto en su “ Medea” de Euripides, y en su “MacBeth” del Cisne de Avon.
Inda podía hacer lo que quisiese pero era fundamentalmente una trágica.
Productora y directora dejó a la televisión argentina una de las experiencias más estremecedores de lo que debe ser una Tv. formadora de Cultura: su dirección del “Israfel” de Abelardo Castillo, con una de las más perfectas actuaciones de Alcón a lo largo de su extraordinaria carrera.
No se reunirán multitudes para despedirla: los que la conocieron y trabajaron con ella callarán lo que fue y el periodismo estará ocupado en la vida de Ricardo Rokefort: esa es la argentina de la “Demokracia” que muchos alaban: Sea la Eternidad para Inda Ledesma, ejemplo de conducta humana, de genio y disciplina como actriz: esas virtudes que faltan en este triste país que hoy vivimos: ¿que ya vendrán tiempos mejores? Jean Moreau la comprendería, solo que Inda no filmo en los países en los que trabajó la enorme actriz francesa, que alguna vez seguramente se reunirá con su par argentina. INDA LEDESMA era un volcan de talento. No la velaran ” oficialmente”: no era un “mito popular” y no dá reditos políticos. Así los pueblos olvidan a sus verdaderos maestros.
Autor: Oscar Portela
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18 Comentarios en “Un Adiós Para La Genial Inda Ledesma”
Porfavor espere...


















Tienes toda la razón, Maria Rosa Gallo, Inda y Alejandra Boero fueron las tres grandes actrices argentinas de esa generación, China Zorrilla seria la cuarta si la consideramos argentina por adopcion. Recordar El tobogan con Inda y China es lo mejor que se vio en tv en esa època.
Tienes razón: pero como maestras fueron Alejandra e Inda y nadie más: Oscar Portela
Por todas sus virtudes, personales y artisticas, ella siempre estara en el recuerdo y el corazon de los que valoramos la calidad y la exelencia.
Especial para mi gran amiga y persona SUSU SECHI: OSCAR PORTELA
OSCAR PORTELA: UNA ARDIENTE PACIENCIA
escribe ALBERTO F. ROBREDO
Oscar Portela es decir muchas cosas. Es Corrientes, no la bravía, sino la dulce. Es tradición, no la del atuendo, sino la de la esencia.
Es Argentina, no la del mamarracho y el griterío cursi e ignorante, sino la del saber, que sólo en el infinito encuentra saciedad.
Es amistad, no la superficial que se agota en el empalago de las formas, sino la profunda, que es sufrir en la exigencia y gozar en la entrega.
Es política, no la que tiene al dirigente como principio y fin, sino la que es pura lucha, puro principio, puro sacrificio, en la que la provincia y la nació, son el centro y el ser humano el principio y el fin.
Es periodismo,no el que no es por perderse en la imbecilización y la mediocridad, sino el que es porque divulga, para que la cultura nos esculpa en el camino a la perfección como meta.
Oscar Portela es definición en muchos sentidos. Es un autodidacta multifacético, cuya cultura requiere de varias vidas, mucho menos jóvenes que la de él. ¿Quién conoce de literatura con erudición?. Oscar Portela.
¿Quién bucea por los más intrincados vericuetos de la filosofía en búsqueda de respuestas a interrogantes siempre en aumento?. Oscar Portela.
¿Quién puede escribir en un diario, dirigir una revista, o tener un espacio en radio o televisión, sin más norte que transmitir?. Oscar Portela.
¿Quién sobrelleva esa inmensa tarea que se impuso sobre sus hombros con una penuria económica constante por la indiferencia de quienes tienen poder?. Oscar Portela.
¿Quién es capaz de volcar su alma para enriquecer la poesía?. Oscar Portela.
La síntesis de todo esto, que es Oscar Portela tiene un nombre: Amor. Y el amor es la más preciada representación de Dios.
Alberto F. Robredo: (escritor, jurista) Buenos Aires, Mayo de 1997.
Cariños mil Susu: sigo resistiendo, auque fuí descartado definitivamente como prescindible, y a lo mejor lo sea: la política hoy me provoca nauseas: Oscar Portela
Si el autor de la nota se preocupa sobre los interrogantes de los jóvenes sobre la personalidad de Inda Ledesma, no creo que los haya satisfecho a través de su artículo.
Porque gran parte de la vida de esta actriz estuvo ocupada por el activismo político. Su sueño fue que que en la Argentina se implantase un régimen similar al de la Unión Soviética o la Cuba castrista.
Su militancia fue en el Partido Comunista, fue fiel seguidora de Stalin y luego de Kruschev. Se solidarizó totalmente con la Unión Soviética cuando la represión de las huelgas en Alemania oriental, o la intervención sangrienta de sus tropas en Hungría primero y en Checoslovaquia después.
Aplaudió la toma instauración del Régimen cubano y su exportación (Guerra revolucionaria) al resto de América.
Era una marxista convencida, se alejó del PC argentino durante el Proceso de Reorganización Nacional (lo encontraba muy condescendiente con el gobierno del Tte. Gral. Videla)para apoyar variantes mas virulentas.
Gracias a Dios las ideas de Inda Ledesma no prosperaron (Hasta el momento)
ASI QUE INDA LEDESMA Q.E.P.D. era comunista¿..eso no le quita el merito a una una verdadera Artista…tambien lo era “ATAHUALPA YUPANQUI… El MAESTRO “DON OSVALDO PUGLIESE…A quien que yo admiraba profundamente, junto a “DON ATA”… aunque yo soy anticomunista…los perdono igual¡¡¡¡ el talento no se mide por la ideologia.… ANTONIO JOSE…
SOBRE OSCAR PORTELA por
GREGORIO ANDRÉS ECHEVERRÍA VIDAL ( Santa Fé Arg)
Quien dijo que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo, no habrá ni soñado con que Oscar empuñara un atardecer —con tal sereno ardor— los misterios del canto existencial y el analisis político y filosófico.
La obra de Oscar impugna y ratifica a un mismo tiempo todos los nihilismos, toda la paciencia, toda la aceptación y toda la esperanza.
Pues, ¿qué moción de anhelo más humilde y eficáz que este manso quejido… “preguntar es la plegaria del pensamiento / Pero esperar sin preguntar, calladamente, / es la osadía de ser, cuando la noche cae sobre el mundo”…? Hay poetas cuyo silencio es capaz de hacer estallar las galaxias. Acaso sea ese exacto silencio el sorbo que invalida los placebos y los laudes.
Duele y maravilla compartirlo
Sobre el pánico al comunísmo
de Oscar Portela a sus críticos:
Gottfried Benn, uno de los mayores líricos alemanes del siglo XX, y el genial director de Orquesta Herbert Von Karajan fueron , así, simplemente, nazis: en Nueva York a Karajan se le obligó a pedir perdón.
En Israel estaba prohibido Wagner y en la Alemania nazi estaban prohíbidos muchos artistas judíos, y humillados otros como Malher: nada dice el sumo sacerdote Fernando José Ares, acerca de lo que fué Inda Ledesma como actríz y seguramente porque fué comunista y estalinista como el filosofo genial Oscar del Barco, fué condenada al silencio por éste gobierno.
Porque su militancia en el terreno del arte cubre la mitad de un siglo.
Por otra parte, le digo al sacerdote egípcio Ares, que Ernesto Sábato – de quien fuí amigo de confianza – fué también militante y miembro del Partido Comunista.
Klaus Mann – nieto de Tomas– fué como otros, nazi y ahora : ¿que quiere decirme el señor Ares ?
¿Sobre cuantos millones de rublos murió Inda? ¿ Cuantas campañas de promoción artística le brindo el PC mientras vivió: le recomiendo que no lo lea a Neruda, a Eluard, a Aragón, a Ezequiel Martínez Estrada, aquí nomás, porque a lo mejor puede intoxicarse.
Y por supuesto, que no lo escuche carraspear a Don Atha, porque le faltaría a su memoria. Ningún mejor propagandista de una ideología que murió, que quienes viven aún con la paranoía propia de los Hoover, de los Mccarthy, y hasta la de los cardenales como Spellman.
Dios los bendiga Ares: Oscar Portela
Portela ¿Ud. no quería que los jóvenes conocieran a Inda Ledesma?
Para conocerla hay que conocerla en su totalidad, no parcelada. Inda Ledesma fue una activista marxista que buscó implantar en nuestro país un régimen similar a los que causaron al mundo mas de cien millones de asesinatos (Ver “Libro Negro del Comunismo”).
Ninguna de las bestialidades desencadenadas por el bolcheviquismo concitaron su repudio sino su adhesión.
Y no lo hizo solo desde una postura filosófica sino desde la acción. Integraba el círculo áulico de la conducción del PC, especialmente bajo la dirección de Héctor Agosti. Esa es la verdad irrefutable.
Y eso le faltaba a su nota ¿Acaso le molesta la verdad? Ahora todos los comentarios sobre mi persona adjetivándome “sacerdote egipcio”, “sumo sacerdote”, etc., no me describen a mi sino lo retratan a Ud. Portela.
