El mito del pueblo trabajador

¿Quién no ha oído más de una vez ensal­zarse los argen­ti­nos a sí mis­mos dicién­dose y dicién­dole a quien qui­siera oír­los que el suyo es un “pue­blo tra­ba­ja­dor”? No sé el lec­tor, pero yo al menos lo he escu­chado muchí­si­mas veces. Y debo con­fe­sar que hasta que no comencé a desem­pe­ñarme como con­sul­tor labo­ral de varias empre­sas, comer­cios y par­ti­cu­la­res, inclu­yendo mi pro­pio Estu­dio, hasta yo lle­gué a creer en ese mito tan popu­lar ayer y hoy. ¿Qué suce­dió para que dejara de creer en la supuesta labo­rio­si­dad “innata” del argen­tino medio y pasara a sos­te­ner que la misma no es más que uno de los tan­tos mitos absur­dos que sos­tie­nen los argen­ti­nos? Y es que desde los mis­mos comien­zos de mi expe­rien­cia como con­sul­tor labo­ral y selec­tor de per­so­nal, refe­rida ante­rior­mente, empecé a obser­var un fenó­meno que, al prin­ci­pio, me llamó pode­ro­sa­mente la aten­ción, pero que con su repe­ti­ción pasó a ser algo a lo que me acos­tum­bré a ver.

Para encua­drar el tema, hay que decir pre­li­mi­nar­mente que el des­em­pleo (eco­nó­mi­ca­mente hablando) reco­noce varias cau­sas que no es este el lugar ni el momento para que sean desa­rro­lla­das, pero que haciendo un esfuerzo por sin­te­ti­zarla diga­mos que pue­den redu­cirse a dos tipos: 1º lo que pode­mos lla­mar des­em­pleo invo­lun­ta­rio y 2º otro volun­ta­rio. El invo­lun­ta­rio se dice en eco­no­mía cuando el aspi­rante a tra­ba­ja­dor quiere tra­ba­jar, está dis­puesto a hacerlo al sala­rio ofre­cido por su poten­cial emplea­dor, pero –sin embargo– no encuen­tra tra­bajo. El segundo tipo (volun­ta­rio) se dice cuando pudiendo con­se­guir tra­bajo al sala­rio que desea ganar, no obs­tante decide no hacerlo, es decir, no emplearse. En Argen­tina, como en muchos otros paí­ses, exis­ten por supuesto, ambos tipos de des­em­pleo, pero el dato curioso (al menos para mí al prin­ci­pio) es que el des­em­pleo volun­ta­rio muchas veces iguala o supera en can­ti­dad al invo­lun­ta­rio. Como con­sul­tor labo­ral me ha tocado tra­ba­jar para dis­tin­tos gru­pos de empre­sas, comer­cios y par­ti­cu­la­res, los que ofre­cían dife­ren­tes con­di­cio­nes labo­ra­les de con­tra­ta­ción, no obs­tante, he notado repe­ti­ti­va­mente que aun ofre­ciendo muy bue­nos pues­tos de tra­bajo y muy bien remu­ne­ra­dos los can­di­da­tos eran reti­cen­tes a acep­tar­los, o direc­ta­mente, los recha­za­ban. Y no estoy hablando de per­so­nas que ya tuvie­ran un empleo pre­vio en el cual se esta­ban desem­pe­ñando al momento de la bús­queda, sino que me estoy refi­riendo a per­so­nas que, al momento de pre­sen­tarse en la bús­queda, se encon­tra­ban sin empleo. Es decir, que la alter­na­tiva que tenían no era la de pasar de una ocu­pa­ción a otra, sino la de obte­ner un empleo desde la posi­ción de desocupado.

Siguiendo a Lud­wig von Mises, que dice que toda acción por ser acción es racio­nal, la con­clu­sión que he sacado, tras una con­si­de­ra­ble expe­rien­cia en este rubro y ana­li­zando otros fac­to­res con­co­mi­tan­tes como las cri­sis recu­rren­tes que vive la Argen­tina, su ten­den­cia a caer en altos índi­ces de pobreza, rece­sión, infla­ción, etc. es que el argen­tino, en par­ti­cu­lar, valora el ocio muchí­simo más alto que el sala­rio más ele­vado que el mer­cado pueda ofre­cerle al momento de la deci­sión. Y me consta per­so­nal­mente, por haber sido yo mismo el que he ofre­cido sala­rios por encima de cual­quier cifra que pudiera con­si­de­rarse y cali­fi­carse como excelente.

