Mujeres, siempre mujeres

La Colum­nista Invi­tada de Hoy: Centa Rek

Mi rebel­día natu­ral hizo que por mucho tiempo dis­cre­para del hecho de que se hubiera ele­gido un día del calen­da­rio anual para home­na­jear a las muje­res. Mi posi­ción era cues­tio­nar que con un día se quie­ran sub­sa­nar tan­tos olvi­dos y tan­tas injus­tas pos­ter­ga­cio­nes que las muje­res han vivido a lo largo y ancho de este pla­neta que tiene un her­moso color azul desde la dis­tan­cia infi­nita del universo.

Sin embargo, he ter­mi­nado por acep­tar la ola que crece para que ese día seña­lado aporte a las reivin­di­ca­cio­nes de las muje­res, tal vez arro­llada por la corriente o por­que entiendo que la cresta de la ola puede ayu­dar a que se visi­bi­li­cen las muje­res que toda­vía tie­nen que ocul­tar sus ros­tros, sus cuer­pos, sus cora­zo­nes y sus sen­ti­mien­tos por temor o por impo­si­bi­li­dad de ele­var sus voces frente al mundo.

No vale la pena cul­pa­bi­li­zar a los hom­bres, no es ese el meo­llo del asunto, por­que la trama de todo está en la forma en que se estruc­tu­ran los pode­res y esto es lo que tiene que cam­biar para que no exis­tan acto­res mar­gi­na­dos, por ideo­lo­gía, por género, por edad, por eco­no­mía, por raza, etc. Los pode­res aplas­tan a los más débi­les y esa es la reivin­di­ca­ción que tene­mos que hacer en aras de un mundo reno­vado, más sen­si­ble y más justo, un mundo que incor­pore el alma feme­nina, la liber­tad que exi­gen los pue­blos, el cla­mor de los niños mal­tra­ta­dos y de los jóve­nes estig­ma­ti­za­dos por sus ideas reno­va­do­ras y por su posi­ción con­tes­ta­ta­ria frente a lo establecido.

Agra­dezco tanto haber nacido mujer por­que me ha dado la expe­rien­cia más her­mosa y más plena para enten­der el mundo desde el cuerpo y los sen­ti­mien­tos que abri­ga­mos las muje­res desde nues­tra con­di­ción feme­nina. Agra­dezco las pos­ter­ga­cio­nes que viví con rebel­día y tam­bién con com­pren­sión y tole­ran­cia, agra­dezco las trans­for­ma­cio­nes que mi cuerpo tuvo que pasar ante mi asom­bro, mis mie­dos, mis angus­tias para traer los hijos que traje al mundo y tam­bién la empa­tía que en medio de las adver­si­da­des hicie­ron que cada día entienda más a mi madre y a las madres, a los padres, a los hom­bres en sus ava­ta­res, en el papel que las socie­da­des les ha asig­nado, del que muchas veces son con­tes­ta­ta­rios pero otras son cóm­pli­ces por­que la vida no les ha dado toda­vía la gra­cia de cuestionarlo.

Por ser mujer, res­peto enor­me­mente a las muje­res, a todas sin excep­ción y sin dis­cri­mi­na­ción de ideo­lo­gía, raza o credo, por­que todas están luchando por su inclu­sión, por un poco de amor, por ser escu­cha­das, por ser apre­cia­das, por lle­gar a las estruc­tu­ras de poder, no siem­pre para usu­fruc­tuar­las sino para tener la oca­sión de cam­biar el con­cepto del poder desde ellas (por lo menos esta es mi espe­ranza y deseo creer que será así). Cuando hablo de las muje­res que admiro, están pre­sen­tes en mi mente las madres lucha­do­res, las espo­sas sumi­sas, las rebel­des, las ami­gas sin­ce­ras, las muje­res soli­da­rias con la socie­dad, que tie­nen la vir­tud de salir a la calle como una legión labo­riosa por­tando sus tarri­tos para reco­lec­tar mone­das que apor­ten a paliar las nece­si­da­des que pal­pan en su socie­dad, ¿esto no lo haría un hom­bre ver­dad?, por temor a ser tacha­dos, por­que la socie­dad los estig­ma­ti­za­ría, pero las muje­res más allá de sus opre­sio­nes gozan de estar libres de estos pre­con­cep­tos, razón por la que su capa­ci­dad de ayuda y asis­ten­cia no tiene límites.

Debe­mos alen­tar la valen­tía de las muje­res que ahora se abren a la vida, que quie­ren apor­tar con sus ver­da­de­ros seres a la polí­tica, a la cien­cia, al arte, a sus fami­lias, que pagan el pre­cio de ser en el mundo, que tie­nen que rom­per estruc­tu­ras para libe­rar su ver­da­dero ser y no ren­dirse a los pode­res esta­ble­ci­dos que les mar­can lo que quie­ren que sean para uti­li­zar­las. La gran cru­zada de inclu­sión ha comen­zado, ojalá que las muje­res resis­tan las ten­ta­cio­nes insa­nas de sub­yu­garse a los pode­res, por­que solo así podrán cam­biar con sus apor­tes y su visión los cimien­tos de una socie­dad que ha per­mi­tido tanto mar­gi­na­miento, injus­ti­cia y dolor.

El mundo debe ser reno­vado, las muje­res deben apor­tar a la libe­ra­ción, a la osa­día de rom­per estruc­tu­ras cíni­cas y añejas.

Sere­mos un ger­men en el mundo en la medida que no nos con­ta­mi­ne­mos y que desde cada lugar en el que nos encon­tre­mos luche­mos por no dejar­nos arras­trar ni car­co­mer con el viejo dis­curso de los amos, que dic­tan las reglas para decir­nos qué hacer y cómo hacer. Tene­mos que apren­der a des­cu­brir, leer y denun­ciar el dis­curso de los pode­res que pre­ten­den hacer­nos creer que la ética, los prin­ci­pios y los valo­res deben ser pro­pa­sa­dos para triun­far y lograr obje­ti­vos. Yo me exijo a mi misma nunca pos­trarme ante el dis­curso cínico que dice que hacer polí­tica requiere pasar sobre los valo­res, qui­zás me equi­vo­que alguna vez, pero no por pos­trarme sino por error.

Muje­res, el mundo nece­sita de nues­tro valor, de nues­tro sacri­fi­cio y de nues­tra entrega, en cada lugar que este­mos y nunca crea­mos que nues­tras accio­nes son en vano, ten­drán reso­nan­cia si están guia­das por nues­tro cora­zón y los prin­ci­pios con los que debe­mos seguir apun­ta­lando nues­tra sociedad.

La fecha mar­cada en el calen­da­rio con el rotulo de día de la mujer es sólo un recor­da­to­rio, un hito para seguir en la trin­chera de soli­da­ri­dad, de amis­tad, de rebel­día, de afecto, de tole­ran­cia, de prin­ci­pios y valores.

Autor: Centa Rek

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


No hay comentarios en “Mujeres, siempre mujeres”  

Deje un comentario