Y esto sumado a su infantil manía de hacerse el autobombo consignando en el foro comentarios elogiosos sobre su persona ¿A quien mas va a poner? ¿Alguna maestra de la primaria? ya es un hombre grandecito para esas cosas.
Portela, todo lo suyo me ha causado mucha risa, no pude menos que dirigir mi mirada a las gigantografías del Senador Mc Carthy, Herbert Hoover, el cardenal Spellman, Ronald Reagan y John Wayne (A estos dos últimos los omitió), que decoran las paredes de mi casa y sentir un poquito de lástima. Por Ud. naturalmente, especialmente por ese sentido del grotesco que tan bien cultiva.
Chau Portela, saludos a su amigo Sábato y a la CONADEP, seguramente le habrá regalado, quizás autografiada, esa obra obra cumbre de la ciencia-ficción que fue el “Nunca Mas”. Muchas gracias por informar que también era comunista, no se le notaba.
Dedicado a la SEÑORA SUSANA SECHI: Oscar Portela
DIGNO Y SUMO CARDENAL FERNANDO JOSÉ ARES
por OSCAR PORTELA
Es que la cárcel que sufrí durante Galtieri, me codujo hacia la infancia: supongo que usted también sufrió discriminaciones y persecuciones — una muy graciosa fué cuando la División Moralidad de la Policía Federal — clausuró el Teatro donde se exhibía la inmoral y comunista “Doña Flor y sus dos Maridos”, encarcelando a Adrián Ghio y a los concurrentes.
Pobre Ares (Ares “en griego antiguo Ἄρης Arês o Ἄρεως Areôs, ‘conflicto bélico’), se considera el dios olímpico de la guerra, aunque es más bien la personificación de la fuerza bruta y la violencia, así como del tumulto, confusión y horrores de las batallas”…
El mal absoluto es –sigue siendo — para su representación ignara y maniquea de las cosas, el PC — que le sirvió al Proceso (y se debe saber de lo que se habla), los nombres de los subversivos, como me lo decía por entonces el Dr. Andrés Fescina, quien hablaba por boca del general Ibérico Saint Jean
Pero “Leviatán” es propiedad del comunismo para los ímbeciles: así nada contesta acerca del arte, porque este no le incumbe: tampoco que Picasso se haya afiliado al comunismo, y ay, se debería prohibir (lo) la visión del “Guernica” — maravilla de los países liberales que lo permitieron donde porque Picasso muestra el horror y los antecedente de los campos de concentración nazis.
¿Usted es nazi Ares? ¿Pertenece al grupo que sostiene que la excepcionalidad — le suena — permite al inquisidor ser el permanente verdugo del “Otro” porque está ciego y miedoso de lo que puede encontrar en si mismo?
Por supuesto que para usted solo vale que Inda haya sido Comunista — y no continuaré respondiendo a un tontíco que en nada ha contribuido — para bién o mal a realizar la historia — y que vuelve a equivocarse de nuevo con Wayne: debería — so ignorante — haber nombrado al buchón de Cooper y al Presidente del Club del Rifle, mister Charlton Heston, cazador de negros, y no de hipopótamos, en las llanuras de Carolina del Norte.
Bueno: diga ahora a cuantas personas mató Inda, cual fué su rol en función del terrorismo y la subversión en Argentina, o sino cállese para siempre y hable en nombre de un teatro que en nuestro país hoy tiene en Sofovich un icono y a su representante maximo.
¿¿¿¿ En cuanto a lo del bombo — que yo publique en diversos medios del mundo– Europa y toda América — no me convierte en comunista no????
Mrs. Ares: para finalizar Reagan era muy mal actor empero rindió tributo final a Mis Davis con la cual trabajó, en primeros años.
Mientras termino continuaré esperando que se me diga cuales fueron los pecados de Agosti, que se alió con los conservadores para evitar que Perón llegara al poder: en cuanto a Sábato salvo vidas y escribió “Sobre Héroes y Tumbas” — y no solo el “Nunca Más”, corregido por Bonafini.
De un capitulo de este libro se escribió:
“El Informe sobre ciegos es peculiar porque Fernando Vidal Olmos también lo es: un ser de una hibridez espiritual, a mitad de camino entre la belleza y el horror, el amor y el odio, la tolerancia y el racismo.
Parece un espectador que puede contemplar dos espectáculos simultáneos: el cielo de los dioses y las profundidades del infierno.
Es, por eso, en esta dualidad donde se debate y desde la cual nos arroja, arrebatado por la locura aunque con método y rigor científicos, su informe pesadillesco”.…
Es probable que usted mísmo pueda encontrarse en éste retrato:
Ares: Dios lo tenga en su gloria:
Oscar Portela
Portela:
Siempre dije que el Sr. Teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri fue uno de los mejores gobernantes que tuvo nuestra Patria. Ud. me lo ratifica en su nota.
Aunque quizás alguno de sus detenidos no merecía la cárcel sino el neuropsquiátrico ¡Qué le vamos a hacer, nadie es perfecto en la vida! Pero el general tenía buen ojo, eso es irrebatible.
Y lo dejo Portela, víctima del Proceso de Reorganización Nacional, porque ya he perdido demasiado tiempo con Ud. y además todo ha quedado registrado, ya algo mas sería redundante.
Personalidades del Arte Universal : Oscar Portela
Oscar Portela. Website: El Universo de Oscar Portela.
Email: portelao@hotmail.com.
Telefono: 0378315516913. Dirección Postal: Jujuy 1224.
personalidadesdelarteuniversal.com/…/oscar-portela
Pena que el Borda no acepte a los dignos “brutos”: Como ARES por ejemplo, quien elogia a Galtieri cuando debería elogiar a TATCHER que le debe a este general Argentino su re-elección, y la definitiva perdida de MALVINAS, que hoy pertenece a la COMUNIDAD EUROPEA.
VIVA GALTIERI . Viva el SACERDOTE DE ISIS MR. ARES: Oscar Portela
ESPECIAL PARA LA HISTORIA PARALELA Y PARA SUSU SECHI
HIPER-PRESIDECIACIALISMO:
HIPERTROFIA Y AUTORITARISMO
por OSCAR PORTELA
La hipérbole surgió espontáneamente – como debía ser – en una de las innumeras alocuciones públicas que la Primer Mandatario Argentino dirigió a su pueblo: “los fundadores buscaron nuestras identidades – no cito de memoria – y la encontraron. Hoy se trata de conseguir definitivamente la liberación y el reconocimiento de esas identidades en el mundo”…
Evidentemente existe pues un antes y un después del protagonismo de América del Sur como bloque Cultural, Político y Económico a partir del trasvasamiento de poder de las antiguas dirigencias a las modernas Democracias de la América del Sur actual: Lula, Bachelet, Chávez, Uribe y otros presidentes latinoamericanos.
En la Argentina – debemos suponerlo o deducirlo – después de 1853– debíamos esperar la llegada de la administración Kirchner para lograr consolidar definitivamente nuestra posición en el mundo.
Una posición que logró ostentar el sello de la octava potencia del mundo y que en hoy esta por debajo de la posición treinta y seis.
En los últimos veintitrés años Argentina cedió ocho posiciones en la escala de los países mas evolucionados del mundo.
¿A que se debe pués esta exaltación que convirtió al grupo Gobernante en los nuevos Fundadores de una Nueva América Latina?
A tenor de la evolución de la deuda externa Argentina desde 1976, momento en que el monto de la deuda externa argentina era de 6.000 millones de dólares, –cifra que parece hoy insignificante ante los mas de 170.000 millones a que asciende en la actualidad — creemos que no existen datos que nos permitan tanta exuberante presunción retórica que indicaba de que asistíamos a un milagro Refundacionál en lo Político Institucional, en lo Cultural y en lo Económico que nos permitía tanto delirante optimismo.
En 1853 se sancionó una Constitución de Corte Liberal que dejó en aparente olvido las ideas sostenidas tanto por San Martín como las del Dr. Manuel Belgrano – egresado de la Universidad de Salamanca – y que hacían coro al pedido de Maximiliano de Habsburgo– cuando propuso a Juárez en el exilio el modelo de una Monarquía Constitucional en la que el Rey delibera pero no gobierna.
El mismo que sostienen aún algunas democracias europeas. Sistemas en los cuales – recordemos la intervención de Juan Carlos de Borbón para evitar el golpe de Tejedor en el periodo de transición hacia la República– tanto reyes como Primeros Ministros, pueden restablecer los desequilibrios estructurales de un sistema parlamentario, reconstruyendo un gabinete incluso permitiendo el acceso de las minorías al gabinete en crisis, lo que hoy intenta desguazarse en una Argentina donde las ambiciones hegemónica siguen atravesando el destino de un República hasta hoy perdida.
De este modo se evitan las hipertrofias y necrosis institucionales enquistadas en los presidencialismos y que conducen inevitablemente a la oclusión de la verdadera representación, cuestión vigente hoy y exacerbada en los discursos fundamentalistas de quienes aún gobiernan en las naciones de los llamados países emergentes como el nuestro.