Otro fenó­meno obser­vado repe­ti­ti­va­mente en el mundo labo­ral argen­tino es la ines­ta­bi­li­dad del empleado en un puesto fijo de tra­bajo. Aten­ción que no estoy hablando de la ines­ta­bi­li­dad del empleo que es cosa dife­rente. Sino que me refiero a la de la per­sona del empleado. A dife­ren­cia de otras cul­tu­ras, el argen­tino medio no ve la esta­bi­li­dad labo­ral en su lugar de tra­bajo como un medio para desa­rro­llarse y cre­cer labo­ral­mente den­tro de la orga­ni­za­ción, como lugar donde pro­yec­tarse y hacer carrera, sino que ve a su emplea­dor mera­mente como un sim­ple esca­lón sin impor­tan­cia, en una inter­mi­na­ble esca­lera sin fin de empleos con­se­cu­ti­vos. Es decir, se toma un empleo para pro­bar suerte en el mismo, ganarse unos pesos durante un tiempo y luego de allí migrar a otro, o –pre­fe­ren­te­mente– hacia la inac­ti­vi­dad com­pleta, o sea, el des­em­pleo, lo cual para la mayor parte de los argen­ti­nos, no es, en sí mismo, un pro­blema, siem­pre y cuando se le pueda echar la culpa de la situa­ción al “sistema”.

Lo ver­da­de­ra­mente curioso del fenó­meno, es que este hábito de sal­tar de un empleo a otro, en un lapso rela­ti­va­mente breve entre una empresa y la siguiente, tam­poco tiene una moti­va­ción eco­nó­mica en sí misma, ya que en paí­ses como Argen­tina, el nivel de los sala­rios, en los dis­tin­tos tipos de acti­vi­dad, suele ser bas­tante parejo, habida cuenta la baja o escasa com­pe­ti­ti­vi­dad labo­ral exis­tente. Si, por otra parte, se tiene en mira la escasa o nula pro­cli­vi­dad que tie­nen muchos emplea­do­res –lógi­ca­mente– a tomar per­so­nal que en sus ante­ce­den­tes labo­ra­les demues­tran un alto grado de rota­ción de un lugar de tra­bajo a otro, cosa que, por supuesto, tam­bién es sabida por quien aspira a ocu­par un puesto de tra­bajo, se com­pren­derá con mayor faci­li­dad que esta tesis de la aguda pro­pen­sión del argen­tino medio al ocio tiene bas­tante fundamento.

No hay otra forma de expli­car que muchos argen­ti­nos pre­fie­ran que­darse sin tra­bajo a pasar a otro empleo que, con mayor esfuerzo, les ase­gure un supe­rior ingreso al que tenían en el ante­rior. Esta ines­ta­bi­li­dad del empleado en su puesto de tra­bajo la he obser­vado –incluso– en pues­tos muy bien remu­ne­ra­dos, con lo que se con­firma la regla que tiende a ser una constante.

A lo dicho hay que aña­dir que, los últi­mos gobier­nos que el país ha pade­cido y padece, alien­tan la cul­tura del ocio, a la que ya es afecta de por si la masa media argen­tina, mediante sub­si­dios esta­ta­les de todo tipo, tamaño y color. No es extraño que ante la opción de ele­gir un sub­si­dio del estado sin esfuerzo nin­guno y acep­tar un puesto de tra­bajo en cual­quier parte, el ciu­da­dano medio se vol­cará deci­di­da­mente por cobrar el sub­si­dio, lo que a su vez, anima y ali­menta el clien­te­lismo político.

Y hay que agre­gar otro fac­tor más que con­firma el alto valor del ocio para el argen­tino, y que se revela al obser­var dete­ni­da­mente la con­ducta del empleado den­tro de su puesto de tra­bajo. Como pro­me­dio, puede decirse que el empleado se com­porta labo­rio­sa­mente durante los tres pri­me­ros meses de tra­bajo, diga­mos entre los 3 y 6 pri­me­ros meses de tra­bajo, lapso a par­tir del cual su ren­di­miento labo­ral se va pau­la­ti­na­mente rela­jando, no obs­tante lo cual, pre­ten­derá, desde luego, con­ser­var su empleo en la medida que su baja pro­duc­ti­vi­dad no afecte su sala­rio en el mismo sen­tido. De esta suerte, la bre­cha entre su pro­duc­ti­vi­dad labo­ral y el sala­rio que per­cibe se va ensan­chando pau­la­ti­na­mente en su pro­pio bene­fi­cio y en per­jui­cio de su emplea­dor y tam­bién de sus com­pa­ñe­ros más acti­vos, que son los que nor­mal­mente deben car­gar con el tra­bajo que el empleado ocioso deja de cum­plir. Este último, es un com­por­ta­miento típico en la buro­cra­cia y cla­ra­mente obser­va­ble en todas las ofi­ci­nas públi­cas, lo que ya es algo lamen­ta­ble­mente típico entre los argen­ti­nos, no obs­tante ello, tam­bién lo he obser­vado, si bien en menor medida en empre­sas y comer­cios privados.

