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Cuba — Inanición moral

En Viena, en 1946, la doctora Adelheid Wawerka sentenció: “Una dieta de sólo mil 500 calorías diarias es demasiado pequeña para vivir y demasiado grande para morir”.
En la arrasada Europa de la posguerra, los efectos del hambre eran objeto de numerosos estudios médicos. Pero su reflejo en el alma y en la conducta de las personas resultó un asunto mucho más complejo. Al respecto, los libros de Curzio Malaparte y las películas del neorrealismo italiano no exageraron.
Luego del Período Especial cubano, que nadie sabe con certeza si terminó o se reinicia con nuevos rigores y tal vez otro eufemismo para designarlo, ¡vaya si sabremos los cubanos de estos temas!
Los tiempos del picadillo de cáscara de plátano y la polineuritis afortunadamente pasaron, pero la dieta cubana sigue bien distante de las ideales 2 mil 500 calorías que debe consumir diariamente una persona adulta. Se calcula conservadoramente que la dieta diaria de un cubano promedio (de los que comen arroz y frijoles y, con suerte y sobre todo bastante dinero, vegetales, huevo y esporádicamente alguna carne), está entre las 800 y las mil 500 calorías. Justamente las mil 500 calorías fue el límite que señaló la doctora Wawerka para lo que llamó la “inanición científica”.
La dieta de hoy en Cuba, agravada por los bajos salarios, los altos precios, la dualidad monetaria, la escasez de viviendas y de casi todo lo demás, es demasiado pequeña para vivir con dignidad. Como bien escribió el fraterno colega José Fornaris: “Llevar dos morales es una carga aplastante, pero se logra sobrevivir porque, resulta evidente, no se tiene en cuenta ninguna”.
Peor y más difícil que el hambre y la miseria, es curar la inanición moral de tantas décadas. La que inventa justificaciones para el robo y la prostitución. La que convierte a ladrones, putas, chulos y pingueros en “luchadores”. La que hace encogerse de hombros y fingir que no se ve ni oye nada cuando roban comida en un hospital o un círculo infantil, en las guaguas actúan impunes los carteristas y los timadores de las chapitas, el vecino borracho muele a golpes a su mujer, arrebatan un bolso a una anciana o los policías aporrean en la calle con sus tonfas a un joven que se hizo sospechoso y que “se resistió”. Eso y más, en medio del desmadre y el sálvese el que pueda, se ha vuelto “lo normal”.
Pensaba en todo esto hace varias noches cuando veía en la televisión (donde siempre hay de todo y en abundancia) un reportaje sobre el desabastecimiento en los agro mercados estatales, que desde julio del pasado año están bajo la dirección del Ministerio de Comercio Interior. Los clientes se quejaban de las tarimas casi vacías. Luego, funcionarios del Ministerio de Agricultura dieron las habituales excusas (esta vez, la falta de fertilizantes) y explicaron que trabajan para solucionar el problema a más tardar para la primavera.
El reportaje tenía como fondo la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven. De la calle llegaban los gritos de una bronca de borrachos. No sé por qué me vinieron entonces a la mente los estudios de la doctora Wawerka y los libros de Curzio Malaparte.
Fuente: Cubanet
Autor: Luis Cino
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2 Comentarios en “Cuba — Inanición moral”
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Seria Útil, que quienes pagan para ver la miseria en Cuba. “TURISMO SOCIAL A CUBA”. Leyeran un poco mas sobre este tema. Hace unos días, a una sobrina que vive en Salta, le aconseje que no gastara dinero para Ir a Conocer Cuba. No me comprendió eso de.: Para ver miseria, no hace falta pagar con dolares un viaje al infierno. Muchos lo hacen, ni sospechan que esos dineros salidos del turismo no van al pueblo, se lo embolsan los “Capos mafiosos del Gobierno” en Cuba. “esos que viven bien” la gente finge vivir, de otra van en cana. Ni bien tienen la oportunidad le manguean al turista lo que pueden. Da dolor del malo, ver a padres de familia, mendigar en las oscuridades o en los rincones, algo para llevar a casa. El hambre se huele por todas partes.. Me han dado con frecuencia ganas, de agarrarlos de los pelos y abrazarlos fuerte, metiendoles en los bolsillos tanto como pudiera, para que llevasen a sus casas. La seguridad vigila al turista de manera discreta, no crean que van a pasear libres, eso no esta concebido en Cuba. El turista paga, para ver, comer y beber lo que LA REVOLUCION LES PERMITA. Espero comprendan este sentimiento.
Deseo que algún día, los Cubanos ” Los buenos”, tengan nuevamente la dicha de ser libres. Nosotros mal que bien lo somos, pero pateamos cada vez que podemos, ese bien tan preciado…
Un saludo a todos . por favor piensen.….….….…
Ya van casi 3 generaciones de Cubanos, que no conocen otra cosa, en materia de alimentación y vivienda, para no hablar de las otras cosas imprescindibles que integran el objetivo de vivir en sociedad. Solamente una mente enferma, de paranoia grave, exacerbada por el entorno, ventajero que aplaude y lisonjea al gobierno de turno, con tal de obtener mayores recursos que el promedio de los habitantes, puede sostener en el tiempo, contra viento y marea, un sistema que a ojos vista, ha logrado hacer retroceder 100 años, el nivel de vida de sus habitantes. Eso justifica, que se haya ido de la isla, más del 30% de los cubanos. Para quienes viven en Cuba, todo es negativo. Para el resto de los países de américa, existe un lado positivo, podemos ver en ese espejo, lo que nos espera si seguimos por el camino del socialismo que propone una seudo redistribución de la riqueza. No se es mejor gobernante por suministrar asistencia a los necesitados, se puede ser mejor si se les ayuda y simultáneamente, se los entrena y obliga a sumarse a la producción. Recientemente, veíamos por TV. gente manifestándose ante supermercados, exigiendo una canasta navideña, esgrimiendo el consabido argumento de su carencia, mostrándose bien vestidos y mejor comidos, algunos consumiendo dietas mayores a 2500 calorías, por su aspecto saludable. Volviendo al cubano de apié y con respecto a la doble moral, cuando roba comida o vestido o cualquier objeto al estado, dice “que el cubano resuelve”, y eso en nuestro país, pasa con aquel que no paga impuestos, o paga menos de lo que debe pagar. Sin ninguna duda, que en ambos casos, existe culpa del estado, pero el ciudadano, es quien debe tomar conciencia y buscar la forma de cambiar el sistema. Un saludo cordial a todos. BRAULIO QUEVEDO