Estos dislates discursivos que abarcaron todos los mensajes presidenciales durante este periodo de extrema crisis institucional, llegan a los “debates” del senado de la mano de la banca oficialista y evidencian hasta que punto el hiperpresidencialismo y los fundamentalismos, pertenecen a una sola genealogía – el autoritarismo– ignorando la verdadera naturaleza jurídica de toda verdadera institucionalidad.
La soberanía del mandante que constituye la medula de toda democracia abierta: el ciudadano.
Cuando este senador afirmó alguna vez dejándose llevar por la intemperancia “Cristina nos trajo acá”, olvido en un acto de amnesia, que el más humilde de los ciudadanos Argentinos está presente en el recinto del Congreso de la Nación amas de nuestros grandes repúblicos, y que este recinto constituye el alma de toda representación autentica que respira por los pulmones de sus representantes y que desde el punto de vista constitucional — desde la comuna – palabra acuñada durante la revolución francesa, y sus concejales comunales, hasta las legislaturas provinciales y las gobernaciones, tienen el mandato de deliberar y gobernar de acuerdo a la representación otorgada por los soberanos de una verdadera República: las Constituciones Provinciales y el Ciudadanos.
Sin querer se continúa asestando de este modo un golpe mortal a la legitimidad de las instituciones. De este dislate a afirmar que las bancas pertenecen a un partido político existe un solo paso.
En el Soviet si pertenecían al Partido porque el partido era el Estado.
El ánimo totalitario sobre el cual la jurisprudencia y no los agregados a las leyes que rigen la aduana fue una constante del país unitario y en esta siempre se juega la última carta.
Evitar que después de haber emitido un sufragio con listas sabanas se produzcan las diásporas de los representados que comienzan a representarse a si mismos — colectoras, candidaturas falsas– depende de una reforma substancial que rija la vida interna de los partidos políticos y su relación con la sociedad en todos sus estamentos.
Se trata de un desafío pendiente para el manejo de una democracia que nesecita legitimar día a día el poder necesario para gobernar una sociedad.
No existiría o sería innecesario todo proceso el juicio político si la legitimidad de un gobierno estuviera asegurada durante todo un periodo.
Remover a un funcionario de su cargo por cuestiones de inhabilidad o por mal manejo de las cuestiones públicas constituye un mandato de la Constitucional Nacional.
Si bién la cuestión de la crisis económica que pone en riego la capacidad de gestionar el riego país (aumentos de tarifas en luz, gas, medicina prepaga , alquileres, alimentos, etc ) e imposibilidad de enfrentar la creciente deuda externa, sumados a los más 15.000 millones de argentinos por debajo de la linea de la pobreza –constituye la chispa que encenderá, tarde o temprano el fuego de la crisis que hoy paraliza el país– lo que verdaderamente jaquea a nuestra sociedad, la golpea y la lleva a la violencia, a la desesperación, o la indiferencia en muchos casos, constituye lo que acá hemos expuesto de manera sumaria.
Crisis de legitimidad en el manejo del poder nacido de la oclusión de la verdadera representación republicana dentro del marco de una democracia abierta y dinámica.
Mientras los marcos normativos en los que encuadran las leyes no encuentren formas de regular el manejo del poder, la tentación totalitaria y el discurso fundamentalista y mesiánico, serán siempre un peligro latente para la sociedad Argentina.
Hemos dicho en otras circunstancias que la Argentina ha carecido de grandes partidos que constituyeran la columna vertebral de las transformaciones de los poderes sociales y que esto dió origen en todo momento a la anarquía, el caos y la violencia.
Queda claro que el acto de desobediencia de la izquierda a Juan Domingo Perón en 1973 respondió a que ni los partidos ni los movimientos consiguieron la disciplina del consenso que consiga un discurso franco rente a lo que eufemísticamente llamamos ahora políticas de Estado, cuando la descomposición social amenaza con la paz interna del país.
Para finalizar diremos que tanto políticos como analistas y hasta “locutores” hablan del flagelo que significa la reelección en un sistema Republicano y Federal de Gobierno.
Ninguna Constitución contiene la revelación bíblica de dogmas que perduran a través de la historia. No se puede afirmar como Grondona que “los platos rotos lo paguen los que vienen”.
¿Pensaron así los norteamericanos cuando exigieron la renuncia de Nixon luego del pronunciamiento del Gran Jurado?
Todo depende de las circunstancias históricas por las que atraviesa un pueblo: el pacto de la Moncloa que resulta ya un lugar común en las referencias políticas de hoy fue un logro de Juan Carlos de Borbón educado por Franco para hacer frente a estas situaciones.
Una de esas situaciones llevó a que Franklin Delano Rooselvet fuera por cuatro periodos presidente de los Estados y que a su muerte durante la Segunda Guerra Mundial su sucesor Harry Truman –luego de un segundo periodo– dejara a los Estados Unidos luego de un periodo de oscuridad solventado por el talento de Rooselvet como primer potencia del mundo.
Nadie debe esperar milagros en una Argentina libanizada en la cual el ex Presidente Kirchner parece ignorar que su gran logro consistió el lograr una vez más que en la Argentina del peronismo histórico — lejano ya — se pueda pasar de ser un “gerente” a un enemigo y que hoy se convierta por imperio de nuestra cultura política en un “peronista disidente K”.
Violencia, pobreza creciente, exclusión, pérdida de diálogos bilaterales, aumento alarmante del déficit fiscal, inflación, libre comercio de la droga, desculturalización y sobre todo una sociedad, que solo existe para sobrevivir sin esperar para las generaciones futuras, solo para la huída hacia horizontes de mayor excelencia.
“Oscar del Barco — el filosofo latinoamericano más lúcido de nuestra época — termina su polémica sobre una ética más allá de la ética, en esta contestación al pensador León Rozitchner”: Oscar Portela
Observaciones al artículo de León Rozitchner.
“Primero hay que saber vivir…”
por Oscar del Barco
I
Comienzo con las primeras cuatro palabras del título del artículo de Rozichtner: primero hay que saber… sí, hay que saber… de quién se habla y de qué se habla, en consecuencia no se le debe inventar al otro una vida que no es la suya ni atribuirle ideas que nunca tuvo para así facilitarse la tarea descalificadora…
Es extraño: Rozichtner comienza dirigiéndose a mí y luego, repentinamente, habla de “ellos”.
Este paso al “ellos” introduce una confusión respecto a quienes son el objeto de sus críticas. Me supongo que en el “ellos” lo incluye a Pancho Aricó, a Schmucler, a Kiczkowsky, a Portantiero, a todos los que participaron en la revista Pasado y Presente y, además, a esa indeterminada “izquierda sin sujeto” a la que con ligereza menciona constantemente.
Con el “ellos” oculta el hecho de que cada uno de nosotros siguió su propio camino y que ya no podemos ser incluidos en ese amorfo “ellos” que nos unifica y al mismo tiempo nos ignora.
Rozichtner ignora que yo no participé en la segunda época de Pasado y presente, la que apareció en Buenos Aires con una nueva dirección y con objetivos políticos distintos a los de su primera época…
Ignora que el pequeño grupo que sacó Pasado y Presente en la primera época se había disuelto y que ya no volvería a existir como tal grupo…
Ignora que Aricó se fue a vivir a Buenos Aires y que junto con Portantiero dirigieron la revista en su “nueva época”; que Schmucler se incorporó a la juventud peronista; que Kiczkowsky, luego de estar detenido un año en Salta con los guerrilleros del “ejército guerrillero del pueblo”, siguió trabajando en Córdoba; y que yo seguí con mi militancia política y mis estudios también en Córdoba…
Ignora que en México yo no integré el Grupo de discusión socialista y que sólo asistí a una reunión porque me invitaron a discutir mi libro sobre Lenin…
Ignora que yo no firmé ninguna declaración adhiriendo a la guerra de las Malvinas…
Ignora que cuando volvimos a la Argentina ni yo, ni Schmucler, ni Kiczkowsy, integramos el “Club de Cultura Socialista”, ni participamos en la revista “La ciudad futura” (y debo decir que no participé de hecho y no por diferencias ideológico-políticas, pues en general compartía las posiciones de ese grupo “socialdemócrata”, “progresista” o como se lo quiera llamar).
Y si bien nadie tiene por qué conocer nuestras particulares historias personales, sí tiene la obligación ética de conocerlas el que se ponga a hablar sobre las mismas. Me atrevería a decir que es una cuestión elemental del oficio de un “crítico” de la política, de la filosofía, de la historia o de lo que sea…
II
Rozitchner critica mi “intelectualismo” ignorando no sólo mi militancia política sino también los textos en que critiqué el “intelectualismo” de Lenin, de Althusser, de Colletti, de Paramio y Reverte (con estos últimos polemicé sobre el intelectualismo en la revista española “El viejo topo”).
Los libros a los que me refiero y que Rozitchner ignora son Esencia y apariencia en ‘El Capital’ de Marx, El ‘otro’ Marx y Esbozo de una crítica de la teoría y la práctica leninista. En todos ellos critico extensamente el “intelectualismo” que graciosamente él me atribuye.