El cua­dro resul­tante de todo lo dicho es: una mino­ría genui­na­mente tra­ba­ja­dora frente a una enorme mayo­ría pro­clive al ocio que, en defi­ni­tiva, como con­se­cuen­cia, que­rida o no, se ter­mina con­vir­tiendo en una clase parasitaria.

Aten­ción que esto que digo no pre­tende libe­rar de res­pon­sa­bi­li­dad al elenco gober­nante, que sigue siendo el prin­ci­pal cau­sante de la desocu­pa­ción en cual­quier país que se trate. Y desde luego, nues­tra gene­ra­li­za­ción tiene en cuenta –y mucho– las cuan­tio­sas excep­cio­nes que exis­ten para tal regla. Pero en este caso, como en muchos otros, la excep­ción con­firma la regla. En reali­dad, los gobier­nos for­man parte de la clase para­si­ta­ria a la que hemos alu­dido antes.

Como comencé diciendo, las pre­sen­tes refle­xio­nes son apli­ca­bles al pue­blo argen­tino, no en su tota­li­dad, pero si en su mayo­ría, sin excluir, pese a todo, los posi­bles casos que exis­tan en otras lati­tu­des. Y hago esta acla­ra­ción por­que me consta per­so­nal­mente que existe si, una cul­tura posi­tiva del tra­bajo en otras nacio­nes y lugares.

Con seme­jante “cul­tura” nega­tiva del tra­bajo no es extraño que un país se encuen­tre en cri­sis recu­rren­tes, tal como le sucede a la Argentina.

© Gabriel Bora­gina es autor –entre otros– de los siguien­tes libros: La Cre­du­li­dad, La Demo­cra­cia, Socia­lismo y Capi­ta­lismo; Apun­tes sobre filo­so­fía polí­tica y eco­nó­mica; Impues­tos (una muy breve intro­duc­ción al tema); Edu­ca­ción (una pri­mera mirada); etc.

Autor: Gabriel Boragina ©

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6 Comentarios en “El mito del pueblo trabajador”  

  1. 1 Rene Ichazo

    Exce­lente articulo, no gus­tara a muchos, pero refleja una reali­dad.
    Atte

  2. 2 Dario

    Es así; tal cual.
    Me consta; es impo­si­ble hacerle enten­der a un empleado que su tra­bajo (empleo) depende del exito de la empresa.
    Agre­ga­ria que es casi impo­si­ble encon­trar un empleado que no robe “al patrón” con el pre­texto de una espe­cie de “jus­ti­cia dis­tri­bu­tiva”.
    Pero tam­bien agre­ga­ría que son pocos los empre­sa­rios que par­ti­ci­pan a los emplea­dos del exito de su empresa.
    Se me ocu­rre pen­sar que deca­das del veneno de “lucha de cla­ses”; ter­mi­nan for­mando esas conductas.

  3. 3 Tito en el C@ribe

    Hoy es el empleo ” En negro”, antes era la mala situa­ción eco­nó­mica, luego fue nue­va­mente el des­em­pleo, por causa de empleos sub-pagados. etc. Sr, Si ud tuviera cono­ci­miento de cuanto pro­fe­sio­nal, esta haciendo solida carrera, en el resto del con­ti­nente se asom­bra­ría, me refiero a Argen­ti­nos, que no pudie­ron encon­trar un empleo deco­roso y bien pagado en su país. Algo así, como para man­te­ner deco­ro­sa­mente a sus fami­lias.
    Me dije­ron hace unos días.:” Tito vie­ras como pro­greso Argen­tina”. Con­teste. Si vidrio y plás­tico, lo demás?..Empleos en negro, subem­pleos. Ran­chos en todas par­tes. Las arte­rias del país, FRCC, des­trui­das. Com­pli­ces lega­les para eso sobran. Lo de siem­pre. En Argen­tina, jamas gano una el empleado.. Que roban a sus emplea­do­res? eso es en todas par­tes, no tiene idea el autor cuanto roban en Fran­cia, USA, Ingla­te­rra, Ale­ma­nia y no olvi­dar a España. Esas son per­di­das asu­mi­das..
    Si los emplea­do­res paga­ran suel­dos dig­nos a sus emplea­dos, no ten­drían que robar. Como ejem­plos, debié­ra­mos tomar a Sue­cia, No ruega, Dina­marca y Fin­lan­dia. Se sor­pren­de­rán. Estos paí­ses tie­nen el mas alto nivel socio­eco­no­mico del pla­neta. y el mejor nivel de vida para sus ciu­da­da­nos. Ellos, no tie­nen la nece­si­dad de robar a sus patro­nes..
    Soy afor­tu­nado, en nues­tra empresa, los suel­dos son dig­nos, se hace un reparto equi­ta­tivo con los emplea­dos. Ade­más todos según su anti­güe­dad y cargo son accio­nis­tas de la empresa. Eso nos hizo ser envi­dia­dos por el gre­mio. Comen­za­mos con 25 emplea­dos hoy tene­mos la cola­bo­ra­cion de 357 emplea­dos. Eso si es pro­greso Para ambos lados.. Una vez, con­tra­ta­mos un pro­fe­sio­nal para gerente de recur­sos huma­nos y selec­ción de personal.…Lo des­pe­di­mos por inú­til y conflictivo…

