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La mitomanía como símbolo de poder

La presidente volvió a atacar a medios de comunicación. No se puede saber si lo suyo es una sincera actitud de rechazo contra quienes no le son gratos por tener una perspectiva de oposición a su desgobierno, o si su encrespado reclamo busca sacar la atención de hechos que la complican o que muestran un fracaso, momentáneo o futuro, como en el manejo del fondo del bicentenario. De una o de otra forma su verbosidad no le hace ningún favor, ni a ella ni al país que dice dirigir.
Cuando se dan procesos autocráticos, como el del matrimonio presidencial, resulta difícil – aún a los más cercanos y fieles colaboradores – llamarlos a sosiego y enfrentarlos con la realidad porque temen transformarse en sus víctimas. Seguramente les iría mejor si cada declaración pública fuera previamente evaluada por sus asesores. Su capacidad para la improvisación es nula, a menos que sus dichos se utilicen para el teatro del absurdo. Pero desgraciadamente no son sólo un motivo de jolgorio local, también traspasan las fronteras.
“Después de todo, la de periodista es una profesión noble”. Lo suponemos, Señora, pero no sabemos después de qué.
En el último tiempo Cristina Fernández ha hecho alusión a cosas tan dispares como su vida marital, el viagra (sildenafil), la carne de cerdo y sus extraordinarias virtudes… es decir, una cháchara chabacana que no debería darse en una primera mandataria. Un sector de la población, siempre, afecto a la juerga y el regocijo, siguió alentando sus dichos hasta el momento mismo en que el supuesto beneficiario de las virtudes de la carne de cerdo debió ser operado por un accidente arterial.
Ahora la presidente trae a colación una historia incógnita de una detención en tiempos Isabel Perón o del proceso. Todo es nebuloso. Los tiempos van de una noche, según unos, a casi un mes según ella. Una historia loca que la mayoría se niega a creer por sobrados motivos. Es decir, versiones contrapuestas entre las de ella y las de Kirchner; desmentidos de quienes estuvieron mucho tiempo trabajando con ellos y deducciones de lógica pura.
Esas dudas, planteadas entre otros por Clarín y La Nación, son las que la han encrespado en una nueva arremetida contra los medios de comunicación. Un hecho de por sí insano ya que ¿en qué cambia las cosas que haya sido detenida o no? ¿La hace mejor persona a la vista de los demás? ¿La transforma en alguien más creíble? Cristina Fernández no recuerda que su discutido título de abogada nunca fue presentado a la vista de nadie, y que el juicio por atribución indebida de títulos y honores ha quedado cajoneado porque su legajo fue retirado de la Universidad de La Plata. ¿Siendo presidente, no hay quién pueda certificar sus dichos? ¿No podría mostrar también su cartulina universitaria?
No se puede generar credibilidad a partir de una mentira, ni si quiera de una verdad que no se puede probar. Los dichos de la presidente complican la situación general. Ni la mentira ni la fabulación son caminos conducentes al entendimiento. La presidente comienza a no sentirse querida, es decir, comienza a darse cuenta de la realidad y recurre a esto, a su auto victimización, porque la mitomanía es, en el fondo, una gran necesidad de afecto que la lleva a llamar la atención en forma permanente con mayores mentiras.
En nuestro país, Erasmo de Rotterdam podría, seguramente, reescribir su “Elogio de la locura” ya que aquí, ésta es la que analiza y juzga a la razón.
Cristina Kirchner volvió a atacar hoy con dureza a los medios de comunicación.
Fue durante un acto en El Calafate. La Presidenta cuestionó al diario LA NACION y al Grupo Clarín a los que acusó de actuar como “enemigos” del Gobierno.
Autor: ©Jorge Milia
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5 Comentarios en “La mitomanía como símbolo de poder”
Porfavor espere...


















Se parece a mi pez cuando pega la bocota en la pecera.Pero el es solo un pez y esta cosa es la Presidente de un Pais, es increible, inaudito,pavoroso,terrorifico.……etc. etc. etc.Que mas se puede agregar, muchas cosas, pero no voy a perder mas tiempo hablando de esta .….……no… mejor no digo mas.
Jajajajaja, muy buena la comparacion Rosita. Estamos hartos de esta anchoa.
Muy bien descripta la figura lamentable de la presidente de la República que muestra la ausencia de educación, de esas que solo es posible adolecer en personas que han carecido de formación espiritual y solo han sido guiadas por falsos ideales que promueven el orgullo y la soberbia, alucinada por la riqueza , el poder y la ostentación del mundo. “Vanidad de vanidades todo es vanidad” ( Eclesiastés). Comparaba esa personalidad nerviosa, insatisfecha , cargada de resentimientos de la presidente argentina con la de su colega chilena Michel Bachelet. ¡ Que diferencia abismal !Hablo solo de educación , de humildad , de sentido común, de ubicación.
Aprecio esas condiciones humanas que no son comunes en la Argentina, pero que fueron sin embargo las que ostentaban las grandes mujeres argentinas , las que trajeron los inmigrantes europeos. El sentido de la austeridad, del trabajo, de la dignidad, de la fe religiosa, de la virtud. La sencillez en el vestir, el uso respetuoso del idioma, el pudor en el lenguaje. Michel no es cristiana, es socialista, con una actuación que ya es conocida, pero sin embargo, tiene ese don de saber no subirse sobre los demás, de saber dialogar sin dar cátedra.. Al lado de Cristina parece una Diosa. Es que en realidad los argentinos para elegir, somos muy malos. Siempre elegimos de los peor, lo peor. Mientras sigamos con el bombo y el peronismo tengo muy pocas esperanzas de que logremos salir de esta mediocridad. ¿ Se acordara Cristina de su padre conduciendo honradamente su colectivo y vendiendo boletos? Se enorgullecerá de haber sido la hija de un trabajador?. Yo creo que no, que tiene vergüenza de ello. Y por eso se nota que es una resentida y una desagradecida. El que se avergüenza de sus padres porque fueron pobres, por lo general es un resentido y actúa como tal en la vida.
Qué bueno Rosita! aqui va algo más: Bagre, anguila electrica, pez globo.
Desearía que estas palabras las leyeran los representantes de los partidos opositores para expresarles mi frustración al comprobar que ninguno se retiraba de la Asamblea Legislativa del primero de mayo cuando “llovían” los papeltos con palabras soeces: “chup…” firmado Cristina Kishner (ver artículo de Joaquín Morales Solá, La Nación).
Siento que mi dignidad de persona humana no ha sido defendida con un rechazo claro y contundente de los diputados y senadores presentes.
Nadie puede renunciar a su dignidad ontológica de persona