En el último de los libros citados denuncié no sólo el intelectualismo de Lenin sino también su participación directa (junto con Stalin y Trotski, –éste en Terrorismo y estado explicó cómo ser un buen “terrorista”-) en la instauración de un régimen de provocaciones y asesinatos destinados a someter a la población rusa y a exterminar a la oposición populista, menchevique y “pequeño burguesa”, calificándolos a todos bajo el rubro de kulaks, “bichos”, “enemigos de clase”, etc.
Rozitchner ignora tanto mis libros como mi militancia política.
Debo pensar que se trata de un “método” polémico consistente en ignorar lo que se critica o simplemente en dar vueltas las cartas sobre la mesa haciéndole decir al otro lo que no dice y hacer lo que precisamente no hace…
III
En su artículo me hace aparecer como opuesto a “toda” violencia, ignorando que yo hablo de muerte, de asesinato, de violencia asesina, y no de violencia en general.
Rozichtner distingue entre violencia-asesina y resistencia, y mediante un malabarismo mal intencionado convierte mi oposición a la violencia-asesina en una oposición absurda a toda resistencia. Se trata por supuesto de una artimaña para confundir a los lectores.
En varios de mis escritos referidos a la “política” (y cualquiera, incluso Rozitchner, puede leerlos) planteo como esencialmente válida la resistencia de los pobres, de los explotados, de los enfermos, de los presos, de los perseguidos y discriminados, de los transexuales, de los artistas, de las mujeres, de los viejos, de todos los que de alguna manera luchan por una sociedad justa, equitativa y libre.
Por otra parte pienso que los seres humanos pueden oponerse a cualquier clase de violencia e incluso de contra-violencia, vale decir de llevar el pacifismo, en caso de ser necesario, hasta el martirio.
En la carta a “La Intemperie” yo atribuía al terror que se instauró en los llamados países “socialistas” o “comunistas” una responsabilidad fundamental en el fracaso de los ideales revolucionarios de nuestro siglo.
Al rechazar el “comunismo” los pueblos de esos países se resistieron a vivir en regímenes de dictaduras totalitarias.
Este fracaso (y digo “fracaso” porque esas dictaduras, mal llamadas “socialistas”, en lugar de crear el “reino de la libertad” crearon campos de explotación y exterminio) constituyó una de las tragedias de nuestro siglo, no sólo por los millones de muertos inocentes que causó sino también por la pérdida de los ideales revolucionarios que tuvo como consecuencia.
IV
Rozitchner me ataca comparándome de una manera arbitraria con Jouvé. Según él, Jouvé habría estado en el momento del asesinato del Pupi y se habría opuesto a su ejecución. En consecuencia –afirma– no fue culpable. Esta es una tergiversación de lo sucedido.
Es cierto que Jouvé en un primer momento se opuso, pero luego acató la orden de su Comandante… (Jouvé lo reconoce así en su entrevista) y por eso yo dije y lo sostengo que fue culpable (como lo soy yo, aunque más no sea de una manera “intelectual” o “imaginaria”, como me acusa Rozitchner peyorativamente).
Rozichtner piensa que yo debí plantear mis dudas durante el desarrollo de aquellos acontecimientos: ignora que yo le advertí a Massetti –por intermedio de Ciro Bustos, quien puede eventualmente testificarlo– mi resolución de cortar todo vínculo con el grupo guerrillero si mataban, en un nuevo asesinato, a Frontini (alias “el grillo”).
Posiblemente Rozitchner dirá: ¿cómo puedo yo saber eso? Yo le respondo: y si no lo sabe ¿por qué afirma algo que no sabe y que me implica moralmente?
V
Rozitchner construye una suerte de mito: un Jouvé valiente, revolucionario, encarcelado, puro (y seguramente lo es, pero estamos discutiendo de otra cosa y no de los valores éticos de Jouvé), y un del Barco medio loco que se responsabiliza de algo de lo cual nadie lo acusa.
Sin embargo Jouvé reconoció con todas las letras que “de alguna manera todos somos responsables”.
Rozichner también ignora esta frase que para nuestra discusión es una frase esencial.
Habría que analizar detenidamente la palabra “todos” utilizada por Jouvé (¿se refiere sólo a la guerrilla o a todos, incluido Rozitchner?) y la palabra “responsables”… Si aceptamos que “somos responsables” debemos consecuentemente aceptar que somos libres y entonces de nada vale recurrir a las “circunstancias” o a la “época” para tratar de explicar los actos cometidos.
Frente a estos problemas Rozitchner pasa olímpicamente de largo: ¿para qué analizar si desde hace años él ya tiene todo explicado mediante su esquema “marxista”-“psicoanalista” o como se lo quiera llamar?
Dice que “Jouvé no es culpable” porque la situación que enfrentó (vale decir la posibilidad de ser muerto) lo exime de culpa.
Pero precisamente de esto es de lo que estamos hablando, de situaciones extremas donde se arriesgaba la vida. No estamos hablando de psicología ni de sociología sino, aunque no le guste la expresión, de política y de ética, ¿o no se da cuenta?
Veamos los hechos: Jouvé acató las dos órdenes de muerte (porque participó en dos asesinatos, aunque Rozitchner, de acuerdo con su método manipulador, hable sólo de uno) y por eso fue, como lo fueron todos los demás, responsable y culpable (el propio Jouvé así lo reconoce).
La interpretación de Rozitchner apunta a contraponer a Jouvé con mi propia confesión de culpabilidad, a la que sin comprender trata de ridiculizar.
Respecto a mi posición, que Rozitchner considera “abstracta”, propia de un intelectual al margen de la “verdadera” acción, no puedo sino preguntarle: ¿cómo sabe que estaba al margen de la “acción” y que era “abstracta”? Pero además ¿qué quiere decir que una acción es “verdadera” o que es “abstracta”?
¿Sólo la militancia política es verdadera? ¿La creación cultural, el arte, la filosofía, la religión, la ciencia, no son verdaderas por ser “abstractas”?
Es como si yo, que no sé nada de él, me pusiera a hablar de su vida calificándola de “abstracta”, “profesoral” o lo que sea.
Tal vez si lee las “memorias” de Ciro Bustos (sería deseable que las leyera) se lleve una sorpresa, y a lo mejor tome conciencia de la irresponsabilidad que implica la fábula que ha construido sobre estos trágicos acontecimientos.
Pero ¿qué puedo decir yo, cómo defenderme, si de antemano Rozichtner me ubica “entre los que miran siempre sin riesgo, desde afuera”?
No obstante insisto: ¿cómo Rozitchner puede decir lo que dice si ignora todo respecto a mi participación en lo sucedido? ¡Claro que a él eso no le importa ya que le basta con una construcción ad hoc para la cual los hechos son accesorios!
VI
Candorosamente, Rozitchner sigue creyendo en la “revolución comunista” y en la “revolución cubana” (está de más decir que tiene todo el derecho a pensar de ellas lo que quiera… pero también yo tengo el derecho de pensar lo que quiera… ¿o por eso me incorporo a la fila de los “quebrados” o los “traidores”?).
En un texto apologético leído en Cuba en 1999, Rozichtner sostuvo que “Lo original de la revolución cubana consistió en el modelo de vida, de pensamiento y de obra que desde sus dirigentes se expandía, porque venía desde la gente e iba hacia la gente” (El ojo mocho, 18, p. 62), para terminar hablando, muy suelto de cuerpo, de lo que llama el “hombre nuevo” cubano. Parece un chiste.
¿Ignora el “caso” Padilla, el poeta al que le quitaron un premio concedido por la Casa de las Américas, lo pusieron preso, lo obligaron a firmar una declaración bochornosa de auto-inculpación y finalmente expulsaron del país (al respecto se puede consultar la revista “Confines” número 17, con un extenso dossier sobre este tema)?
¿Ignora el fusilamiento del “comandante” Ochoa por un presunto tráfico de drogas (¡un “Comandante de la Revolución” acusado de narcotraficante!)?
¿Ignora que hay gente que no puede salir de Cuba? ¿Ignora la persecución y el encierro de los homosexuales?
¿Ignora el control severo de las publicaciones y de todos los medios de expresión?
¿Ignora que desde hace 50 años Fidel Castro se mantiene en el poder y que ha designado como sucesor-heredero a su hermano Raúl? ¿Esta dictadura hereditaria, me pregunto, es lo que quiere para nuestro país?
Y si no lo ignora entonces ¿está de acuerdo? ¿Eso es lo que considera una revolución socialista? ¿Cree realmente que un dictador como Fidel Castro y que asesinos como Guevara y Masetti son “guerrilleros heroicos”?
VII
Pero Rozitchner no se limita a criticarme sino que aprovecha la ocasión para exponer su “filosofía de la historia”. Como “filósofo” y político su “Idea” fundamental es el descubrimiento del sujeto como “núcleo de verdad histórica” (algo olvidado por esa abstracta “intelectualidad de izquierda” a la que acusa de “izquierda-sin-sujeto”).