  4. 4 GANZUK

    .….…..Mire…, Gaby…: todo lo que ha escrito en su pro­lon­gado artículo, el tipo de lec­to­res que acce­de­mos a sus tra­ba­jos lo tene­mos ” más junado que el tango La Cum­par­sita “
    .…Tenga en cuenta que la espi­ci­fi­ci­dad achica el ángulo de visión, y que el ángulo de apre­cia­ción del ámbito labo­ral es de 360°. Que no están en igual situa­ción anímica el pará­sito que sirve café en el Con­greso, el que des­maya de un mazazo en el crá­neo a un novi­llo en el mata­dero, el que con­si­guió una changa y empieza a tra­ba­jar cagado de ham­bre, por­que los dos últi­mos nunca están sugu­ros si mañana van a tra­ba­jar, mien­tras que el lacayo de delin­cuen­tes, como tan­tos otros bue­nos para nada, están fir­mes como cariño de novio.

    Desatado y revi­sado el triste con­te­nido del paquete, la única opción inte­li­gente es apun­tar proa en direc­ción al ámbito labo­ral que nos des­cribe Tito, uti­li­zándo méto­dos efi­ca­ces para lograrlo, y si hay que rom­per un pavi­mento viejo para cons­truír uno para muchas déca­das,.…… ROMPÁMOSLO.

  5. 5 Gabriel Boragina

    Hola ami­gos!. Gra­cias por sus comen­ta­rios. Darío: hay muchas empre­sas que par­ti­ci­pan a los emplea­dos del éxito de su empresa. Yo tra­bajé para varias de ellas. El pro­blema con­siste en que al poco tiempo, el empleado (dele­gado sin­di­cal mediante) con­si­dera que la par­ti­ci­pa­ción es una OBLI­GA­CIÓN y no un bene­fi­cio por el emplea­dor. Y exige que se incor­pore como rubro sala­rial. Al ver eso el resto de las empre­sas dejan de par­ti­ci­par. Es decir, hay clara situa­ción de abuso.
    Tito en el Caribe: el articulo habla de argen­ti­nos en Argen­tina. NO en el extran­jero. Para argen­ti­nos en el extran­jero hay otro aná­li­sis. Leelo por favor. Y en nin­guna parte del artículo digo que el empleado “robe” al patrón. Leelo bien por favor. El resto de tu comen­ta­rio no tiene nada que ver con mi artículo.
    Gan­zuk: el articulo es bien claro cuando dice que en todas par­tes hay excep­cio­nes. En un artículo corto como este no se pue­den ana­li­zar situa­cio­nes par­ti­cu­la­res. Para las excep­cio­nes hay otro aná­li­sis.
    Para ello, a todos les reco­miendo visi­tar:
    http://​accion​hu​mana​.com
    De nuevo gra­cias a todos por sus comen­ta­rios.
    Les mando un abrazo.
    Gaby.

  6. 6 Aldo Jorge Jurado

    Nece­sito con­tac­tarme con el Dr. Bora­gina. Nos cono­ci­mos hace ya 12 años y nunca más supe de él, hasta este momento. Quiero feli­ci­tarlo per­so­nal­mente por su extra­or­di­na­ria carrera pro­fe­sio­nal y desa­rro­llo inte­lec­tual. Puedo a tra­vés de este medio tomar contacto?.

    Los saluda atte.

    Dr. Aldo J. Jurado

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