Para Rozitchner, “izquierda sin sujeto” quiere decir una izquierda sin obreros, sin campesinos, sin pequeños burgueses, vale decir sin “sujetos” que hagan la revolución. Mientras que izquierda con sujeto sería, por el contrario, la izquierda que supo encontrar y dirigir al “sujeto” revolucionario: por ejemplo al proletariado dirigido por el Partido “revolucionario” de Lenin; al campesinado de la “larga marcha” maoísta; al campesino de la “revolución cubana”…
Rozitchner descubre el problema de un sujeto al que define perogrullezcamente como “núcleo de verdad histórica”. Por supuesto que sin sujeto no puede haber verdad de ningún tipo; y sin una clase, multitud o lo que sea, fundamentalmente interesada en la revolución, los revolucionarios no pueden hacer la revolución… ¡vaya con el descubrimiento!
Está claro que Rozitchner queda preso del juicio hipotético: si se dan tales o cuales condiciones objetivas y subjetivas entonces se producirán tales o cuales efectos, entre ellos la revolución. Por supuesto, si mañana lloviera oro todos seríamos ricos…
Pero después del fracaso de todas las experiencias que se autoproclamaron “revolucionarias” ¿todavía Rozitchner sigue pensando que esas llamadas “revoluciones” eran realmente revoluciones?
Y si no lo cree ¿cree entonces que sus fracasos se debieron sólo a deficiencias “abstractas” de la izquierda? ¿Cree que aún no se ha puesto el “cuerpo” suficientemente? ¿No piensa que eso que él llama “revolución” puede ser hoy algo de hecho imposible, entre otras cosas porque en el mundo ya casi nadie quiere esa revolución, llamémosla leninista, maoísta, fidelista, guevarista o como se quiera?
VIII
Rozitchner afirma de manera reiterada que existen dos tipos de violencia: una violencia reaccionaria, “instalada como sistema”, y una “contra violencia” revolucionaria, “radicalmente distinta de la otra”. ¡Qué simple y qué claro resulta todo a partir de este esquema!
Pero cualquiera que haya leído mi carta sabe que me refería a la violencia asesina ejercida por un grupo guerrillero sobre dos de sus miembros: en ese caso, le pregunto, ¿contra quién se ejercía la llamada “contra-violencia” si se trataba de dos muchachos indefensos y enfermos frente a un grupo de “revolucionarios” fuertemente armados?
Según Rozitchner la contra-violencia estaría, por principio, justificada. ¡De esta manera las dictaduras mal llamadas “socialistas” pudieron y pueden justificarse con sólo cambiar los nombres y en lugar de “dictadura” decir “contra-violencia”! ¡Un pase mágico que justifica el asesinato llamándolo contra-violencia!
El problema surge cuando la llamada “dirección revolucionaria” ejerce una violencia feroz contra el pueblo o contra lo que Rozichtner llama el “sujeto” revolucionario.
A la dictadura y a la violencia del mal llamado” socialismo real” se la podría eventualmente, y contra toda evidencia, llamar “contra-violencia”… pero por desgracia los millones de asesinados siguen siendo millones de asesinados, al margen del nombre que se le dé a la acción de sus asesinos…
Es obvio que si alguien ejerce violencia (familiar, fabril, educacional, hospitalaria, carcelaria, política o la que sea…) el que padece la violencia puede resistirse y de hecho infinidad de veces se ha resistido; y también es obvio que, de existir, la izquierda tendría que impulsar todas las formas de resistencia de los seres humanos contra toda suerte de violencia, de explotación y de opresión…
Pero lo que yo problematizaba era y es la muerte, quiero decir la violencia como muerte y no lo que Rozitchner llama, como si hubiese hecho otro gran descubrimiento, “contraviolencia”.
Rozitchner me pregunta –por supuesto que retóricamente– qué haría yo si alguien viniese a matarme.
Por empezar creo que me defendería, y además creo que podría llegar a matar al agresor defendiéndome (digo “creo” porque nunca se puede prever de manera absoluta lo que uno puede llegar a hacer con su libertad en circunstancias extremas).
Pero el hecho de que yo llegara a matar ¿qué demuestra? Sólo demuestra que yo en determinada situación puedo matar, como cualquiera por otra parte… Pero, agrego, y esto es fundamental, puedo también no matar.
Rozitchner dice, por el contrario, que hay hombres, él entre otros, que no pueden matar, que esencialmente no pueden matar.
Lo afirma en su trabajo “Violencia y contraviolencia” diciendo que él es “completamente incapaz de dar la muerte a otro ser humano”. Más allá del convencimiento esencialista de Rozitchner creo que ningún ser humano puede saber de antemano, de manera absoluta, qué haría en determinadas circunstancias (ante la tortura de un hijo, por ejemplo) pues como seres libres debemos cargar siempre con la terrible posibilidad de traicionar, de delatar o de matar.
Lo que no tiene en cuenta Rozitchner es que yo hablo de muerte y no de violencia en general o abstracta. En mis libros y en mi vida (ante todo mi vida universitaria) he planteado el derecho y la necesidad de resistir (y la resistencia conjuga en el mismo acto la libertad y la responsabilidad) la injusticia, la explotación y la depredación.
He planteado una contra-violencia, si se quiere usar esta expresión, no asesina. Esto es algo totalmente distinto a la pasividad absurda que me atribuye Rozitchner.
IX
Rozitchner dice que yo hablé “sin que nadie me lo pidiera”. La expresión es extraña y peligrosa en boca de un “revolucionario”; lo digo por las consecuencias que podría tener sobre la vida democrática de un país si fuera gobernado por “revolucionarios” con semejantes ideas…
Le pregunto ¿por qué alguien tiene que darme permiso para hablar? Y ¿quién es ese alguien que da permiso? ¿Y al que da permiso quién le dio permiso para dar permiso? Y ¿por qué tienen que permitirle a uno que hable para recién entonces poder hablar? Y finalmente ¿por qué uno no puede “gritar”?
El procedimiento planteado por Rozitchner me recuerda al de los jueces que condenaron a cinco años de cárcel a J. Brodsky –el poeta ruso que después fue premio Nóbel– preguntándole: ¿quién le ha dicho a usted que es poeta, quién lo ha nombrado poeta, por qué usted dice que es poeta? ¿Por qué habla?
¿Quién le ha pedido que hable?, etc.…
A mí, en realidad, nadie me pidió que hable, en realidad hablé sin permiso, así no más, porque sí, porque a veces uno no pude hacer otra cosa que hablar…
En cuanto al grito, lo acepto como soledad casi absoluta, sin comunidad, algo vuelto al interior, hacia no sé dónde…
Pero, claro, su método es el “método” que aplican sus “revolucionarios” en Cuba, donde para hablar (se entiende: de política, religión, filosofía, arte, historia, cine, sociología, o de lo que se quiera que no concuerde con la “línea” del gobierno) hay que tener autorización del Partido, de las Organizaciones “populares”, de Raúl o de Fidel Castro…
Por esa causa no se llena el vacío de sujeto de la izquierda, porque, entre otras cosas, nadie quiere tener que pedirles permiso a los comisarios, a los jefes o caudillos, para poder hablar.
X
A Rozitchner le parece “inaudito” que después de 40 años (¿pero realmente cree que en estos problemas se trata de tiempo?) yo “condene a todos”.
Esto es falso, porque yo hablo de responsabilidad, y si alguien se siente “condenado” eso corre por su propia cuenta.
Lo que yo digo es muy simple: si alguien dice (como dice Gelman) que se debe decir la verdad, en consecuencia debe decir la verdad. Me parece que es una exigencia ética elemental.
Yo hablo de culpa respecto a los responsables de dos crímenes, y ante todo hablo de mi propia culpa en esos dos asesinatos y en aquellos que acepté, y hablo de la culpa de todos los que asesinaron y aceptaron o justificaron los asesinatos (¿o Rozitchner no lee sino que se limita a imaginar, a fabular o directamente a mentir?).
Rozitchner dice que yo “ofrezco como modelo” mi sentimiento de culpa (él dice, malévolamente, “mi operación”). Pero me pregunto y le pregunto: ¿de dónde saca semejante barbaridad?
Agrega, además, que esta “es una forma de eludir la realidad de su [mí] pasado en la intelectualidad de izquierda”. ¿Eludir mi pasado cuando lo que hago es tratar de exponerlo y de explicármelo?
En realidad lo que yo hago es asumir mi responsabilidad como un simple ser humano. Respecto a mi pasado todo lo que él puede decir es algo propio de su ignorancia e irresponsabilidad, y digo esto, repitiéndome, por la sencilla razón de que él, como lo he demostrado anteriormente, no conoce mi pasado.
Yo asumo mi responsabilidad por haber sido comunista y por haber apoyado al mal llamado comunismo ruso-soviético, por haber colaborado con el llamado “ejército guerrillero del pueblo” y por haber simpatizado con la Juventud Peronista-Montoneros. Pero en ningún momento me ofrezco como modelo de nada.
XI
Es evidente que Rozitchner está resentido con lo que llama “intelectualidad de izquierda”. La acusa porque no supo, siguiendo sus propias ideas, devenir la izquierda del sujeto histórico de la revolución (el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía, los intelectuales) y por ser, en consecuencia, una “izquierda sin sujeto”, incapaz de hacer la revolución y caída finalmente en los extravíos guerrilleros.
También se deja llevar por su ímpetu generalizador y acusatorio diciendo, en su discurso a los cubanos, que las madres de plaza de mayo “desafiaron la cobardía colectiva allí donde toda la población había defeccionado…” (yo subrayo).
Me parece un sin sentido hablar de toda la población cuando en realidad hubo miles de mujeres y hombres que no “defeccionaron” sino que dieron o arriesgaron sus vidas en ese tiempo siniestro.
XII
Por último quiero señalar dos cosas:
La primera es su acusación respecto a que intencionalmente nosotros (los que integramos Pasado y Presente y, seguramente, también la llamada izquierda-sin-sujeto) le ocultamos la verdad al pueblo respecto a la guerrilla.
No se le pasa por la cabeza que nosotros, como decenas de miles de otros argentinos, creíamos en lo que decíamos y en lo que hacíamos. Lo cual, por supuesto, de ninguna manera nos justifica.
En su artículo me acusa insistentemente: dice que “soslayo el debate”; que mi patetismo se debe a que sigo “escamoteando” el análisis; comentando una frase de Ricardo Forster, habla de una “complicidad acrítica… que ocultaba la ‘cuestión crucial’”; se refiere a un “pacto de silencio” para excluirlo a él y a otros (¿?) del diálogo; habla de “encubrimiento”; mi grito dice que “esconde” los dilemas de mi propio pasado; y que seguimos soslayando la reflexión filosófico-política, no permitiéndola; repite que yo soslayo la eficacia de la derecha; me acusa de los efectos producidos por ese “ocultamiento”; lo que pasó después de “ese hecho trágico” fue “ocultado” con todas las consecuencias que esto tuvo; habla de nuestro “ocultamiento de estos últimos veinte años”…etcétera.…
Esta acusación de “ocultamiento” y pacto de silencio es una injuria de Rozitchner.
Lo que Rozitchner no puede comprender es que “ellos”, es decir “nosotros”, los que integramos el grupo originario de “Pasado y Presente”, más una parte de la izquierda (salvo él, por supuesto), nos equivocamos en nuestros planteamientos políticos.
Donde él ve un pacto destinado a ocultarle a los obreros y estudiantes la realidad de sus posibilidades revolucionarias, lo que en realidad existió fue un error de apreciación política (desgraciado y dramático, por cierto) fundado en un desconocimiento de la realidad socio-económica de nuestro país y en una concepción ideológica equivocada (ante todo leninista y guevarista) de la política.
Es cierto que yo y mis “amigos” nos equivocamos afiliándonos al partido comunista, nos equivocamos colaborando con el “ejército guerrillero del pueblo”, nos equivocamos con los montoneros… Es cierto que fueron equivocaciones graves y a veces trágicas, pero lo que es falso, lo que es una calumnia, es que fueran equivocaciones destinadas intencionalmente, mediante lo que él llama “pacto”, a impedirle a nuestro pueblo tomar conciencia de la realidad.
Los seres humanos somos responsables porque somos libres y en consecuencia podemos decidir. Esa libertad, esa responsabilidad y esa decisión, fundan lo que llamo culpabilidad.
Yo estuve en el partido comunista y como comunista apoyé a la Unión Soviética, y por lo tanto soy responsable de sus millones de asesinatos y torturas. Cuando la U.R.S.S. invadió Hungría yo, como dirigente estudiantil, apoyé la invasión que significó la muerte de miles de patriotas húngaros. Yo apoyé a China, a las llamadas democracias populares y a Cuba. Apoyé dictaduras totalitarias iguales o peores que el nazismo. También apoyé al “ejército guerrillero del pueblo” y la lucha de la Juventud Peronista y del movimiento armado “montonero”.
Todo eso es lo que siento como culpa. De esos crímenes hablo cuando hablo de culpa. Y sé que el sentimiento de culpa no me redime, que ni la ignorancia ni la “situación” (como sostienen algunos para salvar su buena conciencia) nos absuelven de nuestras responsabilidades. Sé que este hecho es un hecho irremediable.
Quienes pretenden explicar estos hechos recurriendo a la “situación” propia de esos tiempos no advierten que la “situación” nos abarca a todos, incluidos los Videla, los Menéndez. ¿O ellos no son también fruto de situaciones determinadas? ¿O acaso la “situación” funciona para unos y no para los otros?
XIII
Nuestros planteos políticos erróneos, y este es el punto central de mi discusión, no fueron producto de un “pacto de silencio” y de un “ocultamiento” –como afirma Rozichtner– sino de nuestra propia ideologización e ignorancia.
Luther King dijo que las grandes atrocidades de nuestra época “no fueron las fechorías de los malvados sino el silencio de las buenas personas”: silencio frente a la violencia de las instituciones, de las policías, de los ejércitos, de las escuelas, de los manicomios, de las iglesias, de las familias; silencio frente a las injusticias, frente a las desigualdades, frente a la maldad.
Desgraciadamente no puedo dejar de incluirme en este silencio miserable… (claro, él dirá que estoy gozando al victimizarme, pero ¡allá él con su psicoanálisis!)
Lo que descubrieron las víctimas de la shoa y de los gulags fue “la especie humana”, nuestra especie, a nosotros mismos como seres capaces, al menos potencialmente en cuanto somos seres libres, de hacer el mal.
Por otra parte estoy convencido de que cada uno tendría que asumir su responsabilidad y eventualmente su culpabilidad. No por el solo lamento, por la sola desesperación de un “alma bella”, sino como una forma-de-ser que tal vez nos abriría a “cualidades” fundamentales como son la mansedumbre, la piedad, el amor, la hospitalidad, la tolerancia y, aunque parezca un oxímoron, al poder de la no violencia…
En este sentido pienso positivamente en el judeo-cristianismo, aunque esto a Rozichtner le parezca un puro extravío, y también pienso en un posible más allá del judeo-cristianismo, aunque esto le parezca una desmesura.
A mi juicio el “no matar” se inscribe en la insistente necesidad humana de vivir libres de toda violencia.
Previo a lo maternal y a lo paternal el no matar sería el balbuceo de la vida que clama por el respeto absoluto de la Vida como absoluto. Creo que el llamado o la súplica del no matar es la vida misma y la posibilidad de la vida manifestándose y perseverando como vida.
Oscar del Barco
EPILOGO DE OSCAR PORTELA
Elogio de Oscar del Barco
Oscar del Barco no concede reportajes: vive austeramente y solitario en la ciudad de Córdoba: durante el proceso militar se exilió en Mexico, donde fué profesor emérito de la Universidad de Puebla.
Después de volber a la Argentina y publicar libros monumentales sorprendió a la izquierda argentina a la que estuvo unido sin jamás intervenir en hechos de crímenes fácticos, con un mea culpa doloroso y desgarrador: su actitud no solo causó estupor sino ataques de todo tipo de sus ex-compañeros y algunos que nada sabían de su militancia. Nadie se enteró de todo esto que quedó reducido a una polémica entre universitarios.
En otro país las cosas hubiesen tomado otro cariz: era un protagonista el que se confesaba tan responsable como los militares de la junta.
Y sin embargo, los argentinos, mareados con el día a día dejaron pasar este documento fundamental para comprender nuestra historia, más allá de las disputas jurídicas acerca de los derechos humanos, tema que hiere más que nunca la conciencia del hombre, y en la que basó el santo Oficio la Salvación del Alma: la autorización a matar en nombre del bien.
Oscar Portela
SUSU: con el solo texto que supongo conoces y te lo dejo se terminarían todas las mentiras– las hipocreacías — y caerían las testas de los “dignatarios” de la mafía argentina: pena que yo no lo pueda publicar como solicitada en un gran medio grafico de Buenos Aires.
del Barco no recibe a nadie ni dá reportajes: te mando cariños– Oscar Portela
MURIÓ ERNESTO SABÁTO
EL ÚLTIMO HUMANISTA ARGENTINA
ABADDÓN
O EL APOCALIPSIS SEGÚN SÁBATO
ensayo de OSCAR PORTELA
Luego de actualizado el movimiento por el caos, la naturaleza, llena de culpa, acaso para liberarse de la mala conciencia, invento al artista. Aquí nacen los misterios de Eleusys. La tragedia, en la cual el artista, mediante la representación, o movimiento y drama, expulsa de si los monstruos que la naturaleza ha depositado en su seno exorciza el mal y ordenado, el caos mediante la danza gozosa del ditirambo, dejando relegada la voluntad deéxtasis dionisíaca, que al afirmar el dolor en medio de la tempestad, glorifica la existencia en pos de la luz de la apariencia ejemplificada por la serenidad celeste de Apolo.
Glosando dicho operativo, Nietzsche pudo decir: “Tenemos el arte para no morir de la verdad”. Hasta aquí lo que el mismo llamaría luego, prejuicio teleológico en la interpretación estético-moral de la que el hombre seria víctima acaso por predestinación metafísica. Tratase en efecto del triunfo palmario de las fuerzas reactivas sobre el campo activo de las mismas, que inficiona la visión del mundo proyectada desde siempre en el terreno del arte y !a filosofía. Mas tarde volvería Nietzsche en su lucha contra el nihilismo según los cánones de la hermenéutica genealógica, a procurar el triunfo de Dionisos sobre la mentira apolínea; es decir, sobre la justificación estética del mundo dada a luz en su obra “El origen de la tragedia en el espíritu de la música”. Se explica así que Nietzsche llamara a los artistas raza de histriones, conforme a su manera de jerarquizar tipológicamente los fueros humanos. Nunca sin embargo este hombre que exalto el pesimismo de la fuerza, el fatalismo liberador dionisíaco, el nihilismo activo, frente al nihilismo pasivo, dejo de sentir como equívocos, solo explicables según aquel esquema arriba presentado (a mi juicio) preferido.
“El deseo de destrucción, de cambio, de devenir puede ser la expresión de una fuerza demasiado preñada de porvenir (como es sabido, mi término para indicarlo es la palabra dionisíaco); pero puede ser también el odio de los fracasados, de los renunciadores, de los mal formados, que destruye, debe destruir, porque lo que existe, toda existencia, y hasta cada ser les indigna y les excita”.
Y más abajo Nietzsche explica cómo el eternizar puede por otra parte, así en el arte clásico no el de Winkelman o Lessing, derivar de: gratitud y de amor; un arte que tiene tal origen será siempre un arte de apoteosis, acaso ditirámbica como Rubens, feliz como Hafis, clara y bondadosa como Goethe, difundiendo un homérico resplandor de gloria sobre todas las cosas; pero puede ser también aquella tiránica voluntad de quien sufre gravemente, que sobre la particular idiosincrasia de su propio sufrimiento, sobre lo que es más personal, particular restringido, querría imprimir el sello de una ley y construcción obligatoria y que por decirlo así, se vindica sobre todas las cosas sellándola con su propia imagen, con la imagen de su propia tortura, marcándola con el hierro candente. Este último es el pesimismo romántico en la forma más expresiva: ya sea como filosofía schopennhaueriana de la voluntad, ya sea como música wagneriana”.
En el phatos romántico está efectivamente trazada la óptica de la tiranía, de los efectos; óptica patológica deformante, que tipifica esta pregunta, clave de la gran metafísica tipológica y genealógica estudiada por Deleuze en Nietzsche: “detrás de la oposición entre clásico y romántico ¿no se ocultará la oposición entre lo activo y lo reactivo?”. Nietzsche concluye: “debe comprenderse que a todo gusto clásico corresponde una cantidad de frialdad, de lucidez, de dureza; sobre todo la lógica, la felicidad en las cosas intelectuales, las “tres unidades”, la concentración, el odio contra el sentimiento, la sensibilidad, el sprit, el odio contra lo que es breve, agudo, ligero, bueno; no se debe jugar con las fórmulas artísticas: “se debe forjar la vida de modo que se deba formular después”.
La óptica romántica, hija de la interpretación teológica moral de la vida que se halla en la base de toda gnoseología y de toda estética como tal, se relaciona con la conciencia de culpa y falta y temor místico, hallada en el origen de la frase más antigua dicha en los umbrales del clareo de la civilización occidental:
“Desde donde las cosas tienen su origen, hacia allá tienen que perecer, según la necesidad, pues tienen que pagar pena y ser juzgados por su injusticia, de acuerdo con el orden del tiempo”. Este sentimiento de expatriación, de apatridad de lo uno, conforma en efecto la pasión estética del artista romántico, sojuzgado por imperativos de culpa; por la morbosa fascinación de lo monstruoso, del caos, de la beance.
Dentro de esta tradición se ubican inequívocamente los desbordes del irracionalismo moderno; surrealismo, existencialismo, dadaismo, vitalismo, futurismo, abogan por una vuelta a los orígenes. Así se trazan los caminos para una vida a punto de extinguirse, por obra de la monstruosa camisa de nexo de la razón, de la ciencia, de la tecnocracia y el materialismo a que nos ha conducido la razón desbocada; máquina tortuosa y diabólica de una realidad autodestructiva. Dentro de éste esquema de corrosión de cánones, en la que el artista, creador omnipotente de una realidad a la que forma imprimiendo el sello de un mundo jerárquicamente organizado en sus contornos ónticos, se desarrolla la historia de la novela. En esta categoría literaria el arte había encarnado un conato supremo; la fuerza del artista operada en su capacidad de recrear el mundo desde el sujeto (subjetum), exorcizando los simulacros a través de máscaras llamadas caracteres. Hasta aquí los abismos humanos habían sido doblegados por la voluntad de forma de logos.
Y ahí comienza nuestra historia humanizado el mundo mediante la puesta en practica del logos, dominados los fantasmas según figuras alegóricas en los cuales el artista sublima sus tinieblas, este existe allende las mismas, como Dios supremamente libre respecto a sus criaturas. Es entonces cuando estos poderes adquieren autonomía primitivamente hundidos en las tinieblas, domados por el hombre en el proceso de humanización de la naturaleza, se vuelven contra él.
Esta rebelión de lo humano autónomo contra el hombre forma parte de la ultima zaga trágica de la historia. Había que dar cabida nuevamente a los monstruos, vueltos contra el artífice de una civilización que expulso los poderes de la vida: según las ortopedias de una lógica inhumana. He aquí el instante en que los caracteres reclaman su paternidad respecto al creador. Las máquinas célibes, el cuerpo sin órganos, respecto al Urstaat de las sobrecodificaciones que descubriera Deleuze en “Anti Edipo-Esquizofrenia y Capitalismo”. Es el momento de una rebelión sin precedentes donde el artista debe reconocer sus personajes como momentos de un estadio elevado de la voluntad de poder, en la cual se subliman los desdoblamientos del alma (enchufes, cortes, flujos y cortes de flujos), según la humanización de la naturaleza a la cual pertenece el hombre como entidad teleológica.
Hay filósofos que teorizan antes de la creación del mundo, como dioses. Otros en el momento de la creación, dice Girardot enfrentando Hegel a Nietzsche: la filosofía de la plenitud del circulo, a la del drama del movimiento. Cabría agregar aquellos que filosofan sobre el filo de la destrucción de lo creado, en el instante supremo y totalizador del Apocalipsis.
Estos, de la misma manera que los segundos, filosofan desde adentro de la vorágine o el vértigo de la aventura de lo real — como lo posible — y acaso mas que aquellos, entran en dependencia con el destino de los demás entes, sujetos a la suerte tanto del mundo real especulativo, como al de la ficción de lo imaginado. Bohëme hacia depende la suerte de Dios del destino del hombre y su posibilidad de salvación. Si el Creador quiere salvarse debe pues salvar al mundo por ÉI creado, postulado en el que coincide Nicolai Berdiaiev, en su acerba crítica del Dante. En esta suerte de harakiri del acto libre creador se advierten las huellas de la conciencia protestante de pecado, aguzada por Kierkegaard y tipificada por Trakl. Bohëme dice explicando la dialéctica en la que el mundo del amor nace por mediación del odio; la luz por mediación de las tinieblas: “Si ha de haber luz debe haber también fuego”; la luz encierra en si misma el fuego, es decir, su naturaleza, y habita en el fuego. Y Unamuno, influido por la mística protestante presagiando el drama de Abaddón dice:
“Mira señor, mira que mi alma no ha de ser libre, mientras quede algo esclavo en el mundo que hiciste” y termina “el alma en que tu vives…” “serás en ella esclavo”.
QUE ES ABADDON?
Abaddón es un inmenso confesionario en medio del Apocalipsis donde se reproduce la confesión mas larga y dolorosa de que tenga memoria la creación contemporánea: el acta de testimonio de una impotencia fecunda en sus catastróficos resultados. El creador mediatizado por sus personajes ingresa al vórtice de la ficción, la cual se abre como una tercera dimensión de lo real donde se potencializa la sensación de abismo sobre la cual se edifica lo existente. De ahí la solidaridad ontológica del creador que ingresa al plano de una ficción, en paralelismo de parigualdad metafísica, mientras los personajes ejemplifican desdoblamientos sucesivos de personalidad, o caracteres múltiples que en realidad son uno; siendo las demás negatividades tercas extraídas de la realidad cotidiana, “desajustadas” por la sátira.
No hay ya “ser” o soberana presencia detrás de la ficción; los personajes — pulpos de una hidra gigante, existen solo independientemente en diagrama de mediaciones dialécticas, como crecimientos y tentáculos de una misma obsesión devoradora. Solo Unamuno antes, jugándole una pasada a Pirandello, había planteado tragicómicamente el problema de paternidad del personaje sobre el autor. Así en “Como se hace una novela”, se aprestaba a morir a manos de su personaje cuando este acábese de leer su novela. Pero si Unamuno era espejo de su yo llamado U. Jugo de la Raza, Sábato hace explotar su yo, y lo condena a la servidumbre de las mediaciones de sus personajes, como multiplicaciones del yo, o carnaval viviente de obsesiones en un proyecto esquizofrénico de destrucción del mundo. Así lo cotidiano adquiere la dimensión monstruosa de signo providencial, oculto bajo el ropaje del engaño.
Abaddón es una obra limite escrita sobre un muro que separa la realidad de la ficción. Si “El túnel” era el poema del agnosticismo del yo como laberinto y “El informe sobre ciegos” una metáfora alucinante, Abaddón, ronda la dimensión de la parábola religiosa, destroza la ficción como capacidad simbólica de hipostasiar un mundo o describirlo fenomenológicamente, y condena a su creador al exilio de una realidad pasible de ser descrita o elaborada programaticamente, dejándolo en libertad de llegar a la obra clásica creadora de un mundo, ordenadora de la luz de los arquetipos y jerarquizadora de esencias, según la nueva hermenéutica del sentido.
Profecía y confesión dolorosa. Novela nocturna conforme a la dicotomía filosófica en la que funda Sábato su estética caos-razón; medio día-hora del lobo. EI arte debe dar testimonio de las tinieblas que la realidad esconde en un abrazo de evidencia desgarradora entre el creador y el mundo en el cual se halla este comprometido y arraigado. Desde este punto de vista, geometría y ciencia son solo cobijos metafísicos en los que el hombre se resguarda del tiempo, mientras el arte testimonia tiempo, hambre de inmortalidad, conato de eternizar lo momentáneo, pues… “¿quien sino un hombre que tiene los intestinos llenos de mierda puede inventar el mito de la caverna?”. Aquí la vieja dicotomía termina de aguzar sus limites. Ni la razón, ni la irracionalidad, ni ambas unidas, pueden dar testimonio de los limites metafísicos del hombre. Tanto los seguidores de Nietzsche; Deleuze, Foucault, Blanchot, Derridá, Trías y Heidegger, por distintos caminos lo han verificado. Y es que el irracionalismo con el cual se intenta rescatar los mensajes primitivos de la vida, es solo consecuencia de los abusos de una razón que oculta en sí el origen de negaciones, que en vez de sobrepasarla, la hace dependiente de si misma.
Sensación de derrumbe trakleano y sensación de soledad física cristiana a diferencia de Nietzsche, que en el despedazamiento de Dionisos veía la posibilidad de la vida, la pluralidad multiforme y la posibilidad de la mascara No hay acuerdos con la esperanza; tal vez por ello no se mienta la teoría tomista del cuerpo contraria a la visión trágica y amarga de la vida, constante en Sábato, paliada solo a veces por una apelación a lo heroico (la saga trágica del Che) — hoy convertida en satira de mercado– aparentemente a un sentido noble de humanidad– que oculta la dispora internacional y la desapariciòn de los Estados Naciones, convertidas en colonias desde donde se ejerce el trafico de lo màs horrendo que a contemplado la humanidad en su historia.
No es este sentimiento de derrumbe el que asedia a Bruno Bassan, un Sábato ficticio, pero con todas las características de este, frente a la muerte de su padre? Bruno Bassan devorado por la obsesión de la inutilidad, pero nostálgico sobreviviente de esta expedición hacia la locura. Si Sábato creador termina destruyéndose metafóricamente, “Bruno se salva para testimoniar su paso a través del mundo de los hombres”. Aunque hoy Bruno es ya solo, una salva de ucronìas que caen hacia el abismo.
No es casual que Sábato cite en varias oportunidades a Pavese. Este escribió sobre el horror de envejecer, sobre la caducidad de la vida y el castigo inmerecido de la muerte. Sábato ha definido Abaddón como una novela nocturna. Y es que durante la noche los seres arriban a develar sus ocultas potencialidades. La luz es aquí ocultamiento. También Bergman hizo hincapié en la hora del lobo. En cambio Hitchcock demostró en “Vértigo” las posibilidades extremas de la luz como modo de operar el rescate de lo cotidiano y su dimensión de espanto. Sábato define a la novela como una ontofanía. La revelación de un todo donde luz y sombra en las visiones del artista, llegan a adquirir el valor de documentos intransferibles cobrando la dimensión de categorías lógicas. Sin embargo, es menester advertir que toda obra de arte, si bien funda la historia como temporalidad y destino del ser, se halla minada por una concepción del mundo y de la vida, estructurada históricamente en forma de metafísica y coronada en forma de humanitas. Es entonces una ontofanía relativizada por la historia, aun mas cuando se corre el riesgo de abusar de la luz o las sombras, como reveladores fotográficos. Sin embargo ninguna otra teoría estética se acerca a definir mas y mejor el arte. “Un Dios no escribe novelas”, dice Bruno. Sábato recuerda a Hölderlin “Somos dioses cuando soñamos y mendigos cuando estamos despiertos”.
Cuan lejos del ramplón realismo de los escritores que buscan formar un arte nacional conforme a herencias históricas y geográficas pero que lejos también de los anticuarios formalistas o los lógicos platónicos del objetivismo moderno. Ontofanía donde luz y sombra develan la duplicidad de lo real, lo uno que es lo otro, lo real y su mascara infinita, no ya como aventura de la escritura sino como destino del mundo.
La realidad habla por boca de Abaddón. Es cuando Sábato afirma: “Una combinación de Kant con Jerónimo Bosch, de Picasso con Einstein, de Rilke con Gengis Kan. Mientras no seamos capaces de una expresión tan integradora defendamos por lo menos el derecho de hacer novelas monstruosas”. Abaddón lo es: dominada por un pluralismo gnoseológico, abre el abismo de lo real como infinitas formas de aprensión, de relación de estas aprensiones y diversas relaciones entre novela y novelas; entre personajes-autores y autores-personajes.
Acá la negativa de Sábato a nivolizar frívolamente, se me antoja la negativa de Artaud a conceptualizar sus estados perceptivos hasta tanto no se restaure la vida en plenitud.
Abaddón es una suma. Una hidra vuelta contra si misma donde el creador es vejado y cuestionado, satirizado y perdonado por sus tentáculos personajes, y por fin destinado a sucumbir imposibilitado de comunicarse aun con aquel sí mismo real que lo precede “soy yo — lo explico -. Pero permaneció inmutable con la cabeza en las manos. Casi grotescamente se rectifico. Soy vos. Pero tampoco se produjo ningún indicio de que el otro lo viera o lo oyese”. Enfrentado a la paternidad de sus demonios el creador sucumbe a ellos. Esta novela esta dedicada a los puros: así Sábato mantiene sus personajes en la lucidez desesperada que Camus pedía para no manchar la rebelión. Poblada por seres reales que adquieren a veces ribetes de cínica irrealidad, Abaddón es la radiografía de la ficción como el ser de lo real, cuando el mundo esperaba lo que hoy, es solo nostalgia.
A mitad de camino entre el monólogo del ensayo y el mono-diálogo de la novela, Abaddón es la novela de la novela o sea una meta-novela: la novela del limite de la novela. A través de mascaras bufonescas Sábato logra una visión apocalíptica sin precedentes del desorden institucionalizado por la civilización contemporánea.
A veces Abaddón se resiente de encabalgamientos entre la especulación teorética y el estado de videncia en estrecho abrazo con la realidad que Sábato pide para conformar su ontofanía. Es que Abaddón renuncia a objetivizar almas. Las suyas permanecen como “él” con respecto a ellas, en estado de dependencia de espejos enfrentados que proyectan la sensación del infinito y del vértigo. Por eso Abaddón carece del valor documental del Karamazov dostoievskiano. En éste los personajes filosofan desde si. En Sábato repiten a Sábato y a él se quejan de un estado de deyección en un mundo que no habían pedido. Y es que Abaddón es una obra limite; un desquite de Sábato contra una realidad insoportable que hincha hasta lo monstruoso.
Abaddón es el tumulto de que habla Sábato hecho novela. Meta-ficción montada sobre un dualismo ya superado que corona el esfuerzo de la especulación filosófica occidental de miles de años. La obra de Sábato es por un lado el canto de cisne de una cultura critica-filosófica, y por el otro, la posibilidad de un nuevo tipo de gnosis; de discurso novelístico a través de un nuevo tipo de lectura de la realidad: he aquí rescatado el discurso fragmentario, los flujos descodificados que atraviesan la realidad multiplicándola hasta el infinito. Abaddón es la ejecución del orden finisecular de todos los entes, porque significa el derrumbe de una hermenéutica y de una metafísica, como maneras de concebir el tiempo de las cosas, consagradas como civilización occidental, que representa solo el“horror vacuì” del desierto que crece.
Sábato, despreciador del mundo osificado del literato profesional, abogador de un sano BARBARISMO UNAMUNIANO, es un humanista que oscila entre la esperanza desesperanzada y la tentación de la traición del suicidio que diría Marcel. Hasta aquí se ha exilado de la luz exiliándonos, con el a un turbio nihilismo posromántico, cuya sentencia es la de una meta-demonologia.
A partir de Abaddón quedan abiertas las puertas para una teofanía del milagro de la luz positiva, en la afirmación creadora del ditirambo de la obra clásica.